Rusia despliega 2.000 militares en el distrito que hace frontera con Ucrania y más de 600 en Crimea

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MOSCÚ, 10 Feb. (Reuters/EP) – Las Fuerzas Armadas de Rusia han desplegado unos 2.000 militares en unas maniobras en el Distrito Militar Sur del país y unos 600 efectivos en la península de Crimea, anexionada a su territorio en marzo de 2014, unos ejercicios que llegan un día antes del comienzo este miércoles de las conversaciones internacionales en Minsk (Bielorrusia) sobre el conflicto de Ucrania, han informado las agencias de noticias Interfax y RIA Novosti.

Un responsable del Distrito Militar Sur de Rusia, en el que se encuadra la zona fronteriza con Ucrania, ha asegurado a la agencia de noticias rusa que los ejercicios van a durar un mes. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, tiene previsto reunirse este miércoles en Minsk con su homólogo ucraniano, Petro Poroshenko, y con el jefe de Estado de Francia, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, para intentar acordar una solución al conflicto en el este de Ucrania.

La agencia de noticias RIA ha informado de que más de 600 militares rusos han comenzado unos ejercicios en Crimea. Una fuente de la Flota rusa del Mar Negro ha confirmado que las unidades de defensa costera han comenzado unas maniobras en la península, con unas 50 unidades de armamentos.

En: europapress

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Las relaciones con Rusia provocan la primera tormenta política sobre Grecia

Los servicios de seguridad europeos escrutan la cercanía de varios ministros al Kremlin. La UE maniobra para suavizar el veto griego a las sanciones a Rusia.

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Colosal error de cálculo o as en la manga a la hora de defender estrategias de negociación en Europa. Entre estos dos extremos basculan las explicaciones que se dan en Atenas al primer movimiento diplomático del Gobierno de Alexis Tsipras, decididamente pro-Rusia, lo que ha desatado la primera tormenta política sobre el nuevo Ejecutivo.

El lunes, nada más tomar posesión como primer ministro, la oficina de Tsipras lamentó que la Unión Europea hubiera incluido a Grecia sin consulta previa en un comunicado que instaba a Moscú a aplicar los acuerdos de alto el fuego de Minsk en el este de Ucrania, y amenazaba con nuevas sanciones. El martes, el número tres de Exteriores dijo que “Grecia no está de acuerdo con el espíritu de las sanciones”, mientras el mismo ministro de Defensa, Panos Kamenos —líder del partido de derecha nacionalista que apoya a Syriza—, abría la puerta “a una mayor colaboración con Rusia en la compra de armamento”. El miércoles, el superministro de Reconstrucción Productiva y Energía, Panayiotis Lafazanis —único representante en el Gobierno de la facción más izquierdista de Syriza—, declaró: “Estamos contra el embargo impuesto a Rusia”.

A todo ello se suma un gesto no por simbólico menos importante. Hasta ahora, el primer embajador que se reunía con el nuevo primer ministro griego era el norteamericano (EE UU tiene una importante base militar en el país, en la isla de Creta; vital para la cobertura del Mediterráneo oriental). Tsipras rompió con esa tradición el lunes, al elegir al embajador ruso en Atenas, Andrei Maslov, para su primer contacto diplomático. Nada pudo entusiasmar más a los medios rusos, unánimes en los titulares: “Grecia da una lección de democracia a Bruselas” o “Syriza es el nuevo aliado de Rusia”. Dos días después, el presidente Barack Obama llamaba por teléfono a Tsipraspara para reiterarle la “tradicional alianza” entre ambos países.

Las relaciones de Grecia con Rusia vienen de lejos, pero nunca habían alcanzado este protagonismo. El año pasado, durante su gira internacional como candidato a presidente de la Comisión Europea, Tsipras visitó en mayo Moscú, donde clamó contra “la presencia de neonazis en [el Gobierno de] Kiev” —el mensaje oficial de los prorrusos de Ucrania y de Moscú— y denunció las sanciones contra el Kremlin. En el viaje le acompañaba su actual ministro de Exteriores, Nikos Kotziás, procedente del Partido Comunista de Grecia (KKE, afín a Moscú). El nacionalista Kotziás mantiene una buena relación con el también nacionalista radical Alexander Duguin, uno de los ideólogos del eurasianismo —y próximo a Vladímir Putin—, a quien ha invitado a la Universidad del Pireo, donde Kotziás era profesor de Relaciones Internacionales.

Pero no es el único que frecuenta Moscú, también lo ha hecho Panos Kamenos. Tanto este como Kotziás han sido cortejados por el círculo más íntimo del Kremlin, donde figuran algunos de los nombres que tienen prohibido viajar a la UE y EE UU por las sanciones. Estas relaciones peligrosas —Dugin es muy conocido entre los radicales populistas europeos— están bajo la lupa de los servicios de seguridad europeos.

De todo lo dicho se desprende “la preocupación” con que el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, visitó este jueves Atenas. En la reunión que mantuvo con Tsipras se abordaron “todos los temas europeos”, incluidas la crisis de Ucrania y la postura hacia Rusia, el único asunto en el que, según fuentes de Exteriores, Tsipras y Schulz no se pusieron de acuerdo. “Estamos trabajando para evitar una ruptura de la UE y Rusia”, apuntó por su parte Kotziás en Bruselas.

“Me sorprende muy negativamente esta actitud del Gobierno hacia Rusia, porque aleja a Grecia de Europa en un momento crítico. Antes de que hayan empezado las negociaciones con la troika, el Gobierno de Tsipras ya ha creado una seria divergencia”, subraya el profesor Dimitri Sotirópulos, de la Universidad de Atenas. “No creo que Grecia vaya a cambiar sustancialmente su discurso pero sí va a utilizar este asunto como herramienta para sus negociaciones. Tsipras quiere ampliar su agenda internacional y abrir otros frentes para poder negociar con Bruselas; algo así como decirle a la UE “ya tienen bastantes problemas con nosotros, pero podemos crearles más”, explica Kostas Pliakos, editor de Internacional del diario Eleutheros Typos. “Las relaciones con Rusia son un tema tabú, porque EE UU aún está muy presente en este país; pero Rusia, por cuestiones estratégicas y energéticas [el trazado del gasoducto alternativo a South Stream], interesa mucho más”, concluye.

En: internacionalelpais

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Putin felicita al líder de Syriza por la victoria en las elecciones de Grecia

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, felicitó al líder del partido griego Syriza, Alexis Tsipras, por la victoria en las elecciones al Parlamento heleno, informó este lunes el Kremlin.

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En el mensaje de felicitación, el presidente Putin expresó la confianza de que ambos países “continuarán ampliando su cooperación tradicionalmente constructiva en todos los ámbitos y colaborarán de forma eficaz en la resolución de problemas de la actualidad europea y mundial”, según el comunicado. El mandatario ruso deseó a Tsipras que su gestión en cargos de gran responsabilidad pública tenga éxito en un momento tan difícil como el actual.

Tras el escrutinio del 90% de los votos, la Coalición de Izquierda Radical, Syriza, obtiene el 36,3% de los apoyos y 149 de los 300 escaños del Parlamento griego. La formación centroderechista Nueva Democracia del actual primer ministro Antonis Samarás reúne el 27,8% de los votos y 76 escaños. El tercer mejor resultado es para el ultraderechista Amanecer Dorado, con el 6,3% de los apoyos y 17 escaños.

Según datos preliminares, un total de siete partidos podrán tener representación en el Legislativo. Grecia celebró el domingo legislativas anticipadas después de que el anterior Parlamento se disolviera en diciembre pasado tras fracasar la elección de un nuevo presidente del país.

En: mundo.sputniknews

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La amenaza rusa se queda sin combustible

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En Europa, el acontecimiento definitorio del año 2014 fue la anexión de Crimea a Rusia y la intervención militar en la región de Donbass, al este de Ucrania. Las acciones del Kremlin desafiaron los principios fundamentales que han guiado a Europa desde hace más de seis décadas, en particular, a la renuncia al uso de la fuerza para alterar las fronteras nacionales. Sin embargo, Rusia no está en condiciones de sostener su política exterior agresiva.

A menudo se ha argumentado que Rusia estaba reaccionando ante la intrusión percibida en sus cercanías, al tiempo que era presionada por la Unión Europea y la OTAN. Pero la historia sugiere una explicación más simple: una década de constante aumento de los precios del petróleo envalentonó a Rusia, dejándola lista para aprovechar cualquier oportunidad de desplegar su poderío militar.

De hecho, la Unión Soviética tuvo una experiencia similar hace 40 años, cuando un período prolongado de aumento de los ingresos petroleros dio pie a una política exterior cada vez más agresiva, que culminó en 1979 con la invasión de Afganistán.

La floreciente riqueza petrolera reforzó la credibilidad del régimen, y el aumento de la fuerza económica y militar dio a los vetustos líderes de la Unión Soviética un sentido rejuvenecido de invulnerabilidad. La invasión de Afganistán no fue simplemente una respuesta improvisada a un hecho local (un golpe de Estado en Kabul); también fue un resultado directo de este patrón.

La reacción de Putin ante las manifestaciones del Euromaidán en Ucrania siguió un patrón similar. En ambos casos, se vio una oportunidad, aparentemente de bajo costo, que supondría una gran ganancia estratégica, al menos en el corto plazo. De hecho, si bien las consecuencias devastadoras de la aventura afgana de la Unión Soviética son ahora ya conocidas en su integridad, en aquel entonces la invasión fue vista como una gran derrota para el Occidente.

La retirada del ejército soviético en 1988 se atribuye generalmente a la insurgencia afgana, liderada por muyahidines entrenados en Pakistán con el apoyo de Estados Unidos. Pero la caída de los precios del petróleo durante la década de 1980, que redujo el valor de la producción soviética a un tercio de su nivel máximo, sin duda, desempeñó un papel.

La postura de Rusia cambió durante la década de 2000, mientras los precios mundiales del petróleo -y la producción de Rusia- se recuperaban, revitalizando la base económica del país en momentos en los que sus líderes se tornaban cada vez más autocráticos. Sólo entonces Rusia comienza a reclamar que EEUU y sus aliados europeos llevaran a cabo un compromiso implícito con relación a no ampliar la OTAN hacia el oriente.

Con los precios del petróleo en constante aumento, el valor de la producción de crudo de Rusia alcanzó un nuevo pico, aproximadamente diez veces el nivel de 1999, en 2008. Rusia invadió Georgia el mismo año. Aunque los precios se derrumbaron durante la Gran Recesión de 2009, rápidamente se recuperaron, llegando la producción rusa a otro pico en el período 2012-2013. Fue precisamente en dicho momento cuando la posición de Rusia sobre el Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la Unión Europea se endureció. Debido a que la UE y Ucrania ya habían estado negociando el acuerdo durante dos años, sin que existiera mucha reacción de Rusia, la UE se vio sorprendida por las objeciones bruscas y repentinas del Kremlin.

Es evidente que la actitud de Rusia hacia su exterior cercano no es tan errática como puede parecer. Cuando los precios del petróleo suben, Rusia expresa sus resentimientos latentes de forma más agresiva, a menudo empleando sus fuerzas armadas. Además, cuando los precios son más altos, la industria del petróleo desplaza y reduce la participación de otros sectores de exportación que apoyan a los mercados abiertos y una política exterior menos agresiva.

Después de la guerra soviética en Afganistán se produjo un descenso de largo recorrido en los precios del petróleo. La reciente caída de la cotización – a 50-60 dólares por barril, que reduce a la mitad el valor de la producción de petróleo de Rusia- sugiere que la historia está a punto de repetirse. Y los precios del petróleo no son el único problema de Rusia. Las sanciones de Occidente, que parecían constituir sólo un pinchazo hace unos meses, parecen haber causado graves daños, ya que el rublo ha perdido casi la mitad de su valor frente al dólar estadounidense el año pasado. Aunque los mercados financieros se calmarán cuando el tipo de cambio del rublo se asiente en su nuevo equilibrio, la economía de Rusia se mantendrá débil, lo que obligará a que los líderes del país tomen decisiones difíciles.

En este contexto, un punto muerto en la región de Donbass parece más probable que una ofensiva directa destinada a ocupar el resto de la región y establecer un corredor hacia Crimea. El resultado que muchos en Occidente temían inicialmente.

El nuevo proyecto Novorossya del presidente Vladimir Putin simplemente no puede progresar con los precios del petróleo en su nivel actual.

Sin duda, Rusia continuará desafiando a Europa, pero ningún alarde de fuerza puede compensar la desintegración de la base material de la economía causada por el nuevo equilibrio en el mercado petrolero. En este sentido, EEUU ha venido al rescate de Europa de una manera diferente: la producción de petróleo de esquisto y el poder gasífero norteamericano posiblemente desempeñen un papel más importante en cuanto a mantener a Rusia a raya en comparación al papel que desempeñan las tropas de la OTAN en las fronteras orientales de Europa.

En: economiahoy

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¿Quién se beneficia de la crisis rusa?

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La crisis rusa puede presentar una oportunidad para otros países.

La diplomacia rusa, asediada por la caída del precio petrolero y el conflicto con la Unión Europea y Estados Unidos en torno a Ucrania, está diversificando sus alianzas planetarias.

Los países vecinos y China son los pilares de esta estrategia y posibles beneficiarios de la reorientación económica rusa por efecto de la nueva realidad geopolítica global. Algunos incluso sugieren que América Latina podría obtener algunos beneficios.

Según Paulo Botta, director del Departamento de Eurasia de la Universidad de la Plata en Argentina, se trata de una estrategia de largo aliento.

“Rusia se ve a sí misma como un actor global. De manera que quiere tener una presencia en distintas partes del planeta. Con la crisis esta estrategia le ha servido a Putin para mostrar que no están aislados internacionalmente”, indicó a BBC Mundo Botta.

Eurasia

Los países vecinos, ex miembros de la Unión Soviética, son el espacio natural.

Este primero de enero empezó a funcionar la Unión Económica Eurasiática (UEE), integrada por Bielorrusia, Kazajistán, Rusia y Armenia, al que podrían sumarse Kirguistán, Azerbaiján, Uzbekistán e incluso Vietnam.

Más en los márgenes, pero también pendientes de posibles alianzas, se encuentran Turquía, India e Israel.

La Unión Económica Eurasiática (UEE) anunciada a comienzos del año tiene más de 170 millones de habitantes y un Producto Interno Bruto (PIB) conjunto de US$4 billones.

Los cuatro miembros – cinco cuando Kirguistán se añada en el curso del año – representan la quinta parte de las reservas de gas del mundo y un 15 por ciento del petróleo global.

El comercio entre sus miembros creció en un 50% desde que en 2011 se dio el primer paso para la UEE con la creación de una unión aduanera: el intercambio hoy asciende a unos $US60 mil millones.

Al mismo tiempo la asimetría entre Rusia y las otras naciones es muy fuerte.

Rusia tiene superavit comercial en todos los casos: el peligro para sus socios es terminar en una versión apenas disimulada de la vieja Unión Soviética.

Según Paulo Botta la mayor debilidad actual de Rusia puede favorecer una integración más equitativa.

“Rusia aporta a estos países la posibilidad de una economía de escala. No es lo mismo invertir en un país de unos pocos millones de personas que saber que esa inversión se puede expandir a toda la zona y llegar a Rusia. Dado que Rusia está más débil, ha tenido una posición más negociadora”, indicó a BBC Mundo.

Turquía

Turquía se ha beneficiado con la crisis, aseguran expertos.

La diplomacia rusa considera que esta nueva esfera de socios comerciales para la economía rusa se trata de un espacio abierto.

Entre los más optimistas se proclama la posible incorporación de países tan diversos como Turquía, Israel, Vietnam e India.

“No es realista pensar que esto va a ocurrir pronto. A lo sumo estos países verán como funciona la UEE para luego hacer su propia apuesta. Lo que no quiere decir que no haya habido movimiento. Turquía, por ejemplo, se ha beneficiado mucho con la crisis, sentando una fuerte presencia de sus subsidiarias en el mercado ruso y permitiendo que empresas occidentales aprovechen su inversión en Turquía para llegar al mercado ruso”, indicó a BBC Mundo Botta.

Por su parte India, aliado histórico desde la época soviética, firmó en noviembre una serie de acuerdos energéticos que incluyen la cooperación rusa en la construcción a unos 10 reactores nucleares.

Como confirmó en aquel momento el primer ministro de la India Narenda Modi, Rusia seguirá siendo su principal fuente de equipamiento militar.

China

El intercambio entre Rusia y China llegó a US$89.000 millones en 2013.

El crecimiento del comercio ruso con Eurasia empalidece cuando se compara con el intercambio bilateral con China, que alcanzó los US$89 mil millones en 2013.

En noviembre China y Rusia firmaron 16 acuerdos, entre ellos un gasoducto para transportar gas natural a China.

Pero además, la retirada de firmas occidentales como Exxon, Eni y Statoil del norte ruso y la estratégica zona ártica, que tiene un 13 por ciento del petróleo no descubierto mundial y un 30% del gas natural, deja un espacio abierto para China que ya ha manifestado su interés en la región.

Putin acusa a las naciones occidentales de ir contra los intereses de Rusia. “China fue el que mejor aprovechó la crisis rusa, sobre todo por el lado de la compra de gas, porque el gas, a diferencia del petróleo, es un precio mucho más político que se fija bilateralmente. A estos acuerdos se suma el interés estratégico de China en la zona ártica que, con el calentamiento global, se va derritiendo, abriendo al posibilidad de su explotación comercial”, indicó a BBC Mundo Botta.

La relación bilateral tiene sus sombras. El espacio de Eurasia choca con el interés de China por conformar la nueva ruta de la seda.

Según Jos Boonstra, jefe del programa de Eurasia de Fride, un centro de análisis de Relaciones Internacionales, la cooperación entre ambos países en este área será nula.

“Para los países de la Unión Económica Eurasiática, Rusia es económicamente menos importante que China. Es decir, que hay un nivel de competencia, aunque a ambos les interesa la estabilidad política de la zona”, indicó a BBC Mundo.

¿Y América Latina?

Rusia prohibió la importación de lácteos de Estados Unidos o la UE.

Algunos creen que América Latina podría cubrir parte de esa demanda.

En agosto, en represalaia por las sanciones de Occidente, el gobierno de Vladimir Putin prohibió la importación de carne, lácteos, frutas, verduras y pescado de Estados Unidos o la Unión Europea, importaciones que rondaban los US$18mil millones.

Esta prohibición generó una intensificación de la relación diplomática-comercial de la región con Rusia para intentar captar la ventaja competitiva que tienen algunos países de América Latina en esos productos.

A fin del año pasado la caída del precio petrolero y la fuerte devaluación del rublo pusieron paños fríos sobre este inicial optimismo.

Hoy la región va a tener que luchar contra un consumo a la baja y una competencia por el lado del precio con países vecinos de Rusia que tienen costos de transporte mucho más económicos.

Aún así, la región es potencialmente una de las ganadoras de este conflicto.

“El potencial existe, pero estamos en un momento de extemada fluidez. Para darle un ejemplo. Turqúia está aprovechando esta crisis rusa para posicionarse como alternativa en alimentos y otros rubros. ¿Compite o no con América Latina? No lo hace en las frutas porque son productos estacionales: Turquía produce cuando la región no lo hace y viceversa. Pero en electrodomésticos sí es un rival. La oportunidad está, pero también la competencia”, indicó Botta a BBC Mundo

En: BBC

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Ministro de Finanzas ruso llama a reducir los gastos de defensa

El ministro de Finanzas ruso, Antón Siluánov, se pronunció este viernes por recortar los gastos de defensa, al calificarlos de elevados.
Las asignaciones a la seguridad y defensa representan un tercio del presupuesto federal, “listón alto” en opinión de Siluánov.

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“Creo necesario reestructurar los gastos, redistribuirlos a favor de infraestructuras, educación, etcétera”, declaró el ministro en una comparecencia ante la prensa.

Agregó que “resulta difícil soportar tanto gasto militar” y propuso, en particular, plantearse “una optimización del personal, especialmente en los cuerpos de seguridad, donde hay grandes reservas”.

En 2015, Rusia planea asignar a defensa 3,3 billones de rublos (más de $61.000 millones al cambio actual) o el 4,2% del PIB, lo que convierte su presupuesto militar en uno de los mayores del mundo.

La viceministra de Defensa, Tatiana Shevtsova, dijo en una reciente entrevista con el diario Kommersant que más del 65% de esta suma se destinará al rearme del Ejército y la Marina, así como a la modernización de las empresas de la industria militar.

Shevtsova afirmó que los llamamientos recortar los gastos de defensa en la actualidad son “totalmente equivocados”.

En: sputniknews

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Caen las reservas de divisas en Rusia

Las reservas de divisas de Rusia, que están entre las más grandes del mundo, acaban de situarse por debajo de los 400.000 millones de dólares por primera vez desde 2009. Moscú asegura que la caída ya ha sido frenada.

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Las reservas de divisas de Rusia cayeron a 398.900 millones de dólares (unos 327.000 millones de euros), situándose por primera vez desde 2009 por debajo de la marca de los 400.000 millones de dólares. Así lo informó este jueves (25.12.2014) el banco central del país euroasiático, que este año ha invertido más de 80.000 millones de dólares para apuntalar al rublo. El ministro de Finanzas ruso, Anton Siluanov, subrayó que la caída ya ha sido frenada. “Estamos viendo una tendencia a que el rublo se fortalezca”, indicó el funcionario

Aunque las reservas de divisas de la Federación Rusa todavía se cuentan entre las mayores del mundo, éstas se redujeron en 15.700 millones de dólares solamente entre el 13 y el 19 de diciembre. Tras llegar a un récord de mínimos la semana pasada, la moneda volvió a subir gracias a la intervención del Gobierno. Simultáneamente, cada vez más grandes empresas privadas y públicas piden garantías, créditos y otras ayudas ante el temor de que los compromisos económicos adquiridos no pueden ser honrados.

Entre esas compañías se encuentran la petrolera Rosneft, el VTB Bank y la aerolínea Transaero. El Gobierno de Vladimir Putin ofreció ayudas procedentes del fondo de bienestar nacional, que actualmente cuenta con cuatro billones de rublos (unos 63.000 millones de euros). Rusia, cuya economía depende ante todo de la venta de materias primas –sobre todo de petróleo–, atraviesa una seria crisis económica debido a la caída de los precios del crudo y a las sanciones que le han impuesto varios países Occidentales por su actuación de cara al conflicto interno ucraniano.

El propio Putin señaló que a los factores externos de la actual crisis nacional se suman problemas económicos internos, por lo que la situación ofrece una oportunidad para una “renovación” puertas adentro.

ERC ( dpa / Reuters )
En: DW

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Rusia bajo presión

El derrumbe del precio del petróleo y las sanciones de los países occidentales golpean con dureza la economía rusa. El rublo pierde valor y las medidas de rescate del Banco Central son ineficaces. Una situación que aviva el recuerdo de la crisis de 1998. El Kremlin lucha por su futuro. (Click en la imagen)

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En: DW

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La lección de la Primera Guerra Mundial que la economía global olvida

Jeffrey Sachs es uno de los más destacados economistas del mundo. Entre los muchos gobiernos a los que ha asesorado durante tres décadas están Bolivia, Polonia y Rusia al final de la Guerra Fría. En esta reflexión escrita para la BBC, señala que la forma en la que se comportan los vencedores al final de un conflicto determina lo que ocurrirá en el futuro.

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Sachs asesoró a Bolivia y Polonia en los 80. El éxito hizo que los llamaran a Rusia, pero la historia allá no fue igual.

Este ha sido un año de grandes aniversarios geopolíticos. Hace 100 años empezó la Primera Guerra Mundial, un evento que, más que ningún otro, le dio forma a la historia durante el siglo pasado. Hace 25 años cayó el Muro de Berlín, el primer capítulo de la desaparición del Imperio soviético y el fin de la Guerra Fría. Y sin embargo, dolorosamente observamos algo que va más lejos que el mero recuerdo.

Como dijo William Faulkner, “el pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”.

La Primera Guerra Mundial y el Muro siguen moldeando nuestras realidades más urgentes en la actualidad. Las guerras en Siria e Irak son un legado del cierre de la Gran Guerra, y los dramáticos eventos en Ucrania se desarrollan bajo la larga sombra de 1989.

1914 y 1989 son momentos bisagra, puntos decisivos en la historia que cambian el rumbo de los eventos subsecuentes. La manera en la que se comportan tanto las naciones grandes como las pequeñas en esos momentos determina el curso futuro de la guerra y la paz.

Yo participé directa y personalmente en los eventos de 1989, y vi cómo se desarrollaba esa lección: positivamente en el caso de Polonia y negativamente en el de Rusia. Les puedo decir que mientras me desempeñaba como asesor económico durante 1989-92, constantemente recordaba preocupado lo ocurrido en 1914. Y hoy en día sigo con la misma preocupación.

En 1919, al final de la Primera Guerra Mundial, el gran economista británico John Maynard Keynes nos enseñó una lección invaluable y perdurable sobre esos momentos bisagra: cómo las decisiones de los vencedores impactan las economías de los vencidos, y cómo los pasos falsos de los poderosos pueden fijar el rumbo de las guerras futuras.

Con una visión astuta, clarividencia y dotes literarias, “Las consecuencias económicas de la paz” de Keynes (1919) predijo que el cinismo y miopía de la base del Tratado de Versalles, especialmente la imposición de reparaciones de guerra punitivas para Alemania, y la falta de soluciones para las crisis financieras de los países deudores, condenaría a las economías europeas a crisis continuas que de hecho incitarían el surgimiento de otro tirano vengativo en la próxima generación.

El apasionado llamado de Keynes es uno de esos admirables estallidos geniales que retumba por generaciones. Ese libro y sus lecciones se convirtieron en una guía formativa para mí durante mi carrera como asesor y analista económico.

De la angustia de Bolivia a la de Polonia

Como un economista recientemente formado hace unos 30 años, de repente me vi a cargo de asistir a un pequeño y casi olvidado país: Bolivia, en la búsqueda de una salida a su rotundo desastre económico. Los escritos de Keynes me ayudaron a entender que la crisis financiera de Bolivia debía considerarse en términos sociales y políticos y que el acreedor de ese país, Estados Unidos, compartía la responsabilidad de resolver la angustia económica boliviana.

Mi experiencia en Bolivia en 1985-86 me llevó a Polonia, en la primavera de 1989, invitado por el último gobierno comunista y el sindicato Solidaridad, que era su fuerte opositor. Polonia, como Bolivia, estaba en la bancarrota financieramente. Y Europa en 1989, como Europa en 1919, estaba en un gran momento bisagra de la historia.

Mijaíl Gorvachov estaba en el poder en la Unión Soviética, y estaba dispuesto a ver a Europa reconciliada en paz y democracia. Ese gran hombre deseaba llevar a su propio país hacia un nuevo orden democrático. Polonia fue la primera nación de la región en tomar el camino de la democracia en ese año trascendental. Pronto me convertí en el principal asesor económico foráneo del nuevo gobierno polaco. Una vez más, basándome en Keynes, abogué por el tipo de asistencia internacional que me parecía vital para que Polonia pudiera hacer una transición pacífica y exitosa a un gobierno democrático postcomunista.

Específicamente, apelé a la Casa Blanca, 10 Downing Street, el Palacio del Elíseo y la Cancillería alemana para que proveyeran una asistencia progresista, como un elemento clave en la construcción de una Europa nueva, unida y democrática.

Fueron días embriagadores para mí como asesor económico. Había momentos en los que parecía que mis deseos eran órdenes para la Casa Blanca. Una mañana, en septiembre de 1989, recurrí al gobierno estadounidense para que le diera a Polonia US$1.000 millones para estabilizar la moneda. En la tarde del mismo día, la Casa Blanca confirmó la entrega del dinero. No es chiste: ¡ocho horas entre la solicitud y el resultado!

Convencer a la Casa Blanca de que apoyara una cancelación de las deudas polacas tomó un poco más de tiempo, con negociaciones de alto nivel que se extendieron por cerca de un año, pero al final en eso también tuve éxito.

El resto, como dicen, es historia. Polonia introdujo fuertes medidas de reforma, basadas en parte en las recomendaciones que yo había ayudado a diseñar. EE.UU. y Europa apoyaron esas medidas con ayuda generosa y oportuna. La economía polaca fue restructurada y empezó a crecer, y 15 años después, se convirtió en un miembro de pleno derecho de la Unión Europea.

Ojalá pudiera suspender aquí mi rememoración, con este final feliz.

Pero la historia del final de la Guerra Fría no comprende sólo aciertos de Occidente -como en Polonia- sino también un tremendo desacierto: Rusia.

Para Moscú, Versalles

Mientras que la generosidad estadounidense y europea prevaleció en Polonia, la actitud en el caso de la Rusia postsoviética recuerda mucho más los errores garrafales del Tratado de Versalles. Y hasta el día de hoy estamos pagando las consecuencias.

En 1990 y 1991, el gobierno de Gorvachov, habiendo visto los resultados positivos en Polonia, me solicitó que lo asesorara respecto a las reformas económicas. En esa época Rusia enfrentaba el mismo tipo de calamidad financiera que había hundido a Bolivia a mediados de los 80 y a Polonia en 1989.

En la primavera de 1991, trabajé con colegas de la Universidad de Harvard y MIT para ayudarle a Gorvachov a obtener apoyo financiero de Occidente, para poder reformar la política y transformar la economía. No obstante, nuestros esfuerzos fracasaron completamente.

Ese verano, Gorvachov regresó a Moscú de la cumbre del G7 con las manos vacías. A su retorno, una conspiración intentó derrocarlo en el notorio Golpe de Agosto, del que nunca se recuperó políticamente. Cuando Boris Yeltsin ascendió, y la disolución de la Unión Soviética estaba a puertas, su equipo económico nuevamente me pidió asistencia, tanto para lidiar con los desafíos técnicos de la estabilización como en la tarea de obtener la vital ayuda financiera de EE.UU. y Europa.

Yo le vaticiné al presidente Yeltsin y a su equipo que esa ayuda llegaría pronto. Después de todo, la asistencia de emergencia para Polonia se organizó en cuestión de horas o semanas. Estaba seguro de que lo mismo sucedería en el caso de la nueva Rusia independiente y democrática. Sin embargo, perplejo y horrorizado, me fui dando cuenta de que no sería igual.

Mientras que a Polonia le habían perdonado las deudas, a Rusia le exigieron que las siguiera pagando. Mientras que a Polonia le habían concedido asistencia financiera generosa y rápida, Rusia recibió visitas de grupos de estudio del FMI pero nada de fondos.

Yo le supliqué a EE.UU. que hiciera más. Apelé a las lecciones de Polonia, pero todo fue en vano. Washington no cedió.

Al final, la maligna crisis financiera rusa aplastó los intentos de reformar y regularizar. El gobierno de Yegor Gaidar cayó en desgracia. Yo renuncié tras dos años duros de tratar de ayudar y lograr muy poco. Unos años más tarde, Vladimir Putin reemplazó a Yeltsin y tomó el timón de la nación rusa.

El botín de los vencedores

A lo largo de esa debacle, los expertos estadounidenses culparon a los reformadores en Rusia en vez de a la cruel negligencia de EE.UU. y Europa.

Los vencedores escriben la historia, dicen, y EE.UU. efectivamente se sentía como el vencedor en la Guerra Fría. Washington por lo tanto quedó libre de toda culpa en lo que se refiere a los percances rusos después de 1991, y eso sigue siendo cierto.

Me tomó 20 años entender bien qué pasó después de 1991. ¿Por qué EE.UU., que se había comportado con tanta sabiduría y visión en Polonia, actuó con una negligencia tan cruel en el caso de Rusia?

Paso a paso, recuerdo tras recuerdo, la verdadera historia salió a la luz.

Occidente había ayudado a Polonia financiera y diplomáticamente porque Polonia se iba a convertir en el baluarte oriental de una OTAN en expansión. Polonia era Occidente, por lo tanto, era digna de ayuda. Rusia, en contraste, era vista por los líderes estadounidenses más o menos de la misma forma en la que Lloyd George y Clemenceau habían considerado a Alemania en Versalles: como un enemigo vencido que merecía ser aplastado, no auxiliado.

En su libro recientemente publicado, el general Wesley Clark, antiguo comandante de la OTAN, relata una conversación que tuvo en 1991 con Paul Wolfowitz, quien era el director de política del Pentágono. Wolfowitz le dijo a Clark que EE.UU. sabía que podía actuar con impunidad en Medio Oriente, y ostensiblemente en otras regiones también, sin la amenaza de la interferencia rusa.

En resumen, EE.UU. podía comportarse como un vencedor y un matón, cosechando los frutos de la victoria en la Guerra Fría de ser necesario a través de guerras. Washington estaría a la cabeza y Moscú sería incapaz de impedirlo.

En un reciente discurso pronunciado en Moscú, Putin describió la conducta de EE.UU. en casi los mismos términos que Wolfowitz.

“La Guerra Fría llegó a su fin”, dijo Putin, “pero no terminó con la firma de un tratado de paz con acuerdos claros y transparentes sobre el respeto de las reglas existentes o la creación de nuevas reglas y estándares. Eso creó la impresión de que los llamados ‘vencedores’ de la Guerra Fría decidieron presionar y moldear al mundo para que satisfaga sus propios intereses y necesidades”.

Al hacer estas observaciones, no intento exonerar a Putin de la responsabilidad por los actos de violencia ilegales, cínicos y peligrosos de Rusia en Ucrania. Pero sí trato de ayudar a explicarlos.

1989 proyecta una larga sombra. El permanente deseo de la OTAN, expresado nuevamente hace poco, de añadir a Ucrania a su lista de miembros, y de ese modo posicionarse en la pura frontera rusa, debe considerarse como profundamente provocativo e imprudente.

1914, 1989, 2014. Vivimos en historia.

En Ucrania, enfrentamos una Rusia amargada por la expansión de la OTAN y la actitud de EE.UU. desde 1991. En Medio Oriente, enfrentamos las ruinas del Imperio otomano, destruido por la Primera Guerra Mundial, y reemplazado por el cinismo del dominio europeo colonial y las pretensiones imperiales estadounidenses.

Enfrentamos, sobre todo, las alternativas para nuestra época:

¿Usaremos el poder cínicamente y para dominar, convencidos de que territorios, una OTAN de largo alcance, reservas de petróleo y otros botines son la recompensa que nos merecemos? ¿O ejerceremos el poder responsablemente, conscientes de que la generosidad y beneficencia inspiran confianza, prosperidad y las bases para la paz?

En cada generación, hay que elegir de nuevo.

En: BBC

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Francia suspende entrega de barco de guerra a Rusia

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El Vladivostock es el primero de dos barcos de guerra que Francia debería entregar a Rusia según un contrato firmado en 2011.

El presidente de Francia suspendió la entrega de un barco de guerra de alta tecnología a Rusia “hasta nuevo aviso”, indicando que la actual situación en el este de Ucrania no permite que se cierre el trato.

El Vladivostock es uno de dos portahelicópteros franceses Mistral comisionados como parte de lo que se considera es la mayor venta de armas a Rusia por un país de la OTAN.

Los Mistral pueden recibir hasta 16 helicópteros, 50 vehículos militares y unos 500 soldados.

Rusia esperaba el barco a comienzos de mes pero Francia ya había postergado su entrega bajo presión de la OTAN.

La agencia de noticias rusa señaló que el ministerio de Defensa de Rusia no tomará acciones legales contra Francia por el momento, pero subrayó que se espera que cumpla el contrato.

En: BBC

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