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29/03/11: DIVORCIO ENTRE ECONOMÍA Y POLITICA Y LA FRAGMENTACIÓN ELECTORAL

EL DIVORCIO ENTRE ECONOMÍA Y POLÍTICA

Efraín Gonzales de Olarte

“Pese al torbellino electoral, la actividad económica sigue con su propio ritmo, como si las decisiones de negocios se tomaran en otro país. Curiosamente, la fragmentación política que tiene el Perú parece ser la causa de la estabilidad económica en estos tiempos. ¿Esto nos debe preocupar?

En los períodos electorales se activa el llamado ciclo económico de origen político, es decir los gobiernos que quieren reelegirse tienden a incrementar el gasto público para hacer obras y atraer votantes. Esto hace que la economía tenga un crecimiento adicional por motivaciones políticas. Cuando el partido en el gobierno no se va a reelegir puede desfavorecer a las otras agrupaciones políticas, por ejemplo disminuyendo los impuestos.

En el Perú es poco posible activar la economía a través de la expansión del gasto, a menos que esté financiado, pues las normas legales no lo permiten. En consecuencia, las posibilidades de influir en los electores, a través del incremento temporal de la actividad económica, es bastante difícil. Esta es una primera causa de porqué hay un divorcio entre el ciclo político y el económico.

Pero la segunda causa de este divorcio es la fragmentación de la representación política, que se confirma cuando observamos que hay doce candidatos, cinco de los cuales tienen casi la misma intención de voto, y recibirán en su conjunto más del 90% de los votos. Los cinco movimientos o coaliciones (no hay un solo partido político que participa per se) ofrecen casi lo mismo, las diferencias están marcadas por la personalidad de cada candidato presidencial. En consecuencia, a los electores pareciera que les diera lo mismo quien fuera elegido. Esto calma los nervios de la bolsa.

Este divorcio, por fragmentación, favorece a quien quiera que sea el próximo gobierno, pues ha de tener carta blanca para hacer lo que quiera, al no tener tras de si las fiscalización de un partido, sólo la de electores dispersos y desorganizados. En consecuencia, el divorcio entre economía y política no permite forzar al Estado a tener mejores políticas para reducir las desigualdades. Esto genera un país en permanente tensión social. Por ello, son todavía importantes los partidos políticos.

Artículo publicado en el Suplemento D1 de El Comercio, el 28-04-2011 Leer más »

23/03/11: INEXPLICABLE MEDIDA

INEXPLICABLE MEDIDA

Efraín Gonzales de Olarte
“La reducción de los impuestos al consumo no tienen explicación económica razonable, el problema es saber si tiene un explicación política”

Los impuestos al consumo son regresivos, pues desfavorecen relativamente a los pobres, pues pagan el mismo porcentaje y ganan proporcionalmente menos. Por ello, una rebaja del IGV o del ISC podría ser una medida favorable a los que menos tienen. En un país con tanta desigualdad esto sería bueno.

En la práctica, con un bajo registro tributario y gran informalidad, la rebaja se la van a ganar los productores y comerciantes informales. Sólo gastarán menos los sectores formales, los que compran con tarjeta de crédito, pero los pobres que pagan al contado, probablemente no sientan en sus bolsillos los 500 soles que promete el ministro de economía.

Por el lado fiscal, la medida es a todas luces un error o un presente griego al siguiente gobierno, pues no está demostrado que la famosa curva de Laffer funcione y que la reducción del impuesto genere una mayor actividad económica y en consecuencia una mayor recaudación. Apuesto un “cebiche perfecto” a que no tendrá mejorará la recaudación, sino mas bien empeorará.

El resultado será que la presión tributaria disminuirá, haciendo más difícil alcanzar metas en políticas sociales o cualquier otra política distributiva. El Perú necesita una presión tributaria de por lo menos 20% sobre el PBI, para convertirse en un país emergente es decir uno con mayores ingresos pero también con mayor equidad.

Por otro lado, una política auténticamente redistributiva, propia de gobiernos socialdemócratas, debería reducir los impuestos indirectos y aumentar los impuestos directos. No sólo para mantener el nivel del gasto sino para tener efectos redistributivos tanto por el lado de los impuestos, como por el lado del gasto público. Este no es el caso.

Finalmente, una medida de este calibre debería haber sido planteada durante el debate presupuestal el año pasado como una de las premisas del nuevo presupuesto del 2011.

Es obvio que se trata de una medida improvisada, poco técnica y contraproducente para la equidad y la gobernabilidad. La pregunta es ¿porqué la decide el gobierno a seis meses de salir? El Dr. García tiene la palabra.

Publicado en el suplemento D1 del diario El Comercio el 28-03-2011 Leer más »