John Kerry: “La solución de los dos Estados es la única vía posible para la paz entre Israel y Palestina”

El secretario de Estado de EEUU, John Kerry, ha reafirmado hoy que “la solución de los dos Estados es la única vía posible para la paz entre Israel y Palestina”. A lo que ha añadido que esta solución está “en peligro”, dijo Kerry, que abandonará sus funciones el próximo 20 de enero, en un importante discurso en el que ha expuesto la visión del presidente Barack Obama sobre Oriente Próximo.

Kerry ha comparecido hoy para explicar la decisión de su país tras abstenerse en la votación del pasado viernes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por la que se exigió a Israel el fin de los asentamientos. Catorce estados miembros votaron a favor.

El status quo en Oriente Próximo conduce a la “ocupación perpetua”, dijo el jefe de la diplomacia estadounidense.

“Esto que nosotros defendemos: el porvenir de Israel como Estado judío y democrático, que viva en paz y seguridad junto a sus vecinos”, agregó.

El secretario de Estado ha ofrecido hoy una “amplia visión” de cómo reactivar el proceso de paz israel-palestino.

Su intervención se produce después de que Jerusalén anulara la votación para seguir construyendo en Jerusalén Este a petición de Benjamin Netanyahu. La ONG Ir Amim denunciaba horas después la aprobación por parte de la comisión municipal de la construcción de un edificio de cuatro plantas en el barrio palestino de Silwan, en Jerusalén Este.

La reciente resolución de la ONU le pide a Israel cesar la colonización, una votación que llevó al Estado hebreo a “reducir” sus relaciones con algunos países.

Entrevistado por EL MUNDO en Jerusalén pocos minutos después de la alocución de Kerry, el ministro israelí de Educación, Naftali Bennett, replicó que “es un discurso con buenas intenciones pero desconectado de la realidad, según informa Sal Emergui. La misma política ha conducido a un Oriente Próximo en llamas, al genocidio en Siria, a un Irán que avanza hacia la bomba y ahora el abandono de la única democracia en la zona, Israel”. Según él, “Hay ahora un Estado palestino en Gaza que se ha convertido en un estado de terror. No podemos tolerar otro Estado palestino del terror. Por eso nosotros seguiremos avanzando para conseguir seguridad y paz”. Como líder del grupo más derechista en la coalición del Gobierno israelí que además pide la anexión israelí de partes importantes de Cisjordania y se opone a la creación de un Estado palestino, Bennett fue uno de los dirigentes a los que Kerry aludió, sin nombrar, para denunciar la política de asentamientos de Netanyahu.

La respuesta de Trump

Antes del discurso de Kerry, el presidente electo de EEUU pidió a Israel mantenerse fuerte hasta que él llegue a la Casa Blanca.

“Nosotros no podemos continuar dejando que Israel sea tratado con un total desprecio y con falta de de respeto”, escribió el millonario, que ha nombrado recientemente un embajador en Israel favorable al traslado del embajador de EEUU a Jerusalén.

Los israelíes “están habituados a tener un gran amigo de los EEUU, pero esto ya no es el caso. El principio del fin ha sido este horrible acuerdo con Irán (en referencia a la política nuclear) y ahora (la ONU), mantente fuerte Israel, el 20 de enero está muy cerca”, dijo Trump.

En: elmundo.es

 

Ex primer ministro israelí Ehud Olmert ingresa en prisión por corrupción

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El ex primer ministro Ehud Olmert ingresó este lunes en un centro penitenciario de Israel para cumplir una pena de 19 meses por corrupción, lo que lo convierte en el primer exjefe de gobierno israelí en ingresar en prisión.

Olmert, de 70 años y jefe de gobierno entre 2006 y 2009, fue condenado a 18 meses por haber cobrado sobornos cuando era alcalde de Jerusalén, entre 1993 y 2003. A esta pena se añade otro mes de prisión por obstrucción a la justicia.

Olmert llegó a la prisión Maasiyahu de Ramla, cerca de Tel Aviv, acompañado por guardias de seguridad interior que le acompañaban en su calidad de ex primer ministro.

El ex jefe de gobierno llegó en automóvil por la parte trasera de la prisión para eludir a las decenas de periodistas que transmitían el acontecimiento en directo.

Caminó con paso lento en el patio de la cárcel, junto a los guardias, pero ingresó solo en el penitenciario. Ahora le corresponde a la administración penitenciaria asegurar su protección.

Este mismo lunes, antes de ingresar en prisión, Olmert publicó un vídeo en el que negó su culpabilidad.

“Pueden imaginarse el dolor y la extrañeza que supone este cambio para mi, para mi familia, mis seres queridos y las personas que me apoyan”, dice Olmert en la filmación con aire abatido. “Niego todas las acusaciones de soborno contra mí”, añade.

Este ex abogado de negocios, un sibarita amante del lujo, de trajes caros y de buena comida, estará encarcelado en un ala reservada a ciertos detenidos.

El único trato especial que recibirá se refiere a su seguridad, pues como ex jefe de gobierno es depositario de informaciones sensibles, según una fuente penitenciaria.

“Pese a lo triste que es, el espectáculo de un ex primer ministro condenado ingresando en prisión demuestra la solidez de nuestra democracia, la vigencia de la igualdad ante la ley”, reaccionó Shelly Yachimovich, miembro de la oposición laborista.

Olmert, antiguo miembro del Likud -partido de derecha del actual primer ministro Benjamin Netanyahu-, estará encarcelado en este ala del centro, una sección especial de 18 plazas reservada a quienes “no pueden estar con el resto de la población carcelaria”.

Esta zona cuenta con seis celdas, cada una con tres camas, ducha y retrete, armario, mesa, sillas y un televisor (con un número limitado de cadenas). En el pasillo, hay teléfonos y el ala dispone de una sala de descanso, un patio, aulas, una sinagoga, una biblioteca y un comedor.

Olmert deberá ir a la sala para telefonear. Se vestirá como quiera en el interior de la cárcel, pero llevará el uniforme color naranja de presidiario si tuviera que salir del recinto penitenciario, según la misma fuente.

El exjefe de gobierno compartirá cautiverio con el expresidente Moshé Katsav, que purga una pena de siete años por violaciones.

Olmert fue condenado por cobrar sobornos en el marco del faraónico proyecto inmobiliario Holyland de Jerusalén, cuando era alcalde de la ciudad (1993-2003)

Además, fue condenado en mayo de 2015 a ocho meses de cárcel por haber percibido sin declarar decenas de miles de dólares del empresario estadounidense Morris Talansky cuando era ministro de Comercio e Industria (a partir de 2003). La apelación por este caso todavía debe ser examinada por el Tribunal Supremo, en fecha aún no fijada.

Olmert sucedió en 2006 al frente del gobierno a Ariel Sharon, víctima de un derrame cerebral. A raíz de su inculpación en el caso Hollyland, renunció a presentarse a las primarias del Kadima, un partido que fundó junto a Sharon tras una escisión en el seno del Likud.

Olmert se implicó en negociaciones, intensas pero infructuosas, para intentar resolver el conflicto israelo-palestino. Era favorable a la creación de un Estado palestino, y estaba dispuesto a proceder a una retirada israelí de la mayor parte de Cisjordania ocupada.

Su retirada allanó el camino hacia el poder de Netanyahu, que dirige el gobierno desde 2009. AFP

En: latribuna.hn

Opinión: ¿Qué hacer en Siria?

“Luchar contra las causas de la huida” es la respuesta estándar a la pregunta de cómo reducir el número de refugiados. Viendo lo que ocurre en Siria, parece que la cuestión no es tan sencilla, dice Alexander Kudascheff.

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Imagen: DW

Hace cuatro años que comenzó la guerra civil en Siria. Más de 250.000 personas han perdido la vida. Varios millones decidieron huir y se encuentran atrapados en el Líbano, Turquía, Jordania o, tras haber perdido ya la esperanza de que la guerra acabe, de camino a Europa.

Una guerra que se alimenta a sí misma

Siria está arrasada. En Damasco, al igual que en las zonas alauitas del país, manda todavía Bashar al Assad. Una gran parte del territorio, sin embargo, está controlada por el autodenominado Estado Islámico (EI) y la no menos brutal milicia yihadista Frente al-Nusra. Además, a veces, los rebeldes democráticos son capaces de mantener el control de alguna ciudad. Entre todo este desorden hay algo claro: la guerra aún no tiene visos de terminar.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Desde un punto de vista militar: ¿Debería intervenir Occidente? ¿De qué lado debería tomar parte? Y, sobre todo, ¿quién es el enemigo? ¿El Estado Islámico? Sin duda, aunque esta última opción sería razonable, no basta con realizar ataques aéreos. Quien declare la guerra al autoproclamado califa Al Baghdadi, fortalece indirectamente la posición de al Assad en Damasco. Algo que no favorece a nadie. Y es que para empezar, el presidente sirio es el responsable de la mayoría de las muertes que se han producido en el país. Por otro lado, nadie quiere intervenir en una guerra con dos frentes abiertos –las tropas de Al Assad y el EI– y pocas opciones de éxito.

Vías de negociación complicadas

Queda la solución diplomática. O mejor dicho, el intento de solución diplomática. Algo que sólo es factible si interviene al Assad. Para ello habría que sentarle en una mesa de negociaciones, lo que sería un desastre para sus opositores democráticos. Algo que quizás se vean obligados a soportar, teniendo en cuenta que la decisión de al Assad de sentarse a negociar es sólo una cuestión de tiempo. Puesto que el presidente sirio no va a ir a ningún sitio –no tiene a dónde ir-, Rusia entra en juego como posible interlocutor en las negociaciones.

Alexander Kudaschef, redactor jefe de DW.
Alexander Kudaschef, redactor jefe de DW.

Otra opción sería Irán. Llegado el momento, sería prácticamente imposible evitar una gran ronda de negociaciones, en la que tomarían parte Washington, Moscú, la UE, Irán y Arabia Saudí, es decir, el opositor más acérrimo de al Assad y el principal rival de Irán en la lucha por la supremacía en el mundo musulmán. Si se diera el caso, lograr una solución resultaría muy difícil. Por lo tanto, quizá sería mejor no contar con ambos países –Irán y Arabia Saudí-. Pero, ¿aceptarían no formar parte de las negociaciones?

Precisamente Arabia Saudí ha sido el país que ha seguido con mayor recelo el ascenso y regreso de Irán al escenario político mundial gracias al recién alcanzado acuerdo nuclear. Un regreso que, sin duda, Riad habría preferido evitar. Desde entonces, y apoyada por Israel, Arabia Saudí sostiene que el acuerdo nuclear es un error fatal.

La búsqueda de una solución negociada va camino de convertirse en un rompecabezas. Las opciones de éxito son desalentadoras pero, ante todo, hace falta tiempo, algo de lo que no dispone el pueblo sirio. Asimismo, es inútil prometer una intervención militar sin garantía de éxito. Entonces, ¿qué se puede hacer para detener esta guerra civil sin sentido? Por el momento, nadie lo sabe.

En: DW

Suecia es el primer estado de la UE que reconoce a Palestina como Estado independiente

El Gobierno de Suecia ha decidido este jueves reconocer a Palestina como estado independiente como un «acto de responsabilidad» destinado a impulsar el proceso de paz en Oriente Medio, según ha señalado la ministra de Exteriores sueca, Margot Wallström. Suecia se convierte en el primer Estado de la UE en dar este paso. Israel ha llamado a consulta a su embajador en Suecia. Mientras que la UE señala que reconocerá Palestina cuando sea conveniente.

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El Gobierno sueco ha reconocido oficialmente este jueves al Estado palestino, tal como había anunciado que haría tras la victoria socialdemócrata en las elecciones.

“Con esta decisión, queremos llevar una nueva dinámica al estancado proceso de paz”, ha destacado la ministra de Exteriores sueca, Margot Wallstrom, en declaraciones a los periodistas. El mero anuncio ya había generado críticas desde el Gobierno de Israel, aunque Wallstrom ha dicho que el país nórdico no toma partido en el conflicto.

Suecia, que aspira a abrir la vía del reconocimiento a Palestina en la UE –es el primer país del bloque en dar este paso–, enmarca esta decisión en un “momento crítico”.

Wallstrom ha afirmado que quieren dar un gesto de apoyo a las facciones palestinas moderadas, para que puedan avanzar hacia un estatus similar al del Ejecutivo israelí en el proceso de paz.

La ministra de Exteriores ha advertido de que, en el último año, las decisiones de Israel sobre los asentamientos han “complicado” la solución de dos Estados y “la violencia ha vuelto a Gaza”, escenario de una operación militar este verano con más de 2.000 muertos.

(EUROPA PRESS INTERNACIONAL)

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Fascism Grips Israel

Zeev Sternhell is an Israeli historian, political scientist and outspoken critic of emerging Israeli fascism.

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Signs reached a peak during Operation Protective Edge, he says. Democracy granting equality to everyone is nonexistent.

Sternhell deplores Israel’s settlement project. He supports Palestinian self-determination. He believes establishing a Palestinian state is essential.

What passes for Israeli democracy “reached a new nadir in the current war,” he stresses. Fascist “indicators…definitely exist here.”

He’s greatly concerned about “absolute conformism” among Israeli intellectuals. “They just followed the herd,” he says.

“By intellectuals I mean professors and journalists. The intellectual bankruptcy of the mass media in this war is total.”

“It’s not easy to go against the herd. You can easily be trampled. But the role of the intellectual and the journalist is not to applaud the government.”

“Democracy crumbles when the intellectuals, the educated classes, toe the line of the thugs or look at them with a smile.”

“People here say, ‘(i)t’s not so terrible. It’s nothing like fascism. We have free elections and parties and a parliament.’ ”

“Yet, we reached a crisis in this war, in which, without anyone asking them to do so, all kinds of university bodies are suddenly demanding that the entire academic community roll back its criticism.”

Bar-Ilan University’s law school dean threatened sanctions against a colleague. He did so for expressing sorrow over lost lives on both sides.

He called grieving for enemy losses a treasonous subversive act. According to Sternhell:

“We are arriving at a situation of purely formal democracy, which keeps sinking to ever lower levels.”

In Israel, “one sees the gradual erosion of enlightenment values.”

Consider Netanyahu’s “demand that (Palestinians) recognize Israel as the Jewish state.”

Doing so forces them “to acknowledge that they are historically inferior…The Arabs are citizens, but it’s not their country.”

“(A) distinction is made between nationhood and citizenship. Anyone can be a citizen, but we are the masters.”

The potential for annulling citizenship always exists. Arabs have no power to demand rights everyone deserves.

Democracy isn’t about voting every few years, says Sternhell. It’s tested daily “in terms of human rights.”

Everything else is secondary because “dictatorial regimes” can be established through the ballot box.

Democracy in occupied Palestine never existed. “Palestinians have no human rights.”

“You rule them by force, and after three (Jewish) boys are murdered, you can” collectively punish an entire population.

It’s always been this way, “and it corrupts,” says Sternhell. “Democracies don’t collapse suddenly. They encounter a serious crisis.”

“We could find ourselves in (one) in which the whole shebang (goes) up in smoke.”

A Knesset majority can legislate “segregation between Jews and non-Jews, impos(e) censorship, intimidat(e) dissidents, (as well as) the media and universities…”

“(I)t’s happening now, but it could reach a boiling point. The water is already very hot…It’s on the brink of boiling over.”

Sternhall calls Operation Protective Edge “a war of complete choice…” There’s no justification for blaming an entire population for killing three Jews.

Israel must change its relationship with Palestinians and with Arabs “as a whole.”

“The first thing is to stop deepening the Jewish presence in the territories.” Then support a two-state solution, lift Gaza’s siege, “let the population breathe,” and treat Palestinians “as human beings on an equal footing with us.”

Sternhall calls settlements “a cancer. If Israel can’t muster sufficient strength, political power and mental fortitude to remove some of the settlements, that will signal that the Israeli story is finished…”

Israel is the last remaining colonial country. It can’t continue this way much longer.

If not for the myth of unique Jewish suffering and fear of being called anti-Semitic, “Europe would have long (ago) boycotted the settlements.”

European business and industry are already beginning to do it.

Sternhall calls Naftali Bennett, Uri Ariel, Avigdor Lieberman and other Israeli right-wing extremists “truly dangerous people.”

They deplore democracy and human rights. They deeply hate Arabs. They don’t tolerate coexistence.

Asked if he’s afraid to criticize Israel in today’s charged atmosphere, Sternhell replied:

“If I need to be afraid to (speak freely), and to say it publicly to people’s faces, then our story here is over.”

Israel was never a democracy. For sure it’s not one now.

Its “story” reflects decades of institutionalized racism, apartheid worse than South Africa’s, militarized occupation, control over virtually all aspects of Palestinian lives, ruthless repression, contempt for rule of law principles, and belligerence in lieu of peace and stability.

Operation Protective Edge is the latest example. Netanyahu vows to continue mass slaughter and destruction until his goals are reached.

Perhaps he means exterminating an entire population one war at a time and by other means.

Operation Protective Edge has been ongoing for 49 days. The death and injury toll is horrific.

Palestinian casualties mount daily. The vast majority are non-combatant men, women and children.

Israel willfully targets them. Its aggression has nothing to do with Hamas rockets.

It has everything to do with preventing Palestinian self-determination, continuing its settlement project, stealing Palestinian land and resources, scuttling Fatah/Hamas unity, maintaining occupation harshness, and prioritizing belligerence over peace and security.

It’s unclear what happens next. Ceasefires come and go. They don’t hold. Israel obstructed Cairo talks.

It did so by making outrageous demands. It offered little or nothing in return.

Its agreements aren’t worth the paper they’re written on. Violations occur straightaway. Peace is fantasy. Conflict persists.

Here we go again. On August 25, Israeli and Palestinian news organizations said Egyptian mediators proposed a new ceasefire.

It includes opening border crossings, letting in construction materials and other aid, extending Gazan fishing from three to six miles and later 12. Tough issues will be discussed a month from now.

Both sides were contacted. According to the Israeli news web portal Wallal!, Israel is ready to accept an open-ended ceasefire. A PA official responded positively.

Hamas wants any agreement to end Israel’s eight year blockade unconditionally. Israel wants Gaza demilitarized.

It wants Gazans left defenseless. It wants the right to wage future aggressive wars for any reason or none at all unchallenged.

Another ceasefire is no more likely to succeed than previous ones. Israel doesn’t negotiate in good faith.

Gazans are tired of being treated like subhumans. They know Israel can’t be trusted. It doesn’t negotiate in good faith.

It takes a giant leap of faith to believe this time may be different. It never was before. It won’t be now.

Business as usual continues. It’s official Israeli policy. Nothing suggests positive change.

Not when Netanyahu lies saying “Hamas is ISIS and ISIS is Hamas.”

“They simply work in the same way. They are branches of the same poisonous tree.”

Not when other Israeli hardliners want Hamas entirely destroyed. Not when former Israeli US ambassador Moshe Arens wants the same thing.

“You have to defeat (Hamas) and disarm” it, he says. A ceasefire won’t work.

Not when Israel bears full responsibility for breaking them. Not when it prioritizes conflict over peace and stability.

Not when it spurns rule of law principles. Not when it maintains militarized occupation.

Not when it holds 1.7 million Gazans hostage under suffocating siege. Not when it attacks them for any reason or none at all.

Not when it terrorizes Palestinian West Bank and East Jerusalem communities multiple times daily.

Not when it denies all Palestinians fundamental rights everyone deserves. Not when it spurns positive change.

Not when Washington backs and encourages its killing machine. Not when Western leaders support its genocide.

Not while Palestinians are isolated on their own. Not while their liberating struggle remains unfulfilled.

Not when on Monday, Israel murdered seven more Palestinians, wounded 92 others, and destroyed 15 residential houses, a shopping center and a mosque.

Not when creeping fascism threatens Jews and non-Jews alike. So does the scourge of Zionism.

It made Israel a killing machine. Palestinians bear the brunt of its barbarism.

Nothing suggests positive change. It bears repeating. Business as usual continues.

——————————-

Stephen Lendman lives in Chicago. He can be reached at lendmanstephen@sbcglobal.net.

His new book as editor and contributor is titled “Flashpoint in Ukraine: US Drive for Hegemony Risks WW III.”

http://www.claritypress.com/LendmanIII.html

Visit his blog site at sjlendman.blogspot.com.

Listen to cutting-edge discussions with distinguished guests on the Progressive Radio News Hour on the Progressive Radio Network.

It airs three times weekly: live on Sundays at 1PM Central time plus two prerecorded archived programs.

http://www.progressiveradionetwork.com/the-progressive-news-hour

En: globalresearch.ca

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Israel y Palestina: 4. ¿Nunca firmaron la paz palestinos e israelíes?

Tras la creación del Estado de Israel y el desplazamiento de miles de personas que perdieron sus hogares, el movimiento nacionalista palestino comenzó a reagruparse en Cisjordania y Gaza, controlados respectivamente por Jordania y Egipto, y en los campos de refugiados creados en otros estados árabes.

Poco antes de la guerra de 1967, organizaciones palestinas como Fatah -liderada por Yasser Arafat- conformaron la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y lanzaron operaciones contra Israel primero desde Jordania y luego desde Líbano. Pero estos ataques incluyeron también atentados contra objetivos israelíes en territorio europeo que no discriminaron entre aviones, embajadas o atletas.

Tras años de atentados palestinos y asesinatos selectivos de las fuerzas de seguridad israelíes, la OLP e Israel firmarían en 1993 los acuerdos de paz de Oslo, en los que la organización palestina renunció a “la violencia y el terrorismo” y reconoció el “derecho” de Israel “a existir en paz y seguridad”, un reconocimiento que la organización islámica palestina Hamas nunca aceptó.

Tras los acuerdos firmados en la capital noruega fue creada la Autoridad Nacional Palestina, que representa a los palestinos ante los foros internacionales. Su presidente es elegido por voto directo y él a su vez escoge un primer ministro y a los miembros de su gabinete. Sus autoridades civiles y de seguridad controlan áreas urbanas (Área A según Oslo), mientras que solo sus representantes civiles -y no de seguridad- controlan áreas rurales (Área B).

Jerusalén Oriental, considerada la capital histórica por parte de los palestinos, no está incluida en este acuerdo.
Jerusalén es uno de los puntos más conflictivos entre ambas partes.

En: BBC

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Israel – Palestina: 3. ¿Por qué hay dos territorios palestinos?

El Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP, por sus siglas en inglés), en su informe a la Asamblea General en 1947, recomendó que el Estado árabe incluyera “Galilea Occidental, la región montañosa de Samaria y Judea, con la exclusión de la ciudad de Jerusalén, y la llanura costera de Isdud hasta la frontera egipcia”.

Pero la división del territorio quedó definida por la Línea de Armisticio de 1949, establecida tras la creación de Israel y la primera guerra árabe-israelí.

Los dos territorios palestinos son Cisjordania (que incluye Jerusalén Oriental) y la Franja de Gaza, que se encuentran a unos 45 km de distancia. Tienen un área de 5.970 km2 y 365 km2, respectivamente.

Cisjordania se encuentra entre Jerusalén, reclamada como capital tanto por palestinos como por israelíes, y Jordania hacia el este, mientras que Gaza es una franja de 41 km de largo y entre 6 y 12 km de ancho.

Gaza tiene una frontera de 51 km con Israel, 7 km con Egipto y 40 km de costa sobre el Mar Mediterráneo.

Originalmente ocupada por israelíes que aún mantienen el control de su frontera sur, la Franja de Gaza fue capturada por Israel en la guerra de 1967 y recién la desocupó en 2005, aunque mantiene un bloqueo por aire, mar y tierra que restringe el movimiento de bienes, servicios y gente.

Actualmente la Franja está controlada por Hamas, el principal grupo islámico palestino que nunca ha reconocido los acuerdos firmados entre otras facciones palestinas e Israel.

Cisjordania, en cambio, está regida por la Autoridad Nacional Palestina, el gobierno palestino reconocido internacionalmente cuya principal facción, Fatah, no es islámica sino secular.

En: BBC

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Israel y Palestina: 2. ¿Por qué se fundó Israel en Medio Oriente?

La tradición judía indica que la zona en la que se asienta Israel es la Tierra Prometida por Dios al primer patriarca, Abraham, y a sus descendientes.

La zona fue invadida en la Antigüedad por asirios, babilonios, persas, macedonios y romanos. Roma fue el imperio que le puso a la región el nombre de Palestina y que, siete décadas después de Cristo, expulsó a los judíos de su tierra tras combatir a los movimientos nacionalistas que perseguían la independencia.

Con el surgimiento del Islam, en el siglo VII después de Cristo, Palestina fue ocupada por los árabes y luego conquistada por los cruzados europeos. En 1516 se estableció la dominación turca que duraría hasta la Primera Guerra Mundial, cuando se impuso el mandato británico.

El Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP, por sus siglas en inglés) aseguró en su informe a la Asamblea General del 3 de septiembre de 1947 que los motivos para que un Estado judío se estableciera en Medio Oriente se centraban en “argumentos basados en fuentes bíblicas e históricas”, la Declaración de Balfour de 1917 en la que el gobierno británico se declara a favor de un “hogar nacional” para los judíos en Palestina y en el Mandato británico sobre Palestina.

Allí se reconoció la conexión histórica del pueblo judío con Palestina y las bases para reconstituir el Hogar Nacional Judío en dicha región.

Tras el Holocausto nazi contra millones de judíos en Europa antes y durante la Segunda Guerra Mundial, creció la presión internacional para el reconocimiento de un Estado judío.

Al no poder resolver la polarización entre el nacionalismo árabe y el sionismo, el gobierno británico llevó el problema a la ONU.
El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General aprobó un plan para la partición de Palestina, que recomendaba la creación de un Estado árabe independiente y uno judío y un régimen especial para la ciudad de Jerusalén.

El plan fue aceptado por los israelíes pero no por los árabes, que lo veían como una pérdida de su territorio. Por eso nunca se implementó.

Un día antes de que expirara el Mandato británico de Palestina, el 14 de mayo de 1948, la Agencia Judía para Israel, representante de los judíos durante el Mandato, declaró la independencia del Estado de Israel.

Al día siguiente Israel solicitó ser miembro de Naciones Unidas, estatus que finalmente logró un año después. El 83% de los miembros actuales reconocen a Israel (160 de 192).

En: BBC

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Israel – Palestina: 1. ¿Cómo empezó el conflicto?

Alentado por el antisemitismo que sufrían los judíos en Europa, a comienzos del siglo XX tomó fuerza el movimiento sionista, que buscaba establecer un Estado para los judíos.

La región de Palestina, entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, considerada sagrada para musulmanes, judíos y católicos, pertenecía por aquellos años al Imperio Otomano y estaba ocupada mayormente por árabes y otras comunidades musulmanas. Pero una fuerte inmigración judía, fomentada por las aspiraciones sionistas, comenzaba a generar resistencia entre las comunidades.

Tras la desintegración del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, Reino Unido recibió un mandato de la Liga de Naciones para administrar el territorio de Palestina.
Pero antes y durante la guerra, los británicos habían hecho diversas promesas a los árabes y a los judíos que luego no cumplieron, entre otros motivos porque ya se habían dividido el Medio Oriente con Francia. Esto provocó un clima de tensión entre nacionalistas árabes y sionistas que desencadenó en enfrentamientos entre grupos paramilitares judíos y bandas árabes.

Luego de la Segunda Guerra Mundial y tras el Holocausto, aumentó la presión por establecer un Estado judío. El plan original contemplaba la partición del territorio controlado por la potencia europea entre judíos y palestinos.

Tras la fundación de Israel el 14 de mayo de 1948, la tensión pasó de ser un tema local a un asunto regional. Al día siguiente, Egipto, Jordania, Siria e Irak invadieron este territorio. Fue la primera guerra árabe-israelí, también conocida por los judíos como guerra de la independencia o de la liberación. Tras el conflicto, el territorio inicialmente previsto por las Naciones Unidas para un Estado árabe se redujo a la mitad.

Para los palestinos, comenzó la Nakba, la llamada “destrucción” o “catástrofe”: el inicio de la tragedia nacional. 750.000 palestinos huyeron a países vecinos o fueron expulsados por tropas judías.

Pero 1948 no sería el último enfrentamiento entre árabes y judíos. En 1956, una crisis por el Canal de Suez enfrentaría al Estado de Israel con Egipto, que no sería definida en el terreno de combate sino por la presión internacional sobre Israel, Francia e Inglaterra.

Pero los combates sí tendrían la última palabra en 1967 en la Guerra de los Seis Días. Lo que ocurrió entre el 5 el 10 de junio de ese año tuvo consecuencias profundas y duraderas a distintos niveles. Fue una victoria aplastante de Israel frente a una coalición árabe. Israel capturó la Franja de Gaza y la península del Sinaí a Egipto, Cisjordania (incluida Jerusalén Oriental) a Jordania y los Altos del Golán a Siria. Medio millón de palestinos huyeron.

El último conflicto árabe-israelí será la guerra de Yom Kipur en 1973, que enfrentó a Egipto y Siria contra Israel y le permitió a El Cairo recuperar el Sinaí (entregado completamente por Israel en 1982), pero no Gaza. Seis años después, Egipto se convierte en el primer país árabe en firmar la paz con Israel, un ejemplo solo seguido por Jordania.

En: BBC

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