Cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes

El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos Zeid Ra’ad Al Hussein, declaró frente a la cumbre de migrantes y refugiados: “Es una vergüenza que las víctimas de crímenes abominables tengan que sufrir aún más por nuestros fracasos en darles protección.”

Esta no debería ser una Cumbre amena.

Aunque el liderazgo del Secretario General y su magnífico informe merecen el reconocimiento de todos, así como los admirables esfuerzos realizados por Irlanda y Jordania en busca de un consenso político, esta Cumbre no puede reducirse a discursos y entrevistas agradables, a una pizca de autosatisfacción y luego, a pasar página.

Cuando millones de personas ven la invitación que les formula la libertad solo a través de las lonas ondulantes de una tienda de campaña; cuando cargan con sus hijos y sus pertenencias a la espalda y caminan cientos, quizá miles de millas; cuando ellos y sus familias corren el riesgo de ahogarse y luego son recluidos en centros de detención atestados y deplorables –y, una vez puestos en libertad, se exponen al abuso de los racistas y los xenófobos- . No hay motivo de satisfacción en todo eso.

La amarga verdad es que esta cumbre se convocó porque, en general, nuestras medidas han sido un fracaso. Un fracaso para el doliente pueblo de Siria, porque no pudieron sofocar la guerra en sus inicios. Un fracaso para otras personas, que ahora están atrapadas en zonas donde el conflicto se eterniza, por la misma razón. Un fracaso para millones de migrantes, que merecen algo mejor que una vida marcada de la cuna a la tumba por la indignidad y la desesperación.

Es una vergüenza que las víctimas de crímenes abominables tengan ahora que sufrir aún más porque no hemos logrado protegerlas. Es repugnante que hombres, mujeres y niños puedan ser calificados de delincuentes y detenidos durante meses, incluso años, lo que les provoca nuevos daños físicos y mentales.

Podemos cambiar esta situación. Aquí, en la Cumbre, todos juntos: respeto, seguridad y dignidad para todos. Pero eso no es posible cuando los paladines del bien y la justicia se ven superados, en demasiados países, por fanáticos racistas que tratan de obtener el poder o de retenerlo mediante el uso de los prejuicios y el engaño, a expensas de los más vulnerables y, en última instancia, incluso de aquellos que inicialmente los apoyaron.

Una epidemia de amnesia late en el centro de este colapso moral de algunos sectores. Muchos parecen haber olvidado las dos guerras mundiales, lo que ocurre cuando el miedo y la cólera se atizan usando medias verdades y mentiras completas. El odio alcanza grandes densidades. Se tira de la espoleta. Se suelta el temporizador. Y la humanidad se apresura de nuevo a la cita con “el demonio de la historia mundial”.

Al oponerse a un reparto más amplio de responsabilidades, los fanáticos y los embusteros promueven la ruptura. Quizá algunos de ellos se encuentren ahora en esta sala. Si estáis aquí, os decimos: Os seguiremos increpando públicamente. Tal vez os vayáis pronto de esta sala. Pero no escaparéis al juicio de ”nosotros, los pueblos”, de todos los pueblos del mundo, no escaparéis de nosotros.

Muchas gracias, señor Presidente.

En: ohchr.org

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Didáctico video te muestra en de diez minutos la crisis en Siria

¿Muchos nombres como abundante información te hace difícil entender el contexto que vive Siria? Para felicidad nuestra, dos jóvenes españoles realizaron un video donde condensan en 10 minutos casi 100 años de historia sobre este país árabe que recientemente fue bombardeado por Francia, en respuesta al atentado terrorista que dejó más de 150 muertos en París.

Sergio de Pazos y Bruno Teixidor explicaron en su video subido a Youtube la crisis interna de Siria, los intereses del mundo entero por la riqueza petrolera de la región, el desborde de la Primavera Árabe, la aparición del grupo terrorista ISIS y la guerra del régimen Assad contra el pueblo Kurdo.

Además, narran los conflictos religiosos en medio oriente en 15 didácticos mapas con algunos plumones de colores.

El video fue publicado el 8 de octubre y cuenta con más de 1 millón 400 reproducciones en YouTube.

No obstante, este video ha recibido críticas por algunos medios españoles. El diario español El Confidencial indicó que la publicación es “simplista” y contiene datos inexactos como decir que Siria es “un gran desierto”, cuando el 21% del PBI sirio se basa en la agricultura.

“En definitiva, la pieza fracasa en su intento de dar una explicación sencilla a una de las cuestiones más complejas del siglo XXI”, asegura El Confidencial.

En: canalN

OTAN, preocupada por mayor presencia militar rusa en Siria

El secretario general de la alianza, Jens Stoltenberg, dijo que las acciones de Moscú no ayudan a solucionar el conflicto desatado en 2011.

Un tanque ruso secuestrado por los rebeldes a las fuerzas de Al Assad.
Un tanque ruso secuestrado por los rebeldes a las fuerzas de Al Assad.

Los reportes de inteligencia que hablan de una mayor presencia militar de Rusia en Siria tienen preocupada a la OTAN. Al menos así lo señaló este miércoles (09.09.2015) el secretario general de la alianza, el noruego Jens Stoltenberg, durante una visita a Praga. “Estoy preocupado por las informaciones sobre un aumento de la presencia militar rusa en Siria. “Eso no va a contribuir a la solución del conflicto”, dijo en la capital checa, en su primera visita al país desde que asumió el cargo.

Rusia ha negado esta semana cambios en la cooperación militar con Siria, sea en el estatus de la base naval de Tartus o en el suministro de armamento, en medio de los rumores occidentales sobre una intervención militar rusa en el país árabe. Según Moscú, esa colaboración militar se limita al suministro de equipos militares y a que especialistas militares adiestren en su manejo a los militares sirios.

Sin embargo, tres fuentes libanesas citadas por la agencia de noticias Reuters aseguran que fuerzas de combate rusas comenzaron a participar en operaciones militares en Siria, apoyando a las tropas del presidente Bashar al Assad. A eso se sumaría el reciente envío de barcos con tanques y aviones, además de desplegar un pequeño número de efectivos de infantería naval. Las fuentes de inteligencia estadounidenses no tienen clara la intención de estos movimientos militares, aunque el objetivo sería preparar una pista aérea en Latakia, bastión de Al Assad.

No solo asesoran

“Los rusos ya no son solo asesores. Los rusos decidieron unirse a la guerra contra el terrorismo”, dijo una de las fuentes libanesas citadas por Reuters. “Empezaron con números pequeños, pero la fuerza mayor no ha participado aún. (…) Hay algunos rusos combatiendo en Siria, pero todavía no se unieron con fuerza a la lucha contra el terrorismo”, destacó otra fuente, mientras un funcionario sirio señaló que “los expertos rusos siempre han estado presentes, pero en el último año han estado presentes en mayor grado”.

Luego de que Bulgaria negara el uso de su espacio aéreo a aviones de carga rusos (una medida que Moscú calificó como “grosería internacional”), el diplomático ruso Maxim Suslov, de la embajada en Irán, dijo que el gobierno de Teherán no impedirá los traslados, así como tampoco pondrá objeciones el gobierno de Grecia. El Ministerio de Exteriores ruso subrayó nuevamente que Rusia jamás ocultó su ayuda militar al gobierno sirio.

En tanto, el ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, conversó con su par estadounidense, John Kerry, al que llamó a trabajar en conjunto para combatir al Estado Islámico. “Lavrov recalcó la necesidad de responder conjuntamente a los grupos terroristas que han capturado una parte importante de territorio sirio y amenazan la seguridad internacional”, informó la cancillería rusa en un comunicado.

DZC (EFE, dpa, Reuters)

En: DW

Opinión: ¿Qué hacer en Siria?

“Luchar contra las causas de la huida” es la respuesta estándar a la pregunta de cómo reducir el número de refugiados. Viendo lo que ocurre en Siria, parece que la cuestión no es tan sencilla, dice Alexander Kudascheff.

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Imagen: DW

Hace cuatro años que comenzó la guerra civil en Siria. Más de 250.000 personas han perdido la vida. Varios millones decidieron huir y se encuentran atrapados en el Líbano, Turquía, Jordania o, tras haber perdido ya la esperanza de que la guerra acabe, de camino a Europa.

Una guerra que se alimenta a sí misma

Siria está arrasada. En Damasco, al igual que en las zonas alauitas del país, manda todavía Bashar al Assad. Una gran parte del territorio, sin embargo, está controlada por el autodenominado Estado Islámico (EI) y la no menos brutal milicia yihadista Frente al-Nusra. Además, a veces, los rebeldes democráticos son capaces de mantener el control de alguna ciudad. Entre todo este desorden hay algo claro: la guerra aún no tiene visos de terminar.

Entonces, ¿qué se puede hacer? Desde un punto de vista militar: ¿Debería intervenir Occidente? ¿De qué lado debería tomar parte? Y, sobre todo, ¿quién es el enemigo? ¿El Estado Islámico? Sin duda, aunque esta última opción sería razonable, no basta con realizar ataques aéreos. Quien declare la guerra al autoproclamado califa Al Baghdadi, fortalece indirectamente la posición de al Assad en Damasco. Algo que no favorece a nadie. Y es que para empezar, el presidente sirio es el responsable de la mayoría de las muertes que se han producido en el país. Por otro lado, nadie quiere intervenir en una guerra con dos frentes abiertos –las tropas de Al Assad y el EI– y pocas opciones de éxito.

Vías de negociación complicadas

Queda la solución diplomática. O mejor dicho, el intento de solución diplomática. Algo que sólo es factible si interviene al Assad. Para ello habría que sentarle en una mesa de negociaciones, lo que sería un desastre para sus opositores democráticos. Algo que quizás se vean obligados a soportar, teniendo en cuenta que la decisión de al Assad de sentarse a negociar es sólo una cuestión de tiempo. Puesto que el presidente sirio no va a ir a ningún sitio –no tiene a dónde ir-, Rusia entra en juego como posible interlocutor en las negociaciones.

Alexander Kudaschef, redactor jefe de DW.
Alexander Kudaschef, redactor jefe de DW.

Otra opción sería Irán. Llegado el momento, sería prácticamente imposible evitar una gran ronda de negociaciones, en la que tomarían parte Washington, Moscú, la UE, Irán y Arabia Saudí, es decir, el opositor más acérrimo de al Assad y el principal rival de Irán en la lucha por la supremacía en el mundo musulmán. Si se diera el caso, lograr una solución resultaría muy difícil. Por lo tanto, quizá sería mejor no contar con ambos países –Irán y Arabia Saudí-. Pero, ¿aceptarían no formar parte de las negociaciones?

Precisamente Arabia Saudí ha sido el país que ha seguido con mayor recelo el ascenso y regreso de Irán al escenario político mundial gracias al recién alcanzado acuerdo nuclear. Un regreso que, sin duda, Riad habría preferido evitar. Desde entonces, y apoyada por Israel, Arabia Saudí sostiene que el acuerdo nuclear es un error fatal.

La búsqueda de una solución negociada va camino de convertirse en un rompecabezas. Las opciones de éxito son desalentadoras pero, ante todo, hace falta tiempo, algo de lo que no dispone el pueblo sirio. Asimismo, es inútil prometer una intervención militar sin garantía de éxito. Entonces, ¿qué se puede hacer para detener esta guerra civil sin sentido? Por el momento, nadie lo sabe.

En: DW

El plan Putin para Siria

Hasta ahora las informaciones sobre una presunta expansión de la presencia militar rusa en Siria no se han podido confirmar. Sin embargo, expertos no descartan que Putin esté planeando una futura intervención militar.

El presidente ruso, Vladímir Putin.
El presidente ruso, Vladímir Putin.

Desde principios de septiembre aumentan los informes de los medios de comunicación según los cuales Rusia aparentemente habría enviado tropas a Siria para apoyar la lucha del Ejército de ese país contra el Estado Islámico (EI). Sin embargo, hasta ahora estos no se han podido comprobar.

No es ningún secreto que desde hace décadas Rusia tiene presencia militar en Siria. “Es completamente normal que haya militares rusos en Siria”, dice Alexei Malashenko, experto en Cercano Oriente del Centro Carnegie de Moscú. “Los rusos están en Cercano Oriente desde 1955, ya que el Ejército sirio está equipado completamente con armas rusas, y estas necesitan mantenimiento”, explica.

Los Gobiernos de Moscú y Damasco son viejos aliados. En el puerto sirio de Tartús, en el Mar Mediterráneo, Rusia mantiene una base de reparaciones para su Marina. Y desde el comienzo de la guerra civil en Siria en 2011, Rusia ha apoyado al régimen en Damasco suministrándole armas. Ahora, Moscú justifica su apoyo con la lucha contra el EI.

Expertos: intervención rusa sería “gran error”

El experto ruso Alexander Golz duda que Rusia esté interviniendo militarmente en Siria, pero no lo descarta para el futuro. “Puesto que en Rusia un solo hombre toma todas las decisiones, todo es posible”, dice Golz a DW. Una intervención militar solo tendría sentido si pudiera cambiar radicalmente el desarrollo de la guerra, pero actualmente Rusia no podría enviar suficientes tropas para vencer al EI en Siria e Irak, cree el experto.

El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, y el presidente sirio, Bashar Al Assad, en Damasco (2012): viejos aliados.
El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, y el presidente sirio, Bashar Al Assad, en Damasco (2012): viejos aliados.

También Alexei Malashenko opina que una intervención militar rusa en Siria sería “un gran error”. Tendría pocas perspectivas de éxito y la sociedad rusa probablemente no la aprobaría, señala el experto.

En la segunda mitad de septiembre, el jefe del Kremlin viajará a Nueva York. Desde agosto se especula en Rusia sobre un “plan Putin”, que el mandatario ruso anunciaría en EE. UU. Hasta ahora solo se sabe que Moscú pretende crear una coalición internacional contra el EI que apoye al presidente sirio, Bashar Al Assad. Si bien ya existe una alianza contra los yihadistas liderada por Washington, esta no apoya al mandatario sirio. Occidente exige la dimisión de Al Assad, haciéndolo responsable de la guerra civil en su país.

¿Fin de las sanciones a cambio de ayuda contra el EI?

En los medios rusos también se especula sobre otro motivo del Kremlin. Según el renombrado periódico moscovita Novaya Gazeta, a cambio de su ayuda en la lucha contra el EI Putin esperaría concesiones en lo que respecta a la crisis ucraniana, ante todo, que se levanten las sanciones de Occidente. Asimismo, Alexei Malashenko, del Centro Carnegie de Moscú, cree que en primer lugar Putin pretende apoyar a su aliado Al Assad y no tanto combatir al Estado Islámico.

En: DW

Rusia envía militares a Siria y pone en alerta a EE.UU.

Informes de la inteligencia estadounidense señalan que Moscú envió una avanzadilla militar para apoyar al régimen sirio

Vladimir Putin y su aliado Bashar al Asad. (Reuters).
Vladimir Putin y su aliado Bashar al Asad. (Reuters).

Moscú. Los indicios de un incremento de la presencia militar rusa en Siria preocupan a Estados Unidos y plantean la interrogante de si Moscú tiene planeado intervenir en el conflicto.

De acuerdo con el diario “The New York Times”, informes de inteligencia estadounidense sostienen que Moscú ha enviado una avanzada militar para apoyar a las fuerzas del presidente sirio, Bashar al Asad, en la zona de Latakia.

Según el diario, estos movimientos incluyen el envío de viviendas prefabricadas -que podrían alojar hasta un millar de militares rusos- así como un sistema de control del tráfico aéreo.

El presidente Vladimir Putin ha mantenido una postura reservada sobre el tema y afirma que Rusia sopesa diversas opciones, declaración que ha avivado sospechas sobre las intenciones del Kremlin.

Moscú confirmó hoy que entrega armamento al régimen Al Asad, pero precisó que es para la lucha contra el terrorismo, según indicó el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso.

“Rusia nunca ha ocultado que esté proporcionando asistencia militar a las autoridades sirias con el objetivo de luchar contra el terrorismo”, dijo la portavoz oficial de la Cancillería, María Zajárova.

Los observadores en Moscú afirman que las maniobras rusas podrían ser parte de un plan para el envío de soldados a Siria a combatir al Estado Islámico con esperanzas de enmendar los fracturados vínculos de Moscú con Occidente.

Sin embargo, advierten que Putin tendría remotas posibilidades de superar el escepticismo de Estados Unidos para convencerlo de su plan y existe el peligro de repercusiones catastróficas si opta por una acción militar unilateral en Siria.

Al barajar la posibilidad de sumarse a la coalición contra el grupo Estado Islámico, Putin podría confiar en obtener algunas cuantas concesiones cruciales. Su principal objetivo: el levantamiento de las sanciones occidentales y la normalización de las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea, que se encuentran en su punto más bajo desde la Guerra Fría por la crisis ucraniana.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, dejó entrever la preocupación de Washington en una conversación telefónica con su homólogo ruso Sergei Lavrov durante el fin de semana.

El Departamento de Estado dijo que Kerry dejó claro que si son correctas las versiones de un inminente incremento de la presencia militar rusa en Siria, “estas acciones podrían intensificar aún más el conflicto, causar más pérdidas de vidas inocentes, aumentar la oleada de refugiados y elevar el riesgo de un enfrentamiento con la coalición que combate al grupo Estado Islámico en Siria”.

De acuerdo con un funcionario de Defensa de Estados Unidos que solicitó el anonimato porque no estaba autorizado a hacer declaraciones sobre temas delicados, Washington ha detectado un aumento en el número de aviones de transporte rusos que buscan autorización diplomática para vuelos con destino a Siria.

Dijo que se desconoce el tipo y el propósito de la carga de los aviones.

El portavoz del ministerio griego del Exterior, Constantinos Koutras, dijo que Estados Unidos solicitó a Grecia que cancele las autorizaciones de vuelo por espacio aéreo nacional concedidas del 1 al 24 de setiembre para aviones rusos con dirección a Siria. Grecia dijo que examina la solicitud.

Sergei Karaganov, fundador del Consejo sobre Política Exterior y Defensa, una prominente asociación de expertos políticos rusos, dijo que Rusia consideraba la posibilidad de sumarse a la coalición contra el grupo Estado Islámico, pero Occidente se ha mostrado hostil a la fecha.

“Son renuentes a aceptar propuestas de Putin, a quien quieren contener”, apuntó.

Igor Korotchenko, coronel retirado del estado mayor de las fuerzas armadas rusas y ahora editor de la revista Defensa Nacional, también dijo que aunque Rusia ha suministrado armas al gobierno de Al Asad, no tiene intención de enviar efectivos a Siria.

“Rusia no enviará soldados al Medio Oriente, eso está absolutamente excluido”, afirmó. “Ese es un problema de Estados Unidos. Rusia no pagará por ello con vidas de sus soldados”.

Fuente: AP

En: elcomercio

Potential Russian troop deployment in Syria draws U.S. concerns

President Vladimir Putin has been coy on the subject, saying Russia is weighing various options, a statement that has fuelled suspicions about the Kremlin’s intentions.

In a photo provided by the state-run Syrian Arab News Agency, President Bashar Assad of Syria meets with Mikhail Bogdanov, left, a Russian deputy foreign minister, in Damascus, Dec. 10, 2014. Russia has sent an advance military team to Syria and taken other steps that some fear could presage a vast expansion of Russian support for Assad. Photo: SANA / NYT
In a photo provided by the state-run Syrian Arab News Agency, President Bashar Assad of Syria meets with Mikhail Bogdanov, left, a Russian deputy foreign minister, in Damascus, Dec. 10, 2014. Russia has sent an advance military team to Syria and taken other steps that some fear could presage a vast expansion of Russian support for Assad. Photo: SANA / NYT

By: Vladimir Isachenkov The Associated Press, Published on Mon Sep 07 2015

MOSCOW— Signs of an ongoing Russian military buildup in Syria have drawn U.S. concerns and raised questions of whether Moscow plans to enter the civil war raging in that country.

President Vladimir Putin has been coy on the subject, saying Russia is weighing various options, a statement that has fuelled suspicions about the Kremlin’s intentions.

Observers in Moscow say the Russian manoeuvring could be part of a plan to send troops to Syria to fight the Islamic State group in the hope of fixing fractured ties with the West. They warn, however, that Putin would likely find it hard to sell his idea to a skeptical U.S. and he risks potentially catastrophic repercussions if he opts for unilateral military action in Syria.

By playing with the possibility of joining the anti-ISIS coalition, Putin may hope to win a few key concessions. His main goal: the lifting of Western sanctions and the normalization of relations with the United States and the European Union, which have sunk to their lowest point since the Cold War amid the Ukrainian crisis.

In addition, the Russian leader may be angling to make the West more receptive to Moscow’s involvement in Ukraine, while retaining influence in Syria.

Early this summer, the Kremlin put forward a peace plan for Syria that envisions enlisting Syrian government forces and Iran in the anti-ISIS coalition. A few rounds of negotiations with the Americans and Saudis have brought no visible results, and now Moscow appears to be testing the water for a next move: beefing up its military presence in Syria.

While Putin said Friday there is no talk “just yet” about Russian troops joining the fight against the Islamic State, he seemed to keep the door open for the possibility, saying “we are looking at various options.”

The Russian leader is set to attend the United Nations General Assembly later this month, and some analysts say a proposal to deploy troops to Syria could be the focal point of his visit.

Since the Soviet times, Russia has had close political and military ties with Syria, which hosts a Russian navy facility in the Mediterranean port of Tartus intended to service and supply visiting ships. While the Soviet-era facility has just a couple of floating piers along with a few rusting repair shops and depots, it has symbolic importance as the last remaining Russian military outpost outside the former Soviet Union.

Moscow has staunchly backed Syrian President Bashar Assad throughout the 4½-year civil war, providing his regime with weapons and keeping military advisers in Syria. Putin said again Friday that Russia is providing the Syrian military with weapons and training.

Rami Abdurrahman, the head of the Britain-based monitoring group Syrian Observatory for Human Rights, said there have been reports since mid-August of Russian troops in the capital’s airport and another airport in the coastal city of Latakia.

“We don’t know if they are troops or transporters of weapons and ammunition,” he said, noting an increase in the flow of Russian weapons arriving in Syria since July.

“The fact that (military co-operation) is not new is one thing, but there is a noticeable increase,” said Abdurrahman, who has a large network of activists on the ground in Syria helping him monitor the situation.

U.S. Secretary of State John Kerry signalled Washington’s concern in a phone call with his Russian counterpart Sergey Lavrov over the weekend.

The State Department said that Kerry made it clear that if reports of an imminent Russian military buildup in Syria were accurate, “these actions could further escalate the conflict.”

According to U.S. defence officials, who spoke on condition of anonymity, the U.S. has seen an increasing number of Russian transport planes seeking diplomatic approval for flights into Syria. They said it’s not clear what is in the aircraft or what their purpose is.

Greek Foreign Ministry spokesman Constantinos Koutras said the U.S. has asked Greece to cancel overflight permission given to Russia Sept. 1-24, for flights headed to Syria. He said they are examining the request.

If Russia ends up sending its military contingent to Syria, it will likely include a few combat jets along with support personnel and some troops to guard them, Felgenhauer said. Staying away from ground action would allow Russia to avoid any significant losses.

Alexei Malashenko, a Middle East expert with the Carnegie Endowment’s Moscow office, was skeptical, saying that Putin’s apparent plan to use Syria to improve ties with the West will be unlikely to succeed.

He warned that if Russia fails to strike a deal with the U.S. and tries to do it alone alongside Assad’s forces, it would further damage its relations not just with the U.S. but regional powers. It will also likely trigger a negative public response, providing a painful reminder of the botched Soviet war in Afghanistan.

“It will not be received with joy here in Russia; everyone will compare it to Afghanistan,” he said. “If they do it, it would be a very stupid thing. It’s very simple to get in, but it could be quite difficult to get out.”

Malashenko also warned that deploying Russian soldiers to fight the ISIS would draw risks of jihadist retaliation and raise the terror threat for Russia.

While launching unilateral action would be extremely risky, it’s difficult to predict how Putin will act if his offer of joint action against ISIS is rejected by Washington, Malashenko said.

“Putin is unpredictable, and he is very emotional,” he said.

In: thestar.com

Quiénes son los kurdos y por qué todavía no tienen un Estado

Son la minoría étnica sin Estado propio más importante de todo el Medio Oriente. Más de 30 millones de personas –según los cálculos más conservadores– repartidas en un territorio que hoy se dividen Turquía, Siria, Irak e Irán.

Pero unidos por una lengua propia y una cultura milenaria, el pueblo kurdo nunca ha dejado de soñar con un Kurdistán independiente.

Y algunos creen que la amenaza del grupo autodenominado Estado Islámico podría contribuir a hacer ese sueño realidad.

Por un lado los kurdos se han erigido en una de las más importantes líneas de defensa contra los avances de los yihadistas en el norte de Irak y Siria, obligando a Occidente a reconocerlos como aliados clave en la batalla contra EI.

Y también han aprovechado el debilitamiento de los gobiernos de Bagdad y Damasco para expandir el territorio controlado por las autoridades del Kurdistán iraquí y ganar mayor protagonismo en Siria, donde aspiran a obtener un nivel de autonomía similar al que ya tienen en Irak.

Aunque la reticencia de Turquía a involucrarse directamente en la defensa de Kobane también da una idea de las fuerzas que a lo largo de la historia han evitado la unificación e independencia de la nación kurda.

Unas fuerzas que siguen vigentes en la actualidad.

Ajedrez de siglos

En la esta estratégica ciudad siria de Kobane, ubicada al sur de la frontera turca, un puñado de milicianos kurdos apenas ha logrado resistir a los embates de EI, en buena medida gracias al apoyo de los bombardeos de la coalición occidental.

“Los kurdos de Turquía, sin embargo, están furiosos con las tropas turcas que les impiden cruzar la frontera para pelear al lado de las milicias kurdas en Siria, el YPG”, cuenta el corresponsal de la BBC en Turquía, Mark Lowen.

“Creen que a Turquía le alegraría ver caer a Kobane si eso también significa el fin de las esperanzas kurdas para una entidad autónoma en Siria”, explica.

Y ese sólo es un ejemplo del complicado ajedrez político que lleva décadas –cuando no siglos– evitando la existencia de un Kurdistán independiente.

Esa posibilidad tomó especial fuerza luego de la conclusión de la Primera Guerra Mundial.

Historia milenaria

La historia del pueblo kurdo, sin embargo, empieza mucho antes.

En el año 612 a.C., según los historiadores que consideran a los kurdos descendientes directos de los medos, el imperio que dominó la zona desde esa fecha hasta su anexión por el imperio persa en 6 a.C.

Y durante las posteriores invasiones árabes-musulmanas los kurdos terminarían convirtiéndose al islam, pero sin perder su lengua e identidad distintiva y a pesar de estar divididos en numerosos principados.

Esos principados kurdos se los disputaron por mucho tiempo el Imperio otomano y el persa, que tenían sus capitales en lo que hoy son Turquía e Irán.

Y, en esa pugna, los kurdos terminarían alineándose con el Imperio Otomano por razones religiosas y a cambio de una importante dosis de autonomía que sólo empezaría a ser cuestionada a inicios del siglo XIX.

Esa es una de las razones por las que con el desmembramiento del imperio turco, al final de la Primera Guerra Mundial, algunos kurdos –no todos– empujarían con fuerza la idea de un Kurdistán independiente.

Y la idea sería incluso recomendada por el Tratado de Sèvres, que certificó la rendición del Imperio otomano en 1920.

Un conjunto de factores, sin embargo, terminarían haciéndola impracticable.

Por un lado, los sectores más conservadores de la sociedad kurda, más interesados en la protección de su religión que en un incierto proyecto nacionalista, no veían con buenos ojos la separación de la naciente Turquía, que prometía un Estado islámico de turcos y kurdos y terminó quedándose con la mayor parte del Kurdistán.

Y las potencias occidentales también redibujarían las fronteras para darle partes del territorio habitado por los kurdos a sus protegidos: Siria, en el caso de los franceses, e Irak, para la que Reino Unido reclamó la rica zona petrolera de Mosul.

“Los aliados dibujaron las fronteras en función de sus intereses”, explica Murat Nisancioglu, del servicio turco de la BBC.

“Y ya luego los proyectos nacionalistas a lo interno de los nuevos países, como Turquía, hicieron todo lo posible por aplastar cualquier oposición”, agregó.

Luchando por la independencia

Movimientos independentistas kurdos surgirían luego, inevitablemente, en Turquía, Siria, Irak e Irán.

Pero nunca conseguirían el apoyo real de Occidente, más preocupado por lo que las pretensiones kurdas podía significar para la estabilidad regional.

Y la orientación comunista del PKK –el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, la principal fuerza independentista kurda en Turquía, considerada una organización terrorista por el gobierno de Ankara y sus amigos occidentales– tampoco le ayudaría a los nacionalistas kurdos a granjearse la simpatía de EE.UU. y sus principales aliados.

En la actualidad, Turquía está inmersa en un proceso de paz con el PKK marcado por un acuerdo de cese del fuego alanzado en marzo de 2013, el que muchos esperan represente el final de una lucha armada que inició en 1984 y ha causado más de 40.000 muertos.

Pero el objetivo declarado no es independencia, sino autonomía.

Y el máximo líder el PKK –Abdullah Ocalan, en la cárcel desde 1999– ya advirtió que si Turquía deja que Kobane caiga en manos de Estado Islámico, las conversaciones llegarán a su fin.

En ese contexto, las cada vez más fuertes protestas de los kurdos en Turquía y los recientes ataques del ejército turco en contra de posiciones del PKK –los primeros en dos años– no auguran nada bueno para las negocaciones en Turquía.

Mientras en Irak y Siria el cada vez mayor protagonismo de los kurdos, y las menciones cada vez más frecuentes a la posibilidad de su independencia, también ha generado nerviosismo entre las poblaciones no kurdas con las que comparten algunas áreas y ciudades.

Porque la posibilidad de un Kurdistán independiente está de nuevo en el tapete, con más fuerza que nunca.

Aunque está por verse si esta vez las fuerzas se alinearán del lado de los kurdos, por primera vez.

En: BBC

Ver: ¿Por qué Turquía se resiste a intervenir frente a Estado Islámico?

Ataque químico a Halabja

Continúa leyendo “Quiénes son los kurdos y por qué todavía no tienen un Estado”

Kobani and the Future of Turkish Democracy

Why the Military May Get the Upper Hand

Turkey has anticipated Syrian President Bashar al-Assad’s downfall ever since protests first broke out in Syria in 2011. It has been disappointed at every turn, though, and now it is not only Assad who is in trouble but Turkey as well. The way in which Ankara has responded to the violence across its border has upended its own political balance and re-empowered its military. It has also brought the peace process that Turkey started with the Kurdish movement to the brink of collapse.

On October 2, the Turkish parliament voted to allow Turkey to send troops across its southern borders into Syria to deal with “risks and threats against our national security along Turkey’s southern land borders.” The decision was widely interpreted as signaling that Turkey would be going to war with the Islamic State in Iraq and al-Sham (ISIS), the terrorist group that has overrun much of Iraq and Syria. Yet the preamble of the troop authorization neglects to mention ISIS and, instead, refers to the Kurdistan Workers’ Party (PKK), the militant group that has fought against the Turkish state since 1984. On October 4, Turkish President Recep Tayyip Erdogan defended the authorization by stating that “ISIS and PKK are the same” and rhetorically asking why the world is not as enraged about PKK activities as it is about ISIS. In one fell swoop then, he raised serious doubts about his government’s intentions of taking the necessary steps to accommodate the Kurds and the PKK as part of ongoing negotiations

Kurds in Turkey and Syria even believe that Ankara is still offering covert aid to ISIS in its efforts to cleanse the Kurdish population of Syria from areas adjacent to Turkey’s borders. Such accusations first arose in 2012, when Rojava — the Kurdish region in Syria — declared autonomy. In response, the Turkish government retorted that “We are not going to allow any fait accompli in Syria” and then sent support to Jabhat al-Nusra, an al Qaeda affiliate that attacked the Kurds. And now, as ISIS has laid siege to the Kurdish town of Kobani, which is held by a PKK-affiliated party, Turkey has come to face new accusations of complicity for failing to intervene. Last week, Abdullah Öcalan, the jailed leader of the PKK, warned that the fall of Kobani would end the peace process in Turkey. Cemil Bayik, the co-leader of the PKK’s civilian arm, said that if Ankara were to look the other way as Kobani fell, the war would restart in Turkey. He remarked that a “buffer zone (which Turkey plans to establish) would be targeting us. We cannot pursue [peace] with a power that crushes what has been achieved in Rojava.”

So far, at least, Erdogan and the Kurdish movement are still implicitly allied. Indirect Kurdish support has been, in many ways, crucial for Erdogan. The relative peace since the PKK agreed to a unilateral cease fire last year has benefited his regime. And it mattered that the Kurdish movement remained neutral, with a pro-government tilt, during the Gezi protests 2013. If the Kurds had also joined in, Erdogan would have faced a much more difficult challenge.

Öcalan hopes that accommodating Erdogan will pay off — that the Kurds will get what they covet, namely some form of autonomy for the Kurdish-dominated parts of Turkey and that he himself will be released from jail. Yet that logic was always flawed. After all, it makes little sense that Erdogan would be prepared to (or could somehow be induced to) devolve power to the Kurds while he is otherwise concentrating all power into his own hands. The Kurdish leaders must know that Diyarbakir, the Turkish Kurds’ unofficial capital, will not get more democracy while Ankara gets less; however, they have had no choice but to put their faith in Erdogan.

Erdogan, for his part, has a continued interest in stringing the Kurds along. But the turmoil in Syria is forcing both sides’ hands. The Kurds have had to deal with growing anger among their younger generation, who are incensed at what they see as Turkish complicity in the assault on Syrian Kurds. That pushes the Kurdish leadership into a more radical stance. Meanwhile, the growing insecurity on Turkey’s southern borders is pushing Erdogan to be more attentive to the views and recommendations of the military.

On August 30 this year, the Turkish military high command went public with its displeasure with the peace process. Necdet Özel, the Chief of the General Staff, expressed dissatisfaction at not having been consulted by the government. He reminded the country that the military’s red lines — the unity and the territorial integrity of the nation — remain unchanged. He vowed that the armed forces will “act accordingly” if those red lines were to be crossed. Özel’s thinly-veiled message to the government was that Kurdish self-rule would not be tolerated.

Before the Turkish parliament voted to allow troops to intervene in Syria and Iraq, Özel and the army and air force commanders held a briefing — the first of its kind in years — for the government. The generals requested that the government move quickly to establish buffer zones at four points in Syria — one of them including the Kurdish town of Kobani — in order to preserve Turkey’s security interests. They said that this should be done even if the United States disapproves. The details of the briefing were reported in the main pro-government daily Yeni Safak, which observed that “The presidency, the military and the government nowadays speak with one voice.”

The last time the Turkish military was in a similar position to shape the policies of a civilian government was during the 1990s, when the war between the PKK and the Turkish state escalated. It is now set to wield power once more as security threats mount. The AKP had supposedly domesticated the military by jailing hundreds of officers and by asserting the authority of the elected government in the National Security Council, which used to be dominated by army generals. But the officers were freed earlier this year after the country’s constitutional court ruled that the officers’ rights had been violated. Perhaps in trying to make lemonade out of lemons as the military grows stronger, Erdogan has come to see military support as crucial to help him root out supporters of his erstwhile ally turned enemy, the U.S.-based cleric Fethullah Gülen, within the state bureaucracy.

And, at any rate, Erdogan is a rightist, so it is not a terribly big step for him to embrace the generals’ views on the Kurdish issue. Historically, democratically elected rightist governments have been just as prone as the military to curtail freedoms and liberties. In this light, the anti-Kurdish alliance of Erdogan and the generals is but the latest affirmation of the nationalist–conservative identity at the core of the Turkish republic; civilian rightist governments and the military alike have subscribed to it.

But the effects of the Syrian turmoil could also be a catalyst for a political realignment that would put Turkey on a different, more democratic trajectory. For the Kurds, restarting hostilities is a dead end: They simply cannot defeat Turkey. The alternative for the Kurdish movement is thus to explore the possibility of an alliance with the social democratic Republican People’s Party (CHP). A de facto alliance did in fact emerge during the vote to authorize the military incursion into Syria and Iraq. Against the pro-war camp — which included the AKP and the anti-Kurdish Nationalist Action Party — stood an anti-war coalition composed of the CHP and the pro-Kurdish People’s Democratic Party (HDP).

The CHP and HDP share a common social democratic ideology, but they are also divided by nationalism. CHP has become more consistently social democratic under the leadership of Kemal Kilicdaroglu, but the party still has a vocal, Turkish nationalist wing that would not be comfortable with a broad Turkish–Kurdish social democratic coalition. Still, the strong showing of HDP co-chairman Selahattin Demirtas during the recent presidential election might change some minds. Although the pro-Kurdish party does not usually attract more than six percent of the votes nationwide, Demirtas received nearly ten percent. He did so by highlighting liberal and leftist themes that resonated with urban liberals and Turkish and Kurdish social democratic constituencies.

The HDP and CHP are in the process of exploring the possibility of some form of cooperation in the upcoming parliamentary elections slated for 2015. For that to happen, though, both parties would have to undergo significant changes and distance themselves from their respective nationalist strains That is, in all probability, a long shot, especially in the case of the CHP. But if Turkish and Kurdish social democrats were to present a united front, Turkey would get what it has lacked since the 1970s, a strong social democratic alternative to the dominant, authoritarian right.

Unfortunately, given Turkey’s history, it is more likely that growing insecurity and heightened conflict is going to further entrench authoritarianism.

By: Halil Karaveli

En: foreignaffairs

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