Para recordar al P. Felipe Mac Gregor S.J.

Padre Felipe Mac Gregor

5.00 p m| 23 set 14 (BUENA VOZ).- El 20 de setiembre se cumplieron 100 años del nacimiento del padre Felipe Mac Gregor, rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú entre 1963 y 1977. Durante sus catorce años como rector, dirigió el gran plan de renovación y modernización institucional. También se desempeñó como provincial de los Jesuitas en el Perú entre 1958 y 1962, así como presidente de la Asociación Peruana de Estudios e Investigación para la Paz.

El viernes 19 se recordó el Centenario de su nacimiento con una Misa en el campus de la PUCP, concelebrada y presidida por Juan Carlos Morante, Padre Provincial de la Compañía de Jesús, y ante la presencia de numerosos profesores, personal administrativo y estudiantes. La homilía, que reproducimos a continuación, recordó detalles trascendentes de una vida que acogió y respondió a los signos de los tiempos.

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Felipe E. Mac Gregor es una de esas personalidades que construyen un personaje bastante desmesurado. La memoria que tenemos del P. Mac Gregor haría sonreír a Felipe, la persona.

Sin proponérselo, creo, acabó destacando internacionalmente. Su nombre está asociado a varios movimientos claves de la historia de su época: la cultura de paz, la aplicación de las normas del Concilio a las universidades católicas, el desarrollo de las ciencias sociales en el Perú, y a la construcción de una comunidad jesuita y de una Iglesia que respondiera a los signos de los tiempos.

Siempre es posible distinguir el recuerdo público del recuerdo íntimo. El recuerdo público rescata los actos y su coherencia interna y, como toda buena historia, tiene un inicio, desarrollo y fin: el personaje ya no vive, ha cerrado su etapa. El recuerdo privado no logra asir todas las dimensiones, colecciona anécdotas que permiten intuir a la persona, que para los cristianos sigue viviendo, sigue actuando. Intentaremos ir más bien por esta segunda pista que por la primera.

Responder a los signos de los tiempos puede quizás resumir el esfuerzo de toda la vida del Mac Gregor que conocimos muchos de los que aquí nos reunimos a celebrar el centenario de su nacimiento. Este mandato del Concilio toma pie de una frase bastante dura del evangelio (Mt. 16,3) en la que Jesús responde a “los buenos de la época” (fariseos y doctores de la ley) que le piden “un signo del cielo”, increpándolos por no reconocer “los signos de los tiempos”. La Gaudium et spes (Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual) usa la idea en dos acepciones: los signos de la época que serán interpretados a la luz del Evangelio (GS 4) y los signos de la presencia de Jesús (GS 11). La vida del P. Felipe se puede leer en ambas claves.

Otros pueden atender otras dimensiones. Yo podría decir que Mac Gregor persona era un jesuita de dos mundos. Fue formado en la lógica preconciliar y había en su manera de ser muchos de los hábitos de contención y cultivo de la soledad propios de la disciplina preconciliar. Quienes convivimos con él supimos de su cultivo del yoga y de la audición en solitario de piezas de música clásica. Oración personal, silencio, ascesis hicieron parte de ese mundo. Y también las buenas maneras, cierto talante de superior a la antigua usanza que enfatizaba esa especie de reserva, control del carácter, discernimiento, y capacidad de pensar en grande a la Mayor Gloria de Dios. En algunos casos, como en el de la fundación de la Universidad del Pacífico o la transformación de la Católica tuvo éxito, en otros menos conocidos (la casa de formación de los jesuitas en Huachipa) no tanto. Pero en todos los casos, y sin aspavientos, tuvo una talla mayor a la de muchos nosotros.

Entre los jesuitas lo recordamos también por otro hecho excepcional que recoge el P. Armando Nieto en una breve biografía “fue el primer jesuita peruano, después de 191 años, que llegaba a ese cargo (de Provincial); ya que cuando Carlos III decretó la expulsión de la Compañía (1767), el Provincial de entonces era el limeño P. José Pérez de Vargas, muerto en el destierro de Massacarrara en 1786”.

Pero quizás el ámbito de mayor interés para la PUCP, y sobre el que yo tuve una larga experiencia, es el de su preocupación universitaria. Muchas de sus ideas han definido la universidad que somos. Algunas son evidentes. Nuestro campus y su estructura básica fue su creatura; y la idea de que convivir en el mismo espacio sería bueno para la circulación de las ideas entre culturas académicas y de especialidad, diversas. También la incorporación de las ciencias sociales a la ecología institucional, una intuición promovida por los mandatos del Concilio sobre los signos de los tiempos. No se equivocan los adversarios cuando atribuyen a Mac Gregor la paternidad de esta característica distintiva de la PUCP. Para Mac Gregor la universidad debía ser una sociedad profética en ambos sentidos bíblicos: escudriñar el futuro y contrastar el presente con el proyecto del Padre.

Entre los temas más importantes con los que Mac Gregor selló nuestra universidad estuvo su planteamiento sobre la autonomía universitaria. Concluido el Concilio, incluyó dentro de sus tareas la reflexión sobre los destinos de las universidades católicas. Así, luego de participar en 1967 en el encuentro de Universidades Católicas norteamericanas que produjo el Land O’Lake Statement o Declaración de Wisconsin, tiene en 1968 la conferencia principal en el VIII Congreso mundial de universidades católicas en Kinshasa, Congo. En ambos documentos se realiza, con ideas tomadas del Concilio, una sustentación rotunda de la necesidad de autonomía para que la universidad católica cumpla su función. Autonomía del Estado, por supuesto, pero también de otras instancias incluso eclesiales.

Cuando un año después, en 1969 el Gobierno de las Fuerzas Armadas promulgó una nueva ley universitaria que planteaba mecanismos de elección de autoridades basados en el claustro de profesores, con participación estudiantil, nuestra universidad, bajo la conducción del P. Mac Gregor, renunció a cualquier excepción o privilegio, y, con el respaldo del Gran Canciller, Cardenal Juan Landázuri Ricketts, y la convicción de estar siendo fiel a la naturaleza de la universidad según el Concilio, registró en sus Estatutos la idea de que la PUCP es una comunidad autónoma de profesores, alumnos y egresados.

Esa naturaleza por supuesto, incluye un nuevo énfasis universitario en la argumentación de la fe. Una carta de 1972 contiene la clara indicación de que la enseñanza de Teología es uno de los cuatro puntos cardinales en la organización de todos los Estudios Generales, siendo los otros tres Lengua, Filosofía y Matemáticas.

Un aspecto poco destacado de su formación y que explica varias de sus iniciativas fue su formación norteamericana. Entre ellas está la idea del campus como ciudad universitaria, la idea de los estudios generales como suerte de liberal arts de ciencias y letras que superen el previo bachillerato en Letras, las pistas sobre Ciencias Sociales, etc.

Ser al mismo tiempo un chalaco de corazón y un ciudadano global, mucho antes de la globalización, lo habilitaron para participar en emprendimientos del más alto nivel como el de la Universidad de Naciones Unidas y para regresar de sus múltiples viajes lleno de ideas y proyectos para la universidad y el país.

Su último tema quizás ha sido el más mencionado en las más recientes reseñas. El fin del gobierno militar, que coincidió grosso modo con el fin de su largo rectorado, dio paso a una etapa de violencia inédita en el país. Aunque al inicio -perros muertos y ánforas quemadas- no preludiaban los años dramáticos de finales de la década, pronto Mac Gregor con un grupo de académicos, diplomáticos y militares, funda en 1983 la Asociación Peruana de Estudios e Investigación para la Paz que lidera los estudios sobre violencia estructural; concepto propuesto por la Doctrina Social de la Iglesia y por Johan Galtung. Darle entidad empírica a estos conceptos construyó no solo un nuevo modo de mirar las muchas caras de la violencia y las políticas de seguridad, sino que abrió paso a la idea de Cultura de Paz como opuesta a la Cultura de Violencia y a un corolario muy potente para nuestra universidad: el verdadero objetivo de la educación es dar al hombre seguridad cultural. Su trabajo pionero en el mundo por la Cultura de la Paz ha sido reconocido mundialmente por la UNESCO, que le otorgó en el año 2000 el Premio “Ghandi”.

Cuando recordamos a quienes ha partido, decimos “descanse en paz”, pero no es esa la paz del P. Mac Gregor, que sigue colaborando en la construcción del Reino, mantiene una presencia entre nosotros, y sigue siendo fuente de retos todavía más ambiciosos.

Homilia a cargo del Padre Rómulo Franco SJ.

Misa PUCP - Padre Felipe Mac Gregor

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