El liderazgo de León XIV en su primer consistorio
4:00 p.m. | 2 feb 26 (LN/CM).- Para muchos analistas, el consistorio de enero marcó el inicio efectivo del pontificado de León XIV. Concebido sin la impronta de su predecesor, el encuentro permitió delinear con mayor claridad su estilo de liderazgo. Más allá de los discursos y declaraciones, el evento abrió un espacio de reflexión sobre su capacidad para gestionar una Iglesia global y compleja, y sobre su comprensión de la sinodalidad como un proceso vivo, orientado a recuperar una relación más activa y colegial con el conjunto del Colegio de Cardenales.
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El primer consistorio de León XIV no solo reunió por primera vez al colegio de cardenales bajo su pontificado, sino que permitió delinear con mayor claridad su estilo de gobierno y sus prioridades. En esta publicación reunimos reseñas de lo acontecido durante el encuentro, junto con enlaces a todos los discursos e intervenciones del Papa, para luego compartir lecturas reflexivas sobre lo que este inicio deja entrever: su modo de ejercer el liderazgo y el alcance que podría tener la sinodalidad también en este ámbito.
León traza un rumbo colaborativo y convoca consistorios
Con un nuevo llamado a una Iglesia misionera y sinodal, culminó el primer consistorio extraordinario del papa León XIV, una reunión de un día y medio que juntó en el Vaticano a más de 170 cardenales de todo el mundo con la que, con estilo propio y en continuidad con Francisco, puso en marcha su gobierno para la Iglesia “de hoy y mañana”. Aunque se trató de una reunión breve, este primer consistorio extraordinario demostró que el norteamericano-peruano Robert Francis Prevost quiere timonear la barca de Pedro de forma colegial, con el “senado” de la Iglesia, es decir, los cardenales, sus principales colaboradores, acompañándolo, apoyándolo.
Tanto es así que, al cerrar el encuentro, adelantó que habrá una nueva reunión de cardenales, de dos días, a fines de junio próximo. Y luego, habrá al menos un consistorio de cardenales cada año, de tres o cuatro días, según contaron en una conferencia de prensa conclusiva el vocero papal, Matteo Bruni y tres participantes, los cardenales Pablo Virgilio David, de Filipinas; Luis Rueda Aparicio, de Colombia y Stephen Brislin, de Sudáfrica. Estos recordaron que en las reuniones pre-cónclave, de mayo pasado, muchos purpurados de diversos continentes, que no se conocían, habían reclamado más reuniones de este tipo (llamadas “consistorio”) y más participación. Y León XIV los escuchó.
Al principio y al final de esta asamblea a puertas cerradas de un día y medio (7 y 8 de enero), el primer Papa estadounidense agradeció a todos los participantes, sobre todos los más ancianos, por el esfuerzo de viajar hasta Roma, algunos desde muy lejos, para reunirse y “buscar juntos lo que el Espíritu Santo quiere para la Iglesia hoy y mañana”.
“Aunque es un tiempo muy corto, también es un tiempo muy importante para mí, porque siento, experimento la necesidad de poder contar con ustedes: ¡Ustedes son quienes llamaron a este siervo a esta misión!”, les recordó, humilde, León XIV, electo el 8 de mayo pasado, al final de la primera sesión de trabajo. Esta tuvo lugar en el aula Pablo VI, donde los cardenales, divididos en 20 grupos, se sentaron alrededor de mesas redondas, como había sucedido durante el sínodo sobre sinodalidad, última gran apuesta de Francisco. Se trata de un proceso que la mayoría quiere que siga adelante, tal como explicaron en la conferencia de prensa conclusiva. “Para los que participamos en los últimos sínodos, este consistorio fue el primero con esta modalidad y una experiencia muy familiar”, subrayó el cardenal David, que detalló que “el Santo Padre se la pasó escuchando y tomando notas”.
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Rompiendo con el formato de consistorios anteriores, gran parte del trabajo se desarrolló en mesas redondas organizadas en grupos pequeños. La composición de los grupos, así como la selección de los cardenales que actuarían como presidente y secretario en cada mesa, fue predeterminada, explicó Bruni, director de la Oficina de Prensa. Tras el diálogo, los pequeños grupos de cardenales electores que sirven en diócesis de todo el mundo presentaron sus reflexiones, y posteriormente se concedió tiempo para que todos los cardenales comentaran lo que habían escuchado. En la sesión de la mañana se realizaron diez “intervenciones” de tres minutos, como se las denomina, y quince al final de la sesión vespertina.
En las sesiones de trabajo, más allá de diversas perspectivas o divergencias, hubo un “espíritu de unidad” y todos coincidieron en la necesidad de seguir adelante con esa Iglesia en salida, hospital de campaña, misionera y cercana a los que sufren hoy, impulsada por Francisco, pero en el origen del cristianismo, al igual que con la sinodalidad (caminar juntos) y con la renovación puesta en marcha por el Concilio Vaticano II, explicaron el cardenal sudafricano Brislin, y sus colegas colombiano, Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y de Filipinas, David, arzobispo de Kaloookan.
En el discurso de apertura de este primer gran evento que para muchos marca el verdadero comienzo del pontificado, concebido por él y no heredado por su antecesor, en el que se utilizó la misma metodología de trabajo del sínodo (“Conversación en el Espíritu”), León recordó que “la unidad atrae, la división dispersa”.
“Somos un grupo muy variado, enriquecido por múltiples procedencias, culturas, tradiciones eclesiales y sociales, trayectorias formativas y académicas, experiencias pastorales y, naturalmente, caracteres y rasgos personales”, dijo el Papa. “Estamos llamados, ante todo, a conocernos y a dialogar para poder trabajar juntos al servicio de la Iglesia. Espero que podamos crecer en nuestra comunión para ofrecer un modelo de colegialidad”, auspició. Lo escuchaban cardenales de sitios tan remotos como Tonga, Australia, las Filipinas y Mongolia.
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La misión y la sinodalidad ocupan el centro del debate
Para el Consistorio, León propuso una reflexión sobre cuatro temas: la misión de la Iglesia y Evangelii gaudium (EG), el documento programático de su antecesor; Praedicate evangelium, es decir, el servicio de la Santa Sede, especialmente a las Iglesias particulares; Sínodo y sinodalidad, instrumento y estilo de colaboración; y liturgia. “Por razones de tiempo y para favorecer un análisis más profundo”, sin embargo, luego de una votación las discusiones se limitaron a dos temas: la misión de la Iglesia y sínodo y sinodalidad, dos pilares del pontificado reformista de Francisco que, según coincidieron, deben ser profundizados. Quedó afuera la liturgia, es decir, resolver esa virtual guerra interna en torno al fin de las restricciones a la misa preconciliar en latín, deseo de una minoría ultraconservadora.
Aunque fue un documento significativo en el momento de su publicación, Evangelii gaudium “ha perdido protagonismo con el tiempo”, afirmó el cardenal Brislin. “Los cardenales consideraron que es realmente importante volver a ese texto y asegurarnos de darlo a conocer, de formar a los seminaristas según lo que ese documento propone, y de intentar reavivar verdaderamente su contenido para dar un mayor impulso a nuestra evangelización”. El cardenal David declaró a los periodistas que, si bien las crisis geopolíticas, ecológicas y los conflictos no fueron tratados explícitamente, “Evangelii gaudium es un documento que nos pide tomar muy en serio el contexto sociopolítico en el que ejercemos nuestro ministerio pastoral”.
León XIV también decidió que “dado que para mí es más fácil pedir consejo a quienes trabajan en la Curia y viven en Roma”, sólo se expidieron los 9 grupos procedentes de las Iglesias locales. Y hubo intervenciones libres, de 3 minutos cada una.
“Estoy aquí para escuchar. Como aprendimos durante las dos Asambleas del Sínodo de los Obispos de 2023 y 2024, la dinámica sinodal implica por excelencia la escucha. Cada momento de este tipo es una oportunidad para profundizar en nuestro aprecio compartido por la sinodalidad. El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”, subrayó León, citando palabras de Francisco.
VIDEO. ¿Cómo fue el primer día del Consistorio?
“No podemos encerrarnos en nosotros mismos y decir: ‘Ya está todo hecho, terminado; sigamos como siempre’. Realmente hay un camino, y con el trabajo de estos días, caminamos juntos”, consideró más tarde León, en palabras improvisadas al final de la primera sesión. “El miedo, de hecho, ciega. La alegría del Evangelio, sin embargo, libera. Nos hace prudentes, sí, pero también audaces, atentos y creativos; nos sugiere caminos diferentes a los ya recorridos”, sumó.
“Queremos ser una Iglesia que no se mira solo a sí misma, que es misionera, que mira más allá, a los demás. La razón de ser de la Iglesia no es para los cardenales, ni para los obispos, ni para el clero. La razón de ser es anunciar el Evangelio”, recordó el Papa nacido en Chicago hace 70 años, pero también peruano porque vivió allí la mitad de su vida sacerdotal. Además, aseguró que más adelante se abordarán los otros dos temas, que no se pierden. “Hay cuestiones muy concretas, específicas, que aún debemos ver”, reconoció.
Al concelebrar el segundo día del encuentro una misa junto a los cardenales en la Basílica de San Pedro, León dejó en claro, finalmente, que esta reunión extraordinaria no es “para promover ‘agendas’ personales o grupales, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera y que solo puede venir del Señor”.
Afirmó que la colegialidad en el ejercicio del liderazgo es esencial para que la Iglesia pueda afrontar los desafíos del mundo. “En un mundo en el que la saciedad y el hambre, la abundancia y la miseria, la lucha por la supervivencia y el desesperado vacío existencial siguen dividiendo e hiriendo a las personas, a las naciones y a las comunidades (…) podemos sentirnos inadecuados y sin medios”, dijo el Papa. “De hecho, no siempre conseguiremos encontrar soluciones inmediatas a los problemas que debemos afrontar. Sin embargo, siempre, en cualquier lugar y circunstancia, podremos ayudarnos mutuamente —y en particular ayudar al Papa—”.
LEER. Intervención conclusiva de León XIV al cierre del consistorio
VIDEO. La palabra Consistorio significa “detenerse” para discernir
Cobertura completa del primer consistorio de León XIV en Vatican News:
- “Estoy aquí para escuchar”: el Papa abre el Consistorio para definir las prioridades
- Consistorio: los cardenales votan sinodalidad y misión como temas de reflexión
- León XIV: el Consistorio, una pausa para discernir juntos al servicio del Pueblo de Dios
- El Papa a los cardenales: Cuento con ustedes, para ser una Iglesia que mira más allá
- Nuevo Consistorio en junio, el Papa: haremos uno cada año
VIDEO. Declaraciones y comentarios al final del Consistorio
León ya destaca por su capacidad de gestión
En enero, el papa León XIV convocó una reunión de los cardenales de todo el mundo para dar continuidad a la conversación sobre el futuro de la Iglesia católica que habían iniciado en el cónclave de la primavera pasada. Este consistorio marcó, en los hechos, el inicio del pontificado de León, ya que buena parte de su agenda en 2025 había estado determinada por su predecesor. A nueve meses de su elección, comenzamos a conocer mejor su estilo de liderazgo —y todo indica que posee notables capacidades de gestión.
El consistorio fue una respuesta a una solicitud de los propios cardenales, muchos de los cuales se habían sentido marginados durante el pontificado de Francisco. En lugar de convocar consistorios regulares de carácter deliberativo, el papa Francisco se reunía con asesores seleccionados a través del llamado Consejo de Cardenales “C-9”, un grupo de nueve inicialmente encargado de la reforma de las instituciones administrativas del Vaticano, es decir, de la Curia. En contraste, alrededor de 170 cardenales participaron en el primer consistorio de León.
De cara a la reunión de enero, León seleccionó cuatro temas para una posible discusión: la sinodalidad, la reforma de la Curia, la evangelización y la liturgia (los cuatro, también prioridades de su predecesor). Luego encargó a cuatro responsables vaticanos la redacción de breves documentos sobre cada uno de estos asuntos, los compartió con los cardenales y les pidió votar para elegir dos de ellos para tratarlos primero. Se optó por la sinodalidad y la evangelización. Aunque pronunció varios discursos durante el encuentro, el énfasis de León estuvo puesto en la escucha. Según la mayoría de los testimonios, el consistorio fue un éxito y recibió elogios desde todo el espectro ideológico.
Los nuevos líderes saben que deben ganarse la confianza de su equipo conociéndolo y escuchando sus aportes. Al mismo tiempo, deben comunicar su visión de manera clara y estratégica, tanto hacia dentro como hacia fuera de la organización. Un gestor eficaz debe mostrar compromiso con la misión institucional, a la vez que ser decidido a la hora de introducir los cambios necesarios para afrontar problemas o debilidades. Y todo ello requiere, además, habilidades interpersonales para construir relaciones personales con los distintos grupos involucrados.
Según la mayoría de los análisis, León está demostrando aptitud para muchas —si no todas— de estas competencias. Dado que era relativamente poco conocido en el momento de su elección, muchos comentaristas se mostraron reticentes a emitir juicios o predicciones definitivas sobre su modo de gobernar, más allá de su evidente experiencia en la identificación de líderes durante su etapa como prefecto del Dicasterio para los Obispos. Sin embargo, el consistorio y otras decisiones apuntan a que posee la personalidad y las habilidades necesarias para ser un gestor eficaz, incluso al frente de una organización tan vasta y compleja como la Iglesia católica global.
La mayoría de los católicos, tanto de izquierda como de derecha, mantienen un optimismo prudente respecto a León, aunque quienes durante el pontificado de Francisco rozaron posturas cercanas al cisma comienzan a mostrarse inquietos. León se asemeja a Francisco —con una firme defensa de los migrantes y una clara condena de la guerra y la violencia—, pero hasta ahora ha sido cuidadoso en reconocer también las preocupaciones de los católicos conservadores que se sintieron ignorados o desestimados bajo el pontificado anterior.
Expertos vaticanistas han advertido estas diferencias, incluidos los ponentes de un reciente encuentro académico de historiadores celebrado en la ciudad natal de León. Si bien Francisco y León comparten muchas visiones y prioridades, León tiene una personalidad y un estilo distintos, afirmaron los panelistas en una presentación sobre el Papa realizada el 9 de enero durante el congreso de la American Catholic Historical Association en Chicago. El actual pontífice posee la mente de un matemático y de un canonista: es más cauto, escucha con atención y piensa antes de hablar. Es menos probable que suelte espontáneamente frases como, por ejemplo, “¿Quién soy yo para juzgar?”.
“Sabe hacerse a un lado cuando es necesario”, afirmó Brian Flanagan, de la Universidad Loyola de Chicago, uno de los panelistas del congreso. Kathleen Sprows Cummings, de la Universidad de Notre Dame, señaló, no obstante, que no fue la personalidad reservada del cardenal Robert Prevost lo que lo colocó en lo más alto de las listas de los cardenales electores, sino su combinación de habilidad administrativa, presencia pastoral y visión global.
Como primer Papa en siglos que ha sido administrador de una orden religiosa, León está habituado a sumar a otros antes de implementar una decisión. “Es un gestor que lee los informes completos antes de una visita, pero que también sabe convertir el papado no en la cúspide de una pirámide, sino en el centro de una conversación”, señaló Flanagan. Estas habilidades para construir consensos serán necesarias para generar unidad en una Iglesia fracturada. León ya ha mostrado apertura a voces diversas, reuniéndose tanto con el padre James Martin, defensor de la inclusión de las personas LGBTQ, como con el cardenal retirado Raymond Burke, partidario de la misa en latín.
Pero los gestores eficaces deben hacer algo más que llevarse bien con todos: tienen que tomar decisiones, muchas veces difíciles. El padre Thomas Reese, quien escribió un libro sobre la política y la organización del Vaticano, considera que en Roma son necesarias prácticas de gestión firmes, al estilo estadounidense, para evitar nuevos escándalos en la Iglesia. Reese no se opone a un enfoque pastoral que apele a una “conversión del corazón”, pero sostiene que, en ocasiones, un empleado ineficaz debe ser removido. “Eso incluye a cualquiera en la Curia, incluso a cardenales, que no apoyen la agenda del Papa”, escribe Reese.
El papa León no parece indeciso ni temeroso de hablar con franqueza y firmeza, incluso cuando sus palabras pueden resultar controvertidas. Defendió al cardenal de Chicago, Blase Cupich, por su intención de rendir homenaje al senador Dick Durbin por su destacada labor de defensa del migrante (cuando al mismo tiempo Durbin también es pro-choice), señalando que ser “provida” implica mucho más que oponerse al aborto. Ha criticado a la administración Trump por su trato a los inmigrantes y por su política exterior en Venezuela, y continúa insistiendo en una solución de dos Estados para Israel y Palestina. Incluso su propio hermano, simpatizante de Trump, ha señalado que León “no es ni callado ni tímido: si tiene algo que decir, lo dirá”.
Flanagan, que es eclesiólogo, considera que León podría marcar un giro respecto al foco que ha recibido la figura del Papa como personalidad, aunque reconoce que esto puede resultar casi imposible en el actual entorno mediático dominado por la lógica de la celebridad. Y aunque algunos periodistas temen que León sea menos “citable” que su predecesor, hasta ahora se ha mostrado mucho más accesible para los medios. Francisco inauguró la práctica de las conferencias de prensa informales a bordo del avión papal, pero los reporteros han encontrado a León dispuesto a responder preguntas casi todas las semanas, incluso fuera de Castel Gandolfo, en su “día libre”.
Con setenta años y aparentemente en buen estado de salud, el papa León podría contar con un pontificado prolongado para demostrar sus habilidades comunicativas y de gestión. Mientras que Francisco era “un hombre con prisa”, León no parece apurado, afirmó la periodista Colleen Dulle, de la revista America, durante el panel del congreso. “Está jugando a largo plazo”. Y eso también es una habilidad clave en la gestión, especialmente para alguien que tiene su cargo asegurado de por vida.
VIDEO. Reflexión sobre el Consistorio extraordinario convocado por León XIV
¿Quiere el papa León una sinodalidad sin los laicos?
El reciente consistorio extraordinario transmitió un mensaje ambiguo sobre la sinodalidad. En el encuentro se utilizó un proceso sinodal y se dijeron muchas cosas positivas sobre la sinodalidad, pero el papa León también anunció que habrá más consistorios extraordinarios, lo que constituye una forma de sinodalidad sin participación de los laicos. Cuando los cardenales se reunieron en Roma el año pasado tras la muerte del papa Francisco, muchos de ellos no se conocían entre sí. Por primera vez en la historia, los cardenales tuvieron que usar identificaciones con sus nombres para poder reconocerse.
Francisco nombró cardenales de todo el mundo, incluso de lugares remotos. Sin embargo, durante sus doce años de pontificado, solo los convocó a Roma en tres consistorios extraordinarios, que eran las oportunidades que tenían para conocerse entre sí. Los cardenales más conocidos eran aquellos que trabajaban en la Curia y los que habían participado en sínodos. En el cónclave, los cardenales expresaron su malestar por esta situación y alentaron al nuevo Papa a convocar consistorios que les permitieran conocerse y asesorarlo en el gobierno de la Iglesia. El papa León escuchó este reclamo y respondió convocando a los cardenales a Roma para un consistorio extraordinario (7–8 de enero).
Durante el pontificado de Juan Pablo II se celebraron seis consistorios extraordinarios. El papa Benedicto XVI prefería reunirse con los cardenales antes de los consistorios ordinarios en los que se creaban nuevos cardenales o se canonizaban personas. Francisco, en cambio, casi nunca consultó al conjunto del Colegio Cardenalicio, optando por los sínodos o por un pequeño grupo de cardenales que actuaban como sus asesores.
Para su primer consistorio extraordinario, León propuso cuatro temas, como explicó en su discurso de apertura: la evangelización y la misión de la Iglesia en el mundo actual; la Curia romana; “el Sínodo y la sinodalidad como instrumento y como estilo de cooperación”; y la liturgia, “fuente y culmen de la vida cristiana”.
Antes de llegar a Roma, pidió a los cardenales que lean nuevamente la exhortación apostólica Evangelii gaudium (2013) de Francisco, en la que se expone su visión sobre la evangelización y la misión de la Iglesia. Para preparar el debate sobre la Curia, les solicitó releer la constitución Praedicate evangelium (2022), también de Francisco, sobre la Curia romana. Sin embargo, cuando los 170 cardenales se reunieron, votaron centrarse únicamente en dos temas: la misión de la Iglesia y la sinodalidad, dejando los demás para una etapa posterior. Al elegir estos dos temas, los cardenales asumieron dos innovaciones clave del pontificado de Francisco.
El tema de la liturgia había quedado, lamentablemente, identificado en los medios con la misa tradicional en latín, cuyo uso el papa Francisco restringió después de que el papa Benedicto lo hubiera liberalizado. Si bien esta antigua forma de la misa latina se debate con vehemencia en las redes sociales de Estados Unidos, no constituía una preocupación para la mayoría de los cardenales. La reforma de la Curia es un asunto recurrente en la Iglesia, y los cardenales concluyeron que podía postergarse.
El énfasis en la misión de la Iglesia indicó que los cardenales coincidían con el papa León en que el papa Francisco había trazado el camino de la misión eclesial en Evangelii gaudium. La misión y la evangelización eran temas que todos deseaban abordar. El Sínodo y la sinodalidad también eran cuestiones que muchos consideraban necesitadas de mayor reflexión. Alrededor de 61 cardenales habían participado en el Sínodo sobre la Sinodalidad, pero otros no, y querían comprender mejor este proceso. Entre las preguntas abiertas figuraban cómo hacer que la sinodalidad impregne más plenamente la vida de la Iglesia y cuál es la relación entre la sinodalidad y la estructura jerárquica.
El compromiso del papa León con el proceso sinodal quedó claro en su rechazo al antiguo estilo de consistorios extraordinarios, en los que los cardenales de la Curia realizaban presentaciones seguidas de discursos del resto de los cardenales. El problema de ese modelo era que todos querían hablar, pero nadie quería escuchar. El proceso resultaba tedioso hasta el agotamiento. Algunos cardenales, en su mayoría conservadores, impulsaron este formato antiguo porque creían que, si podían dirigirse a todos los cardenales, lograrían convencerlos de sus posturas. La realidad es que la mayoría de los cardenales prefieren las discusiones en grupos pequeños antes que decenas de exposiciones aburridas.
El nuevo proceso del consistorio imitó el del sínodo, con unos diez cardenales sentados en veinte mesas redondas organizadas por grupos lingüísticos. Siguieron el método sinodal de las conversaciones en el Espíritu, en el que cada cardenal habla durante tres minutos mientras los demás escuchan respetuosamente antes de abrir el diálogo. El Papa describió esta forma de proceder como “buscar la guía del Espíritu Santo y caminar juntos” y como “estar atentos al corazón, a la mente y al espíritu de cada uno; escucharnos mutuamente; expresar solo el punto principal y de manera concisa, para que todos puedan hablar”.
El consistorio no intentó producir un documento final. Más bien, se consideró que el camino recorrido juntos era tan importante como las conclusiones. Dicho en lenguaje secular, el proceso fue más importante que el producto. Dado que el tiempo era limitado, solo las mesas integradas por cardenales que no residían en Roma pudieron presentar informes orales ante la asamblea plenaria. Los demás podían enviar informes escritos y, como explicó León, “naturalmente me resulta más fácil pedir consejo a quienes trabajan en la Curia y viven en Roma”. Sin duda, algunos cardenales curiales no quedaron satisfechos con esta decisión.
Dado que la reunión se celebró a puerta cerrada, se conoce poco sobre las discusiones. Los informes de prensa indicaron que los cardenales quedaron satisfechos con el proceso y expresaron un fuerte respaldo a la sinodalidad. El portavoz del Vaticano señaló que los cardenales hablaron de la importancia de la participación de los laicos en el liderazgo de la Iglesia y de la creación de estructuras eclesiales que fomenten la sinodalidad con cada miembro del Pueblo de Dios. No obstante, los prelados también subrayaron la “necesidad de directrices y puntos de referencia” para llevar la sinodalidad a la práctica.
Por otro lado, en un discurso filtrado, el cardenal Joseph Zen Ze-kiun, obispo emérito de Hong Kong, condenó el proceso sinodal calificándolo de “manipulación férrea” y de “insulto a la dignidad de los obispos”. Se desconoce qué otros cardenales se sienten amenazados por la sinodalidad, pero algunos dentro de la jerarquía perciben la participación de los laicos como una amenaza a su autoridad. El papa Francisco revolucionó los sínodos al incluir a hombres y mujeres laicos como miembros con derecho a voto. Ya no se trata de un sínodo de obispos, sino de un sínodo de la Iglesia. Esto sigue siendo controvertido para algunos sectores de la jerarquía.
Francisco también permitió que el documento final del sínodo tuviera autoridad magisterial. Si bien esta posibilidad siempre existió en el derecho canónico, es la primera vez que un Papa la autorizó. El proceso sinodal utilizado en el consistorio y la valoración positiva del tema hacen pensar que la sinodalidad ha llegado para quedarse en el pontificado de León, pero hay una duda en el horizonte.
El papa León ha indicado que celebrará otro consistorio a finales de junio y que planea convocar cada año un consistorio extraordinario que podría durar entre dos y cuatro días. Muchos, especialmente los cardenales, aplaudieron esta decisión como una nueva señal del compromiso de León con la sinodalidad, pero se trata de una sinodalidad que excluye a los laicos. Los consistorios, por su propia naturaleza, excluyen a los laicos, a menos que el Papa decida nombrar cardenales laicos.
Queda por ver con qué frecuencia el papa León recurrirá al sínodo. El temor es que el Colegio Cardenalicio se convierta en el órgano preferido de consulta papal y que los sínodos sean menos frecuentes y menos relevantes. Ojalá no sea así, pero los sínodos son más complejos y difíciles de organizar. Los consistorios implican a menos personas y requieren menos tiempo; aun así, ese tiempo no estará disponible para planificar y llevar a cabo sínodos más complejos. A mayor número de consistorios, mayor será la tentación de reducir los sínodos.
León podría haber optado por otro camino. Podría haber convocado un sínodo extraordinario anual, integrado por responsables curiales, presidentes de conferencias episcopales y obispos designados. Podría haber añadido miembros laicos a ese sínodo, del mismo modo que Francisco incorporó laicos al sínodo ordinario. Incluso podría haber excluido a los funcionarios de la Curia para reducir su tamaño, dado que, como él mismo señaló, siempre puede consultarlos por separado.
Juan Pablo II apreciaba tanto los sínodos como los consistorios, aunque el debate estaba cuidadosamente controlado. Celebró quince sínodos y seis consistorios extraordinarios, lo que me llevó a preguntarme si la Iglesia acabaría teniendo un sistema bicameral equivalente a la Cámara de los Lores (el Colegio de Cardenales) y la Cámara de los Comunes (el sínodo). Francisco prefirió una consulta más amplia a través del sínodo, con la incorporación de laicos. Hasta que no conozcamos los planes de León respecto al sínodo, no sabremos si prefiere una sinodalidad con o sin la participación de los laicos. Nunca hay que subestimar la capacidad del clericalismo para imponerse en la Iglesia católica.
Pero León no parece interesado en regresar al pasado. Espera una Iglesia creativa y llena de vida. “¿Hay vida en nuestra Iglesia?”, preguntó a los cardenales. “¿Hay espacio para aquello que nace? ¿Amamos y anunciamos a un Dios que pone en camino?”. No quiere que los cardenales se cierren sobre sí mismos y digan: “Todo está ya hecho, terminado, hagan como siempre hemos hecho”. Por el contrario, cree que “realmente hay un camino y con el trabajo de estos días estamos caminando juntos”. Luego concluye: “Permanezcamos unidos”, concluye. “Puede que haya algo que nos dé miedo; hay dudas: ¿adónde vamos?, ¿cómo vamos a terminar? Pero si ponemos nuestra confianza en el Señor, en su presencia, podemos hacer mucho”.
VIDEO. ¿Qué dejó el primer Consistorio de León XIV? Resumen y conclusiones
VIDEO. León XIV celebra su primer consistorio extraordinario y marca rumbo de la Iglesia
Información adicional
- Sinodalidad y misión en el centro de la reflexión del Consistorio
- 11 rasgos entre bastidores del primer consistorio del papa León XIV
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Fuentes
- Piqué, E. (2026, 8 de enero). El papa León XIV pone en marcha el diseño de “su” Iglesia en el primer consistorio extraordinario. La Nación.
- Schlumpf, H. (2026, 24 de enero). Leo the Manager. The pope can lead a large, diverse organization. Commonweal Magazine.
- Reese, T. (2026, 12 de enero). Does Pope Leo want synodality without the laity? Religion News Service
- McLellan, J. (2026, 8 de enero). Pope Leo charts collaborative course, calls for regular meetings of cardinals. National Catholic Reporter.
- O’Connell, G. (2026, 8 de enero). Pope Leo says he will hold consistories with the College of Cardinals every year. America Magazine.
- Videos: Rome Reports – Vatican Media – Radio María Argentina
- Foto: Simone Risoluti (OSV News – Vatican Media)

