Iglesia se posiciona ante AMLO: “Colaboradores, pero no cómplices”

3:00 p m| 7 dic 18 (VI/VN).- La Arquidiócesis Primada de México asegura que “sin complicidad” la Iglesia Católica colaborará con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en los proyectos que apunten hacia el bien común y ejercerá una actitud crítica frente a aquellas situaciones que demanden una voz que oriente a los millones de mexicanos que profesan la religión católica. AMLO acaba de prestar juramento como presidente de México, con situaciones críticas en el panorama. La violencia criminal, la emergencia de los migrantes y la lucha contra la pobreza son algunos de los desafíos que requieren atención urgente.

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López Obrador y la Iglesia (análisis de Alver Metalli en Vatican Insider)

Sus principios de hombre de izquierdas, las políticas administrativas progresistas durante los años en los que gobernó la Ciudad de México, sus muchos lustros de oposición de izquierda frente al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de los presidentes Salinas de Gortari, Zedillo y Peña Nieto, con el intermedio de los gobiernos del Partido Acción Nacional (PAN) de Vicente Fox y Felipe Calderón, serán puestos a prueba por la dramática dimensión del problema migratorio y por la enorme violencia criminal que se extiende por todo el país.

Mientras el líder del movimiento político Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) recibía la franja presidencial en la Cámara de Diputados, tres grandes caravanas de migrantes de Centroamérica llegaban a la ciudad de Tijuana, mientras otras están atravesando el enorme territorio mexicano para llegar a la frontera en donde plantarán sus tiendas. Allí, todos los migrantes se toparán con el fatídico muro fronterizo.

El desafío de AMLO después de su victoria electoral del pasado primero de julio, es de tales dimensiones que cualquier hombre de experiencia política podría ponerse a temblar ante él. Y tiene dos enormes agravantes. Quien administra el país vecino, a unos tres mil kilómetros de la frontera común entre México y Estados Unidos, es un político, Donald Trump, que ha convertido el nacionalismo económico y la política migratoria restrictiva en estandartes del propio éxito.

Y eso no es todo. López Obrador, con su “socialismo humanitario”, se muestra contracorriente frente al resto del continente, en donde han vuelto al gobierno administraciones de centro-derecha o de derechas, como en Argentina y Brasil, países que concentran dos terceras partes de la población de América Latina.

El “New York Times” se pregunta cuál será el rostro de López Obrador que surgirá ahora: “el anciano líder que predica amor y moralidad, el agitador de izquierdas que impreca contra sus adversarios, el pragmático que busca un acuerdo para un desarrollo más amplio en la región o el impetuoso político que parece improvisar mientras avanza”.

En el desafío que tiene frente a sí, López Obrador sabe que cuenta con un gran aliado en la Iglesia mexicana en el frente de las dos emergencias más complicadas de su mandato. En vísperas de su toma de posesión, el Secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, dijo a la agencia de noticias Notimex que “en México ha habido un gran cambio”, refiriéndose al nuevo presidente. Después, reflexionando un poco sobre la naturaleza de este cambio, afirmó: “basta pensar que durante tantos años un solo partido se encontraba en el poder y, claro, después llegó la alternancia, pero en los términos que vemos, creo que es la primera vez que un candidato gana con un margen tan amplio como Lopez Obrador”.

Refiriéndose a las relaciones que el Vaticano desea mantener con el gobierno del nuevo presidente, el responsable de la diplomacia vaticana se refirió a las “áreas en las que podemos colaborar”, estableciendo una “sinergía” entre ambas partes, pero respetando las distinciones, “porque la Iglesia es la Iglesia y el gobierno es el gobierno”.

López Obrador ha buscado la alianza con la Iglesia desde que era un candidato a la presidencia. Después de haber ganado las elecciones de julio, agradecido con la avalancha de electores que le dieron su voto, invitó al papa Francisco a visitar nuevamente el país que la población acababa de encomendarle para colaborar en la moralización política y en la pacificación, las dos prioridades de su mandato.

El viaje papal no se concretó, pero la Iglesia mexicana participó en los “Foros de consulta para la Pacificación y la Reconciliación nacional” (ver más información al final del texto) que lanzó López Obrador en la fronteriza Ciudad Juárez el 7 de agosto. La Iglesia propuso, a su vez, un plan en seis etapas que va más o menos en la misma dirección del plan del nuevo presidente, desde el apoyo del clero “en las diócesis vulnerables a la violencia” hasta la organización de “momentos de formación para poder afrontar peticiones de mediación en situaciones de conflicto”, pasando por la preparación de los estudiantes en los seminarios con el objetivo de que “los sacerdotes sepan gestionar estrategias para la construcción de la paz y situaciones de dolor y muerte”, o la implementación de “verdaderos comités de crisis” en donde sea necesario.

En los próximos días, AMLO tendrá los poderes y los recursos del Estado para ofrecer las respuestas que esperan los mexicanos. Y también las que espera la Iglesia, pues, según indicó el cardenal Carlos Aguiar Retes: “en México sufrimos terrible violencia. Son ataques contra la dignidad humana. Esperamos que el nuevo gobierno afronte estas situaciones. Y el camino correcto es la reconciliación”.

Los 150 obispos mexicanos han optado por la defensa de los migrantes que están transitando por el territorio nacional, en contra de quienes, incluidos algunos mexicanos, los han recibido con injurias, los han llamado invasores, los han insultado pidiéndoles que vuelvan a sus países. El mismo presidente estadounidense pidió que el México de López Obrador “regrese a sus países a los migrantes, muchos de los cuales son criminales”.

Trump también amenazó con cerrar la frontera permanentemente, si fuera necesario, y llamó al Congreso de su país a otorgar los recursos necesarios para seguir con la construcción del muro. Es decir, pretende que los migrantes se queden en territorio mexicano mientras piden asilo a Estados Unidos, en un proceso que podría obligarlos a vivir en condiciones precarias durante meses o incluso años a la espera del “american dream”. El apoyo de la Iglesia mexicana es para López Obrador de gran importancia, sobre todo para las políticas que pretende promover y para ampliar los márgenes de maniobra para lograrlo.

 

Colaboradores, pero no cómplices

En su editorial, el semanario Desde la fe, de la arquidiócesis del cardenal Carlos Aguiar Retes, afirmó que la Iglesia mexicana tiene clara la postura que habrá de asumir ante el nuevo gobierno, y será de la “colaborar en los proyectos que apunten hacia el bien común, y ejercer una actitud crítica frente a aquellas situaciones que demanden de los obispos una voz que oriente a los millones de mexicanos que profesan la religión católica; es decir, colaborar sin complicidad”.

La Iglesia capitalina recordó que los mexicanos siguen clamando por trabajo digno y estable, seguridad, respeto a las instituciones, promoción de grupos específicos, empoderamiento de la mujer, mayores espacios de educación y cultura, pero para ello no se necesita sólo un cambio de personajes e ilusiones, sino una transformación.

“Una transformación fincada en valores cívicos por encima de los partidistas, un cambio que se fundamente en principios de justicia social por encima de intereses sexenales, una transformación que apunte y apuntale hacia la educación y la cultura, y no sólo a maquillajes destinados a caer luego de la primer crisis que aparezca”.

El texto afirma que México necesita mucho más que políticos: “necesita que cada mexicano se afiance en sus convicciones honestas y respetuosas, y desde ahí aporte y apueste a un futuro inmediato y lejano que sepa renunciar a componendas y mediocridades. México requiere de una transformación permanente, y eso sólo será posible si somos capaces de entendernos y respetarnos: entre todos y siempre”.

“Al inicio de este sexenio –concluye– la Iglesia no quiere quedarse al margen de las decisiones importantes, sino participar legítimamente de la vida pública, animando los procesos de transformación y aportando desde su sabiduría a la construcción de un México más fraterno, solidario y en paz”.

Tres crisis que urge atender

Por su parte, el cardenal Carlos Aguiar Retes, en un artículo publicado en el mismo semanario arquidiocesano, se refirió a tres situaciones que preocupan a la Iglesia mexicana porque han sido caldo de cultivo para la multiplicación de los problemas que tienen postrado al país en la pobreza, la violencia y la falta de desarrollo.

Explicó que desde el 2010 los obispos mexicanos advirtieron de estos tres factores: debilitamiento del tejido social, crisis de legalidad y crisis de moralidad, para los cuales el único antídoto –dijo- es la colaboración entre gobierno, sociedad, civil e Iglesia.

Sobre el debilitamiento del tejido social, el cardenal Aguiar reconoció que en un país mayoritariamente católico, es escandaloso el relajamiento de las normas y principios que sostienen la convivencia y la unidad social.

Dijo que ante un país con graves fracturas en sus relaciones básicas, que dificultan construir cimientos firmes para impulsar procesos prósperos de desarrollo la Iglesia católica no tiene más opción que la de ser piedra angular en la reconstrucción del tejido social, a partir de la promoción de los valores evangélicos.

Al referirse a la crisis de legalidad, explicó que los mexicanos han convertido las leyes, tan necesarias para el ordenamiento de la convivencia social, en normas susceptibles de negociación, provocando no sólo una distorsión en la conciencia colectiva de una sociedad que exige respeto a sus derechos al tiempo que ignora sus deberes, sino también, dando pie a una corrupción generalizada. En este sentido, advirtió que sin el respeto por las leyes y las instituciones, “comenzado por la propia administración federal”, el futuro de México seguirá siendo endeble e incierto.

Finalmente, el Arzobispo de México reflexionó sobre la crisis de moralidad que sufre el país. Lamentó que incluso la Iglesia, en varias ocasiones, en lugar de ser ejemplo de honorabilidad, ha provocado un debilitamiento en la base religiosa del pueblo. “A ello, se suma la crisis moral por la que atraviesa gran parte de la clase política, que ha extraviado la consciencia”.

Ante esta realidad, la Iglesia tiene uno de sus mayores retos: ser un contrapeso de las estructuras de poder que atentan contra los derechos humanos universales de la dignidad humana, la vida y la familia, con una “defensa inteligente” por parte de la sociedad civil y de la Iglesia, “que debe pasar de la confrontación a las propuestas eficaces; de la descalificación a la construcción de puentes y de la argumentación al convencimiento”.

 

Antecedentes (AMLO – Iglesia):

 

Fuentes:

Vatican Insider / Vida Nueva

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