“Católicos y ortodoxos deben pedir perdón a Dios y entre sí por las divisiones”

6:00 p m| 04 dic 15 (VIS/BV).- Como es habitual con motivo de la festividad de San Andrés, patrono del patriarcado ecuménico de Constantinopla, una delegación de la Santa Sede, presidida por el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, viajó a Estambul para unirse a esta celebración, que se conmemora tanto en Oriente como en Occidente. El patriarcado envía todos los años una delegación a Roma, el 29 de junio, festividad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

La delegación de la Santa Sede se ha entrevistado también con la comisión sinodal encargada de las relaciones con la Iglesia Católica y ha entregado al Patriarca Bartolomé I un mensaje del Santo Padre que se ha leído al final de la Divina Liturgia. En el texto, Francisco recuerda especialmente el quincuagésimo aniversario de la Declaración común católico-ortodoxa del Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I, (7 de diciembre de 1965) que enfatiza en “lamentar y borrar de la memoria y de la Iglesia las sentencias (mutuas) de excomunión” producidas en 1054.

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“La memoria de las frases recíprocas de excomunión, junto con las palabras ofensivas, reproches infundados y gestos reprobables por ambas partes que acompañaron los tristes acontecimientos de aquel período, representaron durante muchos siglos un obstáculo para el acercamiento en la caridad entre católicos y ortodoxos -escribe el Papa-. Atentos a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, que rezó al Padre en la víspera de su pasión para que sus discípulos “fuesen uno”, el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I consignaron esos recuerdos dolorosos al olvido. Desde entonces, la lógica del antagonismo, la desconfianza y la hostilidad, simbolizada por las excomuniones mutuas, fue sustituida por la lógica del amor y de la fraternidad, representada por nuestro abrazo fraterno”.

“Con el fin de avanzar en nuestro camino hacia la plena comunión que deseamos, necesitamos inspirarnos continuamente en el gesto de reconciliación y de paz de nuestros venerados predecesores Pablo VI y Atenágoras I. En todos los niveles y en todos los contextos de la vida de la Iglesia, las relaciones entre católicos y ortodoxos deben reflejar cada vez más la lógica del amor que no deja lugar para el espíritu de rivalidad”.

“La humanidad debe redescubrir el misterio de la misericordia, el puente que conecta a Dios y el hombre, abriendo nuestros corazones a la esperanza de ser amados por siempre a pesar de nuestros pecados”, prosigue el Papa.

“Por esa razón he convocado un Jubileo extraordinario de la Misericordia, un tiempo propicio para contemplar la misericordia del Padre revelado plenamente en su Hijo, Jesucristo, y llegar a ser nosotros mismos un signo eficaz del amor de Dios por medio de perdón mutuo y de las obras de misericordia. Es providencial que el aniversario de esa histórica Declaración Conjunta entre católicos y ortodoxos, relativa a la eliminación de las excomuniones de 1054, se conmemore en vísperas del Año de la Misericordia. Después del Papa Pablo VI y del Patriarca Atenágoras I, hoy católicos y ortodoxos deben pedir perdón a Dios y entre sí por las divisiones que los cristianos han provocado en el Cuerpo de Cristo. Le pido, al igual que a todos los fieles del Patriarcado Ecuménico que rece para que este Jubileo Extraordinario puede dar los frutos espirituales que anhelamos. Y les aseguro mis oraciones por los acontecimientos que su Iglesia celebrará el próximo año, sobre todo el Gran Sínodo Pan-ortodoxo. ¡Que esta importante ocasión para todas las Iglesias ortodoxas sea fuente de abundantes bendiciones para la vida de la Iglesia!”, concluye el Santo Padre.


Texto completo de la Declaración común del Papa Pablo VI y del Patriarca ecuménico Atenágoras I – (7 de diciembre de 1965)

La declaración conjunta de S. S. Pablo VI y de S. B. el patriarca Atenágoras I fue leída en francés en la sesión pública conciliar del 7 de diciembre y al mismo tiempo en el Fanar del Patriarcado de Constantinopla.

Llenos de agradecimiento hacia Dios por la gracia que, en su misericordia les otorgó de encontrarse fraternalmente en los sagrados lugares en los que, por la muerte y la resurrección de Cristo, se consumó el misterio de nuestra salvación y por la efusión del Espíritu Santo, nació la Iglesia, el Papa Pablo VI y el patriarca Atenágoras I, no han olvidado el proyecto que cada uno por su parte concibió en aquella ocasión de no omitir en adelante gesto alguno de los que inspira la caridad y que sean capaces de facilitar el desarrollo de las relaciones fraternales entre la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, inauguradas en esa ocasión. Están persuadidos de que de esta forma responden al llamamiento de la gracia divina que mueve hoy a la Iglesia católica romana y a la Iglesia ortodoxa y a todos los cristianos a superar sus diferencias a fin de ser de nuevo “uno” como el Señor Jesús lo pidió para ellos a su Padre. Entre los obstáculos que entorpecen el desarrollo de estas relaciones fraternales de confianza y estima figura el recuerdo de las decisiones, actos e incidentes penosos que desembocaron en 1054, en la sentencia de excomunión pronunciada contra el patriarca Miguel Cerulario y otras dos personalidades por los legados de la sede romana, presididos por el cardenal Humberto, legados que fueron a su vez objeto de una sentencia análoga por parte del patriarca y el sínodo constantinopolitano.

No se puede hacer que estos acontecimientos no hayan sido lo que fueron en este período particularmente agitado de la historia. Pero hoy, cuando se ha emitido sobre ellos un juicio más sereno y justo, es importante reconocer los excesos con que han sido enturbiados y que han dado lugar ulteriormente a consecuencias que, en la medida en que nos es posible juzgar de ello, superaron las intenciones y previsiones de sus autores, cuyas censuras se referían a las personas en cuestión y no a las Iglesias y no pretendían romper la comunión eclesiástica entre las sedes de Roma y Constantinopla.

Por eso, el Papa Pablo VI y el patriarca Atenágoras I y su Sínodo, seguros de expresar el deseo común de justicia y el sentimiento unánime de caridad de sus fieles y recordando el precepto del Señor: “Cuando presentas tu ofrenda en el altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt. 5, 23-24), declaran de común acuerdo:

a) Lamentar las palabras ofensivas, los reproches infundados y los gestos condenables que de una y otra parte caracterizaron a acompañaron los tristes acontecimientos de aquella época.

b) Lamentar igualmente y borrar de la memoria y de la Iglesia las sentencias de excomunión que les siguieron y cuyo recuerdo actúa hasta nuestros días como un obstáculo al acercamiento en la caridad relegándolas al olvido.

c) Deplorar, finalmente, los lamentables precedentes y los acontecimientos ulteriores que, bajo la influencia de diferentes factores, entre los cuales han contado la incomprensión y la desconfianza mutua, llevaron finalmente a la ruptura efectiva de la comunión eclesiástica.

El Papa Pablo VI y el patriarca Atenágoras I con su Sínodo son conscientes de que este gesto de justicia y perdón recíproco no puede bastar para poner fin a las diferencias antiguas o más recientes que subsisten entre la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa de Constantinopla y que, por la acción del Espíritu Santo, serán superadas gracias a la purificación de los corazones, al hecho de deplorar los errores históricos y una voluntad eficaz de llegar a una inteligencia y una expresión común de la fe apostólica y de sus exigencias.

Sin embargo, al realizar este gesto, esperan sea grato a Dios, pronto a perdonarnos cuando nos perdonamos los unos a los otros y esperan igualmente que sea apreciado por todo el mundo cristiano, pero sobre todo por el conjunto de la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa, como la expresión de una sincera voluntad común de reconciliación y como una invitación a proseguir con espíritu de confianza, de estima y de caridad mutuas, el diálogo que no lleve con la ayuda de dios a vivir de nuevo para el mayor bien de las almas y el advenimiento del Reino de Dios, en la plena comunión de fe, de concordia fraterna y de vida sacramental que existió entre ellas a lo largo del primer milenio de la vida de la Iglesia.


El Papa Francisco felicita desde África al Patriarca Bartolomé por fiesta de San Andrés

Hace un año el Papa Francisco, sucesor de Pedro, estaba en Turquía junto con el Patriarca Bartolomé, sucesor de Andrés y líder de unos 300 millones de cristianos ortodoxos.

Fue para acompañarle en la fiesta del patrón de la Iglesia ortodoxa.

Este año, durante su visita a la República Centroafricana, Francisco envió esta felicitación al Patriarca. “Antes de dar la bendición en esta fiesta de San Andrés, desde aquí, desde el corazón de África, querría dirigirme a mi querido hermano Bartolomé. Lo felicito fraternalmente y pido al Señor que bendiga nuestras Iglesias hermanas”.


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Fuente:

Vatican Information Service

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