Camino Sinodal alemán es parte de un proceso universal

7:00 p.m. | 8 jun 22 (CNS/NCR).- Uno de los casos más avanzados de trabajo de Iglesia en conjunto (clero y laicos) se da en Alemania. En el llamado “Camino Sinodal” se discuten varias reformas para afrontar los problemas actuales más serios de la Iglesia. Pero, esas consultas sinodales han causado preocupación en varios obispos (de otros países) quienes a través de una carta incluso han advertido un “potencial de cisma”. El presidente del episcopado alemán, Georg Bätzing, ha lamentado las “acusaciones sin fundamento” de la misiva, que, según explica, “ni siquiera aborda las preocupaciones reales de la reforma”. Desde la Santa Sede, tanto el Papa como el Sec. General del Sínodo afirmaron no estar preocupados. El vaticanista M. Sean Winters comenta por qué el Camino Sinodal alemán puede ser difícil de aceptar para algunos en la Iglesia, pero resalta la necesidad de su trayectoria y de sus resultados.

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El presidente del episcopado alemán, Georg Bätzing, ha lamentado las “acusaciones sin fundamento” de una carta firmada por más de un centenar de obispos, que expresan su preocupación por el Camino Sinodal de ese país, que votó una serie de reformas en febrero, luego de un trabajo conjunto de laicos y obispos. “Ni siquiera aborda las preocupaciones reales de la reforma” señaló Bätzing de la misiva que incluso advierte un “potencial de cisma” por esas consultas sinodales. Desde la Santa Sede, tanto el Papa como el Sec. General del Sínodo afirmaron no estar preocupados. El vaticanista M. Sean Winters comenta por qué el Camino Sinodal alemán puede ser difícil de aceptar para algunos en la Iglesia, pero resalta la necesidad de su trayectoria y resultados.

El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana ha respondido a una carta abierta de más de 100 obispos de cuatro continentes y ha expresado su sorpresa por algunas de las cosas que han dicho -y por otras que no han dicho. Mons. Bätzing inició agradeciendo a los obispos por su carta y dijo que se alegraba que se tomaran en serio el proceso del Camino Sinodal de Alemania. Pero les aseguró que este proceso “no socava de ninguna manera la autoridad de la Iglesia, incluida la del Papa, como ustedes escriben”. Luego, Bätzing recordó al arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, y a otros firmantes procedentes de Norteamérica, África, Italia y Australia, que la decisión de emprender el Camino Sinodal era para encarar las causas sistémicas de los abusos y su encubrimiento. Dijo que era “nuestro intento de renovar una proclamación creíble de la Buena Noticia”.

“Esta ocasión y este contexto son especialmente importantes para nosotros, pero, por desgracia, no se mencionan en absoluto en su carta. Me extrañaría mucho que usted y los firmantes de la carta abierta no vieran la importancia de la necesidad de afrontar la cuestión de los abusos como Iglesia y de sacar conclusiones para la Iglesia y sus estructuras”. El obispo Bätzing dijo que era importante hablar abiertamente sobre el poder y el abuso de poder en la Iglesia.

“Disfrazar de forma eufemística, como se intenta hacer en su carta, no ayuda realmente”, dijo el obispo. “Desgraciadamente, ese abuso de poder -también por parte de las autoridades episcopales- no es sólo cosa del pasado, sino que se da también en el presente y conduce a violaciones masivas de los derechos y de la integridad personal de los fieles y de los religiosos. La participación de los fieles en la toma de decisiones en todos los niveles de la acción eclesiástica (a esto nos referimos cuando hablamos de separación de poderes) no perjudicará en absoluto la autoridad del cargo jerárquico, sino que le dará una nueva aceptación entre el pueblo de Dios, estoy convencido de ello”.

Además, Bätzing asegura en su respuesta que ha hablado del asunto “en varias ocasiones” con el papa Francisco quien, recuerda, escribió una carta a los católicos del país invitándoles a participar para “dar una respuesta franca a la situación actual”. “Nadie puede reclamar el Espíritu Santo para sí mismo o negar a otros el intento serio de escucharlo”, espetó Batzing a los críticos.

Con respecto a la carta de los obispos, esta señala que “los acontecimientos en una nación repercuten inevitablemente en la vida eclesial en otros lugares”. Además, plantea siete críticas, entre ellas “no escuchar al Espíritu Santo y al Evangelio”, basarse más en “el análisis sociológico y las ideologías políticas contemporáneas, incluidas las de género” que en la Escritura y la Tradición, y estar demasiado centrado en el “poder” y la “autonomía”. El proceso del Camino Sinodal, en casi todos sus pasos, “es el trabajo de expertos y comités”, dice la carta, calificando el proceso de “burocrático, obsesivamente crítico e introspectivo”.

Sin embargo, es de conocimiento público que el Camino Sinodal incluye foros en los que se discuten cuestiones y asambleas en las que las personas de los foros informan y las propuestas se discuten y votan. Algunos textos no sólo deben recibir la aprobación de más de dos tercios de todos los delegados, clérigos y laicos, sino también de más de dos tercios de los obispos. El obispo Bätzing dijo que todo el proceso se organizó en torno a la misa y la oración. Además, remitió a los firmantes de la carta al texto de orientación de la página web del Camino Sinodal:

“El Camino Sinodal, como se describe detalladamente en el Texto de Orientación, no está orientado a teorías sociológicas efímeras o ideologías seculares, sino a las fuentes centrales del conocimiento de la fe: La Escritura y la Tradición, el magisterio y la teología, así como el sentido de la fe de los creyentes y los signos del Evangelio interpretados a la luz del mismo. Esta orientación fundamental, en una cuidadosa reflexión teológica, determina las deliberaciones del Camino Sinodal”. Por ello, dijo que nadie puede pensar que la Iglesia católica en Alemania esté en peligro de convertirse en cismática. Más bien ha dicho que la iglesia alemana está haciendo exactamente lo que el Papa pidió a los católicos de la nación en 2019, es decir, embarcarse en un “viaje espiritual para pedir la guía del Espíritu Santo”.

Frustración con el Camino Sinodal no debe desviar el camino de la sinodalidad

En las reuniones de los católicos alemanes a principios de este año, el cuerpo sinodal votó públicamente un documento en el que se pedía la presencia de mujeres diáconos y la participación de los laicos en la selección de los obispos, además de pedir flexibilizar la norma del celibato para el clero y algún tipo de bendición de las uniones entre personas del mismo sexo. Con respecto a los firmantes de la carta, la mayoría no sorprenden: El cardenal Raymond Burke; el cardenal Francis Arinze; el arzobispo Salvatore Cordileone de San Francisco; dos arzobispos retirados, Charles Chaput y Joseph Kurtz; y varios otros prelados. Muchos de los nombres coinciden con las listas de obispos que expresaron su apoyo al desacreditado ex nuncio, el arzobispo Carlo Maria Viganò, cuando pidió la renuncia del papa Francisco. Ese fue un asunto mucho más grave que esta carta a los obispos alemanes.

Un nombre de la lista de firmantes me llamó la atención: El obispo Michael Warfel de Great Falls-Billings, Montana, a quien siempre considero un pastor ante todo, sin ninguna carga ideológica especial. Escribí a Warfel y le pregunté por qué lo había firmado. “A medida que he ido leyendo sobre el Camino Sinodal y el documento fundamental elaborado a partir de él, han ido surgiendo inquietudes”, respondió en un correo electrónico. “Por lo que he leído, hay una indicación de un deseo de cambiar la disciplina y la doctrina de la Iglesia. Aunque hay múltiples disciplinas que pueden ajustarse, por ejemplo, el celibato obligatorio, la doctrina es un asunto diferente, especialmente cuando los delegados del Camino Sinodal apuntan a una doctrina irreformable”.

Otros disciernen un patrón de oposición a Francisco en la carta enviada a los obispos alemanes. “Esta carta está en consonancia con las tácticas de las cartas anteriores emitidas durante este pontificado: la carta ‘secreta’ durante el primer sínodo sobre la familia, la infame dubia y el resto”, dijo David Gibson, director del Centro sobre Iglesia y Cultura de la Universidad de Fordham. “El subtexto muy aparente es que el Papa no está haciendo su trabajo ‘así que lo haremos por él'”.

“Esta carta es más bien sorprendente si se considera lo que sucedería si un grupo de obispos de Alemania o Italia o de cualquier otro lugar escribiera a cualquier otra iglesia local reprendiéndolos por sus muchas faltas, algunas de las cuales podrían caracterizarse como casi cismáticas”, me dijo Gibson por correo electrónico. “La oposición al papa Francisco, al Vaticano II, a las enseñanzas clave del papa en Amoris Laetitia y Laudato Si, el uso de grandes riquezas e influencias para fomentar las divisiones en la Iglesia, la subvención de la antigua misa en latín como fuente de división -todas estas cosas son graves problemas para la unidad de la Iglesia”.

Supongo que me sitúo en un punto intermedio, menos impulsivo que Warfel y menos suspicaz que Gibson. La preocupación por la “confusión” (inquietudes) se ha expresado antes y a veces de forma poco sincera. Pero la preocupación no es necesariamente falsa. Hay sacerdotes como Warfel que necesitan atender a los miembros de su feligresía que se quedan perplejos cuando, por ejemplo, el cardenal de Múnich-Freising, Reinhard Marx, sugiere que el tratamiento de la homosexualidad en el catecismo podría modificarse y mejorarse. Los párrocos no están equivocados al preocuparse por mantener el equilibrio entre la constancia y la relevancia en la presentación de la enseñanza de la Iglesia.

Sin embargo, la confusión es compleja y los críticos de la evolución de la doctrina no tienen derecho de veto. Los catecismos son intentos de explicar la fe en un tiempo y lugar determinados. Por supuesto, pueden cambiar. Además, el tratamiento de la homosexualidad en el catecismo actual es manifiestamente inadecuado. Pastoralmente, el lenguaje es un desastre. No es nada difícil percibir las limitaciones del actual lenguaje catequético sobre el tema de la homosexualidad. Aun así, el problema de fondo es diferente. Para que la sinodalidad funcione, tenemos que preocuparnos menos de cómo se dicen las cosas y centrarnos más en el contenido de lo que se dice. La Iglesia se enfrenta a grandes cuestiones y la sinodalidad exige respeto y paciencia.

El Camino Sinodal alemán forma parte de un proceso universal. Los obispos alemanes han dejado claro que entienden que ciertas cuestiones doctrinales sólo pueden ser desarrolladas por la Iglesia universal. El revuelo sobre esta carta a los obispos alemanes enseña sobre el proceso y sus límites, no sobre cómo terminará el proceso sinodal. No podemos dejar que una serie de tempestades en vasos de agua hagan descarrilar lo que puede resultar ser la implementación más importante de la visión eclesiológica del Vaticano II en nuestra vida.

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Fuentes

Catholic News Service / National Catholic Reporter / Foto: Arne Dedert – DPA

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