En sentido estricto, no es posible compartir líneas de base entre proyectos, a pesar que la Ley N°30327 lo establezca. Lo que se comparte son los datos y la información

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Oscar Cuya

30 de junio de 2016,

Lima (Perú)

Comportamiento de una variable diagnóstica de impacto ambiental

Comportamiento de una variable diagnóstica de impacto ambiental

Las líneas de base (LDB) que se incluyen en los estudios de impacto ambiental (EsIA) son específicos para un estudio (EsIA), al igual que el estudio (EsIA) es específico para un Proyecto. Las LDB no son intercambiables entre proyectos, por muy similares que parezcan los proyectos, y se ejecuten en el mismo lugar. Lo que sí puede compartirse es toda la información, todos los datos, las libretas de campo y las hojas de cálculo que sirvieron para elaborar la línea de base del proyecto primero y utilizarlos (fuente secundaria) para elaborar la línea de base de un nuevo proyecto, si comparten el mismo ámbito de estudio. En el caso que el nuevo proyecto no sea similar al anterior probablemente se requiera información adicional (de fuente primaria).

Esta anotación, solo a modo de alerta; pues podría surgir la idea de que solo basta copiar o anexar el capítulo de la LDB del estudio (EsIA) del proyecto primero en el estudio (EsIA) del siguiente proyecto.

Cada proyecto tiene su propia línea de partida o inicio de su huella (en el tiempo y el espacio). Una LDB no es solo un estudio detallado de algún lugar o inventario de recursos naturales al modo como lo realizaba la ONERN (cuando existía), el cual pretendía ser un estudio integrado y completo, como base para la formulación de proyectos y la planificación del desarrollo del área estudiada.

Una línea de base (LDB) es un estudio diagnóstico y dinámico del área de influencia del Proyecto, antes que el mismo se ejecute. Es una línea de referencia para cuantificar y monitorear los impactos específicos del proyecto cuando se lleve a efecto. Esta LDB contiene las variables de contexto y sobre todo, las variables diagnósticas que caracterizan el medio y permiten inferir los cambios que experimentará el área de influencia, debido a la ejecución del proyecto.

Una correcta LDB no se remite a reportar las evaluaciones de dos fechas estacionales; debe inferir la tendencia y trayectoria de las variables diagnósticas para inferir el comportamiento del sistema. Para ello requerirá, además, datos históricos (fuente secundaria) o modelos de comportamiento de la variable (teoría).

La Ley N°30327, Ley de promoción de las inversiones para el crecimiento económico y el desarrollo sostenible, del 21 de mayo del 2015, incluye el Capítulo II Organización, centralización, libre acceso y uso compartido de la línea base, artículos 5 al 8.
El artículo 6, señala que el titular de un proyecto puede optar por el uso compartido gratuito de la información de la “línea base” de un EIA-d o EIA-sd aprobado previamente por la autoridad competente.

El artículo 7 establece las condiciones de uso compartido de la “línea base”, e indica que en el caso de un nuevo proyecto de inversión que se encuentre íntegramente ubicado en el área física de la “línea base” preexistente, para compartir la “línea de base”, solo requiere la comunicación a la autoridad competente antes de la elaboración del instrumento de gestión ambiental correspondiente.

Lo anotado en el artículo anterior no debería interpretarse como que ya no se requiere elaborar una nueva línea de base dado que serviría la línea de base del proyecto anterior. Ello es incorrecto. Lo que evidentemente se puede compartir son los datos, que sirvieron para elaborar la línea de base del proyecto preexistente.

El intercambio de información de base de datos es positivo, pues los tiempos de colecta de información de campo se reducen a cero e incluso ello significa un ahorro pues se eliminan los gastos de ingreso a campo; aspectos muy sensibles para el titular del proyecto.

Literatura citada

PERÚ-Congreso de la República, 2015. Ley de promoción de las inversiones para el crecimiento económico y el desarrollo sostenible.

¿Cuál es la verdadera formulación de Conesa para evaluar impactos ambientales?

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Oscar Cuya

30 de junio del 2016, Lima – Perú

Si usted responde que la formulación es la siguiente: I = ± [3 IN + 2 EX + MO + PE + RV + SI + AC + EF + PR + MC]; podríamos inferir que tiene un conocimiento parcial del método, pues efectivamente esa formulación es correcta pero para una evaluación, como señala Conesa (2010), p. 235, 276, “meramente cualitativa al nivel requerido por un estudio de impacto ambiental simplificado”  que “no determina la importancia real del impacto” (Conesa, 2010, p. 264-265).

La respuesta tendría que ser la siguiente: V = (I/Imax * M2)1/3

V   = Valor total del impacto; I    = Importancia del impacto (fase cualitativa); M = Magnitud del impacto (fase cuantitativa). Imax es el máximo valor de las importancias (la importancia estandarizada).

“Hay que advertir que la importancia del impacto o efecto no debe confundirse con la importancia del factor afectado” según señala Conesa (2010), p.237. Así, en la fase cualitativa, la importancia total es igual al “total de la importancia del impacto o efecto” multiplicado por la “importancia del factor o unidad de importancia del parámetro (UIP)”. En la práctica actual, en el medio nacional, los analistas de impacto omiten este detalle, por lo que conjeturamos que no estarían aplicando realmente el método Conesa.

Asimismo, no debe olvidarse que para determinar la magnitud del impacto (en el método Conesa, 2010) debe acudirse al índice de calidad ambiental (ICA) y su función de transformación. Si bien en la literatura se puede encontrar numerosas funciones de transformación, debe tenerse en consideración lo que señala Gómez Orea (2003), p. 336, que “la forma y estructura de la función puede permanecer constante pero sus parámetros pueden variar en el tiempo y el sitio, según condición social, criterios técnicos y exigencias legales. Dicha función debe reflejar una especie de concertación entre la racionalidad técnica y la percepción social”.

Función de transformación para obtener el Índice de calidad ambienal (ICA)

Función de transformación para obtener el Índice de calidad ambienal (ICA)

Información adicional podría encontrarse en los archivos siguientes:

Explicación del método cuantitativo de Vicente Conesa

Matriz cuantitativa según Vicente Conesa

Modelo de hoja de cálculo del método cuantitativo de Vicente Conesa

Literatura citada

Conesa, Vicente (2010). Guía metodológica para la evaluación del impacto ambiental. 4ª ed. Madrid: Mundi Prensa

Gómez, Domingo (2003). Evaluación de impacto ambiental. Un instrumento preventivo para la gestión ambiental. Madrid: Mundi Prensa.

Línea de base de fondo y línea de base de evaluación de impacto ambiental ¿una línea de base detallada o una línea de base diagnóstica?

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Oscar Cuya

09 de noviembre

Lima – Perú

Ir al grano

En el “Encuentro Nacional entre los actores del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) – 2015”, (MINAM, 2015), una vez más se presentaron críticas a los estudios de impacto ambiental (EsIA). En dicho evento, decía un panelista, representante de una institución pública, que “los estudios son tan voluminosos que hay que transportarlos en camioneta”; y que no constituyen herramientas para la decisión pues son solo datos, e incluso mal tomados.

El citado panelista agregaba contundencia a su argumentacion usando una frase, muy común ahora, para referirse a los EsIA. Decía que los EsIA tienen “mucha paja y poco trigo”. Ya el ex Ministro Brack había usado esta frase con referencia a los EsIA. Decía que “hay mucha paja, se escribe en volúmenes que no sirven para nada; y lo que el compromiso de la empresa, lo que ellos tienen que hacer, a veces ni siquiera consta; y eso hay que cambiarlo” (Enlace Nacional, 2009). En suma, la recomendación se redondearía en una frase: “déjate de paja y ve al grano, que te enrollas mucho” (López, 2013b). La interpretación de estas frases, para públicos más exquisitos, sería equivalente a decir “déjate de floreos” o “ve al grano y deja de andarte con florituras” (López, 2013a).

Si se trata de debatir con frases podríamos buscar otras, que ilustren respuestas, como: “más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza” (Baltasar Gracián). Esta frase apelaría a que es mejor ir a la causa del problema y buscar el quid que determina que los EsIA sean tan voluminosos, y no solo criticarlos. También podríamos usar la frase que “lo bien dicho se dice presto” (Baltasar Gracián) para recomendar que escribir tanto (por tanto lento) no es sinónimo de bien hecho. Podríamos cerrar la lista de frases anotando que para quedar “limpio de polvo y paja” (Anónimo) deberíamos tener en cuenta que “paja al pajar y barberos a rapar” (Anónimo); dicho mejor, deberíamos dejar en manos de los entendidos la búsqueda del punto neurálgico que desencadena el problema.

Un debate con frases hechas no lleva a ningún punto. Abordemos, entonces, el tema acerca de si podemos plantear una línea de base de fondo y una línea de base para la evaluación de impacto ambiental.

El concepto de línea de base

Si tenemos en cuenta que cualquier acción y decisión está siempre soportado, explícita o implícitamente, sobre un conjunto de creencias, es decir un marco conceptual, podríamos buscar una salida del túnel por el lado de lo que se entiende por línea de base ambiental con fines del EsIA, y el marco teórico que lo soporta: sus conceptos, enunciados y teorías.

Recientemente el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las inversiones sostenibles (SENACE) publico el “Manual de evaluación de Estudios de Impacto Ambiental detallado (EIA-d) para el Subsector Minería”. Dicho manual, señala el SENACE, constituye “una herramienta de trabajo para orientar y ordenar todas las etapas internas del procedimiento de evaluación de los EIA-d en el Subsector Minería; predeterminar y estandarizar criterios, lineamientos y formatos del equipo evaluador, y delimitar funciones internas de dicho equipo durante todas las etapas de la evaluación ambiental” (SENACE, 2016).

En dicho manual, notamos que nuevamente se insiste en un concepto de línea de base detallada en vez de una línea de base diagnóstica. Dicho manual incluye la definición de “Línea Base” como “Estado actual del área de actuación, previa a la ejecución de un proyecto. Comprende la descripción detallada de los atributos o características socioambientales del área de emplazamiento de un proyecto, incluyendo los peligros naturales que pudieran afectar su viabilidad” (SENACE, 2016, p.7). Esta definición es la misma que considera el Reglamento de la Ley 27446 Ley del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental, D.S. N° 019-2009-MINAM (PERÚ-MINAM, 2009)

Una causa de los EsIA voluminosos podría ser la insistencia en que la Línea de Base de un EsIA sea un estudio detallado y por ello se trate de tomar información de “todo lo que existe y se mueve” en el área de influencia del proyecto. Es necesario hacer la atingencia de que un estudio detallado no significa necesariamente un estudio total del área, que es lo que actualmente se pretende en los EsIA, tomando información de todo lo que existe en el área, tanto a ser impactado o no, para lograr superar las observaciones que la autoridad ambiental realiza cuando revisa un EsIA.

Se puede realizar un estudio detallado pero con criterio diagnóstico, es decir detallado para los componentes del medio que se infiere que serán afectados; y no necesariamente de detalle para las variables que no serán afectadas. En esta línea de ideas podría plantearse los conceptos de línea de base de fondo y línea de base de evaluación de impactos.

Una línea de base de fondo estaría asociada a todas las variables físicas, biológicas y sociales, digamos de contexto, y la línea de base de evaluación de impactos tomaría en consideración las variables e indicadores de impactos del proyecto. La primera no tendría la exigencia de nivel detallado y podría realizarse a partir de información de fuente secundaria (estudios e investigación publicada) con reconocimientos de campo. La segunda si implicaría el nivel detallado como base para seleccionar las variables que serían materia del monitoreo ambiental durante la ejecución del proyecto y su etapa de operación y cierre.

Un contraargumento sería que no es posible elaborar un estudio con diferencias de detalle puesto que todo está interrelacionado, pues constituye un sistema ecológico y social. Por supuesto que todo está interrelacionado, pero ello no implica que todo deba ser descrito. Sería suficiente describir y evaluar las variables diagnósticas y las de impacto.

En la actualidad, los EsIA elaboran lo que sería una línea base de fondo, aunque deficiente pues se constituyen de datos casi nada interpretados. La premura de tiempo hace que no se llegue a interpretar los datos con fines de evaluación del impacto ambiental, y así obtener variables integradoras o índices orientados a explicar las vulnerabilidades, sensibilidades o fragilidades del medio receptor ante los estresores, aspectos ambientales o peligros del proyecto sobre el medio. Para ejemplificar, los EsIA no incluyen en la línea de base la determinación de los hábitats críticos siguiendo los criterios esbozados en las normas de desempeño del IFC (IFC, 2012a,  2012b); aunque, algunos si lo incluyen pero incorporando análisis de sensibilidad biológica demasiados subjetivos y con métodos no validados. Es tanta la premura que muchas veces se presenta el EsIA con datos de una primera evaluación estacional, quedando la segunda evaluación estacional para ser presentada en la ronda de observaciones.

Las percepciones acerca de que la línea de base es la “foto del área” tomada antes que se ejecute el proyecto no son apropiadas puesto que la realidad no es estática. Todo ocurre en el tiempo y el espacio. Al ocurrir en el tiempo, hay historia. Si describimos la realidad física, biológica y social a partir de variables e indicadores tendremos entonces que incluir el comportamiento histórico y las tendencias al futuro de tales variables e indicadores. Solo así se puede, con propiedad, plantear la predicción de impactos ambientales.

Conclusión

En conclusión, no es lo mismo una línea de base de fondo y una línea de base para la evaluación de impacto ambiental. Es conveniente plantear que la línea de base sea un estudio diagnóstico, detallado en cuanto a las variables que permitan la predicción y seguimiento del impacto ambiental, y no necesariamente detallado para las variables que no recibirán impactos e irrestricto para toda el área. Tener en cuenta que detallado no alude necesariamente a un estudio total.

 

Referencias bibliográficas

Enlace Nacional. (2009, marzo 24). Ministro Brack respalda decreto que reduce plazo de presentación de estudios de impacto ambiental. Enlace Nacional. Recuperado a partir de https://www.youtube.com/watch?v=eaTTeyOo6s4

IFC, C. F. I. (2012a). Normas de desempeño social y ambiental. Washington D.C.: IFC.

IFC, C. F. I. (2012b). Notas de orientación de la Corporación Financiera Internacional: Normas de desempeño sobre sostenibilidad ambiental y social. Washington D.C.: IFC.

López, A. (2013a, mayo 9). ¿Cuál es el origen de la expresión «andarse con florituras»? Recuperado a partir de http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/cual-es-el-origen-de-la-expresion-andarse-con-florituras/

López, A. (2013b, mayo 21). ¿De dónde surge la expresión «ir al grano» para referirse a algo rápido y conciso? Recuperado a partir de http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/de-donde-surge-la-expresion-ir-al-grano-para-referirse-a-algo-rapido-y-conciso/

MINAM. (2015, diciembre). MINAM realiza Encuentro Nacional entre los actores del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) – 2015. Recuperado 7 de enero de 2016, a partir de http://www.minam.gob.pe/politicas/2015/12/15/minam-realiza-encuentro-nacional-entre-los-actores-del-sistema-nacional-de-evaluacion-de-impacto-ambiental-seia-2015/

PERÚ-MINAM. Reglamento de la Ley 27446 Ley del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental, D.S. No019-2009-MINAM (2009).

SENACE. Aprueban el «Manual de Evaluación del Estudio de Impacto Ambiental detallado (EIA-d) – Subsector Minería del Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles – SENACE», R.J. N° 112-2015-SENACE/J (2016). Recuperado a partir de http://www.senace.gob.pe/download/manual-eia-d/manual-eia-d.pdf

Principios epistemológicos y metodológicos para el diseño de una línea de base con fines de predicción de impactos ambientales

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Oscar Cuya

09 de diciembre

Lima – Perú

Introducción

Si estamos elaborando una guía metodológica para orientar el desarrollo de una línea de base, con fines del Estudio de Impacto Ambiental (EIA), debemos asegurar que esta guía facilite la implementación de lo que los Términos de Referencia (TDR) de los EIA establecen.

Los TDR de los EIA pueden ser comunes para un cierto grupo de actividades, pero, ello no elimina la necesidad de que cada proyecto tenga TDR específicos para sus estudios de impacto ambiental. Esta afirmación tendrá validez siempre y cuando consideremos que los TDR establecen el contenido y alcance del EIA; y así lo señala, el Decreto Supremo Nº 019-2009-MINAM, Reglamento de la Ley del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental (SNEIA) que define los TDR como sigue: “Propuesta de contenido y alcance de un Estudio de Impacto Ambiental que precisa los lineamientos e instrucciones para encargarlo y elaborarlo, en función a la naturaleza de un proyecto. Contiene la determinación de la línea base, la descripción del proyecto, la caracterización ambiental, según sea el caso, el plan de participación ciudadana y la valorización económica del impacto ambiental de los proyectos sujetos al proceso de Evaluación de Impacto Ambiental” (1).

Dado que no hay método sin supuestos teóricos, por más que se diga que estamos frente a un método práctico o pragmático, no debemos olvidar que todo método no deja de tener principios teóricos, incluso de orden epistemológico, ontológico y axiológico. Cuando más se reafirme que cierto método es “aséptico” de teorías es cuando más se debe elucidar los principios teóricos del método. Como base, debemos partir asumiendo que los datos, por más objetivos que nos parezcan, vienen ya con una carga teórica, aquella que hemos empleado para interpretar la información que nos proporciona la realidad.

La carga teórica de los datos

Un método se soporta en un conjunto de ideas o sistema conceptual. En sentido metafórico, podríamos decir que el método está engarzado o engastado en un marco teórico. Siempre habrá que tener en cuenta que las observaciones o datos dependen de la teoría, que equivale a decir que los datos están cargados de una teoría u otra.

Norwood Russell Hanson (1924-1967) sostuvo que lo que vemos y percibimos no es lo que reciben nuestros sentidos, sino una resultante de la información sensorial filtrada, mediante el filtro que son nuestros preconceptos existentes. (2)

Cuando diseñamos el EIA, es decir establecemos sus alcances y contenidos, debemos tener en consideración que la observación de “X” está moldeada por un conocimiento previo de “X”. El lenguaje o las notaciones usados para expresar lo que conocemos, y sin los cuales habría muy poco que pudiera reconocerse como conocimiento, ejercen también influencia sobre las observaciones. (2)

Los datos tomados en campo requerirán su interpretación. La base teórica o los principios teóricos que se empleen para interpretar los datos podrían llevar a diferentes conclusiones. Es decir, los mismos datos, podrían generar diferentes conclusiones, dependiendo de los principios teóricos que se empleen.

Sistematizar y reordenar los principios teóricos

Los TDR no deben constituir una exigencia de contenidos técnicos y científicos disjuntos proveniente de diferentes marcos teóricos, no explicitados, tal como son en la actualidad. Deben ser un todo coherente soportado por principios teóricos que conforman un sistema conceptual organizado, con una jerarquía de principios y deducibles, orientados a la predicción de cambios en las variables indicadoras de impactos ambientales, dado que ello es lo central en un EIA.

En suma, los TDR deben modificar el principio tácito o implícito de pensamiento museístico, es decir de coleccionar objetos y datos; pues, bajo dicho principio, mientras mayor cantidad y diversidad de datos se colecte mejor será la línea de base. Este principio es erróneo pues de los datos no sale la explicación y predicción, sino de las teorías o principios. Los datos sirven para confirmar o rechazar la conjetura o hipótesis de impacto.

Necesidad de un diccionario terminográfico

Para reducir la interpretación discrecional de los términos y conceptos; leyes, principios y teorías; es necesario como primera tarea establecer un diccionario terminográfico. La guía metodológica para la elaboración de la línea de base de un EIA debe incluir este diccionario.

¿Qué no debe ser una guía metodológica de línea de base?

No debe ser una guía para tomar datos estandarizados de campo de los componentes y procesos naturales y sociales (que los hay muchos y excelentes) sino una guía para interpretar datos con fines de establecer las variables indicadoras de impacto de los objetos, hechos, componentes o fenómenos de interés; así como una guía para delimitar los sitios geográficos sensibles o vulnerables, es decir, ¿dónde los valores de las variables indicadoras estarían fuera de los límites aceptables de cambio?

¿A que denominaremos guía metodológica? ¿A una secuencia de pasos para tomar los datos u observaciones de campo y procesarlos?; o ¿una guía para interpretar los datos o fenómenos?

Necesidad de alinear la línea de base con la predicción y valoración del impacto ambiental

Por ejemplo, los TDR de EIA en minería metálica señalan que “se deberá identificar y caracterizar los impactos ambientales en las fases de construcción y operación del proyecto a través de la formulación de las matrices (causa-efecto), así como determinar la valoración de la importancia de los impactos, así como de su magnitud (cantidad de factor ambiental afectado)” (3).

Si aceptamos que la magnitud de un impacto es la “cantidad de factor ambiental afectado” y la importancia de un impacto es la valoración del mismo, debemos tener como primera premisa, respecto a la línea de base, que ella debe proporcionar la información para tal propósito; y no únicamente, una situación “congelada” antes de proyecto para las comparaciones “dato antes” versus “datos después”. Las variables tienen una historia, una línea de tiempo, una tendencia en el tiempo, una trayectoria o comportamiento en el tiempo, y ello no puede reducirse a un set datos de una o dos temporadas, por lo menos conceptualmente.

En suma, la línea de base tiene que proporcionar el comportamiento o trayectoria de las variables indicadoras de impacto para poder predecir el impacto. Asimismo, para valorar la importancia tiene que establecer los umbrales o límites aceptables de cambio (en los cuales el sistema ambiental se mantiene y no involuciona a otro sistema). Aquí es donde se plantean las variables sensibles o vulnerables.

La escala espacial y temporal

La realidad la podemos observar en varias escalas. Las cosas y hechos están insertos en sus tendencias o historia, algo determina algo. Si un hecho origina otro hecho, digamos las causas y sus efectos, estamos en el eje del tiempo, en la historia. Si nos proyectaremos al futuro al predecir un impacto, una línea de base está obligada a presentar las historias o tendencia del factor ambiental. Solo así la línea de base sería pertinente.

Que no haya suficiente información histórica para trazar curvas de tendencias (enfoque inductivo) o suficientes principios teóricos para predecir comportamientos de fenómenos (enfoque deductivo) no es una justificación para presentar datos de dos temporadas (a cómo de lugar, no importa difieran solo en tres meses) y suponer que con ello ya se ha resuelto la historicidad de la variable. ¿Cómo lograr la historicidad o tendencia de todas las variables de los factores ambientales que se ha considerado evaluar? Es un gran desafío, pues no se tiene información histórica sobre gran parte de las variables de impacto ambiental.

Los fenómenos ocurren en diferentes escalas. Una línea de base tendrá que ser una información en varias escalas, incluso anidadas. En el caso social, lo que ocurra al nivel de las familias que interactuarán con el proyecto no se podrá vislumbrar si estamos trabajando con promedios regionales. El indicador, un instrumento semántico estadístico, generaliza y hace más cómodo el discurso sobre alguna variable, pero desaparecen justamente los extremos o los comportamientos extraños, es decir justamente los que podrían ser los comportamientos vulnerables.

Suponer que el estudio de impacto ambiental detallado debe ser eso, estudios detallados; y los estudios de impacto ambiental semi detallados deben ser tales, estudios de semidetalle menos profundos que los detallados, es un tremendo error. Ambos estudios deben tener las escalas (cartográficas, geográficas, de resolución) necesarias para abordar, bien, un estudio de un proyecto que presenta altos riesgos ambientales u otro con menores riesgos ambientales. No es un asunto de información más detallada o menos detallada, es un asunto de información suficiente o pertinente para abordar la naturaleza de mayor o menor riesgo o impacto ambiental.

También debemos recordar que las disciplinas técnicas o científicas tienen sus propios campos o particiones. Por ejemplo, podemos anotar que la ecología moderna se asume desde diferentes enfoques: hábitat, poblaciones, comunidades, ecosistema, paisaje, ecología social. Cada enfoque permite abordar cierto tipo de problema.

Límites aceptables de cambio

Los conceptos de capacidad de carga o estándar de calidad ambiental (ECA) son principios insuficientes para incluir el principio de manejo adaptativo del ecosociosistema, el cual se fundamenta en las variables de potencial de cambio, conectividad y resiliencia. Los umbrales de mayor o menor significación de los cambios, en las variables indicadoras de impacto, no deben asociarse únicamente a la capacidad de carga o el ECA sino principalmente deben tener correspondencia con los límites aceptables de cambio.

Criterios para un diagnóstico del ecosistema

Es importante enfatizar que un diagnóstico no es un recuento pormenorizado o inventario detallado de la realidad sino una descripción a partir de variables diagnósticas, es decir variables que corresponden a los objetos, hechos, procesos o fenómenos que estructuran el sistema.  Estas variables diagnósticas constituirían a su vez variables indicadoras de impactos ambientales.

Otro aspecto a considerar son los objetivos de una línea de base; y esta se orienta a la identificación del status presente del ecosistema, sus estilos y tasas de cambio. La pregunta a responder es: ¿Cómo está el ecosistema antes del proyecto? En cambio, el objetivo de un programa de monitoreo lo constituye el seguimiento de la evolución del ecosistema y sus respuestas a las acciones del proyecto. En este caso la pregunta a responder es:    ¿Qué variables del ecosistema cambian como consecuencia de las acciones del proyecto, en qué sentido cambian y con qué velocidad lo hacen?

Es conveniente incluir entre los criterios de diagnóstico los elementos siguientes:

  • Nivel de descripción (Características esenciales del ecosistema)
  • Escala espacial
  • Escala temporal
  • Variables de medición
  • Estado de referencia (valores de referencia)
  • Perturbación

Interpretación de los datos de línea de base

Como se planteaba al comienzo en este miniensayo, una guía para elaborar líneas de base no debe ser una guía metodológica para recoger datos de campo y procesarlas sino una guía para interpretar los datos con miras a la predicción del impacto.

La interpretación de los datos, que incluye la determinación de escalas espaciales y temporales de las variables indicadoras de impacto, debe permitir establecer los siguientes análisis temáticos:

  • Hábitat críticos
  • Uso del Territorio (T) en el área de influencia del proyecto
    • En territorios comunales
    • Áreas de conservación biológica/social
    • En áreas para producción
    • Uso actual
    • Uso potencial (Zonificación ecológica)
  • Integridad del ecosistema (I)
  • Servicios del ecosistema (E)
  • Vulnerabilidad social (V)
  • Conflictividad social (C)

Síntesis Final

Una guía para elaborar líneas de base no debe ser una guía metodológica para recoger datos de campo y procesarlos sino una guía para interpretar los datos con miras a la predicción del impacto. ¿Podríamos estar en discrepancia? ¿Usted qué opina?

Referencias

  1. PERÚ-MINAM. Reglamento de la Ley 27446 Ley del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental. D.S. No019-2009-MINAM de setiembre del, 2009.
  2. Filotecnóloga. La Carga Teórica según Hanson [Internet]. Internauta Sin Pauta. [citado 9 de diciembre de 2015]. Recuperado a partir de: https://filotecnologa.wordpress.com/2012/01/31/la-carga-teorica-segun-hanson/
  3. PERÚ-MINEM. Aprueban Términos de Referencia Comunes para la elaboración de Estudios de Impacto Ambiental Detallados y Semidetallados de las Actividades de Exploración, Beneficio, Labor General, Transporte y Almacenamiento Minero y otros, en cumplimiento del D.S.No 040-2014-EM. R.M. No 116-2015-MEM/DM mar 13, 2015.

Es necesario cada vez una estrategia o diseño metodológico de evaluación de impacto ambiental

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Oscar Cuya Matos

Introducción

Intentaremos aclarar que una evaluación de impacto ambiental requiere reglas heurísticas más que algoritmos o ecuaciones de impacto. Así como un profesional de la medicina, antes de prescribir alguna recomendación o receta, se apoya en un conjunto de análisis, con métodos y técnicas particulares, para confirmar sus conjeturas y concluir su diagnóstico, un analista de impactos tendría a su disposición un conjunto de métodos y técnicas, a partir del cual elegir los más convenientes y con ellos elaborar una estrategia o diseño metodológico para la predicción y categorización del impacto ambiental del proyecto en estudio.

En general, los analistas de impactos ambientales no se preocupan por reflexionar sobre sus métodos; para ellos, el método es un medio, en cambio para el metodólogo es un fin. Adoptaremos, entonces, la actitud del metodólogo para tratar lo concerniente al método de evaluación de impacto ambiental.

Metodología, métodos y técnicas, estrategias y tácticas

Conesa (2010) anota como “metodologías más serias y representativas” (p. 201) lo siguiente: método de Ma Teresa Estevan Bolea (desarrollado y mejorado 1984-2001), método de Domingo Gómez Orea (desarrollado y mejorado 1986-2003) y método de Vicente Conesa Fernández – Vítora (desarrollado y mejorado 1990-2010). El citado autor elabora una clasificación de los métodos de evaluación de impacto ambiental, considerando las clases siguientes: matrices causa efecto (matriz de Leopold); listas de chequeo; redes (Sorensen); sistemas cartográficos; análisis de sistemas; sistemas de indicadores, índices e integración (Fisher – Davies, Índice Global) y sistemas cuantitativos (Batelle Columbus).

Para interpretar lo que señala Conesa (2010), y antes de proseguir con la exposición, será necesario clarificar a qué nos referiremos con los términos ‘método’ y ‘técnica’. Incluso, previo a todo ello, debemos saber que la metodología produce reglas o procedimientos cuyo seguimiento cuidadoso contribuye a la objetividad, confiabilidad y validez de la aplicación de cierto método. La metodología examina críticamente los métodos y procura la instrumentación de técnicas específicas para lograr productos cognoscitivos y tecnológicos confiables. Es una actividad instrumental pero depende (explícita o tácitamente) de una poderosa sustentación conceptual. Díaz (2002).

Hasta este punto no tendríamos mayores desacuerdos respecto a lo que entendemos por metodología. Toca, entonces, ahora referirse al método y la técnica. También habrá que comentar algo sobre los conceptos de estrategia y táctica, pues existe bastante relación, entre estos conceptos, pues todos ellos aluden a un conjunto de acciones.

El método y la técnica tienen en común que aluden a procedimientos, es decir a un conjunto de acciones en secuencia y sistemáticas, que conducen a la obtención del fin predeterminado. En ambos casos se está en contraposición a un quehacer desordenado y casual. Las diferencias de significado, entre ambos términos, serían solo de gradación y jerarquía.

Con relación al método se puede decir que es un procedimiento general orientado hacia un fin, que incluye diversos procedimientos, algunos organizados como técnicas. Entre sus características se puede anotar su pretensión de universalidad y objetividad. En cambio, la técnica es un conjunto de acciones secuenciadas y más específicas que se enmarcan en el método. Todo método incluye supuestos teórico-epistemológicos.

Referente a la evaluación de impacto ambiental podríamos considerar como técnicas a las matrices, listas de verificación, cuestionarios, redes de encadenamiento causal, mapas, modelos matemáticos, etcétera. Estas técnicas serían además los instrumentos. El uso de estos instrumentos, solo o en conjunto, conformarían un método, en la medida de alguna particularidad teórica o práctica. Así, se podría decir que el método de Vicente Conesa (2010) se basa en la técnica de matrices y el método de Sorensen, en la técnica de redes de encadenamiento.

Con relación a la estrategia y táctica podría decirse, en sentido amplio, que la estrategia es la coordinación de acciones para alcanzar un objetivo y que se organiza en tácticas. Es un accionar más flexible aunque más complejo, más organizado y apoyado en alguna teoría. Las tácticas son las maniobras o procedimientos específicos que se aplican de acuerdo a las circunstancias, para implementar la estrategia.

La evaluación de impacto ambiental de un proyecto específico requeriría una estrategia o diseño metodológico particular a los procesos y componentes del proyecto con potencial de causar impactos; y específico, a las sensibilidades y vulnerabilidades del medio.

Al “arsenal” de métodos y técnicas de evaluación de impacto ambiental, tales como se describen en los textos clásicos de Canter (1977), Gómez (2003) y Conesa (2010), habría que añadir o construir nuevos métodos sobre la base de los avances teóricos de las disciplinas ambientales, por ejemplo, el manejo adaptativo de Holling (1973), Holling y Gunderson (2001); también los hábitats críticos tal como lo detallan las normas de desempeño y guías de orientación del IFC (2012), las áreas biológicas sensibles (ABS), los servicios ecosistémicos, la integridad del ecosistema, los riesgos ecológicos, entre los desarrollos de las ciencias ecológicas.

El marco teórico que da soporte a los métodos de evaluación de impacto ambiental debe incorporar los conceptos de ciudadanía universal; desarrollo humano; sostenibilidad ecológica; enfoques transversales de género, interculturalidad y derechos humanos; justicia ambiental, discriminación ambiental.

Acerca de las metodologías de evaluación de impacto ambiental

Una propuesta metodológica para la evaluación de impacto ambiental debería proporcionar un conjunto de métodos objetivos, confiables y válidos, soportados en principios científicos; de tal manera que cada grupo de analistas ambientales, cuando elabore un EsIA, establecería una estrategia particular para la evaluación del impacto ambiental del proyecto en cuestión. Esta estrategia metodológica se conformaría con los métodos de evaluación de impacto que aplican al caso en estudio. En suma, la propuesta metodológica proporcionaría un conjunto de métodos, alguno o varios de los cuales integrarían una estrategia metodológica para abordar un estudio en específico.

Sería como el diseño metodológico de una investigación científica, en la cual no existe un diseño único y definitivo aplicable sin más. La investigación se diseña, y por tanto habrá tantos diseños como investigación se realice. Análogamente, la evaluación de impacto ambiental de un proyecto requiere el diseño metodológico específico o la elaboración de una particular estrategia metodológica.

Así como en la investigación no existirá un único instrumento automatizado que una vez aplicado proporcione los resultados y conclusiones de la investigación, en la evaluación de impacto ambiental tampoco existirá un único instrumento que proporcione la predicción y calificación de los impactos. Se explica esta asunción considerando que tanto la investigación como la evaluación de impacto ambiental son procesos con fases indagatorias en las cuales se plantean conjeturas e hipótesis, y luego fases de prueba o confirmatorias, en las cuales alguna hipótesis queda firme y otras habrán sido desechadas.

Podría decirse que la evaluación de impacto ambiental es una investigación de hechos que ocurrirán en el futuro: los impactos del proyecto; y para esta investigación de hechos futuros se podría contar con un “arsenal” de métodos y técnicas, en constante actualización. Evidentemente, no todos los métodos deberán aplicarse en todos los estudios sino los idóneos para el caso específico, los cuales pasarían a conformar la estrategia o diseño metodológico de la predicción y caracterización del impacto ambiental del proyecto en cuestión.

Probablemente, el analista de impacto ambiental, tanto si es un evaluador o revisor, esté esperanzado en un único instrumento, estandarizado y calibrado, al modo de un instrumento físico, que aplicado al proyecto en cuestión pueda ofrecer, como la lectura de un instrumento, la predicción y calificación de los impactos ambientales. Incluso, los analistas de pensamiento cuantitativo, probablemente, ansíen contar con la completa y definitiva formulación o “ecuación” del impacto ambiental. Nada más lejos de la realidad, puesto que las variables de impacto ambiental son más enunciados de preferencias o valoraciones axiológicas que variables evaluables o medibles. Algún desarrollo mayor sobre lo que significa medir, evaluar o valorar se necesitará para discutir este punto.

Las formulaciones de impacto ambiental constituyen un método más; y necesariamente requieren ser complementadas con otros métodos, para superar sus limitaciones. Dado que hay un sinnúmero de formulaciones o ecuaciones, cada una más extensa que la otra, podría ser suficiente la construcción de una ecuación con las variables comunes a las múltiples formulaciones (magnitud, duración y extensión); incluso, así sería más comprensible por la población cuando de explicarles la formulación se trate o cuando se realicen talleres participativos de evaluación de impacto ambiental con la población, y se procure dar legitimidad al proceso de evaluación de impacto ambiental del proyecto.

Metodologías para predecir y metodologías para caracterizar impactos

Es usual que los analistas de impactos ambientales cuando se refieren a metodologías de evaluación de impacto, inmediatamente, lo asocien a la calificación del impacto ambiental, sin tomarse mayor tiempo o preocupación en las metodologías de predicción de impactos. Dado que se tiene en la literatura o en estudios anteriores o similares una relacion de impactos, se da por sentado que tales serán los impactos ambientales que también ocasionará el proyecto que se está evaluando. Esta práctica acostumbrada, muy pragmática por cierto, podría  pecar de facilista e incluso arbitraria si no se emplean métodos de apropiados de predicción de impactos.

Es conveniente tener en cuenta que la fase más crítica es la predicción del impacto. En esta etapa se tendrá que considerar la predicción del algún cambio en los componentes ambientales ocasionado por el proyecto;  y además, seguidamente, una predicción subsiguiente del efecto del cambio en la salud y bienestar de la población. Para toda esta tarea la metodología de la explicación y predicción científica será de mucha utilidad. Ella requiere el uso de principios, leyes o teorías científicas.

Explicar científicamente supone establecer las condiciones suficientes que producen el evento deseado, la regularidad o el proceso. La explicación, también muestra que las circunstancias descritas incrementan la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno; y por otro lado, elucidan el funcionamiento interno que produce el fenómeno. Asimismo, establece las tendencias implicadas en cuanto a la ocurrencia del hecho (Bunge, 2000).

Las explicaciones pueden estar basadas en diferentes modelos lógicos: el modelo de cobertura legal, que incluye los tipos nomológico-deductivos; estadístico-deductivos y estadístico-inductivos, las explicaciones funcionales o teleológicas, las mecanísmicas, las genéticas, las pragmáticas, las causales y las por unificación y subsunción teórica, (Nagel, 1961, p. 27-38), (Díez and Moulines, 1997, p. 223).

Por ejemplo, si se tiene equipos con motores se generará emisiones de partículas y gases; y por tanto, habrá un efecto de incremento de gases en la atmósfera. Podría cuantificarse las emisiones y estimarse su dispersión (ello implica un modelo matemático y un programa informático para generar isolíneas de dispersión). Una vez obtenida la magnitud del efecto queda la valoración en términos de importancia respecto a la salud y bienestar y con ello el efecto tendrá un significado ambiental.

No hay que olvidar que hay principios científicos involucrados implícitamente en el modelo predictivo. Para los casos en los cuales no se tiene modelos matemáticos y programas informáticos la predicción de efectos subsecuentes implica de igual modo acudir a principios científicos, para deductivamente establecer los efectos e intentar estimar un valor a partir de mediciones de las variables predictoras.

Objetividad, confiabilidad y validez del método

Dado que las tablas de impacto son instrumentos de evaluación, estas deben ser validadas antes, en cuanto a su consistencia y confiabilidad. Esta exigencia obliga a elucidar la naturaleza de los instrumentos de evaluación del impacto ambiental. Así, cuando decimos que un impacto es de mayor magnitud y es más significativo que otro, estamos frente a alguna acción que puede reconocerse bien como medición, evaluación o valoración

La metodología que se diseñe deberá problematizar lo referente a la “medición del impacto ambiental. Cuando se aborda el problema de la medición del impacto ambiental surgen preguntas como las siguientes: ¿Se mide, evalúa o valora los impactos? ¿Tiene sentido crear algoritmos o formulaciones al modo de ecuaciones para evaluar el impacto ambiental? Una propuesta metodológica para la evaluación del impacto ambiental deberá responder con claridad tales preguntas.

En la teoría clásica, formulada por Norman Robert Campbell, en 1920, la medición es concebida como medición de magnitudes, por tanto es posible definir, desde esta teoría, el proceso de medición como las operaciones que permiten asignar números a la cantidad de una determinada propiedad (para variables discretas) o magnitud (para variables continuas) que un objeto posee (Canales Cerón, 2006, p. 39-49).

La aplicación de esta teoría de la medición en la evaluación de impacto ambiental no es posible pues las variables principales, con las cuales trata la evaluación de impactos, son cualitativas en su mayoría, pues el impacto ambiental tiene que ver el bienestar y calidad de vida de la población, y muchos de sus indicadores no corresponden a conceptos métricos.

Stanley Steven, en 1946, planteó la denominada “Teoría representacional de la medida”. En esta teoría se define ‘medir’ no como asignar números de acuerdo a la magnitud o cantidad en que un objeto posee una determinada propiedad (definición clásica), sino como asignar número de acuerdo a un regla (Stevens, 1946, Canales Cerón, 2006, p. 39-49). Como consecuencia de la eliminación de la noción de magnitud o cantidad y reemplazarla por la noción de “regla de asignación”, se amplió el ámbito de la medición hacia propiedades para las cuales las nociones de cantidad o magnitud no parecen aplicables (Canales Cerón, 2006, p. 39-49). Los instrumentos de evaluación del impacto ambiental tendrían que cumplir, al menos, con la exigencia de la teoría representacional de la medición.

Conclusión

No hay un método único de evaluación del impacto ambiental. Es más apropiado considerar una estrategia o diseño metodológico propio para un determinado estudio de impacto ambiental. Esta estrategia deberá seleccionar los métodos y técnicas que mejor apliquen al caso específico. Digamos, entonces, que la evaluación de impacto ambiental requiere reglas heurísticas más que algoritmos.

Temas para investigar

Suponiendo que usted está investigando en metodologías de la evaluación de impacto ambiental, intente respuestas para las preguntas siguientes:

¿Cómo lograr objetividad metodológica en la aplicacion de las matrices de impacto ambiental?
¿Y cómo lograr objetividad empírica en el uso de la matrices de impacto ambiental?

Referencias bibliográficas

Bunge, M., 2000. La investigación científica: su estrategia y su filosofía. Siglo XXI.
Canales Cerón, M., 2006. Metodologías de la investigación social. Lom Ediciones, Santiago de Chile.
Canter, L.W., 1977. Environmental impact assessment. McGraw-Hill.
Conesa, V., 2010. Guía metodológica para la evaluación del impacto ambiental, 4th ed. Mundi Prensa, Madrid.
Díaz, E., 2002. Los discursos y los métodos. Métodos de innovación y métodos de validación. Perspect. Metodol. 2, 5–22.
Díez, J.A., Moulines, C.U., 1997. Fundamentos de filosofía de la ciencia. Ariel, Barcelona.
Gómez, D., 2003. Evaluación de impacto ambiental. Un instrumento preventivo para la gestión ambiental, 2 ed. ed. Mundi Prensa, Madrid.
Holling, C.S., 1973. Resilience and Stability of Ecological Systems. Annu. Rev. Ecol. Syst. 4, 1–23.
Holling, C.S., Gunderson, L.H., 2001. Resilience and adaptative cycles, in: Panarchy: Understanding Transformations in Human and Natural Systems. Island Press.
IFC, C.F.I., 2012. Normas de desempeño social y ambiental. IFC, Washington D.C.
Mari, L., 2003. Epistemology of measurement. Measurement, Fundamental of Measurement 34, 17–30. doi:10.1016/S0263-2241(03)00016-2
Nagel, E., 1961. La estructura de la ciencia: Problemas en la lógica de la investigación científica. Paidos, Barcelona.
Stevens, S.S., 1946. On the theory of scales of measurement. Bobbs-Merrill, College Division.

Los mapas parlantes, la zonificación ecológica, el ordenamiento del territorio y la evaluación de impacto ambiental

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Oscar Cuya

En la investigación social y en especial en los estudios de impacto ambiental (EsIA) se elaboran mapas parlantes.  “La asamblea comunal elige a un grupo de pobladores compuesto por seis a ocho personas, quienes describen la situación de los recursos naturales, los sistemas productivos, el medio ambiente, tanto del área rural como urbana (…) con la ayuda de dibujos de mapas” (Clavería, p.39).

Tales mapas son valiosísimos para la evaluación del impacto ambiental. Superponiendo sobre dichos mapas, los componentes físicos del proyecto, se podría delimitar las áreas que recibirían mayor efecto;  y con ello tener una base para la medición, valoración y ulterior compensación económica de impactos (si fuera el caso); sin embargo, casi no se emplean estos mapas parlantes para tales fines.

El especialista en cartografía restará importancia a los mapas parlantes puesto que la información no está georreferenciada,  es decir no tiene coordenadas. Dirá que ese mapa es, en realidad, un croquis y que está bien que se generen, pero que no corresponde incorporarlos en el juego de mapas que tiene que elaborarse y presentarse para completar el estudio (EsIA).

En la fase del EsIA, en la que se elaboran las matrices de impacto, se utilizan los diferentes mapas temáticos, que ubican y muestran las características de los componentes físicos y  biológicos del medio; pero no es habitual el uso de los mapas parlantes. Las decenas de mapas parlantes van al archivo, y algunos, escaneados,  van al anexo del estudio para dejar constancia que efectivamente se elaboraron mapas parlantes.

Será importante, antes, definir lo que denominamos carta, mapa y plano. Podríamos decir que  “una ‘carta’ es la representación del terreno sobre un formato plano, es decir de dos dimensiones. Cuando la superficie es pequeña y por tanto la curvatura terrestre no influirá en la representación cartográfica, se recurre a una representación plana, de forma que todos los puntos representados están vistos desde su perpendicular. A esta representación cartográfica se le denomina ‘plano’ y pertenece al campo de la topografía. Esto funciona bien para distancias pequeñas, pero se recurre a un sistema de proyección cuando la superficie que estemos considerando es bastante grande y por tanto influenciada por la curvatura terrestre. A esta parte de la tierra representada se le llama ‘mapa’ y pertenece al campo de la Geodesia”. Fuente: Perú Ruteable (2010).

Así definidos tales representaciones probablemente quede confirmado que los mapas parlantes son croquis. Mas nada impide que busquemos una situación intermedia y agreguemos  referencia cartográfica al mapa parlante. Los actuales GPS permiten registrar la ubicación de los sitios con un nivel aceptable de exactitud.

Y todo este texto para invitarles a ver la película “La Travesía de Chumpi”, de Teleandes Producciones (2009), en la que se muestra a la población Achuar elaborando su mapa con el auxilio de un GPS. También quedan invitados a leer la narración de los sucesos que ocurrieron durante la filmación de la película. Así, el relato de Fernando Valdivia sobre una serie de acontecimientos pone en relieve las diferentes percepciones con las cuales tratamos, cuando nos comunicamos. En su texto se advierte también un llamado a la investigación (Valdivia, 2008).

La Travesía de Irar y Chumpi: filmando con los jibaro-achuar – Segunda Parte (Valdivia, 2008)

http://teleandesproducciones.blogspot.com/2008/10/la-travesa-de-irar-y-chumpi-filmando.html

La película “La travesía de Chumpi” muestra algo de la vida cotidiana en Chicherta, una comunidad Achuar de la cuenca del río Pastaza.  Los acontecimientos se centran en una expedición de un grupo de la comunidad que se dirige hacia un lugar que consideran sagrado; y la elaboración de un mapa con un GPS, que muestra los recursos y sitios de interés de sumo valor para la comunidad (Teleandes Producciones, 2009).

Luego de ver la película surgen reflexiones sobre varios instrumentos de gestión de la política ambiental del Perú. Si bien hablamos del ordenamiento territorial y la zonificación económica ecológica deberíamos tener en cuenta que los espacios territoriales “no están vacíos ni desordenados”.

Veamos entonces la película: La Travesía de Chumpi

(Valdivia, 2009; Teleandes Producciones, 2009).

https://vimeo.com/59512111

http://teleandesproducciones.blogspot.com/search/label/LA%20TRAVESIA%20DE%20CHUMPI

Y ahora que estamos tratando sobre películas también podría ser recomendable ver la siguiente:

“Tierra Prometida”, película dirigida por Gus Van Sant, interpretada por Matt Damon, John Krasinski y Frances McDormand.

Un ejecutivo de una gran empresa, llega a un pequeño pueblo para gestionar la  compra de los derechos de perforación petrolera a los propietarios de las tierras. En esa población, el ejecutivo tendrá ocasión de reconsiderar los procesos de participación ciudadana (Sant, 2013).

http://www.imdb.com/title/tt2091473/

Literatura citada

Clavería Huerse, R. (n.d.). Metodología “SAS Cholo”: Fortalecimiento del capital social y humano en los planes de desarrollo local con enfoque de género e interculturalidad.
G.L., K. (2010, February 13). Mapas. Conceptos básicos. Tomado de http://perut.org/index.php?topic=109.0
Sant, G. V. (2013). Promised Land. Drama.
Teleandes Producciones. (2009). LA TRAVESIA DE CHUMPI. Tomado de https://vimeo.com/59512111
Valdivia, F. (2008, October 26). La Travesía de Irar y Chumpi: filmando con los jibaro-achuar – Segunda Parte. Tomado de http://teleandesproducciones.blogspot.com/2008/10/la-travesa-de-irar-y-chumpi-filmando.html
Valdivia, F. (2009, September 6). Este 21 de octubre se estrena LA TRAVESIA DE CHUMPI. Tomado de http://teleandesproducciones.blogspot.com/search/label/LA%20TRAVESIA%20DE%20CHUMPI

La percepción ambiental en las fórmulas de calificación de un impacto ambiental

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Oscar Cuya

Una percepción es una captación, selección y organización de una información. La percepción del ambiente es aprendida y está cargada de afectos que traducen juicios sobre el mismo. Están juntos lo cognitivo y lo emocional, lo interpretativo y lo evaluativo. En suma, la percepción ambiental es aprendida y aparece en los juicios que formamos sobre el medio ambiente. Es resultante tanto del impacto objetivo de las condiciones reales sobre los individuos como de la manera como la intervención social y valores culturales inciden sobre la vivencia del impacto (Kuhnen,  2009, p. 47).

Si aceptamos que los problemas ambientales deben ser analizados considerando la relacion entre la sociedad la persona y la naturaleza (Kuhnen,  2009, p. 40), las formulaciones para la calificación del impacto ambiental deberían incluir los tres factores: sociedad, persona y naturaleza. Así, se tendría el enunciado siguiente: un proyecto algo cambia en la naturaleza y en la sociedad lo cual es percibido de modos particulares por las personas.

Si se emplea dicho enunciado como premisa cobra mucho sentido la definición de impacto ambiental planteada por Gómez (2003), quien anota que  “para entender el concepto de impacto ambiental, resulta útil distinguir lo que es la alteración en sí de un factor –efecto o impacto sin adjetivo-, de la interpretación de dicha alteración en términos ambientales y, en última instancia, de salud y bienestar humano. Este significado ambiental es lo que define más propiamente el impacto ambiental”  (p. 172-173).

Las fórmulas para la calificación de impacto ambiental no solo deberían considerar la magnitud e importancia del impacto ambiental, sino la percepción ambiental de las personas a ser afectadas. Si un proyecto genera efectos ambientales menores, por su magnitud e importancia, y a pesar de ello no recibe aceptación de la población, es posible que la percepción ambiental de tal proyecto sea negativa.

¿Cree usted que este razonamiento aplica a los proyectos de inversión que no son aceptados por la población?

Literatura citada

Gómez Orea, D. (2003). Evaluación de impacto ambiental. Un instrumento preventivo para la gestión ambiental (2 ed.). Madrid: Mundi Prensa.

Kuhnen, A. (2009). Meio ambiente e vulnerabilidade a percepção ambiental de risco e o comportamento humano. Geografía (Londrina), 18(2), 37–52.

Comunicación para el desarrollo en los estudios de impacto ambiental

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Oscar Cuya

Probablemente, muchos desencuentros entre los proyectos y los grupos de interés se deba a la falta de diálogo y comunicación. Convendría aclarar que una comunicación del tipo periodístico no es necesariamente lo que se requiere sino una comunicación para el desarrollo, pues ella garantiza que la interacción converja sobre un punto común, el desarrollo del proyecto y el desarrollo de la comunidad.

Guadalupe Garcia Godos, comunicadora para el desarrollo, egresada de la PUCP, nos dice lo siguiente: “Hacer un EIA [Estudio de Impacto Ambiental] no es fácil. (…) Se realiza el Plan de Participación Ciudadana, que tiene cuatro momentos. En el primer taller presenta a la empresa y lo que es un EIA. El segundo taller revisa los resultados de los datos poblacionales (cuántos hombres, mujeres, niños, salud, educación). Luego de esta instancia se entrega el EIA y el resumen ejecutivo. El tercer taller ve los impactos y el plan de manejo de estos que la empresa tomaría para minimizarlos. El cuarto momento es la audiencia pública, donde se resume lo anterior y se evalúa el EIA” (García Godos, 2013).

Por otro lado, Jorge Acevedo, coordinador de la especialidad de Comunicación para el Desarrollo de la PUCP, señala que “la comunicación debe ser transversal y que si bien las comunicaciones han ganado campo, de esa apertura no siempre se entiende que la comunicación es un proceso que debiera fortalecerse y trabajarse en todo el ciclo de vida del proyecto, (…)  algunos creen que la comunicación es producir materiales, hacer publicidad, cuando en realidad de lo que se trata es construir en diálogo con los actores” (Acevedo, 2011).

En la página web de la PUCP se anota que “la especialidad de comunicación para el desarrollo promueve el análisis y la gestión de estrategias de comunicación con la finalidad de generar o mejorar procesos de comunicación interpersonales, grupales y masivos que apunten al desarrollo social”. Esta especialidad “busca preparar al estudiante para la investigación, el diseño, la gestión y la implementación de estrategias, acciones y mensajes en proyectos de comunicación y organizaciones, enfatizando en temas de actualidad para el mejoramiento de la calidad de vida, tales como salud, educación, ciudadanía y derechos humanos, género, desarrollo institucional, productividad y medio ambiente” (PUCP, n.d.).

A partir de lo anotado, podríamos inferir la importancia de la Comunicación para el Desarrollo en los procesos de evaluación de impacto ambiental, en los cuales, como elemento central de la licencia social, están los acuerdos y consensos entre el proyecto y la población del área de influencia. Se podría decir, entonces, que una participación ciudadana plena, legal y legítima en la evaluación de impacto ambiental, más que una tarea de lobby o cabildeo es una tarea de comunicación para el desarrollo.

En otra línea de pensamiento, desde que las personas tienen conceptos diferentes acerca de los términos ‘ambiental’ e ‘impacto ambiental’ se van configurando núcleos de desconexión en la comunicación, producto de los diferentes acervos de los diversos grupos de interés de la población, Estado y empresa. Es importante anotar que el “concepto de ambiente en la evaluación de impacto considera no solo los componentes biofísicos sino también los fisicoquímicos, biológicos, visuales, culturales y socioeconómicos del ambiente” (International Association for Impact Assesment IAIA, 2009, p.1).

Señala Gómez (2003) “Para entender el concepto de impacto ambiental, resulta útil distinguir lo que es la alteración de en sí de un factor – efecto o impacto sin adjetivo-, de la interpretación de dicha alteración en términos ambientales y, en última instancia de salud y bienestar humano; este significado ambiental es lo que define más propiamente el impacto ambiental” (p. 147).

Entender así el impacto ambiental implicaría que la evaluación de impactos se oriente a variables ambientales que determinen el bienestar de la población  (servicios ecosistémicos por ejemplo) y no enfatizar en la evaluación de componentes ambientales, por separado, tal como es práctica común, hoy en día.

No es que toda la problemática de la investigación ambiental se sitúe en los conceptos sino que tanto la evaluación como la investigación ambiental requieren una previa integración de los sistemas conceptuales disciplinarios, es decir interdisciplinariedad y transdisciplinariedad. Por otro lado, no puede dejar de señalarse que son también determinantes, en el campo de la evaluación ambiental, lo que entendamos por  medición, evaluación y valoración.

Aquí será importante tener en cuenta tanto la semántica como la pragmática. Según Putnam, “la pragmática presupone la semántica, en el sentido de que antes de investigar lo que quiere decir la persona X con la expresión Y, o como usa el concepto de verdad la persona Z, se debe tener razonablemente claros los conceptos semánticos de significado y verdad, de la misma manera que un físico se cerciora que comprende el concepto de peso atómico antes de proceder a medir pesos atómicos (Citado por Bunge, 2008, p. 36). Aunque, todo esto, ya es lingüística y tarea para una investigación de la pragmática de los términos empleados en la evaluación de impacto ambiental.

Literatura citada

Acevedo, J. (2011, Agosto). La comunicación es transversal, está presente en todo el proyecto. Extraído desde  https://btpucp.pucp.edu.pe/entrevistas/jorge-acevedo/

Bunge, M. (2008). Semántica I. Sentido y referencia. Barcelona: Gedisa.

García Godos, G. (2013, Marzo). El comunicador es el filtro para un buen entendimiento. Extraído desde https://btpucp.pucp.edu.pe/entrevistas/guadalupe-garcia/

Gómez, D. (2003). Evaluación de impacto ambiental. Un instrumento preventivo para la gestión ambiental (2 ed.). Madrid: Mundi Prensa.

International Association for Impact Assesment (IAIA), I. (2009). What is impact assessment? Fargo ND, EE. http://www.iaia.org/publicdocuments/special-publications/What%20is%20IA_web.pdf

PUCP. (n.d.). Comunicación para el Desarrollo.  http://facultad.pucp.edu.pe/comunicaciones/carreras/comunicacion-para-el-desarrollo/

La evaluación de impacto ambiental como una disciplina técnica

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Oscar Cuya

Los estudios de impacto ambiental (EsIA) son considerados productos técnico-científicos por sus propios desarrolladores, quienes comparten ciertos marcos teóricos y procedimientos que implícitamente conforman una disciplina técnica, la cual podría ser denominada “Evaluación de Impacto Ambiental” dado que los textos, manuales y normas legales hacen referencia con dicho epíteto a los EsIA y al proceso técnico, administrativo y participativo que se sigue para su revisión y aprobación por parte de alguna autoridad estatal. Esta disciplina tendría como tarea central la predicción y valoración de los impactos ambientales de los proyectos o intervenciones humanas, en general, sobre el ambiente.

Los EsIA no solo deben predecir los cambios en las variables físicas, económicas y sociales sino valorarlas, en el sentido de valiosos por su calidad o como estimación monetaria de las pérdidas de servicios ecológicos o ambientales. Esta valoración implicará preferencias de orden subjetivo, tanto individuales como colectivas (de los grupos de interés).

La elaboración de un EsIA más que una actividad científica es una actividad técnica que produce un “documento”. Este documento es un estudio predictivo de los efectos que ocasiona un proyecto sobre el ambiente, es decir sobre el  medio y la población.

Dado que los impactos ambientales de los proyectos son de naturaleza física, económica o social, en la elaboración del EsIA confluyen múltiples disciplinas científicas y técnicas, cada cual con su propio marco teórico y metodología, y accionar teórico y metodológico, bastante disociado, que hace que el EsIA solo sea multidisciplinario y no un estudio integrado o interdisciplinario.

Si se estableciera explícitamente una disciplina denominada evaluación de impacto ambiental quizá se logre un mejor estudio. Esta disciplina articularía diversas ciencias y técnicas alrededor de la predicción, calificación y valoración del impacto ambiental; tendría su propia identidad axiomática y metodológica, incorporando también algunos, pero no todos, los conceptos y métodos de la ecología y de las ciencias sociales y generando otros nuevos. Todo este razonamiento es compatible con lo que señala Gallopín (2000), “es probablemente que a través de la alternativa de articulación se puede dar de mejor manera la cooperación e integración entre disciplinas y no a través de la absorción de la temática ambiental por una u otra de las disciplinas existentes actualmente (p. 127).

Podría tenerse desacuerdos sobre la naturaleza técnica o científica del EsIA pero no en la necesidad de los conocimientos científicos para elaborar un estudio pertinente. Dado que los EsIA deben predecir los impactos sobre el medio y la población, por la futura intervención de un proyecto, la naturaleza explicativa y predictiva de los conocimientos científicos sin duda facilitan la predicción de los impactos ambientales.

¿Y usted qué piensa? ¿Podríamos decir que existe una disciplina científica o tecnológica denominada “Evaluación de Impacto Ambiental”?

Literatura citada

Gallopín, G. (2000). Ecología y ambiente. In Los problemas del conocimiento y la perspectiva ambiental del desarrollo (pp. 88–141). México D.F.: Siglo XXI.

Una formulación para categorizar los proyectos por su nivel de riesgo o impacto ambiental

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Oscar Cuya

 21 de mayo del 2015

En el Perú, dado que los estudios de impacto ambiental detallados (EIA-d) serán revisados y aprobados por el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (SENACE), Artículo 1° de la Ley 29968, se ha puesto tácitamente, en la agenda de prioridades, la determinación del procedimiento para la clasificación de los proyectos de acuerdo con su riesgo ambiental; dicho de otro modo, el procedimiento material y objetivo para establecer los tipos de proyectos que requerirán estudios de impacto ambiental detallado (EIA-d) o en su defecto, estudios de impacto ambiental semidetallado (EIA-sd).

Tanto si se opte por clasificaciones anticipadas o un procedimiento de clasificación caso por caso se requerirá un instrumento de clasificación, el cual deberá reunir tres requisitos esenciales: confiabilidad, validez y objetividad; es decir además de ser legal y legítimo deberá cumplir con todas las exigencias de un instrumento de investigación cuantitativa o cualitativa.

La elaboración de tal instrumento debe partir de los principios del análisis y evaluación de riesgos, así como de los desarrollos teóricos actuales sobre servicios ecosistémicos, integridad del ecosistema, vulnerabilidad social, presencia de conflictos socioambientales, entre otros criterios.

La evaluación de riesgos es una técnica que posee un soporte teórico bastante desarrollado así como toda una instrumentación de evaluación cualitativa y cuantitativa, que bien pueden adecuarse para fines de la categorización de los proyectos por sus riesgos ambientales.

En el Perú hay abundante material técnico y de divulgación sobre proyectos y su evaluación de riesgos. Por ejemplo, en el sitio virtual del Ministerio de Economía se encuentran manuales, guías y presentaciones multimedia sobre la evaluación de riesgos para los proyectos de inversión pública (PIP).

El documento, elaborado por la Dirección General de Programación Multianual del MEF-Perú “Conceptos asociados a la gestión del riesgo de desastre en la planificación e inversión para el desarrollo” presenta un marco conceptual sobre la gestión del riesgo. Sobre la base de dicho material se presentan a continuación definiciones adicionales:

¿Qué es el riesgo?

El riesgo es la probabilidad de que la unidad social o sus medios de vida sufran daños y pérdidas a consecuencia del impacto de un peligro. El riesgo es función de una amenaza o peligro y de condiciones de vulnerabilidad de una unidad social. Estos dos factores del riesgo son dependientes entre sí, no existe peligro sin vulnerabilidad y viceversa; no existen independientemente pero se definen por separado para una mejor comprensión del riesgo. (MEF. Perú, 2006, p.17)

¿Qué es un peligro?

El peligro, también llamado amenaza, es un evento de origen natural, socio natural o antropogénico que por su magnitud y características puede causar daño. (MEF. Perú, 2006, pp. 10-11)

Es preciso tener muy claro que el peligro o amenaza es la probabilidad de ocurrencia de un evento y no el evento en sí mismo. El nivel de peligro depende de la intensidad, localización, área de impacto, duración y periodo de recurrencia del evento. Se pueden tener los tipos siguientes de peligro:

Peligro natural

Es el asociado a fenómenos meteorológicos, geotectónicos, biológicos, de carácter extremo o fuera de lo normal (sismos, lluvias intensas o tormentas, sequías, tsunamis, etc.)

Peligro socio natural

Es el que corresponde a una inadecuada relación hombre-naturaleza; está relacionado con procesos de degradación ambiental o de intervención humana sobre los ecosistemas. Se expresa en el aumento de la frecuencia y severidad de los fenómenos naturales o puede dar origen a peligros naturales donde no existían antes y puede reducir los efectos mitigantes de los ecosistemas naturales (tala, quema, deforestación, desertificación, erosión hídrica, deslizamientos e inundaciones, huaycos, salinización de tierras).

Peligro tecnológico o antropogénico

Está relacionado a procesos de modernización, industrialización, desregulación industrial o la importación, manejo, manipulación de desechos o productos tóxicos. Todo cambio tecnológico, así como la introducción de tecnología nueva o temporal, puede tener un papel en el aumento o disminución de otros peligros.

La vulnerabilidad

La vulnerabilidad es la susceptibilidad de una unidad social (familias, comunidad, sociedad), estructura física o actividad económica que la sustentan, de sufrir daños por acción de un peligro o amenaza. Tres factores, ante la ocurrencia o posible ocurrencia de un desastre, explican la vulnerabilidad:

Grado de exposición

La vulnerabilidad surge por las condiciones inseguras que representa la exposición, respecto a un peligro que actúa como elemento activador del desastre.

Fragilidad

Está referida al nivel de resistencia y protección frente al impacto de un peligro amenaza, es decir las condiciones de desventaja o debilidad relativa de una unidad social por las condiciones socioeconómicas.

Resiliencia

Este término se refiere al nivel de asimilación o la capacidad de recuperación que pueda tener la unidad social frente al impacto de un peligro-amenaza. Se expresa en limitaciones de acceso o adaptabilidad de la unidad social y su incapacidad o deficiencia en absorber el impacto de un fenómeno peligroso.

A partir de los conceptos desarrollados por el documento mencionado (MEF. Perú, 2006) podríamos intentar la elaboración de generalizaciones al modo de fórmulas.

A = Amenaza

El nivel de amenaza es una función de su probabilidad de ocurrencia, su intensidad, duración, extensión y recurrencia.

A = p × i × d × e × r

p = probabilidad; i = intensidad; d = duración; e = extensión; r = recurrencia

V =Vulnerabilidad del medio receptor

La vulnerabilidad del elemento bajo peligro o medio receptor es una función de la exposición a la amenaza, así como de su fragilidad y resiliencia. La vulnerabilidad será elevada si la exposición y la fragilidad son elevadas y si la resiliencia es baja.

V = ex × f × 1/re

Ex = exposición del medio u objeto receptor al peligro;

f    = fragilidad del medio u objeto receptor

re  = resiliencia del medio u objeto receptor

A partir de las funciones anteriores tendríamos también una formulación general del riesgo.

R =Riesgo

R= A × V

A = Amenaza,  V = Vulnerabilidad del medio u objeto receptor

La formulación final sería la siguiente:

R = [p × i ×  d × e × r] ×[ ex × f × 1/re ]

Hagamos un ejercicio de adaptación de la formulación de riesgo a una formulación para categorizar proyectos.

Transforme a una formulación como R = [p × i ×  d × e × r] ×[ ex × f × 1/re ], las variables de la expresión siguiente

CP = F([E, D, R, P], [T, I, E, V, C])

Donde (CP) es la categoría del proyecto; (F) = Función matemática; (E) = Extensión del área de facilidades del proyecto; (D) = Duración del proyecto; (R) = Factor de riesgo de contaminación; (P) = Número total de trabajadores directos. T = Usos del territorio en el área de influencia del proyecto como es el caso de territorios comunales, áreas de conservación biológica, áreas para producción, tipos de uso actual y potencial (zonificación ecológica); I = Integridad o salud del ecosistema; E = Servicios del ecosistema; V = Vulnerabilidad social; C = Conflictividad social.

Tendríamos una función como la que sigue: CP = [E × D ×  R × P] ×[T × I × E x V × C × 1/re ]

¿Le parece apropiado usar la teoría del riesgo en la categorización de los proyectos con fines de establecer el nivel de los estudios de impacto ambiental convenientes?

Literatura citada

Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)-Perú (2006). Conceptos asociados a la gestión del riesgo de desastre en la planificación e inversión para el desarrollo. Lima: Dirección General de Programación Multianual del MEF