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Acerca de ANIBAL QUIROGA LEON

Profesor Principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Profesor en el Pre y Postgrado de la USMP. Ex Profesor de la Universidad de Lima y de la UPC

UN PRESIDENTE CON POCO SWING

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Aníbal Quiroga León ([1])

Se tiene o no se tiene swing. Swing, que proviene del jazz, en una acepción común, significa oscilar, balancearse, mecerse, blandir, girar: son significados que refieren un movimiento armónico, que va desde el interior hacia afuera del cuerpo hasta convertirse en aura e identifican a una persona con armonía al son del momento o del ambiente o de la música, con ritmo, con cadencia. Con swing.

Las explicaciones presidenciales acerca del affaire Swing en el Ministerio de Cultura dejaron más interrogantes que respuestas.  La diosa fortuna le jugó una mala pasada al Presidente Vizcarra e hizo que -en la tinka de las “conferencias de prensa verticales y regladas”- la última pregunta sorteada a “Exitosa” había consignado el dardo envenenado del affaire Swing en -nada menos- que el Ministerio de Cultura, entre las explicaciones que se debía al país y que inesperadamente tocaba en el bajo vientre presidencial.  Sorprendido, inconexo e impreciso, el Presidente acusó el golpe y, casi sin aire, intentó algunas respuestas que no convencieron a tirios ni a troyanos, dejando abiertas aún mayores interrogantes.

La bola de nieve empezó a crecer,  y lo que parecía una ridiculez de poca monta (la contratación en los últimos años de una persona -a ojos vista- de muy dudosas cualidades artístico/profesionales, nada menos que en el ministerio que debiera representar la expresión cultural de un Perú milenario y rico en su pasado y presente) se convirtió en medio de una indómita pandemia en una crisis política de proporciones que se trajo abajo a la Ministra de Cultura como máxima responsable política del momento, pudiendo arrastrar hacia la Fiscalía Anticorrupción a los últimos ministros del sector, ya que la relación con el “artista” de marras viene de varios periodos y suma la friolera de S/ 175,000.-, donde los últimos pagos fueron comprometidos y hechos en plena crisis sanitaria con escasez de camas hospitalarias, medicamentos, camas UCI, respiradores artificiales y hasta los elementales balones del vital oxígeno para mantener con esperanzas a los contagiados más graves. Un verdadero e indolente escándalo.

A eso se sumaron los programas del fin de semana, que hicieron del tópico la delicia política del momento, con un video protagonizado por el mismísimo actor principal en el que se ufana -al parecer en estado no muy ecuánime- de haber “renunciado” a la ministra, que ésta fue “atrevida”, que todo este escándalo le ha traído una invaluable fama y que hasta se ha llegado a probar un “fajín ministerial”.

El problema no sería más que  peccata minuta en la administración pública -como lo sostiene nada menos que la siempre entusiasta Ministra de la Mujer- tan proclive al favorecimiento de los familiares y amigotes de turno, sino fuera porque atañe directamente al Presidente de la República, quien ha terminado por admitir conocer al personajillo desde la campaña presidencial del 2016, de la que él fue nada menos que su jefe, y en la que aquél fue partícipe colaborador, de los selfies en que el protagonista de marras se exhibe con el propio Jefe de Estado, en Palacio de Gobierno, y con otras autoridades y ex autoridades, de sus ingresos a la todopoderosa Secretaría General de la Presidencia de la República; lo que hace indicar como “elementos de convicción” -como los fiscales anticorrupción  llaman a sus hipótesis de investigación- que su contratación habría sido irregularmente “direccionada” desde las alturas del poder.  No hay otra explicación.  Y eso conlleva claras responsabilidades legales.

Los agentes del actual marketing político hablan de los “bullets”, como frases cortas que se repiten machaconamente para que queden en el imaginario popular. Los llamados “bullet points” son frases cortas que recogen las características o ideas principales de un producto (en este caso, político). El destinatario (nosotros) deberíamos ser capaces de entender lo que es el producto, o lo que hace, (o lo que se quiere) en base a estos “bullet points”. El Presidente los usa permanentemente, y en algunos caso le soplan “bullets” importadas que no son originales, que son mera copia, como -por ejemplo- “el Perú primero”, tomada de la política norteamericana “America First”, utilizada como lema tanto por demócratas como por republicanos. Con la Primera Guerra Mundial, el presidente Wilson la usó para definir su versión de la neutralidad, así como el periodista Hearst. El lema también fue elegido por el presidente Harding durante la elección 1920. Durante la elección presidencial de 2008, el republicano McCain utilizó el parecido el “País Primero” como una de sus consignas.  Otra fue tomada del Presidente de Gobierno Italiano: “Debo alejarme hoy, para poder abrazarte mañana”. Y las otras son creación autóctona: “nos apegamos estrictamente a la Constitución”; “en nuestro gobierno hay tolerancia cero a la corrupción”; “todos los funcionarios públicos que prestan servicio al Estado han sido convocados por estricta meritocracia”; etc.

El Presidente se volvió referir en su última “conferencia de prensa” al escándalo Swing, luego de juramentar al nuevo Ministro de Cultura obligado -precisamente- por ese mismo escándalo, acotando que lo conocía de lejitos, y que si en todo caso había colaborado en la campaña presidencial -de la que él fue jefe- eso no le daba derecho a medrar del erario nacional, ya que quienes participaban de la gesta pública lo hacían única y exclusivamente por la “meritocracia”, por su valía profesional, soltando uno de sus “bullets”, para luego recargarse y disparar otro “bullet”, ese de que hoy ya no funciona el “tarjetazo” como en el pasado con otros había sucedido, sobre todo, con los partidos políticos en el poder. ¿Cree el Presidente que con esta alocución se habrá quitado de un plumazo el problema de encima, y que ya no será su responsabilidad, y que la Fiscalía Anticorrupción hará su trabajo para hallar a los verdaderos responsables, “caiga quien caiga”, ya que su Gobierno del no partido, es muy diferente de los anteriores?

Ese es quizás uno de lo mayores problemas que enfrentábamos antes de la pandemia y que, sin duda, se ha agudizado y exacerbado con esta crisis sanitaria sin precedentes: la falta de una institucionalidad democrática, en donde el esquema constitucional del sistema de gobierno ha sido profundamente alterado, donde el Ejecutivo cree que puede gobernar solo, sin Congreso, o peor aún, contra el propio Congreso, a despecho de la Constitución que diseña un sistema presidencialista atenuado con un semi parlamentarismo presente.  Y no han faltado áulicos ex funcionarios públicos y diversos analistas que no solo han aplaudido ello, sino que le han alentado a proseguir en esa equívoca senda.

No deja de ser curioso comprobar como también Velasco Alvaro y Alberto Fujimori (para no ir más atrás), salvando las distancias, los tiempos y las ideologías, coincidentes en el común denominador del autoritarismo, proclamaban una nación sin partidos políticos o contra los “partidos tradicionales”, y ya vemos ahora cuáles fueron los resultados.  Hoy se exhibe un pensamiento parecido a aquello, en que un Jefe de Gobierno (del Ejecutivo, Jefe de Estado, quien personifica a la Nación y es comandante supremo de las FFAA y FFPP, por si hay que recordárselo) cree que es bueno, que es buen legado y que es buen ejemplo, intentar gobernar sin partido, sin bancada congresal, sin tener un puente hacia el Congreso y sin diálogo con el Congreso. Por eso el espectáculo de la semana pasada: un Premier que se resistía por temor a pedir un voto de confianza que un Congreso, nacido de la improvisación, la prisa y las encuestas, con el “síndrome de Estocolmo” a cuestas, por temor se lo iba a conceder de todas maneras en medio de una grave pandemia.

En verdad, no parece que nuestros gobernantes, y sus principales colaboradores de turno, exhiban hoy por hoy, mucho swing político en sus delicadas labores de Estado, todo ello en medio de la más grave crisis de salubridad que podamos haber enfrentado (y cuyo final aún está por escribirse), ad portas del Bicentenario Nacional en que deberán realizarse nuevas elecciones nacionales: presidenciales y congresales.

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP

 

LAS OTRAS VÍCTIMAS DE LA PANDEMIA

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Aníbal Quiroga León ([1])

Luego de haber avanzado hasta donde ha avanzado la virosis del COVID-19 -que no es poco-, se constata que hay muchas más víctimas que aquellas de las que usualmente dan cuenta las estadísticas. Es decir, no solo han sido gravemente afectados en su salud los contaminados, lo han sido también sus familiares que angustiosamente han sobrellevado al enfermo so riesgo de contagio, los familiares de los lamentablemente fallecidos -que tampoco son pocos- que ni siquiera han podido despedirse, velar o enterrar a sus seres queridos, condenados a morir por esa simbiosis de enfermedad letal e ineficiencia absoluta de los servicios de la salud pública.

Además de la ingente cantidad de policías contaminados, lo que se percibe con facilidad en las calles, los que no quieren trabajar y los que se han excusado por factores de riesgo, se ha afectado la escasa seguridad ciudadana que teníamos antes de la pandemia, ya que los delincuentes también han estado a regañadientes encerrados -y sin bono-, por lo que han empezado a delinquir con mucho más fuerza y fiereza.  Tienen que ponerse al día…

También se ha afectado la institucionalidad democrática, desde que la pandemia obliga al aislamiento social y a no salir de casa, y ello colisiona con la metodología natural del Congreso, por más empeño virtual que le quieran poner, lo que en los hechos hace que el Poder Ejecutivo prácticamente gobierne solo desde septiembre pasado y no tenga interés en asociarse con el Congreso.  Para el Presiente Vizcarra, y sus credenciales democráticas, esta situación -ya lo hemos sostenido- representa una “tormenta perfecta”, ya que le permite el control casi absoluto de las personas por medio de la FFAA y PNP, de la economía nacional casi sin contrapeso de poderes, ni a quién rendir cuentas.  Su figura en solitario, como si gobernase solo en el Perú, como si no tuviese contrapeso constitucional, es algo que él ha alentado con sus cansinos mensajes casi a diario en TV -con el consabido tutorial del lavado de manos- como consecuencia de la pandemia.  Al final, el viernes pasado, ni el mismo se entendió y lució desconcentrado y exhausto. Tuvo que disculparse por ello.

Si, como bien se señaló desde estas páginas, estamos en guerra contra el COVID-19 -desde el punto de vista conceptual, no en una reducción militarista- contra un enemigo rápido, letal y desconocido, otra gran víctima ha sido la verdad.  Fue el Senador estadounidense Hiram Johnson, en 1917, durante la Primera Guerra Mundial a quien se atribuyó la frase: “en una guerra, la primera víctima es la verdad”. Veinticinco años después, durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill lo parafraseó señalando “en tiempos de guerra la verdad es tan preciosa que debería ser protegida por un guardaespaldas de las mentiras”. Por eso la prensa independiente es tan importante y, por eso mismo, en plena pandemia la libertad de expresión es sagrada e irrevocable.

Por ello, otra víctima es el disidente, el crítico, que termina amenazado y señalado con dedo acusador del poder tan solo por no comulgar con las ideas, ni con las decisiones, de quienes transitoriamente tienen la batuta del Gobierno, como lo evidenció el Dr. Ernesto Bustamante (twitter del 23.05.20), reputado epidemiólogo y ex jefe del INS, con más pergaminos y experiencia que el actual Ministro de Salud, al que -para nuestro mal- el encargo parece haberle quedado sobradamente grande.

Las otras víctimas no reconocidas son los pobres y olvidados de siempre en una nación pretensiosa que quería ser moderna y desarrollada, sin haberse mirado el interior ni haber paliado las agudas necesidades básicas y esenciales: educación, alimentación, infraestructura vial, apoyo logístico del Estado (aviones, helicópteros, camiones) y, oh desgracia, la tan necesaria salud pública con atención hospitalaria eficiente, con infraestructura decente, con personal médico y auxiliar de primer nivel pero, por sobre todo, bien remunerado.

Sabiendo, como se sabe, que nos movemos en un calendario cíclico e  inexorable, que empieza con: las lluvias de verano e inundaciones -en el mejor de los casos, “Niños” en el peor-; terremotos que nos pueden asolar en cualquier momento y lugar; friajes invernales; accidentes de gran magnitud debido a nuestra escarpada geografía o enmarañada selva; y ahora, grandes pandemias virales desconocidas, incontenibles y mortales, que nos poden de vuelta y media forzándonos a tener que “inducir al coma a nuestra economía”, como lo ha afirmado la joven Ministra de Economía.

Si todo eso ya es sabido, y es de todos los años, ¿Por qué como Estado, como Gobierno, como sociedad civil y como clase política con poder y recursos no hemos sido capaces de prepararnos adecuadamente? ¿De quién es esa responsabilidad histórica por la que hoy estamos pagando tan caro en vidas perdidas, con grave costo social e hipotecando nuestro futuro desarrollo nacional?

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP

EL CONSTITUCIONALISMO GOURMET

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Aníbal Quiroga León ([1])

El señor Presidente del Consejo de Ministros ha declarado que las discusiones, por el mismo causadas, acerca de si le corresponde comparecer ante el Congreso de la República -con su Gabinete- para exponer y debatir la política general del gobierno y las principales medidas que requiere su gestión, solicitando el correspondiente voto de confianza de que trata el Art.130° de la Constitución que, por lo demás, nunca recibió; al mismo tiempo que  exponer los actos llevados a cabo por el Poder Ejecutivo durante el pasado interregno parlamentario causado por la disolución del Congreso, conforme reza el Art.135° de la misma, son “exquisiteces técnico-constitucionales”.

Es decir, para el Premier el cumplimiento de claros y expresos obligaciones y mandatos constitucionales, resultan una delicatesen constitucional a la que, en verdad, no merece la pena prestar atención ni gastar tiempo alguno.  Como si fueran adornos intelectualoides sólo para discusiones de café de nerds constitucionales que se muerden la cola y que desconocen en verdad cómo es que funciona la cosa política, lo que él y el Presidente de la República si conocen.

Las malvadas lenguas atribuyen este tipo de expresiones a la formación jurídica (o a su ausencia, en verdad) del Premier proveniente de una universidad que no ha logrado el licenciamiento de la SUNEDU, algo que paradójicamente el propio Gobierno alienta con gran firmeza.  En casa del herrero, el cuchillo es de palo.  Como cuando el Premier confundió en televisión el principio de la libertad -aplicable a las personas naturales- para definir la función pública, que más bien se rige por el principio de taxatividad, su antónimo. Se diría, benévolamente, que de lo que adolece más bien es una adecuada asesoría ya que de cuando en cuando algún consejero bien rentado le induce a ciertos desbarros jurídico-constitucionales de marca mayor.

Ahora resulta que dar cumplimiento a un deber constitucional sobre cuya base está estructuraba la columna vertebral de nuestra forma de gobierno, y que se ha dado ininterrumpidamente y sin discusión por más de veinte años en cuatro sucesiones presidenciales sucesivas termina siendo una “exquisitez técnico-constitucional”. Una alegoría de mal gusto para de eludir un deber constitucional.

En verdad no parece ser una deficiencia en el saber jurídico-constitucional.  Se trata de algo más complicado y más profundo.  Tanto el Premier, como el propio Presidente, comulgan en una idea de democracia y de Constitución bastante alejada de su significado esencial y bastante más cercana a un pensamiento autoritario, de manera que los deberes constitucionales terminan denostados por ser producto de “mentes exquisitas”.

Nuestra Constitución perfila una democracia de presidencialismo atenuado semiparlamentaria.  Es su ADN y eso determina su viabilidad y solidez.  Por eso se exige el voto de confianza cada vez que un Gabinete inicia su andadura, por eso existen las cuestiones de confianza ministeriales y del Premier, y las censuras ministeriales y del Premier.  Cuando recaen en éste, o son protagonizadas por éste y no logra la confianza, o es derribado por la censura, se produce la crisis total de Gabinete.  Así está escrito en blanco y negro en la Constitución que los altos dignatarios han jurado solemnemente cumplir.

Lo que ocurre es que el Gobierno ha caído presa de su propio laberinto.  El Presidente anunció en TV la disolución del Congreso por una supuesta “negativa fáctica de confianza” -que ni siquiera el Tribunal Constitucional tuvo el pudor de recoger-.  Eso lo hizo con un Premier renunciado y sin Gabinete. Es decir, sin refrendo ministerial.  Luego de anunciar públicamente la disolución, recién nombró a un nuevo Premier, y al día siguiente -con éste- conformó un nuevo Gabinete con el que convalidó la disolución y el que nunca pudo concurrir al Congreso a dar cuenta de su política general y solicitar la confianza porque en los hechos ya no había Congreso en pleno, tan solo su Comisión Permanente.  En consecuencia, ingresamos al interregno parlamentario sin haberse solicitado ni obtenido la requerida confianza prevista por el Art. 130° de la Constitución.

Conformado por la vía electoral el nuevo Congreso en enero último, corresponden las dos obligaciones, la del 130° -que nunca pudo cumplir- y la del 135° por el interregno parlamentario.  Esas normas deben leerse sistemáticamente bajo el principio de la unidad de la Constitución.  ¿Es muy difícil eso? ¿En verdad es una “exquisitez constitucional”?

Un verdadero demócrata jamás rehuiría semejante responsabilidad, máxime la hora actual en que se debate el país, salidos de una inédita disolución congresal e inmersos en una emergencia nacional de grandes proporciones.

Pero no, ahora el consejero con muy mala leche le ha hecho repetir al Premier que no le corresponde solicitar el voto de confianza del Art. 130° porque su designación, y la de su Gabinete, resultan “preexistentes” al actual Congreso recién elegido.  La preexistencia es un concepto extrapolado, normalmente, de derecho de seguros, del seguro médico en particular, para excluir de una póliza la cobertura a una enfermedad “preexistente” a la firma del contrato.  Es inédito ese concepto en el derecho constitucional o en la ciencia política.  Pero vamos, siempre se puede ser innovador sin llegar a ser “exquisito”.

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP

 

EL DULCE ENCANTO DEL CONTROL Y REGULACION DE PRECIOS

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Aníbal Quiroga León ([1])

Hay políticas públicas que, pese a su rotundo fracaso en el pasado aquí, y en el mundo contemporáneo, la sociedad política pretende regurgitar, sobre todo frente a una emergencia nacional, aflorando populismos que tratan de coincidir con las grandes mayorías necesitadas y con los justos reclamos de las principales víctimas.

La pandemia del COVID-19 que nos abate tiene muchas aristas, ya que esta enfermedad aún es de etiología, tratamiento y cura desconocidos, con una velocidad de contagio y mortandad que nos aterra y, ciertamente, a nuestras autoridades ya lucen cansadas y confusas en la estrategia para hacerle frente con real eficiencia. No por nada tenemos el nivel de contagios y letalidad que tenemos, siendo hoy día Sudamérica la región más golpeada del planeta.

En estas penosas circunstancias, habiendo constatado la ineficiente infraestructura hospitalaria de la sanidad pública para hacerle frente a la pandemia con decoro, con la inmolación del personal médico y asistencial contagiado al tratar de salvar a sus conciudadanos con los escasos recursos que el Estado provee, aún en la emergencia, constatamos que nadie, en el mundo, tiene el tratamiento ni la cura eficaz para atender a los infectados, ya que ni siquiera sabemos bien cómo ataca este virus.  Porqué algunos son asintomáticos, porqué la comorbilidad acrecienta la crisis, porqué la tercera edad es más vulnerable y sin embargo hay niños y jóvenes infectados y fallecidos. En fin.

Tampoco nadie sabe, urbi et orbi, cuál es el tratamiento eficaz.  Sorprendidos mundialmente por este violento ataque, la medicina ha respondido con lo que ha tenido y ha experimentado con algunos fármacos, o la mezcla de ellos, en el entendido de que podrían ser más o menos eficaces, sin ninguna certeza hasta hoy.  Eso ha hecho que la gente se vuelque sobre las farmacias en su desesperada búsqueda, sobre todo en su versión genérica que de por sí es más barata. Pero así como inicialmente la sobredemanda de mascarillas e implementos de bioseguridad hicieron que desaparecieran del mercado internacional, y las camas UCI, y los respiradores artificiales aún con plata en la mano, así mismo esa sobredemanda de genéricos supuestamente eficaces para el tratamiento del COVID-19 han escaseado -cuando no desaparecido- del mercado.  Entonces, la respuesta es unánime: las grandes farmacias con posición de dominio las han escondido para ganar más dinero, poniendo a la venta aquellos que son de marca, que no son genéricos, por ser más caros y redituar más ganancias.

Prontamente no pocos políticos y autoridades han planteado la necesidad de regular y controlar el precio de las medicinas genéricas, desempolvando leyes de represión carcelaria al acaparamiento y especulación, con la finalidad de regular el mercado con el miedo, y así obligar a que todas las farmacias a vender al precio original, desconociéndose las reglas esenciales del mercado, sobre todo del farmacéutico, donde hay genéricos sin comprobación de bioequivalencia, con comprobación de bioequivalencia, genéricos de marca (producidos por la misma marca original, pero a menor costo) y medicamentos originales.  En toda esa gama de calidades habrá, obviamente, una gama de precios, desde los muy baratos (aquellos que teniendo la misma fórmula química carecen de comprobación científica al no haber pasado por la prueba y certificación de la bioequivalencia -que tienen un costo- y que por eso pueden ser tan baratas, pero que nadie ha comprobado su efectividad en) hasta las más caras de marca pasando por estadios intermedios de calidad.  Es decir, desde una Mototaxi hasta un Mercedes Benz.

Pero las autoridades parecen desconocer ABC del componente del precio: el costo. Bien es verdad que ante una sobredemanda el precio tenderá a subir (es regla básica de la economía) pero para eso hay que asegurar (desde el Estado) que en una emergencia no habrá escasez de medicamentos.  Si no hay escasez, la sobredemanda será atendida y no se producirá el aumento de precio.

Pero eso no se logrará con un forzamiento a que algo se venda a un precio oficial, irreal, ya que eso producirá ineluctablemente tres efectos: a) escasez, porque no garantiza atender la demanda, sino precio barato y el stock desaparecerá prontamente del mercado; b) enriquecimiento de unos cuantos, los de siempre, en el nunca bien ponderado “mercado negro”; y, 3) un efecto paradojal, ya que la regulación estatal de precios estrechará la oferta desequilibrando el mercado y desatendiendo a la mayoría. Los supuestos beneficiarios con esta política serán los verdaderamente perjudicados.  ¿Los gananciosos? Los agentes del mercado negro, los amigotes y familiares de los pocos que tengan acceso al poco stock, que se lo repartirán entre sí.

Así como no se puede regular el beneficio económico por ley, tampoco por ley se puede asegurar que la ecuación “costo+margen de ganancia+impuestos=precio” pueda ser condicionada con eficacia manipulándose desde arriba, normativamente, su resultado: el precio.  Es como querer implantar el Ministerio del Desarrollo Verdaderamente Eficiente y Rentable, con una Sub-Dirección General de la Felicidad Perpetua, algo solo imaginable en la Venezuela de hoy.

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP

LA EDUCACIÓN VIRTUAL

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Aníbal Quiroga León ([1])

Para a mis alumnos de la U. de Lima y de la UPC del curso Derecho Procesal Constitucional, en época de pandemia…

La pandemia del Covid-19 que nos aqueja trae muchas aristas para nuestra sociedad, instituciones públicas, economía y vida diaria, ya que la enfermedad aún es de origen, tratamiento y cura desconocidos, pero de una velocidad de contagio masivo y letalidad de pavor. Uno de esos tantos aspectos severamente afectados, ya que se obliga al aislamiento social y al confinamiento domiciliario -es decir, a contramano con ello-, es la educación escolar y universitaria, donde la metodología natural es congregar a un grupo de alumnos en el aula alrededor del profesor, y esas aulas conforman una entidad educativa, cualquiera sea el nivel, especialidad y grado de esa educación, desde el nido, hasta la propia universidad, llegando ciertamente al postgrado.

Lo mismo puede decirse con otras actividades sociales de masividad natural, como el cine, teatro, eventos deportivos, actuaciones artísticas, desfiles y tantas otras propias de una sociedad abierta.  Por otro lado, los domicilios son en verdad sitios de tránsito y reposo para la familia, y las actividades fuera del domicilio son las principales del ser en sociedad y las que ocupaban el mayor número de horas en el día. Nuestras casas no estaban preparadas para soportarnos a todos juntos las 24 horas del día por más de dos meses.

Ahora es al revés, y esto conlleva la necesidad de adaptarnos, aceptarlo a regañadientes y sobrellevarlo con mayor o menor tolerancia.  No todos somos iguales y no todos tenemos la misma resistencia y resiliencia.  Eso, sumado a la incertidumbre de la propia dinámica de la pandemia, donde casi a diario se dan  anuncios con tutoriales presidenciales de cómo lavarse las manos, ora optimistas, ora pesimistas (más la inevitable intoxicación informativa globalizada), cuando los trabajos, ingresos, salarios y pagos se han evaporado habiendo echado mano a los ahorros -los que tenían-, préstamos familiares o simplemente con cachuelos diarios so riesgo de contagio, se ha generado -naturalmente- mucho estrés convirtiendo a las familias en verdaderas ollas de presión que por algún lado deben desfogar.  Uno de esas válvulas ha sido el de la educación virtual y las pensiones escolares/universitarias.

Pertenezco a una generación de educación escolar/universitaria sin computadoras. Tampoco había celulares. Quien quería llamar debía esperar tiempo libre para usar el teléfono público por medio de un RIN, que es algo tan exótico de explicar como la extinción de los dinosaurios ya se daba en un contexto económico muy diferente al actual, de manera que sin entender aquello, no se alcanza a comprender por qué el teléfono público requería una ficha y no de monedas.

Dos años antes de acabar la universidad llegó la TV a color -y los controles remotos-, y solo leíamos textos escritos, sean libros, separatas o fotocopias. Luego llegaron las IBM de bolita que grababan una línea y, finalmente, las primeras PC con word perfect que hoy tendrían una lentitud y prestaciones inadmisibles. Todo esto, y sus antecedentes, parecen hoy salidos del Jurassic Park.  El internet, messenger, whatsapp y comunicación virtual en tiempo real eran solo ciencia ficción.

Sin embargo, con toda la tecnología que ahora disponemos, y con muchísimas herramientas que hacen adquirir conocimientos o comunicaciones en tiempo real, aún en grupos (webinar, zoom) y otras tecnologías, no podemos reemplazar al profesor en clase; y ningún profesor puede reemplazar a sus alumnos por una pantalla con voces remotas.  Eso, que era un complemento educativo, de pronto se ha convertido en la única herramienta para transmitir el conocimiento, para enseñar y aprender.  No hay de otra.

De un día para el otro hemos tenido que adaptarnos a regañadientes, tanto profesores como alumnos. Todavía falta saber si la metodología ha funcionado y si la educación virtual reemplaza con éxito a la presencial en toda su extensión, si los planes de estudio se cumplirán razonablemente, si el semestre o el año se han perdido, mediadamente perdido o si se han impuesto al confinamiento obligatorio. Esa es una conclusión pendiente de obtener, sobre todo en un medio que no estaba preparado, donde no todos tenemos acceso a un internet decente, a tantas computadoras en casa como se requieran para los estudiantes y los que a la vez deben hacer trabajo remoto.  Algunos alumnos hacen el esfuerzo de seguir la clase por celular, lo que sublima y angustia la tarea docente.

En este contexto los padres de familia se sienten injustificadamente estafados por colegios y universidades que están obligados a dar como puedan una educación virtual.  Comprimidos como están, olvidan -o no quieren recordar- que detrás del colegio/universidad también hay profesores, auxiliares y trabajadores -otros padres de familia igualmente afectados por la pandemia- que también dependen con gran angustia de la actividad educativa virtual.

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP

Enlace
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https://limay.pe/politica/meche-renuncia-y-repase/


 

Aníbal Quiroga León ([1])

Por fin el Congreso corto puso a votación en sesión virtual -como la realidad impone- la renuncia que en su día hizo la Segunda Vicepresidenta de la República, culminando con ese nirvana constitucional de tener una vicepresidenta renunciada, pero que no era efectiva al no estar aceptada por un Pleno que no existió al momento de formularse.

La Constitución exige que la plancha presidencial a ser elegida conste de tres candidatos: un presidencial y dos vicepresidenciales con un orden prelativo.  De esa manera se les elige al mismo tiempo, con los mismos votos y la misma legitimidad, de eso no queda duda.  Y eso mismo marca la línea de sucesión presidencial: en defecto del elegido presidente, asume el primer vicepresidente y, en defecto de éste, el segundo vicepresidente.

Ahora tenemos a un Presidente que carece de Vicepresidentes; uno, porque él mismo fue un vicepresidente que asumió la presidencia llamado por la sucesión y, la otra, porque se apartó de la vicepresidencia por renuncia irrevocable.

Una vez aprobada la renuncia de la segunda vicepresidenta, se escucharon voces en el Congreso corto anunciando una supuesta responsabilidad constitucional por los actos y hechos congresales ocurridos la aciaga noche del cierre del anterior Congreso, que ciertamente fue muy discutible constitucionalmente, a despecho de la posterior convalidación de la ajustada mayoría del Tribunal Constitucional de enero último.  Pero esa decisión, inédita en la historia constitucional del Perú, fue polémica y discutible, tanto así que marcó un parteaguas en el constitucionalismo doméstico (entre el opositor y el oficialista) y de eso dan cuenta los sesudos votos en minoría del TC que hablan desde un acto marcadamente inconstitucional rayano en el golpe de Estado, hasta la inexistencia de la mal llamada “negación fáctica de confianza” que ni siquiera la mayoría del TC -en acto de pudor- pudo recoger y que fue el pretexto blandido por el Presidente en el anuncio en TV que precedió a una decisión aprobatoria que correspondía al Consejo de Ministros que recién se dio al día siguiente, y que también se adelantó al propio nombramiento del Premier, lo que hizo sólo luego del mensaje televisado.  Esto es, volver al futuro en versión criolla…

Aquella noche nadie sabía si el Presidente había obrado bien o no.  El Congreso que se quería disolver se negó a aceptar tal decisión que -a ojos vista- parecía no reunir las formalidades constitucionales esenciales, declaró la vacancia presidencial y juramentó a la Segunda Vicepresidenta.  El tema se decantó esa misma noche, ya tarde, cuando la Vicepresidenta no logró convocar a nadie y el Presidente se lució con una fotografía, análoga a la que exhibió Fujimori luego del golpe del 5 de abril, con los Comandantes Generales de las FFAA y el Jefe de la PNP. Alea Jacta Est.

Al día siguiente la Vicepresidenta renunció a lo que había juramentado y a la propia vicepresidencia, y la PNP nunca más dejó sesionar al Congreso (ni siquiera hubo que apelar a las FFAA, bastaron los varazos policiales), y el tema se cerró alrededor del Presidente arropado en un envión de poder y popularidad. ¿Qué actos generó la juramentación simbólica de la Vicepresidenta? ¿Qué se materializó? ¿A quién o qué logró convocar? ¿Qué perjuicio causó?  La respuesta es nada: fue un acto simbólico en una noche incierta -aciaga para muchos- en que parecía que el país se debatía en una bicefalía constitucional. A las 24 horas, el tema estaba decantado.

En el derecho penal y, en general, en el derecho sancionador, no puede haber responsabilidad sin perjuicio.  Algunos le llamarán acto fallido, otros acto preparatorio y otros tentativa, si es que se quisiera rebuscar alguna responsabilidad política o constitucional o penal.  Pero en verdad, no hay ni lo uno ni lo otro.  Fue un acto simbólico, absurdo para los ganadores, valiente para los perdedores, que no trajo ninguna consecuencia, más allá del claro enojo y enemistad presidencial; pero responsabilidad, cero.  Finalmente, la historia inmediata es escrita por los vencedores, pero la verdadera historia pondrá en su día las cosas en el lugar que corresponda.

También Máximo San Román juramentó como Presidente en el CAL como acto simbólico contra el Golpe de Estado de Fujimori en 1992.  Se le reconoció como un acto valiente bajo aquellas circunstancias, pero ni siquiera a las huestes de Fujimori se les ocurrió perseguir penalmente a San Román por supuesta “usurpación de funciones”.  Sería un verdadero despropósito si eso materializa en este Congreso corto.

El ser humano es el único animal que persigue al rendido, al caído, a quien ya no representa amenaza alguna, para destruirlo totalmente. En la guerra se llama “repase” y revela el mayor grado de insanía. Los animales, más sabios, dejan ir al que se da vuelta, muestra la grupa y abandona la pelea.

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP.

Y QUÉ HAREMOS MAÑANA

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Aníbal Quiroga León ([1])

Una de las frases que más se ha repetido -llegando al hartazgo- en los casi diarios extensos monólogos presidenciales sobre la pandemia- con la tinka en las preguntas de la prensa, a las que se pretende llamar “conferencias de prensa” en un claro exceso conceptual, es que si no se hubiera hecho lo que se hizo al principio, estaríamos en medio de una catástrofe.

Esa es una verdad absoluta del tamaño de una catedral que no admite refutación.  Y eso ha sido reconocido por tirios y troyanos. Pero ese tiempo ya pasó, ya fue el inicio de la desgracia que nos azota y de las primeras medidas adoptadas. La pregunta ahora ya no es en pretérito perfecto, si ese acierto acaso da infalibilidad respecto de lo hecho después, de lo que se hace ahora y de lo que se hará mañana.  Y allí las respuestas ya no son tan simples, ni tan optimistas.  Eso se sabe desde las alturas del poder. Por eso la repetición cansina de lo obvio, por eso la “yapa” y los tutoriales presidenciales del lavado de manos, etc.

Es evidente que luego de 50 días de confinamiento obligatorio y de toque de queda nocturno, las medidas se han relajado y la gente ya no hace caso a las recomendaciones, ni a la policía, ni a las FFAA, ni a nada. El propio Ministro de Salud termina pechado por médicos y enfermeras por cuanto hospital intenta pasar. Por eso es que tratan de transferir la responsabilidad a la población desobediente e indisciplinada. Pero claro, si soy funcionario público confinado en casa, o empleado formal, a quien el 25 de cada mes le depositan su salario, trabaje o no, es fácil exigir coherencia y solidaridad.  Pero si soy de los que en medio del confinamiento han perdido su trabajo y sus ingresos con el cese laboral ridículamente llamado “perfecto”, o si soy parte de esa ingente informalidad que caracteriza a la sociedad, a la economía y a la institucionalidad peruana, que se gana el sustento día a día en la calle, con el trabajo cotidiano, el confinamiento supone desesperación, hambre, fastidio, reclamo y, finalmente, el riesgo de salir a la calle a pesar de la muy posible contaminación.  Eso no es porque la gente sea mala, o insolidaria, o simplemente ignorante, es porque no tiene alternativa: la muerte lenta de hambre o la ruleta rusa de salir a conseguir el pan y traerse de “yapa” (Presidente dixit) el COVID19, tanto a la familia como al entorno.

Mucha gente cree que esos migrantes, que a pesar del toque de queda, la presencia policial y las FFAA, se han lanzado a la carretera para regresar a sus regiones eran gente de tránsito en Lima y que pandemia los cogió en movilización. No, eran gente provinciana viviendo en Lima que trabajaban formal e informalmente, y que la cuarentena les ha hecho perder lo poco que tenían, que se han quedado sin ingresos, que han sido echados por propietarios por no pagar el arriendo, y que optaron por regresar al terruño con la esperanza de lograr, pandemia de por medio, mejores oportunidades de sobrevivencia que en la Capital.  Es mano de obra perdida.  Esa es la verdad dura y madura.

Por lo tanto, no se trata de solo preguntar mañana lo que no se pudo preguntar hoy por el parapeto presidencial en sus monólogos televisados; se trata de preguntar -y repreguntar- por el hoy y por el mañana. ¿Por qué se ha hecho dos recambios ministeriales en medio de la crisis? ¿Por qué se ha cambiado al jefe de la Policía cuando casi ni se había sentado en su puesto? Y, ¿Por qué hay señales de clara corrupción con los recursos asignados para la emergencia sin que sobre ello casi ni se frunza el ceño?

Se han limitado a pucheros televisados y al pésame a las familias de los policías y médicos fallecidos por atender a los contagiados, sin que se hayan hecho puentes aéreos o verdaderos esfuerzos por dotarles de una mejor atención, cuando a ciudadanos varados en el extranjero se les ha pagado hotel y comida por cuenta de nuestros impuestos.  ¿Tan difícil es que el avión que lleva el oxígeno requerido a Iquitos y Pucallpa pueda traer a los médicos infectados por realizar con verdadero heroísmo su incomprendida labor? ¿Tan fácil es trocar su condena a morir a cambio de un póstumo ascenso, un pésame impostado y una pensión que llegará a su familia tarde, mal y nunca desde un Estado tan ingrato?

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP.

BREVE HISTORIA DEL DERECHO PROCESAL CONSTITUCIONAL EN EL PERÚ

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Breve historia del derecho procesal constitucional peruano


 

INTRODUCCIÓN.-

Hoy en el Perú existe un sistema mixto de justicia constitucional, que académicamente es llamado Derecho Procesal Constitucional, en el que se conjugan diversos instrumentos de control orgánico e instrumentos de la libertad de orden subjetivo. A la par, los planos también están cruzados, ya que algunos de estos instrumentos pertenecen a la jurisdicción ordinaria, en tanto que otros corresponden a la jurisdicción del Tribunal Constitucional, novísima institución incorporada al derecho constitucional peruano desde 1979. Lo más saltante que hay algunos de estos instrumentos que, empezando en la jurisdicción ordinaria, es posible que terminen en la del Tribunal Constitucional creando una fusión jurisdicción ordinaria – jurisdicción constitucional.

Así, estos diversos, y a veces disímiles, instrumentos tienen como escenario de acción tanto en el Poder Judicial, a través de los mecanismos de control inter-órganos, como aparece de la revisión judicial de la constitucionalidad de las leyes, y los derivados de las acciones de garantía, cuanto en el Tribunal Constitucional a partir de la acción de inconstitucionalidad (la acción directa contra la ley), la posibilidad de conocer en revisión de última instancia respecto de las acciones de garantía denominadas amparo, hábeas corpus, hábeas data y acción de cumplimiento cuando sean denegadas o inadmitidas por el Poder Judicial (en denominación que parafrasea a Cappelletti jurisdicción negativa de la libertad), donde evidentemente se funden los planos jurisdiccionales de estas dos instituciones constitucionales, si bien autónomas en su conformación, relacionadas en este extremo (como una derivación de la jurisdicción de la libertad, según el decir del insigne Maestro italiano Mauro CAPPELLETTI). También comprende la determinación de la contienda de competencia constitucional -tanto positiva como negativa- de los diversos órganos constitucionales.

Este sistema que hoy es mixto sin lugar a dudas –inicialmente calificado con justeza como “dual” por Domingo García Belaúnde- no ha sido, sin embargo, obra de una mente brillante que se haya detenido a diseñarlo con la funcionalidad que hoy tiene. Ha sido más bien un producto histórico en el que se han ido extrapolando y traslapando instituciones del Derecho Procesal Constitucional a lo largo de la historia del derecho constitucional peruano, hasta quedar hoy plasmado tal como se haya contenido en el también novísimo Código Procesal Constitucional (2004).

Este texto legal integral de las acciones de control y de las acciones de garantía constitucional era un caro anhelo reclamado en no pocas ocasiones. Así, al mandato constitucional contenido específica e inequívocamente en el sexto parágrafo del Art. 200° de la Constitución de 1993, obligaba a concentrar todas estas acciones constitucionales en una Ley Orgánica.

En el siguiente enlace podrá leer y descargar el artículo completo:

AQL PONENCIA BREVE HISTORIA DEL DERECHO PROCESAL CONSTITUCIONAL EN EL PERÚ BOLONIA OCT 2017

AMITY ISLAND

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Aníbal Quiroga León ([1])

La trama que subyace a “Tiburón”, un clásico taquillero de Spielberg, era la pugna entre el protagonista y héroe Sheriff y su antagonista el necio Alcalde del balneario; uno alarmado pensando en la seguridad de los veraneantes y el otro ocultando el peligro pensando en el alejamiento del turismo estival del que dependía su economía local.

Más o menos la misma dicotomía se presenta hoy, y no solo en el Perú, sino en todo el mundo. En el orbe se han dado las más variadas respuestas frente a la pandemia que se presenta como un monstruo insaciable de insondables fauces y la economía que luce profundamente herida, al punto que muchos comparan -la de hogaño – en el nivel de la postguerra con Chile y con un futuro muy incierto.

Si a ello se suma que la dirección política ya no luce tan acertada, que nuestro sheriff cambia dos piezas importantes del equipo de lucha en medio de la batalla sin mayor explicación, que el oscurantismo y el secretismo predomina donde las preguntas no son bienvenidas (mejor pregunta mañana) y donde las voces disidentes son peyorativamente acalladas desde las alturas del poder, donde los figurettis de siempre anuncian el apocalipsis con más plagas que las tuvo Egipto, y los adulones son públicamente expuestos por minimizar la cosa ofreciendo subregistros en las casi diarias exposiciones que ya lucen cansinas, repetitivas y con lugares comunes copiando frases de líderes extranjeros (la del Presidente italiano, “debo alejarme hoy, para abrazarte mañana), que la cuarentena no se cumple cabalmente, que cantidad de gente que se desplaza de aquí a acullá, sin control ni ayuda, llevando el contagio por doquier, la verdad es que la cosa no pinta nada bien y tal parece que este tiburón podría devorarnos …

Eso pasa cuando la improvisación llega a la impostura. Cuando la experiencia es reemplazada por la genialidad juvenil teñida de género. Cuando el CV de un profesional incluye ser implacable troll de izquierda que luego se despinta en la cancha cuando se está fuera de los 140 caracteres protegidos por una pantalla.  La pandemia nos ha cogido prevenidos en la noticia, pero sentados en una carcasa absolutamente desatendida e ineficiente como ya lo era la (in)salud pública ofrecida por el MINSA. ESSALUD estaba un poco mejor, pero no tan mejor, y la sumatoria de esas dos ineficiencias históricas a las que el Estado -que quiere ser parte de la OCDE- le dio la espalda hace muchos años, nos han reventado en la cara, y con empeño de última hora, improvisaciones y los latrocinios de los carroñeros de siempre que lucran en la desgracia (así pasó con la ineficiencia del Estado en el terremoto de Ica en 2007) hoy tenemos el resultado que nos escupe a la cara, y que oficialmente se quiere maquillar o, en el peor de los casos, ocultar.

Entretanto, para la tribuna, el premier discute con la joven ministra del MEF acerca del supuesto impuesto a la riqueza -de dudosa constitucionalidad- para que solidariamente los ricachones con más de 10,000 soles de ingreso mensual (¿?) paguen la ineficiencia estatal frente a la pandemia.

Como siempre será la clase media la que pague los platos rotos, porque los ricachones hace rato que se llevaron su plata (el dinero es lo mas cobarde ante una crisis económica, y más ante una crisis de credibilidad política) y, como ya ocurrió en el segundo gobierno de Belaunde y el malhadado “impuesto de solidaridad”, sólo nos generará menor desarrollo y más atraso. Si los impuestos ya gravan la renta y la riqueza mediante un cálculo progresivo acumulativo, donde quien más gana más paga, y sólo tributan los formales en un país altamente informal, debieran saber los gobernantes que en el Perú -como en todo el mundo- la riqueza formal ya está gravada, y que la mejor fuente de recaudación es la real reactivación económica, porque con ello hay trabajo, ventas, industria, construcción, consumo y, por ende (LQQD) más impuestos.  ¡Eureka!  No es tan difícil, ¿no?

¿Cuál es el secreto? Muy simple, separar la politiquería barata y su nocivo populismo de la parte técnica que gobierna la economía, aquella que se llena de orgullo cuando habla de los “fundamentos macroeconómicos” que tuvo hasta marzo la economía del Perú.

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP.

HOY TUVE UN SUEÑO

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Aníbal Quiroga León ([1])

Siempre me pareció una bella forma de empezar un discurso. Pronto comprendí que fue usada por Martin Luther King en su célebre manifiesto – titulado así- de 1963, cuando su mayor anhelo era la real integración racial en los EEUU.  Será que de muy niño debo haberla escuchado y quedó guardada en los profundos pliegues de mi consciente temprano, como una maravillosa expresión.

Soñaría con una sociedad más desarrollada e igualitaria, donde la brecha entre la riqueza y la pobreza no sea tan obscena, y donde ese esfuerzo se logre sobre la base de un desarrollo económico pujante y moderno, logrado con el trabajo y el empeño del esfuerzo privado, y no diseñado por un burócrata en una pizarra jugando michi con capitales que no son suyos, sobre los que da cuenta a nadie y para lo cual no tiene más mérito que ser amigote del gobernante de turno.

Soñaría con una sociedad verdaderamente justa, en donde no haya falsos dobleces, ni dobles discursos, donde la ley sea igual para todos y no solo para los enemigos, en donde la hipocresía no sea la forma natural de sobrevivencia, donde no existan figurettis disfrazados de falsos justicieros, ídolos con pies de barro, aplicando una justicia selectiva, deformando el derecho hasta convertirlo en una argamasa ininteligible para terminar convalidando cualquier cosa a troche y moche, constituyendo la delicia mediática del momento.

Soñaría con una sociedad en donde no se dieran exclusiones arbitrarias basadas en las meras ideas de las personas, donde las oportunidades no riñeran con la sola discrepancia y se compadecieran con la tolerancia que tanto se predica y se dice practicar, en donde la meritocracia sea para todos y no solo para los unos, ya que los otros, los iluminados, son convocados por ser “genios(as)” sin cumplir con la antigüedad y experiencia que a los demás se les exige con espartano rigor.

Soñaría con una sociedad en donde al personal médico se les atienda siempre como gente de primera, bien remunerado, bien tratado y con el moderno equipamiento requerido, y que su heroicidad, los aplausos y las lágrimas de cocodrilo no sean estacionales, sólo durante Niños, terremotos, epidemias, pandemias o catástrofes, sino una actividad permanente de modo que siempre estemos preparados para ello, con menos gasto del Estado en asuntos superfluos y más en los verdaderamente esenciales. La victoria es sólo para los que se preparan (amat victoria curam).

Soñaría con una sociedad que tenga unas FFAA y una PNP bien preparada, moderna, profesional, bien remunerada y bien tratada, que nos de seguridad y luche eficazmente contra la delincuencia, y que luego la sociedad no los castigue injustificadamente por hacer lo que se les pide, aún a riesgo de su propia vida.

Soñaría con una educación pública de calidad, con profesores verdaderamente bien remunerados, con un alto estándar de enseñanza, pero -al mismo tiempo- con una calidad de vida digna, que se desempeñen con orgullo y solvencia en su profesión, formando a las nuevas generaciones de peruanos con conocimiento y empatía.

Soñaría con una sociedad que tenga una infraestructura básica, con una autopista del Pacífico que una, sin escalas, Tumbes con Tacna, que sea un verdadero eje del trasporte longitudinal y no con vías históricamente extractivas.  Asimismo, con un tren de alta velocidad que corra paralelo a esa autopista, con ramales que unan a los distintos puntos del centro del país.

Soñaría una otra autopista que, de una vez por todas, pudiera unir ese eje comercial y esencial entre Lima y Huancayo, cuando menos, ya que en pleno Siglo XXI nuestra “autopista” este de tan solo 10 kms es una vergüenza y un monumento a la ineficiencia estatal.

Soñaría, finalmente con eliminar la desnutrición infantil y la anemia, que trae atraso y ciudadanos condenados a no sobrevivir, y cuando lo logran, a tener un menor desarrollo educativo/profesional.  Con menos “todos, todas y todes” y más igualdad real quizás, algún día, lograremos ser un país mejor y vivir en una mejor sociedad.

Pero los sueños, sueños son. Una irrealidad.  Quién sabe si algún día lleguemos a verlos realizados.  En 1963 Martin Luther King jamás imaginó, ni en su mayor alucinación, que sus sueños de igualdad racial culminarían con un afrodescendiente en la Casa Blanca.  Así que, quién sabe…

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP.