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No deja de ser conmovedor ver al Iudex peregrinando por medios de comunicación implorando indulgencia, cualidad que, entronizado en su despacho judicial, negaba a los ciudadanos que debieron transitar ante él. Nadie discute que dé clases privadas. La ley lo permite. Nada impide que cante en público aunque —como se lo enrostraron al aire— tenga mal gusto. Como diría una maestra: no es una falta ética, sino estética. [extracto]
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