Colombia: “Nos arruga el alma la muerte de tantas personas”

7:00 p.m. | 19 may 21 (CIJ/WR).- Decenas de muertos y centenares de heridos han dejado estas semanas de represión a manifestaciones populares, convocadas en rechazo a la gestión del Gobierno colombiano. El detonante fue el intento de una reforma tributaria, pero la desigualdad y la pobreza -agudizadas por la pandemia- han dado fuerza a la movilización ciudadana. El episcopado hizo un llamado al diálogo y al cese de violencia, y otras voces de organizaciones y líderes católicos, como la del Arz. de Cali, Dario Monsalve y la del presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, han condenado el uso de armas contra la población y apoyan la protesta, no violenta, ante el malestar por preocupantes indicadores sociales.

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Colombia vuelve a ser noticia de relevancia internacional por la situación generada como consecuencia del paro nacional convocado el pasado 28 de abril para protestar y exigir la derogatoria de la reforma fiscal presentada por el gobierno del presidente Iván Duque. Semanas después, aunque el gobierno retiró el proyecto de la reforma fiscal, sigue habiendo manifestaciones en varias ciudades del país.

Los nefastos resultados de la represión a las protestas se van conociendo en diversos medios: más de 30 personas muertas en enfrentamientos con la fuerza pública, centenares de heridos y desaparecidos, daños cuantiosos en la infraestructura urbana y en el sistema de transporte masivo de ciudades como Cali y Bogotá, desabastecimiento de los mercados y encarecimiento de los productos básicos ocasionados por los cortes de las carreteras principales y, sobre todo, la desconfianza, el temor y la crispación que se van adueñando del alma de los colombianos que ya no resisten más.

ENLACE. Cifra oficial de muertos en medio de protestas, un debate abierto

El paro nacional del pasado 28 de abril es la punta de un iceberg o la gota que rebosó la copa. Son ya tantas páginas de dolor y frustración las que va acumulando el pueblo colombiano que la reforma tributaria del presidente Duque fue solo un pretexto para decir “no más”. En importantes sectores de la población se percibe una creciente frustración por el curso que ha tomado el proceso de paz con la guerrilla de las FARC. Del entusiasmo y la ilusión por ver el final de más de 60 años de enfrentamientos fratricidas, se ha pasado al estupor al ver cómo los índices de violencia no descienden y, por el contrario, aumentan sobre ciudades y campos los asesinatos de líderes sociales y de antiguos combatientes de la guerrilla. La polarización política ha dividido familias, pueblos y comunidades. El discurso del odio y la confrontación no es inocuo. Sus palabras, lejos de llamar al diálogo y a la reconciliación, incendian y favorecen el clima de violencia que vemos con preocupación en las notas de prensa y a través de las redes sociales.

La pandemia ocasionada por la COVID-19 no puede dejarse al margen en este sucinto análisis pues ésta ha dejado en evidencia las enormes grietas que tiene el sistema de organización social de Colombia y de no pocos países más. Las personas fallecidas, el colapso de los servicios de salud en algunas ciudades del país, el abandono sistemático de las personas vulnerables y la falta de oportunidades para el acceso a una vida digna son solo unos cuantos indicadores de que la “normalidad” no era tan normal.

La lectura de algunos indicadores sociales puede ser útil a la hora de comprender las motivaciones para que los colombianos sigan expresando su malestar. En enero la tasa de paro ascendía al 17,3%, un 4,3% más que en diciembre de 2020. Y en marzo el desempleo ascendió al 14,2% (1,6 puntos porcentuales más comparado con el mismo mes del año pasado). Son indicadores preocupantes pues detrás de las cifras hay cientos de familias que no tienen para cubrir sus necesidades básicas. Los indicadores de pobreza son, desafortunadamente, más dolorosos. Como resultado de la pandemia, se prevé un aumento de la pobreza de hasta el 42,5% y, de esa cifra, un 15,1% en situación de pobreza extrema. ¿Podemos imaginar que una familia pueda vivir con menos de 2€ por día?

Colombia necesita una reforma fiscal, eso no lo pongo en duda, pero no cualquier reforma y no en cualquier momento. Desde hace varios años las sucesivas reformas fiscales han dejado heridas las cuentas del Estado. Para nadie es desconocido que la reforma de 2019, que redujo las aportaciones de las grandes empresas, ha dejado en la quiebra al país lo cual ha implicado una disminución notable en la aportación presupuestal a las políticas sociales y de inclusión.

Con el Estado al borde del colapso financiero, así lo expresaban los ministros del ramo poco antes del paro, el pueblo no ha visto muestras de austeridad y contención del gasto del gobierno. No han sido pocas las voces que se han levantado ante el excesivo gasto del ejecutivo y ante algunas compras previstas justo en este momento de crisis: ¿Hacen falta aviones de combate de última generación? ¿Hacen falta tantos coches blindados para los funcionaros del Estado? ¿Hace falta invertir tanto dinero en al mantenimiento de la imagen del presidente? Con este escenario de fondo el gobierno envía a trámite parlamentario una reforma que gravaba con dureza a las personas de clase media. Dice un político colombiano que esta reforma gravaba los alimentos de los que tienen difícil acceso a ellos y los salarios de los que aún tienen trabajo. El malestar ciudadano es evidente… (click aquí para leer artículo completo).

“Nos duele que las instrucciones sean disparar”, dice el arzobispo de Cali

El arzobispo de Cali, monseñor Darío Monsalve, se mostró preocupado por la grave situación de orden público y constantes ataques que se están presentando, en medio de las manifestaciones contra el Gobierno en esa ciudad y en otras regiones del país. En RCN Radio aseguró que se debe proteger la vida de las personas para que no se agudicen las protestas. “Esto nos arruga el alma, siento dolor y mucha tristeza. Me preocupa muchísimo todos los casos de heridos y de muertos en el país por los excesos de manifestantes que afectan a la Policía y los excesos de la Policía hacia la ciudadanía”, dijo.

Agregó que “nos han llegado denuncias de ráfagas de disparos que hacen desde helicópteros. Preocupan todos los factores, pero mientras no se resuelva el respeto a la vida, será imposible que la gente levante la protesta, que por el contrario se va a agudizar”. En ese sentido, dijo que “es tiempo de tomar medidas de solidaridad que no sean represivas, porque lo primero es proteger la vida de la gente”.

En diálogo con W Radio, respecto a los indígenas que se han manifestado, el arzobispo de Cali aseguró: “Los indígenas son nuestros indígenas. Es una población muy organizada que tiene muchos que enseñarnos. Lastimosamente han querido dividirlos”. A su vez, también hizo duras críticas al Gobierno del presidente Iván Duque: “Espero que este Gobierno termine y que el próximo no sea uno de tránsito, intentado a la carrera, ni un Guaidó, sino que sea un viraje”.

Colombia. Obispos: se atiendan las legítimas demandas de los ciudadanos

Los obispos colombianos se manifestaron una vez más en favor de un diálogo “en el que haya escucha, encuentro y compromiso con los otros” como “escenario propio” para atender “las legítimas demandas de todos los ciudadanos y para avanzar hacia la reconciliación y la paz”. En el difícil y complejo momento que vive el país, los prelados de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Organización de Naciones Unidas (ONU), reafirmon su compromiso de acompañar a las partes “con el ánimo de facilitar el proceso de diálogo”. Con fuerza insistieron en que “la violencia, con sus múltiples formas y expresiones, provenga de donde provenga, no soluciona nada y produce sufrimiento y muerte”. Finalmente el episcopado hace un llamado a mantener la esperanza, que “mueve a pedir el don de la reconciliación y sostiene nuestra responsabilidad de ser artesanos de la paz”.

“Barbarie tiene que parar”: Comisión de la Verdad sobre abusos en paro

La Comisión de la Verdad expresó su “profunda preocupación” por la situación de orden público y violación de derechos humanos en las manifestaciones. “La protesta legítima de millones de colombianos y colombianas especialmente jóvenes ha sido reprimida violentamente por miembros de la Fuerza Pública y mancillada por individuos que vandalizan y destruyen”, expresó el mecanismo extrajudicial creado tras el acuerdo de paz para esclarecer las verdades del conflicto armado.

“Acompañamos el dolor de las familias y amigos de quienes han sido asesinados cuando se manifestaban en las calles contra la pobreza, la inequidad, el hambre, el desempleo y la exclusión. Invitamos a continuar en la movilización pacífica por la convivencia y la justicia social como la mejor manera de honrar su memoria”, agregó la Comisión.

También se sumó a las críticas por el uso de la violencia letal por parte de la fuerza pública contra los manifestantes. “Ante la evidencia de la violación a los derechos humanos, recalcamos la responsabilidad particular que recae sobre los miembros de la Fuerza Pública. Proteger la vida humana es la tarea fundamental de quienes tienen a cargo la seguridad. Las personas que cometan delitos deben ser puestas a disposición de las autoridades judiciales competentes. El empleo de armas de fuego por parte de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley es una medida extrema que solo se justifica cuando un presunto delincuente ofrece resistencia armada o pone en peligro, de algún otro modo, la vida de otras personas”, anotó el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, en representación de la entidad… (leer aquí nota completa).

Más voces desde la Iglesia católica
Fuentes

Cristianismo y Justicia / Vatican News / RCN Radio / W-Radio / El Tiempo / Foto: Reuters

 

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