Tolstói y el cristianismo: el creyente en Jesús “no puede no amar”

8:00 p m| 7 may 19 (PyC).- León Tolstói (1828-1910), autor de obras inmortales como “Anna Karenina” o “Guerra y paz”, fue un gigante de la literatura. Pero el autor ruso, en su penetrar incansable en el misterio humano, también encontró un espacio para la trascendencia. Así, tras una compleja crisis que incluso le hizo plantearse el suicidio, quiso ahondar en la existencia de Jesús de Nazaret.

Sin embargo, encontró un obstáculo en la Iglesia ortodoxa, a la que veía excesivamente unida al Estado ruso, lo que, además de su pérdida de libertad, la llevaba a justificar el uso de la violencia. En esa coyuntura, Tolstói regaló a la humanidad obras de temática religiosa como “El reino de Dios está en vosotros”, “¿En qué consiste mi fe?”, “Crítica a la teología dogmática”, o “El evangelio abreviado”.

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En su obra “El reino de Dios está en vosotros”, refleja de un modo muy elocuente esa denuncia de la institucionalización eclesial del mensaje cristiano, que, para el creador ruso, si no se corrompe, se resume básicamente en el sermón de la montaña. Todo lo demás (incluidos los milagros, que él tenía como añadidos posteriores para hacer más cercana la figura de Jesús al pueblo más rudo), para Tolstói, era prácticamente hojarasca.

En este sentido, resulta muy clarificador leer este fragmento de “El reino de Dios está en vosotros”: “A diferencia de la fraternidad positivista, comunista y socialista, para la concepción cristiana del mundo, el amor no es una necesidad, ni se concentra en nada, sino que es un rasgo esencial del alma humana. El hombre ama no porque le sea ventajoso amar a este o a aquellos, sino porque el amor es la esencia de su alma, porque no puede no amar”.

-Pensador religioso y buscador incansable de la verdad

Fue al finalizar su obra “Anna Karenina”, que Tolstói entra en una profunda crisis espiritual y en una terrible depresión que lo lleva al borde del suicidio. Necesita desesperadamente encontrar un sentido a su vida. Primero busca en la ciencia y en la filosofía. Después en la Iglesia ortodoxa, pero queda con todo decepcionado.

Entonces, con el fin de conocer también las Sagradas Escrituras aprende hebreo y griego para poder leerlas en sus idiomas originales y llega a la conclusión de que muchas doctrinas eclesiásticas nada tienen que ver con las enseñanzas de Cristo. A partir de ahí escribe las obras antes mencionadas, pero es “El reino de Dios está en vosotros”, la que resulta imprescindible para conocer su pensamiento religioso.

Tolstói acusa a la Iglesia y al Estado del uso en la historia de la violencia para conseguir sus fines. La Iglesia ha pervertido las enseñanzas de Jesús por conciliar dos conceptos totalmente incompatibles: violencia y religión. Y coloca el inicio de esa corrupción cuando se unió al poder estatal en el siglo IV con Constantino. A partir de entonces, sus intereses han sido más terrenales que seguir las enseñanzas de Jesús.

Afirma también que la vida de la mayor parte de los hombres es una contradicción, porque se hacen llamar cristianos pero se envía a los jóvenes a luchar en guerras que responden a intereses solo de algunos. Por eso el servicio militar no es cristiano ni natural y quienes siguen de verdad a Cristo deberían rebelarse pacíficamente contra toda esa maquinaria bélica.

Cree también Tolstói, que habría que abolir el orden social de Estados sectarios, no como pretenden los revolucionarios o los anarquistas, sino mediante la resistencia pasiva y un modo de vida basado en los principios cristianos, lo que finalmente conducirá al establecimiento del reino de Dios en la tierra.

Tolstói había recibido una gran influencia de los escritos de Henri David Thoreau, sobre todo de su obra Ensayo sobre la desobediencia civil. A su vez los escritos de Tolstói ejercieron una gran influencia en Mahatma Gandhi con quien mantuvo alguna correspondencia. Toda esa cosmovisión de la no violencia tuvo una gran influencia en los movimientos pacifistas de todo el mundo.

Mahatma Gandhi, quien leyó algunos de sus escritos, escribió: “El reino de Dios está en vosotros” me abrumó. Me marcó para siempre. Comprender su pensamiento independiente, su profunda moralidad y la veracidad de este testimonio, hizo que todos los libros que antes me había dado Mr. Costes me resultaran insignificantes.

Prescindiendo en si se puede compartir o no todos los planteamientos de Tolstói, no cabe duda de que lo que más sobresale en él es su deseo ardiente de entender y vivir según el Evangelio de Jesús de Nazaret. Aunque reconoce que hacerlo al cien por cien no es posible, solo el esfuerzo constante en llevarlo a cabo es ya un gran logro.

-Otros fragmentos de “El reino de Dios está en vosotros”

  • “La doctrina cristiana le indica al hombre que la esencia de su alma es el amor, que su dicha no procede de amar a tal o a cual, sino de amar al principio de todo, a Dios, al que reconoce en su interior mediante el amor, y por ello ama a todo el mundo y a todas las cosas”.
  • “No solamente hace mucho que hay conciencia de la incompatibilidad entre cristianismo, la violencia y la guerra, sino que esa incompatibilidad hace tiempo que fue demostrada de manera clara e inequívoca, y solo cabe sorprenderse de que la Iglesia haya propugnado y siga propugnando esta conjunción imposible entre doctrina cristiana y violencia”.
  • “Cristo es un reformador que desmoronó los antiguos fundamentos de la vida y nos proporcionó unos nuevos, y cuya reforma aún no se ha llevado a cabo y todavía sigue vigente”
  • “El hombre con una concepción divina reconoce la vida no en su individualidad ni en el conjunto de individuos (familia, clan, nación, patria o Estado), sino en la eterna e inmortal fuente de la vida: en Dios; para cumplir la voluntad de Dios sacrifica su dicha personal, familiar y social. El motor de su vida es el amor, y su religión consiste en adorar mediante hechos y verdades el principio de todas las cosas: Dios”.
  • “Una vida auténtica y sensata es posible para el hombre solo en la medida en que éste pueda ser partícipe no de la familia o del Estado, sino de la fuente de la vida: del Padre; en la medida en que el hombre pueda fundir su vida con la del Padre. Ésta es, indudablemente, la concepción cristiana de la vida, visible en todas las máximas del Evangelio”.

 

Fuentes:

Vida Nueva / Texto de Esteban Lopez, publicado en Pensamiento y Cultura

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