DÉJÁ VU

Se ha reiterado desde el Tribunal Constitucional (TC) una grave anormalidad: cuando un magistrado ve perdida la votación de un caso en el Pleno, la filtra a la prensa al lado de su voto discrepante con la finalidad de que sus colegas arruguen y cambien su voto motivados en las tres razones del Oidor.

El año pasado, en un caso tributario entre la todopoderosa administración tributaria (que tiene por especialidad ahorcar a los contribuyentes al llamado de combatir la evasión) y dos universidades privadas, su votación fue filtrada junto con el voto discrepante de su autora. Lo curioso de aquello es que la fundamentación discrepante no solo rebatía punto por punto a la mayoría, contrariando el sentido lógico del caso, pareciendo más un alegato de defensa del perdedor, sino que sin ambages censuraba, denostaba y acusaba el proceder de sus colegas que tenían una posición mayoritaria en el TC.

Eso motivó la protesta de sus colegas y no faltó quien -sintiéndose legítimamente agraviado- solicitase una sanción. Finalmente la sangre no llegó al río, la magistrada morigeró su posición retirando los agravios y el ofendido recibió excusas. A continuación, retiró su pedido de sanción.

Ahora ha ocurrido lo mismo: se vota en el TC un caso tributario entre el inefable ente tributario y un Banco por la devolución de más de 400 millones de soles que indebidamente le hizo desembolsar hace muchos años. Corresponde su devolución porque fue una exacción confiscatoria amparada en poderes casi omnímodos del ente tributario. Perdida la votación, nuevamente se filtra el tema a la prensa y se llama a escándalo acusándoseles de “regalarle” dinero que sería del Estado y de todos los peruanos.

Ciertamente este es un proceder pernicioso y perverso: lo que no se logra democráticamente en el Pleno del más alto tribunal de la constitucionalidad, se pretende lograr al susto con graves acusaciones antojadizas. El problema es que la deuda inventada era originalmente diez veces menor, a la cual se llega por la sumatoria de “intereses moratorios” generados por la propia demora del ente tributario.  Es decir, yo me demoro, tú me pagas. Más me demoro, más me pagas. Por lo tanto el negocio está en demorar para lograr una mayor recaudación. Y cuando el sistema jurídico-constitucional corrige tan grave anomalía que afecta a todo el sistema económico, se acusará los magistrados de estar vendidos a los ciudadanos, o las empresas, tan solo por hacer aquello que la ley y la Constitución indican hacer. El mundo al revés.

LA DOBLE MORAL

En medio de los diversos escándalos suscitados a raíz de las revelaciones brasileñas, se han ido destapando en el Perú (y tal parece que serán aún más) diversas repercusiones judiciales de muy diverso calibre.

Apenas se dio a conocer alcance nacional de “Lava Jato”, diversos comentaristas y opinólogos rápidamente escribieron y se desgañitaron acusando la inmoralidad en el ojo ajeno.  Poco a poco las caretas se han ido cayendo y vemos ahora como muchos de esos moralistas han tenido relación con la empresa involucrada en tan serios cuestionamientos.

Para empezar un asiduo columnista escribe y pontifica acerca de la cuestión sin decir que ha sido abogado de esa empresa, y de sus empresarios, hasta finales del año pasado.

Un connotado presidente “pipiris nice”  de un exclusivo club limeño se cansaba de botar a cuanto socio consideraba que había violado los valores del club conforme a sus estatutos.  Sin contemplaciones también expulsaba a toda su familia.  Ahora le cayó la quincha pues este –hoy- expresidente acaba de ser suspendido al lado de su familia por su propio club por haber intermediado cuando menos un pase de la empresa con un expresidente regional y un abogado de otro no menos connotado Estudio.

Una gerente –con paranoia fujimontesinista- de una connotada firma auditora supuestamente especialista en “buenas prácticas corporativas” acompaña a su hermano recientemente liberado luego de ser detenido por corrupción en una institución deportiva del Estado. El exdirector de esta firma auditora también pregona la transparencia y las buenas prácticas corporativas, cuando su firma tiene como cliente a la cuestionada empresa. Un figuretti abogado presidente de otra institución de “transparencia” es socio principal de un Estudio que tiene como cliente a la empresa de marras.  Respecto del tema está inusualmente mudo.

Un connotado abogado que postea permanentemente severas reflexiones anticorrupción, no cuenta que tuvo como cliente a un expresidente -con orden de detención vigente- fugado del país, a quien prestó asesoramiento en el desdoroso caso de la hija no reconocida, que finalmente lo fue por la presión social y política.  Y cuando puede se jamonea que en su cumpleaños asisten a su casa por lo menos 13 integrantes de la Corte Suprema, compartiendo el ágape con otros tantos jueces y fiscales.  De eso no tiene memoria.

Ese es el problema de nuestro país, pacato y virreinal, en donde muchos de sus connotados componentes viven en medio de una doble moral.  Por fuera flores, por dentro temblores. Para mis amigos todo, para mis enemigos la ley (y, de paso, un fiscal y un juez que los persigan).

HÉROES Y VILLANOS

Gracias a la iniciativa de la Comisión de Defensa del Congreso, se ha promulgado la ley que reconoce a los Comandos Chavín de Huántar como “Héroes de la Democracia”.  Eso es muy justo. A 20 años de la gesta en un grupo de elite de las FFAA realizó una impecable operación, con un costo mínimo de bajas entre los comandos y los rehenes (cálculos norteamericanos cifraban “razonablemente” las bajas en un 25%), operación militar alabada mundialmente, donde el arrojo, valentía, decisión y eficiencia de un grupo de militares trajo un exitoso resultado, este tardío reconocimiento viene ser una pequeña muestra de gratitud ante el enorme vacío de nuestra inveterada mezquindad con la que hemos sido formateados históricamente, desde la colonia hasta la república actual.

Por eso siempre se sostiene que el enemigo de un peruano es otro peruano.  El lema nacional “Firme y feliz por la unión” aún está pendiente de adquirir un significado pleno.

¿Qué hace que una persona esté conscientemente dispuesta a dar su vida por salvar a otra? ¿Qué se requiere para que un ciudadano esté en condiciones de ofrendar su mejor posesión –su vida- en aras de los demás, a quienes ni siquiera conoce, abandonando proyecto de vida, seres queridos y un mejor destino?  Son interrogantes que los civiles no queremos entender ni reconocer en las FFAA.  La respuesta es simple: la férrea disciplina física, mental y profesional con que son formados, al punto de entregar su vida ante una orden superior.   Esa disciplina, muchas veces objeto de burla, ridiculizada y satanizada por incomprendida, es la base para que un comando preparado esté dispuesto a sufrir privaciones, llegar al límite de su fortaleza física y, finalmente, estar mentalmente preparado para morir tan solo luego de recibir una orden superior.

Todavía hay una brecha conceptual entre civiles y militares.  Nos falta entender que los militares son ciudadanos a quienes el Estado confía un instrumento de poder que deben someter al servicio de la institucionalidad constitucional: las armas.  Y quizás a las FFAA les falte comprender que la civilidad no es más que su reserva moral dispuesta para la defensa de la sociedad y de la nación frente a los enemigos, antaño externos, hogaño internos y externos.

Por eso hay héroes y villanos.  Los delincuentes que redujeron a los rehenes a un secuestro (forma moderna de esclavitud) de más de 4 meses, en condiciones de oprobio humano, con todas las carencias y con el alma en vilo al no saber si sobrevivirían para ver el día siguiente, fueron los verdaderos villanos.  Cayeron defendiendo su delito, su crimen. Murieron matando.  Segaron 3 vidas inocentes. Llevaron las cosas al límite de su insania muriendo frente al Estado que defendía un fin superior.

Pero como somos así, han tenido que pasar 20 años para que recién podamos dedicar algún reconocimiento a los héroes de esta gesta.  Tampoco Bolognesi, héroe del Morro de Arica y pendón de la honra nacional al ofrendar su vida rechazando salvarla a cambio de una oprobiosa rendición que nos hubiera  condenado a la historia de la cobardía (como ocurrió con los comandos argentinos en Las Malvinas), fue inmediatamente reconocido como tal, ni se le ascendió a general ni a mariscal.  Se quedó como un simple coronel cuya gesta, con los años, fue engrandecida hasta llegar al santuario de los héroes nacionales referentes de nuestra identidad nacional, aún pendiente de culminar su plena construcción.

ALMA MATER

Nuestra Alma Mater es aquel centro de formación universitario en que recibimos la impronta esencial, el alimento intelectual, de lo que serán las herramientas básicas y sus principios para el desarrollo laboral que, normalmente, nos acompañará –para bien o para mal- toda la vida, realizándonos al lado de nuestra familia o frustrándonos si extraviamos el camino en la vida.

Esta locución significa «madre nutricia» y era usada en la Antigua Roma para describir a la diosa madre y, más tarde, a la Virgen María.  En su uso actual el lema es Alma Mater Studiorum («madre nutricia de los estudios») que anuncia el escudo de la universidad más antigua del mundo: la de Boloña fundada en 1088.

Nuestra Alma Mater ha cumplido 100 años.  Para una sociedad aún en formación, fundamentalmente desinstitucionalizada, es un éxito impresionante que una institución cumpla una centuria de vida.  ¡Y qué vida!

Gonzalo aún recuerda vívidamente que la víspera del examen de ingreso a Estudios Generales Letras (EEGGLL), hace más de 40 años, le costó conciliar el sueño.  Se levantó casi al alba para no llegar tarde, con su carnet de postulante, lápiz No. 2, un borrador blanco y el alma en vilo, que era todo lo que las instrucciones le permitían portar. A las 8 de la mañana de un febrero estival las imponentes aulas y la severidad de los controladores eran intimidantes.  Las 4 horas que duraron las dos partes de la prueba de ingreso no levantó la cara del cuadernillo, al lado de una tarjeta IBM en que debía marcar las respuestas.

Al terminar se retiró aliviado, sintiendo que había corrido una maratón.  A partir de las 8 de la noche saldrían los resultados en unos papelotes que eran pegados en los muros con que la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) marcaba sus linderos con la Av. Universitaria.  Como todos los postulantes se acercó a ver el resultado buscando frenéticamente su apellido.  De pronto vió que al costado de su nombre había dos dígitos.  Miró varias veces para cerciorarse si lo que veía era cierto y no un error visual.  Miró hacia arriba y hacia abajo, hasta que ya no le quedaron dudas.  Había ingresado en el puesto 28 de casi 4000 postulantes para EEGGLL. De pronto tomó conciencia de su rededor, donde pocos celebraban y muchos quedaban frustrados o con lágrimas en los ojos.

La PUCP era una de las pocas universidades en que tozudamente se exigen 2 años de EEGGLL antes de pasar a la facultad. La vida en la universidad era más fácil y más difícil al mismo tiempo.  Lo primero que llamaba la atención es que cada uno regulaba su propia conducta, a diferencia del colegio en donde la conducta era dirigida por el plantel con un regente.  Y encima, era una nota en la libreta.  ¡En la universidad no había nota de conducta!  Lo segundo fue la sensación de peligrosa liberación ya que cada uno hacía sus horarios y cada uno era responsable de asistir a clases. No había formación. No siempre las clases coincidían con los mismos compañeros.  Ni en las mismas materias, ya que el currículum flexible hacía que además de cursos obligatorios, habían cursos alterno-obligatorios y cursos electivos.  Dese allí se iba formando el alma intelectual y profesional del estudiante.

Otro aspecto muy importante era la libertad de expresión y los primeros escarceos políticos.  Habían del partido rojo, verde, amarillo y naranja y estudiantes activos en la política, pero ni una sola pinta en las paredes o fuera de las vitrinas puestas por la universidad para ser el medio de comunicación interuniversitaria.  Eso sí que era mágico.  Tolerancia, pluralidad, respeto mutuo y democracia.

Con ese bagaje, terminado el cuarto ciclo pasó a la facultad, donde ya se había la especialidad profesional, se abandonaron –a veces para siempre- a los compañeros de letras que iban a otras facultades y se juntó con los retrasados de la misma facultad, formando lo que sería luego su “promoción”

¿Cuál es la clave del innegable éxito de la PUCP?  Sin duda alguna el culto disciplinado por la excelencia intelectual, la lucha por no bajar los estándares de exigencia, la lucha por no llenarse de estudiantes y la calidad de la mayoría de sus profesores.  Por ejemplo, la carrera de derecho era la más larga a nivel nacional: 6 años (y en una época 6 años y medio).

Por eso la PUCP es un modelo de educación universitaria y se encuentra en los primeros puestos del ranking internacional para a mayoría de sus carreras: artes, ciencias e ingeniería, psicología, pedagogía, ciencias humanas y letras, historia, economía y derecho.  A eso se le ha sumado hace poco ciencias de la comunicación y su actual Escuela de Postgrado.

También ha ayudado  mucho el recambio democrático de sus autoridades, sin pleitos, cierres, intervenciones ni cúpulas.  El estatuto se ha cumplido en lo más esencial y –fuera de algunos detalles que pertenecen al alma humana- y el recambio de autoridades, cada una en su periodo, ha sido plenamente respetado.  Por eso se recuerda a rectores como el Padre McGregor, el Ing. Tola, el Ing. Saravia, el Ing. Guzmán Barón y, sin duda alguna, al Dr. Salomón Lerner.
Finalmente el sello que nos identifica en lo fundamental: ser una universidad laica apegada al espíritu esencial de la Iglesia Católica bajo cuyo influjo fue fundada hace un siglo.  Quizás sea lo más difícil de entender de la PUCP: ¿Cómo puede ser una universidad libertaria de pensamiento y formación si al mismo tiempo tiene una impronta e historia de vinculación respetuosa con la Iglesia Católica?  Precisamente porque el espíritu libertario, los valores democráticos esenciales y el respeto de los derechos fundamentales que iluminan el pensamiento y enseñanza en la PUCP siempre han sido plenamente alentados y respaldados por la Iglesia, mucho más allá del imaginario popular.  Por eso es que el lema principal de nuestra Alma Mater se cumple: Et lux in tenebris lucet (y la luz brilló en las tinieblas).