Archivo por meses: Febrero 2010

TERREMOTO Y PERIODISMO CIUDADANO

Como ha venido ocurriendo desde el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York en setiembre del 2001, del desastroso tsunami de octubre del 2004 en Asia y la acción terrorista en el metro de Londres, en julio del 2005, por poner unos ejemplos, las imágenes más impactantes de los sucesos no fueron logradas por los profesionales de los medios de comunicación, sino por la gente común que configura lo que se conoce como periodismo ciudadano o participativo.

La catástrofe del terremoto en Chile no podía escapar a esa realidad. Han sido, una vez más, los aficionados, los no profesionales, los que han proporcionado los testimonios más impresionantes y dramáticos, muchos grabados en el momento mismo de la duración de más de un minuto del sismo.

Todo ha sido posible por los asombrosos avances tecnológicos, en especial en los celulares capaces de tomar imágenes fijas y en movimiento y de enviarlas a los medios o subirlas a YouTube con sus 100 millones de usuarios en el mundo entero.

El Audio de 1970
En mi experiencia profesional sobre la cobertura de estos desastres no se contaba con esta invalorable colaboración ciudadana. A lo más recuerdo que en el terremoto de 1970 un televidente nos proporcionó la grabación sonora del sismo. Estaba operando una grabadora de audio que siguió funcionando mientras su dueño salía desesperadamente de la casa para ubicarse en un lugar seguro. Cuando la utilizamos en el noticiero, con algunas imágenes de fondo, causamos no sólo un gran impacto periodístico, sino también numerosas quejas de personas todavía afectadas emocionalmente por el terremoto.

Cifras lamentables
En nuestra entrega de ayer terminamos deseando que la experiencia en estos caso, casi como una ley inexorable, no se cumpliera. Es decir que siempre en los grandes desastres la cifras iniciales de víctimas suben considerablemente al transcurrir el tiempo.
Como se recuerda, el primer dato oficial fue de 72 víctimas. Veinte horas después de 214 y hoy, a las 14:00 horas, pasadas 35 horas, por información presidencial, de 708. Con los desaparecidos y la acción en decenas de centros poblados aislados, la cifra trágica puede ser, lamentablemente, de miles.

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LAS CIFRAS DE UN TERREMOTO

Para los periodistas es un gran reto dramático la cobertura de un desastre mayor como es un terremoto.
En mis años de experiencia profesional he tenido que enfrentar varios de ellos, en especial el de 1970, con casi 80 mil muertos.
Esa experiencia enseña que en estos casos se juegan con escalas y cifras de víctimas.

Escala de Richter o Magnitud
En cuanto a las escalas a veces hay confusión. Existen dos. Una, la del doctor Charles F. Richter (del California Institute for Technology, 1935) mide la magnitud. Es decir, la energía sísmica liberada en cada terremoto y se basa en el registro sismográfico. Su nivel máximo es 8 o más. El de Chile ha sido fijado en 8.8. Es decir, Gran terremoto. Destrucción total a comunidades cercanas, según descripción de la tabla.

Escala de Mercalli o Intensidad
La escala creada en 1902 por el sismólogo italiano Giusseppe Mercalli, no se basa en los registros sismográficos sino en el efecto o daño producido en las estructuras y en la sensación percibida por la gente. Mide la intensidad del sismo. Tiene 12 grados que se escriben en números romanos. Al ocurrido en la madrugada del 28/02/10 (hoy en que redacto estás líneas) correspondería al IX grado que se describe así: Daño considerable en las estructuras de diseño bueno; las armaduras de las estructuras bien planeadas se desploman; grandes daños en los edificios sólidos, con derrumbe parcial. Los edificios salen de sus cimientos. El terreno se agrieta notablemente. Las tuberías subterráneas se rompen.
Cifras Crecientes de Víctimas
Pero son las cifras trágicas de las víctimas las que impactan mucho. Mi experiencia me lleva siempre a considerar y aventurar cifras mucho mayores a las que se dan inicialmente, a las pocas horas. Por ejemplo, en el caso chileno, la primera cifra a las 07:00 horas era de 72 muertos, pero a las 19:00 horas ya era de 214. Dada la magnitud e intensidad de lo ocurrido en el país vecino el saldo será de centenares, quizás miles. Ojalá que lo que dice la experiencia, falle en esta oportunidad.

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EN EL CANAL 13

Durante sus décadas de actividad periodística, el autor vivió numerosos episodios que constituyen una especie de anecdotario muy personal. A continuación uno de ellos.

A los pocos meses del secuestro de Héctor Delgado por el MRTA acepté la propuesta del Canal 13 que me ofrecía un mejor sueldo que Panamericana y una prima atractiva. Diez meses de 1990 estuve en dicho canal.

Se decía que era de Alan García y que Alfredo Zannatti -propietario mayoritario de las acciones- era un testaferro. Pocos meses después Vittorio de Ferrari, empresario pesquero y bancario, también vinculado al Presidente aprista, adquirió la totalidad del accionariado.

Nunca vi a Alan García en el canal y no tuve evidencias relacionadas con mis funciones -Editor General- que indicaran alguna intervención presidencial, salvo la presencia en la empresa de personas muy cercanas al entorno palaciego. Esto lo declaré ante una comisión investigadora del Congreso y ante un vocal supremo que llevaba adelante el juicio contra el ex presidente ya asilado. No gustó mucho que lo dijera. Pero yo había jurado decir la verdad y lo estaba haciendo.

Un programa político
Mi breve permanencia en el Canal 13 me permitió mejorar el noticiero y crear un programa político diario llamado “Controversia”, con Federico Prieto Celli y Francisco Eguiguren, quienes debutaron en la conducción televisiva.
Una de mis satisfacciones en el área noticiosa fue haber colaborado para que periodistas muy jóvenes adquirieran jerarquía y prestancia en el ambiente. Puedo mencionar, entre otros, a Isabel Rengifo, Jean Pajuelo, Marcial de la Cruz y Pilar Higashi. Años después, son ya elementos consagrados en la televisión peruana.
En noviembre de 1990, de mutuo acuerdo con la Empresa, decidimos resolver mi contrato cuando se me quiso dar otras funciones. Vittorio de Ferrari y sus colaboradores me trataron con mucho respeto y consideración y cumplieron con el arreglo económico que acordamos por mi retiro, pese a que la situación económica del canal no era de las mejores.
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LA PELEA DE LOS HERMANOS

Durante sus décadas de actividad periodística, el autor vivió y fue testigo de numerosos episodios que constituyen una especie de anecdotario muy personal.

El distanciamiento de Genaro Delgado Parker con sus hermanos Héctor y Manuel, en 1988, conmovió las estructuras mismas de Panamericana. Este distanciamiento, más la repentina y lamentable muerte de Héctor -quizás el más humanamente valioso de los hermanos- condujo a que el canal fuera finalmente vendido diez años después al próspero ingeniero y empresario Ernesto Schutz.

El origen profundo del rompimiento de los hermanos fue político. Héctor asumió la tarea de Editor General -cargo que había sido exclusividad de Genaro desde la fundación de la empresa- y Genaro pasó a la Presidencia Ejecutiva, para manejar directamente el negocio. Manuel, el menor, fue a la Presidencia del Directorio, la función de menos responsabilidad y con más oportunidades de descanso. Gobernaba Alan García y Héctor era su amigo muy íntimo, tanto que fue el padrino del último hijo del Presidente.

Con Héctor habíamos tenido un serio altercado en la época que él había pedido licencia de Panamericana para ser Asesor de Alan García. Fue a raíz de una conferencia de prensa de Luis Bedoya, quien entregó a los periodistas una grabación del Jefe de Estado, en la que comentaba sus deseos de acabar con la clase media del país. Héctor se apersonó al canal esa noche antes de la salida de “24 Horas” para solicitar que esa parte de la conferencia de prensa no se difundiera. Yo me negué y me retiré anunciando mi renuncia a la dirección del programa.

Genaro estaba en Huaraz en una reunión de IPAE. A los pocos minutos de llegar a mi oficina en otro piso, cuando estaba redactando mi renuncia, Héctor bajó y me dijo: “Haga usted. lo que considere conveniente. Yo no he dicho nada”. Casi inmediatamente sonó el teléfono. Era Genaro quien me dijo que había actuado muy bien, que Héctor no tenía porqué intervenir y que no tomara ninguna decisión hasta su regreso. Dado el respaldo de Genaro, retiré mi carta

Héctor, Editor General.
Se comprenderá la importancia que tenía manejar la línea editorial de Panamericana. Era responsabilidad del Editor General. De ahí que cuando Héctor asumió sus funciones hizo cambios notorios. Yo sabía que por el incidente no podía continuar no sólo al frente de “24 Horas” sino permanecer en el canal. Me adelanté y puse mi cargo a disposición del nuevo Editor General y mi carta de renuncia si lo consideraba a bien. Héctor no aceptó lo último pero sí lo primero. Y nombró a mis dos segundos como directores del noticiero. A mí me pidió que continuara en una difusa función de asesor y coordinador del área informativa.

En realidad, por lo que ocurrió en los años siguientes hasta su muerte, comprobé que Héctor era alguien sin rencores y un gran amigo, tanto que -sin saberlo yo- me recomendó para que fuera ventajosamente contratado por el Canal 13, asunto de gran interés en Palacio de Gobierno. Y cuando diez meses después dejé ese canal, él me reincorporó a Panamericana con un sueldo mayor que el que ganaba anteriormente. Luego me confió uno de sus más caros sueños: la ejecución del gran proyecto Cadena Sur.

La Salida de Genaro
El rompimiento de los hermanos tuvo su origen en el cambio de línea editorial que había impreso Héctor. Genaro no la aceptaba y la criticaba frecuentemente. Las cosas empeoraron con un episodio de agresión física de parte de Genaro al salir del ascensor con Héctor. El incidente fue visto por varias personas, entre ellas por los guardaespaldas de los hermanos, que casi protagonizan su propio pugilato. Lo ocurrido desencadenó la separación. Genaro se retiró de Panamericana para desarrollar otros proyectos empresariales, como los celulares y el cable, en los que fue el gran pionero..

La unión de Héctor con Manuel dio el control de la empresa a los dos hermanos -Héctor tenía el 40% de las acciones y el 20%, Manuel-. Por primera vez ellos trataron de conducir a Panamericana sin la participación de Genaro. Los resultados nunca se pudieron apreciar porque a los pocos meses Héctor fue secuestrado por un comando del MRTA y Manuel tuvo que asumir solo el comando de la empresa.

El secuestro de Héctor fue muy lamentable para la marcha de Panamericana. Había anunciado planes muy ambiciosos y visionarios. Pude comprobar personalmente lo mucho que buscó el apoyo y la colaboración de diversos ejecutivos, entre los que me encontraba.

La Ultima Reunión
Con el último que tuvo una reunión en Panamericana fue precisamente conmigo, para contemplar los detalles del programa de las próximas elecciones municipales. Héctor quería superar todo lo hecho antes. La reunión se interrumpió cuando alguien lo convocó y quedamos en reunirnos a primera hora del día siguiente. Nunca se produjo la reunión, pues cuando Héctor venía al canal fue emboscado y secuestrado a sangre y fuego por un comando emerretista a pocas cuadras de Panamericana. Murió su chofer, su guardaespaldas quedó gravemente herido y él mismo sufrió el roce de una bala en el interior de su Mercedes Benz blindado.
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LA CONTRATACION DE LOS JUGADORES

Durante sus décadas de actividad periodística, el autor vivió numerosos episodios que constituyen una especie de anecdotario muy personal. A continuación uno de ellos.

Cuando Panamericana volvió a sus propietarios, tuvo que superar el desastre económico que había ocasionado la intervención militar. Se acercaba el mundial de fútbol del 82 en España. Para asegurarse la transmisión exclusiva de los partidos de clasificación y preparación, compró los contratos por más de 2 millones de dólares de tres figuras claves en el equipo, Cueto, Velásquez y La Rosa, poniéndolos a disposición del seleccionado. Consiguió su objetivo inicial, pero quedó latente otro.

Se pensó hacer un gran negocio después del mundial, con la reventa de los contratos por el doble o el triple de su valor de compra, basándose en la hipótesis -considerada casi segura- de una gran actuación de los jugadores en España. Los resultados fueron malos, para sorpresa de muchos aficionados. El Perú no se clasificó para la segunda ronda y los tres jugadores no se lucieron lo suficiente como para aumentar su cotización. Ningún equipo extranjero mostró interés en ellos. Para colmo, ciertas cláusulas de los contratos obligaron a Panamericana a pagar un sueldo de más de 10 mil dólares mensuales a cada uno de ellos, así no jugaran.

Las pérdidas que dejó esta incursión de Panamericana en el negocio no muy santo del fútbol, causó una brecha financiera que la persiguió en adelante. Los que trabajamos en la empresa pagamos las consecuencias con el frecuente incumplimiento en el pago de los sueldos y con la restricción de gastos en adquisiciones indispensables.

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LAS URNAS Y LA TELEVISION

En mis 32 años en la televisión participé como responsable periodístico o como director general, en siete programas electorales presidenciales, en ocho municipales, en dos asambleas constituyentes y en uno sobre la elección de autoridades regionales.
Los canales “grandes” acostumbran poner toda su organización, capacidad periodística, económica y operacional para la cobertura de dichos eventos. Saben que éstos no resultan rentables en términos financieros -es un gran éxito si la publicidad cubre los gastos- pero son muy importantes para el prestigio e influencia de dichos canales en el medio político.
Estos programas se preparan con meses de anticipación. Se contempla y resuelve asuntos que van desde el diseño escenográfico de los estudios, la contratación de la agencia especializada en encuestas, la adaptación de la última tecnología en equipos informáticos, hasta la provisión logística de refrigerios y bebidas para los centenares de participantes.

Cuatro Momentos
La experiencia nos enseñó que estas coberturas tienen cuatro momentos básicos:
a) Enteramente periodística, desde el comienzo de la transmisión hasta el cierre de la votación;
b) Puramente informática, desde el “flash electoral” y las encuestas “exit poll” (ahora llamadas a “boca de urna o de ánfora”);
c) Nuevamente periodística, hasta las proyecciones definitivas en base a los resultados reales de las mesas seleccionadas para la muestra del voto rápido;
d) La cobertura de las reacciones y celebraciones de los competidores.
La mayor capacidad tecnológica de la televisión -gracias a sofisticadas unidades móviles y sistemas livianos de conexión satelital llamados “fly away” y al aprovechamiento de Internet en el lenguaje IPTV- ha permitido con el paso de los años, que la actividad periodística sea cada vez más “en vivo” desde los más distantes lugares.
En Panamericana fuimos los primeros en hacer uso espectacular de esas facilidades tecnológicas. Por ejemplo, cuando logramos entablar una conversación entre los candidatos momentos antes de la votación, o cuando hicimos la cobertura simultánea de votaciones coincidentes en la hora, o cuando logramos captar la reacción inmediata de un candidato ganador en cuanto dimos el flash electoral.

Logro Espectacular
Esto último ocurrió con la primera elección provincial del alcalde Andrade, a quien teníamos en exclusiva en un lugar desconocido para los colegas de los otros canales. Ellos esperaban en las afueras de la casa de Andrade y no se dieron cuenta de que escondido en la maletera de un vehículo que abandonó la residencia, el candidato salió rumbo a su fábrica donde lo esperaba nuestra unidad móvil.
En esas elecciones tuvimos a Andrade por enlace de microondas y a Alex Kouri -elegido por el Callao- en nuestros estudios. Fueron primicias que desesperaron a nuestra competencia. Este programa fue el último que dirigí en Panamericana, nunca más los canales han podido repetir tal éxito periodístico.

La Experiencia Dramática
Pero no todo fue felicidad en los programas que participé. Hubo momentos dramáticos y hasta desesperados, tal como sucedió en la elección municipal de 1989. Debido a nuestro incontrolable deseo de batir en cada programa electoral marcas de espectacularidad tecnológica, decidimos en esa oportunidad contar con tres fuentes de datos electorales y difundirlos en las pantallas de televisión, en lo que ahora se llama “tiempo real”.
Para hacerlo posible, Panamericana contaba con una computadora especializada para exhibición de datos e imágenes en televisión, que había costado 120 mil dólares. Contratamos a un ingeniero francés para que hiciera posible esta maravilla. Pero fallaron las conexiones – más de uno habló de sabotaje- y el ingreso de los datos a la costosa computadora no se produjo tal y como se había planeado. Todo ello ocurrió en pleno programa, cuando la competencia ya estaba dando los datos. El ambiente se volvió tenso y acalorado. Le reclamé airadamente al francés, pero la reacción de éste fue desmayarse y caer al suelo en el mismo centro de control del programa. Una ambulancia se llevó al pobre ingeniero a un hospital.
Nuestro propio personal resolvió el problema de la alimentación de la computadora de una manera más indirecta y pudimos terminar más o menos airosamente. Lo cierto es que cuando exhibimos nuestros datos, lo hicimos con una espectacularidad que nunca se había visto en la televisión. Lamentablemente no con la rapidez que habíamos planeado. Quise adelantarme algunos años a lo que ahora es fácil y sencillo con los nuevos sistemas informáticos.

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24 HORAS

Segunda escenografía del noticiero

En los 32 años que trabajé en la televisión me encargaron la creación de varios programas, algunos con mucho éxito de sintonía e influencia. Pero, el noticiero 24 Horas fue el programa que me dio las satisfacciones más duraderas. Este año cumplirá su 37 aniversario. Se ha convertido en el noticiero decano de Latinoamérica. Aquí un recuerdo que escribí cuando el programa celebró sus primeros veinte años:

“Ese 13 de Mayo de 1973 fue un día más agitado que otros. A las 11 de la noche se abriría una nueva etapa en la televisión informativa del Perú. Nacería 24 Horas, un noticiero que iba a implantar en el país un nuevo estilo y formato, desarrollado en un tono casi coloquial, dinámico, con el marco de una escenografía espectacular, en un gran estudio. 24 Horas se convertiría en el “padre de todos los noticieros”.

24 Horas iba a ser la respuesta profesional al intento periodístico hecho en otro canal, con elementos adictos al régimen militar y que pretendía implantar el llamado “periodismo revolucionario”. Es decir, promover los objetivos de una política radical en el país. La sintonía hizo que 24 Horas fuera un éxito rotundo, ubicándose a las pocas semanas entre los 3 programas más vistos de la televisión. En el otro canal, el intento fracasó y, finalmente, el programa de la competencia desapareció.

En su primera etapa -no superada posteriormente en cuanto a personalidad y espectacularidad- 24 Horas contaba con un extraordinario plantel. Sus conductores principales eran Pepe Ludmir y Humberto Martínez Morosini (Ernesto García Calderón se incorporaría después); sus conductoras de apoyo eran Jenny Vásquez Solis (primeros días) y Concho Changanaquí; sus narradores eran Mannie Rey y Pepe Sagar (posteriormente ingresarían Amanda Barral y Zenaida Solis); el comentarista fue Víctor Riveros (después se incorporarían César Miró y varios otros); el entrevistador principal fue Alfonso Tealdo y el caricaturista, Mario Moreno. La Dirección General estuvo a cargo de Julio Estremadoyro Alegre”.

Cinco Etapas.
A lo largo de 20 años, 24 Horas pasó por cinco etapas, con diversos integrantes. Cada una de ellas estuvo marcada en parte por el talento con que se contaba. En 1980, cuando Panamericana fue recuperada por sus legítimos propietarios, 24 Horas adoptó un formato más serio y clásico, con una duración de solo 30 minutos.

Con la exigente competencia de los noticieros de los nuevos canales, 24 Horas volvió a su hora de duración, y sin modificar su formato básico, introdujo una serie de recursos de edición y producción que lo volvieron a ubicar en el primerísimo lugar, con una sintonía sin precedentes en el rubro de noticieros. Hay que indicar por último, que 24 Horas fue una gran escuela. Muchos colegas que pasaron por sus filas despliegan hoy en otros medios una destacada gestión.

En la etapa heroica de “24 Horas” durante el régimen militar, los comentaristas eran designados por la dictadura, de manera que garantizaran su presencia en el noticiero. Algunos no duraban más de dos programas pues sus comentarios no respondían a las expectativas de Palacio.

Uno de los comentaristas fue Alfredo Barnechea, con gran acceso al gobierno. Una noche logró que se aceptara que Mario Vargas Llosa asistiera al programa para ser entrevistado por el mismo Barnechea. Los primeros minutos de la conversación fueron sobre temas literarios, pero al finalizar, Vargas Llosa abordó asuntos políticos, con severos comentarios sobre la situación que vivía el país. Recuerdo la cara de espanto del coronel que ejercía la Gerencia General, al ingresar jadeante al estudio. Pero no pudo hacer nada. La entrevista llegaba a su fin. Pocos días después, fue reemplazado.

Conductor Deportado
Otro momento especial se vivió cuando uno de los nuevos conductores, Flores Ledesma, en la despedida del programa, que terminaba con distintas reflexiones de los integrantes, protestó por el cierre de la revista izquierdista Marka, dirigida por un primo suyo. Cuando se retiró del canal, fue seguido por un vehículo de la policía de Seguridad del Estado. En cuanto cuadró su carro, el conductor fue notificado de que iba a ser deportado y se despidiera de su familia. Dos horas después era obligado a viajar a México.

24 Horas, era el programa favorito de Velasco. No terminaba su jornada sin ver el noticiero. Esto significaba un gran problema, ya que cualquier asunto que se abordara y le disgustara, significaba una reprimenda al general de la OCI por no “controlar” debidamente la información. Como es natural, las reprimendas cobraban creciente fuerza a medida que descendían los escalones hasta llegar al oficial gerente de Panamericana. Algo que molestaba a Velasco en particular, eran los matices del rostro de Martínez Morosini cuando leía noticias referentes a la obra del gobierno. Para Velasco, el conductor trataba de desmerecer lo que narraba. Como era de esperar, Martínez Morosini tuvo que dejar la conducción y pasar a otros programas, porque tenía un contrato que impedía su despido.

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LOS AÑOS NEGROS

Durante sus décadas de actividad periodística, el autor vivió numerosos episodios que constituyen una especie de anecdotario muy personal. A continuación algunos de de ellos.

El 9 de noviembre de 1971, inmediatamente después que el Ministro de Transportes y Comunicaciones del Gobierno Militar terminará su anuncio al país sobre la expropiación de los canales de televisión y las estaciones radiales más importantes, el local de Panamericana Televisión en la Av. Arequipa, fue tomado por contingentes de la policía. Yo me encontraba en ese momento en las oficinas de El Panamericano, pues el mensaje había sido transmitido instantes después del noticiero.
La irrupción policial me recordó otra que había experimentado en 1955, cuando la PIP asaltó violentamente el local de La Prensa para detener a Pedro Beltrán, acusado de complicidad en un intento de golpe de estado contra el régimen del General Manuel Odría. Esa vez los periodistas que acompañábamos a Beltrán fuimos detenidos y trasladados a la isla El Frontón, una temida prisión de la época.
Pero la toma de Panamericana no fue violenta. Inclusive contó con la participación -lo comprobamos con tristeza- de algunas conocidas figuras y trabajadores experimentados de la propia empresa, que colaboraron con la acción policial ubicándose en lugares estratégicos para asegurar que la señal de Panamericana se siguiera emitiendo sin problemas.
El 5 de abril de 1992 nuevamente se produciría otra ocupación de Panamericana y otros medios por efectivos de las Fuerzas Armadas, luego del famoso autogolpe de Fujimori. La intervención apenas duró dos días; luego las tropas se retiraron y Fujimori presentó sus excusas a los propietarios de algunos medios.

Cumpleaños y Expropiación
La expropiación de 1971 se produjo el mismo día del cumpleaños de Genaro Delgado Parker, quien celebraba la fecha en su lujosa y amplia residencia de Las Casuarinas. Yo había sido invitado a la reunión, pero no podía salir del edificio ya que la policía no lo permitía. Acudimos a la Gerencia, donde se había establecido un comandante de la Marina encargado del operativo. Cuando conoció nuestra protesta por el impedimento de salida, de inmediato levantó la prohibición con las excusas del caso. En realidad, laboralmente los periodistas no pertenecíamos a Panamericana Televisión sino a Producciones Panamericana, una empresa legalmente distinta. Nos pareció que el comandante sabía quiénes éramos y se mostró muy amable, indicándonos que todo debía seguir como siempre y que nos esperaba al día siguiente para cumplir con nuestras obligaciones diarias.
Cuando llegamos a Las Casuarinas, nos pareció que la acción del régimen velasquista no había sorprendido al dueño del santo y que él sabía lo que ocurriría, por lo que sucedió meses después. Genaro, aunque se estableció en Buenos Aires, siguió manejando Panamericana Producciones. Incluso vino por varios meses para encargarse personalmente de la producción de programas, no sólo para Panamericana Televisión sino también para América Televisión, ya que los militares querían unificar la producción televisiva en una gran empresa que un año después se llamaría Telecentro. Pero la participación de Genaro terminó pronto por la airada reacción del general Velasco que no aceptó que Genaro concurriera a un almuerzo con figuras contrarias al gobierno en la Federación de Periodistas. El régimen militar expropió también Panamericana Producciones en 1974.

La Presencia Militar
Los años de la presencia militar en la televisión fueron los años más negros. Querían que los canales contribuyeran al logro de los objetivos “revolucionarios” del régimen de Velasco y luego a los de Morales Bermúdez, quien en el último año de su gobierno, suavizó la situación y permitió algunos programas de apertura democrática.
Siempre se nos ha preguntado porqué no renunciamos en esa época y optamos por sufrir tan dura experiencia. La respuesta no es simple: a) en el régimen militar había personas que se oponían a los extremismos de algunos asesores de Palacio, y que nos pidieron que no nos fuéramos, para demostrar en alguna forma la superioridad de un trabajo profesional; b) los mismos propietarios nos exigieron resistir en nuestros puestos, porque si no lo hacíamos íbamos a ser reemplazados por elementos politizados, que harían muy dificultosa la recuperación de los canales; c) ante el monopolio estatal, era la única posibilidad de subsistencia profesional que teníamos y que nos permitía atender a nuestros hogares con esposas e hijos pequeños. Esta fue una razón importante, aunque no tan decisiva como las dos primeras.
Yo, personalmente, no era bien considerado en Palacio ni en la Oficina Central de Informaciones (OCI) porque no se me consideraba un periodista “no convencido”. No obstante, se me respetaba por mi capacidad profesional. Cuando ya expiraba la permanencia de Velasco en el poder, mis enemigos lograron sacarme de la dirección periodística, y luego de un intento fallido de despido –que personas influyentes en el Gobierno impidieron- me trasladaron a una inexistente Gerencia de Logística, que nació conmigo.
Me dediqué intensamente a la nueva responsabilidad y logré organizar y poner en orden un aspecto tan importante en la marcha de una empresa de la complejidad de Panamericana. Asistí a cursos en IPAE y ESAN para adquirir mayores conocimientos. Me llegó a gustar tanto el puesto, que decidí abandonar el periodismo para abrirme un futuro nuevo en la logística y la administración en general. Pero, entonces, se produjo el sorpresivo cambio en Palacio, que llevó al poder al general Morales Bermúdez. Para demostrar que no era igual que Velasco, ordenó que se me devolviera a la Gerencia de Informaciones. Me resistí durante semanas, aprovechando mi condición de Director por la Comunidad de trabajadores. No quería volver al periodismo. Finalmente me convencieron con un argumento adicional: la Gerencia de Logística iba a desaparecer.
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ELHOMBRE EN LA LUNA

Durante sus décadas de actividad periodística, el autor vivió numerosos episodios que constituyen una especie de anecdotario muy personal. A continuación uno de ellos.

El ingreso del Perú a las comunicaciones espaciales se produjo a mediados de 1969.
La construcción de la estación terrena de Lurín permitió recibir y transmitir señales al INTELSAT, con un radio de acción que abarcaba América y Europa.
Un mes después -a mediados de julio- se produjo el histórico episodio de la llegada del hombre a la Luna. Miles de millones de personas en el mundo entero siguieron, día a día, hora a hora, el desarrollo del vuelo del Apolo IX, con sus tripulantes Neil Amstrong, Edwin Aldrin y John Collins. Esa increíble hazaña fue ocasión singular para demostrar la realidad maravillosa de las comunicaciones vía satélite.
Panamericana Televisión tuvo el liderazgo en esas comunicaciones en el país al realizar transmisiones extraordinarias del viaje a la Luna. Una ambiciosa producción en sus estudios fue el marco adecuado para difundir las imágenes que la NASA ponía en los satélites. Eran imágenes en blanco y negro.

32 Horas sin Parar
El trabajo de producción fue dirigido por Genaro Delgado Parker, quien me confió la segunda responsabilidad que, en algunas ocasiones, se convirtió en primera. Batimos un record de duración al transmitir durante 32 horas seguidas la etapa culminante de la misión de la Apolo IX: el descenso del módulo lunar, la primera caminata de Armstrong y Aldrin- con la famosa frase “Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”- y su salida de la Luna para unirse a la nave madre conducida por Collins, que estaba dando vueltas al satélite. Ese record de transmisión ininterrumpida se mantendría en la televisión peruana hasta diciembre de 1996 cuando transmitimos más de 70 horas sin parar en los primeros días de la toma de la residencia de la Embajada japonesa por el MRTA.
En el programa sobre la Apolo IX destacaron la valía de profesionales como Humberto Martínez Morosini, Ernesto García Calderón y Alfonso Tealdo, quien condujo un panel de especialistas, como Víctor Estremadoyro (astrónomo), y Gilberto Tisnado (ingeniero espacial), el más espectacular de los panelistas por sus conocedoras explicaciones sobre las características de las naves y otros detalles científicos. Tisnado ganó la popularidad de una estrella televisiva. Tuvo muchas veces que firmar autógrafos en la puerta del canal. También hay que destacar la participación de Héctor Urquiaga, que se convertiría en el traductor más solicitado y mejor pagado del país.
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INGRESO A LA ERA DE LOS SATELITES

Durante sus décadas de actividad periodística, el autor vivió numerosos episodios que constituyen una especie de anecdotario muy personal. A continuación algunos de ellos.

A fines de los años 60, los satélites artificiales fueron el motivo de asombro en las comunicaciones. Iniciaron una nueva era en el alcance universal de la información. Por mi ubicación en Panamericana, viví maravillosas experiencias en este campo. Una de ellas fue la de asistir a una reunión internacional para el uso de los satélites de comunicaciones en México. A esa cita acudió el doctor Harold Rosen, inventor de la serie de satélites Intelsat. Recuerdo que dijo -en respuesta a algunos escépticos- que un satélite de comunicaciones era como una gigantesca torre de microondas de 36 mil kilómetros de altura, imposible de ser saboteada. Algunos países, como México, ya en esa época padecían las acciones destructoras de grupos extremistas.
Como culminación de dicha reunión, se fundó la Organización de la Televisión Iberoamericana (OTI), para la utilización preferente de las transmisiones vía satélite entre sus miembros, representarnos en los congresos mundiales y en la compra de los derechos de los grandes eventos, como los Campeonato Mundiales de Fútbol y las Olimpiadas. Me correspondió ser fundador, en representación de Panamericana, de esa poderosa entidad, integrada por las empresas televisivas más importantes de Latinoamérica.
En realidad, la OTI fue la continuación ampliada de una experiencia tenida meses antes. En Madrid, los directores de noticias de los principales canales de televisión de Latinoamericanos, Portugal y España, crearon el Sistema Iberoamericano de Noticias (SIN), pionero en el uso del satélite para el intercambio diario de noticias entre los dos continentes. De América se enviaba noticias que eran bajadas del satélite por España para su difusión en Europa y, luego, España retribuía el servicio poniendo en el satélite las noticias de Europa que se bajaban en los países americanos. Nadie había intentado antes esa utilización. Cuarenta años después, la audacia pionera de Madrid es un hecho común y corriente en el mundo de las comunicaciones y no causa ningún asombro. Pero en 1970 fue algo extraordinario y revolucionario.

Resistencia de las Agencias
En el primer año de funcionamiento del SIN me correspondió la Presidencia del Grupo Latinoamericano. Tuvimos que enfrentar una terca resistencia de las grandes agencias internacionales de noticias. Su cobertura informativa proporcionaba material de gran interés, que era utilizado en las transmisiones desde España. Pero no todos las televisoras latinoamericanas podían pagar a esas agencias los costos del servicio. Cuando comprobaron que muchas televisoras utilizaba su material sin el pago de los derechos correspondientes, formalizaron protestas y convocaron a una reunión de emergencia en Londres con los representantes del SIN. Yo asistí por las televisoras latinoamericanas con un planteamiento muy concreto. De acuerdo con los tiempos, el pago debería ser sólo de derechos de uso con alguna de las agencias y no –como querían- el pago de todos los aspectos de sus servicios, como la costosa adquisición de las filmaciones que eran enviadas por avión a cada país.
En realidad, la era de los satélites sorprendió a las agencias con inmensas instalaciones fílmicas, gigantescos laboratorios y complejas redes de envíos del material a todo el mundo. Los revolucionarios inventos del satélite y la videocinta, al simplificar el proceso, pusieron en la estacada a dichas agencias. Comprobaron que eran organizaciones congeladas en el tiempo y que si se renovaban, tendrían que desactivar sus millonarias instalaciones y despedir a centenares de empleados. De ahí su negativa a aceptar, inicialmente, el planteamiento que hicimos y su insistencia en sabotear al SIN.
Meses después de la reunión de Londres, una de las agencias –la UPITN- rompió los esquemas y decidió vender a Panamericana sólo sus derechos de uso –sin incluir su material- por 500 dólares mensuales. Anteriormente todo el servicio costaba 2,500 dólares mensuales. Fue una victoria significativa. Con esos derechos y por el sistema de “rota” (por el cual, el material de un acontecimiento de acceso común a las agencias y que fuera puesto en el satélite podía ser utilizado, sin importar a qué agencia realmente pertenecía dicho material) las televisoras iberoamericanas pudieron aprovechar la riqueza informativa de las transmisiones europeas.

Intelsat
En sus comienzos, el uso de los satélites de comunicaciones estaba en manos de Intelsat, una gran organización del mundo occidental. Todos los países del área no comunista eran socios de Intelsat, con distintos aportes. Tenía su sede en los Estados Unidos, y era administrada por Comsat. La utilización de los satélites fue exclusividad de los Estados, estableciéndose en cada país un monopolio abusivo.
Los costos del servicio eran increíbles. En el Perú, por el uso de la estación de Lurín, Entel cobraba para noticias su tarifa más baja: 450 dólares diarios por los primeros 10 minutos y 18 dólares por cada minuto adicional. Para las transmisiones deportivas y de otra naturaleza, exigía 600 y 28 dólares por los mismos conceptos. En otros países las tarifas eran aún más elevadas. Las protestas por los precios tan exorbitantes crecieron, cuando se supo que lo que costaba realmente a los Estados no superaba los cuatro dólares, -cuando se trataba de transmisiones multidestino- y siete, cuando tenían un solo destino. Mayor abuso no se podía concebir. Éste se impuso a la determinación de ingresar a la era espacial en las comunicaciones y -antes de los dos años de fundado el SIN- algunas empresas televisivas se tuvieron que retirar del servicio ya que sus presupuestos no resistían tales costos. Entre esas empresas estuvo la pionera Panamericana.

El Panamsat
Los tiempos cambiaron. Las tarifas de Intelsat se redujeron en una quinta parte. Se privatizó ENTEL, al ser adquirida por la Telefónica. Pero ya había satélites particulares como la serie Panamsat que permitió a las televisoras peruanas transmitir directamente su señal al satélite, rompiendo con un monopolio indeseable.
En el espacio prestan servicios muchos satélites nacionales y regionales. Hay también una ubicación reservada para un proyectado satélite de la Comunidad Andina, cuyo proyecto ha sido mencionado últimamente. Además, con la tecnología digital se están lanzado nuevas generaciones de satélites de mejor y más amplia operatividad, a menores precios.
El caso del Panamsat es muy especial, no sólo porque fueron los primeros satélites de propiedad particular que rompieron con los monopolios estatales, sino por la trayectoria de su dueño inicial, el cubano-norteamericano René Anselmo, quien había logrado establecer la primera red de televisión en español en Estados Unidos. En 1985 los mexicanos de Televisa le compraron su cadena (STN) en 120 millones de dólares, para convertirla en Univisión.
Pero aquí viene lo notable. Anselmo, casi sexagenario, decidió invertir 80 millones en un nuevo proyecto realmente temerario: un satélite de comunicaciones privado. Para conseguirlo, necesitaba el voto favorable de por lo menos dos países socios de Intelsat. No le fue difícil lograr el voto norteamericano, ya que se trataba de una iniciativa empresarial. Le faltaba otro país. Sorprendentemente fue el Perú. En esos años gobernaba Alan García, un presidente que no era muy partidario de las privatizaciones. Pero un asesor de Alan García era Héctor Delgado Parker, el más visionario e imaginativo de los tres hermanos dueños de Panamericana. Héctor Delgado convenció a su asesorado y compadre para que diera el apoyo a Panamsat. Desde luego, había un premio, la donación de uno de los canales – transponder- del nuevo satélite al Estado peruano para difundir la educación y la cultura, por el simbólico pago de un dólar mensual. El transponder finalmente fue entregado al Canal 7.
Anselmo fue un hombre afortunado. Su satélite -el PANAMSAT 1- lanzado por el cohete francés Ariadne fue un éxito completo. Funcionó sin fallas desde que fue exactamente ubicado en su posición en el espacio. Experiencias anteriores no habían tenido igual éxito. Algunos satélites estallaron en el aire o no pudieron ser ubicados debidamente y quedaron inoperativos, perdiéndose centenares de millones de dólares en los intentos. Anselmo vendió la mayoría de las acciones a consorcios internacionales por miles de millones de dólares.
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