El Concilio Vaticano II y el rumbo de la Iglesia
7:00 p.m. | 5 feb 26 (VTN/NCR).- El Vaticano II vuelve al centro del debate eclesial. Al iniciar un nuevo ciclo de catequesis, el papa León XIV exhorta a la Iglesia a reencontrarse con este acontecimiento decisivo desde la lectura de sus documentos. En continuidad con los Papas del posconcilio, el Pontífice subraya la vigencia y la fuerza profética del Vaticano II para iluminar los desafíos actuales, y recuerda también el papel que han tenido —y siguen teniendo— los medios de comunicación en la comprensión y transmisión de su legado.
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El nuevo ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II ha reabierto una reflexión central para la vida de la Iglesia y su relación con el mundo contemporáneo. En esta publicación recogemos, en primer lugar, el mensaje de inicio de estas catequesis y los enlaces a las sesiones desarrolladas hasta ahora, para luego ofrecer una lectura histórica sobre el origen del Concilio y la mirada de los Papas a lo largo del tiempo. A continuación, abordamos el modo en que el Vaticano II fue leído y narrado por los medios durante su desarrollo, y cerramos con una breve reflexión sobre la vigencia de este acontecimiento decisivo y su capacidad de seguir iluminando el presente.
Sesenta años después, volver al Concilio Vaticano II
Tras el Año Jubilar dedicado a los misterios de la vida de Jesús, el papa León XIV anunció en una audiencia general de enero, que las catequesis de este nuevo período estarán centradas en el Concilio Vaticano II y en la relectura de sus textos fundamentales. Se trata, explicó, de una oportunidad privilegiada para redescubrir “la belleza y la importancia” de un acontecimiento que Juan Pablo II definió como “la gran gracia de la que la Iglesia ha beneficiado en el siglo XX”.
El Pontífice recordó que, junto con el aniversario del Concilio de Nicea, en 2025 se conmemoraron los 60 años del Vaticano II. Aunque no ha pasado tanto tiempo, señaló que ya no vive la generación de obispos, teólogos y fieles que lo protagonizó. Por ello, advirtió sobre el riesgo de conocer el Concilio solo por referencias indirectas o interpretaciones ideológicas, e invitó a volver a sus Documentos como fuente auténtica del Magisterio de la Iglesia. Citando a Benedicto XVI, León subrayó que los textos conciliares no han perdido actualidad. Al contrario, sus enseñanzas son especialmente pertinentes frente a los desafíos de la sociedad globalizada: “El Concilio sigue siendo hoy la estrella polar del camino de la Iglesia”, afirmó. “Como enseñaba Benedicto XVI, los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario, sus enseñanzas se revelan particularmente pertinentes ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada”.
El Concilio Vaticano II para afrontar los desafíos actuales
Al evocar la apertura del Concilio, el 11 de octubre de 1962, el Papa recordó las palabras de Juan XXIII, quien lo describió como “la aurora de un día de luz para toda la Iglesia”. A partir de una profunda reflexión bíblica, teológica y litúrgica, el Vaticano II —explicó— permitió redescubrir el rostro de Dios como Padre, presentó a la Iglesia como misterio de comunión y promovió una decisiva reforma litúrgica centrada en la participación activa del Pueblo de Dios.
Asimismo, el Concilio impulsó una nueva relación con el mundo contemporáneo, marcada por el diálogo, la corresponsabilidad y la atención a los signos de los tiempos. El papa León destacó que la Iglesia conciliar es una Iglesia abierta a la humanidad, solidaria con las esperanzas y angustias de los pueblos y comprometida en la construcción de una sociedad más justa y fraterna: “El Concilio Vaticano II ha redescubierto el rostro de Dios como Padre que, en Cristo, nos llama a ser sus hijos; ha mirado a la Iglesia a la luz del Cristo, luz de las gentes, como misterio de comunión y sacramento de unidad entre Dios y su pueblo; ha iniciado una importante reforma litúrgica poniendo en el centro el misterio de la salvación y la participación activa y consciente de todo el Pueblo de Dios”.
Una brújula para la Iglesia del siglo XXI
En este contexto, recordó una conocida afirmación de san Pablo VI: gracias al Concilio, “la Iglesia se hace palabra, mensaje y diálogo”. De ahí brota el compromiso con el ecumenismo, el diálogo interreligioso y el encuentro con todas las personas de buena voluntad. El Papa también insistió en que el espíritu conciliar debe seguir inspirando la vida espiritual y pastoral de la Iglesia. Frente a los desafíos actuales, dijo, aún queda camino por recorrer en la reforma eclesial, especialmente en clave ministerial. Para ello, es necesario ser “alegres anunciadores del Evangelio” y “valientes testigos de justicia y de paz”.
Citando a monseñor Albino Luciani, futuro papa Juan Pablo I, el Pontífice recordó que los frutos más profundos de un Concilio no dependen solo de estructuras o métodos, sino de una santidad más profunda y extendida, cuyos efectos pueden madurar incluso después de décadas: “Mons. Albino Luciani, futuro papa Juan Pablo I, como Obispo de Vittorio Veneto, al principio del Concilio escribió proféticamente: Existe como siempre la necesidad de realizar no tanto organismos o métodos o estructuras, sino santidad más profunda y extensa […]”. Al concluir esta primera sesión sobre el Vaticano II, León retomó las palabras de san Pablo VI al cierre del Concilio en 1965, cuando habló de la hora de partir y salir al encuentro del mundo para anunciar el Evangelio. “También hoy —afirmó— la Iglesia está llamada a acoger la herencia del Vaticano II y a renovar la alegría de llevar al mundo el Reino de Dios: un Reino de amor, de justicia y de paz”.
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“Custodiar el depósito de la fe y transmitirla con fidelidad”
En la primera etapa de la catequesis dedicada a los documentos del Vaticano II, el Papa ha profundizado en la Constitución conciliar Dei verbum, uno de los textos fundamentales del Concilio. En su alocución se ha centrado en tres ideas que iluminan la comprensión católica de la Revelación Divina: la acción permanente del Espíritu Santo, la unidad inseparable entre Sagrada Escritura y Tradición, y la responsabilidad de la Iglesia como custodio del “depósito” de la fe.
El Papa recordó el papel decisivo del Espíritu Santo en la transmisión de la Revelación. A partir de las palabras de Jesús en el Cenáculo, León XIV subrayó que la fe cristiana no se apoya en un recuerdo estático del pasado, sino en una presencia viva que guía a la Iglesia “hacia la verdad completa”. El Pontífice recordó que el Espíritu no añade una nueva revelación, pero sí hace posible una comprensión cada vez más profunda de la Palabra de Cristo a lo largo de la historia. Gracias a su acción, la enseñanza de Jesús permanece actual, capaz de iluminar contextos culturales, sociales y humanos muy distintos a los del siglo I. De este modo, la Iglesia no repite mecánicamente, sino que actualiza fielmente el Evangelio.
Escritura y Tradición: una unidad inseparable
Al abordar la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición, el Papa citó directamente la Dei verbum, insistiendo en que ambas proceden de una misma fuente divina y forman un único todo orientado al mismo fin, la salvación de las almas: “La Tradición eclesial se ramifica a lo largo de la historia a través de la Iglesia, que custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios. El Catecismo de la Iglesia católica (cf. n. 113) remite, a este respecto, a un lema de los Padres de la Iglesia: ‘La Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en instrumentos materiales’, es decir, en el texto sagrado”.
Lejos de presentarlas como realidades opuestas, el Papa explicó que la Escritura vive dentro de la Tradición de la Iglesia, que la custodia, la interpreta y la encarna. En este sentido, evocó la enseñanza de los Padres de la Iglesia según la cual la Palabra de Dios fue “escrita primero en el corazón de la Iglesia” antes de quedar fijada en textos. Esta visión subraya que la Biblia no es un libro aislado, sino el libro de un pueblo creyente. Además, el Pontífice destacó el carácter dinámico de esta relación, recordando que la Palabra de Dios no está “fosilizada”, sino que crece y se desarrolla en la vida de la comunidad cristiana, tal como afirmaron san Gregorio Magno y san Agustín. Sobre el “depósito de la fe”, confiado a la Iglesia, el Santo Padre retomó la exhortación de san Pablo a Timoteo, explicando que este depósito —la Palabra de Dios transmitida en la Escritura y la Tradición— debe ser conservado íntegro y transmitido fielmente.
Custodiar no significa inmovilizar
León XIV subrayó que custodiar no significa inmovilizar. Inspirándose en John Henry Newman, recordó que la doctrina cristiana se desarrolla como una semilla que crece desde dentro, sin perder su identidad. El Magisterio de la Iglesia, ejercido en nombre de Jesucristo, tiene la misión de garantizar esta fidelidad, evitando tanto la ruptura con la tradición apostólica como una lectura rígida incapaz de dialogar con la historia. Sugestivo, en esta línea, es lo que proponía el santo Doctor de la Iglesia John Henry Newman, en su obra titulada El desarrollo de la doctrina cristiana. Afirmaba que el cristianismo, tanto como experiencia comunitaria como doctrina, es una realidad dinámica, tal y como indicó el mismo Jesús con las parábolas de la semilla (cf. Mc 4,26-29): una realidad viva que se desarrolla gracias a una fuerza vital interior.
En este contexto, el Pontífice apeló a la responsabilidad de todos los fieles: obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, llamados a custodiar el depósito de la fe como una “estrella polar” en medio de la complejidad del mundo actual. Concluyendo su catequesis, el Papa recordó que Escritura y Tradición, unidas bajo la acción del Espíritu Santo, no solo conservan la memoria del pasado, sino que hacen posible una fe viva, capaz de responder a los desafíos del presente. Una enseñanza que reafirma la actualidad del Concilio Vaticano II y su valor como brújula para la Iglesia del siglo XXI.
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El Concilio explicado por los Papas
El Concilio Ecuménico Vaticano II “nos ha ayudado a abrirnos al mundo y a comprender los cambios y los desafíos de la época moderna desde el diálogo y la corresponsabilidad”. Estas palabras, pronunciadas por el Papa en la primera Audiencia General del año, son también una invitación a volver a reflexionar sobre este acontecimiento central en la historia de la Iglesia. Las preguntas fundamentales sobre el Concilio -su naturaleza y sus frutos- pueden convertirse, de manera especial, en los ejes de un itinerario que se despliega a través de las reflexiones de los distintos Pontífices.
¿Quién convocó el Concilio?
El Concilio Ecuménico Vaticano II fue convocado por el papa Juan XXIII y se inauguró el 11 de octubre de 1962. El papa Benedicto XVI participó en aquel acontecimiento primero como consultor teológico del cardenal de Colonia, Josef Frings, y luego como perito conciliar. El 11 de octubre de 2012, durante la Misa de apertura del Año de la Fe, el pontífice alemán recordó las palabras pronunciadas por el papa Roncalli en la inauguración de aquel histórico acontecimiento:
“En el discurso de apertura, presentó el fin principal del Concilio en estos términos: ‘El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz (…) La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina (…) Para eso no era necesario un Concilio (…) Es preciso que esta doctrina verdadera e inmutable, que ha de ser fielmente respetada, se profundice y presente según las exigencias de nuestro tiempo’ (AAS 54 [1962], 790. 791-792). Así decía el papa Juan en la inauguración del Concilio.
A la luz de estas palabras, se comprende lo que yo mismo tuve entonces ocasión de experimentar: durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado: en la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible. Por esto mismo considero que lo más importante, especialmente en una efeméride tan significativa como la actual, es que se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo”.
¿Por qué se convocó el Concilio?
El Concilio Ecuménico Vaticano II se celebró “en un momento en el que la Iglesia siente con mayor intensidad el deseo de robustecer su fe con fuerzas nuevas y de contemplarse a sí misma en la espléndida imagen de su unidad”. Así lo subrayó el papa Juan XXIII en la Constitución apostólica Humanae salutis. En este documento, el papa Roncalli se detiene también en los motivos que llevaron a la convocatoria del Concilio:
“Ante este doble espectáculo, la humanidad, sometida a un estado de grave indigencia espiritual, y la Iglesia de Cristo, pletórica de vitalidad, ya desde el comienzo de nuestro pontificado -al que subimos, a pesar de nuestra indignidad, por designio de la Divina Providencia- juzgamos que formaba parte de nuestro deber apostólico el llamar la atención de todos nuestros hijos para que, con su colaboración a la Iglesia, se capacite ésta cada vez más para solucionar los problemas del hombre contemporáneo.
Por ello, acogiendo como venida de lo alto una voz íntima de nuestro espíritu, hemos juzgado que los tiempos estaban ya maduros para ofrecer a la Iglesia católica y al mundo el nuevo don de un Concilio ecuménico, el cual continúe la serie de los veinte grandes Sínodos, que tanto sirvieron, a lo largo de los siglos, para incrementar en el espíritu de los fieles la gracia de Dios y el progreso del cristianismo”.
¿Qué fue el Concilio?
El Concilio respondió al desafío “de comprender más profundamente, en un período de rápidos cambios, la naturaleza de la Iglesia y su relación con el mundo”. El papa Juan Pablo II, que participó en este gran acontecimiento como padre conciliar, delineó el significado de este evento en el discurso que pronunció en el año 2000 con ocasión de un congreso internacional de estudio sobre la aplicación del Concilio:
“El Concilio ecuménico Vaticano II fue un don del Espíritu Santo a su Iglesia. Por este motivo sigue siendo un acontecimiento fundamental, no sólo para comprender la historia de la Iglesia en este tramo del siglo, sino también, y sobre todo, para verificar la presencia permanente del Resucitado junto a su Esposa entre las vicisitudes del mundo. Por medio de la asamblea conciliar, con motivo de la cual llegaron a la Sede de Pedro obispos de todo el mundo, se pudo constatar que el patrimonio de dos mil años de fe se había conservado en su autenticidad originaria.
Con el Concilio, la Iglesia vivió, ante todo, una experiencia de fe, abandonándose a Dios sin reservas, con la actitud de que quien confía y tiene la certeza de ser amado. Precisamente esta actitud de abandono en Dios se nota con claridad al hacer un examen sereno de las Actas. Quien quisiera acercarse al Concilio prescindiendo de esta clave de lectura, no podría penetrar en su sentido más profundo. Sólo desde una perspectiva de fe el acontecimiento conciliar se abre a nuestros ojos como un don, cuya riqueza aún escondida es necesario saber captar”.
¿Qué nos deja el Concilio?
Es necesario mirar a la herencia del Concilio, que constituye una fuente siempre viva para el futuro de la Iglesia. Pablo VI, en la audiencia general del 12 de enero de 1966, se detuvo en este “acontecimiento tan raro y tan grande”. El recuerdo -explica el papa Montini- remite a un hecho pasado: “la memoria lo recoge, la historia lo registra, la tradición lo conserva; pero todo este proceso se refiere a un momento concluido, a un acontecimiento ya pasado”. El Concilio, en cambio, no queda encerrado en su pasado:
“El Concilio deja a la Iglesia que lo celebró a sí misma. El Concilio no nos obliga tanto a mirar hacia atrás, al momento de su celebración, sino que nos impulsa a mirar la herencia que nos ha legado, una herencia que está viva y que perdurará en el futuro. ¿Y cuál es esta herencia? La herencia del Concilio está constituida por los documentos que fueron promulgados en las distintas fases conclusivas de sus debates y deliberaciones. Se trata de documentos de diversa naturaleza: cuatro Constituciones, nueve Decretos y tres Declaraciones. Pero todos juntos forman un único cuerpo de doctrina y de normas, destinado a ofrecer a la Iglesia la renovación para la cual fue convocado el Concilio. Conocer, estudiar y aplicar estos documentos es a la vez el deber y la gracia del período posconciliar”.
¿Qué indica hoy el Concilio a la Iglesia?
Es necesario redescubrir el Concilio “para devolverle el primado a Dios, a lo esencial”. Así lo recordó el papa Francisco el 11 de octubre de 2022, al conmemorarse el 60º aniversario del inicio del Concilio Ecuménico Vaticano II, señalando la dirección que hoy la Iglesia está llamada a seguir, retomando los pasos de los padres conciliares:
“El Concilio indica a la Iglesia esta ruta: la hace volver, como Pedro en el Evangelio, a Galilea, a las fuentes del primer amor, para redescubrir en sus pobrezas la santidad de Dios (cf. Lumen gentium, 8c; cap. V). También nosotros, cada uno de nosotros tiene su propia Galilea, la Galilea del primer amor, y seguramente también cada uno de nosotros hoy está invitado a volver a su Galilea para escuchar la voz del Señor, ‘sígueme’. Ahí, para volver a encontrar en la mirada del Señor crucificado y resucitado la alegría perdida, para concentrarse en Jesús. Reencontrar la alegría, una Iglesia que ha perdido la alegría ha perdido el amor.
El papa Juan, en sus últimos días, escribía: ‘Esta vida mía que llega a su fin no podría terminar mejor que concentrándome totalmente en Jesús, Hijo de María (…) grande y continuada intimidad con Jesús, contemplado en imagen: niño, crucificado, adorado en el Sacramento’ (Diario del alma, 977-978). ¡Esta es nuestra mirada alta, nuestra fuente siempre viva! Jesús, la Galilea del amor, Jesús que nos llama, Jesús que nos pregunta ‘¿me amas?’. Hermanos, hermanas, volvamos a las límpidas fuentes de amor del Concilio”.
¿Cómo conocer el patrimonio del Concilio?
¿Cómo hacer que el Concilio esté cerca del camino cotidiano de la Iglesia? Esta es la pregunta que acompañó la catequesis de León XIV en la audiencia general del 7 de enero de 2026. Es necesario conocer el Concilio “de nuevo y de cerca”, y dar este paso “no a través del ‘se dice’ ni de las interpretaciones que se han hecho de él”:
“Al acercarnos a los documentos del Concilio Vaticano II y redescubrir su carácter profético y su actualidad, acogemos la rica tradición de la vida de la Iglesia y, al mismo tiempo, nos interrogamos sobre el presente y renovamos la alegría de salir al encuentro del mundo para llevarle el Evangelio del Reino de Dios, Reino de amor, de justicia y de paz”.
Volver a leer sus documentos y reflexionar sobre su contenido: este es, por tanto, el camino maestro para redescubrir la belleza y la importancia de este acontecimiento eclesial. Un “cara a cara” fundamental también para comprender qué fue realmente el Concilio y qué frutos sigue dando hoy en el camino de la Iglesia.
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El Concilio en los medios: redescubrir el Vaticano II
El XXI Concilio Ecuménico Vaticano II, inaugurado en 1962 por el papa Juan XXIII en un tiempo de profundas transformaciones, también en el ámbito de la comunicación, recibió desde el inicio una amplia cobertura mediática. El día de su solemne apertura, el 11 de octubre, la prensa mundial destacó el acontecimiento como un hito destinado a transformar el rostro de la Iglesia.
Los principales medios internacionales subrayaron la relevancia histórica del Concilio. Le Figaro habló de un “gesto de gran valor histórico”; Le Monde, de un “hecho de paz y distensión entre los Estados”. The New York Times lo definió como un “proyecto maravilloso y excepcional para el mundo entero”, mientras que la radio suiza SRF lo calificó como el “Concilio de la Esperanza”. Para La Vanguardia, había llegado “en el momento más oportuno”, y Corriere della Sera lo describió como “la iniciativa más valiente de un Papa”, destacando el deseo de la Iglesia de presentarse al mundo y permanecer viva en la historia.
Entre las figuras que captaron la atención mediática destacó el entonces arzobispo de Milán, el cardenal Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI, cuyo “tono pastoral y conciliador” fue señalado por la prensa italiana. Al día siguiente de la apertura, L’Osservatore Romano tituló en portada: “Luz de verdad, santidad y paz en la vida de la Iglesia”, subrayando el lugar central de la Palabra de Dios en la asamblea conciliar.
Benedicto XVI, el Concilio y el escrutinio de los medios de comunicación
Años más tarde, el papa Benedicto XVI ofreció una lectura más profunda y crítica del papel de los medios. En una conversación con párrocos en 2013, distinguió entre el “Concilio de los Padres” y el “Concilio de los medios de comunicación”, que —según explicó— interpretó el acontecimiento con categorías “fuera de la fe” y terminó imponiéndose en la percepción pública. Este “Concilio virtual”, afirmó, dificultó la recepción auténtica del Vaticano II, aunque con el paso del tiempo su influencia está destinada a desvanecerse, dejando emerger la verdadera fuerza espiritual del Concilio.
Para los medios de comunicación, Benedicto XVI enfatizó aún más, en su reunión de 2013, que “el Concilio fue una lucha política, una lucha de poder entre diferentes facciones de la Iglesia (…) Era obvio que los medios de comunicación se alinearían con el bando que les pareciera más apropiado. Había quienes buscaban la descentralización de la Iglesia, el poder para los obispos y, luego, mediante el término ‘Pueblo de Dios’, el poder del pueblo, de los laicos (…) La verdadera fuerza del Concilio estuvo presente y, poco a poco, se va percibiendo cada vez más y se convierte en la verdadera fuerza que luego también conduce a la verdadera reforma, a la verdadera renovación de la Iglesia. Me parece que, 50 años después del Concilio —declaró Benedicto XVI—, vemos cómo este Concilio virtual se desmorona, se pierde, y el verdadero Concilio surge con toda su fuerza espiritual”.
En la actualidad, el papa León XIV ha retomado esta cuestión con el nuevo ciclo de catequesis sobre el Vaticano II (el tema ya ha sido abordado en estas primeras 5 semanas del año y continuará los miércoles). Es una invitación a acercarse directamente a los documentos conciliares para redescubrir su vigencia profética y su capacidad de iluminar el presente. También hoy —subrayó— los medios de comunicación pueden desempeñar un papel decisivo en este proceso, siempre que respeten el sentido auténtico de los textos y favorezcan una relectura fiel de la herencia conciliar, como camino para renovar el anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo.
VIDEO. León XIV “Gracias al Concilio Vaticano II, la Iglesia se hace palabra”
¿Qué nos enseñará sobre el Vaticano II el primer Papa estadounidense?
Todos los Papas del período posterior al Vaticano II han sido, de distintas maneras, fieles al Concilio. Ninguno de ellos ha derogado ni sustituido sus documentos; por el contrario: el compromiso de Juan Pablo II con el diálogo interreligioso, y en particular con el judaísmo, fue más allá de la letra de Nostra aetate; Benedicto XVI mantuvo en gran medida en el ámbito privado su malestar con la constitución Gaudium et spes; Francisco manifestó su fidelidad de forma muy visible mediante gestos ad extra. La fidelidad del papa León XIV al Vaticano II se ha vuelto programáticamente clara desde el inicio del nuevo año, con el ciclo de catequesis dedicada al Concilio: “Será importante conocerlo nuevamente de cerca, y hacerlo no a través ‘de oídas’ o de interpretaciones que se han dado, sino releyendo sus Documentos y reflexionando sobre su contenido. De hecho, se trata del Magisterio que constituye todavía hoy la estrella polar del camino de la Iglesia”.
En cierto sentido, se trata de un segundo comienzo del pontificado, también porque ahora León puede configurar su agenda con mayor libertad de la que tuvo durante el Año Jubilar. La decisión de León evoca la exhortación Novo Millennio ineunte de Juan Pablo II (6 de enero de 2001): “Después de concluir el Jubileo siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza”.
Las catequesis de León merecerán un análisis detenido. Por ahora, es importante situar su decisión de dedicar una serie de catequesis al Vaticano II en el contexto de su pontificado y de la Iglesia. Desde el inicio de su pontificado, León envió señales claras de su intención de continuar la implementación del Vaticano II, especialmente en su discurso del 10 de mayo a los cardenales. Desde entonces, ha citado numerosos textos conciliares, incluidos documentos menos conocidos, como los relativos al ministerio y a la formación sacerdotal.
Un momento particularmente significativo fue la conmemoración, a finales de octubre, del aniversario de la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Nostra aetate volvió a ocupar un lugar destacado, junto con la declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, en su discurso del 9 de enero al cuerpo diplomático. Las reacciones en las redes sociales católicas ponen de manifiesto el coraje de León al elegir este tema. Entre tradicionalistas y sectores de derecha, la sola mención del Vaticano II evoca los fantasmas de una supuesta toma liberal orientada a destruir la Iglesia “correctamente entendida”. Esta vez no fue la excepción. Incluso antes del anuncio de las catequesis por parte de León, el obispo Robert Barron publicó una postura crítica contra la sinodalidad y contra “el espíritu” del Vaticano II. Barron volvió a ignorar el otro significado de esa expresión en el lenguaje magisterial: el espíritu como la intención real de los padres conciliares, que debe ser tenida en cuenta junto con los textos.
La condición de León como “el papa estadounidense” da también testimonio de su coraje al volver una y otra vez al Vaticano II, dado que la Iglesia en Estados Unidos está profundamente polarizada en torno al Concilio. El catolicismo estadounidense se ha dividido en dos grandes corrientes en relación con el Vaticano II: una que mira únicamente a los documentos, prescindiendo de su espíritu, y otra que descarta los documentos conciliares como un intento superficial de afrontar la modernidad. El éxito internacional del libro de John O’Malley de 2008, What Happened at Vatican II, fue más bien la excepción a la regla.
Solo recientemente, una red internacional de más de 150 especialistas, impulsada por el teólogo de Tubinga Peter Hünermann (editor durante décadas del Denzinger, fallecido el 21 de diciembre a los 96 años), ha puesto a disposición en acceso abierto una nueva serie de investigaciones académicas sobre el Vaticano II, en inglés y realizadas por historiadores y teólogos angloparlantes. El nuncio apostólico en Estados Unidos, el cardenal Christophe Pierre, constató esta situación particular del catolicismo estadounidense a lo largo de toda su misión en Washington, D.C. En el discurso que pronunció el pasado noviembre en Baltimore ante la conferencia episcopal, Pierre afirmó: “Hoy habitamos el mundo que el Concilio previó: un mundo marcado por profundos cambios culturales, transformaciones tecnológicas y una mentalidad secularizada que desafía la fe en sus raíces. Este es el momento de desplegar el mapa del Concilio y recorrer su camino, para redescubrir en esos textos la luz y el coraje necesarios para atravesar este tiempo con fidelidad y creatividad”.
León es un católico nacido en EE.UU. que pasó dos décadas en América Latina. Esa experiencia, en una Iglesia profundamente marcada por el Vaticano II y el período posconciliar, lo inmunizó contra una enfermedad típica de la teología posconciliar: la tendencia a considerar el Concilio como una revolución fallida. León —primer Papa procedente de Estados Unidos, primero nacido después de la Segunda Guerra Mundial y primer canonista en mucho tiempo— puede conducir a la Iglesia a un redescubrimiento del Vaticano II a través de sus textos. Durante un tiempo se sostuvo que existía una contradicción irreconciliable entre el derecho canónico y la teología del Vaticano II. En el mundo actual, donde dirigentes políticos afirman abiertamente no estar sujetos a la ley, contar con un Papa canonista es una de esas bendiciones capaces de dar frutos inesperados.
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Fuentes
- Ynestroza, P. (2026, 7 de enero). León XIV: El Vaticano II sigue siendo una profecía viva para la Iglesia y el mundo. Vatican News.
- Lomonaco, A. (2026, 7 de enero). El Concilio explicado por los Papas. Vatican News.
- Lomonaco, A. (2026, 28 de enero). El Concilio en los medios de comunicación: redescubrir el Vaticano II. Vatican News.
- Ynestroza, P. (2026, 28 de enero). Catequesis de León XIV: “Custodiar el depósito de la fe y transmitirla con fidelidad”. Vatican News.
- Faggioli, M. (2026, enero 16). What will the first US pope teach us about Vatican II? National Catholic Reporter.
- Videos: Vatican Media – Rome Reports
- Foto: Giancarlo Giuliani (CNS Photo – America Magazine)

