Reforma: un Sínodo sobre el “ser y hacer de la Iglesia”

4:00 p.m. | 18 mar 20 (RD/AICA).- Francisco convocó a una nueva Asamblea del Sínodo de obispos para el año 2022, que tendrá como tema central la sinodalidad. “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, es el lema anunciado desde el Vaticano, con lo que se busca aterrizar esa llamada a una Iglesia misionera en la que prime el “caminar juntos”. En sus siete años de pontificado -y los Sínodos previos-, Francisco siempre apostó por una participación más inclusiva de la Iglesia universal.

Y la sinodalidad no es solo un método, sino un proyecto para un nuevo “ser y hacer de la Iglesia”. Incorpora un discernimiento conjunto cuyo alcance pueden marcar un antes y un después en aspectos tales como los ministerios ordenados, participación y corresponsabilidad de los laicos, el papel de la mujer, los nuevos métodos de evangelización, el lugar de la Iglesia en el mundo, la relación con los agentes sociales y políticos. Reunimos el anuncio, así como artículos anteriores que orientan sobre lo que implica la sinodalidad.

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Apenas días antes de cumplir siete años al frente de la Iglesia católica, Francisco sorprende nuevamente y cierra un círculo, que había ido dando forma con diversas prácticas en las Asambleas sinodales previas (enfocadas en la familia, juventud y la Amazonía), anunciando que el Sínodo convocado para 2022 tendrá, precisamente, como eje la sinodalidad. “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, es el lema anunciado por el cardenal Baldisseri.

¿Y qué es la sinodalidad? Precisamente, caminar entre todos, decidir entre todos, en un camino continuo. Como siempre debió actuar la Iglesia. ¿Por qué es importante este anuncio? Entre otras razones, por lo que permitirá.

Si, como desea Francisco, el Papado hace suya la estructura sinodal, decisiones como la adoptada por una mayoría de dos tercios de la última Asamblea del Sínodo sobre los viri probati o de los ministerios para la mujer, no podrían echarse atrás por las maniobras curiales. La estructura sinodal, así, superaría a la curial.

Una pirámide invertida

Con motivo del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, el 17 de octubre de 2015, pronunció estas palabras: “Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está contenido en la palabra Sínodo. Caminar juntos -laicos, pastores, obispo de Roma- es un concepto fácil de expresar, pero no tan fácil de poner en práctica”.

La sinodalidad, subrayó el Papa en 2015, ofrece “el marco interpretativo más adecuado para comprender el propio ministerio jerárquico”. “Si entendemos que, como dice San Juan Crisóstomo, la Iglesia y el Sínodo son sinónimos, también entendemos que en él nadie puede ser elevado por encima de los demás”.

“Por el contrario, explicó el Santo Padre, en la Iglesia es necesario que alguien ‘se agache’ para ponerse al servicio de los hermanos en el camino”. Jesús estableció la Iglesia “colocando el Colegio Apostólico en su cima, en el cual el apóstol Pedro es la roca”. Pero en esta Iglesia, “como en una pirámide invertida, la cumbre está debajo de la base”. Francisco observó que los que ejercen autoridad “se llaman ministros porque, según el significado original de la palabra, son los menos importantes”.

Niveles de sinodalidad

El primer nivel de ejercicio de sinodalidad se lleva a cabo en Iglesias particulares. El segundo nivel es el de las Provincias y Regiones Eclesiásticas, de los Consejos Particulares y especialmente de las Conferencias Episcopales. El último nivel es el de la Iglesia universal. “Aquí el Sínodo de los Obispos, que representa al episcopado católico, recordó el Papa, se convierte en una expresión de colegialidad episcopal dentro de una Iglesia completamente sinodal”.

Sobre “Sinodalidad en la vida y la misión de la Iglesia”

Inspirándose en las palabras de Francisco con motivo del 50 aniversario del establecimiento del Sínodo de los Obispos, la Comisión Teológica Internacional realizó, en 2018, un estudio sobre la sinodalidad en la vida y la misión de la Iglesia. Sínodo -se lee el documento- es una palabra antigua en la tradición de la Iglesia. Se compone de la preposición σύν (con) y el sustantivo ὁδός (vía). Indica el camino recorrido por el Pueblo de Dios. Desde los primeros siglos, como se recuerda en el documento, las asambleas eclesiales convocadas en varios niveles se designan con la palabra “sínodo” para discernir, a la luz de la Palabra de Dios, preguntas doctrinales, litúrgicas, canónicas y pastorales.

El término sinodalidad -subraya el estudio- indica “el modus vivendi et operandi específico de la Iglesia del Pueblo de Dios que manifiesta y concretamente se da cuenta de que es una comunión en el que se camina juntos, se reúne en la asamblea y todos sus miembros participan activamente en su misión evangelizadora”. El concepto de comunión expresa “la sustancia profunda del misterio y la misión de la Iglesia”, que en la celebración eucarística “tiene su fuente y culminación”.

“La sinodalidad es un estilo, es un caminar juntos, y es lo que el Señor espera de la Iglesia del tercer milenio”, les dijo Francisco el pasado mes de noviembre a la Comisión Teológica Internacional, donde alabó el documento al respecto elaborado por la entidad capitaneada por el prefecto para la Doctrina de la Fe, Luis Francisco Ladaria.

“Hoy se piensa que hacer sinodalidad es tomarse de la mano y echarse a andar, festejar con los chicos, o hacer una encuesta de opinión del tipo: ¿qué se piensa del sacerdocio de las mujeres?”, les comentó el Papa en un tono coloquial, para aclarar que “la sinodalidad es un camino eclesial que tiene un alma que es el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no hay sinodalidad”.

En no pocas ocasiones el Papa ha subrayado el papel del Espíritu Santo para no confundir sinodalidad con parlamentarismo. En esta línea, El decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Argentina, Carlos María Galli, mantiene la tesis de que “la Iglesia no es una democracia en el sentido de ideologías parlamentaristas, pero tampoco es una monarquía”. Para Galli, la sinodalidad ahonda en que “toda la Iglesia es sujeto y todos en la Iglesia somos sujeto”.

“Por eso no tengo miedo a que los procesos sinodales devengan a prácticas democráticas, sino a que no se tome en serio o que piensen que después de Francisco todo va a volver a ser como antes. Francisco quiere que los procesos sean irreversibles”, señala el teólogo argentino, convencido de que la sinodalidad es la mejor vía para acabar con el clericalismo.

ENLACE. Documento “La Sinodalidad en la Iglesia y en la Misión de la Iglesia” (completo)

Carlos María Galli destacó la importancia de la sinodalidad en la vida de la Iglesia

En el 2018 la Comisión Teológica Internacional (CTI) dio a conocer su documento acerca de “La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia”, que se encuentra en el sitio oficial de la Comisión en la Santa Sede.

El texto es el fruto de un estudio realizado en su noveno quinquenio por parte de una de las tres subcomisiones de la CTI. Fue aprobado en la sesión plenaria de 2017, presentado a su presidente, monseñor Luis Ladaria SJ, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien autorizó su publicación después de recibir el parecer favorable del papa Francisco el 2 de marzo de 2018.

El presbítero doctor Carlos María Galli, decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires (UCA), es miembro de la subcomisión redactora y responsable de la edición en español. En una entrevista con AICA, el sacerdote argentino destacó que el documento ofrece algunas líneas para profundizar el significado teológico de la sinodalidad en la perspectiva de la eclesiología católica.

¿Cómo está dividido y organizado el documento?

Luego de una introducción sobre el kairós de la sinodalidad (nn. 1-10), se remonta a los datos normativos que se encuentran en la Sagrada Escritura, la Tradición y la historia bimilenaria de la Iglesia para poner en plena luz el enraizamiento de la figura sinodal en el desarrollo histórico de la Revelación de Dios (nn. 11-41). Luego esboza una teología de la sinodalidad en sintonía con la enseñanza del Concilio Vaticano II. Expone la praxis sinodal de la Iglesia como misterio de comunión del Pueblo de Dios peregrino y misionero, con una especial referencia a las propiedades distintivas de la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad (nn. 42-70).

Sobre esta base teológica desarrolla la concreta actuación de la sinodalidad considerando los sujetos, las estructuras, los procesos y los acontecimientos sinodales, entre los cuales se destacan los sínodos y concilios, que se dan diversamente en la Iglesia particular, en la comunión entre las Iglesias locales de una región y en el conjunto de la Iglesia universal (nn. 71-102). Finalmente ofrece orientaciones para la conversión espiritual y pastoral hacia una renovada sinodalidad, analizando la espiritualidad de comunión y el discernimiento comunitario y apostólico, y señalando reflejos positivos en el camino ecuménico y la diaconía social de la Iglesia (nn. 103-119).

¿Qué significa sínodo y qué sinodalidad?

“Sínodo” es una palabra griega compuesta por la preposición sýn, que significa “con”, y el sustantivo hodós, que significa “camino”. La sinodalidad, vivida desde siempre, como refleja el llamado “Concilio de Jerusalén” (Hch 15,4-29), es un “neologismo” que señala, al mismo tiempo, a la Iglesia como Pueblo de Dios en camino y asamblea convocada por el Señor. El andar juntos por el camino para realizar el plan de Dios y evangelizar a los pueblos, incluye el estar juntos en asamblea para celebrar al Señor resucitado y discernir lo que el Espíritu dice a las iglesias.

La sinodalidad surge de la comunión eucarística y anima la peregrinación misionera. Las asambleas, en especial los concilios ecuménicos y los sínodos episcopales, son momentos históricos privilegiados de un discernimiento guiado por el Espíritu Santo al servicio de la evangelización. Así, la sinodalidad sigue el ritmo de la vida que es movimiento y pausa, camino y reunión.

¿Cuál es ese “camino” de la sinodalidad que propone el Papa?

En el discurso pronunciado en 2015 en la conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos por parte del beato Pablo VI -que será canonizado el 14 de octubre- el papa Francisco afirmó que “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia en el tercer milenio”. Se trata de una afirmación programática y comprometida, dicha en la parresía o audacia del Espíritu de Dios, que se sitúa en el contexto de su llamado a la reforma de la Iglesia a través de una conversión pastoral y una salida misionera.

La sinodalidad –subrayó– “es dimensión constitutiva de la Iglesia”, de modo que “lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra Sínodo”. Ella encauza la comunión a través de los procesos de escucha, diálogo, discernimiento, participación y corresponsabilidad.

¿La sinodalidad es sólo un procedimiento o conlleva mucho más?

El documento muestra que “sinodalidad” no designa un mero procedimiento operativo ni una nueva ingeniería institucional sino la específica forma de vivir y obrar (modus vivendi et ope-randi) de la Iglesia como Pueblo de Dios en la historia, que manifiesta y realiza su comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asamblea y en el participar activamente en la evangelización.

¿Cuáles son las realidades de la sinodalidad?

Así, la sinodalidad designa tres realidades: ante todo, el estilo peculiar que califica su modo ordinario de vivir y de obrar. Además, las estructuras y los procesos que expresan la comunión sinodal a nivel institucional, También, la realización puntual de aquellos acontecimientos -desde un sínodo diocesano a un concilio ecuménico- en los cuales la Iglesia es convocada a actuar sinodalmente a nivel local, regional y universal.

La CTI insiste en que el dinamismo sinodal de la Iglesia implica la articulación entre la participación y la corresponsabilidad de “todos” los bautizados, como el ejercicio específico de la autoridad colegial o primacial por parte de “algunos” y de “uno”, sea en cada Iglesia diocesana, sea en la Iglesia universal. Hoy la reforma de la Iglesia exige una conversión para dar un salto de calidad capaz de promover una renovada praxis sinodal capaz de entusiasmar e involucrar a todos, y a cada una y cado uno de sus miembros.

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Fuentes:

Religión Digital / Vida Nueva / Vatican News / AICA

 

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