Gas natural, rascacielos y mucha ambición: Qatar, el pequeño emirato cuya política exterior está sacudiendo el golfo Pérsico

Aunque sus escasos 11.586 kilómetros cuadrados equivalen a poco más de la mitad del tamaño de El Salvador, el país más pequeño de América Latina, a Qatar no le faltan ambiciones.

El estadio internacional Khalifa, en Doha, fue inaugurado el mes pasado después de ser sometido a una renovación de cara a la Copa Mundial de Fútbol 2022. Getty Images

Este emirato, una pequeña península ubicada en el golfo Pérsico, ha dado a través de su política exterior múltiples muestras de audacia e independencia, pero también de abiertas contradicciones difíciles de conciliar.

Tiene relaciones cordiales con Irán, pero es aliado de Estados Unidos; respaldó a los rebeldes libios que en 2011 se alzaron contra el gobierno de Muamar Gadafi en Libia; pero ese mismo año también formó parte de la coalición que apoyó la supresión de las protestas prodemocráticas en Bahréin.

Estas señales mixtas han terminado por valerle un grave conflicto diplomático con seis países árabes, que le acusan de crear inestabilidad en la región.

Arabia Saudita, Egipto, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Yemen y Libia acusan a Qatar de respaldar a grupos terroristas, incluyendo al autodenominado Estado Islámico (EI) y Al Qaeda, algo que el pequeño emirato niega rotundamente.

De pobre a millonario

Qatar era uno de los países más pobres del Golfo hasta que en 1939 fueron halladas grandes reservas de hidrocarburos en su territorio.

La época de las vacas gordas aún tardaría en llegar unos años, hasta el final de la II Guerra Mundial, cuando esa riqueza potencial comenzaría a ser explotada.

La aerolínea Qatar Airways es patrocinante del club de fútbol español F.C. Barcelona. Getty Images

En la actualidad, Qatar es el cuarto mayor productor de gas natural del mundo y el segundo mayor exportador de este hidrocarburo después de Rusia. Además es el octavo exportador neto de petróleo en el planeta.

Esta circunstancia ha garantizado una situación de prosperidad para sus apenas 2,7 millones de habitantes y ha permitido financiar la modernización del país, con la construcción de infraestructuras pensadas para maravillar al mundo.

En la actualidad, Qatar supera a los dos gigantes latinoamericanos, Brasil y México, en la clasificación que realiza la página Skycraper Center sobre los países del mundo que tienen rascacielos, a partir de la cantidad y altura de los mismos.

Su línea aérea de bandera, Qatar Airways, ganó en 2015 el premio a la mejor del mundo, otorgado cada año por la organización Skytrax.

En Qatar hay rascacielos más altos que en México y Brasil. Getty Images

En 2005, el gobierno estableció el Qatar Investment Authority (QIA), fondo a través del cual ha invertido los ahorros procedentes por la venta de hidrocarburos en numerosos negocios en distintos países. Entre ellos se cuentan el banco británico Barclays, la compañía de automóviles alemana Volkswagen, la multinacional petrolera Total y la cadena de joyerías estadounidense Tiffany & Co, entre muchas otras.

Se estima que el portafolio de inversiones del QIA es ubica en unos US$335.000 millones.

¿Promotor de la democracia?

Qatar es una monarquía absolutista en la que no existe ningún poder capaz de hacer contrapeso al emir Tamim bin Hamad al Thani, descendiente de una familia que ha controlado el país desde el siglo XVIII.

El emir Tamim bin Hamad al Thani detenta la autoridad suprema en Qatar. Getty Images

El Índice sobre Democracia elaborado en 2016 por la unidad de investigación de la revista The Economist, ubica al país en la categoría correspondiente a regímenes autoritarios.

Las únicas elecciones existentes son municipales.

De acuerdo con la organización no gubernamental Freedom House, que cada año evalúa los niveles de libertad de decenas de países alrededor del mundo, Qatar es un país no libre.

En una escala de 1 a 7, donde 1 es más libre y 7 menos libre, el pequeño emirato obtiene una puntuación de 6 en términos de derechos políticos y de 5 en libertades civiles.

El país no tiene prensa libre. Sin embargo, es propietario de la cadena de televisión internacional Al Jazeera, que le ha dado voz a los disidentes de muchos de los gobiernos autoritarios de la región y fue señalada en su momento como uno de los motores que ayudó a impulsar la llamada Primavera Árabe.

Este es justamente uno de los puntos de fricción entre Qatar y algunos de los países árabes con los que está enfrentado.

Más allá de Al Jazeera, el país ha mantenido una política exterior propia basada en alianzas puntuales que varían de acuerdo con las diversas disputas.

Así, por ejemplo, Qatar es uno de los principales financistas del grupo palestino Hamás, pero mantiene unas relaciones relativamente cordiales con Israel.

Aunque tiene buenas relaciones con Irán, país con el que comparte su mayor depósito de gas natural, financia a los grupos militantes que se enfrentan al gobierno en Siria de Bashar al Asad, uno de los principales socios de Teherán.

Doha fue la sede de una de las reuniones ministeriales de la ONU sobre cambio climático. Getty Images

Se trata de jugadas complejas y arriesgadas, como fue su participación en 2011 en la coalición internacional, encabezada por Estados Unidos, que prestó apoyo a los rebeldes libios alzados en contra de Gadafi.

Detrás de estas decisiones, los expertos señalan que se encuentra la ambición de lograr un lugar propio en el escenario internacional.

Sería este el mismo motor que llevó a Doha a ser la sede del lanzamiento en 2001 de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio conocidas como la Ronda del Desarrollo, la cual apuntaba a una reforma sustantiva del comercio internacional.

También el impulso que llevó al país a ser en 2012 sede de una de las reuniones ministeriales de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y para que el país sea la sede de la Copa Mundial de Fútbol en 2022.

Sin embargo, ahora esa ambición de Qatar por lograr un lugar propio en el escenario internacional deberá medirse con su capacidad para soportar las presiones de los países árabes que le quieren ver regresar al redil.

En: bbc

 

 

El ISIS asume la autoría de los dos atentados en el centro de Teherán

Los ataques han causado al menos 12 muertos y 39 heridos

Al menos doce muertos y 39 heridos han dejado los dos ataques lanzados contra el Parlamento iraní y el mausoleo del fundador de la República Islámica, Ruholla Musevi Jomeini, situado en el sur de Teherán (Irán), ha dicho el jefe de los servicios de urgencia, informa la agencia France Presse (Afp). Tras cinco horas desde los atentados, las fuerzas de seguridad han recuperado el control del mausoleo y el Parlamento.

El autodenominado Estado Islámico ha asumido la autoría, según la agencia de noticias Amaq, el brazo informativo del ISIS. La misma agencia ha difundido un vídeo que supuestamente muestra a uno de los atacantes dentro del Cámara, informa la BBC.

En: elpais 

Trump aplaude el aislamiento de Qatar y sugiere que es mérito suyo

El presidente de EE UU respalda la maniobra de Arabia Saudí y sus aliados

Pasajeros afectados por la suspensión de vuelos en el aeropuerto de Doha. HADI MIZBAN AP

Donald Trump bendijo este martes las medidas para aislar a Qatar y, además, insinuó que la ruptura de relaciones de Arabia Saudí y sus aliados con el país era mérito suyo tras su primera gira internacional como presidente de EE UU. “Durante mi reciente viaje a Oriente Próximo ya defendí que no podía haber financiación de la ideología radical. Los líderes señalaron a Qatar. ¡Mirad!”, publicó en su cuenta de Twitter, al día siguiente de que Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto anunciaran la ruptura de relaciones con Qatar y el bloqueo a sus vías de comunicación. “Qué bien que el viaje a Arabia Saudí con el Rey y otros 50 países ya esté dando frutos. Dijeron que se pondrían duros con la financiación y el extremismo y todas las referencias eran a Qatar”, dijo después, para acabar aventurando: “¡Quizá este sea el principio del fin del terrorismo!”.

La postura de Trump sorprende por lo contundente, ya que Qatar acoge una importante base militar estadounidense, y contrasta con el tono conciliador con el que reaccionó el secretario de Estado, Rex Tillerson, que el lunes, cuando se anunció la medida, llamó a la calma y animó a esos países a “sentarse y abordar sus diferencias”.

Kuwait, Turquía y EE UU están intentando reducir la tensión entre Qatar y los países árabes que acusan a este de respaldar el terrorismo, antes de que la ruptura de relaciones se agrave aún más. De hecho, este martes han empezado a notarse los primeros efectos del cierre de fronteras entre Qatar y sus vecinos. Decenas de vuelos han sido cancelados y la necesidad de encontrar rutas alternativas va a encarecer tanto las importaciones de alimentos y materiales de construcción como las exportaciones de gas. Pero más allá de los costes para Doha, la crisis cuestiona la política de la Administración Trump de unir a los árabes y a Israel frente a Irán.

Durante su visita a Riad, el presidente de EE UU acusó a Irán de ser un país que “financia, rearma y adiestra a terroristas, milicias y grupos extremistas que esparcen el caos por la región”.

No obstante, en lo que parece tanto un mensaje de apoyo a Qatar como una señal a Arabia Saudí, el Pentágono ha difundido un comunicado en el que expresa su gratitud a los cataríes por el apoyo que presta a la presencia militar estadounidense y el “compromiso duradero con la seguridad regional”. La base aérea del Al Udeid, al suroeste de Doha, es la mayor de EE UU en Oriente Próximo. Según las filtraciones de Wikileaks, los anfitriones también contribuyen generosamente a su mantenimiento. “Animamos a todos nuestros socios en la región a buscar soluciones comunes que contribuyan a la seguridad regional”, asegura el texto enviado a EL PAÍS.

Trump ha prometido derrotar el terrorismo del autodenominado Estado Islámico y acusado de tibieza a la Administración de su antecesor, el demócrata Barack Obama. El republicano aseguró en mayo en la capital saudí a los dirigentes de los países de mayoría musulmana que el objetivo de Estados Unidos es “la formación de una coalición de países que compartan el objetivo de aplastar el terrorismo”, un fin que antepuso a las reformas democráticas en esos países.

El emir kuwaití, el jeque Sabah al Ahmad al Sabah, se ha trasladado este martes a Yeddah para reunirse con el rey Salmán de Arabia Saudí, después de haber hablado el jeque Tamim de Qatar. Aunque no se conoce el contenido de sus gestiones, los analistas locales estiman que el experimentado Sabah, cuya intervención fue crucial para solucionar una crisis similar en 2014, busca convencer a Arabia Saudí y EAU, los impulsores de la ruptura de relaciones con Doha, de que esa decisión y las medidas de aislamiento anunciadas ya han sido un aviso suficiente para la monarquía catarí.

El jeque Tamim, que apreció aquella gestión, decidió en consecuencia retrasar un discurso que tenía previsto dirigir hoy martes a los cataríes hasta ver en que depara la mediación kuwaití.

Qatar quiere dar a Kuwait, que a diferencia de Bahréin o Egipto no ha secundado el corte de lazos diplomáticos, la oportunidad de “actuar y comunicarse con las partes para tratar de contener el problema”, explicó el ministro de Exteriores catarí, el jeque Mohamed Bin Abdulrahman al Thani, en la cadena Al Jazeera. El ministro también dijo que Doha había decidido no tomar represalias contra las medidas de aislamiento de sus vecinos.

Desde Abu Dabi, el ministro de Estado emiratí de Exteriores, Anwar Gargash, ha respondido en Twitter que antes de avanzar en ese camino hay que “restablecer la confianza”. Gargash ha pedido una “hoja de ruta con garantías” antes de poder hablar con Doha. No parece difícil de adivinar algunas de los deseos que saudíes y emiratíes tienen en mente. Los analistas señalan el cierre (o al menos la moderación) de Al Jazeera, la expulsión o silenciamiento del controvertido teólogo egipcio Yusuf al Qaradawi (considerado el líder espiritual de los Hermanos Musulmanes), e incluso, según algunos, el relevo del emir Tamim, algo que sin duda la familia real catarí rechazaría.

Además, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, que mantiene buenas relaciones tanto con Qatar como el resto de las monarquías del Golfo, ha telefoneado al rey Salmán. Pero Turquía no es un país árabe y su simpatía hacia los Hermanos Musulmanes, una de las acusaciones que Riad y Abu Dabi hacen a Doha, puede restarle credibilidad. Tras las declaraciones del secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, el lunes, también se asume que EE UU intenta calmar los ánimos entre sus aliados.

De momento, la suspensión de vuelos directos con Qatar desde Arabia Saudí, EAU, Bahréin y Egipto ha empezado a sentirse este martes. Solo desde Dubái se han cancelado 27 operaciones de distintas aerolíneas y los viajeros que necesitan trasladarse a Doha no tienen más remedio que dar un pesado rodeo vía Mascate (Omán), Kuwait o incluso Beirut. Por otro lado, con el espacio aéreo de sus vecinos cerrado a los aviones cataríes, Qatar Airways se está viendo obligada a operar a través de un estrecho corredor hacia el Este, en dirección a Irán, tal como puede observarse en la página de seguimiento de vuelos Flightradar24.

Además, algunos bancos comerciales en Arabia Saudí y EAU han interrumpido sus negocios con instituciones cataríes, tales como cartas de crédito, según fuentes bancarias citadas por Reuters. Por otra parte, Doha ha visto frenadas sus exportaciones de aluminio por falta de acceso al puerto de Yebel Ali, en Dubái, según ha revelado la empresa noruega Norsk Hydro, uno de los propietarios de la catarí Qatalum. El cierre de ese puerto emiratí afecta a todos los navíos procedentes de Qatar.

En: elpais