Un Papa con sentido del humor

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4.00 p m| ROMA19 abr 12 (BV/CHIESA).- El 16 de abril Benedicto XVI cumplió 85 años y hoy 19 de abril cumple siete años de pontificado, celebrándolo con alegría, trabajando, leyendo y preparando documentos, mientras al Vaticano continuaron llegando mensajes de felicitación.
Una frase extraída del libro-entrevista “Luz del mundo” y, puesta en este día, suena categórica: “Toda mi vida ha estado atravesada siempre por un hilo conductor, que es el siguiente: el cristianismo da alegría, ensancha los horizontes. En definitiva, una existencia vivida siempre y solamente “en contra de” sería insoportable”.

Esto no es un examen minucioso, pero se puede apostar que si se analizaran las reiteraciones verbales presentes en el interior de los textos de Benedicto XVI, la palabra más utilizada sería “alegría”.

Partimos de una de las numerosas afirmaciones suyas sobre la importancia, para el cristiano, de la alegría, y tratamos de aplicarla a este Papa que se presentó apenas fue elevado al papado como “humilde trabajador en el viña del Señor”. Es una frase extraída del libro-entrevista “Luz del mundo” y, puesta casi al comienzo, suena categórica:

“Toda mi vida ha estado atravesada siempre por un hilo conductor, que es el siguiente: el cristianismo da alegría, ensancha los horizontes. En definitiva, una existencia vivida siempre y solamente “en contra de” sería insoportable”.

Primer punto: alegría y razón están ligadas. La ligazón se encuentra en esta extraña religión que “amplía los horizontes”. Hablando de su conversión, Gilbert K. Chesterton escribió: “convertirse en católico ensancha la mente”, y más adelante dice: “convertirse en católico no significa dejar de pensar, sino aprender a hacerlo”.

Segundo punto, una sorpresa: quizás estábamos habituados a la idea de un Papa revolucionario, de un Papa “en contra de”, pero he aquí que llega repentinamente la desmentida, porque no se puede vivir “siempre y solamente ‘en contra de’”.

Obviamente, la contraposición es sólo aparente. En la misma frase, más adelante, el Papa lo define efectivamente en forma precisa: “Pero al mismo tiempo he tenido siempre presente, aunque en distinta medida, que el Evangelio se encuentra en oposición a las constelaciones poderosas. […] Soportar ataques y oponer resistencia forma efectivamente parte del juego; es una resistencia, pero que tiende a sacar a la luz lo que hay de positivo”.

Resistencia, entonces, quiere decir abandono de toda resignación, lamento o resentimiento, y camino de búsqueda paciente y tenaz de “lo que hay de positivo”, búsqueda de esa bondad que está escondida en los pliegues de la historia de los hombres. Este es el coraje de Benedicto, el coraje de la alegría:

“La alegría simple, genuina, se ha tornado muy rara. La alegría está hoy en cierto modo cada vez más cargada de hipotecas morales e ideológicas. […]. El mundo no se convierte en algo mejor si está privado de la alegría, el mundo tiene necesidad de personas que descubran el bien, que sean capaces de experimentar alegría por ello y que de este modo reciban también el estímulo y el valor para hacer el bien. […]. Tenemos necesidad de esa confianza originaria que en última instancia sólo puede darla la fe: que en definitiva el mundo es bueno, que Dios existe y es bueno. De aquí deriva también el coraje de la alegría, que a su vez se convierte en compromiso para que los demás puedan también alegrarse y recibir la buena noticia”.

Humildad quiere decir valentía, la valentía de la alegría.

Alegría y humildad progresan o retroceden de la mano. Chesterton lo había entendido bien en su breve pero denso ensayo de 1901 sobre la humildad:

“Según la nueva filosofía de la autoestima y de la autoafirmación, la humildad es un vicio. […] Ella acompaña a toda gran alegría de la vida con la precisión de un mecanismo de relojería. Por ejemplo, nadie ha estado jamás enamorado sin abandonarse a una verdadera y propia orgía de humildad. […] Si hoy la humildad ha sido desacreditada como virtud, no será del todo superfluo observar que este descrédito coincide con la gran regresión de la alegría en la literatura y en la filosofía contemporáneas. […] Cuando somos genuinamente felices pensamos que no merecemos la felicidad. Pero cuando pretendemos una emancipación divina, parece que tuviéramos la certeza absoluta de no merecer nada”.

Alegría y humildad, entonces. Las dos están o caen juntas. Falta una pequeña cuña pero que está muy presente en el hombre y en el Papa bávaro: el humor.

Para Benedicto XVI, alegría y humor están estrechamente conectados. Escribe como conclusión de su ensayo de teología dogmática “El Dios de Jesucristo”:

”Una de las reglas fundamentales para el discernimiento espiritual podría ser entonces la siguiente: donde falta la alegría, donde muere el humor, allí no está ni siquiera el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesucristo. Y por el contrario: la alegría es un signo de la gracia. Quien está profundamente sereno, quien ha sufrido sin por eso perder la alegría, ese no está lejos del Dios del Evangelio, del Espíritu de Dios, que es el Espíritu de la alegría eterna”.

Decía Jacques Maritain que una sociedad que pierde el sentido del humor prepara su propio funeral.

El humor como camino para la alegría; el “sense of humour” como modo gracioso (en el sentido más sano del término) de vivir la vida, partiendo del punto fundamental: la esencia del cristianismo es la alegría. Para decirlo con Chesterton, maestro del humor, “la alegría es el gigantesco secreto del cristiano”. Escribe Benedicto XVI en “La sal de la tierra”:

“La fe da alegría. Si Dios no está aquí, el mundo es una desolación, y todo se torna aburrido, cada cosa es totalmente insuficiente. […] El elemento constitutivo del cristianismo es la alegría. Alegría no en el sentido de una diversión superficial, cuyo fondo puede ser también la desesperación”.

Si el mundo vuelve la espalda a Dios, nos dice el Papa-teólogo y ex prefecto del ex Santo Oficio, no se condena a la mentira, a la blasfemia y ni tampoco a la herejía, sino al aburrimiento. Nos viene a la mente la frase de Clive S. Lewis (autor de las Crónicas de Narnia), pronunciada cuando todavía no se había convertido del ateísmo al cristianismo: “Los cristianos están equivocados, pero todos los demás son aburridos”.

Imagen: (Getty) Uno de los obsequios mas apreciados por Benedicto XVI, la danza, música y arte. El 16 de abril, niños de Munich, realizaron el baile típico de Baviera como regalo por el cumpleaños del Papa.

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