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¿AUN NO TE HAN LLAMADO?

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AQL-BLOG AUN NO TE HAN LLAMADOEn estos días de efervescencia post-electoral, es deporte nacional desentrañar quiénes serán los nominados para el Ejecutivo de PPK y, sobre todo, quién será su primer presidente del consejo de ministros.  No deja de llamar la atención la fruición con que la clase política, alimentada por la prensa, desea decodificar los enigmas de PPK en la conformación ministerial.   Se podría pensar que se quisiera determinar cuál será la línea a seguir o cuál el derrotero a emprender.  Pero lo que en verdad sucede es que se desea adivinar esos nombres para -por un lado- empezar el canibalismo político lo más prontamente posible rebuscando entre los esqueletos, propios y ajenos, escondidos en sus clósets y – por el otro- para quemar la nominación de los prematuramente adivinados, lanzando otros nombres.

Es una noria que se mueve inexorablemente en cada recambio ministerial y, con  mayor razón, ante un cambio de gobierno, lo que poco ayuda a nuestra frágil institucionalidad democrática.  Como provenimos de una sociedad de raigambre virreinal, los chismes y las bolas están a la orden del día.  Lo mismo ocurre con el desfile de currículums de quienes son vendidos, o se venden a sí mismos, como futuros ministeriales.  No son pocos los que sueñan, se ilusionan y se prueban ante el espejito el ansiado fajín ministerial sintiéndose imprescindibles en el círculo de la confianza de PPPK y sus adláteres.

Por ello, la pregunta de cajón que en los mentideros políticos resuena como sonsonete es: ¿Aún no te han llamado?  Si te han llamado del entorno de Mechita, o del grupete de Vizcarra, y de la collera de Gilbert estás en algo.  Si no lo han hecho, estás en nada. No pasa nada contigo y deberás contentarte con ver el recambio ministerial en la TV de la sala de tu casa y no desde el Hemiciclo o el Salón Dorado como protagonista de la noticia.  Esa es la diferencia: ser protagonista de la noticia o testigo amargado, silente y envidioso de la noticia.

Hay puntos intermedios en las escalas hacia el poder.  Está la influencia de Susana, que es cercanísima.  Chacho, que sin duda alguna lleva la vocería del grupo político, antaño con Toledo, hogaño desgañitándose por PPK,  fungiendo como su principal actor político y alfil del nuevo gobierno PPKausa.  Juanito, gran operador político de filuda lengua que habiéndose ceñido el fajín con Toledo, hizo oportuno mutis y abandono de una nave semihundida convirtiéndose en una political stars de PPK.

Eso es lo que mata nuestra política.  La gente no es buscada ni por su calidad, ni por su capacidad, ni por su preparación, a despecho de lo que siempre se esgrime y dice en todas las campañas, sin excepción.  Son buscados por ser cercanos al amigo, estrechos colaboradores de los colaboradores, amiguísimos de la mano derecha y oferentes de una lealtad que luego se verá entibiada conforme pase el tiempo y cambien los vientos.  Sin partido  ni institucionalidad, el movimiento político se convierte en un club de patas no necesariamente afín entre sí que empezará a fracturarse conforme afloren los intereses y las sempiternas mezquindades.

¿Y la patria? ¿Y la nación? ¿Y el gobierno del Bicentenario de la patria?  Bien gracias. Primero mis apetitos, mis filias y fobias, luego mi familia, siguiendo por mis intereses y finalmente, si alguito queda, para la sociedad a la que se prometió de todo en la campaña, pero a la pronto se abandonará una vez consolidado ese poderoso afrodisiaco que es el poder.

Hay que confiar en que, precisamente, la no experiencia partidaria de PPK, su larga y exitosa experiencia empresarial que de consuno otorgan una natural inteligencia, preparación y la sabiduría de sus años le permita alejarse de estos pequeños intereses, permitiéndole hacer un gran gobierno que será para beneficio de todos y no de unos cuantos aventureros de última hora.

Entretanto hay que dejar de esperar la llamada de Mechita, Susanita, Chacho, Juanito, Martín, Gilbert o cualquiera otro que se irrogue la titularidad del círculo de la confianza, dejando a PPK en la potestad de nombrar en su momento a quien deba hacerlo por sus capacidades y contribución, para lo que no le corre prisa alguna. Los apresurados (CV en mano) serán los desesperados interesados en su cuota del poder y los medios que quieren ganar primicias y necesitan llenar las  notas de cada día.

JEFE DE ESTADO-JEFE DE GOBIERNO

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AQL-JEFE DE ESTADO - JEFE DE GOBIERNOLa Constitución de 1993 en vigencia, repitiendo y mejorando el modelo de su antecesora de 1979(D), recoge un modelo presidencialista atenuado donde el Presidente de la República es, al mismo tiempo, jefe del Poder Ejecutivo, jefe de Estado, representa y personifica a la Nación. Pero, al mismo tiempo, reconoce la figura del presidente del Consejo de Ministros (premier) quien, como jefe del gabinete ministerial, es designado libérrimamente por el Presidente de la República y propone a éste el nombramiento de los demás ministros. Por lo menos, es lo que en papel dice…

El premier debe pedir el voto de investidura al Parlamento dentro de los 30 días siguientes a su nombramiento a fin de exponer y debatir la política general que el Ejecutivo habrá de desarrollar describiendo las principales medidas que adoptará su gestión, haciendo de ello “una cuestión de confianza”. Alcanzada esta, proseguirá su camino hasta que sea renunciado o censurado.  De no lograrlo se produce una “crisis total del gabinete” debiendo renunciar de inmediato, dando paso a que el Presidente nombre a un nuevo Premier y, con éste, a un nuevo gabinete en el que algunos ministros pueden repetir el plato, no así el Premier ya que en él recae la negación de confianza.

Esto tampoco nos hace un régimen parlamentario pero nos acerca a los controles inter-órganos (al decir de Loewenstein) activados por la Constitución entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Esto pone nuevamente sobre el tapete la necesidad de contar con un “Jefe de Gobierno” diferente del Jefe de Estado. Es decir, la necesidad de tener a un Premier empoderado con más control y protagonismo en el manejo del Ejecutivo, dejando en una línea posterior, para las grandes decisiones, al Presidente, preservando y protegiendo su figura y evitándole un innecesario desgaste ya que no debe estar en la inauguración de un caño de agua, ni en la primera piedra de una escuela rural, tampoco en la remodelación del Estadio Nacional, ni para la bendición de un nuevo avión de una línea aérea, ni –menos aún- en la apurada y falseta inauguración de un hospital inconcluso.

En la historia del Perú no ha sido fácil que nuestro presidencialismo aliente la figura del “Jefe de Gobierno” que proteja y sirva de eficaz pararrayos político de la labor presidencial. Desde los celos de Belaunde por la eficiente labor proactiva de Ulloa en su segundo mandato, hasta los diferentes primeros ministros anodinos, sin brillo ni lustre, escogidos (desde Fujimori en adelante) precisamente para no hacerle “sombra” al presidente, para no “opacar” su figura ni gestión, evitando crear un potencial competidor político y futuro candidato presidencial.

Ahora que es seguro que PPK será presidente tan solo un quinquenio, sin posibilidad legal ni real de continuación, en lo que será su último acto en la política activa (only one shoot), y habiendo madurado en algo nuestra clase política, es la oportunidad de replantearnos la necesaria y perentoria presencia de dos personajes: (i) Un “Jefe de Gobierno” que efectivamente sea tal, preservando y protegiendo al Presidente, siendo su principal ejecutor político, dejando la figura presidencial para los grandes tópicos del Estado evitando así su prematuro desgaste; y, (ii) Un “vocero presidencial” que evite que todos los días el presidente se vea asaltado por micrófonos, prensa e imberbes preguntones(as) que, siendo necesaria la labor de la prensa y la comunicación con el Presidente, ordene este trabajo, de parte y parte, precisamente para preservar la dignidad presidencial no solo de aquellas posiciones intransigentes y faltosas, sino también de exabruptos, molestias y naturales fastidios que luego le obliguen, de tanto en tanto, a pedir disculpas y a recular, o a alejarle, lo que también horada la prestancia del despacho presidencial. Como ocurre en lares democrática y políticamente más desarrollados.

Esto está perfectamente permitido y definido por nuestra Constitución, ¿Por qué no se ha hecho? Básicamente por el gran egocentrismo  narcisista que rodea el cargo presidencial y por los terrenales celos que hacen que el líder siempre esté rodeado, como Gulliver en Liliput,  de enanos que no le hagan sombra ni le opaquen, cuando precisamente el arte de gobernar es saber explotar del mejor modo, eficiente e inteligentemente, las potencialidades de los principales colaboradores haciendo resaltar las propias dotes de un verdadero líder. De eso se trata.

EL DELICIOSO PLACER DE TRAGAR SAPOS

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AQL COMER SAPOSEn tiempo relativamente rápido la ONPE ha validado el triunfo de PPK en la segunda vuelta que le llevará al Sillón de Pizarro (periodo constitucional 2016-2021). Mucha gente se ha quejado la presunta lentitud en la contabilización de los votos pero, en verdad, habiéndose cerrado el proceso electoral el domingo pasado, tener todas las actas procesadas para el jueves por la noche es tiempo récord. Lo que ocurre es que al ser tan estrecho el resultado, se genera natural expectativa para definir si la ventaja se ampliaba, si el suspenso continuaba o si la candidata lograba remontaba el inicial resultado adverso.

Como diosito es peruano, pese a no haber sido un candidato portentoso,  PPK recibió el mayoritario apoyo de la ciudadanía y –con una mínima diferencia- terminó ungido con el legítimo mandato de presidente constitucional a partir del 28 de julio. Pero apunta ser excelente estadista y ya se evidenció desde la noche del jueves mismo al dar su primera declaración como presidente electo.

Muchos se habrán de atribuir el éxito. En verdad la suerte, su calidad personal y el evidente antifujimorismo (más del que se había calculado tanto en el Bucaré, cuanto en la DIROES) han definido la balanza a favor de PPK. ¿Le hipoteca a los grupos que le han dado su apoyo? De ninguna manera, en la medida en que no ha pactado y ha sido un voto tan espontáneo como legítimo. ¿Le debe algo a alguien? A nadie, excepto a su electorado, que suma aritméticamente más de la mitad de los votos válidos. Y eso es suficiente para tener tras de sí un triunfo legítimo.

Algunos querrán ver en la ajustada diferencia una crisis de legitimidad, pero como enseña la experiencia del “balotaje”, de ordinario el segundo caza al primero y la tortilla se voltea en la segunda vuelta. Tal cual ha sucedido. Y si alguien cree que su legitimidad está afectada, no hay que olvidar que entre la primera y segunda vuelta PPK subió casi 30 puntos en la preferencia del electorado, así que su legitimidad es  indiscutible.

¿Qué hacer? Hay que llegar al consenso, que deja de ser necesario para convertirse en vital para nuestra democracia. Las elecciones terminaron y es hora de restañar las naturales heridas de toda campaña política. Finalmente la política no trata (no debiera tratar) de deglutir apetitos personales, sino del bienestar común que, al fin de cuentas, es el bienestar de nuestra nación y de la democracia.

Para ser un verdadero estadista se debe tener preparado el estómago para tragar con dulzura todos los sapos necesarios. En la historia reciente, luego de la cruenta persecución odriísta sobre los apristas -Haya de la Torre estuvo 2 años asilado en la Embajada de Colombia- pactaron en 1963 la Coalición APRA-UNO que le hizo la vida a cuadritos a Belaunde desencadenando el Golpe de Estado de de 1968. Luego de que Lourdes Flores en los ’80 acusara al presidente García en Diputados, y contendiera electoralmente, terminó dentro de su plancha presidencial dando lugar a la alianza APRA-PPC del 2016. Después de que tanto Rafael Rey, como Antero Flores, acusaran en el Hemiciclo a Alan García, terminaron arrodillados ante él aceptándoles carteras ministeriales. Y así por el estilo.

Cuentan que al finalizar una pasada segunda vuelta en que también un candidato se impuso a otra candidata, aquél pidió llamar a quien postulaba a la vicepresidencia en la fórmula opositora, ya que quería verlo de portero del Estadio Nacional. El opositor terminó aceptando la jefatura del IDP de manos de su contendor.

Los sapos también deberán de tragarse, quizás con menor entusiasmo pero en mayor cantidad, en la tienda de quien acaba de perder. Se avecina “la noche de los cuchillos largos” y quienes fueron postergados o no escuchados se levantarán de sus lápidas para exigir cuentas. PPK deberá agradecer la inicial intervención de Trelles, si bien en la pasada campaña, dejó en el inconsciente colectivo la frase de antología “nosotros matamos menos”. A renglón seguido una unánime estrellita para la Chacón (“AFF saldrá por la puerta grande” inaugurando la segunda vuelta), siguiendo por Ramírez y sus cuentas poco claras a pesar de la cual KFH lo tenía de llavero, continuando con Chlimper y sus audios truchos con que quiso quitarle hierro a la denuncia de “Cuarto Poder”. La cereza del pastel está reservada para Kenji quien, tampoco tampoco, terminó por sepultar las ilusiones de quien era nada menos que su lideresa (al menos en el papel) pero, antes que eso, su propia hermana. Qué bonita familia.

ALEA JACTA EST

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elecciones-2016¡La suerte está echada! Es una expresión atribuida al gran Julio César cuando,  al marchar sobre un punto de no retorno, decidió cruzar el Rubicón para rebelarse contra el Senado romano, dando inicio a una prolongada guerra civil.

Cuando lea estas líneas habremos cruzado el rubicón de nuestro proceso electoral y los votos (y la suerte) habrán decidido quién gobernará los destinos del Perú hasta el 2021, justo para nuestro bicentenario. Nada menos.

La carrera electoral iniciada con el verano ha sido sosa y mediocre, con un Jurado Nacional de Elecciones (JNE) al que el desafío le ha desbordado (su suertudo presidente se ha quejado de que estas elecciones han sido las más difíciles de afrontar), con una legislación farragosa, mal aplicada y peor interpretada, con exclusiones difíciles de sustentar que -al fin de cuentas- terminaron por allanar ostensiblemente el camino a la candidata.

La segunda vuelta ha sido, de parte y parte,  una cadena de errores y horrores.  Más por parte del contendor que de la contendora. Por eso es que la suerte luce definida a favor de una candidatura, la que estará en plena resaca cuando estas líneas vean la luz pública. Sólo un golpe en la polla, un golpe de suerte, la divina providencia, el diosito peruano o el azar podrían hacer que los hados cambien su sino.

La ciencia política distingue al buen candidato del buen estadista.  Lo ideal es que en una misma persona se junten las dos cualidades. Es el caso de Felipe Gonzáles, Obama, Miterrand, etc. Pero lamentablemente no siempre se da. Paniagua se reveló como un gran estadista, pero nunca fue un buen candidato. A PPK le pasa lo mismo: sería un gran estadista para un Perú moderno, pero lamentablemente ha sido un mal candidato y, si por ventura, se alzase con el triunfo, no lo sería por sus dotes como aspirante presidencial, que pocos ha exhibido, sino por una suerte de magia reflexiva in-extremis del electorado peruano.

Carente de fuerza, poco carismático, sin mimetización con el elector, sin ese vibrato que conecte con la gente para definir su voto y, sobre todo, sin esa fuerza patriótica que tanto gusta al electorado. No cabe duda en que sería muy buen estadista, técnico, honrado y democrático, pero no es un buen corredor en las elecciones como para encandilar al electorado. Ha exhibido una clamorosa falta de reflejos.

Cómo puede ser que al acusársele de haber sido enjuiciado por un gobierno militar, en vez de defender su inocencia, no haya gritado que una acusación de un gobierno golpista es una condecoración democrática que solo un demócrata que repele el golpe de Estado sabe apreciar. Cómo se puede entender que en el fragor de la campaña no le haya recordado a su contendora quién es el que manda y quien es la mandada, así como su herencia política, con todo lo que esa mochila traía. O abandonar la campaña por casi 8 días dejando a la contendora suelta en plaza. Lo del secretario general del partido de la contendora fue un golpe mortal a la yugular que tampoco supo aprovechar. Y así por el estilo.

Al final de cuentas se gana o se pierde en el terreno de juego. Para poder ganar lo esencial es desear hacerlo con todos las fibras de su ser. El resultado es una sumatoria de aciertos y de errores, y el triunfo se ofrece a quien más acierta y a quien menos yerra. Los romanos enseñaron: “Amat Victoria Curam” (“la victoria solo alcanza a los que se preparan más”).

El reto vital de nuestra democracia, que llega inéditamente a su cuarto recambio constitucional sin alteraciones ni rupturas democráticas, es lograr el desarrollo nacional con paz social, la institucionalidad y la consolidación de nuestro sistema constitucional de gobierno (no exento de necesarias mejoras y ajustes que requieren de pocas –pero importantes- reformas constitucionales).

De haber ganado la opción de la candidata, sus 73 congresistas pesarán no necesariamente para bien y deberá apelar al “self restraint” (autocontrol) para no equivocar el rumbo del sistema democrático cayendo en la peligrosa autocracia que paradójicamente debilitaría su mandato. De ganar el contendor, deberá desarrollar estrategias constitucionales y políticas que le permitan gobernar con ostensible minoría en el congreso para no debilitar su mandato.

En uno y otro caso deberán tenderse los necesarios puentes del consenso, del diálogo, del renunciamiento y de la cesión de pretensiones a favor de los demás o en aras de la gobernabilidad. De no lograr eso, el panorama -en uno u otro caso- será de pronóstico reservado.