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28/07/26: El futuro del empleo juvenil y la inteligencia artificial

El futuro del empleo juvenil y la inteligencia artificial

Efraín Gonzales de Olarte

Existe ya un consenso que la inteligencia artificial (IA) está teniendo efectos contradictorios sobre el empleo. Pero lo más preocupante es cuál será su efecto sobre el empleo juvenil, de aquí en adelante. La IA no sólo cambiará el nivel y la estructura del empleo, sino también modificará la relación entre la educación, el trabajo, la productividad, lo que tendrán efectos sobre el desarrollo económico y humano. Su efecto será especialmente profundo para los jóvenes, por que serán quienes deberán incorporar nuevas habilidades y destrezas cuando incursionen en los mercados de trabajo.

Históricamente, todas las revoluciones industriales tuvieron efectos sobre el empleo. La revolución agrícola sedentarizó a la población y generó la división del trabajo, la revolución industrial sustituyó el trabajo manual por máquinas, la electricidad especializó la fuerza laboral, la informática automatizó las tareas administrativas. Todas ellas cambiaron el empleo total y, sin embargo, éste no desapareció. Lo que cambio fueron las ocupaciones, las profesiones y los niveles educativos de los trabajadores.

Desde una perspectiva de largo plazo, la IA puede representar un cambio comparable a la revolución industrial, pero con una diferencia clave: el recurso escaso deja de ser la fuerza de trabajo y pasa a ser la capacidad de aprender y adaptarse.

La revolución impulsada por la IA es fundamentalmente diferente, pues automatiza tareas cognitivas -no sólo manuales y rutinarias- dado que la IA generativa razona, aprende, innova, puede imitar la creatividad humana. En consecuencia, se convierte en un factor productivo adicional al capital físico, al capital humano y puede redefinir el cambio tecnológico con intervención mínima del hombre. Por ello, se están automatizando actividades que antes requerían de educación superior o técnica.

En adelante, el mayor determinante del desarrollo económico ya no será solo la acumulación de capital físico o incluso el nivel educativo alcanzado en la juventud, sino la capacidad de las personas (los jóvenes), las empresas y las instituciones para aprender continuamente.

En este contexto, el empleo juvenil adquiere un papel estratégico. La juventud será la primera generación que deberá construir trayectorias laborales marcadas por cambios tecnológicos permanentes. Los países que logren facilitar esa transición —mediante educación flexible, formación a lo largo de la vida, ecosistemas de innovación y mercados laborales dinámicos— tendrán una ventaja competitiva sostenida.

Por ello, la gran pregunta para la economía del desarrollo ya no es si la IA destruirá empleos, sino qué instituciones permitirán transformar el aumento de la productividad generado por la IA en empleos de calidad, movilidad social y crecimiento inclusivo. Por ello, no es que la IA sustituya completamente a las personas, sino que cambiará la frontera entre tareas humanas y automatizadas.

En este contexto el futuro del empleo juvenil ha de variar según el grado de desarrollo de los países y de sus mercados laborales. América Latina y, particularmente el Perú, tienen algunas características importantes: una elevada proporción del empleo informal, predominan micro y pequeñas empresas, la adopción tecnológica es limitada y la estructura productiva está concentrada en actividades primarias como la agricultura y de servicios de baja productividad. Por estas razones, la IA no eliminará masivamente empleos en el corto plazo, pero si ha de modificar la demanda de habilidades relacionadas al uso de la IA.

La alta informalidad laboral exige un enfoque que no se limite a la búsqueda de empleo tradicional. La clave está en convertir a la inteligencia artificial en una herramienta para el autoempleo y el emprendimiento formal. Este es el gran desafío, de lo contrario la brecha entre países y regiones desarrolladas y subdesarrolladas se hará más grande.

Qué hacer frente a este desafío. Hay varias experiencias que nos ayudan a buscar salidas para enfrentar el empleo juvenil y que habría que tratar de replicarlas en el Perú. 1. Fomentar el emprendimiento digital con IA desde las aulas secundarias, técnicas y universitarias, por ejemplo: formación práctica en emprendimiento IA, metodologías “aprender haciendo”, concursos y proyectos con impacto real. 2. Diseñar programas de capacitación específicos para jóvenes, por ejemplo: alfabetización en IA y habilidades digitales básicas, talleres prácticos y acceso a herramientas de IA para jóvenes de diferentes perfiles. 3. Crear ecosistemas de apoyo y colaboración, para ello es deseable generar alianzas estratégicas (universidad/instituto – empresa – Estado), establecer redes de trabajo entre jóvenes para compartir experiencias e información.

En conclusión, la estrategia de promoción del empleo juvenil formal en tiempos de IA, debe ir más allá de la formación tradicional. Es necesario empoderar a los jóvenes para que sean creadores de sus propias oportunidades. La IA, lejos de ser una amenaza, debería convertirse en el aliado perfecto para que, con la formación, el apoyo y el ecosistema adecuado, puedan construir negocios viables, innovadores y formalizados, rompiendo el ciclo de la informalidad y la pobreza.

Es obvio, que jóvenes empoderados con habilidades informáticas y, sobre todo en IA, les será mucho más fácil encontrar trabajo en empresas medias y grandes del sector formal, si es que acreditan su formación profesional o técnica y su experticia en el uso de la IA. Hoy las empresas de avanzada valoran la formación informática y en IA, antes que la experiencia en trabajos rutinario tradicionales.

Lima, julio 2026

23/07/26: EN MEMORIA DE OSCAR UGARTECHE GALARZA

EN MEMORIA DE OSCAR UGARTECHE GALARZA

Efraín Gonzales de Olarte

A veces la muerte es sorprendentemente imprevisible y caprichosa y nos despoja de nuestros mejores amigos, sin dar lugar a despedirnos y desearles lo mejor en el último viaje. Oscar no nos dio el tiempo de decirle cuánto lo admirábamos y cuánto lo quisimos, por ello quiero recordarlo y decir que su vida permitió mejorar la vida de muchos de nosotros y de muchos otros que no lo conocieron, pero que se beneficiaron de sus conocimientos y de su cruzada por la igualdad humana, es decir la igualdad en todos los niveles de la vida.

Como decía Gabriel García Márquez: “lo único malo de la muerte es que es para siempre”, pero este siempre sólo es la parte física, las ideas, los pensamientos y los sentimientos plasmado en publicaciones y el corazón de quienes lo conocieron, no mueren, quedan. No lo veremos más, pero disfrutaremos de su recuerdo, de su bonhomía y de su legado intelectual y lo seguiremos admirando.

Conocí a Oscar en 1979, cuando en el Instituto de Estudios Peruanos, se creó el grupo de economía a instancias de Julio Cotler. Oscar ya había convocado a Teobaldo Pinzás y luego me invitó, por el sólo hecho que tenía referencia de mi tesis doctoral sobre la inflación en el Perú. Me impresionó su horizontalidad en el trato, a José Matos Mar lo llamaba José, mientras que los otros lo tratababamos como doctor Matos. Creo que su presencia en el IEP fue importante, por dos razones: de un lado, introdujo la reflexión económica y financiera en un instituto fundado en los estudios históricos, antropológicos, sociológicos, linguísticos y políticos. De otro lado, ayudó a poner en la agenda pública problemas como la deuda externa, los problemas fiscales y las políticas económicas, no sólo por sus propias investigaciones y publicaciones, sino también por su extraordinaria capacidad de comunicación tanto en niveles populares como al nivel de la élites políticas y económicas de aquel entonces.

Recuerdo mucho, que a raíz del discurso del ministro Manuel Ulloa, el 27 de agosto de 1980, cuando la democracia fue restablecida en el Perú con el segundo gobierno de Fernando Belaúnde, Oscar promovió la publicación de “Crisis económica y democracia”, como primera contribución del grupo de economía del IEP al debate público sobre la conducción económica del país. Posteriormente, el grupo de economía ha tenido una producción bibliográfica constante y, hasta el día de hoy, el IEP investiga y pública de manera continua gracias al impulso inicial de Oscar.

Oscar se fue afianzando como experto en los problemas de la deuda externa no sólo del Perú sino de toda América Latina, al punto que fue viajó a Nicaragua para asesorar el gobierno sandinista de ese entonces, en el problema de la reestructuración de su deuda. A partir de entonces, su presencia en el IEP y en el Perú se fue espaciando, hasta terminar asentado en México de manera permanente en la famosa UNAM.

Oscar tenía una gran admiración por Keynes y por los economistas ingleses, quizá por esta razón y por haber vivido en Inglaterra, Estados Unidos, Noruega, sus intereses iban más allá de las finanzas, las relaciones internacionales y el desarrollo. En buena cuenta era un humanista, en el sentido de apreciar todas las manifestaciones de las ciencias, las artes y la cultura, era un gran lector, amaba la música clásica, tenía una capacidad para escribir en distintos niveles académicos y no académicos. Además, era un gran conversador y expositor, recuerdo que cuando enseñó en la universidad católica, tuvo un gran impacto en los estudiantes, dando a conocer sus dotes de un gran profesor.

Pero, quizás su rasgo más importante fue su capacidad de lucha por los temas que él creía. Creía en la necesidad de igualdad social, de igualdad de género, en el derecho a la identidad propia, en la necesidad de tolerancia, pero sobre todo en la necesidad de diálogo para mejorar la sociedad, el Perú, en un plan de mayor equidad, de mayor inclusión. Creo que su origen social proveniente de clases altas y con apellido, las utilizó para promover la inclusión, la tolerancia y la democracia, en un país segmentado como es el Perú, dónde ser blanco y de buena familia te permite ser escuchado, ser tomado en cuenta. Por ello, Oscar fue valiente al ir a contracorriente de su clase social y optar por una visión progresista y hasta cierto punto subversiva y ponerse del lado de la igualdad, de la inclusión, de la democracia donde estuviera viviendo.

Siempre  lo recordemos como lo que fue: una gran persona y un gran amigo, más allá de sus logros y contribuciones académicas y políticas. No morirá, si lo seguimos recordando a través de su legado, y si tomamos su ejemplo como un gran ser humano.

16/07/26: PERSPECTIVES ON THE FUJIMORIST GOVERNMENT 2026: A VIEW FROM THE PERIPHERY

PERSPECTIVES ON THE FUJIMORIST GOVERNMENT: A VIEW FROM THE PERIPHERY

Efraín Gonzales de Olarte

The incoming government of Keiko Fujimori shares several characteristics with her father Alberto Fujimori’s first term (1992-2000). First, the next president will have almost total control of the state apparatus, with the exception of the judiciary and a Congress without an absolute majority, where she will have to negotiate. In other words, a government with a high concentration of power and likely authoritarian tendencies is anticipated. Second, two-thirds of the country did not vote for her—just as happened with the approval of the 1993 Constitution, which was only approved by a third of the electorate—therefore, her legitimacy and popularity pose a significant problem for Ms. K and Fujimorism. How she addresses this weakness will give us an idea of ​​her political leanings (democracy, authoritarianism, or dictatorship). Third, he comes to power at a time when everyday violence has become Peru’s main social problem, its lethality approaching that of the terrorism of the 1990s. In other words, he will have to respond effectively, and the way he confronts it, if it includes the military, will resemble his father’s strategy, the results of which we know. Fourth, his rapprochement with the powers that be—the military, big business, and the media—will give him even more power, as it did for Alberto Fujimori.

However, there are several differences compared to his father’s decade in power. First, the economy has macroeconomic stability and a very comfortable financial situation that will perhaps allow for some growth policies, instead of the economic disaster left by Alan García’s government in 1990. However, 36 years into neoliberalism, the tax burden is very low, making it difficult to finance redistributive policies that would generate greater inclusion. Second, Peru is in the midst of the digital age, which has changed many things: access to more information, the use of technology for private and public purposes, and the rise of cell phone culture, with all its effects on the behavior of individuals and institutions. Now, politics and governance are conducted through digital means. Third, corruption is almost pervasive at various levels of the state and government, intertwined with illegal activities—mining, smuggling, drug trafficking, and logging in the Amazon rainforest—which constitutes either a challenge or an advantage, depending on the stance taken toward this problem. Obviously, corruption makes governing difficult. Fourth, the decentralization process, which her father abolished with the 1992 self-coup, is still underway. There is a risk that he will do the same.

This is, more or less, the context in which Keiko Fujimori’s government will have to govern. However, from the periphery, especially from the regions that voted for the leftist Roberto Sanchez, expectations are not necessarily optimistic, for several reasons. First, economic growth has failed to reduce inequality, and poverty—while reduced—remains a persistent problem. For them, the Fujimori economic model represents exclusion and contempt. Second, the structural adjustment of neoliberalism meant a reduction in the size of the state. Consequently, education and health services are insufficient and of poor quality. Furthermore, the privatization of public companies and the granting of concessions for mining and gas sites have not contributed to the well-being of these populations and many other regions. Third, they feel that any government led by “people like them” (Pedro Castillo or Roberto Sánchez), provincial and of mixed race, is rejected by urban elites, especially in Lima. And Ms. K is considered a Lima native, centralist, and undemocratic.

In other words, Peru is segmented, a dual country, and the challenge for the next government will be: how can its policies include these inhabitants of the periphery in the benefits of growth? How can the state provide them with better public services? And how can the economy integrate them through formal employment? This will only be possible with populist policies, just as his father implemented. Consequently, for businesses, there will be a stable macroeconomic policy with low taxes, while for the general population, there will be low-level social policies given the available fiscal resources. This is the governance formula applied by Alberto Fujimori, with the showed above results.

From the anti-Fujimori periphery, expectations range from the possibility of greater attention to their needs and demands, which will certainly mean an exacerbated and likely accepted populism for a large part of the population living in exclusion and poverty. There is, however, the possibility of a hardening of the national government’s stance, leading to social and regional polarization. In this scenario, regional and municipal governments may clash with the central government, given the anti-Fujimorism, especially since—given the concentration of power by the incoming president—decentralized governments could act as a political counterweight with demands that could put her to the test.

This situation actually opens up a great opportunity to act from the periphery. In a polarized country with a government that must respond to the needs of two-thirds of the population who lack genuine representation, the possibilities of influencing the search for solutions originating from the regions, provinces, and districts are quite open, provided certain conditions are met. First, it will be necessary for regional and local democratic forces to coordinate and develop proposals regarding the needs for productive investment and increased and improved social spending. This requires both institutional and personal leadership. Second, it is essential to propose the relaunch and rethinking of decentralization “from the bottom up” as a “state policy” around which a work agenda can be established to promote regional productive sectors (agro-exports, regional industries with higher added value, roads, energy, inbound and experiential tourism, etc.), that is, to try to deconcentrate the Peruvian economy, which is so concentrated in Lima, the coast, and the large cities. Then, improvements should be made to social programs, greater participation of businesses, institutions, and citizens, and a commitment to decentralization for regional and local development, from the periphery. Until now, decentralization has been carried out from the top down, from the center.

Consequently, a new phase will begin on July 28th, in which the new president’s need to govern for the entire country and the need to change the authoritarian image inherited from her father—well-cultivated since 2016—could generate an atmosphere of dialogue and, hopefully, lead to the establishment of policies whose objectives are: promoting the development of neglected regions and localities, decentralizing economic activity outside of Lima in sectors that promote employment and higher value-added, and ensuring the minimum inclusion of rural areas in the goods and labor markets. In other words, promoting policies whose fundamental objective is the common good of all Peruvians. Is it possible to expect this from Keiko Fujimori’s government? We wait to see.

Lima, July 2026

05/07/26: PERSPECTIVAS DEL GOBIERNO FUJIMORISTA 2026: UNA VISIÓN DESDE LA PERIFERIA

PERSPECTIVAS DEL GOBIERNO FUJIMORISTA 2026: UNA VISIÓN DESDE LA PERIFERIA

Efraín Gonzales de Olarte

El próximo gobierno tiene varias características del primer gobierno de Alberto Fujimori 1992-2000. Primero, la próxima presidenta tendrá un control casi total del aparato del Estado, salvo del poder judicial y un congreso sin mayoría absoluta, donde tendrá que negociar. Es decir, se presagia un gobierno con gran concentración del poder y probablemente autoritario. Segundo, 2/3 del país no ha votado por ella -tal como sucedió con la aprobación de la Constitución de 1993, que sólo fue aprobada por un tercio de los electores- por ello su legitimidad y popularidad es un gran problema para la señora K y el fujimorismo. De la forma como afronte esta debilidad, nos dará una idea de su opción política (democracia, democradura, o dictadura). Tercero, llega al poder en un momento en que la violencia cotidiana se ha convertido en el principal problema social del Perú, cuya letalidad se acerca a la del terrorismo de los años 90 del siglo pasado. Es decir, tendrá que responder de una manera efectiva y, la forma como la afronte, si incluye a los militares, se parecerá a la estrategia de su padre, cuyos resultados los conocemos. Cuarto, su aproximación con los poderes facticos:  militares, los empresarios grandes, los medios de comunicación le darán aún más poder, como lo hizo Alberto Fujimori.

Sin embargo, hay varias diferencias con la década de su padre. Primero, la economía tiene una estabilidad macroeconómica y una situación financiera muy cómoda que permitirá, quizás alguna política de crecimiento, en lugar del desastre económico que dejó el gobierno de Alan García en 1990. Sin embargo, 36 años después de liberalismo, la presión tributaria es muy baja, para financiar políticas redistributivas, que generen mayor inclusión. Segundo, el Perú está en plena época digital, lo que ha cambiado muchas cosas, el acceso a mayor información, el uso de la tecnología para fines privados y públicos, la cultura del teléfono celular, con todos los efectos sobre el comportamiento de las personas e instituciones. Ahora la política y la gobernanza se hace por medios digitales. Tercero, la corrupción casi generalizada en las distintas instancias del estado y de los niveles de gobierno, que se entrelaza con las actividades ilegales -la minería, el contrabando, el narcotráfico, la tala del bosque amazónico- lo que constituye o un desafío o una ventaja, dependiendo de la posición que adopte frente a este problema. Obviamente la corrupción hace difícil gobernar. Cuarto, está vigente el proceso de descentralización, que su padre anuló con el autogolpe de 1992. Hay riesgo que haga lo mismo

Este es, más o menos, el contexto en el que el gobierno de Keiko Fujimori tendrá que gobernar. Sin embargo, desde la periferia, sobre todo desde las regiones que votaron por el sombrero, las expectativas no son necesariamente complacientes, por algunas razones. La primera, el crecimiento económico no ha logrado reducir las desigualdades y la pobreza -si bien reducida- sigue latente, para ellos, el modelo económico del fujimorismo significa exclusión y menosprecio. Segundo, el ajuste estructural del neoliberalismo, significó la reducción del Estado, en consecuencia, los servicios de educación y salud son insuficientes y de mala calidad, además, la privatización de empresas públicas y la concesión de sitios mineros y de gas, no contribuyó al bienestar de estas poblaciones y de muchas regiones. Tercero, tienen la sensación de que cualquier gobierno de “gente como ellos” (Castillo o Sánchez) provinciana y cobriza es rechazada por las élites urbanas y sobre todo por Lima y la señora K es considerada una limeña, centralista y poco democrática.

Es decir, el Perú está segmentado, es un país dual, y el desafío para el próximo gobierno será ¿cómo? sus políticas puedan incluir a estos habitantes de la periferia en los frutos del crecimiento, cómo el estado le puede dar mayores servicios públicos y cómo la economía los puede integrar a través de empleos formales. Esto sólo será posible con políticas populistas, tal como hizo su padre. En consecuencia, para los empresarios tendrá una política macro económica estable con bajos impuestos y para la gran población tendrá políticas sociales de bajo nivel dados los recursos fiscales. Que es la fórmula de la gobernanza aplicada por Alberto Fujimori.

Desde la periferia anti-fujimorista, las expectativas oscilan entre la posibilidad de una mayor atención a sus necesidades y demandas, lo cual ciertamente significará un populismo exacerbado y probablemente aceptado, por buena parte de la población en situación de exclusión y pobrezas. Existe, sin embargo, la posibilidad de un endurecimiento del gobierno nacional, que lleve a una polarización social y regional. En este escenario, los gobiernos regionales y municipales pueden entrar en modo choque con el gobierno central, dado el anti-fujimorismo, sobre todo porqué -dada la concentración del poder de la próxima gobernante- los gobiernos descentralizados podrían ser un contrapeso político con reivindicaciones que la podrían a prueba.

Este panorama en realidad abre una gran oportunidad para actuar desde la periferia. En un país polarizado y con un gobierno que debe responder a los requerimientos de 2/3 de la población que no tiene representantes genuinos. En consecuencia, las posibilidades de influir en la búsqueda de soluciones que vengan desde las regiones, provincias y distritos, son bastante abiertas, siempre que se den algunas condiciones. Primero, será necesario que las fuerzas democráticas regionales y locales coordinen y tengan propuestas sobre las necesidades de inversión productiva y de mayor y mejor gasto social. Para ello se requiere de liderazgos tanto institucionales como personales.  Segundo, es fundamental que se proponga el relanzamiento y replanteamiento de la descentralización “desde abajo” como “política de Estado” en torno a la cual se puede establecer una agenda de trabajo para promover sectores productivos regionales (agroexportación, industrias regionales con mayor valor agregado, carreteras, energía, turismo receptivo y turismo vivencial, etc.), es decir tratar de desconcentrar la economía peruana tan concentrada en Lima, la costa y las grandes ciudades. Luego se debería promover la mejora de los programas sociales, mayor participación de empresas, instituciones y ciudadanos y apostar por una descentralización para el desarrollo regional y local, desde la periferia. Hasta ahora la descentralización ha sido llevada a cabo desde arriba, desde el centro.

En consecuencia, se abrirá una etapa a partir del 28 de julio, en la cual la necesidad de gobernar para todo el país de la nueva presidenta y la necesidad de cambiar la imagen autoritaria heredada de su padre -bien cultivada desde el 2016- podría generar un ambiente de diálogo y, ojalá, de buscar establecer políticas cuyos objetivos sean: promover el desarrollo de las regiones y localidades olvidadas, la desconcentración económica fuera de Lima en sectores promotores de empleo y de mayor valor agregado, la inclusión mínima de las zonas rurales en los mercados de bienes y de trabajo. Es decir, promover políticas que tengan como objetivo de fondo el bien común de todos los peruanos. ¿Será posible esperar esto del gobierno de Keiko Fujimori? Estamos a la expectativa.

11/06/26: Qué hacer en un país escindido y sin largo plazo después de las elecciones 2026

El próximo gobierno frente a un país escindido y sin largo plazo

(Análisis y propuesta)

Efraín Gonzales de Olarte 

Junio 2026 

Hace 10 años que las elecciones presidenciales peruanas se definen por decimos o centésimos de la votación. En las segundas vueltas (ballotage) el Perú se divide en dos opciones: el keikismo fujimorista y el oximorón de izquierda unida. En realidad, buena parte de la votación es anti-fujimorista y otra parte importante es anticomunista. Es decir, los participantes en las elecciones no han logrado revertir el voto “anti” y este es un síntoma de fractura social, de casi inexistencia de partidos políticos y del poder de los fantasmas ideológicos: el neoliberalismo, el comunismo y el populismo.

La primera vuelta electoral es la que desnuda realmente los pesos de la capacidad de representación de los participantes que compitieron: el 17% votó naranja y el 12% al sombrero, o sea para un 71% ninguno los representa y esperarían otras propuestas, otras narrativas, probablemente algo más de centro, con menos repulsión por el contrincante.

El problema es que cualquiera que gane la segunda vuelta no podrá hacer muchos cambios políticos y económicos, o porque Fuerza Popular mantendrá el modelo económico primario-exportador y de servicios y la ideología neoliberal con los resultados que tenemos (crecimiento sin bienestar), o porque Juntos por el Perú no tendrá ni la capacidad ni el apoyo político para hacer las reformas estructurales que proponen.

Pero el fondo del problema es que en la actual coyuntura política no hay lugar para pensar en los cambios económicos y políticos que necesita el Perú. No hay lugar para pensar en el largo plazo. Los 37 grupos políticos que participaron en estas últimas elecciones no tenían propuestas de desarrollo de país, de propuestas de largo plazo que nos dijeran qué objetivos tenían para todos los peruanos de aquí en adelante. Casi todos, si no todos, sólo tenían propuestas para resolver los problemas existenciales de la mayor parte de peruanos: seguridad cotidiana, acceso al mínimo de servicios de salud, empleo -aunque sea informal-, alimentación y salud infantil, es decir cómo reducir la pobreza. Nadie propuso cómo mejorar la riqueza de los peruanos, porque esto significa pensar en el largo plazo, significa pensar en el desarrollo de las personas, de sus pueblos, de sus regiones. Uno se los principales problemas de la situación política peruana actual es que sólo se trata de resolver problemas del muy corto plazo.

La pregunta que me hago ¿es posible pensar en el largo plazo para gobiernos que duran cinco años y sin reelección? Claro que no, con estas reglas sólo se puede pensar en el corto plazo. Para acometer el largo plazo se necesitaría de reelección presidencial y de partidos políticos con doctrina, con organización, con propuestas de desarrollo y, sobre todo, con cuadros políticos de todas las edades y profesiones capaces de dar continuidad a un determinado tipo de política de desarrollo. Y esto, lamentablemente, no tenemos en el Perú.

La paradoja del Perú es que, durante los últimos treinta y seis años, ha mostrado estabilidad macroeconómica, pero no ha logrado transformar su estructura productiva sectorial y territorial para poder generar un modelo de desarrollo innovador, inclusivo, equitativo y desconcentrado. La estabilidad macro del Perú se basa en la evolución de los precios de materias primas como los minerales y el gas, que Perú no controla, y en la autonomía del BCRP. Ambos factores, sin embargo, no son suficientes para generar la transformación productiva que resolvería los problemas de bajas productividades, de pobreza, informalidad y desigualdad.

No basta con políticas macro estabilizadores, se requiere de políticas sectoriales-territoriales que cambien la estructura productiva, tal como lo hicieron: Corea del sur, Japón o China.

Un punto que a menudo se elude es que, si bien el Perú tiene un crecimiento macro positivo, al desagregarlo por sectores y por regiones hay grandes desigualdades de productividades y de ingresos (cuán engañosos son los promedios). Son estas desigualdades las que explican en buena parte los resultados electorales de la segunda vuelta. Las regiones con menores ingresos, mayor pobreza y menores índices de desarrollo humano han votado por el sombrero (paradoxalmente también las regiones mineras). Los habitantes de estas regiones no se han beneficiado con el modelo económico. Las regiones de costa y con gran componente urbano han votado por Keiko, obviamente se favorecieron con el crecimiento.

En consecuencia, veo muy difícil la gobernabilidad del Perú en los próximos años. Si es Fuerza Popular tendrá la mitad de los peruanos esperando que les mejoren sus condiciones, y no tendrá otra alternativa que emplear el populismo para enfrentar las demandas populares. Si es Juntos por el Perú, tendrá que hacer concesiones populistas a los sectores empresariales para mantenerse en el poder.

No obstante, creo que la única posibilidad de hacer gobernable el Perú será la de hacer un “pacto por el desarrollo y la democracia”, no sólo entre los dos finalistas sino también entre todos los partidos que pasaron la valla electoral. Se requerirá de una estrategia de largo plazo, que creo que es posible aun tomando en cuenta la fragmentación política y la debilidad institucional del Perú. Para ello se requiere por lo menos de cuatro condiciones: 1. Acuerdos mínimos sobre educación, infraestructura, ciencia y tecnología, políticas sectoriales (agro, industria, turismo) y descentralización. Con políticas de Estado que sobrevivan a los gobiernos. 2. Instituciones técnicas estables. Debemos hacer de los organismos que se encargan de la infraestructura y de los organismos de planeamiento, tengan la misma estabilidad que tiene el BCRP y el INEI. 3. Reglas de inversión de largo plazo. Con horizontes multianuales, financiamiento estable (público-privado) y orientación hacia sectores que generen más valor agregado y más empleo. 4. Se requiere de coaliciones regionales, con participación de: empresas, universidades, gobiernos sub nacionales y organizaciones sociales (sociedad civil).

Esta es la combinación de acciones que nos encarrilarían con el desarrollo de largo plazo, inclusive con las débiles instituciones que existen hoy en el Perú. Los factores esenciales son: voluntad política de los representantes políticos y generar progresivamente “credibilidad” en los gobernantes. Aún es posible recuperar el optimismo por el desarrollo con democracia.

15/05/26: EL POPULISMO Y EL CAVIARISMO EN EL PERÚ

EL POPULISMO Y EL CAVIARISMO EN EL PERÚ

Efraín Gonzales de Olarte

 Hay dos fantasmas que recorren la política peruana: el populismo y el “caviarismo”. Son dos conceptos polisémicos, es decir vagos, laxos, son comodines para aplicarse en distintas circunstancias para justificar, inhabilitar, condenar cuando no se tienen argumentos sólidos ya sea conceptuales o ideológicos. Oscurecen los diálogos y generan una total opacidad de los argumentos, lo que es un signo del subdesarrollo político, doctrinario e ideológico que aqueja la política peruana y que no nos permite dialogar sobre temas concretos y necesarios y han convertido la política en un juego de siempre suma negativa, pocos ganan y la mayoría pierde.

Para el historiador francés Pierre Rosavallon el populismo no es una ideología sino un estilo político, una retórica de gobierno, caracterizada por tres rasgos: es anti-élites económicas, mediáticas, intelectuales consideradas corruptas y desconectadas; construye un pueblo de los buenos de los auténticos y es encabezado por un líder salvador, providencial que encarna la voluntad popular, sin intermediarios (partidos, sindicatos, etc.).

El populismo responde a tres déficits democráticos y prospera cuando hay: a. Un déficit de representación de parte de los políticos, el populismo ofrece una representación directa y emocional. b. Déficit de gobernanza, los ciudadanos sienten que las decisiones se toman lejos de ellos, el populismo promete soluciones simples y soberanía absoluta. c. Déficit de integración social debido a la fragmentación y la sensación de abandono, el populismo ofrece un “nosotros” una comunidad unificada.

Es obvio que varios países de América Latina, entre ellos el Perú, tienen estas características y son campo fértil para propuestas populistas. En realidad, el populismo no destruye la democracia desde fuera, es una forma corrupta e hiperbólica de democracia, por eso es tan difícil combatirlo y tan fácil de implementarlo.

La respuesta al populismo obviamente, no es más tecnocracia ni más democracia directa plebiscitaria, es necesario reconstruir los contra-poderes, fortalecer los cuerpos intermedios (sindicatos, partidos, asociaciones) y refundar una democracia de la confianza y la imparcialidad. El problema de fondo es que la democracia liberal prometió libertad e igualdad, pero no supo erigir un lugar para los sentimientos de exclusión, abandono, humillación y desposesión, que alimentan el voto populista.

El famoso crecimiento peruano de la era neoliberal, de después de los años noventa del siglo pasado, no generó suficiente empleo, servicios públicos universales y adecuados, seguridad ciudadana. Generó desigualdades que se convierten en emociones de abandono y exclusión en el momento de votar y las propuestas populistas suenan una salvación.

El “caviarismo” tampoco es una ideología, es un estigma artificial que se aplica a quienes no se tragan los infundios de la extrema derecha y las simplezas de la extrema izquierda. Es un fantasma que se crea para ocultar las incapacidades de analizar y actuar de manera racional y razonable. Hasta cierto punto es una aversión a quienes saben un poco más, a quienes tienen principios mínimos éticos y capacidad de dialogar sin adjetivos y sin simplezas. Igual que en el caso del populismo, hay anticaviares de extrema izquierda y extrema derecha, lo que lleva a una polarización adjetiva que nos hace incapaz de llegar al diálogo y de ahí al acuerdo. O sea, nos condena a tener un país escindido con poca capacidad de integración social y, obviamente, un país incapaz de pensar en el largo plazo o en la promesa peruana de Jorge Basadre.

El problema es que de todas maneras tendremos populismo a partir del 28 de julio, debido a los déficits de representación (con 70% de electores que no son representados por los que pasan a la segunda vuelta), de gobernanza (con el desastroso congreso y ejecutivo, que gobiernan para ellos y de integración (con 70% de informales, la mayor parte localizados en las provincias más pobres). Lo que también sabemos es que, dada la polarización y fragmentación social y los escasos recursos del Estado, las políticas de corte populista no cambiarán mucho la situación actual. Es decir, si los precios internacionales de nuestras materias primas siguen altos, la economía seguirá divorciada de la política y seguiremos teniendo crecimiento económico de 3% al año sin redistribución. El populismo está para quedarse hasta que no haya un acuerdo nacional de gobernabilidad y desarrollo de largo plazo, entre las fuerzas políticas que pasaron la primera vuelta.

En cambio, el caviarismo seguirá siendo utilizado, en la mayor parte de veces como insulto y, crecientemente, como una solución a la crisis ética y cultural que tiene el Perú. Los denominados caviares, son personas individuales que no tienen organización social ni política, actúan en función de los derechos humanos, de la equidad y para reducir la ignorancia de buena parte de los políticos que ingresaron a la política para medrar. El caviarismo funciona como un antibiótico frente a la podredumbre que se ha convertido la política en el Perú.

01/05/26: ¿La historia se repite? O dialogamos para cambiar la historia

¿La historia se repite? O dialogamos para cambiar la historia

Efraín Gonzales de Olarte

El resultado de las elecciones de 2026 se presenta como una repetición de las de 2021. Ningún candidato alcanza el 18% de la votación en primera vuelta, los finalistas tienen ideologías extremadamente opuestas, una candidata limeña y otro provinciano, una mujer y un hombre, es decir, pareciera que la historia se repitiera y que como se decían en la segunda vuelta del 2021: tenemos que elegir entre el cáncer y el sida. Creo que hay que cambiar esta visión sobre el voto.

Estos resultados nos interrogan: ¿por qué se repite una situación así? y ¿qué pasará con la gobernabilidad del Perú cuando tengamos un nuevo gobierno y un nuevo congreso? después de la segunda vuelta. Creo que es tiempo que hagamos algo distinto.

De un lado, no es sorprendente que los electores de Pedro Castillo -hoy en prisión- voten por quién lo representa, o más bien los representa. Es el voto de los que no llegaron al reparto de los frutos del crecimiento económico de los últimos veinte años, son provincianos y pobres. Para ellos, la única posibilidad que tienen de ser incluidos en las políticas públicas es tener un presidente “como ellos”: provinciano, cholo, informal y pobre.

En el otro lado, tenemos a la representante del neoliberalismo (limeña, blanca, formal y pudiente) y responsable que nuestra democracia haya entrado en proceso de declive desde el 2016, pero que cuenta con los votos de los que si se favorecieron por las políticas neoliberales y viven en Lima y otras ciudades.

Hay, sin embargo, algunas diferencias con 2021. 1. Ha aparecido un centro político (Jorge Nieto. Marisol Pérez Tello y Mesías Guevara), 2. De los 35 “partidos” que participaron en las elecciones sólo van a quedar uno 6 ó 7 con representación en el Congreso, lo que puede ayudar a la gobernabilidad. 3. Ningún partido tendría una mayoría absoluta en el senado, lo que obliga a alianzas para llegar a acuerdos. En consecuencia, el panorama es un poco distinto al 2021 y da cierta esperanza de que podamos salir de la crisis política actual.

Sin embargo, el mayor escollo es la casi imposibilidad de diálogo y, eventualmente, acuerdos entre los dos candidatos que llegarán a la segunda vuelta. Entre el voto antifujimorista y el voto anticomunista, se abre un resultado incierto que podría tener tres escenarios. 1. Gana la candidata de la derecha y, es muy probable, que su gobierno se parezca al actual, dado que desde 2016 ha influido en las principales decisiones del congreso. Aunque podría haber alguna mejora si logra negociar con la oposición para tomar algunas decisiones o aprobar algunas leyes. 2. Gana el candidato de la izquierda, y trata de aplicar su plan de gobierno con grandes similitudes a los sempiternos planes de la izquierda. Sin embargo, estaría obligado a buscar apoyo de la oposición de derecha para lograr llevar a cabo algunas de sus propuestas. 3. Que antes de la segunda vuelta se llegue a un diálogo que conduzca a un acuerdo de gobernabilidad, gane quien gane. Si esto sucediera, el Perú estaría entrando en otro paradigma político y, probablemente, se comenzaría a resolver la crisis política y la polarización social existente.

Para que el tercer escenario sea posible, se requieren de algunas condiciones. Por un lado, cambiar la cultura del antivoto y presionar a cada candidato para que dialogue con el otro. El o los debates que se den antes de la segunda vuelta, deberían tener como parte de la agenda, en qué temas se podrían poner de acuerdo si llegan al gobierno: mantener los equilibrios macroeconómicos, lucha contra la delincuencia y mayor seguridad ciudadana, mejora de la educación y la salud, mayor atención a las regiones olvidades y sus habitantes. Prometer el apoyo a estas políticas tanto en la cámara de diputados como en el senado. Por otro lado, los partidos que tienen representación congresal, deberían promover reuniones con todos los partidos que pasaron la valla electoral, antes de la segunda vuelta, para tratar de, a través del diálogo, llegar a un “acuerdo de gobernabilidad y de paz”. Si se llega a este acuerdo todo se haría más fácil, no sólo la gobernabilidad del Perú en los próximos cinco años para cualquiera que asuma la presidencia de la república, pero sobre todo le daría tranquilidad y esperanza a todos los peruanos, incluyendo al sector empresarial.

Esta es una nueva oportunidad de darle viabilidad al Perú, a la tambaleante democracia y una gobernabilidad incluyente, pero hay que cambiar el chip de la polarización ideológica y social y empoderar el diálogo entre peruanos, sean estos derechistas e izquierdistas, limeños o provincianos construir un Perú republicano con ciudadanos iguales. Tienen la palabra los candidatos y sus partidos.

1° mayo 2026

25/04/26: Máximo Vega Centeno Bocángel. Adios Maestro y amigo

MÁXIMO VEGA-CENTENO BOCANGEL

In Memoriam

Efraín Gonzales de Olarte

La muerte siempre nos sorprende y nos interroga sobre el valor de la vida vivida, sobre si fue completa o incompleta, sobre si fue trascendente o intrascendente. Finalmente, el momento último de la vida vivida, es irreversible y necesario. Por ello, los que quedamos temporalmente, podemos aquilatar la vida de aquellas personas que nos influenciaron, que nos guiaron, que nos quisieron y que partieron.

Máximo Vega-Centeno, Amauta, un entrañable ser humano y un gran peruano, nos ha dejado. Tuvo una vida completa y trascendente. Tuvo una linda familia, fue un gran maestro universitario, un católico a carta cabal y un cusqueño ejemplar y, sobre todo, una persona íntegra desde varios puntos de vista. Su austeridad fue un ejemplo para quienes privilegian las cosas sobre las personas en la vida. Para Máximo la amistad, el cariño, la responsabilidad social y su civismo fueron los fundamentos de sus relaciones con su familia, sus amigos, sus colegas, sus alumnos y, en general, con las personas con quienes interactúo durante su vida. Su sapiencia de alto nivel, tanto como ingeniero civil y como economista, siempre la puso al servicio de los otros, fue un maestro para sus innumerables estudiantes de pre y posgrado. Fue el pionero de la enseñanza de Econometría en el Perú. Su sentido de humor era su manera de endulzar o hacer más comprensibles las cosas y los acontecimientos, fue una muestra de su ingenio e inteligencia en un mundo donde la risa y la alegría son tan necesarias. Su catolicidad provenía de su familia cusqueña de raigambre católica, su tío abuelo fue arzobispo del Cusco, de Ancash y de Lima, su hermano fue sacerdote, el hermano de su padre fue Dean de la Catedral de Lima, pero más allá de los temas de fé, Máximo fue un practicante de la moral católica, de la caridad, de la hermandad, de la solidaridad -recuerdo que después del terremoto de Huaraz, se incorporó rápidamente en las brigadas de ayuda.

Sus principales contribuciones académicas estuvieron dedicadas a analizar el esquivo proceso de desarrollo, a estudiar el papel de la tecnología en el desarrollo industrial, ética y deontología, y el último libro fue sobre Perú: desarrollo naturaleza y urgencias. Trató de entender las distintas aristas del desarrollo económico y humano del Perú y las razones por las que aún buscamos una sociedad mejor.

La Pontificia Universidad Católica del Perú ha sido construida en base al empeño de muchos profesores, académicos y funcionarios identificados con su misión y ethos, durante más de cien años. Máximo fue uno de ellos, estuvo ligado a ella durante casi sesenta años, fue cofundador de la Facultad de Ciencias Sociales y del Departamento de Economía, junto a Adolfo Figueroa y Richard Webb, bajo el liderazgo del Padre MacGregor, luego fue varias veces, jefe del Departamento de Economía, Decano de la Facultad de Ciencias sociales y de la Escuela de Posgrado. Participó en la creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Fue uno de los constructores del maravilloso edificio de la enseñanza y de la investigación de la PUCP, que la ha llevado a ser un referente latino americano de excelencia académica y muy comprometida con el servicio a la sociedad peruana.

El centro y la base de su acción académica y social fue su familia. Con Violeta, la pionera de los estudios de la mujer en un país reciamente machista, formó una familia ejemplar y sus hijos Rafael y Pablo, han heredado los principios y la visión de sus padres.

Extrañaremos sin duda a Máximo, pero seguirá viviendo como una referencia académica, institucional y humana. Descansa en paz Maestro.

27/03/26: El conflicto Israel-Estados Unidos con Irán

El conflicto Israel-Estados Unidos versus Irán. Una visión desde la teoría de juegos

Efraín Gonzales de Olarte

Desde la llegada de Donald Trump, el mundo está sumido en la incertidumbre, una incertidumbre que está minando las relaciones internacionales, los mercados, las decisiones de inversión y consumo y vaticina peores momentos a los actuales. Una serie de decisiones repentinas, en la mayor parte de casos sin justificación razonable alguna, han terminado generando un sube y baja de expectativas económica, políticas y sociales, que están socavando la tranquilidad de todo el mundo.

Una de estas decisiones ha sido el bombardeo de Irán por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos y de Israel, justo cuando estaban negociando un acuerdo de paz. La hipótesis más plausible es que el presidente de Israel -viendo que se acercan elecciones en las que podría perder, ha convencido al presidente Trump de tratar de liquidar a Irán, bajo justificaciones inexactas, como que Irán estaría a punto de tener una bomba atómica, y otras de intromisión imperialista aduciendo que el régimen de los Ayatolas -a todas luces dictatorial y represivo- debería ser derrocado para “salvar” al pueblo iraní. Creo que a ningún país se le ocurriría bombardear los Estados Unidos por que la ICE está abusando y diezmando a los migrantes legales e ilegales.

Es decir, estamos frente a la asimetría del poder de las armas (no olvidar que EEUU es el país con mayor capacidad bélica del mundo), el que las tiene abusa de los que no la tienen. Además, una comunidad internacional -sobre todo europea- que ha claudicado de la defensa de los principios de no intervención, del derecho internacional, del cumplimiento de los acuerdos internacionales. En conjunto, estamos frente a un mundo liderado por un presidente que a sus 80 años y basado en el poderío estadounidense, se ha convertido en un monarca, con actitudes dictatoriales, sin respeto por la normas estadounidenses e internacionales, que ve los muertos de otros países sin compasión alguna o empatía, claros signos de alguna patología, que nos está afectando a todos.

Es dentro de este contexto,  quisiera analizar el conflicto Israel-EEUU contra Irán, basado en la teoría de juegos, para tratar de entender cuál puede ser el resultado de este “juego de guerra”. La Teoría de Juegos nos ofrece un marco analítico basado en las decisiones interdependientes de los actores, en este caso de la dupla Israel-Estados Unidos y de Irán y los resultados que suceden.

Actualmente, el juego ha pasado de ser uno de disuasión (donde el costo de atacar era mayor al beneficio) a uno de desgaste y supervivencia de Irán. Para EE. UU. e Israel, detenerse ahora sin un cambio de régimen o la neutralización total de la capacidad nuclear de Irán se percibe como un fracaso. Para Irán, cualquier concesión bajo fuego se ve como el fin de la República Islámica.

Dentro de esta perspectiva, es poco probable que se llegue a un acuerdo de paz. Irán teme que, si se desarma, será destruido después. Estados Unidos teme que, si se retira Irán volvería a su plan nuclear y, sobre todo, el Presidente Trump aceptaría la inutilidad de su acometida, dada su incapacidad de reconocer cuando pierde. Lo que ciertamente no parece posible, dados la destrucción de los lugares de enriquecimiento de uranio. El resultado está siendo una guerra y seguirá siendo una guerra de media intensidad, que puede durar meses, afectando los precios del petróleo, hasta que uno de los actores sufra un colapso económico (Irán) o civil interno (Israel-Estados Unidos).

Los bombardeos mutuos han llevado a Irán a cerrar el estrecho de Ormuz, como arma inesperada. Se ha convertido en una herramienta de negociación de rehenes, donde al rehén es la economía mundial. Irán sabe que no puede ganar una guerra convencional simétrica contra EE. UU. Por lo tanto, su jugada lógica es la amenaza de cierre del estrecho. Sin embargo, la ganancia de Irán (causar un colapso económico en Occidente) es la pérdida directa de EE. UU. y sus aliados. Pero sería una victoria pírrica, dado el costo destructivo de su decisión. Esta situación corresponde a un juego negativo, en el cual todos pierden.

En este escenario hay un tercer jugador que no participa directamente, pero que es afectado por la guerra: China. Su entrada es necesario interpretar. Por un lado, China es uno de los principales compradores del petróleo que pasa por Ormuz, en consecuencia, requiere de una solución rápida. Entonces Estados Unidos ha de tratar de presionar a China para que use su influencia en Irán. En consecuencia, pasaríamos a un juego de tres jugadores que presiona a una cooperación forzada. Sin embargo, para Trump es una oportunidad para ajochar a la China, su principal competidor por el liderazgo del mundo. En esta perspectiva a Trump le convendría que China no acceda al petróleo. Pero tendría que soportar la presión mundial por la elevación del precio del petróleo y la de los votantes americanos que comienzan a enfrenar a una inflación creciente. Estando cerca las elecciones congresales, este es un problema para Trump. Es decir, parece que ha creado un enredo del cual le ha de ser difícil salir, con costos, quizás muy altos.

Desde una perspectiva matemática, el Estrecho de Ormuz funciona como un seguro de vida para el régimen iraní. Mientras el mundo dependa de ese flujo. Hasta el momento todo parece indicar que Estados Unidos evitaría una invasión en terrestre. Por su lado, Irán permitirá el paso de buques de países amigos por el estrecho, para mejorar su posición con los países amigos.

Así pues, el resultado es un equilibrio de Nash inestable, es decir ambas partes están en la peor situación, pues hay una tensión constante y un gasto militar enorme, pero ninguno puede cambiar su estrategia unilateralmente sin enfrentar un desastre mayor. De ahí que estaría habiendo acercamientos para buscar una salida conversada.

Sin embargo, el mayor problema es Netanyahu, que, a diferencia de Trump, tiene un objetivo en su accionar: crear el Gran Israel capaz de dominar toda la región. Por ello, es el principal enemigo de que Trump logre un acuerdo de cese el fuego con Irán, para ello su táctica es ir eliminando sistemáticamente a todas las autoridades iranies, para que no haya un interlocutor válido que pueda llegar a un acuerdo con Estados Unidos. Su mejor aliado es la personalidad narcisista maligna del presidente Trump.

Netanyahu es, en consecuencia, un jugador con una patología sicopática, que quiere logra algo que, con la sola fuerza de Israel sería imposible, ha logrado sonsacar a Donald Trump y, de paso, poner al mundo en vilo y al borde de una tercera guerra mundial. No hay que olvidar la masacre de Gaza y la invasión de Líbano, donde el número de muertos no le importa al judío.

10/02/26: Necesitamos un eticómetro

NECESITAMOS UN “ETICÓMETRO”

Efraín Gonzales de Olarte

Vivimos en un mundo -del cuál el Perú hace parte- en el que es difícil conocer la verdad de las opiniones, de los discursos, de las promesas, de las afirmaciones, pues no sólo han ido casi desapareciendo los principios éticos sobre los que se funda una comunidad, tales como: no mentir, no matar, no violar, no robar, sino que, adicionalmente, han aparecido las fakenews que son afirmaciones inventadas o distorsionadas sobre la realidad, sobre las personas o instituciones. Es decir, hay afirmaciones inmorales y otras que son inventadas. ¿Cómo elegir autoridades políticas o no políticas en este contexto? Es en este mundo de pocas verdades, que se llevan a cabo los procesos electorales.

Para votar bien, lo ideal sería construir un ETICÓMETRO, un método para medir el cumplimiento de normas éticas en las personas que pretenden participar en política y, aún más, en las que pretenden gobernar o gobiernan, para que los electores estén informados de las calidades morales de los candidatos y de los gobernantes.

Esta debería ser tarea de alguna organización proba e independiente, que las hay en Perú (la Iglesia, Transparencia, alguna universidad).  Pero obviamente, es una tarea compleja, sobre todo si se quiere obtener algún tipo de medida o de calificación, útil para las próximas elecciones.

En realidad, la idea de medir o calificar el comportamiento ético tiene como objetivo difundir los resultados, para que los electores tomen en cuenta la calidad moral de los candidatos por los cuales se inclinarían a votar o la de sus gobernantes. Asumimos, que los electores tienen aprecio por la calidad ética de sus candidatos, pero esto no es necesariamente cierto, en la medida que la crisis de valores morales no es sólo de los candidatos sino, en importante medida, de una buena parte de los electores y de la población en general. En muchos casos, los comportamientos inmorales o amorales son tomados como “normales” en la medida que hemos ido perdiendo referentes, por parte de la población, dado el ejemplo de los gobernantes[1]. Este creo que es un punto crucial que nos indica que vivimos una profunda crisis moral.

En estas circunstancias, creo que es necesario promover el comportamiento ético de las personas -políticos, electores o no electores- y, tendría que ser algo así como: promovamos el “eticomportamiento” de los candidatos y de los electores, no sólo en las próximas elecciones, sino de manera permanente. Una campaña de restauración de los valores morales, tan escasos hoy en el Perú y el mundo. Es una campaña, que la debería promover cada uno de nosotros, en nuestras familias, nuestro barrio, en nuestros colegios, en nuestra comunidad, en nuestro trabajo, etc.

En esta coyuntura electoral, si eres un elector que quieres que se gobierne sobre la base de la verdad, la tolerancia y la decencia, debes informarte antes de votar, a través de las plataformas virtuales, algunos programas de televisión, algunos pocos periódicos y varios podcasts. Algunos ejemplos: “Calateo electoral” de Marco Sifuentes, en el cual ha seguido la trayectoria de varios candidatos que mienten, que no pagan pensiones de alimentación, que dijeron algo antes y ahora dicen otra cosa o se desdicen. El programa de Rosa María Palacios en La República que diariamente entrevista a candidatos y da noticias sobre comportamientos inmorales y hay varias otras plataformas en Youtube.

Sin embargo, hay que cuidarse de la infinidad de podcast, fabricados con inteligencia artificial para atacar a candidatos competidores, para alabar a sus candidatos inventando mentiras sobre sus virtudes o para redactar planes de gobierno. Esto nos lleva al problema central: de ¿cómo distinguir quién dice la verdad y quién no? En general, el patrón es: cuando a un candidato lo comienzan a hostigar con memes, fotos y videos que lo denigran, es muy probable que los originadores sean candidatos que ven amenazadas sus candidaturas. En consecuencia, no hay que tomarlos en cuenta. Lo curioso es que, cuanto más memes mentirosos u ofensivos contra algún candidato, esto lo ayuda en su campaña. Este fue el caso de Pedro Castillo. Este es el gran problema, la asimetría de información, es decir que no sabemos exactamente quien se comporta con valores éticos y quien no.

Obviamente, unas elecciones con 36 candidatos a la presidencia, miles de candidatos al senado y al parlamento más una ficha electoral del tamaño de una sábana, nos obliga a tres cosas: 1. Informarse bien sobre la calidad moral de los candidatos (hoy en realidad no importa sus planes de gobierno, casi todos están hechos con IA). 2. Compartir tus candidatos con la familia, los amigos, para cotejar información sobre la moralidad de ellos. 3. Antes de ir a votar, anotar en un papel por quien vas a votar, para que en el momento de emitir el voto lo hagas de manera fácil y rápida, pues sólo se tiene un minuto para votar.

Los que creemos en el futuro del Perú y de nuestros hijos, debemos promover una suerte de recuperación moral, aprovechando estas elecciones. El elegir gente proba, digna y bien capacitada -no importa de qué partido o ideología sea- es esencial para recuperar la confianza en la palabra y las acciones de los otros durante este año electoral. Pero debemos ponernos como meta una campaña de largo plazo para volver a los referentes éticos y a los valores civilizatorios que debería tener una democracia y un estado de derecho. La gran mayoría peruana se lo merece, pero tiene que aprender a merecerlo mediante una conducta ética, que ojalá pudiera medirse con un ETICOMETRO.

9.2.2026

[1] Qué ejemplo reciben los jóvenes si autoridades como Boluarte, Jerí, Trump o López Aliaga mienten permanentemente o inventan historias inverosímiles.