El buen gobierno de los bienes

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“…mandamos que en tiempos de desastres, guerras, plagas,…,solo se debe comer maiz blanco y crudo..” (Los Comentarios Reales, Inca Garcilaso de la Vega). Como en el Imperio Incaico antes y ahora el cuidado de los bienes, ha sido una preocupación para los gobernantes, los recursos han sido elevados a una categoría distintiva en las organizaciones con el ISO 17799 (http://www.infosecwriters.com/text_resources/pdf/ISO17799asset.pdf), la evidencia es muy simple la carencia y limitaciones, son variables perpetuas en todo proceso de toma de decisiones moderno, pero el recurso más escaso ha sido sin duda, antes y ahora la confianza, esa que en palabras de Fukuyama (1995) “…surge cuando una comunidad comparte una serie de valores morales, de modo tal que se espera un comportamiento regular y honesto…, de modo que los actores económicos se apoyen mutuamente, pues consideran que forman una comunidad basada en la confianza mutua,.., así pues un sociedad civil depende de los hábitos, las costumbres y el carácter distintivo de un grupo humano, todos ellos atributos que sólo pueden ser conformados de manera indirecta a través de la acción política ya que, básicamente, deben ser nutridos a través de la creciente conciencia y el respeto por la cultura que comparten.”, no es el éter, no es un artilugio sobrenatural, menos aún el resultado evolutivo de una prosapia superior, si se quiere elevar a un nivel superior de competitividad el país, se requiere gobernar bien los bienes heredados y desarrollar confianza entre los ciudadanos. Iniciativas legislativas en USA, como la Ley de Prácticas Corruptas (1997), la Ley para la Honestidad de los Líderes y el Gobierno Abierto (2007) o la Ley de Divulgación sobre la Transparencia de las Industrias Extractivas (2008), para empresas petroleras, gas y minería demuestran que el dinero usado en corromper a los medios de comunicación y gobernantes extranjeros a sido practica común en los CEO gringos. “…el Rey Creso de Sardes, pregunto ¿en qué se ocupa con tanta diligencia esa muchedumbre?, Ciro Rey de los Persas respondió, estan saqueando tu ciudad y repartiendose tus riquezas, ah no!, replico Creso, ni la ciudad es mía, ni tampoco los tesoros que se malbaratan en ella!, todo te pertenece ya, y a tí es propiamente a quien despojan esas rapiñas” (Herodoto, Libro I).

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