Santa Sede: Impulso a una salud universal y más justa

11:00 a.m. | 3 mar 26 (PAV/CX).- Expertos en salud pública y sostenibilidad se reunieron en la Santa Sede para abordar cómo la desigualdad económica global amplía las brechas en el acceso y la calidad de la atención sanitaria. Los participantes advirtieron que estas disparidades —agravadas por guerras, crisis económicas y sistemas sanitarios frágiles— exigen reforzar políticas públicas y modelos de atención que garanticen servicios universales y protejan a los más vulnerables. El encuentro se realizó durante la asamblea plenaria de la Pontificia Academia para la Vida.

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La Asamblea Plenaria de este año de la Pontificia Academia para la Vida se ha articulado en torno a un taller organizado por la institución bajo el lema “Salud para todos. Sostenibilidad y Equidad”. El presidente de la Academia, Mons. Renzo Pegoraro, junto con los expertos participantes, explicaron cuáles fueron los objetivos del encuentro y expusieron los temas que se desarrollaron, en una rueda de prensa celebrada en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El papa León XIV se dirigió a los participantes un día antes, alentándolos en su labor y reflexiones. Señaló que, en un mundo consumido por los conflictos, es necesario dedicar tiempo y recursos a promover la vida y la salud, así como a afrontar las desigualdades fortaleciendo nuestra comprensión del bien común. “Es necesario centrarse no en el lucro inmediato, sino en lo que será mejor para todos”, afirmó, señalando además las “enormes desigualdades” en la esperanza de vida y en la calidad de la salud entre distintos países y grupos sociales (al finalizar esta reseña, más detalles del mensaje del Papa).


Enfoque en cinco objetivos fundamentales

Al destacar los temas centrales abordados en las reuniones, el Dr. Ezekiel Emanuel, reconocido bioeticista y vicepresidente para Iniciativas Globales de la University of Pennsylvania, explicó que los sistemas sanitarios que funcionan adecuadamente comparten cinco objetivos fundamentales: cobertura universal, costos razonables, calidad alta y constante, reducción de las desigualdades (especialmente entre zonas urbanas y rurales) y satisfacción tanto de la población como de los trabajadores de la salud.

Explicó que la cobertura universal implica que todas las personas estén incluidas, con especial protección para los niños, quienes deberían recibir atención gratuita como un bien social. El seguro privado puede coexistir con sistemas públicos sólidos, siempre que no absorba personal ni recursos esenciales y, por el contrario, fortalezca el conjunto del sistema, como ocurre, por ejemplo, en países como Etiopía. Mantener los costos bajo control requiere presupuestos nacionales definidos —por ejemplo, limitar el gasto a una proporción sostenible del PIB en los países más ricos— y reducir al mínimo los pagos directos de los pacientes, de modo que nadie quede endeudado por gastos médicos.

Añadió que la atención de alta calidad depende de priorizar a la infancia y afrontar desafíos sanitarios comunes como las enfermedades crónicas, los problemas de salud materno-infantil, las enfermedades infecciosas y afecciones como la hipertensión y la diabetes. Idealmente, afirmó, los sistemas deberían desplazar el foco desde los hospitales hacia la atención comunitaria y domiciliaria, al tiempo que reducen las brechas entre poblaciones urbanas y rurales, y entre ricos y pobres. Asimismo, señaló que las tecnologías emergentes de inteligencia artificial podrían ampliar el acceso y mejorar el diagnóstico y la gestión clínica, especialmente en zonas desatendidas.

Emanuel subrayó que detrás de muchas de estas brechas sanitarias se encuentra una profunda desigualdad económica global. “Creo que la desigualdad que tenemos —personas con cientos de miles de millones de dólares y otras con menos de un dólar al día— es realmente aterradora”, afirmó. Estas disparidades, añadió, resultan aún más preocupantes cuando los sectores más ricos “no contribuyen lo suficiente, intentan evitar impuestos y no participan en iniciativas solidarias que ayuden a las personas y al mundo”.

El especialista observó que la brecha entre ricos y pobres atraviesa todos los países, incluso aquellos que han buscado sistemas más equitativos. “Incluso en lugares como Noruega o Canadá, las personas con más recursos siguen teniendo ventajas y viven más tiempo”, señaló. Por ello, afirmó que el objetivo debe ser reducir esas desigualdades —aunque sería poco realista pensar que desaparecerán por completo—, considerando también factores como la educación, el ejercicio y la alimentación saludable, que influyen en la salud y la esperanza de vida. Emanuel advirtió además que las grandes desigualdades de ingresos afectan la vida social y política. “Es difícil sostener una democracia con grandes desigualdades de ingresos. Es un hallazgo histórico y empírico”, afirmó, al subrayar que la estabilidad democrática requiere una amplia clase media.


Invertir en salud beneficia a todos

La profesora Sheila Tlou, de la Alianza de Líderes Africanos contra la Malaria, presentó ejemplos de avances significativos en la provisión de atención sanitaria en África y subrayó que estos progresos dependen cada vez más de una “responsabilidad compartida y solidaridad global” en materia de salud. Recordó la respuesta frente al VIH/SIDA, cuando los gobiernos incrementaron la inversión en VIH, tuberculosis y malaria, aunque reconoció que el continente aún se encuentra rezagado en numerosos Objetivos de Desarrollo Sostenible a lo largo de sus 54 países diversos.

La mortalidad neonatal se mantiene en torno a 63 por cada 1.000 nacidos vivos (muy por encima de la meta de 12), representando una proporción significativa de las muertes infantiles a nivel mundial, mientras que la mortalidad materna alcanza aproximadamente 445 por cada 100.000 nacimientos, frente a un objetivo de 70.

Aunque las infecciones por VIH han disminuido de manera significativa —hasta en un 70% en algunos países—, persisten desafíos importantes, especialmente entre las mujeres jóvenes, y la prevención de enfermedades no transmisibles como la diabetes y la hipertensión sigue siendo insuficiente. Subrayó que la atención primaria de salud, impulsada a nivel mundial en 1978 en Alma-Ata, continúa siendo la solución clave. Países como Botsuana, Ruanda y Namibia han logrado avances notables invirtiendo en agentes comunitarios de salud, en prevención y en sistemas gratuitos de salud y educación, respaldados por una buena gobernanza y bajos niveles de corrupción.

Botsuana, por ejemplo, redujo de forma drástica la transmisión del VIH de madre a hijo —del 29% a menos del 1%— gracias a un firme compromiso político y a una financiación sostenida. Señaló que la inversión en salud es, en última instancia, una decisión política: aunque los líderes africanos se comprometieron en 2001 a destinar el 15% de los presupuestos nacionales a la salud, pocos han alcanzado esa meta; sin embargo, aún hoy es posible avanzar significativamente para mejorar esta situación.

Tlou vinculó estos avances y desafíos con la necesidad de reforzar la cooperación internacional, recordando que la pandemia de COVID-19 evidenció hasta qué punto los sistemas sanitarios del mundo están interconectados. “Lo que ocurre en un país termina afectando a otro; por tanto, ningún país está seguro hasta que todos lo estén”, afirmó.

En ese sentido, destacó la importancia de la colaboración global —por ejemplo, en el desarrollo y acceso a vacunas— y de fortalecer alianzas entre países e instituciones, también dentro de África, para prepararse ante futuras emergencias sanitarias. Esta cooperación, añadió, no solo amplía la capacidad de respuesta, sino que también contribuye a reforzar la transparencia y a reducir riesgos de corrupción al someter los proyectos a mayores mecanismos de seguimiento y responsabilidad compartida.


El trabajo de la salud en tiempos de conflictos

Entre los ponentes invitados se encontraba el profesor Rok Civljak, de la University of Zagreb School of Medicine, presidente de la Federación Europea de Asociaciones Médicas Católicas (FEAMC). Dictó una conferencia que señaló los desafíos profesionales y éticos en el ámbito de la salud en tiempos de guerra.

Subrayó que las guerras y los conflictos armados imponen profundos desafíos profesionales, éticos y personales a los trabajadores de la salud. Las instalaciones sanitarias suelen ser de los primeros objetivos y, en ocasiones, son atacadas deliberadamente, mientras que los profesionales pueden convertirse en víctimas directas de la violencia. A pesar de operar en condiciones extremas marcadas por la inseguridad, la escasez de recursos y el colapso de infraestructuras, los trabajadores sanitarios continúan proporcionando atención clínica esencial, aplicando intervenciones de salud pública y ofreciendo apoyo psicosocial tanto a personal militar como a civiles.

El profesor Civljak evocó también la experiencia de la Guerra de Independencia de Croacia (1991–1995), cuando, en medio de la agresión, el sistema médico militar se sostuvo inicialmente gracias a profesionales civiles altamente motivados, con escasa experiencia castrense y recursos limitados. Con el tiempo, y mediante la integración con instituciones civiles, se consolidó un sistema asistencial multinivel, desde la atención en primera línea hasta hospitales universitarios y centros de rehabilitación. Recordó asimismo el sufrimiento de pacientes y personal sanitario durante el asedio y la ocupación de Vukovar, incluida la masacre de 261 personas del Hospital de Vukovar en Ovcara, en noviembre de 1991.

Concluyó subrayando la necesidad de fortalecer la protección jurídica de pacientes y profesionales de la salud, establecer directrices éticas claras, ofrecer formación específica y abogar de manera constante por el apoyo internacional a los trabajadores sanitarios en conflictos armados.


Garantizar atención sanitaria para quienes están en movilidad

Mons. Renzo Pegoraro, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, anunció al galardonado de este año con el premio “Guardián de la Vida”: Mons. Robert Vitillo, asesor principal del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. El reconocimiento distingue a quienes han dedicado su vida a asistir, cuidar y acompañar la vida humana. Pegoraro rindió homenaje a la labor desarrollada por Vitillo durante décadas en Caritas Internationalis y en la Comisión Católica Internacional de Migración, así como en nombre de la Santa Sede, para garantizar que terapias esenciales y servicios de salud lleguen a niños en África, especialmente frente a la malaria, el sida y la tuberculosis.

Mons. Vitillo se refirió en particular a la atención sanitaria de migrantes y refugiados, y subrayó la necesidad de replantear la migración no como un problema que deba controlarse, sino como una realidad humana de larga data que ha enriquecido a las sociedades a lo largo de la historia. Actualmente, alrededor de mil millones de personas viven o trabajan fuera de su país de nacimiento, y muchas economías dependen de su labor y creatividad. Entre ellas hay más de 117 millones de desplazados forzosos que huyen de guerras, desastres y del cambio climático, grupos que con frecuencia son injustamente responsabilizados de la propagación de enfermedades.

Subrayó que no existe evidencia de que los migrantes hayan provocado pandemias como la COVID-19; de hecho, muchos de ellos sirvieron como personal sanitario en primera línea. Indicó que los problemas de salud mental entre migrantes suelen derivar más del trauma, la discriminación y la exclusión que de factores culturales. La solución, sostuvo Mons. Vitillo, pasa por la integración en los sistemas nacionales de salud y por garantizar la continuidad de la atención a lo largo de todo el proceso migratorio, en lugar de optar por la exclusión.

Al mismo tiempo, recordó que la Iglesia católica dispone de diversos recursos para abordar las desigualdades económicas que repercuten en el acceso a la salud. En particular, mencionó la serie de “principios para líderes empresariales católicos” elaborada por el antiguo Consejo Pontificio Justicia y Paz, hoy integrado en el actual dicasterio. Estas directrices —explicó— fueron desarrolladas con la colaboración de escuelas católicas de negocios y de empresarios, para garantizar su calidad y pertinencia, y contienen orientaciones que podrían difundirse más ampliamente, también entre el clero que acompaña pastoralmente a responsables del ámbito económico.


Garantizar el acceso de los niños a medicamentos contra el VIH/SIDA

Al reflexionar sobre la respuesta de la Iglesia católica al VIH/SIDA a través de Caritas Internationalis, Mons. Vitillo recordó cómo la red convirtió la epidemia en una prioridad a finales de la década de 1980. Evocó aquellos años en que no existía tratamiento y millones de personas murieron, mientras trabajadores de la Iglesia —especialmente en África— brindaban atención compasiva en los hogares y en hospitales desbordados, como en Uganda. También recordó la llegada de los medicamentos antirretrovirales, inicialmente inaccesibles por su alto costo, y cómo organizaciones católicas y la Santa Sede promovieron la reducción de precios e impulsaron la creación del Fondo Mundial para la lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria.

Asimismo, instaron a las compañías farmacéuticas a desarrollar medicamentos contra el VIH adaptados a la infancia, convocando en el Vaticano a líderes de la industria y reguladores para afrontar esta brecha ética. Estos esfuerzos contribuyeron a mejoras significativas en la supervivencia infantil, como se observa en lugares como Vietnam, donde niños abandonados con VIH hoy crecen, estudian y prosperan.

En este contexto, Vitillo recordó también el principio clásico de la justicia social de “pensar globalmente y actuar localmente”, señalando que numerosas organizaciones e instituciones trabajan para ponerlo en práctica y para llamar la atención sobre problemas estructurales como las brechas de ingresos y las desigualdades que de ellas se derivan. Mons. Vitillo concluyó afirmando que la verdadera equidad y sostenibilidad en la atención sanitaria no dependen únicamente de la financiación, sino de un compromiso comunitario a largo plazo que permanezca antes, durante y después de las crisis.

LEER. Breve presentación de cada expositor especialista

VIDEO. Conferencia de prensa completa


VIDEO. Mons. Pegoraro presentó el taller internacional “Salud para todos. Sostenibilidad y Equidad”

El Papa: La salud está en peligro por la guerra

La protección de la vida y la salud se ve comprometida por el uso de “enormes recursos económicos, tecnológicos y organizativos” para la producción de armas y otros dispositivos bélicos. Esta es la enérgica denuncia del papa León XIV durante la audiencia a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia para la Vida. El Papa habla de “enormes desigualdades” en el acceso a la salud pública y la prevención en “un mundo desgarrado por los conflictos”, factores que lastran la esperanza de vida de las personas: “Desafortunadamente, hoy no podemos ignorar las guerras, que afectan a instalaciones civiles, incluidos hospitales, y constituyen el ataque más absurdo del hombre contra la vida y la salud pública”.

“Se afirma a menudo”, enfatiza el Papa, “que la vida y la salud son valores igualmente fundamentales para todos, pero tal afirmación es hipócrita si ignoramos simultáneamente las causas estructurales y las decisiones operativas que determinan las desigualdades”. Luego agregó que, a pesar de las declaraciones y proclamaciones, “en realidad, no todas las vidas son igualmente respetadas, y la salud no se protege ni se promueve para todos de la misma manera”.


Una mirada global sobre diversos factores

Recordando las palabras del papa Francisco sobre la salud como un “derecho universal, para el cual el acceso a los servicios de salud no puede ser un privilegio”, el Pontífice se centró en la conexión entre la salud de cada individuo. Esta conexión quedó claramente demostrada por la pandemia de COVID-19, que puso de relieve cómo “la reciprocidad y la interdependencia son el fundamento de nuestra salud y de la vida misma”.

Esta interdependencia exige el diálogo entre diferentes ámbitos del conocimiento, como la política y la ética, e implica también identificar acciones políticas, sociales y tecnológicas en relación con la familia, el trabajo, el medio ambiente y la sociedad en su conjunto. De ahí el llamado a la responsabilidad de todos de considerar la salud como un conjunto de factores que deben abordarse en toda su complejidad: “Quiero reiterar que debemos centrarnos no en el beneficio inmediato, sino en lo que sea mejor para todos, sabiendo ser pacientes, generosos y solidarios, creando vínculos y construyendo puentes, trabajando en red, optimizando recursos, para que todos puedan sentirse protagonistas y beneficiarios del trabajo común”.


Desigualdades en la esperanza de vida

El Papa también enfatizó la importancia de la prevención, siempre desde una perspectiva más amplia, porque las situaciones en las que viven las comunidades, fruto de las políticas sociales y ambientales, repercuten en la salud y la vida de las personas: “Al examinar la esperanza de vida —y la vida saludable— en diferentes países y grupos sociales, descubrimos enormes desigualdades. Estas desigualdades dependen de variables como el nivel salarial, la formación académica y el vecindario (incluso dentro de la misma ciudad)”.

En este contexto, el concepto de “Una Salud”, promovido por la Organización Mundial de la Salud como un enfoque multidisciplinario, integrado y global, representa un camino a seguir para un desarrollo equilibrado. Muestra cómo la vida humana es insostenible sin las demás criaturas. Este enfoque, afirma León XIV, está en sintonía con la bioética global, un área de interés para la Academia Pontificia para la Vida.

En cuanto a la acción pública, el Papa añade: “Una Salud requiere integrar la dimensión sanitaria en todas las políticas (transporte, vivienda, agricultura, empleo, educación, etc.), conscientes de que la salud se construye en la intersección de todas las dimensiones de la vida social. Por lo tanto, necesitamos fortalecer nuestra comprensión y práctica del bien común, para que no se descuide bajo la presión de intereses particulares, individuales y nacionales”.


Confianza contra el escepticismo

“Bien común”: expresión que evoca la cercanía entre las personas y, por lo tanto, la posibilidad de “combinar eficiencia, solidaridad y justicia” mediante una cultura democrática que fomente la participación. “Debemos”, explica el Papa, “recuperar la conexión con la actitud fundamental del cuidado como apoyo y cercanía a los demás”, porque todos somos vulnerables: “Solo así podremos desarrollar sistemas de salud más eficaces y sostenibles, capaces de satisfacer las necesidades de salud en un mundo de recursos limitados y de restaurar la confianza en la medicina y los profesionales sanitarios, a pesar de la desinformación y el escepticismo sobre la ciencia”.

Finalmente, el Papa invitó a fortalecer las relaciones internacionales y multilaterales para la cooperación y coordinación de las organizaciones supranacionales comprometidas con la protección y la promoción de la salud. La esperanza del Pontífice es dar testimonio del “camino de Dios” que cuida de cada uno de sus hijos.

LEER. Mensaje completo del papa León XIV

VIDEO. “Invertir en la vida, no en armas”: el papa León XIV ante la Academia para la Vida

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