EN MEMORIA DE OSCAR UGARTECHE GALARZA
Efraín Gonzales de Olarte
A veces la muerte es sorprendentemente imprevisible y caprichosa y nos despoja de nuestros mejores amigos, sin dar lugar a despedirnos y desearles lo mejor en el último viaje. Oscar no nos dio el tiempo de decirle cuánto lo admirábamos y cuánto lo quisimos, por ello quiero, con estas palabras, recordarlo y decirles que su vida permitió mejorar la vida de muchos de nosotros y de muchos otros que no lo conocieron, pero que se beneficiaron de sus conocimientos y de su cruzada por la igualdad humana, es decir la igualdad en todos los niveles de la vida.
Como decía Gabriel García Márquez: “lo único malo de la muerte es que es para siempre”, pero este siempre sólo es la parte física, las ideas, los pensamientos y los sentimientos plasmado en publicaciones y el corazón de quienes lo conocieron, no mueren, quedan. No lo veremos más, pero disfrutaremos de su recuerdo, de su bonhomía y de su legado intelectual y lo seguiremos queriendo.
Conocí a Oscar en 1979, cuando en el Instituto de Estudios Peruanos, se creó el grupo de economía a instancias de Julio Cotler. Oscar ya había convocado a Teobaldo Pinzás y luego me invitó, por el sólo hecho que tenía referencia de mi tesis doctoral sobre la inflación en el Perú. Me impresionó su horizontalidad en el trato, a José Matos Mar lo llamaba José, mientras que yo lo trataba como doctor Matos. Creo que su presencia en el IEP fue importante, por dos razones: de un lado, introdujo la reflexión económica y financiera en un instituto fundado en los estudios históricos, antropológicos, sociológicos, linguísticos y políticos. De otro lado, ayudó a poner en la agenda pública problemas como la deuda externa, los problemas fiscales y las políticas económicas, no sólo por sus propias investigaciones y publicaciones, sino también por su extraordinaria capacidad de comunicación tanto en niveles populares como al nivel de la élites políticas y económicas de aquel entonces.
Recuerdo mucho, que a raíz del discurso del ministro Manuel Ulloa, el 27 de agosto de 1980, cuando la democracia fue reestablecida en el Perú con el segundo gobierno de Fernando Belaunde, Oscar promovió la publicación de “Crisis económica y democracia”, como primera contribución del grupo de economía del IEP al debate público sobre la conducción económica del país. Posteriormente, el grupo de economía ha tenido una producción bibliográfica constante y, hasta el día de hoy, el IEP investiga y pública de manera continua gracias al impulso inicial de Oscar.
Oscar se fue afianzando como experto en los problemas de la deuda externa no sólo del Perú sino de toda América Latina, al punto que fue viajó a Nicaragua para asesorar el gobierno sandinista de ese entonces, en el problema de la reestructuración de su deuda. A partir de entonces, su presencia en el IEP y en el Perú se fue espaciando, hasta terminar asentado en México de manera permanente en la famosa UNAM.
Oscar tenía una gran admiración por Keynes y por los economistas ingleses, quizá por esta razón y por haber vivido en Inglaterra, Estados Unidos, Noruega, sus intereses iban más allá de las finanzas, las relaciones internacionales y el desarrollo. En buena cuenta era un humanista, en el sentido de apreciar todas las manifestaciones de las ciencias, las artes y la cultura, era un gran lector, amaba la música clásica, tenía una capacidad para escribir en distintos niveles académicos y no académicos. Además, era un gran conversador y expositor, recuerdo que cuando enseñó en la universidad católica, tuvo un gran impacto en los estudiantes, dando a conocer sus dotes de un gran profesor.
Pero, quizás su rasgo más importante fue su capacidad de lucha por los temas que él creía. Creía en la necesidad de igualdad social, de igualdad de género, en el derecho a la identidad propia, en la necesidad de tolerancia, pero sobre todo en la necesidad de diálogo para mejorar la sociedad, el Perú, en un plan de mayor equidad, de mayor inclusión. Creo que su origen social proveniente de clases altas y con apellido, las utilizó para promover la inclusión, la tolerancia y la democracia, en un país segmentado como es el Perú, dónde ser blanco y de buena familia te permite ser escuchado, ser tomado en cuenta. Por ello, Oscar fue valiente al ir en contracorriente de su clase social y optar por una visión progresista y hasta cierto punto subversiva y ponerse del lado de la igualdad, de la inclusión, de la democracia donde estuviera viviendo.
Siempre lo recordaré y espero que lo recordemos como lo que fue: una persona autentica, una gran persona y un gran amigo, más allá de sus logros y contribuciones académicas y políticas. No morirá, no sólo si lo seguimos recordando a través de su legado, sino si tomamos su ejemplo como un gran ser humano.
