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EL LENGUAJE CORPORAL Y LA MENTIRA

En este Blog , es nuestra misión enseñar y capacitar en las múltiples formas y manejos de la comunicación efectiva, el liderazgo y el posicionamiento  personal profesional y político.

Como miembro y representante del Club de LNV y  colaboradora de la Fundacion Behavior and Law, difundimos esta disciplina de la Lectura del Lenguaje no Verbal desde una perspectiva científica. En esta ocasión les alcanzamos un video para ratificar el tema.

Cuando la gente miente tiende a mover las ventanas de la nariz. Obviamente que es muy difícil observarlo. Si los labios de esa persona se mueven mucho y de manera nerviosa, está mintiendo.
El contacto visual es importante. Muchas veces los que mienten bajan la vista, evitan el contacto cara a cara. Esto ocurre generalmente al pronunciar algo que es falso. También por los movimientos de la cara uno puede darse cuenta de si esa persona miente. A menudo levantan las cejas y el labio se baja o se mueve para algún lado. Los movimientos son rápidos y suceden en un segundo, pero pueden ser observados. Si la voz de esa persona suena un poco distinta a la de siempre o entrecortada, en tonos más altos o bajos a los normales, significa que está ocultando algo.
La Dra. Pamela Meyer, autora de “Detección de mentiras”, nos dice que en un día común nos mienten entre 10 y 200 veces, y las pistas para detectar esas mentiras pueden ser sutiles e ir en contra del sentido común..En eexpone los métodos y señales que utilizan las personas preparadas para reconocer el engaño y defiende la honestidad como un valor digno de ser preservado.

 

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REEMPLAZA EMOCIONES CON LA PNL PARA CONSTRUIR TU ÉXITO…

Desde el enfoque de la  PNL , la depresión es una decisión a nivel inconsciente, que con el tiempo se transforma en un hábito. Si tu. que estás leyendo este artículo estás deprimido(a), y te pido que pienses en algo alegre y no lo haces , es porque has decidido permanecer triste para siempre

Gianna

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Un día a  clase, llegó una alumna en un estado verdaderamente deplorable ,me acerque y  le ofreci ayuda ,acepto porque  ya que no podía más con la depresión. Simplemente no sabía cómo había podido manejar  y llegar a la universidad  y hasta el salón y cómo había podido dejar su cama.

Me contó que ya no quería continuar durmiendo y evitando pensar. No encontraba en estos momentos una razón para vivir y no tenía energía ni para comer o moverse. Su salud estaba muy mal, nadie la entendía ni la quería. Después de oírla hablar, le hice la siguiente terapia basada en imágenes simbólicas .Primero le pedí que cerrara sus ojos y me dijera quién era ella en estos momentos. Me dijo que era una persona enferma, sin energía, podrida, con una soledad terrible a quien nadie la quería, abandonada y sin ninguna ilusión. Que su vida era una porquería. En ese momento le dije que respirara y me dijera dónde se encontraban todos estos sentimientos en su cuerpo. Me señaló su bajo vientre. Por supuesto que hubo lágrimas de tristeza.

Enseguida le dije que pensara en un pozo sin fondo, y fuimos simbolizando cada una de las sensaciones que me había contado y arrojándolas al pozo una por una. La enfermedad era una manzana mordida, la arrojó; la no energía era una persona tiesa, la arrojó; el sentirse podrida era como un queso echado a perder lleno de moscas y apestoso, lo arrojó; la soledad era un hoyo negro, lo arrojó; el estar sin ilusiones era un círculo negro, lo arrojó. Al terminar le dije que tapara ese pozo con una piedra muy pesada y que respirando, al exhalar lo retirara de ella lejos, a la derecha y hacia abajo lo más que pudiera. Hizo varias respiraciones y lo retiró. Se sintió aliviada.

Le pedí que se parara y caminara un poco. Al regresar le pedí que volviera a cerrar sus ojos y me dijera qué le gustaría hacer en estos momentos donde ya no está el pozo en su camino. Me dijo que le gustaría viajar, ya que tiene muchas amigas y familiares fuera y que la invitan constantemente. También quiere sentirse llena de energía todas las mañanas, quiere sentirse querida y a su vez demostrarles a sus seres queridos cómo los quiere, quiere estar sana.

Ahora le pedí que pensara en una canasta cerca de ella y un poco a la izquierda. En esta canasta se encuentran diferentes tipos de flores, y cada una de ellas va a representar eso que ella quiere para sí misma.

Le pregunté qué flor representaría los viajes que quiere hacer. Me dijo que serían lilas. Le pedí que respirando profundamente sacara de la canasta un ramo de lilas, se quedara con una poniéndola en su corazón y las demás las lanzara al frente de ella, en su camino. Después pensó en margaritas como símbolo de su energía y repetimos el proceso de sacar un ramo, quedarse con una y colocarla en su corazón y lanzar las restantes al frente respirando profundamente. Las gladiolas simbolizaron el acercarse otra vez a sus seres queridos y sentir ese cariño que había estado rechazando. Se repitió el proceso y por último simbolizó su salud como hortensias y repitió todo el proceso.

Ahora le pregunté cómo se sentía sabiendo exactamente lo que quería hacer y sabiendo que su camino está lleno de estas flores. Me contestó que tranquila y en paz.

Su tarea consistía en tocarse el pecho, donde estaban guardadas cada una de estas flores y respirar profundamente por lo menos 3 veces al día o cada vez que lo necesitara. Salió de ahí siendo otra persona. El trabajo ya estaba hecho, ahora era su turno para integrar esta nueva programación en su vida. Ya había un sentido de vida.

Este tipo de terapia se basa en reemplazar emociones negativas por emociones positivas a través de símbolos y visualización.

 

MIRADAS QUE HABLAN,PERSUADEN,ENAMORAN O CAUSAN RECHAZO…

He notado que el articulo de lenguaje corporal tuvo buena aqceptacion,es obvio que todos queremos saber lo que piensan de nosotros y que los demas no descubran ,a veces  lo que pensamosAunque todavía queda gente que es escéptica, muchas son las certezas que nos indican la importancia que tiene el lenguaje no verbal en nuestra comunicación. Todos hemos experimentado como en alguna situación determinada, una sonrisa ha sido mejor aliada que cualquier palabra. Sin embargo, no todos los gestos nos valen para todo… Ni todas las sonrisas son iguales.

Gianna

MIRADAS QUE HABLAN,,PERSUADEN,ENAMORAN O CAUSAN RECHAZO……

mirada

Esta es una clave muy importante. Una persona que no tiene contacto con sus ojos hacia los ojos de otra persona o el contacto que tiene es mínimo, esta transmitiendo un clásico signo de engaño. Una persona que está mintiendo va a tratar de realizar todo lo posible para evitar tener contacto con los ojos de otra persona. De manera inconsciente cree que usted podrá ver a través de sus ojos, y evitando el contacto su propio sentimiento de culpa no es tan alto. En general, cuando decimos la verdad o nos ofendemos por una acusación falsa, tendemos a estar completamente enfocados y concentrados con la acusación. Y nosotros fijamos la vista con el acusador como diciendo que no me voy de ahí hasta llegar a lo más profundo del tema. En el lenguaje del político la actitud gestual es de suma importancia, el saber escuchar -¡no oír!-, en los procesos de comunicación y por supuesto mantener un buen contacto visual. Se debe aprender a mirar a los ojos a la otra persona mientras escucha. Sin embargo, es importante la manera como la persona mira. Los ojos nos dan clave de los pensamientos de los otros .

La psicología nos dice que la mirada está íntimamente relacionada con nuestro estado de ánimo. En nuestro contacto con el público, participamos de un desafío en el que se enfrentan dos miradas y la nuestra casi siempre vive atrapada por el miedo y la sensación de ridículo constante. No puedes evitar no mirar, porque el contacto visual es el principal elemento de conexión con el oyente. Es la vía más directa para hacerle partícipe, para involucrarlo en tu intervención. Un mal control de la mirada hará que exportemos incomodidad y malestar a quien nos escuche; un dominio pleno de ella nos convertirá en ganadores escénicos del momento.Existe un vínculo rígido entre palabras y movimientos. Cuando un orador señala en cierta dirección, debería hacer una afirmación que le corresponda. Justamente porque hay vinculaciones adecuadas es comprensible que hay personas que fuerzan esas vinculaciones y las empleen de modo incoherente….A veces los gestos nos pueden delatar, ya que nuestro inconsciente busca a través de la Sinergología, un pequeño “alivio” de lo que nos sucede.

Y es que los ojos, como parte del lenguaje facial, expresan lo que el mensaje muchas veces calla. Siempre decimos que desconfiamos de alguien que no nos mira cuando nos está contando algo, sea importante o no, que desvía su mirada solo una vez o dos, pero siempre en el momento de decirnos justamente eso tan relevante que deseamos escuchar, aquello para lo que nuestro intlocutor busca de nosotros.

En su obra cumbre sobre comunicación no verbal Flora Davis nos comenta  “puse a Mario la siguiente analogía para que entendiera a qué me refería:

–Mario, cuando comuniques en público, tu mirada debe funcionar como el faro para los barcos que atracan en puerto. Si te diriges a un auditorio amplio, debes enfocarla como un barrido de iluminación permanente. Mirando de un lado a otro, sin concentrarte en nadie concreto, a una velocidad consustancial al ritmo de tu mensaje. Cuanto más lento hables, más lenta debe ser tu mirada, hasta que decidas proyectarla en alguien en concreto. Si haces esto, ten en cuenta que la atención de los presentes aumentará porque detectarán un descenso evidente de la velocidad de tu comunicación y se preguntarán a qué se debe. Que tú fijes la vista en una persona en concreto no significa nada (al margen de que te sientas cómodo mirándola): realmente, lo haces porque te facilita concretar tu mensaje principal y, desde ese punto de partida físico, extender al resto de los presentes el efecto contagio”.Prosigue Davis “Advierto que este tipo de estrategias son sobre todo aplicables a contextos en los que debas comunicar ante un grupo no muy amplio de personas –unas quince o veinte–; en auditorios amplios, de cien, doscientas o mil personas, no tienen razón de ser ni su efecto es tan duradero”

Asi pues queridos lectores,minuto a minuto vamos evidenciando detalles de nuestra personalidad en movimientos gestos miradas etc,en eso consiste el Lenguaje No Verbal…LNV. Por ejemplo,Tocarse el ojo: se hace cuando algo de lo que vemos no gusta. Es como decir “prefiero no mirar”. También se utiliza en caso de timidez, como una manera de  proteccion al medio. Usar gafas de sol siempre es un buen truco para que no te pillen

índice

 

Hay 4 clases de MIRADAS DE PODER

La Mirada de Mantequilla  (de barrido)

La Mirada de queso (fundido)

La mirada de caramelo

La mirada de chicle

Las miradas son una poderosa arma en nuestra vida social. Por estos motivos, el profesor de psicología en la University College London Adrian Furnham, trata de desentrañar algunos de sus  claves en un artículo publicadoen Psychology Today. Furnham destaca lo persuasiva que puede llegar a ser una mirada si se sabe utilizar.

Creo que  se quedaron con ganas de saberlo todo….yo  dare mas informacion,y pronto en  un Libro .Nada sofisticado,con lenguaje sencillo y a modo de manual,si te interesa mas sobre este tema y su aprendizaje personalizado o grupal,escribeme a gtassara@pucp.pe
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SABES QUE ES PROJECT FOR THE NEW AMERICAN CENTURY O PNAC ?

 

Antes de hacerte una reseña quiero dejar en claro que PNAC no representa el pensamiento de la totalidad del pueblo norteamericano, por el cual siento profundo respeto y en el cual tengo gran cantidad de amigos muy queridos
Gianna  Tassara

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Infórmate y entenderás muchas cosas….es triste ver que muchos que se jactan de ser políticos o pretenden ser actores políticos ,no se hayan paseado por los callejones oscuros de las conspiraciones…el investigar ayuda a opinar y crearnos una idea más real del mundo que nos rodea…
Allá por1997 un grupo ideológico y político establecido en Washington D.C, fundo una organización sin ánimo de lucro con el objetivo de promocionar “el liderazgo mundial de Estados Unidos”,
Sus miembros son parte del movimiento neoconservador y entre sus fundadores e integrantes están :George W. Bush, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Jeb Bush, Richard Perle, Richard Armitage, Dick Cheney, Lewis Libby, William J. Bennett, Zalmay Khalilzad entre otros.La idea central prolongar la hegemonía  norteamericana del siglo XX hasta el XXI,esta iniciativa es bandera de los neocn como los llaman a los seguidores del neoconservadurismo…Los neocon,son duros e inflexibles…Richard Perle, es una muestra de esta posición…leamos una muestra de su intolerancia:“El reino del terror de Saddam Hussein está por terminar. Se irá pronto, pero no solo. En una ironía final, se llevará consigo a las Naciones Unidas “es decir… la intervención pacifista es un chancay de medio, la solución es matar e invadir…

“La nueva agenda de supremacía va a las profundas raíces morales de EE.UU. y a un sentido de misión mesiánica”, escribe Tom Barry de Origen Policy in Focus, en otro artículo titulado “El complejo de poder de EE.UU.: ¿Qué hay de nuevo?”
En resumen este proyecto se creó para vender la idea que los Estados Unidos están destinados, cual mandato celestial, para operar e imperar de forma prolongada sobre el futuro devenir de la historia humana…

 

COMUNICACIÓN Y POLÍTICA

political comunicationLa comunicación es vital para la política en cuanto aporta relato, entretenimiento y valor emocional a los liderazgos, partidos, gobiernos y asuntos públicos.

Dra- Gianna Tassara

COMUNICACIÓN Y POLÍTICA
No es un concepto moderno, surgió hace miles de años. En el Imperio Romano,con el que desempeñaba las funciones del Heraldo (usando su voz como primer medio publicitario) se le denomina Praeco y las variantes del axón griego, antepasado de los carteles ,eran en el mundo romano los alba, piezas de madera, terracota o la propia pared blanqueada con cal donde se realizan anuncios, prueba de ello lo encontramos en los restos arqueológicos de Pompeya con veinticinco albas en la calle de los orfebres, o los trece de Eumachia. Los libelli eran papiros que se adherían a la pared del mismo modo que a día de hoy se cuelgan carteles. Ambos solían tener como función la transmisión de mensajes oficiales del poder, aunque también podían ser utilizados para publicitar espectáculos, concursos de gladiadores, venta de esclavos…
La comunicación política actual, surge al responder a las preguntas ¿qué dimensiones de la política hay en la comunicación? y ¿qué aspectos de la comunicación hay en la política? La comunicación política es, entonces, un área de la comunicación que estudia y diseña estrategias, campañas, medios y acciones simbólicas para ganar poder e incrementar el reconocimiento y la visibilidad para ideas, líderes, partidos y gobiernos. La comunicación para la política es un proceso instrumental de producción de mensajes y sentidos públicos que: tiene éxito si llega a los públicos que quiere llegar y con el impacto deseado. es un proceso vital en la lucha por las representaciones sociales, las visibilidades públicas y las agendas de conversación cotidiana es un proceso político de interacción, negociación y construcción común de sentidos públicos es una práctica potente para la creación y mantenimiento de liderazgos sociales y políticas públicas. La comunicación le aporta a la política diálogo social y vida cotidiana. Y como la comunicación es un asunto narrativo y de entretenimiento, la comunicación “obliga” a la política a ser un asunto de relato y entretenimiento. ¿Cuáles son los valores que aporta la comunicación a la política? Valor social en cuanto permite poner en común problemáticas sociales desde un supuesto de “escucha de las demandas y sentidos de los otros” para trabajar en función de la democracia social, fortalecer la cohesión social y el entendimiento colectivo. Valor democrático en tanto proceso de “poner en dialogo” a los diversos y diferentes para construir juntos pactos colectivos. Valor ciudadano porque incluye la participación, el acceso y la intervención de los ciudadanos en la producción de la esfera pública y la democracia. 11 Valor político porque contribuye a la configuración de la opinión pública, la libertad de expresión, el derecho a la información, el derecho a la comunicación y el derecho al entretenimiento. Valor simbólico como recurso de poder en la lucha por el otorgamiento de significación social a los procesos políticos globales, nacionales o locales. Valor estratégico para ganar la visibilidad pública para temáticas, agendas y sujetos interesados en la esfera pública y la lucha por el poder político. Valor instrumental como herramienta indispensable para el diseño y la difusión de de las políticas públicas, liderazgos sociales y agendas públicas.
El concepto que cristaliza el “cruce entre comunicación y política” es el de esfera pública. La conformación de la opinión pública comenzó a gestarse a partir de las revoluciones burguesas de principios del siglo XVIII y principios del siglo XIX en Europa occidental. La consecuencia de la configuración de estos grupos opositores a la corona fue la revolución francesa de 1789, proceso del cual derivarían las bases de la democracia moderna y de los Derechos Humanos. Las elites burguesas con la finalidad de deslegitimar los poderes monárquicos crearon el Estado moderno, en lo económico sentaron las bases del sistema capitalista y en lo político privilegiaron el diálogo bajo la lógica de la argumentación. Con la emergencia de la sociedad de masas aparecieron nuevas formas de argumentación; en lo político implicó la intensificación de la democracia a través de la ampliación sufragio (primero masculino y luego femenino) y la creación de los medios de comunicación masivos (prensa, radio, cine y televisión) que comenzaron a cumplir una función de mediadores entre las masas y sus representantes. 12 Este modelo de mediatización es considerado como el modelo clásico de la opinión pública, en el cual los medios de comunicación son los encargados de transmitir información a los ciudadanos para que éstos puedan actuar responsablemente y exijan coherencia a sus políticos. El resultado fue que los medios de comunicación se convirtieron en “los perros guardianes de la democracia”, se amplió las estrategias participativas en la formación de la opinión pública y se hizo una política más abierta y plural.
la esfera pública es el escenario de una lucha entre actores sociales por imponer la agenda política;: lo étnico, el medio ambiente y los derechos humanos, los jóvenes y los niños, la perspectiva de género, los rituales de lo popular, la religión como juegos de fe , la telenovela o realities, los deportes. Increíblemente estos factores son decisivos en la toma de decisiones del Poder

Tolerancia Cero ¿QUE SIGNIFICA?

Philip George Zimbardo es un psicólogo, investigador del comportamiento

zimbardo

La Psicología política del delito

Año 1969, Universidad de Stanford, Estados Unidos de América. El Prof. Phillip Zimbardo diseña un experimento de psicología social.

Casi 40 años después sabemos que el Prof. Zimbardo es una eminencia en su área, un especialista reconocido internacionalmente, Profesor emérito de Stanford, ex docente de las Universidades de Yale, New York y Columbia, ex Presidente de la American Psychological Association y autor de contribuciones científicas muy importantes en el terreno de la Psicología Social.

Volvamos al experimento de Zimbardo. ¿Qué hizo en aquel lejano 1969?

Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos: la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York. Y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California.

Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes, y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente.

¿Resultado?

El auto abandonado en el Bronx comenzó a ser desguazado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, la radio…todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto: nadie lo tocó.

-¡La pobreza!- dice de inmediato un coro de voces. Porque claro: se ha transformado en un lugar común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que coinciden, misteriosamente o tal vez no tanto, las anteojeras ideológicas de la más dura derecha y de la más dura izquierda.

Sin embargo, el experimento de Zimbardo todavía no había finalizado. Faltaba lo más importante. El auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho. Y el de Palo Alto llevaba una semana y tan campante. Entonces los investigadores hicieron una cosa. Solo una.

Rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto.
¿Resultado?

Se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del otro barrio. En pocas horas. Con la misma furia.

¿Y entonces? ¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

Ya no se trata de pobreza. Ahora lo que queda en evidencia es algo diferente, algo relacionado con la psicología humana, con la relación social entre las personas y con la interacción entre las comunidades, los individuos y los entornos físicos que comparten.

Un vidrio roto en un auto abandonado es todo un mensaje. Un mensaje que habla de deterioro, de desinterés, de falta de preocupación, de ruptura de sutiles códigos de convivencia. Un mensaje que muchos descifran como de ausencia de ley, de normas, de reglas. Como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica ese mensaje. Hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible. Y el vidrio roto desemboca en la violencia más irracional.

La teoría de las ventanas rotas

La mecha encendida por Zimbardo en el 69 ha seguido ardiendo. Uno de los desarrollos posteriores más interesantes es resultado del trabajo de los profesores James Q. Wilson y George Kelling. Sus conceptos son conocidos como La teoría de las ventanas rotas.

Los estudios de Wilson y Kelling sobre la criminalidad concluyen:

1. Que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.
2. Que si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, entonces pronto estarán rotos todos los demás.
3. Que si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí crecerá el delito.
4. Que si se cometen pequeñas “faltas” y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos y delitos cada vez mayores.
5. Que los espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que se repliega nerviosa y asustada hacia sus casas) y que esos mismo espacios abandonados son progresivamente ocupados por los delincuentes.

La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el Metro de Nueva York, donde había sido contratado como consultor George Kelling.

El Metro de Nueva York se había convertido en el punto más candente de la inseguridad, el miedo y el peligro.

Fiel a sus ideas, Kelling recomendó una estrategia de seguridad que comenzaba por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las dependencias, ebriedad entre el público, evasiones del pago del Metro, pequeños robos y desórdenes…

El resultado fue extraordinariamente alentador. Comenzando por lo pequeño, pronto el Metro fue un lugar seguro.

Tiempo después, en 1994, Rudolph Giuliani fue electo Alcalde de Nueva York y nombró como Jefe del Departamento de Policía de la ciudad a William Bretton.

¿Quién era? El Director de la Policía del Metro durante la consultoría de Kelling. ¿Qué hizo? Basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del Metro, impulsar una política de Tolerancia Cero frente al delito.

La clave de la estrategia apuntaba a crear comunidades limpias, ordenadas y cuidadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana. Y el resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York.

Tolerancia cero frente al delito

Algunas personas han escuchado la expresión “tolerancia cero” y creen erróneamente que se refiere a una especie de solución autoritaria y represiva.

En realidad es exactamente lo contrario, y su eje conceptual central es más bien la prevención y la promoción de condiciones sociales de seguridad.

No se trata de la horda primitiva linchando al delincuente, ni de la prepotencia o del desborde policial. Es más: también frente a estas violaciones a la ley es necesaria la tolerancia cero. No se trata tampoco de la pena de muerte ni del ojo por ojo y ni siquiera de bajar la edad a la que se es imputable penalmente.

Tampoco es un conjunto de recetas prefabricadas para otra realidad, sino más bien un conjunto de ideas que con diversos nombres y aplicaciones puede resultar en un beneficio para las más diversas sociedades.

No es un dato menor hacer un llamado de atención: no es toleracia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo. Y no es poca la diferencia.

De lo que se trata, sí, es de crear (o reconstruir) comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana.

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Romper las reglas para alcanzar el poder. Club Lenguaje No Verbal.

En mi calidad de  Delegada  del Club de Lenguaje No Verbal  para Peru es comparto un resumen del artículo “Romper las reglas para alcanzar el poder: Cómo los infractores de normas alcanzan el poder de cara a los demás”, de los autores Gerben A. Van Kleef , Astrid C. Homan, Catrin Finkenauer, Seval Gündemir y Eftychia Stamkou de la Universidad de Amsterdam (NL), sobre la transgresión de normas y la percepción de poder.

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Tal vez sea de esperar que los que detentan el poder al romper las reglas caigan en desgracia y pierdan su poder. Pero, ¿es posible que el hecho de romper las reglas en realidad alimente la percepción de poder? En este trabajo se explora esta paradójica posibilidad, centrándose en los efectos de la violación de las normas sobre la percepción de poder. Las normas son reglas o principios entendidos por los miembros de un grupo y que guían y/o restringen el comportamiento, sin la coerción de las leyes, para generar una conducta adecuada y aceptable. Así pues, la violación de la norma se define como una conducta que infringe uno o más principios de comportamiento apropiado y aceptable. En base a la teoría del poder de activación/inhibición y al trabajo empírico se plantea la hipótesis de que las personas que violan las normas son percibidas como más poderosas que las que no lo hacen. Según esta teoría, los individuos poderosos son relativamente libres de comportarse como quieren. Encuentran menos limitaciones sociales y más entornos con recursos (dinero, conocimiento, apoyo). Esto estimula su sistema de activación conductual, que se acompaña de desinhibición conductual. Al contrario, los individuos con poco poder, sufren más limitaciones sociales, amenazas y castigos. Esto activa su sistema de inhibición conductual, que restringe sus acciones. De hecho, los individuos con poder parecen actuar a voluntad sin temor a las consecuencias negativas. Esta desinhibición conductual hace que los individuos más poderosos sean propensos a exhibir una conducta socialmente inapropiada. Es más, a pesar de imponer estrictas normas morales a los demás, ellos por el contrario no suelen respetarlas.

Debido a que se cree que ciertos comportamientos están asociados con el poder, las señales en sí mismas pueden indicar poder. Por lo tanto, cuando las personas perciben a los que se encuentran a su alrededor, pueden utilizar este tipo de señales para inferir su nivel de poder. En este trabajo se ha querido poner a prueba esta hipótesis en cuatro estudios. En el primer estudio se estableció un escenario en el que un sujeto mostraba una conducta de violación de normas (o no), y se midieron las percepciones de los encuestados acerca “del poder” de esa persona. Los resultados proporcionaron evidencia inicial sobre que el hecho de transgredir las normas puede alimentar la percepción de poder, incluso aunque se trate de un comportamiento negativo (asocial, inmoral, inadecuado y grosero). El estudio 2, para examinar la posibilidad de generalizar el efecto, se centró en un tipo diferente de infracción de la norma que se llevó a cabo en un contexto institucional. Además, se investigó si el efecto de las transgresiones sobre la percepción de poder está mediado por inferencias intencionadas. El estudio mostró que la violación de normas puede alimentar la percepción de poder ya que indica que se es libre de actuar como uno quiere, una libertad que se asocia con un poder elevado. En el estudio 3 se empleó una violación de normas distinta y una metodología diferente para establecer la fuerza del efecto. Según las investigaciones sobre estereotipos emocionales, se prevé que los individuos poderosos reaccionen con más rabia y menos tristeza ante acontecimientos negativos que los individuos menos poderosos y, por consiguiente exhibir tendencias de acción más activas (aproximación, confrontación) y menos pasivas (inhibición, impotencia). Se ha usado esta idea para desarrollar una discreta representación de percepción de poder, esperando que la transgresión llevaría a índices más altos de ira y tendencias de activación e índices más bajos de tristeza y tendencias de inhibición. Para profundizar en la robustez y generalización de los hallazgos, en el estudio 4 se investigó si los efectos se dan igualmente en una interacción cara a cara. Los resultados indicaron que el efecto de la violación de normas sobre el poder está mediado por inferencias intencionadas.

En consecuencia, la presente investigación revela que la violación de normas hace que los individuos sean percibidos como más poderosos. El análisis de mediación mostró que el efecto de la transgresión puede ser explicado en términos de inferencias intencionadas: los infractores de normas son vistos con la libertad de actuar como les plazca, lo que alimenta la percepción de poder. El trabajo empírico ha descubierto varios predictores de poder, que van desde rasgos de personalidad tales como extraversión y dominancia a características demográficas y comportamiento no verbal. Se ha logrado mostrar que los individuos pueden ganar poder de cara a los demás infringiendo las normas. Este estudio apunta a un nuevo mecanismo a través del cual la jerarquía social y organizativa se refuerza y perpetúa. Puesto que el poder lleva a la desinhibición conductual, los poderosos son más propensos a violar las normas. Al hacerlo, otros individuos les ven poderosos, tal y como se ha demostrado. A medida que los individuos alcanzan el poder, su comportamiento se vuelve aún más libre, llevando posiblemente a más transgresiones, y por lo tanto provocando un proceso de auto-refuerzo. La gente suele detectar rápidamente el poder de los demás, pero del mismo modo debilitan la posición de poder de una persona cuando creen que es ilegítima. De acuerdo con la influencia recíproca del modelo de poder, los individuos detentan el poder cuando actúan en interés del grupo. Por tanto, infringir la normas por el interés del grupo puede ser una buena manera de elevar la posición. Una última cuestión se refiere al papel de la acción. Los individuos que muestran una mayor propensión a actuar tienden a ser percibidos como más poderosos. Puede ser que el papel de la acción dependa del contexto, de manera que el tipo de (in)acción que indique mayor libertad probablemente genere percepción de poder. Futuros estudios podrían explorar esta posibilidad. En conclusión, violar las normas puede aumentar el poder de un individuo de cara a los demás. A medida que los individuos obtienen poder, sienten una mayor libertad para infringir las normas vigentes. Paradójicamente, estas transgresiones no socavan el poder del individuo sino que lo incrementan, originando así un círculo vicioso de poder e inmoralidad.

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La ética en la política

A continuación quiero  compartir con Uds. el capítulo  VII de la Parte II del Libro “Sueños, Realidades, Fantasías” de la Política (Una crisis generacional), ”  de Hugo Sirio Escobar

Hugo Sirio nació en San Isidro, Provincia de Buenos Aires, el 4 de Septiembre del año 1951, milito en  el Movimiento Nacional Justicialista  desde 1989.

En el año 2004 comenzó a desarrollar un arduo trabajo digital en Internet, sus emisiones fueron EL FEDERAL (Emisión Digital Independiente) y BAJO LA LUPA, superando más de 500 emisiones ininterrumpidas en cada lanzamiento. El 5 de Marzo de 2008 falleció a consecuencia de un infarto.

Hugo Sirio fue un periodista y político honesto que siempre  velo por la ética.
Gianna

Ética para el buen oficio político

 

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“El idealismo asigna al político un papel preponderante en todos sus actos, sin este principio fundamental estamos en presencia de un sujeto que nos lleva a un fracaso seguro.” H. Sirio

Fácilmente comprenderemos que la ética necesaria para este oficio es muy exigente. Los dilemas éticos que enfrenta el buen político son permanentes. En casi todas las decisiones importantes hay más de un bien ético en juego y la información sobre los costos y beneficios de toda decisión nunca es suficientemente precisa (a veces ni si quiera está claro lo que conviene ya no al país sino al político que decide). Desde luego siempre hay un límite por debajo del cual las decisiones son éticamente reprobables, pero los contornos son borrosos (¿dónde termina la política industrial razonable y comienza la concesión a las empresas poderosas de privilegios que deteriorarán la institucionalidad propia del mercado eficiente?). En general, en contextos decisionales específicos, casi nunca se impone una sola solución como la única éticamente correcta. La grandeza de la política reside en que, una vez rechazadas las decisiones abiertamente contrarias a los intereses generales, hay que optar entre bienes públicos igualmente valiosos. En estas decisiones se mezclan conocimiento, razón, sensibilidad, valores, cálculos, azar… Es el momento egregio de la política que no puede ser sustituido por ningún manual o consultor. Es también el momento de la libertad y la vida en toda su plenitud. Son los momentos en que hacemos historia.
Seguidamente nos vamos a permitir la audacia de establecer una serie de principios éticos que deben ser considerados en el oficio de buen político. Aunque esta exposición no tiene en absoluto valor de conocimiento académico, tampoco es una mera ocurrencia. Además de reflejar la reflexión sobre la propia experiencia, se apoya en algo más objetivado: la convicción de que los buenos políticos son los que mejoran constante y decididamente la gobernabilidad del país, su sistema institucional en sentido amplio, al que consideran el mejor activo para lograr el desarrollo.
Los buenos políticos son hombres y mujeres prácticos. Tras un discurso como éste tenderán siempre a preguntar. Bueno, ¿y qué puedo hacer yo para que la ética fortalezca el buen desempeño de mi oficio? Cómo además son inteligentes y vivos, si se les ofrece un manual lo rechazarán, pero seguirán inquiriendo ¿existen algunos principios o guías que me ayuden a ver mejor las exigencias de mi oficio y a cultivar el desarrollo personal necesario? El oficio de buen político no se aprende en una maestría. Las maestrías enseñan a gestionar y a administrar. Los buenos políticos siempre son líderes y emprendedores, hacen historia. Ellos no nacen, se hacen a sí mismos por la determinación de ponerse al frente y hacer una diferencia positiva. En el bien entendido que, como decía Peter Drucker, sólo es líder el que tiene seguidores. Los buenos políticos se esfuerzan siempre, como los grandes artistas y todos los creadores. Nunca se puede decir ya domino plenamente el oficio, como nunca se puede decir, por ejemplo, que el violín o la guitarra ya no tienen secretos para mí. Los buenos políticos mueren aprendiendo y para aprender practican permanentemente las disciplinas que les ayudan a dominar su oficio. Para ello necesitan guías o principios éticos y ahí van unos cuantos:

Subjetivamente se esfuerzan por el autoconocimiento y el autodominio. Sin ello es imposible la autenticidad, la integridad. Sin ello no se logra inspirar confianza ni se consigue la buena comunicación. Comunicar no es hablar bien, ni siquiera expresar buenas cosas, sino conseguir la atención y el respeto de las audiencias, lo que se hace imposible si la audiencia no percibe autenticidad en los mensajes, es decir, si no reconoce una coherencia básica entre el mensaje y la trayectoria de vida. ¿Conozco mis motivaciones y ambiciones últimas? ¿Tengo una medida adecuada de mis capacidades? ¿Soy capaz de reconocer y resistir las peores tentaciones del poder? ¿Sé encontrar los espacios de recogimiento en los que me pregunto permanentemente quién soy, qué pretendo, para qué estoy en este mundo? ¿Conozco mis modelos mentales? ¿Soy capaz de comprender los modelos mentales de mis interlocutores y adversarios sin dejar de ser fiel a mis propósitos? ¿Soy capaz de resistir al oportunismo del cambio? ¿Soy capaz de cambiar cuando resulta necesario?
Los buenos políticos tienen un compromiso con la realidad que pretenden transformar. Buscan el conocimiento y la información necesarias no sólo para operar en la realidad sino para transformarla. Para ello generan sistemas de información y de conocimiento, construyen equipos, establecen “sensores” y sistemas de alerta. Saben que no pueden saberlo todo, pero que es imperdonable cometer errores por no contar con la información necesaria y disponible. Pero el tipo de información y conocimiento que precisan es diferente de la información y el conocimiento que construye la ciencia y la técnica. Éstos producen conocimiento codificado, fácilmente comunicable, dotado de gran valor objetivo en tanto no se halle falseado. Es loco ir contra el conocimiento científicamente bien establecido. Por eso el buen político se rodea de asesores que están al día y, por ejemplo, supera viejos esquemas ideológicos e interioriza las lecciones aprendidas por la comunidad internacional en materia de desarrollo. El compromiso con la realidad es compatible y se refuerza con la firmeza de los valores y los principios, pero es incompatible con el apego dogmático a esquemas ideológicos periclitados. El buen político no desarma la ideología para caer en el pragmatismo más oportunista; contrariamente afirma valores y principios, desarrolla nuevos conceptos, imágenes y eslóganes movilizadores y con todo ello adapta viejas y respetables ideologías a las nuevas realidades.
El tipo de información y de conocimiento que precisa el buen político es muy diferente del conocimiento científico y experto: necesita conocer los desafíos, las oportunidades y amenazas, los actores estratégicos, sus ambiciones y sus miedos, sus estrategias, necesita conocer muy bien los conflictos actuales y potenciales, los recursos y alianzas que puede movilizar, su consistencia y durabilidad… necesita, en definitiva, crear los sistemas de información y conocimiento precisos para formular y desarrollar buenas estrategias de cambio. Para ello tiene que desarrollar una capacidad de pensamiento sistémico y estratégico, de reflexión y de indagación, tienen que ser capaces de comprender el sistema.
El mero operador político conoce personas y hechos, gestiona conflictos y compra ambiciones, pero no tiene rumbo. Pone su conocimiento como máximo al servicio de las próximas elecciones. No sabría ponerlo al servicio de las próximas generaciones, porque no tiene visión, no tiene metas y propósitos de cambio. Su pasión por el poder se agota en sí misma. Para él el poder no es instrumental para el desarrollo humano. El buen político ve y va más allá, es capaz de ver procesos lentos y graduales, sabe aminorar el ritmo frenético para prestar atención no sólo a lo evidente sino a lo sutil. Busca más allá de los errores individuales o la mala suerte para comprender los problemas importantes. Trata de descubrir las estructuras sistémicas que modelan los actos individuales y posibilitan los acontecimientos. Sabe que esas estructuras que se trata de cambiar no son exteriores pues son las propias instituciones en las que él opera y a las que pertenece. Sabe que lo fundamental es comprender cómo su posición interactúa con el sistema institucional real. Pero a medida que comprende mejor las estructuras que condicionan su conducta ve con más claridad su poder para adoptar las políticas capaces de modificar las estructuras y las conductas. Sabe que todos formamos parte del sistema que se trata de reformar. Para él no hay nada externo y por eso comprende mejor que nadie la sabiduría de la vieja expresión “hemos descubierto al enemigo: somos nosotros”.
Los buenos políticos se orientan siempre a elevar la gobernabilidad, la institucionalidad existente. Cuando los políticos hacen algo notable pero no lo dejan institucionalizado, la supervivencia del progreso logrado es problemática. Suele desaparecer con su creador, que no habrá sido un buen político al no lograr su institucionalización, al hacer depender de su persona el progreso, al no haber elevado la gobernabilidad. Oí decir una vez a un interlocutor anónimo que “los únicos caudillos que valen son los que acaban haciéndose prescindibles creando buenas instituciones”. Esta frase expresa el concepto que Maquiavelo tenía del buen Príncipe, que es el que fija en buenas instituciones el futuro progreso de la República.
Esta sabiduría histórica se corresponde con resultados muy recientes y reveladores en el ámbito de las relaciones entre gobernabilidad y desarrollo. En particular los trabajos de Kaufmann y su equipo desafían la creencia convencional de que la producción de crecimiento acarreará inevitablemente mejoras en la gobernabilidad. Contrariamente, sus trabajos revelan que mientras existe una relación causal y a largo plazo entre buena gobernabilidad y crecimiento duradero y de calidad, la causalidad no funciona en sentido inverso. Lo que ratifica que la gobernabilidad no es un bien de lujo, sino un bien público que es necesario cultivar en todos los estadios del desarrollo.
El buen político sabe que la gobernabilidad exigida por el desarrollo humano es la gobernabilidad democrática. Sabe también que la democracia es un sistema exigente que no debe confundirse con las meras aperturas electorales, las pseudo-democracias, semidemocracias, las democracias delegativas u otras expresiones descriptivas de las formas más o menos imperfectas de democracia de que disponemos en la región. El buen político sabe que la democracia es un proceso complejo y de fin abierto, en el que se experimentan avances y retrocesos. Sabe que la calidad democrática depende de un criterio fundamental: el grado de igualdad política efectiva que el sistema político permite. Sabe que la opción democrática no es sólo una opción de conveniencia que se justifica por las ventajas positivas que la democracia aporta; no es un demócrata por defecto; es demócrata también por una convicción ética desde la que cree en la superioridad moral de la democracia sobre cualquier otro sistema político. Dicha convicción es la afirmación axiomática de la igualdad humana intrínseca, de que el bien de todo ser humano, cualquiera que sea su condición, es intrínsecamente igual al de cualquier otro.
La igualdad política no es obviamente una constatación empírica sino un juicio moral sobre el que se interioriza un imperativo categórico. Su formulación más conocida es la que en 1776 hicieron los autores de la Declaración de Independencia Norteamericana: “Sostenemos como evidente estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Esta afirmación no es ni una manifestación de cinismo no una descripción de la realidad. Es sencillamente un juicio moral que afirma el deber moral de tratar a todas las personas como si poseyesen una igual pretensión a la vida, la libertad, la felicidad y otros bienes e intereses fundamentales. Significa igualmente que ninguna persona está tan definitivamente mejor cualificada que otras para gobernar como para dotar a cualquier de ellas de autoridad completa y final sobre el gobierno del Estado. Significa que los derechos de participación política han de ser asignados por igual y que deben crearse las condiciones para que toda persona adulta pueda enjuiciar lo que sea mejor para su propio intereses y para los intereses generales.

Sabe que sin igualdad en la participación política, sin una representación política de calidad, sin inclusión política real y efectiva, la acción social de los gobiernos tenderá siempre a ser paternalista y clientelar.
El único gobierno que puede satisfacer plenamente las exigencias del estado social es aquel en el que participa todo el pueblo; que cualquier participación, incluso en las más nimias funciones públicas, es útil; que la participación debe ser tan amplia en todas partes como permita el nivel general de mejoramiento de la comunidad; y que nada puede ser tan deseable en último término como la admisión de todos a compartir el poder soberano del Estado. Pero dado que, en una comunidad que exceda el tamaño de una pequeña población, todos no pueden participar personalmente sino en alguna porción mínima de la acción pública, el resultado es que el tipo ideal de un gobierno perfecto debe ser el representativo.

El buen político dispone de una estrategia de desarrollo, que ve como parte de un proyecto nacional. Son este proyecto y estrategia lo que da sentido a sus decisiones particulares y le ayuda a movilizar los recursos y a construir las coaliciones necesarias para enfrentar los conflictos inherentes al cambio. El proyecto del buen político no es un plan irrealista, voluntarista, de esos que plantean y prometen resolver bajo su mandato todos los males patrios y que normalmente acaban en populismo, frustración, desgobierno y división nacional. Desde el imperativo ético de conocer la realidad, el buen político sabe las constricciones con que cuenta, sus recursos y alianzas y propone sólo aquellos cambios que con su liderazgo devienen viables y factibles. Sabe que son los éxitos en los primeros pasos y conflictos los que le permitirán ampliar sus alianzas y seguir avanzando hacia objetivos más ambiciosos. Sabe que por mal que estemos, nada hay que no sea empeorable, y se mueve tan decidida como cuidadosamente.
Como buen demócrata sabe que no hay buen gobierno sin fuerte compromiso social. Que el imperativo moral de la igualdad política impone avanzar decididamente hacia la creación de las condiciones que hacen que la igualdad y la libertad sean reales y efectivas. Que la democracia sólo es una fachada para la gente que, víctima de la indigencia o la pobreza, no puede realizar su derecho a la igualdad en la participación política y se ve forzada a renunciar o a transar con sus derechos políticos. Que en sociedades profundamente desiguales o hasta estructuralmente dualizadas como las nuestras o la democracia sirve para ir creando las condiciones económicas y sociales de la igualdad política o la democracia se deteriora inevitablemente. Por ello mismo entiende el compromiso democrático como inseparable e integrante del desarrollo humano. Sabe que no hay proyecto democrático sin proyecto de desarrollo. Sabe que aún está lejos el día de la verdadera democracia que será cuando ningún/a latinoamericano/a, desde la libertad conquistada, deje de mirar a los ojos a cualquier otro. Pero se sabe al frente y responsable de un tramo significativo de este viaje.
El buen político ha aprendido que los avances económicos y sociales que no quedan institucionalizados en la cultura cívica y política democrática (como los experimentados en tantos populismos y autoritarismos latinoamericanos) son una bomba del tiempo para el desarrollo humano sostenible del país. La cultura del beneficio o caridad social a lo Evita Perón o de tantas otras primeras o segundas damas no produce ciudadanos sino clientes y asistidos. La ciudadanía es una extensión de la cultura de los derechos que debe quedar fijada y garantizada en las instituciones del Estado social y democrático de derecho. Si las mejoras sociales no se acompañan con esta institucionalidad, entonces sólo hay un espejismo de desarrollo que propala malas culturas políticas que acabarán cobrando un alto precio a los países en los que arraiguen.
6. Los buenos políticos impulsan siempre la transparencia, combaten la opacidad en la que se envuelven siempre los malos políticos. Sin transparencia en el ámbito público tiene poco sentido la participación política y se hace muy difícil la rendición de cuentas. La transparencia se mide por el grado que un sistema institucional permite a los ciudadanos o a las organizaciones interesadas acceder eficazmente a información relevante, confiable, suficiente y de calidad en el ámbito económico, social o político que resulte necesario para la defensa de sus intereses o para su participación en la definición de los intereses generales. Estos flujos de información no pueden ser asegurados por los mercados, en parte porque puede haber beneficios importantes derivados de la no revelación. Por eso el rol de la política y del estado resulta crítico en este punto, aunque nada fácil pues también hay rentas políticas derivables.
La orientación a la transparencia no es sólo una exigencia de la lucha contra la corrupción. Es también una condición para avanzar la calidad de la democracia y generar buena cultura política. Pero no basta sólo con la transparencia en el ámbito público. El buen político sabe que hoy la definición y realización de los intereses generales no es ningún monopolio del gobierno, pues éste se ve obligado a decidir y actuar en redes de interdependencia con las empresas y, a veces, con algunas organizaciones sociales. Si éstas relaciones no son transparentes, resulta muy alto el riesgo de extorsión de las empresas por los políticos, de captura del gobierno por las empresas, o de connivencias entre unos y otros contrarias a los intereses generales. Por eso el buen político sabe que la exigencia de transparencia, como imperativo de buena gobernabilidad, alcanza tanto al sector público como al privado así como a las relaciones entre ambos. Hoy la gobernanza gubernamental ya no es separable de la consideración de la gobernanza empresarial cuando nos planteamos la construcción de una verdadera gobernanza democrática. Y la letanía de escándalos, encabezada por Enron y Worldcom, que ha recorrido el mundo pone de manifiesto las graves consecuencias en el ámbito público de profundos defectos en la gobernanza corporativa. Por eso las políticas de transparencia deben incluir a los gobiernos y a las empresas.
Los buenos políticos enfrentan constantemente el desafío de la captura del estado ya sea por grupos políticos, burocráticos, de negocios, financieros o sindicales privilegiados. No olvida la sabiduría de Adam Smith quien advirtiera que “rara vez se verán juntarse los de una misma profesión u oficio, aunque sea con motivo de diversión o de otro accidente extraordinario, que no concluyan sus juntas y sus conversaciones en alguna combinación o concierto contra el beneficio común, conviniéndose en levantar los precios de sus artefactos o mercaderías”. Saben que en los mercados y las democracias imperfectas todos los grupos de interés con acceso al gobierno tratan de atentar contra los intereses generales, propenden a la opacidad y ocultan sus intereses particulares bajo el velo de los intereses generales. En especial prestan atención al dato crecientemente revelado por investigaciones empíricas de la gravedad de la tendencia de algunas empresas y conglomerados empresariales –incluidos los internacionales- a afectar ilícitamente la formación de políticas, leyes y regulaciones estatales.
De las crisis vividas en Asia, Rusia y América Latina hemos aprendido que el sector financiero ha estado especialmente involucrado en la captura del estado con consecuencias muy negativas para la gobernabilidad general. Los datos existentes indican una correlación fuerte entre el grado de solidez bancaria y el nivel de control de la corrupción. Estos datos apuntan en el sentido de que una estrategia de fortalecimiento de la gobernabilidad no podría dejar de considerar el fortalecimiento de la gobernanza de las corporaciones privadas y en particular del sector financiero (Daniel Kaufman, ob.cit. , P.17.

El buen político sabe distinguir entre las instituciones del mercado y las empresas actualmente existentes. Sabe que a largo plazo el determinante fundamental del número, la calidad, productividad y competitividad de las empresas estriba en la calidad de las instituciones del mercado. Sabe también que necesita la colaboración del sector empresarial existente o al menos de una parte significativa del mismo para impulsar una mejor institucionalidad del mercado y de las relaciones entre las empresas y el estado. Pero sabe que el gobierno ha de ser mucho más favorecedor del desarrollo de los mercados que de los negocios. Salvar o fortalecer empresas sin asegurar su capacidad para sobrevivir o desarrollarse en entornos de mercados más amplios y perfeccionados equivale a proteger campeones de mercados imperfectos y a bloquear en consecuencia y más pronto que tarde el desarrollo. Sabe lo difícil que resultan estas decisiones y trata de desarrollarlas con transparencia y buscando las difíciles alianzas con las que enfrentar los inevitables conflictos. Respeta la empresa y la riqueza obtenida a través de ella, pero siempre que, tal como exigía Adam Smith, no se hayan obtenido violando “las reglas de juego limpias”, es decir, siempre que se haya buscado el propio interés “por un camino justo y bien dirigido”. Por eso, como Adam Smith también enseñó, sabe que defender la libre empresa es diferente de defender a los empresarios, pues éstos, en ausencia de instituciones garantizadoras del “camino justo y bien dirigido” (principalmente la libre competencia y una política industrial coherente con ella) tenderán a realizar su propio interés a costa del interés común

El buen político sabe además que si no hay buenas reglas del juego y buen manejo de las relaciones entre el gobierno y las empresas, es la propia democracia la que se acaba poniendo en riesgo.
El buen político sabe que no es el capitalismo sino su forma institucional específica de economía de mercado lo que constituye una condición favorecedora de la democracia. Pero no se le oculta que la estrecha relación entre democracia y economía de mercado oculta una inevitable paradoja: si bien el desarrollo de las economías de mercado producen transformaciones económicas y sociales que propenden a la democratización política, no es menos cierto que la economía de mercado al provocar una distribución muy desigual de muchos recursos clave (riqueza, ingresos, status, prestigio, información, organización, educación, información y conocimiento…) determina que unos ciudadanos tengan una influencia mayor que otros sobre las decisiones políticas. La consecuencia es que, de hecho, los ciudadanos no son iguales políticamente y, de este modo, la fundamentación moral de la democracia, la igualdad política, se ve seriamente vulnerada.
7. Los buenos políticos se orientan a la rendición de cuentas y a la asunción de responsabilidades. Saben que sin buenos sistemas de transparencia y responsabilidad el ejercicio del poder no puede superar los riesgos a que está continuamente sujeto. No cree que los políticos sean corruptos, pero sabe que todos –comenzando por él mismo- somos corruptibles. Por eso aunque valora el discurso se esfuerza porque se traduzca en instituciones eficaces de rendición de cuentas. Nuevamente sabe que las buenas instituciones son las que hacen que todo funcione correctamente cuando nos flaquea la ética. Que la tendencia del ser humano a acrecentar y abusar del poder corre paralela a la propensión a ocultar la información y silenciar la crítica, a exigir responsabilidades desde la oposición y a boicotear su exigencia y producción desde el gobierno.

Pero el buen político sabe también que las instituciones de rendición de cuentas interiorizadas en los procesos gubernamentales (controles ex ante del gasto, controles de gestión presupuestaria, evaluación interna de desempeño personal y de resultados organizativos, controlarías, oficinas anticorrupción…) resultan tan necesarias como insuficientes. La experiencia le demuestra y las investigaciones empíricas más actuales le confirman que sin mecanismos más amplios de transparencia y responsabilidad externa a cargo de evaluadores externos independientes, los medios de comunicación, los parlamentos, las fiscalías y los jueces penales, y hasta determinadas organizaciones sociales…, sin todo esto, los mecanismos internos de control y responsabilización no funcionan efectivamente. Especialmente en países como los nuestros donde las estructuras administrativas son altamente imperfectas y vulnerables. Desde luego que el buen político conoce bien las imperfecciones que afectan a los medios de comunicación y a las organizaciones sociales con funciones de supervisión, alerta, control y exigencia de responsabilidad. Pero, además de tratar de superarlas garantizando mayor pluralismo, objetividad e independencia, comprende que el gran aprecio que la ciudadanía muestra por estas instituciones se debe a la convicción cívica profunda de que sin ellas la opacidad y los negociados políticos acabarían matando el nervio democrático.

El buen político se orienta a la construcción y desarrollo del estado de derecho. Sabe que América Latina, por lo general, registra niveles muy limitados de Estado de Derecho. En cualquier caso no confunde a éste con la mera seguridad jurídica del estado de los derechos existentes. La desigualdad estructural que atraviesa la región se expresa también en un acceso muy desigual, entre otros, a los derechos de propiedad eficazmente protegidos. Si confundimos el Estado de Derecho con la seguridad jurídica del status quo, muchos países latinoamericanos serían campeones del Estado de Derecho. El entramado de privilegios económicos y sociales expresados en la distribución de la tierra, los beneficios fiscales a algunas empresas, los privilegios comerciales, los monopolios otorgados a algunas corporaciones profesionales, regímenes privilegiados de determinados colectivos laborales… y un largo etcétera, son restos de un sistema jurídico, procedente del tiempo colonial, en que el derecho se configuraba más como un entramado de privilegios personales o corporativos que como un orden abstracto fundamentador de una ciudadanía universal. Todos los buenos políticos experimentan la dificultad de ir desmontando esos entramados bloqueadores del desarrollo, que suelen hallarse amparados por leyes hechas muchas veces –como solemos decir- con nombre y apellidos.

Pero ningún buen político renuncia a este objetivo, pues sabe que la democracia y el desarrollo humano exigen el fortalecimiento progresivo del verdadero estado de derecho, es decir, el que garantiza derechos de ciudadanía política, civil, económica, social y cultural, con carácter universal, para el conjunto de la población. Capta intuitivamente la idea expresada por Amartya Sen de que “la reforma legal y judicial es importante no sólo para el desarrollo del estado de derecho sino también para el desarrollo en las esferas económicas, política, civil, social y cultural, las cuales a su vez forman parte del concepto integral de desarrollo humano”. Y coincide con la evidencia empírica, pues disponemos ya de análisis econométricos que indican que existe una relación causal y significativa entre el nivel de estado de derecho, por un lado, y la riqueza de las naciones, el grado de alfabetización y escolarización y la tasa de mortalidad infantil, por otro.

Hoy sabemos también que el fenómeno de la captura del estado no se agota en el ejecutivo sino que incluye también al legislativo y al judicial. Por eso sabemos que los programas tradicionales de fortalecimiento institucional basados en formación, cambio en las reglamentaciones, informatización, mejora de recursos presupuestarios, simplificación de procedimientos, reducción de dilaciones, gestión de la carga, visitas de estudios, etc., no producen avances sostenibles si no van acompañados de programas tendentes a reducir la captura del poder legislativo y judicial por los grupos de interés más diversos. Por ejemplo, aunque la independencia del poder judicial con relación al poder político continúa siendo un tema mayor en muchos países, en otros es superado por la necesidad de asegurar esta independencia frente al poder económico nacional e internacional y en otros por asegurar la transparencia y responsabilización de unos jueces bastante independientes pero poco responsables y eficaces capturadores de rentas.
Avanzar hacia la independencia, la transparencia, la responsabilización y la confiabilidad de los jueces, administradores y legisladores sigue siendo el tema clave de la construcción del Estado de Derecho. Pero la estrategia precisa para lograrlo debe plegarse perfectamente a las condiciones específicas de cada país. En particular, es preciso conocer si el déficit de independencia procede de la subordinación política, de la captura económica o de cualquier otra fuente.
9. Por último, el buen político cultiva la sensibilidad ética, la simpatía y la empatía. Trata de no perder nunca la capacidad de ponerse en el lugar del otro e imaginar cómo siente y piensa. Sabe que el juicio ético es a la vez corazón y razón. Por ello combate permanentemente la apatía, la alogia y la anestesia moral con la que tienden a contagiarnos tantos “triunfadores” al uso. Sabe que las gravísimas diferencias sociales que registramos propenden a inhibir la empatía y a asignar valores diferentes a la vida humano en función del grupo de pertenencia. Al final ya no vemos a los pobres; los usamos pero no los sentimos nuestro prójimo.

El buen político trata de no ser captado y anulado por los poderosos, pues no olvida las advertencia de Adam Smith: “la disposición a admirar, y casi a adorar, al rico y al poderoso y a despreciar o al menos menospreciar a las personas pobres y de medios limitados, aun cuando sea necesaria para establecer y para mantener la distinción de jerarquías y el orden social, es a su vez la causa más grande y universal de la corrupción de nuestros sentimientos morales”. Por eso el buen político no descuida los gestos de compasión y apoyo hacia las víctimas y los pobres, de respeto y consideración hacia los honestos, los emprendedores, los esforzados, los innovadores, los solidarios… en definitiva hacia los hombres y mujeres que necesitamos asegurar para que la locura del neoliberalismo (con su sueño imposible de un consumo irrestricto e irresponsable de recursos no renovables, con la manipulación mediática y el aturdimiento sensible que provoca, y con la subordinación de los intereses del mundo a los hegemónicos de la PAX AMERICANA no impida el resurgir, el arraigo y la expansión incontenible de una gobernanza global multilateral y democrática sobre la que pueda florecer el desarrollo humano sostenible.

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