16/09/26: LA OBSTINACIÓN POR EL CRECIMIENTO ECONÓMICO INFINITO

LA OBSTINACIÓN POR EL CRECIMIENTO ECONÓMICO INFINITO: sucumbir o cambiar

Efraín Gonzales de Olarte

El crecimiento económico es una especie de sentido común, que no requiere explicación, más allá de cuánto será la tasa anual de crecimiento y qué sectores serán sus impulsores. La cuestión central es si el crecimiento económico es un medio para mejorar la vida de las personas o es un fin en sí mismo, que ha ido adquiriendo autonomía.

La pregunta es por qué el crecimiento económico se ha convertido en un proceso infinito, que no ha favorecido ni favorece a todos de manera igual. La respuesta se encuentra en dos niveles: 1. El sistema capitalista y la sociedad moderna han generado un mecanismo que no se puede parar sin riesgo de transformarse en otro sistema o de extinguirse. La idea es simple: el crecimiento depende de la acumulación del capital, a través de las inversiones, que aumentan la producción y al venderla genera ganancias, que hay que volver a invertir y, así, de manera indefinida. 2. Este sistema genera comportamientos microeconómicos. Por un lado, los capitalistas invierten e innovan para seguir compitiendo y producen nuevos bienes o servicios, es decir, siempre hay algo nuevo que vender y quizás más barato. Por otro lado, los trabajadores consumen lo que los productores les ofrecen, nuevas cosas, nuevos servicios, nuevas ideas, en general de manera pasiva y en muchos casos con “el placer de comprar” y seguirán comprando todo lo nuevo que aparezca. Así, el sistema genera una causación acumulativa, que no para y que se alimenta en el largo plazo por el crecimiento de la población, lo que aumenta la demanda, con el consiguiente aumento de los ingresos salariales y las ganancias.

Complementariamente, el sistema financiero sostiene el crecimiento a través del crédito, que asegura la continuidad de la cadena de pagos en el futuro. Obviamente, los bancos ganan a través de los intereses que cobran y seguirán dando crédito como medio para asegurar el futuro de las ganancias de los sectores productivos y, ciertamente, de ellos mismos.

Adicionalmente, el Estado necesita financiar educación, salud, infraestructura, seguridad, administración pública, justicia, para lo cual necesita de impuestos, que dependen del crecimiento económico. De alguna manera, el Estado de Derecho depende del crecimiento económico. Además, los gobiernos suelen ser evaluados por el crecimiento del empleo, de los ingresos de los servicios públicos, todos ellos dependientes del crecimiento económico.

Todos estos aspectos han generado una ideología del crecimiento: más producción → más riqueza→ más bienestar y una sociedad mejor. Por ello, durante todo el siglo XX se midió el progreso a través de la tasa de crecimiento del producto nacional (PBI). Es decir, se incorporó en el sentido común, la idea de que crecer es indispensable para la tranquilidad de la población. Sin embargo, crecer para satisfacer necesidades esenciales no es lo mismo que crecer indefinidamente cuando las necesidades básicas ya están cubiertas.

Es aquí cuando aparece el otro problema central del crecimiento indefinido: la desigualdad de la distribución de sus frutos. Al parecer es consustancial al capitalismo el generar desigualdades sociales, que, sin embargo, no generan mayores tensiones sociales ya porque los salarios crecen, aunque a menores velocidades que las ganancias gracias a que las mayores productividades y a la intervención redistribuidora del estado.

Como fruto de este crecimiento sin pausa, en el presente siglo, hemos llegado a una situación en la que el crecimiento económico ha chocado con la finitud de los recursos naturales y ha generado el calentamiento global. Esto quiere decir, que, en algún momento, no será posible crecer más ya sea porqué los recursos no renovables se acabaron (que son fundamentales para la industria y el desarrollo tecnológico) o porqué el calentamiento global genera tal cantidad de pérdidas que cualquier crecimiento será para reponer lo arrasado por la naturaleza (viviendas, bosques, infraestructura, etc.). Obviamente, a menos que haya importantes cambios tecnológicos que disminuyan el uso de recursos naturales o que se dé un cambio de ideología sobre el crecimiento indefinido el futuro se presenta incierto.

A estas alturas nos preguntamos: ¿sería posible una economía sin crecimiento? Podríamos aceptar la posibilidad de un crecimiento estacionario, con una producción relativamente estable, con bienestar, con mejor distribución y con una organización institucional distinta. El estado estacionario era la situación a la que debería llegar la sociedad en algún momento, así lo afirmaron los economistas clásicos Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill, recientemente Robert Solow y Herman Daly.  John Maynard Keynes sostuvo que en algún momento la humanidad podría centrarse más en los fines (bienestar, felicidad) que en los medios (crecimiento económico). Su idea era llegar a una humanidad casi estacionaria, con una población estable viviendo sin guerras y con pleno empleo.

Creo que es imprescindible comenzar a considerar otro futuro y, quizás, otro capitalismo.

Setiembre 2026

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