Francisco en Colombia: Peregrino de esperanza y de paz

8:00 p m| 06 set 17 (VI/RD/VN).- En un mensaje previo a partir hacia Colombia, el mismo Francisco compartió el lema de su visita: “Demos el primer paso”. Es un llamado a la reconciliación en un país que sufrió más de medio siglo de violencia, una invitación a salir al encuentro del otro, a crear puentes, y dejar de tratar a los demás como enemigos. En palabras del P. Antonio Spadaro, director de la La Civiltà Cattolica, “El Papa recordará a los colombianos que la paz no es un objetivo, sino condición para una vida sana”.

Sin embargo, el que comienza hoy es uno de los viajes más delicados del Papa. Claro, Colombia es un gran país católico latinoamericano, y se espera una extraordinaria participación popular. Pero la situación es compleja y la paz, que comenzó con el histórico acuerdo entre el gobierno del presidente Manuel Santos (Premio Nobel de la Paz) y los guerrilleros de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), se muestra como una pequeña semilla ya amenazada desde muchos frentes, sobre todo de intereses políticos.

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El Papa en Colombia para salvar la frágil paz (Andrea Tornielli)

Durante este quinto peregrinaje a América Latina, el Papa recorrerá 21.178 kilómetros, pronunciará 12 discursos en español y visitará cuatro ciudades: Bogotá, Villa Vicencio, Medellín y Cartagena. Una visita bastante larga, para impulsar los primeros pasos hacia la reconciliación y la paz. Pero Francisco no va a Colombia como mediador, a ser “garante” del acuerdo obtenido tras grandes esfuerzos pero reprobado por el referéndum popular. Un acuerdo que se ha convertido no solo en el objeto de enfrentamientos políticos feroces entre el gobierno y la oposición, guiada por el expresidente Álvaro Uribe. Sin embargo, a pesar de invitar a la reconciliación, única vía para salir de una guerra civil muy violenta que ha provocado miles de víctimas inocentes y desgarrado la vida de las familias, se mantendrá alejado de las polémicas sobre las cláusulas del acuerdo firmado el año pasado.

Desde el 9 de abril de 1948, día del homicidio del candidato presidencial y líder liberal católico Jorge Elicer Gaitán, hasta ahora, Colombia ha sufrido 70 años de violencia interior, que se ha caracterizado en el último medio siglo por las luchas de guerrillas de grupos de inspiración marxista-leninista y, por otra parte, de los grupos paramilitares de derecha, además de una masiva presencia del narcotráfico, que no tiende a disminuir. Durante el último medio siglo las víctimas mortales han sido 230 mil, principalmente civiles.

La decisión de los guerrilleros de las FARC de abandonar las armas para transformarse en un partido político a cambio de inmunidad y acceso al Parlamento, como prevé el acuerdo, no ha dejado de tener consecuencias. La población quería el fin de la guerra civil, pero el rastro de sangre, los muertos o los secuestrados, no pueden ser olvidados tan fácilmente. La firma con la que en septiembre de 2016 se hizo operativo el acuerdo, que después fue sometido a la votación popular y fue rechazado en el referéndum, es solo un primer paso. Y un primer paso todavía muy frágil. Siguen existiendo incógnitas sobre un futuro que se teme podría volver a mancharse con venganzas, asesinatos y violencias. Hay quienes temen que parte de las armas entregadas por las FARC (solo el 40% de ellas) sean depositadas más allá de la frontera con Venezuela; hay otros que se preguntan cuáles fondos en paraísos fiscales todavía están en manos de los ex guerrilleros.

La guerrilla y las injusticias sociales también han provocado 2 millones de desplazados, familias que han debido abandonar sus casas y sus tierras: no podrá existir una paz justa sin afrontar el problema del regreso a sus casas de todas ellas y la cuestión de la conversión de las cultivaciones en el país que es el primer productor mundial de cocaína, en el que la producción no ha disminuido para nada en los últimos dos años.

Es difícil imaginar un futuro de paz y de participación compartida en una Colombia en la que desde 1948 hasta la fecha la clase política en el gobierno (tanto liberal como conservadora) pertenece a poco más de 300 familias vinculadas entre sí. El presidente Santos, que está por concluir su mandato, está evaluando cuál será la candidatura que apoyará, bien consciente de que sus más cercanos colaboradores, de llegar al poder, podrían volver a negociar los acuerdos de paz. El actual líder de la oposición Uribe fue presidente y mentor del mismo Santos. Si le tocara a él la victoria, una renegociación del acuerdo obtenido con tanto esfuerzo sería inevitable, puesto que Uribe lo considera una puerta abierta hacia una política “castro-chavista”.

Mientras la oligarquía del poder colombiano cultiva sus ambiciones, hay un pueblo que vive por debajo del umbral de la pobreza (el 50% de la población), con casi un millón de niños que van por las calles buscando entre la basura algo que comer. Colombia es un país en el que la explotación de menores todavía está muy presente. Hay que buscar en estas situaciones de pobreza las causas remotas de la violencia durante el último medio siglo. Una violencia que, desgraciadamente, se ha transformada en una cultura de la violencia: policías privados, grupos paramilitares, sicarios de profesión. Para todo ello se requieren leyes justas, que el Papa invocará para que no prevalezca la ley del más fuerte.

Sin un proceso de reconciliación política, que todavía no amanece en el horizonte, la paz sigue estando en una situación muy frágil, acechada por la radicalización y a polarización del debate político interno.

Como es evidente, todos los actores involucrados tratarán de aprovechar la presencia del Papa durante estos días. El presidente Santos, con una aceptación por los suelos en su país según sondeos recientes, la considera una consagración de su manera de actuar. La oposición de Uribe sopesará cada una de las palabras del Pontífice para tratar de evitar que sea percibido el mensaje que pretende dar Santos. También los guerrilleros de las FARC y del ELN (el Ejército de Liberación Nacional, que nació con inspiración católica y hace dos días anunció un cese al fuego en un acuerdo bilateral con el gobierno) harán todo lo posible para tener visibilidad con la visita de Francisco.

ENLACE: El ELN anuncia un alto el fuego durante la visita papal a Colombia

Y para concluir, como telón de fondo de este viaje latinoamericano está la tan grave crisis que vive Venezuela. Han llegado a Colombia miles de desplazados del país que gobierna con puño duro el presidente Nicolás Maduro. Claro, Francisco está yendo a Colombia, no a Venezuela. Pero hay quienes esperan que pueda mandar un mensaje de cercanía para el pueblo venezolano que sufre.


Francisco a los colombianos: “Iré como peregrino de esperanza y de paz”

El Papa Francisco aboga por una Colombia con “una paz estable y duradera, para vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos”. En un videomensaje con motivo de su próximo viaje al país, Bergoglio reconoce la constancia de los colombianos para alcanzar la paz, la armonía y la fraternidad.

“Dar el primer paso nos anima a salir al encuentro del otro y extender la mano y darnos el signo de paz. Y la paz es la que Colombia busca desde hace mucho tiempo y trabaja para conseguirla”, afirma el Papa, quien muestra su alegría por “visitar esta tierra rica en historia de cultura, de fe, de hombres y mujeres que han trabajado con tesón y constancia para que sea un lugar donde reine la armonía y la fraternidad”.

“Queridos hermanas y hermanos colombianos: deseo vivir estos días con ustedes con ánimo gozoso, con gratitud al Señor. Los abrazo con afecto y le pido al Señor que los bendiga, que proteja vuestro país y les conceda la paz. Y a nuestra madre la Virgen Santa que los cuide”, concluye el mensaje, en el que el Papa afirma venir como “peregrino de esperanza y paz para celebrar la fe en Cristo”.

 

El Papa en Colombia; todos los elementos prioritarios para una gran agenda nacional

Entrevista con Manuel Rodríguez Becerra, ex ministro del Ambiente colombiano, profesor universitario y ambientalista.

-¿Cómo se está viviendo la inminente llegada del Papa a Colombia?

Hay una expectativa muy grande, porque Colombia es uno de los países más católicos de América Latina, aunque cada vez menos practicante, y de todas maneras las Iglesias cristianas diferentes de la católica han crecido en los últimos veinte años, que es un fenómeno nuevo en Colombia. Esta expectativa tiene que ver con que mucha gente espera que con la venida del Papa se modere la polarización política que hay en Colombia en relación con la paz; que de alguna manera sirva para crear un clima de mayor entendimiento y de mayor comprensión entre todas las partes que están enfrentadas.

-Sobre todo después de que ganara el frente del “no” al acuerdo de paz en el referéndum de 2016.

Lo más importante que ha ocurrido en Colombia en las últimas décadas es que las FARC, el principal grupo guerrillero, hayan dejado las armas, pero lo más paradójico es que el gobierno que logró esto sea uno de los gobiernos más impopulares en la historia de Colombia, y eso tiene mucho que ver con cómo se manejo el proceso de paz. Infortunadamente quedó la idea entre quienes triunfaron con el “no” a la paz de que el gobierno los engañó, haciendo una nueva negociación con las FARC sin tener mucho en consideración la visión del grupo del “no”.

En lo personal yo voté por el “sí” a la paz, pero creo que el gobierno no manejó bien esa derrota tan fuerte que sufrió con el proceso de paz. Y eso ha tenido como consecuencia que el país se haya paralizado más, por lo que hay una polarización política muy grande, con miras a la campaña presidencial. Es triste que se haya dado esa polarización frente a un hecho histórico tan importante como la entrega de armas, y por ello, insisto, hay mucha expectativa de que la venida del Papa pueda moderar esas polarizaciones y crear un clima más positivo.

-Francisco y la diplomacia vaticana fueron también en cierta medida protagonistas del proceso de negociación.

Este Papa estuvo muy pendiente de los diálogos y de las negociaciones, pero en general también los Papas anteriores siempre hicieron manifestaciones condenando la guerra que había en Colombia y condenando las masacres cuando estas tenían lugar. Los Papas anteriores también estuvieron muy pendientes sobre el tema de la guerra, y en Colombia la Iglesia ha jugado un papel importante y muy positivo, sin duda, en el proceso de paz y en algunas regiones del país que son muy violentas, de moderación y muchas veces también de resistencia civil frente a la guerra. Aunque, paradójicamente, una de las guerrillas, que es el ELN, que no ha hecho la paz, fue liderado en su momento por unos sacerdotes españoles. Existen todavía estas situaciones de guerra del pasado. Se inicia un proceso de negociación con el ELN, pero es muy lento y seguramente pasará al próximo gobierno.

-¿Hay alguna relación entre el proceso de paz y el deterioro ambiental en el país?

Con la paz y con el post-conflicto parece acelerarse la destrucción ambiental, por ejemplo en la región amazónica, donde ha aumentado de forma muy preocupante la tasa de deforestación. Sin embargo, Colombia tiene una gran oportunidad, a partir de su gran riqueza natural, de generar un tipo de desarrollo que tome esta riqueza natural como uno de sus fundamentos y que disminuya la destrucción ambiental.

-¿Qué la parece la encíclica Laudato si de Francisco?

Realmente es una encíclica extraordinariamente rica, tajante en sus diagnósticos y denuncias. Reconozco que es, sin duda, el documento sobre el desarrollo sostenible más importante que haya hecho un líder político o religioso en los últimos años. Además tiene una incidencia muy positiva, porque constituye un granito en la historia de la concepción de desarrollo sostenible, según la cual se han de respetar los límites que impone la naturaleza y, simultáneamente, erradicar la pobreza, la injusticia, crear una sociedad más inclusiva. Son todos temas importantes para Colombia, y por ello la encíclica del Papa es muy fuerte, así como su idea de cambios o ajustes al modelo de desarrollo.

El texto del Papa tiene todos los contenidos prioritarios de la gran agenda colombiana, que no solamente es el sistema socio-ambiental, sino también todo el tema que tiene que ver con la relación entre deterioro ambiental, pobreza y miseria y la necesidad de detener ese deterioro como uno de los fundamentos para construir la paz. No hay que olvidar que los más pobres de Colombia viven en zonas muy vulnerables ambientalmente, en zonas que no son urbanizables.

-¿Podría dar un ejemplo concreto de la relación entre el deterioro ambiental y la injusticia social en Colombia?

Hay una ciudad a la que va a ir el Papa, que es Cartagena, que simboliza la opulencia (hoy en día está en el momento de mayor prosperidad económica de su historia), pero también es una ciudad en la que nunca había habido tanta injusticia social ni tanta destrucción ambiental, y las víctimas son los más pobres. Por ejemplo, en un sitio que se llama la Sierra de la Virgen, vive la gente en zonas tremendamente vulnerables desde el punto de vista ambiental en unas condiciones de miseria y pobreza inconcebibles, por lo que son víctimas de las marejadas, inundaciones y otras calamidades. Y también en Cartagena se concentra una buena parte de desplazados de la guerra, que vive en la pobreza.

-¿Y ejemplos concretos de la relación entre la explotación de recursos naturales y la pobreza?

Colombia es uno de los países con mayores conflictos socio-ambientales del mundo, por lo que existe un movimiento muy fuerte en contra de la minería y del petróleo hoy en día, que tiene mucho que ver con la historia de regiones colombianas y de toda América Latina en las que ha habido grandes explotaciones que han dejado pobreza, miseria y muchas veces destrucción ambiental. Hay una resistencia muy fuerte, muchas comunidades están en contra de la minería, y el temor es que se dañen sus fuentes de agua y que este tipo de explotaciones no les traiga ningún beneficio económico, sino que, por el contrario, se deteriore su calidad de vida, como, de hecho, las evidencias en Colombia, Perú o Ecuador, por citar algunos países, demuestran.

-¿Cuál ha sido el papel de la Iglesia en la defensa del medio ambiente?

Sobre todo en la región del Pacífico colombiano, una zona tropical muy densa, en donde hay una enorme pobreza, pero simultáneamente es muy rica en diversidad biológica y en oro, y en la que todavía están el ELN y grupos paramilitares, si no fuera por la Iglesia la situación estaría mucho peor; la Iglesia ha tenido una posición muy valerosa defendiendo los intereses de las comunidades afro-colombianas e indígenas y claramente mediando en todo el conflicto y buscando que las mineras no sigan haciendo verdaderos desastres. Un papel absolutamente central en esa región.

-¿Han surgido iniciativas a partir de la Laudato si en el país?

Cuando salió la encíclica del Papa hubo iniciativas en la Universidad católica de los jesuitas, en donde el rector nos invitó a mí y a otros ambientalistas para que los asesoráramos y ver cómo se podía expresar la encíclica en sus programas de investigación. Y hubo un seminario internacional en esa universidad, mirando la encíclica desde todos los ángulos, económicos, sociales, culturales.

Así que la visita del Papa puede ser muy positiva en todas las dimensiones del desarrollo y para recordarle varias cosas a este país, de una injusticia social tremenda (porque muchas de las elites colombianas siguen siendo muy irresponsables); entonces, que alguien con la autoridad del Papa vuelva sobre el tema de la pobreza en Colombia, vuelva sobre el tema de la necesidad de fortalecer y robustecer el proceso de reconciliación con los procesos de paz, que vuelva sobre el tema de proteger el medio ambiente, pues creo que es muy positivo, porque la figura del Papa no solo entre los católicos, por su gran carisma, cuenta también con enorme simpatía en la opinión pública.


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Fuentes:

Vatican Insider / Vida Nueva / Religión Digital

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