I. Analice las palabras marcadas con negritas en las siguientes oraciones e identifique si presentan errores de concordancia (hay casos que son correctos). Estas oraciones han sido extraídas del Prefacio de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) peruana y semiadaptadas para los propósitos de esta actividad.

1. Las dos décadas finales del siglo XX son —es forzoso decirlo sin rodeos— una marca de horror y de deshonra para el Estado y la sociedad peruanas.

2. Se nos pidió investigar y hacer pública la verdad sobre los veinte años de violencia de origen político iniciadas en el Perú en 1980.

3. La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha concluido que la cifra más probable de víctimas fatales en esas dos décadas superan los 69 mil peruanos y peruanas muertas o desaparecidas a manos de las organizaciones subversivas o por obra de agentes del Estado.

4. La cifra es, también, demasiada estridente y rotunda como para que alguna autoridad o un ciudadano cualquiera pueda alegar ignorancia en su descargo.

5. Este informe exponen, pues, un doble escándalo: el del asesinato, la desaparición y la tortura masivos, y el de la indolencia, la ineptitud y la indiferencia de quienes pudieron impedir esta catástrofe humanitaria y no la hicieron.

6. El dato numérico poco nos ilustra sobre la experiencia del sufrimiento que se abatieron sobre las víctimas para no abandonarlos más.

7. En este informe, cumplimos con el deber que se nos impuso y con la obligación que contrajimos voluntariamente: exponer públicamente la tragedia como una obra de seres humanos padecido por seres humanos.

8. Diecisiete mil testimonios aportados voluntariamente a la Comisión nos ha permitido reconstruir, siquiera en esbozo, la historia de esas víctimas.

9. Agobia encontrar en esos testimonios, una y otra vez, el insulto racial, el agravio verbal a personas humildes, como un abominable estribillo que preceden a la golpiza, la violación sexual, el secuestro del hijo o la hija, el disparo a quemarropa de parte de algún agente de las fuerzas armadas o la policía.

10. Este informe muestra al país y al mundo que es imposible convivir con el desprecio, que este es una enfermedad que acarrean daños muy tangibles. Desde hoy , el nombre de miles de muertos y desaparecidos estarán aquí, en estas páginas, para recordárnoslo.

11. El cautiverio de poblaciones indefensas, el maltrato sistemático, el asesinato como forma de impartir ejemplos e infundir temor conformó una metodología del horror puesta en práctica al servicio de un objetivo.

12. El triunfo de la razón estratégica, la voluntad de destrucción por encima de todo derecho elemental de las personas, fueron la sentencia de muerte para miles de ciudadanos del Perú. Esta voluntad la hemos encontrado enraizado en la doctrina del PCP-Sendero Luminoso.

13. Por su carácter inherentemente criminal y totalitario, despectivo de todo principio humanitario, el PCP-Sendero Luminoso son una organización que, en cuanto tal, no puede tener cabida en una nación democrática y civilizada como lo que deseamos construir los peruanos.

14. Además, hemos llegado a la convicción de que, en ciertos periodos y lugares, las fuerzas armadas incurrió en una práctica sistemático o generalizado de violaciones de derechos humanos y que existen fundamentos para señalar la comisión de delitos de lesa humanidad, así como infracciones al derecho internacional humanitario.

15. Tanta muerte y tanto sufrimiento no se puede acumular simplemente por el funcionamiento ciego de una institución o de una organización. Se necesita, como complemento, la complicidad o al menos la anuencia de quienes tienen autoridad y, por lo tanto, facultades para evitar una desgracia.

16. Se alimentó la impresión de que los principios constitucionales eran ideales nobles pero inadecuadas para gobernar a nuestro pueblo.

17. Es penoso, pero cierto: quienes pidieron el vot o de los ciudadanos del Perú para tener el honor de dirigir nuestro Estado y nuestra democracia; quienes juraron hacer cumplir la Constitución que los peruanos se habían dado a sí mismos en ejercicio de su libertad, optaron con demasiado facilidad por ceder a las fuerzas armadas esas facultades.

18. Este informe señala, pues, las responsabilidades de esa clase política que, debemos recordarla, no ha realizado todavía una debida asunción de sus culpas en la desgracia de los compatriotas a los que quisieron gobernar.

19. Como peruanos, nos sentimos abochornados por decir esto, pero es la verdad y tenemos la obligación de hacerlo conocer.

20. Nadie se debe escudar en los defectos de nuestra sociedad ni en los rigores de nuestra historia para evadir sus responsabilidades. Es cierto —y esa es una lección mayor de este informe— que existe una culpa general, la culpa de la omisión, que involucran a todos los que dejamos hacer sin preguntar en los años de la violencia.

 

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