El próximo gobierno frente a un país escindido y sin largo plazo
(Análisis y propuesta)
Efraín Gonzales de Olarte
Junio 2026
Hace 10 años que las elecciones presidenciales peruanas se definen por decimos o centésimos de la votación. En las segundas vueltas (ballotage) el Perú se divide en dos opciones: el keikismo fujimorista y el oximorón de izquierda unida. En realidad, buena parte de la votación es anti-fujimorista y otra parte importante es anticomunista. Es decir, los participantes en las elecciones no han logrado revertir el voto “anti” y este es un síntoma de fractura social, de casi inexistencia de partidos políticos y del poder de los fantasmas ideológicos: el neoliberalismo, el comunismo y el populismo.
La primera vuelta electoral es la que desnuda realmente los pesos de la capacidad de representación de los participantes que compitieron: el 17% votó naranja y el 12% al sombrero, o sea para un 71% ninguno los representa y esperarían otras propuestas, otras narrativas, probablemente algo más de centro, con menos repulsión por el contrincante.
El problema es que cualquiera que gane la segunda vuelta no podrá hacer muchos cambios políticos y económicos, o porque Fuerza Popular mantendrá el modelo económico primario-exportador y de servicios y la ideología neoliberal con los resultados que tenemos (crecimiento sin bienestar), o porque Juntos por el Perú no tendrá ni la capacidad ni el apoyo político para hacer las reformas estructurales que proponen.
Pero el fondo del problema es que en la actual coyuntura política no hay lugar para pensar en los cambios económicos y políticos que necesita el Perú. No hay lugar para pensar en el largo plazo. Los 37 grupos políticos que participaron en estas últimas elecciones no tenían propuestas de desarrollo de país, de propuestas de largo plazo que nos dijeran qué objetivos tenían para todos los peruanos de aquí en adelante. Casi todos, si no todos, sólo tenían propuestas para resolver los problemas existenciales de la mayor parte de peruanos: seguridad cotidiana, acceso al mínimo de servicios de salud, empleo -aunque sea informal-, alimentación y salud infantil, es decir cómo reducir la pobreza. Nadie propuso cómo mejorar la riqueza de los peruanos, porque esto significa pensar en el largo plazo, significa pensar en el desarrollo de las personas, de sus pueblos, de sus regiones. Uno se los principales problemas de la situación política peruana actual es que sólo se trata de resolver problemas del muy corto plazo.
La pregunta que me hago ¿es posible pensar en el largo plazo para gobiernos que duran cinco años y sin reelección? Claro que no, con estas reglas sólo se puede pensar en el corto plazo. Para acometer el largo plazo se necesitaría de reelección presidencial y de partidos políticos con doctrina, con organización, con propuestas de desarrollo y, sobre todo, con cuadros políticos de todas las edades y profesiones capaces de dar continuidad a un determinado tipo de política de desarrollo. Y esto, lamentablemente, no tenemos en el Perú.
La paradoja del Perú es que, durante los últimos treinta y seis años, ha mostrado estabilidad macroeconómica, pero no ha logrado transformar su estructura productiva sectorial y territorial para poder generar un modelo de desarrollo innovador, inclusivo, equitativo y desconcentrado. La estabilidad macro del Perú se basa en la evolución de los precios de materias primas como los minerales y el gas, que Perú no controla, y en la autonomía del BCRP. Ambos factores, sin embargo, no son suficientes para generar la transformación productiva que resolvería los problemas de bajas productividades, de pobreza, informalidad y desigualdad.
No basta con políticas macro estabilizadores, se requiere de políticas sectoriales-territoriales que cambien la estructura productiva, tal como lo hicieron: Corea del sur, Japón o China.
Un punto que a menudo se elude es que, si bien el Perú tiene un crecimiento macro positivo, al desagregarlo por sectores y por regiones hay grandes desigualdades de productividades y de ingresos (cuán engañosos son los promedios). Son estas desigualdades las que explican en buena parte los resultados electorales de la segunda vuelta. Las regiones con menores ingresos, mayor pobreza y menores índices de desarrollo humano han votado por el sombrero (paradoxalmente también las regiones mineras). Los habitantes de estas regiones no se han beneficiado con el modelo económico. Las regiones de costa y con gran componente urbano han votado por Keiko, obviamente se favorecieron con el crecimiento.
En consecuencia, veo muy difícil la gobernabilidad del Perú en los próximos años. Si es Fuerza Popular tendrá la mitad de los peruanos esperando que les mejoren sus condiciones, y no tendrá otra alternativa que emplear el populismo para enfrentar las demandas populares. Si es Juntos por el Perú, tendrá que hacer concesiones populistas a los sectores empresariales para mantenerse en el poder.
No obstante, creo que la única posibilidad de hacer gobernable el Perú será la de hacer un “pacto por el desarrollo y la democracia”, no sólo entre los dos finalistas sino también entre todos los partidos que pasaron la valla electoral. Se requerirá de una estrategia de largo plazo, que creo que es posible aun tomando en cuenta la fragmentación política y la debilidad institucional del Perú. Para ello se requiere por lo menos de cuatro condiciones: 1. Acuerdos mínimos sobre educación, infraestructura, ciencia y tecnología, políticas sectoriales (agro, industria, turismo) y descentralización. Con políticas de Estado que sobrevivan a los gobiernos. 2. Instituciones técnicas estables. Debemos hacer de los organismos que se encargan de la infraestructura y de los organismos de planeamiento, tengan la misma estabilidad que tiene el BCRP y el INEI. 3. Reglas de inversión de largo plazo. Con horizontes multianuales, financiamiento estable (público-privado) y orientación hacia sectores que generen más valor agregado y más empleo. 4. Se requiere de coaliciones regionales, con participación de: empresas, universidades, gobiernos sub nacionales y organizaciones sociales (sociedad civil).
Esta es la combinación de acciones que nos encarrilarían con el desarrollo de largo plazo, inclusive con las débiles instituciones que existen hoy en el Perú. Los factores esenciales son: voluntad política de los representantes políticos y generar progresivamente “credibilidad” en los gobernantes. Aún es posible recuperar el optimismo por el desarrollo con democracia.
