El grito de los que sufren por la minería se escuchó en el Vaticano

9.00 p m| 13 ago 15 (AGENCIAS/BV).- Del 17 al 19 de julio, se realizó en Roma el encuentro de representantes de comunidades afectadas por actividades mineras, organizado por el Pontificio Consejo de Justicia y Paz (PCJP) en colaboración con la red latinoamericana Iglesias y Minería, con el lema “Unidos a Dios escuchamos un grito”. Participaron representantes de 18 países del mundo (asiáticos, africanos y americanos). El presidente de PCJP, cardenal Peter Turkson, explicó que el objetivo de este encuentro fue llevar a cabo un balance de la situación de estas comunidades, ya que con la encíclica Laudato si el Santo Padre nos exhorta a “escuchar el grito de la tierra tanto como el grito de los pobres… No podemos permanecer indiferentes ante este grito”.

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Durante el encuentro se escucharon testimonios y experiencias, para luego proponer futuras acciones por parte de la Iglesia y de las mismas comunidades. El objetivo que el Consejo Pontificio Justicia y Paz se trazó con este encuentro -profundizando lo que indicó el cardenal Turkson- fue “dar mayor visibilidad a las situaciones de violencia e intimidación, de ilegalidad y corrupción, de contaminación y violación de los derechos humanos vinculados a la actividad minera” e interpelar a los responsables políticos, a las administraciones públicas, a los empresarios y a los inversores para que escuchen “el grito de la tierra y actúen con prontitud y responsabilidad al servicio del bien común, de la justicia y de la dignidad humana”.

En la presentación del evento, el cardenal Turkson explicó que se tiene como antecedente la jornada de reflexión “Minería para el bien común” (organizada también por el PCJP en el 2013), realizada a petición de los dirigentes de diversas empresas mineras, y en la que se abordaron las implicaciones humanas, económicas y ambientales de esa actividad. Un informe del encuentro se distribuyó a las Conferencias Episcopales de los países interesados. El dicasterio repetirá el evento el próximo mes de septiembre con una jornada titulada esta vez : “Crear un nuevo futuro, otra imagen para el futuro de la minería”. De ahí que, antes de ese encuentro, se quiso escuchar la voz de las comunidades afectadas por esa industria.

Así lo expuso el cardenal:

“Para esta decisión del dicasterio pontificio no faltan razones. Con la Encíclica Laudato Si el Santo Padre nos exhorta a ‘escuchar el grito de la tierra tanto como el grito de los pobres’. No podemos permanecer indiferentes ante este grito, porque la necesidad de escucharlo brota de la misma obra liberadora de la gracia en cada uno de nosotros, por lo cual no se trata de una misión reservada sólo a algunos: La Iglesia, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responder a él con todas sus fuerzas.

Además ya somos muchos los que hemos tomado conciencia de este grito desgarrador que viene de las zonas donde se buscan y se extraen minerales. Por citar sólo algunos ejemplos: el Africa Progress Report, del ex Secretario General de la ONU Kofi Annan, las directrices de la OCDE en materia, los numerosos informes sobre los derechos de las poblaciones indígenas, la iniciativa Publish what you pay, la legislación sobre la trazabilidad de procesamiento de minerales en el Parlamento Europeo; el cine con películas como “Diamantes de sangre” o “Avatar”.

La Iglesia, en varias ocasiones y desde hace muchos años sigue de cerca las actividades mineras. A nivel nacional, los documentos de las Conferencias Episcopales denunciando la violación de los derechos humanos, la ilegalidad, la violencia y la explotación de los yacimientos que contaminan o perjudican la seguridad alimentaria local. En el ámbito regional se ocupan del tema las Conferencias Episcopales Continentales, la Red Eclesial Panamazónica, etc. A nivel transnacional, las redes de los franciscanos, CIDSE y Caritas. Todas esas voces siguen la misma dirección: ante esas situaciones no se puede dejar que prosigan la indiferencia, el cinismo y la impunidad. Se necesita un cambio radical de paradigma en pro del bien común, de la justicia, la sostenibilidad, la dignidad humana.

Quiero destacar que algunas personas que participan en la reunión han sido presionadas e intimidadas en los últimos días, por ejemplo, después de solicitar un pasaporte. Al Pontificio Consejo han llegado los testimonios de las amenazas, de las violencia y los asesinatos, de las represalias, de las indemnizaciones que nunca llegaron y de las promesas nunca mantenidas. Por lo tanto hay individuos que trabajan sin un propósito verdaderamente humano. Hay aspectos negativos ante la primacía del ser humano, hay insensibidad al bienestar del ambiente social y natural y tantas experiencias de fragilidad, abandono y rechazo. Los responsables son los inversores, empresarios, políticos y líderes de los países donde se encuentran los yacimientos o de los países donde tienen su sede los cuarteles generales de las empresas mineras multinacionales.

Y por otra parte en los países explotados y pobres, se necesitan, ante todo gobiernos íntegros, personas educadas e inversores con un agudo sentido de la justicia y del bien común, porque es moralmente inaceptable, políticamente peligroso, ambientalmente insostenible y económicamente injustificable que “los pueblos en desarrollo sigan alimentando el desarrollo de los países más ricos al precio de su presente y de su futuro”.


Testimonios de participantes

Conmovedores fueron los testimonios presentados, que transmitieron las dificultades y presiones a las que se sienten sometidos. Uno de los participantes, Juan Guillermo Peñaloza Sierra, procedente de la diócesis de Copiapó en Chile, afirmó que por su experiencia con las Empresas Mineras pueden afirmar “que estas empresas despliegan estrategias que buscan dividir a las comunidades indígenas y a los movimientos sociales y cooptar a algunos líderes”. Si bien reconoció que muchos habitantes locales desean trabajar en esas empresas obteniendo un estatus superior al resto, recordó también que en muchos casos “las agresiones han terminado con el asesinato de los líderes populares como sucedió en varias regiones de América Latina”. Además recordó los efectos negativos que se constatan día a día: agotamiento y contaminación de las fuentes de agua, destrucción de ecosistemas y contaminación ambiental, que repercute finalmente en la salud de las personas incluyendo a los propios trabajadores.

Dando testimonio de la situación en el Amazonas habló el misionero comboniano Danilo Bossi, que recordó: “Solamente en nuestra región de Carajás en el norte de Brasil, hemos tenido en los últimos tres años 26 conflictos abiertos entre la empresa minera Vale y las comunidades locales”.

Por su parte la brasileña Patricia Thomas, recordó que su comunidad  ha visto transformada la vida que llevaba debido a que las aguas están poluidas afectando toda la actividad local, como la elaboración de quesos y alimentos.

Finalmente Hèritier Wembo Nyama, padre de familia de República Democrática del Congo, contó que se dedicaba a la minería artesanal hasta que la empresa minera internacional, Kibali Gold Mine, compró las tierras en las que trabajaba. “La empresa se quedó con toda la tierra. Necesitábamos nuestro lugar de trabajo así que pedimos a la compañía que nos cedieran una parte de la tierra y no quiso. Entonces le pedimos que nos diera un puesto de trabajo y también se negó”. Participó en una protesta para pedir un puesto de trabajo digno. Bloquearon una calle con una hilera de neumáticos ardiendo. Explica que resultó herido cuando el ejército dispersó a los manifestantes. “Los soldados me tiraron al fuego y me quemé el brazo y la espalda. Dios me salvó y pude salir del fuego. Cuando salí, me apresaron y me torturaron toda la noche. Después por la mañana, el maltrato continuó y me llevaron de pueblo en pueblo”.


El mensaje de Francisco a los participantes del encuentro

El Papa advirtió que muchas comunidades “sufren directa o indirectamente las consecuencias, a menudo demasiado negativas, de la minería”.

“Un grito por la tierra perdida; un grito por la extracción de riquezas del suelo que, paradójicamente, no ha producido riqueza para las poblaciones locales que siguen siendo pobres; un grito de dolor en respuesta a la violencia, a las amenazas y la corrupción; un grito de indignación y de apoyo por las violaciones de los derechos humanos, discreta o descaradamente pisoteados por cuanto respecta a la salud de las poblaciones, por las condiciones de trabajo, a veces por la esclavitud y la trata de personas que alimenta el trágico fenómeno de la prostitución; un grito de tristeza e impotencia por la contaminación del agua, del aire y del suelo”.

“Vienen de situaciones diferentes y experimentan de diversos modos las repercusiones de la minería, ya sea la de las grandes empresas industriales, o la de los artesanos y operadores informales. Han querido reunirse en Roma, en esta jornada de reflexión que está vinculada a un paso de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, para que se escuche el grito de tantas personas, familias y comunidades que sufren directa o indirectamente por las consecuencias, a menudo demasiado negativas, de la minería”, escribió Francisco.

“Todo el sector minero está indudablemente llamado a efectuar un cambio radical de paradigma para mejorar la situación en muchos países. Los gobiernos de los países de origen de las empresas multinacionales y los de aquellos en los que operan pueda en contribuir a ello, así como los emprendedores e inversores, las autoridades locales que supervisan la ejecución de las operaciones mineras, los trabajadores y sus representantes, las cadenas de suministro internacional con sus varios intermediarios y los que trabajan en los mercados de estas materias”, aseguró Francisco en su mensaje a los participantes del encuentro.

Click aquí para leer el mensaje completo del Papa.


Comunicado final de los participantes

Por su parte las comunidades participantes del encuentro señalaron en un comunicado, fechado en Roma el 28 de julio, que “las afinidades de nuestras denuncias revelan que hay prácticas repetitivas por parte de las empresas en todas las latitudes, frecuentemente en alianza con los gobiernos nacionales y locales y con una fuerte incidencia y lobby de las empresas en todos los espacios de poder, con lo cual buscan, bajo el amparo de la elaboración de leyes ofensivas para la vida, proteger sus proyectos operacionales e intereses de lucro”.

“Con esa desproporción de fuerzas e influencias, agregan, y con la falta de un adecuado acceso a la justicia, a la información, y encima de una fuerte criminalización de la protesta social, es prácticamente imposible que haya un diálogo respetuoso y atento de las empresas y los gobiernos para con las exigencias de los más pobres. En su encíclica, el papa Francisco recomienda fuertemente “grandes caminos de diálogo”, pero los vincula todos a responsables procesos políticos y de toma de decisiones a nivel internacional, nacional y local. Ese es el nivel que podemos y queremos potencializar, con la determinante postura del Pontificio Consejo de Justicia y Paz”.

“Expresamos también nuestra preocupación al respecto de la estrategia de aproximación que las grandes corporaciones mineras tienen para con la Iglesia institucional, resaltando las contradicciones entre los discursos realizados en Roma por estas multinacionales y sus prácticas locales, las cuales continúan en la mayoría de los casos, violando los derechos humanos en los territorios”.

“Celebramos este encuentro porque el grito de auxilio de las comunidades está siendo escuchado y se está organizando cada vez más. Sin embargo, sentimos también el desafío de garantizar los derechos humanos y el protagonismo de las comunidades en sus territorios”.

“Esperamos con mucho interés, indican, el documento que el Pontificio Consejo de Justicia y Paz preparará con las reflexiones e indicaciones al respecto de los conflictos provocados por las actividades de la minería. Anhelamos sea un documento pastoral que podrá, de un lado, reforzar y empoderar las comunidades confirmando su dignidad y sus proyectos de vida, de otro, recomendar a las iglesias locales la importancia de educar en el cuidado de la Madre Tierra, defender las víctimas de los conflictos y de la criminalización, promover políticas y acciones institucionales para la protección de los derechos socio ambientales, así como ser vigilantes en la relación con las empresas”.

Asimismo los participantes al encuentro piden “garantizar áreas libres de la minería. Se trata de regiones de especial protección ecológica, comunidades en territorios pequeños que serían atropelladas por gigantes proyectos mineros, espacios sagrados donde se celebran la historia de un pueblo y su cultura, áreas de particular belleza natural o donde viven comunidades que ya fueran desplazadas anteriormente, entre otras”.

“Agradecemos, concluye el comunicado final, a la Iglesia Católica por escuchar el grito de los afectados por la minería y queremos continuar caminando con esperanza “para que venga el Reino de justicia, paz, amor y belleza”.

Click aquí para leer la carta abierta completa

Fuentes:

Radio Vaticana / Rome Reports / Vatican Information Service / AICA

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