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30/10/19: The Chilean Neoliberal Experiment in Question

THE CHILEAN NEOLIBERAL EXPERIMENT IN QUESTION: THINGS AND PEOPLE

Efraín Gonzales de Olarte[1]

The successive economic crises of the eighties of the last century, in Latin America, led to the application of the recipes of the “Washington Consensus (CW)”, collegiate opinion of multilateral organizations, renowned economists and the Department of the American Treasury of 1989. In essence, this consensus had three central points: the liberation of all the markets intervened or regulated by the states, the privatization and withdrawal of the state from productive activities, the promotion of free enterprise and private investment, which in its set and breadth generated the so-called economic neoliberalism or neoliberal model.

The set of ten recipes contained in the CW was applied in a varied way in almost all Latin American countries. The one that stood out for its early application and within a dictatorial government was Chile and, over time, the model was maintained even by the democratic governments that replaced Pinochetism, both right and left. Chile’s growth was paradigmatic and became the “model” to imitate, not only in macro-economic management, poverty reduction, but also in several of the institutional reforms: the pension system, labor market regulation, the quasi privatization of higher education, etc. The neoliberal model worked much better in Chile than in the other countries of Latin America. There was, however, a critical issue: the inequality of wealth and income, which over time increased. This issue seemed of less concern, since GDP per capita went from US $ 2,500 in 1990 to 22,000 in 2018, which covered the other results, the problem was that personal income did not grow as the product, today the average monthly income is of only 550 dollars. Additionally, social programs (education and health) did not help reduce human inequalities. Apparently the inequality thesis proposed by Thomas Piketty (El Capital in the 21st Century) was validated in Chile, that is, profits growth was greater than revenue growth.

Two weeks ago, it could be said that Chile, already considered a high-income country, had only the task of improving equity and social services for all Chileans.However, when the Santiago metro ticket was increased by 30 pesos (a few cents od dollar), nobody would think that a social revolt of dimensions and violence absolutely unknown in Latin America would be triggered.

How to explain that the exemplary country bursts like a social bomb and calls into question the most successful model and experience of neoliberalism? Trying to answer this question, I have some hypotheses to propose. The first is that growth is not the same as development, production in Chile grew steadily, its physical infrastructure improved, poverty was reduced, but the welfare of the Chileans of below did not improve as much as the welfare of the Chileans of Above, that is, it has not been an equitable growth, there was no development for all and the inequalities generate resentment and envy. The second is that the predominant Economic Science cares more about things than people, since the objectives of the policies are always: increase of the product (thing), improvement of competitiveness (lowering of things to sell), the increase of investment (new things), economic stability reflected in low inflation rates (that things don’t cost more) and etc. Growth is how to get more and more and cheaper things, the secondary thing is if these things are distributed with private criteria or with social criteria, and even more if these things are available to everyone, consequently, what happens with the People will be dependent on how things evolve and are handled. People were the adjusting variable of things, the world only seen from the top of the social pyramid. The third is that the excessive individualism promoted by neoliberal theses leads to the weakening of human relations and the reduction of the principles of coexistence: solidarity, empathy, charity, dignity and finally social justice. The latter has become functional to economic justice defined by the economic model predominant, which has certainly generated a crisis of moral values.

I think that this set of factors is at the origin of the indignation of Chileans that has led them to break good manners, but above all to show that democratic and institutional mechanisms are strongly weakened in their essential bases, as well as their ethical foundations. The way out of this crisis goes through the restitution of human values, the change of moral and democratic referents and to prefer people over things. That is, a whole review of the neoliberal model and in general of the idea of ​​development.

Lima, October 2019

[1] Professor of Economics, PUCP

30/10/19: LA CRISIS DEL NEOLIBERALISMO EN CHILE

EL EXPERIMENTO NEOLIBERAL CHILENO EN CUESTIÓN: LAS COSAS Y LAS PERSONAS

Efraín Gonzales de Olarte[1]

Las sucesivas crisis económicas de los años ochenta del siglo pasado, en América Latina, llevaron a la aplicación de las recetas del “Consenso de Washington (CW)”, opinión colegiada de organismos multilaterales, economistas de renombre y el Departamento del Tesoro americano de 1989. Este consenso tenía en esencia tres puntos centrales: la liberación de todos los mercados intervenidos o regulados por los estados, la privatización y el retiro del estado de las actividades productivas, la promoción de la libre empresa y de la inversión privada, que en su conjunto y amplitud generó el denominado neoliberalismo económico o modelo neoliberal.

El conjunto de diez recetas que contenía el CW fue aplicado de manera variada en casi todos los países de latino-américa. El que sobresalió por su aplicación temprana y dentro de un gobierno dictatorial fue Chile y, con el correr del tiempo, el modelo fue mantenido incluso por los gobiernos democráticos que reemplazaron al pinochetismo, tanto de derecha como de izquierda. El crecimiento de Chile fue paradigmático y se convirtió en el “modelo” a imitar, no sólo en el manejo macro económico, la reducción de la pobreza, sino también en varias de las reformas institucionales: el sistema de pensiones, la regulación del mercado laboral, la quasi privatización de la educación superior, etc. El modelo neoliberal funcionaba mucho mejor en Chile que en los otros países de América Latina. Hubo sin embargo, un tema crítico: la desigualdad de la riqueza y de los ingresos, que con el correr del tiempo se incrementó. Este tema parecía de menor preocupación, pues el PBI per cápita pasó de US$ 2,500 en 1990 a $22,000 en 2018, lo que cubría los otros resultados, el problema fue que los ingresos personales no crecieron como el producto, hoy el ingreso mensual promedio es de sólo 550 dólares. Adicionalmente, los programas sociales (educación y salud) no ayudaron a reducir las desigualdades del desarrollo humano. Al parecer en Chile se convalidó la tesis de desigualdad señalada por Thomas Piketty en su libro El Capital en el Siglo XXI, es decir, el crecimiento de las ganancias fue mayor que el crecimiento de los ingresos.

Se podría decir que a Chile, considerado ya un país de ingresos altos, sólo le quedaba como tarea mejorar la equidad, mejorar la política social y el acceso a oportunidades para todos los chilenos.

Sin embargo, cuando se aumentó 30 pesos (unos cuantos centavos de dólar) el boleto del metro de Santiago, nadie pensaría que se desencadenaría una revuelta social de dimensiones y violencia absolutamente desconocidas en América Latina. ¿Cómo explicar que el país ejemplar, reviente como una bomba social y ponga en cuestión el modelo y la experiencia más exitosa del neoliberalismo?

Tratando de responder a esta pregunta, tengo algunas hipótesis a proponer. La primera es que crecimiento no es lo mismo que desarrollo, la producción en Chile creció de manera sostenida, mejoró su infraestructura física, se redujo la pobreza, pero no mejoró el bienestar de los chilenos de abajo tanto como mejoró el bienestar de los chilenos de arriba, es decir no ha sido un crecimiento equitativo, no hubo desarrollo para todos y las desigualdades generan resentimiento y envidia. La segunda es que a la Ciencia Económica predominante le importa más las cosas que las personas, pues los objetivos de las políticas son siempre: incremento del producto (cosa), mejora de la competitividad (abaratamiento de las cosas para vender), el incremento de la inversión (cosas nuevas), estabilidad económica reflejada en bajas tasas de inflación (que las cosas no cuesten más) y etc. El crecimiento es cómo lograr tener cada vez más cosas y más baratas, lo secundario es si estas cosas se reparten con criterios privados o con criterios sociales, y aún más si estas cosas están al alcance de todos, en consecuencia, lo que pase con las personas estará en función de cómo evolucionan y se manejan las cosas. Las personas fueron la variable de ajuste de las cosas, el mundo sólo visto de lo alto de la pirámide social. La tercera es que el excesivo individualismo promovido por las tesis neoliberales lleva al debilitamiento de las relaciones humanas y a la reducción de los principios de la convivencia: la solidaridad, la empatía, la caridad, la dignidad y finalmente la justicia social. Esta última se ha hecho funcional a la justicia económica definida por el modelo económico predominante, lo que ciertamente ha generado una crisis de los valores morales.

Creo que este conjunto de factores están en el origen de la indignación de los chilenos, que los ha llevado a romper las buenas maneras, pero sobre todo a mostrar que los mecanismos democráticos e institucionales están fuertemente debilitados en sus bases esenciales, así como sus fundamentos éticos. La salida de esta crisis pasa por la restitución de los valores humanos, el cambio de los referentes morales y democráticos y por anteponer a las personas sobre las cosas. Es decir, toda una revisión del modelo neoliberal y en general de la idea del desarrollo.

Lima, octubre 219

 

[1] Departamento de Economía de la PUCP

11/10/19: CORRUPTION AND DISSOLUTION OF THE CONGRESS IN PERU

CORRUPTION AND DISSOLUTION OF THE CONGRESS OF PERU.
The bottom line
Efraín Gonzales de Olarte

On September 30, it will be remembered as the day on which the president of Peru Martín Vizcarra, interpreting the Constitution approved by the de facto government of Alberto Fujimori in 1993, dissolved the Congress of the Republic – dominated by a Fujimorist-Aprista majority – before the refusal of a trust issue he had presented. An act as bold as controversial. The decision has been supported by more than 80% of the population and the president’s popularity reached 79%. However, the former congressmen presume to ignore this measure, claiming that it was unconstitutional and that it was a coup d’etat.

The truth is that Peruvian constitutionalists and opinions in general are divided some – the majority – argue that the dissolution was constitutional and others that were not. Consequently, who could settle this interpretative controversy is the Constitutional Court (TC), responsible for ensuring the constitutionality of all public and private acts. The problem is that the TC is made up of some of the judges who openly support Fujimori as a result would not have the impartiality required in this case.However, the main issue, after all this political zafarrancho, is that President Vizcarra is committed to the fight against corruption, which in Peru has its own name: Oderbrecht, the Brazilian construction company that has operated since the beginning of this century in Peru and in other countries based on a systematic system of corruption of politicians and senior officials, to obtain bids for a large number of infrastructure works. However, the opposition to the Vizcarra government, led by fuji-aprismo, tries to get rid of its leaders and avoid justice, for which the best way was to vacate the president. It must be taken into account that the last four presidents are being investigated, prosecuted or escaped, in addition to several former authorities and senior ex-officials are also under investigation by the prosecution. Faced with these threats, Fuji-Aprismo opted to prevent the judiciary from being impartial by co-opting several judges and members, and ex-former Nation Prosecutor Pedro Chavarry was invited to influence the investigations of those accused of corruption of his friends and, as a last resort measure, they tried to choose new members of the TC to obtain rulings favorable to those investigated for corruption.

The crux of the dissolution of the congress is therefore an ethical and moral issue, which has divided Peru into two parts: On the one hand, those who in one way or another are involved in corruption, which includes Peruvian businessmen and not only to politicians, who are trying to flee from justice and those, such as President Vizcarra and a large part of citizenship, intellectuality, various media, who want the corrupt to be tried and sentenced and for Peru to recover ethics and morals and banish the corruption that Peruvian society is disintegrating. It is important to keep in mind that the process of fighting corruption is being carried out by a “special prosecutor” that has demonstrated not only moral integrity, adherence to the law, willingness to reach the culprits, but also a courage worthy of support, which It generates a founded hope to fight corruption.

Unfortunately, Peru has been included among the 50 most corrupt countries in the world, which is making us a “banana republic”, a country without a civilized future and delaying the possibilities of development. Hence the importance of the dissolution of the congress, because it amounts to dissolving a way of doing politics to favor particular interests stained by corruption.

The dissolution of the congress we hope will be the beginning of a new stage in a country whose economic stability is not consistent with its political and moral crisis. It is necessary to moralize politics and the State.


Lima, October 11, 2019

11/10/19: CORRUPCIÓN Y DISOLUCIÓN DEL CONGRESO EN EL PERÚ

CORRUPCIÓN Y DISOLUCIÓN DEL CONGRESO DEL PERÚ.

El fondo de la cuestión 

Efraín Gonzales de Olarte

El 30 de setiembre será recordado como el día en que el presidente del Perú Martín Vizcarra, interpretando la Constitución aprobada por el gobierno de facto de Alberto Fujimori en 1993, disolvió el Congreso de la República –dominado por una mayoría fujimorista-aprista-  ante la negativa de una cuestión de confianza que había presentado. Un acto tan audaz como controvertido. La decisión ha sido apoyada por más del 80% de la población y la popularidad del presidente llegó a 79%. Sin embargo, los ex- congresistas presumen desconocer dicha medida, aduciendo que fue inconstitucional y que fue un golpe de estado.

Lo cierto es que los constitucionalistas peruanos y las opiniones en general están divididos unos –la mayoría- sostienen que fue constitucional la disolución y otros que no. En consecuencia, quien podría dirimir esta controversia interpretativa es el Tribunal Constitucional (TC), encargado de velar la constitucionalidad de todos los actos públicos y privados. El problema es que el TC está compuesto por algunos de los jueces que abiertamente apoyan al fujimorismo en consecuencia no tendría la imparcialidad que se requiere en este caso.

Sin embargo, el tema de fondo, tras de todo este zafarrancho político, es que el presidente Vizcarra está empeñado en la lucha contra la corrupción, que en el Perú tiene nombre propio: Oderbrecht, la compañía brasileña constructora que desde inicios de este siglo operó en el Perú y en otros países en base a un sistemático sistema de corrupción de políticos y altos funcionarios, para obtener las licitaciones de una gran cantidad de obras de infraestructura. Sin embargo, la oposición al gobierno de Vizcarra, encabezada por el fuji-aprismo, trata de apañar a sus dirigentes y eludir la justicia, para lo cual el mejor camino era vacar al presidente. Hay que tomar en cuenta que los cuatro últimos presidentes están siendo investigados, procesados o fugados, además de varios ex autoridades y altos ex -funcionarios también están en investigación por la fiscalía. Ante tales amenazas, el fuji-aprismo optó por  impedir que el poder judicial sea imparcial cooptando a varios jueces y vocales, blindó al Ex Fiscal de la Nación Pedro Chavarry para que influya en las investigaciones a los acusados de corrupción amigos suyo y, como última medida, trataron de elegir nuevos miembros del TC para obtener fallos favorable a los investigados por corrupción.

El meollo de la disolución del congreso es, pues, un asunto ético y moral, que ha dividido al Perú en dos partes: De un lado, aquellos que de una u otra manera están involucrados en la corrupción, que incluye a empresarios peruanos y no sólo a políticos, que están tratando de huir de la justicia y aquellos, como el presidente Vizcarra y una gran parte de la ciudadanía, la intelectualidad, varios medios de comunicación, que quisieran que los corruptos sean juzgados y sentenciados y que el Perú recupere la ética y la moral y destierre la corrupción que está desintegrando la sociedad peruana. Es importante tener en cuenta que el proceso de lucha contra la corrupción está siendo llevada por una “fiscalía especial” que ha demostrado no sólo entereza moral, apego al derecho, voluntad de llegar a los culpables, pero también una valentía digna de apoyo, que genera una esperanza fundada de lucha contra la corrupción.

Lamentablemente, el Perú ha sido incluido entre los 50 países más corruptos del mundo, lo que nos está convirtiendo en una “republiqueta bananera”, en un país sin futuro civilizado y atrasando las posibilidades de un desarrollo. De ahí la importancia de la disolución del congreso, pues equivale a disolver una forma de hacer política para favorecer intereses particulares manchados por la corrupción.

La disolución del congreso esperamos que sea el inicio de una nueva etapa en un país cuya estabilidad económica no se condice con su crisis política y moral. Es necesario moralizar la política y el Estado.

Lima, 11 de octubre 2019

23/09/19: CHINA: GROWTH AND INEQUALITY

SOCIALISM, CAPITALISM AND INEQUALITY IN CHINA
                             Efraín Gonzales de Olarte
Pontifical Catholic University of Peru

China is characterized by being a country with two systems (socialist and capitalist) that coexist in a subordinate manner. However, since Deng Xiaoping initiated the reforms 40 years ago, it has had impressive economic growth, so much so that today it is the second world economic power. Its per capita income has increased from 120 euros in 1978 to 1000 euros in 2015, however inequality has increased almost as in the more developed capitalist countries. These data are from the famous French economist Thomas Piketty, who studies the relationships between growth, accumulation and inequality, who has just published an interesting article in the American Economic Review, according to which China at the same time as the average income per person has increased and poverty reduced, inequality has also increased. The income of the richest 10% of the population increased from 27% of total income in 1978 to 41% in 2015 and the poorest 50% fell from 27% to 15% in the same period. This means that egalitarian and equalizing socialism enters into contradiction, with capitalism as an inequitable and unequal essence.

In the 70s of last century inequality in China was very close to the very egalitarian Nordic countries, today it is very close to the United States very unequal. At the same time, poverty has decreased on average, although much of China is still poorer than the average of Latin American countries. But we must not forget that this economic dynamic occurs in a country with 1,300 million inhabitants, whose 10% population is equivalent to 130 million Chinese who have income from Western levels, in fact in 2018 the number of Chinese billionaires was of 476 versus 585 of the United States.

The Chinese economic model is based on the assumption that the capitalist sector is a function of the Chinese socialist project, consequently it could be inferred that the taxes collected from capitalist activities would be used for investment and spending projects favorable to the Chinese majorities. Consequently, the more capitalist accumulation, the greater the socialist future and the greater redistribution. This sounds interesting and even innovative as a capitalist way to reach socialism, although a special system that does not incorporate democratic institutions in making investment or redistribution decisions.

This from the perspective of the theoretical-political model, but on the other hand we could assume that Chinese capitalism has and will have the same tendency of any of our capitalist countries, that is to say that by the law of capital accumulation it will generate greater inequality whenever there is a sustained growth, as has happened in Peru in the last fifteen years.
However, I believe that in the Chinese case, other variables must be incorporated to try to understand their model of society and economy. The fact that it is the most populous country in the world gives some advantages to its proposal: the first is that its possibilities of growth depending on its internal market are very large, given that only 20% of the population is on the developed side and there is 80% (one billion Chinese) as a future potential market, the second is that with the level of wealth, wealth and income achieved, it is emerging as the world’s first economic power in some years, which makes it an actor worldwide in pursuit of uncontested leadership, the third is that economies of scale are indispensable for its internal growth, which gives it an additional advantage relative to other developed countries.

However, not everything is rosy. The Chinese are aware that the industrialist model that has made them grow at very high rates already has several limitations, because to continue growing at rates lower than their historical rates, even 6%, they require more energy sources, more raw materials, more qualified professionals and technicians and, above all, to have global primacy requires leading the development of science and technology, without which it must be difficult to move from growth based on industrialization to growth based on knowledge management and human capital. This is a big problem for Chinese aspirations. Additionally, they have in their liabilities to be one of the most polluting countries in the environment, which is forcing them to increase clean energy.

It is clear that the accelerated development of Chinese capitalism is a geopolitical necessity of a country and a government with hegemonistic aspirations, and the existing inequalities allow to legitimize the Chinese government with its redistributionist policies, that is to say inequalities are functional to the political project, after the Deng Xiaoping reforms. What is yet to be clarified is whether socialism will really subordinate its capitalist development or if the latter will generate a socio-economic dynamic that will drive changes in Chinese politics. Time will tell. What seems to be a threatening reality is that, being a very large and modern country, it will become the next imperialism.

Sep. 25.2019

 

23/09/19: CHINA: CRECIMIENTO Y DESIGUALDAD

SOCIALISMO, CAPITALISMO Y DESIGUALDAD EN CHINA

Efraín Gonzales de Olarte

Pontificia Universidad Católica del Perú

La China se caracteriza por ser un país con dos sistemas (socialista y capitalista) que coexisten de manera subordinada. Sin embargo, desde que Deng Xiaoping iniciara las reformas, hace 40 años, ha tenido un crecimiento económico impresionante, tanto así que hoy es la segunda potencia económica mundial. Su ingreso per cápita ha pasado de 120 euros en 1978  a  1000 euros en 2015, sin embargo la desigualdad se ha incrementado casi como en los países capitalistas más desarrollados.  Estos datos son del famoso economista francés Thomas Piketty, que estudia las relaciones entre crecimiento, acumulación y desigualdad, quien acaba de publicar un interesante artículo en la American Economic Review, según el cual la China al mismo tiempo que el promedio del ingreso por persona ha aumentado y ha reducido la pobreza, la desigualdad también se ha incrementado. El ingreso del 10% más rico de la población pasó de 27% del total del ingreso en 1978 a 41% en 2015 y el 50% más pobre cayó de 27% a 15% en el mismo período. Esto hace que entre en contradicción el socialismo igualitario e igualador, con el capitalismo por esencia inequitativo y des igualador.

En los años 70 del siglo pasado la desigualdad en China estaba muy cerca de los países nórdicos muy igualitarios, hoy está muy cerca de Estados Unidos muy desigual. Paralelamente, la pobreza ha disminuido en promedio, aunque gran parte de la China aún sigue siendo más pobre que el promedio de los países latinoamericanos. Pero no hay que olvidar que esta dinámica económica se da en un país con 1,300 millones de habitantes, cuyo 10% de población equivale a 130 millones de chinos que tienen ingresos de niveles occidentales, de hecho en 2018 el número de mil-millonarios chinos era de 476 versus 585 de Estados Unidos.

El modelo económico chino parte del supuesto que el sector capitalista está en función del proyecto socialista chino, en consecuencia se podría inferir que los impuestos recaudados de las actividades capitalistas servirían para los proyectos de inversión y de gasto favorable a las mayorías chinas. En consecuencia, cuánto más acumulación capitalista mayor futuro socialista y mayor redistribución. Esto suena interesante y hasta innovador como vía capitalista para llegar al socialismo, aunque un sistema especial que no incorpora instituciones democráticas en la toma de decisiones de inversión o de redistribución.

Esto desde la perspectiva del modelo teórico-político, pero de otro lado podríamos asumir que el capitalismo chino tiene y tendrá la misma tendencia de cualquiera de nuestros países capitalistas, es decir que por la ley de acumulación del capital generará mayor desigualdad cada vez que haya un crecimiento sostenido, tal como ha sucedido en el Perú en las últimos quince años.

Sin embargo, creo que en el caso chino hay que incorporar otras variables para tratar de entender su modelo de sociedad y de economía. El hecho de ser el país más poblado del mundo le da algunas ventajas a su propuesta: la primera, es que sus posibilidades de crecimiento en función de su mercado interno son muy grandes, dado que sólo un 20% de la población está del lado desarrollado y hay un 80% (mil millones de chinos) como futuro mercado potencial, la segunda, es que con el nivel de riqueza, patrimonio e ingreso logrados se perfila como la primera potencia económica del mundo en algunos años, lo que lo hace un actor mundial en pos de un liderazgo incontestado, la tercera es que las economías de escala son indispensables para su crecimiento interno, lo que le da una ventaja adicional relativa con el resto de países desarrollados.

Sin embargo, no todo es color de rosa. Los chinos están conscientes que el modelo industrialista que los ha hecho crecer a altísimas tasas ya tiene varias limitaciones, pues para seguir creciendo a tasas menores a sus históricas , incluso de 6%, requieren de mayores fuentes energéticas, de más materias primas, de más profesionales y técnicos calificados y, sobre todo, para tener primacía mundial requiere de liderar el desarrollo de la ciencia y la tecnología, sin las cuales ha de ser difícil pasar del crecimiento basado en la industrialización al crecimiento basado en el manejo del conocimiento y en el capital humano. Este es un gran problema para las aspiraciones chinas. Adicionalmente, tienen en su pasivo ser uno de los países más contaminadores del medio ambiente, lo cual los está obligando a incrementar las energías limpias.

Es claro que el desarrollo acelerado del capitalismo chino  es una necesidad geopolítica de un país y un gobierno con aspiraciones hegemonistas, y las desigualdades existentes permiten legitimar al gobierno chino con sus políticas redistribucionistas, es decir las desigualdades son funcionales al proyecto político, tras de las reformas de Deng Xiaoping. Lo que está por ser aclarado es si realmente el socialismo subordinará a su desarrollo capitalista o si este último generará una dinámica socio económica que impulsará cambios en la política china. El tiempo lo dirá. Lo que parece ser una realidad amenazante es que, siendo un país muy grande y moderno lo convertirá en el próximo imperialismo.

Set.25.2019

15/08/19: CRISIS POLÍTICA Y CICLO ECONOMICO: El divorcio entre economía y política

¿ES VERDAD QUE LA CRISIS POLÍTICA VA A LLEVAR A UNA RECESIÓN ECONÓMICA?
Efraín Gonzales de Olarte
Pontificia Universidad Católica del Perú

La respuesta es no. Quienes sostienen que la crisis política provocada por el enfrentamiento entre el ejecutivo y el congreso ha de generar una recesión económica, están equivocados, no conocen cómo ha estado funcionando la economía y la política peruana en los últimos 20 años.
Uno de los resultados del denominado ajuste neoliberal llevado a cabo en los años noventa del siglo pasado ha sido que la macroeconomía se ha divorciado de la política, entre otras razones porque la inflación se ha mantenido baja, el déficit fiscal controlado y el BCRP no financia al gobierno. Es decir, que fenómenos políticos importantes, por ejemplo, un cambio de gabinete ministerial o una atomización del congreso no afectan las tendencias económicas, pues éstas dependen de otros factores.

Expliquemos. Por un lado, la economía peruana depende en mucho de los precios internacionales de los minerales que afectan las exportaciones y de los precios del petróleo y del tipo de cambio que afectan las importaciones. Cuando hay variaciones en estos precios la economía peruana crece o decrece, pase lo que pase con el congreso o con la política. Pero también depende de la producción de otros sectores como la construcción, la industria y los servicios. Estos sectores tampoco dependen de las tensiones políticas.

Por otro lado, el gasto estatal, corriente y de inversión, influye en la producción y en el empleo, es decir, que si el estado –en sus tres niveles de gobierno- gasta e invierte la economía va a tener tasas de crecimiento positivas, pero si, como es el caso actual, los gobiernos no pueden invertir por falta de capacidades técnicas o por miedo a incurrir en corrupción entonces el crecimiento económico de corto plazo será menor. Además, el gobierno tiene otra manera de influir en la demanda, es a través del aumento o disminución de la tasa de interés, cuando se la sube la demanda se retrae y viceversa. Hasta ahora el BCRP ha mantenido una política conservadora al respecto y basa sus decisiones en la “meta inflación” que se fija cada año. Es decir, por este lado no hay forma de dar malas señales.

Los cientos de miles de productores, de todo tamaño, lo último que harían es disminuir su producción a menos que la demanda baje, las empresas tratarán de seguir con sus actividades pues necesitan obtener ganancias, que es la razón de su existencia. Por ello, el problema del enfrentamiento entre el Congreso nacional y el Presidente Vizcarra no tiene por qué afectar estos procesos, no conviene a sus intereses. Estos productores si pueden ser afectados por la toma de carreteras, huelgas en ciudades o distrito y por la violencia que podría generarse.
También se ha señalado que la inversión privada va a disminuir por que la situación actual genera expectativas confusas para los inversionistas. La verdad mientras que el Banco Central mantenga una política monetaria sensata, como lo ha hecho en los últimos quince años y mantenga un tipo de cambio estable la inversión no tendría por qué afectarse, a menos que vengan señales desde el exterior (guerra comercial y enfrentamiento entre Estados Unidos y China, con la consecuencia caída de precios de los minerales) que, en efecto, están afectando la demanda por materias primas o que la FED de Estados Unidos varíe la tasa de interés.

En realidad el tema central del enfrentamiento es la lucha contra la corrupción, que el gobierno del Ing. Vizcarra ha impulsado decididamente y el congreso no sólo no ha acompañado, sino que con sus blindajes dan señales que van en contra de esta lucha. En consecuencia, los inversionistas estarían esperando que este proceso siga y se terminen los juicios contra los corruptos, de tal manera que haya señales que para invertir no será necesario “coimear” para que avancen los procesos de gran inversión.
En consecuencia, la madre del cordero es que con este gobierno y con este congreso no hay entendimiento y, menos, posibilidades de sanear todos los mecanismos que llevan a la corrupción y que, en parte, pasan por la serie de reformas políticas propuestas por el gobierno, sobre cuya base se podría seguir con otras reformas institucionales que podrían mejorar la percepción que tiene la población sobre la economía y la política. Pero esto parece que no ha de suceder. Así que la dinámica económica dependerá básicamente de lo que hagan los sectores no mineros y del gobierno.
Lima, agosto 2019

18/07/19: El legado de Julio Cotler para el Perú

EL LEGADO DE JULIO COTLER
Efraín Gonzales de Olarte
Pontificia Universidad Católica del Perú

La partida de Julio Cotler deja un gran vacío para la comprensión de nuestro país. Julio nos decía, a menudo, ¿por qué? la gente al referirse al Perú habla de “este país” y no de “nuestro país”, para él era la prueba de la escasa identidad nacional y, por cierto, de la falta de integración social. Por momentos, el Perú luce como un país dual (moderno vs tradicional), otras veces fragmentado y sólo pocas veces como una nación. Estas percepciones generan desencuentros y no ayudan a convertir este país en nuestro país.
De esta pregunta se desprende una de mayor calibre ¿por qué? no hemos logrado construir una nación, una sociedad integrada durante los doscientos años de república. Es decir, porque no hemos construido lazos que nos unan y porque no se ha logrado superar las brechas que nos separan.
Las causas son varias y Julio planteó las principales. La primera: la herencia colonial, es decir el legado cultural de trescientos años de colonización, que nos hacen sentir que nos gobiernan terceros y que el Estado es de ellos y no nuestro. El principal efecto de esta herencia ha sido la persistencia de una jerarquía social y étnica, que aún organiza al Perú. Su origen estuvo en la “mecánica de la dominación interna”, basada en el “triángulo sin base”, es decir, las relaciones de poder se establecían de arriba hacia abajo y se impedía que se relacionaran los de abajo. Esto ha producido una sociedad estamental, jerárquica y rentista. Una buena ilustración actual es que para resolver los problemas de Tia María o las Bambas se pide la presencia del Presidente o del Ministro, los gobiernos locales y regionales no han logrado generar relaciones horizontales, pese al proceso de descentralización que les da poder. La herencia colonial pareciera seguir vigente.

La segunda, que en realidad se desprende de lo anterior es la desigualdad socio-económica que generar distancias económicas, sociales y culturales. Para entender este tema Julio convenció a José Matos Mar de conformar un área de estudios económicos en el IEP. El estaba convencido que los cambios en la propiedad, el desarrollo de los mercados y la transformación del estado, es decir los cambios económicos llevarían a cambios institucionales que permitirían, en el largo plazo, la integración económica de las personas, el desarrollo del capitalismo y la superación del estado colonial. Por cierto, parte de esta herencia ha tenido como característica central que la renta proveniente de la explotación de los recursos naturales fue el eje del funcionamiento de la economía colonial, casi como ahora. El principal rasgo de una economía rentista es que sus niveles dependen de la propiedad de los recursos naturales, tierra, mina, mar o gas (renta absoluta) y de la calidad de los mismos (renta diferencial). De alguna manera es un tipo de ingreso precapitalista.
Por otro lado, la economía de renta, genera el “rentismo”, es decir, la cultura de recibir beneficios más o menos ciertos, basados en la propiedad y en el poder de manejar los recursos de manera privada, con poca relación con la productividad del trabajo. El tema importante es que un estado sostenido por impuesto a la renta de recursos naturales es muy dependiente de los precios oscilantes de los minerales, lo productos agrícolas, el gas, etc., tiende a ser inestable, con todas las repercusiones sobre los ciclos políticos. Creo que Julio había intuido la naturaleza inestable de un estado derivado de la herencia colonial y asentado en la renta como base de su funcionamiento económico. De lo cual se podría inferir su naturaleza inestable y, como consecuencia, de las posibilidades de generar movimientos pendulares en la economía y la sociedad.
La tercera, es el papel del estado peruano, que para Julio era el que “creaba” la sociedad y probablemente esta sería la principal herencia institucional colonial. Su idea era que las decisiones más importantes de transformación de la sociedad, no eran procesadas desde abajo, sino desde arriba, desde el gobierno de turno. Así las reformas velasquistas de corte estatista, como las reformas neoliberales se hicieron desde el estado. No fueron procesadas desde abajo por los partidos políticos, los gremios o cualquier otra forma de organización colectiva de base.

De ahí la gran importancia de su libro “Clase, Estado y Nación”, en el que trata de explicar la forma y los procesos del poder político y la travesía de más de un siglo sin llegar a conformar un estado moderno. El haber planteado esta compleja conexión de temas para explicar que es el Perú en los últimos 100 años, es la gran contribución de Julio Cotler. Es al mismo tiempo una agenda de trabajo, por un lado, una agenda de investigación a continuar y, por otro, una agenda de acción para orientar la política en el Perú.

Día a día constatamos que no podrá haber progreso en el Perú hacia una sociedad más equitativa, si el estado no evoluciona de un estado rentista a uno moderno basado en relaciones más horizontales, en las que la participación de la sociedad no sea canalizada institucionalmente y sin corrupción.
Los países se construyen sobre los hombros de grandes pensadores, Julio Cotler es uno de ellos, tratemos de aquilatar sus aportes en pro de un mejor estado y un país que sea el nuestro.

Lima, julio2019

31/01/19: EDUCACIÓN SUPERIOR, INTERDISCIPLINARIEDAD E INFOTECNOLOGÍAS

Educación superior e interdisciplinariedad: la necesidad de un cambio de paradigma 

Efraín Gonzales de Olarte[1]

Introducción

Quisiera compartir un conjunto de reflexiones y preocupaciones sobre el tema de la interdisciplinariedad y presentar algunas de las experiencias que estamos impulsando desde la PUCP; reflexiones de si bien tienen algunos años, aún están en proceso de definición.

Podríamos decir, en el sentido de Thomas Kuhn, que la interdisciplinariedad, hoy en día, está surgiendo y desarrollándose como un “nuevo paradigma”: se está constituyendo una comunidad que comparte, teorías, metodologías, y también acción colectiva. En la medida que se consolide, podría configurarse como un nuevo paradigma desde el cual mirar el mundo.

Desde el trívium y el quadrivium griegos, hemos tratado de conocer el mundo y a nosotros mismos, teniendo como eje una visión disciplinaria, proveniente del siglo de la ilustración, con cada vez mayor especialización (algunas fuentes estadísticas han llegado a contabilizar cerca de 1200 disciplinas que se imparten en las universidades del mundo). Y si bien los académicos de diferentes disciplinas conversan y dialogan para enfrentar algunos problemas comunes, el diálogo se hace sobre la base de la afirmación de cada uno en su propia disciplina y la parcela de conocimientos especializado que domina; esto tiene la ventaja que da seguridad al especialista, pero tiene la desventaja que sólo se ven los problemas desde un solo ángulo.

El hecho de que el mundo de hoy requiere afrontar problemas complejos y multidimensionales está exigiendo nuevos enfoques, nuevos paradigmas que permitan articular las diferentes miradas para entenderlos y poder actuar sobre ellos. Hoy es necesario articular e integrar lo avanzado en el campo tecnológico y científico, y también en el campo social e institucional.

En esta perspectiva, las universidades tenemos el gran desafío de impulsar la interdisciplinariedad en las investigaciones y de ver cómo llevar esta experiencia al campo de la formación.

Por el momento, aún tenemos más preguntas que respuestas, por tanto, el reto es hacer camino al andar, y este Congreso es un momento importante para ello. 

¿Cómo transitar de un paradigma disciplinario a uno inter o transdisciplinario?

Tenemos como sociedad problemas como los efectos del cambio climático, el desarrollo humano, superar las condiciones de pobreza de un porcentaje importante de la población, la institucionalidad política para que garantice una gobernanza en beneficio del bien común, la corrupción, la globalización, el crecimiento demográfico, las migraciones,… todos ellos son problemas complejos, multidimensionales y multinacionales, todos interrelacionados y todos son urgentes.

El reto es cómo afrontamos estos problemas desde la universidad: en sus facetas de espacios de formación, de investigación y también de proyección, partiendo del hecho que desde sus inicios las universidades, hace mil años,  han sido y siguen siendo espacios disciplinarios es su forma de ser.

Un primer paso es la promoción y desarrollo de investigaciones interdisciplinarias para que de allí surja el conocimiento que haya que llevar a la enseñanza.

Pero ¿qué entendemos por “interdisciplinar”? hay muchas definiciones y no hay consenso, por ello propongo la siguiente definición como hipótesis de trabajo:

  • La interdisciplinariedad es un enfoque y un proceso pedagógico e investigativo, que relaciona distintas disciplinas, a través del diálogo abierto, que superen las visiones unidisciplinarias para integrarse en un nuevo conocimiento distinto y más rico que la suma de las partes.

Remarco en ella el concepto de “proceso” utilizado por Kuhn; la necesidad de un diálogo científico abierto, diálogo que permita crear nuevo conocimiento (distinto al conocimiento multidisciplinario que es el producto de la suma de las partes); conocimientos que nos ayuden a entender procesos naturales y sociales complejos e interactivos. Y que tenga un profundo sentido ético, porque lo que está en juego es el desarrollo humano sostenible, con dignidad para todos.

Para este propósito hay varios escollos a vencer:

  • ¿Cómo integramos las disciplinas? ¿Qué metodologías utilizamos? Quizá un camino es ir definiendo cuáles son los temas sobre los cuales distintas disciplinas deben sentarse a dialogar y a conversas; definir con claridad los objetivos de esta conversación.
  • Hay que trabajar más sobre la epistemología de la interdisciplinariedad, que es distinta a la epistemología que tiene cada ciencia, cada arte.
  • Cómo avanzar con la construcción de un conocimiento interrelacionado, interactivo e interpersonal, que evite los egos y celos personales. Construir una inteligencia colectiva integrada, es el primer objetivo académico de la interdisciplinariedad
  • El ir de la tradicional división del objeto de estudio por disciplinas, a la integración de disciplinas para estudiarlo en su totalidad implica avanzar en generar un lenguaje común.
  • Cómo generar algoritmos interdisciplinarios: procedimientos y reglas que nos permitan entender e identificar lo interdisciplinar
  • Cómo pasar de la soberbia disciplinaria a la humildad interdisciplinaria
  • La interdisciplinariedad requiere de competencias adicionales: aprendizaje autónomo, comunicación y lenguaje común, trabajo en equipo, uso creativo de las TICs, entre otros.

Interdisciplinariedad en la formación: los progresos de la PUCP

En nuestra experiencia, los primeros pasos se dieron con la creación de maestrías interdisciplinarias (por ejemplo: Desarrollo humano, Biocomercio); luego se ha avanzado a crear carreras interdisciplinarias (Ingeniería Mecatrónica, Ingeniería Biomédica, Relaciones Internacionales, Ingeniería Ambiental), y más recientemente hemos creado la Facultad de Estudios Interdisciplinarios, Facultad que hoy alberga la carrera de Gastronomía y que debe ser el espacio para generar nuevas carreras interdisciplinarias y se constituye en primer eje de este nuevo paradigma.

En todo este proceso, y también al interior de diversas carreras hay un esfuerzo progresivo por flexibilizar las mallas curriculares, para lograr mayores diálogos entre disciplinas en provecho de una formación más amplia de nuestros estudiantes.

Cabe resaltar que el proceso de creación de la Facultad de Estudios interdisciplinarios implica y nos plantea el desafío de:

  • Aprender a pensar y enseñar de otra manera; aprender haciendo e investigando.
  • Dar una formación interdisciplinaria con la misma duración de una carrera disciplinaria o multidisciplinaria (10 ciclos), implica el arte de escoger las materias más relevantes para la nueva formación.
  • Convertir profesores disciplinarios en profesores interdisciplinarios a través de la interacción y de la investigación compartida.
  • Encontrar espacios para discutir y resolver problemas epistemológicos del nuevo paradigma.
  • Definir un perfil de egresado con un bagaje académico y científico combinado con competencias profesionales, capaz de afronta de manera flexible diversos problemas complejos
  • Integrar las disciplinas, los departamentos y las facultades, lo cual cambiará la universidad misma.

 Reflexiones finales

Creo que estamos en medio de la construcción de un nuevo paradigma que, desde algunas disciplinas, acepta la necesidad de conversar e integrarse con otras, en función de problemas dimensiones múltiples y cambiantes, cuyo entendimiento y remediación son una necesidad para el desarrollo humano sostenible. Para que este paradigma se desarrolle tenemos el desafío de crear pensamientos y cursos interdisciplinarios, crear una comunidad que promueva esta visión y generar un pensamiento doctrinario común, que motive a las nuevas generaciones.

Sin embargo, habrá que convencer al enfoque disciplinario que el interdisciplinario no lo va reemplazar sino revolucionar y enriquecer. No sería posible la interdisciplinariedad si no tenemos solidez en las distintas disciplinas, las cuales deben seguir avanzando en dos rutas, profundizando sus propios temas, pero al mismo tiempo conversando e integrándose a temas multidimensionales.

Las universidades no sólo estamos obligadas a promover la formación e investigación compleja (multi, inter y trans disciplinar) por nuestra propia esencia de comunidades académicas, sino y sobre todo, porque hay un imperativo ético y moral para hacerlo, es decir, debemos contribuir al Bien Común futuro y este es multidimensional.

Finalmente, creo que el contexto tecnológico y científico se ha hecho muy propicio para acometer problema de alta complejidad. Ahora contamos con la inteligencia artificial, Big Data, el aprendizaje profundo, la internet de las cosas, y estoy seguro vendrán más innovaciones en la info-tecnología, que creo van a facilitar la investigación y formación interdisciplinaria. Un nuevo paradigma se vislumbra en el horizonte.

[1] Vicerrector Académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú y Profesor de Economía

17/10/18: CRISIS MORAL Y DESARROLLO EN EL PERÚ

¿UN PAÍS CON UNA GRAN CRISIS MORAL Y ÉTICA PUEDE ASPIRAR AL DESARROLLO?

Efraín Gonzales de Olarte

Los hechos denunciados en el Poder Judicial peruano han dado suficientes pruebas de un fenómeno casi generalizado en toda la administración pública: la corrupción. En el gobierno central tenemos cuatro ex presidentes con juicios por presunta corrupción, hay varios gobernadores regionales en la cárcel o con juicios por uso indebido de los fondos públicos, igualmente decenas de alcaldes, es decir es casi una bacteria que ha estado infectando la administración pública y, obviamente, ha contaminado  a la sociedad que, para recibir servicios del estado, se confronta a funcionarios cuya moral pública y personal va en contra de los principios éticos sobre los cuales se fundan la Constitución, las leyes, el Estado peruano y la educación cívica de las personas.

Obviamente, la pregunta que se plantea es: ¿Qué ha sucedido en el Perú, que tanto el estado como la sociedad han pasado a una situación de transgresión ética corrosiva, generando una crisis moral que está cambiado los resultados de las relaciones sociales y, sobre todo, está alterando los códigos de conducta social?

Para tratar de responder esta difícil pregunta es necesario recordar los recientes orígenes de la corrupción. Si bien este fenómeno tiene una larga historia, analizada por Alfonso Quiroz, este nuevo ciclo de corrupción comenzó el año 1990, cuando el Perú estuvo a punto de colapsar cuando, durante el gobierno de Alan García, se combinaron tres crisis: la hiperinflación y la incapacidad de pago de la deuda peruana, la crisis política y el debilitamiento de los partidos políticos y la guerra terrorista interna desatada por Sendero Luminoso y el MRTA. De dicha crisis se salió, gracias al apoyo internacional, a la aplicación de las reformas propuestas por el Consenso de Washington y al sufrimiento del pueblo peruano.

Es importante señalar que los ajustes económicos efectuados coincidieron con un ciclo económico internacional muy favorable, lo que permitió superar la crisis financiera, pero sobre todo, las reformas neoliberales -que promovieron las privatizaciones de las empresas públicas- comenzaron a atraer los capitales del exterior y, el gobierno, tuvo ingresos extraordinarios por las privatizaciones. Dichos recursos  fueron utilizados, en parte, para financiar distintos programas de pobreza, pero una buena parte fue utilizada de manera “poco santa” por el gobierno fujimorista y su principal asesor Vladimiro Montesinos. Los peruanos vimos cómo dicho asesor comenzó a sobornar a congresistas para que pasen a las filas oficialistas, pagar sueldos extraordinarios a funcionarios del estado por fuera de la administración normal, etc. Es decir, un primer componente para que haya corrupción ha sido la bonanza de las finanzas del estado.

Un segundo componente fue el carácter quasi dictatorial del gobierno, que no era fiscalizado por ningún otro poder del estado, lo que permitió un desarrollo de la corrupción sobre todo en la cúpula gubernamental y en las autoridades que se supone debían fiscalizar al gobierno, el congreso, la contraloría, el ministerio público, estuvieron no sólo cooptados por el ejecutivo sino sumisos a él.

Bajo estas circunstancias las principales instituciones del estado se debilitaron, debido al asedio interno, pero sobre todo asistimos a una declinación alarmante del respeto por las normas éticas y, consecuentemente, la conducta moral de gobernantes y funcionarios se contagiaron al punto de generar una de las peores crisis éticas de los últimos tiempos en el Perú. La crisis ética originada en negocios turbios hechos desde el gobierno, ha sido probablemente el peor resultado de un ajuste neoliberal combinado con una pseudo democracia y una total ausencia de equilibrio de poderes (checks and balances) en el estado peruano. Esta primera etapa concluyó con la renuncia intempestiva del Ing. Fujimori en el extranjero, ante la amenaza de juicios y probable vacancia de su presidencia. La mayor felonía del asesor Montesinos es que había expatriado fondos estatales abriendo cuentas bancarias personales millonarias tanto en Suiza como en Luxemburgo. Hoy sigue en prisión este asesor y el ex presidente fue juzgado y puesto en prisión por temas de derechos humanos, pero no por temas de corrupción.

Luego del impecable gobierno de transición presidido por el Dr. Valentín Paniagua, las elecciones del 2001 favorecieron al Dr. Alejandro Toledo, quien tuvo la suerte de entrar al gobierno durante la fase más expansiva del ciclo económico internacional, lo que obviamente hizo que las finanzas del estado se recuperan después de los últimos años malos del gobierno anterior. Nuevamente, las finanzas del estado florecieron y el gobierno central, los gobiernos regionales (creados por este gobierno) y las municipalidades volvieron a tener ingresos extraordinarios, en consecuencia, el primer requisito para la corrupción –recursos fiscales extraordinarios – estaba dado.

Pero ya habíamos heredado la crisis moral bajo la forma de una cultura proclive a la corrupción, a la impunidad y a aprovecharse del estado. Es sobre esta base que empieza una nueva fase.

La principal puerta para la corrupción de esta nueva etapa fue las múltiples obras de infraestructura que emprendieron los tres niveles de gobierno. Pero la mayor parte de estas inversiones se hicieron desde el gobierno central y aparecieron en el escenario las empresas brasileñas, encabezadas por Oderbrecht, que generaron un modelo de corrupción en los niveles donde se tomaban las decisiones de inversión, generando así un protocolo de corrupción organizado a nivel internacional. El resto de la historia es conocida. Obviamente, la capacidad de fiscalización de las instituciones que deberían haberlo hecho –contraloría, poder judicial, el ministerio público- simplemente no existió y, en muchos casos, contribuyó a formalizar las coimas y demás pagos ilegales e inmorales.

El problema es que, actualmente, el Perú se encuentra en una encrucijada que podría ayudar a resolver el problema, si los que participan en las reformas propuestas por el gobierno del presidente Martín Vizcarra no tuvieran intereses particulares que defender frente a la justicia y, aún peor, si no tuvieran la ambición de llegar al gobierno para que las cosas sigan como están y se siga medrando del estado, aunque probablemente con otros métodos.

Mi conclusión es bastante pesimista, pues las bacterias de la corrupción han permeado a casi toda la “clase política” y se ha convertido en una especie de “modos vivendi” que es difícil extirpar sin un liderazgo fuerte, un apoyo decidido de la población, una recomposición política y una participación de la intelligentzia mucho menos temerosa y más activa. Un país sin reservas morales es un país sin futuro. Necesitamos de un rearme moral.

Lima, octubre 2018