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EL GOBIERNO DE LOS ECONOMISTAS

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AQL-BLOG EL GOBIERNO DE LOS ECONOMISTAS 20 JUL 2016Es sus clases un antiguo tributarista definía a los  economistas como “contadores sofisticados”. También decía: “los economistas dividen su tiempo en dos: en la primera parte pronostican el futuro; en la segunda se la pasan explicando por qué no acertaron en su vaticinio…”.

Maldades aparte, es cosa curiosa observar cómo en el gobierno que se instalará este 28 de julio sus principales autoridades son predominantemente economistas. Lo serán el Presidente de la República, su recién nombrado Primer Ministro, la segunda Vicepresidenta, y así…  Parecería que en la hora actual de la no política, de la ostensible debilidad de los partidos políticos, del declive de la ideología y de la presencia de un pragmatismo en que cuesta distinguir una opción de la otra y donde la izquierda ideologizada tiene un  espacio cada vez más acotado, prevalece una clara hegemonía economicista de la política, de la vida y de la sociedad, dejando de lado la retórica populistoide, el discurso inflamado, el verbo florido que parece decir mucho y no dice nada.  Hasta el metalenguaje de los abogados cuando trasuntan hacia lo político en nombre de la ciencia política.

Eso no es bueno ni malo. Tan solo es una realidad.  Hemos tenido gobiernos izquierdistas que fracasaron en sacar adelante al país. Gobiernos populistas que nos sumieron en el caos económico, la pobreza, la debacle de la inflación y la postración de nuestro desarrollo nacional.  Y gobiernos claramente ineficientes.

Se quiera admitir o no, desde se uniformizó el manejo económico hace un cuarto de siglo y desde que las reglas democráticas empataron con una estabilidad y rigor en el manejo de las arcas fiscales y el gasto público, el desarrollo ha sido sostenido, bien sea por la redefinición del rol del Estado en lo económico, bien sea por el impulso a la inversión privada, bien sea por la clarificación de las reglas esenciales para proteger la inversión privada, sea nacional o extranjera.

Mucho ha ayudado la llamada “constitución económica”, que no es otra cosa que el Capítulo Económico de la Constitución del ’93 que -casi transformado en cláusula pétrea- ha no ha podido ser tocado, modificado o manipulado, ni ha sufrido intento serio de cambio a despecho de quienes han hecho de su radical  alteración su principal bandera política.

Ahora la política doméstica y el manejo económico van a estar casi monopolizados por economistas como nunca antes se dio en nuestra historia.  Debemos suponer que los principales fundamentos de nuestra bonanza y riqueza serán maximizados en su rédito lográndose el ansiado desarrollo nacional sostenido y, sobre todo, un alejamiento tangible de los márgenes de pobreza, desigualdad y atraso que aún laceran nuestra realidad.

Claro, es con dinero que se compra la comida.  Y con dinero se compran los materiales -y se pagan los salarios de los profesores- para que se eduquen nuestros hijos.  Con dinero es que se provee la necesaria seguridad interna que tanta falta hace.  También con dinero se garantiza nuestra seguridad externa que, con 5 fronteras, nos debe tener siempre vigilantes para no repetir nuestra funesta historia del Siglo XIX, protegiendo nuestros recursos naturales, siempre apetitosos para los demás.

La oposición ha tenido la candidez de señalar que los líderes designados vienen de la “gran empresa”, a la que seguro beneficiarán; sin darse cuenta que una gran empresa significa un gran capital, grandes puestos de trabajo, mejores salarios, grandes impuestos, mayor tecnología, grandes mercados y un Estado más fuerte.  Una “gran rentabilidad” con la que ganamos todos.  ¿Tan difícil es entender de algo tan elemental?

No hay almuerzo gratis, se dice una en la economía moderna.  Y es verdad: en el mundo real nada es gratis, y la lucha contra la pobreza o la seguridad ciudadana tampoco.   Para lograr tan solo esos dos aspectos que nuestra sociedad clama necesitamos de una solidez patrimonial que solo un manejo adecuado de la cosa pública y de nuestra economía lo puede intentar con alguna posibilidad de alcanzarlo.

Confiemos en que nuestros actuales líderes políticos puedan afrontar con éxito el reto que se han autoimpuesto.  No quisiéramos que, al final, tan solo se la pasen explicando por qué no lograron cumplir sus metas que, al fin de cuentas, son también nuestros más grandes anhelos.

EL CONTROL CONSTITUCIONAL

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JURAMENTACION DE LOS SEIS NUEVOS MAGISTRADOS DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Nuestro control constitucional está repartido entre el Tribunal Constitucional (TC) y la Corte Suprema de Justicia de la República (CSJR) determinando un sistema mixto de control de la constitucionalidad.

Así fue perfilado por la Constitución de 1979(D), repetido con ajustes en la Carta de 1993 y desarrollado en el Código Procesal Constitucional (CPConst.). En los últimos 25 años, como consecuencia del notorio activismo del TC, su jurisprudencia y la herencia fujimorista (19902000), la posición de la CSJR ha declinado con evidencia y la faz del TC se ha levantado, como da cuenta la opinión pública. Eso no es bueno para nadie –aunque con algún infantilismo en el TC no se entiende así- ya que ninguna democracia constitucional se consolidará con un Poder Judicial (PJ) devaluado ante su sociedad, claudicante en el control constitucional.

Los constituyentes quisieron que el control sea mixto, entre un sistema americano de “judicial review” y un sistema europeo “concentrado”. Por eso tanto el PJ como el TC pueden hacer interpretación constitucional y ambos tienen posición en los instrumentos del control constitucional. El control de los reglamentos pertenece al PJ, en tanto que las contiendas de competencia y el control de las leyes pertenecen al TC. La mixtura resalta en las acciones de amparo, hábeas corpus, hábeas data y cumplimiento donde la responsabilidad es compartida: todas empiezan en sede judicial y pueden terminar en el TC.

Claro, el TC se ha irrogado ser el preferente intérprete de la Constitución pero, a despecho de lo que piensan sus magistrados, y lo que indebidamente dice su ley orgánica, eso no lo dice la Constitución. Y tanto los magistrados de la CSJR cuanto los del TC han juramentado, biblia en mano, cumplir el texto escrito de la Constitución.

Un connotado penalista al ver perdido un caso de extradición en que la CSJR autoriza el traslado del acusado al extranjero, acaba de “consultar” al TC si podía “revisar” la sentencia extradictoria del PJ. Un sonoro portazo fue la respuesta porque eso no es competencia del TC. Como tampoco es absolver consultas sobre diferentes tópicos de la constitucionalidad, como a veces políticos y funcionarios despistados suelen pedir.

El problema principal radica en que los magistrados de la CSJR no se sienten representantes de la defensa de la constitucionalidad y creen que ese terreno les ha sido parcialmente usurpado por el TC. Y los magistrados del TC –que suelen no tener experiencia forense ni en la justicia- se creen los únicos, exclusivos, excluyentes y omnímodos titulares del control de la constitucionalidad.

Esta interfase –entre la CSJR y el TC frente al control constitucional- es una tarea pendiente de construir apropiadamente. Ese es el reto de la academia, la docencia, la investigación y, ciertamente, de los propios actores en el PJ y en el TC.

Si a eso le sumamos el origen político en la designación congresal de los integrantes del TC que hacen aterrizar en el mismo a –algunos- sin preparación, sindéresis, madurez o cordura, y que luego generan una tormentosa la relación entre sí, complicándole la vida a su colegiado. ¿Quién paga los platos rotos de ello? El ciudadano común o las empresas, cuyos abogados simplemente representan sus derechos, que luego se verán afectados con sentencias dispares o fuera de la Constitución o con actuaciones manifiestamente arbitrarias, lo que evidentemente va contra la Constitución.

En un recientísimo caso, cuya sentencia ni siquiera se ha publicado, un voto singular fue filtrado a la prensa por los propios magistrados del TC interesados en petardear, al mejor estilo talibán, a sus propios colegas. Con una redacción inédita para un fallo constitucional y con lenguaje inapropiado, este voto singular más parece un ofensivo alegato de defensa del perdedor antes que una ecuánime e imparcial fundamentación jurídica. Allí se lee, con pésima redacción precedida de un huachafito epígrafe, que: “Con indignación, voto en contra de la (…) posición en mayoría del TC, porque considero con certeza, y sin ningún margen de duda, que por puros motivos subjetivos y amparándose en normas (…) citadas de modo incompleto, carentes de veracidad e irrelevantes para este caso, han otorgado un millonario beneficio tributario (…). No existe ley tributaria que así lo autorice, consagrando de este modo la “muerte” del legislador tributario(¿?), al haberse convertido el TC (…) en un legislador no diría activista sino irresponsable.” Y, así, otras lindezas. Tarea pendiente para el nuevo Congreso.

LO QUE LA CASA NO DA, LA POLITICA NO PRESTA

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AQL-BLOG LO QUE CASA NO DA...No cabe duda de que en la política los gestos cobran un importante valor, al punto que pueden preceder grandes éxitos o sonoroso fracasos.   El “manguerazo” de Belaúnde, el prolongado asilo de Haya de la Torre, la toma militar de la Brea y Pariñas a los 6 días del Golpe militar de Velasco, la inmediata devolución de los medios de prensa en el segundo mandato de Belaunde, los balconazos de Alan García y su floro, etc.

En este proceso post electoral mucho se ha escrito y especulado acerca de la tozuda negativa de Keiko Fujimori de reconocer y aceptar su derrota, saludando como corresponde a PPK, aún cuando su triunfo electoral haya sido apretado.  En el límite, en la rayita, con las justas, pero legítimo triunfo al fin de cuentas.

Su actitud da cuenta de una piconería, de una negación de la realidad, de falta de reflejos políticos y de la ausencia de esa madurez y solera que preceden a los verdaderos líderes políticos, ciertamente cuajados.  Ha quedado mucha sangre en el ojo y una gran frustración por haber perdido una elección en la línea de meta, por una nariz, cuando todos los hados parecían sonreír anunciando triunfo que nunca llegó.

Los extremos siempre se tocan. Es una paradoja. Los fujimoristas siempre criticaron que Mario Vargas Llosa no reconociera el triunfo de un desconocido rectorcito de una universidad nacional cuando le ganara al connotado escritor las elecciones de 1990, y que esa piconería dure más de un cuarto de siglo.  Ahora, al negarse a aceptar el triunfo de PPK, negándole un saludo personal -en gesto político que ennoblece más al derrotado que al triunfador- KFH termina haciendo lo mismo que ha criticado en MVLL respecto a AFF.

Si parafraseamos el dicho: “Lo que natura no da, Salamanca no presta”; podríamos decir también que lo que no se ha enseñado en casa, lo que no se ha aprendido en la escuela de la vida, la política activa (con sus connotados asesores) no presta.  La mezquindad del gesto noble y civilizado, la ausencia de una derrotada KFH estrechando la mano de un legítimo ganador como PPK solo termina rebotando contra élla y –aunque no lo quiera ver ni percibir- solo termina legitimando el ajustado triunfo de PPK demostrándole al elector que, finalmente, no se equivocó.

Cuando después de 3 intentos, finalmente el Partido Popular de Aznar le ganó las elecciones españolas al PSOE de Felipe Gonzalez –también dueño de un excelente floro-, éste expresó: “Nunca un triunfo ha sido tan amargo, ni una derrota tan dulce…”:.  Pero, en ningún caso, negó el saludo del triunfo a su oponente.

En la campaña electoral hubo un momento que pudo significar un punto de inflexión que bien pudo haber inclinado la balanza en uno u otro lado, y que ni PPK ni KFH vieron porque ambos tenían empañados los ojos con la sangre que dejó la virulencia del primer debate presidencial.  Fue cuando ambos coincidieron en el aeropuerto de Piura, cada uno hacia un nuevo destino, sin que ninguno de los dos ose saludarse, pese a estar separados el uno de la otra tan solo por escasos metros.

Si KFH se hubiera tragado el sapo y, dando un golpe de mano, le ganaba la iniciativa cruzando el hall del aeropuerto para estrechar la mano de un sorprendido PPK, hubiese enviado una imagen política imborrable e innegable.  Por otro lado, si un cazurro PPK, caballero él, cruzaba ese hall primero y le ganaba la mano a una sorprendida KFH estampándole un sonoro beso en el cachete, hubiese enviado, urbi et orbi, una imagen política inenarrable que le hubiese facilitado el angustioso triunfo final.  Piña;  los dos no la vieron y perdieron una oportunidad de oro de desplegar un gesto político de tolerancia, de democracia y del buen hacer que es, finalmente, lo que el político trasunta, como ejemplo de vida, hacia el ciudadano.

Al final de cuentas nada en la vida del político queda en la esfera privada y todo pasa a ser dominio público.  No se le permite ser rencoroso, ni vengativo, ni debe llorar en público. Sólo sonreir, aunque se cueza por dentro.  No debe permitir que sus filias o fobias se perciban fuera de su íntima esfera.  Así deben estar hechos los políticos, sobre todo si quieren tener perdurabilidad, verdadero liderazgo y desean intentar el campeonato el 2021.