Sinodalidad: pasar del “yo” al “nosotros”

9:00 a.m. | 14 may 21 (GSR/AO).- Será la primera mujer en la historia en votar en una Asamblea del Sínodo de Obispos. Nathalie Becquart, la religiosa que acaba de ser nombrada subsecretaria del Sínodo por el papa Francisco, sostiene que la sinodalidad es clave para “la transformación misionera de la Iglesia” y en su “necesaria reforma para salir del clericalismo”. En entrevistas recientes, Becquart no solo comenta su nombramiento y la relevancia sobre el rol de la mujer, también explica los retos de la Iglesia sinodal, y de la lucha por la corresponsabilidad de todos los miembros de nuestra Iglesia.

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Un Sínodo sobre la sinodalidad (octubre 2022) está en proceso de preparación. ¿Cuáles cree que deberían ser las claves de este proceso?

La Constitución Episcopalis Communio, promulgada antes del sínodo de 2018 para los jóvenes, da claramente la hoja de ruta y las claves de este proceso. Este texto insiste en que el sínodo no es sólo la reunión de un mes con los obispos, sino todo un proceso: Hay una importante fase de preparación a nivel local, y luego, después del sínodo, la aplicación de las decisiones es también una fase decisiva.

Sin embargo, el énfasis se pone en la fase preparatoria que implica una amplia consulta al Pueblo de Dios. El reto es, pues, poner en práctica esta escucha desarrollando diversos modos de consulta en las diócesis, implicando en este proceso a todos los grupos eclesiales (parroquias, comunidades, movimientos, universidades católicas, etc.) sin olvidar la escucha fundamental de los que no están en la Iglesia.

El Papa la eligió, precisamente, como subsecretaria justo antes de un Sínodo sobre esta cuestión. ¿Qué cambios implica la sinodalidad en la Iglesia?

La sinodalidad es un estilo misionero, una forma de vida y una práctica marcada por la escucha y el discernimiento. Para hacer realidad la sinodalidad en el día a día, debemos integrar y vivir la espiritualidad de la sinodalidad que requiere actitudes de escucha y humildad, de diálogo y de libertad para buscar la verdad.

Se trata de desarrollar una verdadera cultura del encuentro al servicio del bien común, acogiendo y respetando las diferencias con la convicción de que el Espíritu habla en todos y que solo podemos discernir su llamado en esta escucha recíproca. Sinodalidad significa pasar del yo al nosotros, redescubrir la primacía del nosotros eclesial, de la comunidad, una comunidad abierta, inclusiva, que camina junta poniendo a Cristo en el centro.

¿Podemos lograr una Iglesia en la que todos nos sintamos socios? ¿Puede la Iglesia ser una democracia?

Sí, la visión de la Iglesia sinodal implica que todos son actores, protagonistas, discípulos misioneros y, por tanto, socios en la misión de la Iglesia al servicio del mundo. Pero, la Iglesia es una realidad humano-divina, fundada y enraizada en el misterio trinitario. No es directamente comparable a ninguna institución humana y, por tanto, no puede ser una democracia en el sentido político.

Al mismo tiempo, toda la historia de la Iglesia nos enseña que la Iglesia está siempre inculturada, influenciada por los contextos histórico-social-políticos en los que se desarrolla. Está dirigida por el Espíritu Santo y, al mismo tiempo, formada por hombres y mujeres muy de su tiempo. El desafío actual es discernir cómo ser una Iglesia de estilo misionero en las culturas globalizadas de hoy y en una forma de cultura digital posmoderna que pone al individuo en el centro.

¿Cuál es la diferencia entre colegialidad y sinodalidad?

En un sentido técnico, la colegialidad es para los obispos. El Concilio Vaticano I hizo hincapié en la primacía del Papa, con la idea de que los obispos reciben su autoridad del Papa y tienen que aceptar lo que el pontífice decide. La Iglesia se concibió muy jerárquica. El Concilio Vaticano II debatió mucho esta cuestión de la colegialidad y concluyó que el poder podía ser ejercido conjuntamente por el Papa y los obispos.

La sinodalidad, en el sentido actual, tal como lo subraya el papa Francisco, que pide una Iglesia sinodal, significa que todo el pueblo de Dios, que por su bautismo está llamado a ser actor, debe participar en el discernimiento. El reto es ahora ver a los pastores como parte de su pueblo. El Vaticano II ha hecho que las cosas se muevan, ha redescubierto la visión de los cristianos de los primeros siglos, cuando el gobierno de la Iglesia era sinodal y colegiado.

La sinodalidad es un fruto del Concilio Vaticano II, una especie de redescubrimiento de un modo de ver la Iglesia primero como pueblo de Dios, pueblo que camina junto como peregrino. Lo complicado de la situación actual es que nos encontramos en una fase de transición, con dos eclesiologías que chocan. Por un lado, heredamos de más de 1.500 años una Iglesia jerárquica y clerical donde los clérigos están separados de los laicos. Por otro lado, podemos imaginar una Iglesia sinodal, tal como la describió el Concilio Vaticano II, pero que aún no ha sido recibida ni aplicada.

Hablando del Sínodo, ¿cómo evangelizamos a los jóvenes hoy? ¿Deberíamos utilizar marketing?

Los jóvenes son muy diversos y no hay una manera única de evangelizarlos. Lo que ha planteado el Sínodo es que los propios jóvenes son los que evangelizan a otros y, por tanto, no podemos pensar en la pastoral juvenil sin involucrarlos. De ahí el desafío de vivir la misión con los jóvenes en corresponsabilidad, con líderes jóvenes que deben ser llamados, formados y apoyados. Como dice el papa Francisco, “evangelizar no es hacer proselitismo”. No se evangeliza a través del marketing, sino con la atracción, con el testimonio.

En el libro que escribió con otras cuatro hermanas de su congregación, explica que la pandemia hace más necesaria una transformación de la Iglesia. ¿Cómo?

La crisis que estalló en un mundo que cambiaba rápidamente ha aumentado nuestro sentimiento de interdependencia. Nos damos cuenta de que en una situación que cambia constantemente, con medidas de seguridad que evolucionan sin cesar, tenemos que convertirnos en una Iglesia en movimiento, una Iglesia en marcha, escuchando al Espíritu Santo para discernir cada día cómo podemos cumplir nuestra misión. A muchos miembros de la Iglesia les gustaría formar parte del proceso de toma de decisiones en la Iglesia.

Esto es algo que los jóvenes y las mujeres, en particular, demandan ahora. Sienten que su voz no se escucha lo suficiente. La reforma de la Iglesia es aún más necesaria debido a los abusos religiosos y sexuales que se han descubierto recientemente. La Iglesia debe ser un lugar seguro para todos. Ahora tiene que admitir que es frágil y cambiar la forma de ejercer el poder para recuperar algo de credibilidad.

Sobre su nombramiento y la votación de una mujer en el sínodo

¿Qué significó para usted su nombramiento?

En mi opinión, la decisión del Papa se inscribe en la presencia y la escucha del Sensus Fidei. Este nombramiento significa mucho para las mujeres: han sido muchas las que me han expresado su alegría por ver reforzado el lugar de las mujeres en la Iglesia. Pero, en términos más generales, el hecho de ser un no-clérigo, un laico, me vincula de manera especial con todos los laicos. Oigo en particular una llamada a vivir esta misión estando profundamente atentos al Pueblo de Dios, en comunión con todos los bautizados, especialmente los más pobres y los que más sufren.

Será la primera mujer que vote en un sínodo. ¿Es sólo un gesto o es una puerta abierta a una mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones en la Iglesia?

Este gesto forma parte de un movimiento que hunde sus raíces en el Concilio Vaticano II, que abrió sus puertas a las mujeres laicas como auditoras. Los últimos Sínodos han acogido a un número creciente de mujeres como auditoras y expertas, que desempeñaron un papel importante. Estos dos últimos sínodos (juventud y Amazonía) también han puesto de relieve el reto de implicar más a las mujeres en los procesos de toma de decisiones de la Iglesia y darles responsabilidades, algo que ya ocurre en muchas Iglesias locales. En cierto modo, este nombramiento, hace visible una evolución en curso. La cuestión de la mujer, o más exactamente el nuevo equilibrio de género en la sociedad y en la Iglesia, es un signo de los tiempos.

Al tiempo de su nombramiento, el Papa ha abierto también el acolitado y el lectorado a las mujeres. ¿Podría ser un primer paso hacia el diaconado o el sacerdocio femenino?

La propuesta elegida por el Papa es claramente desconectar el ejercicio de la autoridad de la ordenación. De hecho, en los últimos años ha nombrado a mujeres y hombres laicos para puestos que tradicionalmente eran ocupados por clérigos. Hay un desarrollo de la corresponsabilidad de todos los bautizados en el gobierno eclesial, que no está necesariamente ligado a la ordenación. La apertura del acolitado y del lectorado a las mujeres refleja esta opción de una posible creatividad para establecer nuevos ministerios abiertos a las mujeres y a los laicos.

La cuestión primordial no es la de la ordenación, sino ¿qué ministerios necesita hoy la Iglesia para cumplir su misión de evangelización al servicio de todos? Para salir del clericalismo identificado como un mal que puede facilitar el abuso de poder y el abuso sexual, la Iglesia debe implementar la sinodalidad en todos los niveles. Esto requiere que los pastores se consideren parte de la comunidad a la que están llamados a servir. Esta visión relacional, basada en la reciprocidad y la interdependencia implica un nuevo estilo de liderazgo más colegiado que enfatiza la escucha, la participación de todos y el discernimiento en común, buscando involucrar a los laicos en el proceso de toma de decisiones.

¿Cómo se posiciona usted respecto a estos temas?

Estoy convencida de que es redescubriendo la prioridad de la misión, desplegando esta sinodalidad misionera, la Iglesia discernirá nuevas formas de ejercer el servicio de la autoridad y del ministerio. Estamos llamados a estar en continuo discernimiento, porque la sinodalidad es el estilo de discernimiento, es un camino abierto, no conocido de antemano. Tengo una gran confianza en el discernimiento eclesial que se realiza teniendo en cuenta el Magisterio oficial, el “magisterio” de los teólogos y el Sensus Fidei, que interactúan en un movimiento circular.

¿Con qué Iglesia sueña Nathalie Becquart?

Durante el Pre-Sínodo de los Jóvenes en marzo de 2018 y el Sínodo de los Jóvenes en octubre de 2018, experimenté “la Iglesia como la soñamos”, una Iglesia relacional, fraternal e inclusiva. Una Iglesia en movimiento, una Iglesia de encuentro y fraternidad en la que todos participan, aportan su voz y se escuchan. Sueño que la barca de la Iglesia abrirá sus velas de par en par al soplo del Espíritu, al soplo del Concilio Vaticano II, para avanzar cada vez más mar adentro al encuentro de los hombres y mujeres de este tiempo.

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Fuentes

Alfa y Omega / Religión Digital / Global Sister Report / Foto: Synod.va – Lorenzo Moscia

 

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