Crisis humanitaria en Irak: Francisco reclama atención

7:00 p.m. | 16 dic 20 (LN/VTN).- En un sorpresivo anuncio, la Santa Sede comunicó que el Papa visitará Irak en marzo del 2021. Es un pendiente urgente para Francisco (la paz en Medio Oriente) que se convertirá en el primer pontífice que pisa Irak, país castigado por diversos conflictos y recientemente, una guerra civil. Su población es de mayoría musulmana, pero cuenta con una pequeña y muy viva minoría cristiana (cerca de medio millón de fieles). Además, esta semana el Vaticano organizó un encuentro virtual de medio centenar de organizaciones e instituciones católicas, para analizar la situación actual y acciones futuras, enfocados en la transición de la fase de emergencia a una de desarrollo y en el regreso de cristianos a sus lugares de origen.

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Hasta 2003, año en el que cayó el dictador Saddam Hussein -que estuvo en el poder un cuarto de siglo y protegió a esta comunidad-, la población cristiana en Irak contaba aproximadamente con más de 1 millón y medio de fieles, pertenecientes a las iglesias siria, católica caldea, siro-ortodoxa, sirio-católica y armenia. En los años siguientes, el número de cristianos descendió abruptamente debido a un éxodo causado por la guerra y la ocupación de la llanura de Nínive por el autodenominado Estado Islámico. Por eso, hoy se cuentan entre 250.000 y 400.000 cristianos en el país, aunque nadie sabe el número exacto.

Viajar a Irak fue uno de los grandes sueños de san Juan Pablo II (1978-2005), que hubiera querido ir a Ur de los Caldeos, tierra de origen de Abraham, para la primera etapa de su peregrinaje del Jubileo por el año 2000. El propio Karol Wojtyla lamentó, en “¡Levantaos, ¡vamos!”, un libro autobiográfico que se publicó en mayo de 2004, no haber podido hacer ese viaje debido a la oposición de autoridades iraquíes, que no lo permitieron más allá de diversas negociaciones.

El último viaje internacional del papa Francisco fue a Tailandia y Japón, en noviembre de 2019. Francisco había expresado claramente su intención de visitar Irak el 10 de junio de 2019, durante la audiencia con los participantes en la Reunión de las Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales (Roaco). “Un pensamiento insistente me acompaña pensando en Irak, para que pueda mirar adelante a través de la pacífica y compartida participación en la construcción del bien común de todos los componentes también religiosos de la sociedad y recaiga en tensiones que provienen de los jamás aplacados conflictos de las potencias regionales”.

El 25 de enero de este año, el Papa recibió a Barham Salih, Presidente de la República de Irak, en el Vaticano. Tal como recordó Vatican News, el portal del Vaticano, Salih destacó varias veces el valor de los cristianos y su papel en la reconstrucción del país. En la misma línea el primer Ministro, Mustafá Al-Kazemi, que invitó a los cristianos, que huyeron de Irak a causa de las violencias, a volver para contribuir a la reconstrucción.

Sin embargo, las obras de construcción de la paz, la seguridad y la estabilidad tienen un largo camino por recorrer. La crisis económica, el desempleo, la corrupción y la tragedia de los aproximadamente 1,7 millones de desplazados internos están poniendo a dura prueba los proyectos de desarrollo. El UNICEF estima que más de 4 millones de personas necesitan asistencia humanitaria, la mitad son niños. En este contexto, en el que faltan hospitales y medicamentos, la pandemia de la COVID-19 ha matado a miles de personas.

En este marco, la iglesia local se encuentra en primera línea y espera con gran expectativa al exarzobispo de Buenos Aires. “El Papa es un hombre abierto, un buscador de paz y de fraternidad. Todos en Irak, cristianos y musulmanes, lo estiman por su sencillez y cercanía”, dijo el cardenal Louis Raphael Sako, Patriarca de Babilonia de los Caldeos, a la agencia SIR, hace un año. “Sus palabras tocan los corazones de todos porque son las de un pastor. Es un hombre que puede traer paz. Muchos millones de musulmanes siguieron la visita del Pontífice a Abu Dhabi. Será así también en Irak”.

La noticia del viaje despertó grandes preguntas entre los periodistas “vaticanistas” que suelen acompañar al pontífice: ¿será posible ir con él esta vez -será el 33 viaje apostólico de su pontificado-, vistas las normas de distanciamiento social vigentes? Así como en este momento suele estar acompañado por un número limitado de personas en sus ceremonias en el Vaticano, se presume que la comitiva será muy reducida. Entre los pocos participantes se descuenta que estará un compatriota, el cardenal argentino Leonardo Sandri, que es prefecto para las Iglesias Orientales y que, el año pasado, viajó a Irak.

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Las cuatro sesiones del encuentro -situación política y diplomática; la Iglesia en Siria e Iraq; la cuestión del retorno y migrantes y desplazados; y los organismos católicos: de la emergencia al desarrollo- estuvieron marcadas por discursos y debates.

La primera fue inaugurada por Mons. Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados, quien esbozó un resumen de la situación sociopolítica en Oriente Medio, con especial atención a Iraq, a Siria, al Líbano, a la Turquía y a Jordania. Ante las “tensiones y conflictos” que atraviesan la región, el prelado expresó la esperanza de que los “recientes acuerdos de Abraham” puedan favorecer “una mayor estabilidad”; y que los diversos retos en el campo, “desde los humanitarios hasta los políticos”, se afronten “con sinceridad y coraje”. “Cada vez que las diócesis, las parroquias, las asociaciones, los voluntarios o los individuos trabajan para apoyar a quien está abandonado o necesitado”, concluyó Monseñor Paul Richard Gallagher, asegurando el constante compromiso de la Santa Sede a favor de la paz, “el Evangelio adquiere una nueva fuerza de atracción”.

La situación de las comunidades cristianas que residen en los países afectados por la guerra fue el centro del discurso del Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales. Ante la “herida” de la emigración, que afecta sobre todo a los jóvenes, el purpurado expresó su deseo de que se haga todo lo posible para evitar un “Oriente Medio monocromo que no refleje en absoluto su rica realidad humana e histórica”. En esta vasta región hay hombres y mujeres que desean “regresar a su propia tierra” para “volver a construir sus sueños”, incluso logrando aprovechar las posibles oportunidades de las crisis en curso.

“Los cristianos están llamados, como todos los ciudadanos”, añadió el Cardenal Leonardo Sandri, “a contribuir al nacimiento de una nueva Siria, un nuevo Iraq según su propia identidad enunciada en los principios de la no violencia, el diálogo, el respeto de la dignidad humana, los derechos humanos y las libertades fundamentales, el pluralismo, la democracia, la ciudadanía, el estado de derecho, la separación entre religión y Estado”.

La reunión fue clausurada por el Cardenal Peter K.A. Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, y el Secretario General de Caritas Internationalis, Aloysius John, que reflexionaron sobre el papel de las agencias católicas y cómo pueden promover la transición de la fase de emergencia a la del desarrollo integral. El cardenal subrayó que “es necesario dar a las personas un signo de esperanza concreta, para que puedan regresar a sus países y vivir en seguridad”.

Por su parte, el Secretario General de Caritas Internationalis describió la ayuda material que la organización ofrece “para apoyar, acompañar y defender” a las “víctimas inocentes” de los conflictos, especialmente a “un gran número de minorías cristianas que son las más vulnerables”. Un compromiso que no se limita a una simple respuesta a la emergencia, sino que es también un acompañamiento hacia el futuro, hacia la autonomía y una vida digna.

Caritas Internationalis presentó tres propuestas: el levantamiento inmediato de las sanciones para aliviar el sufrimiento de la población local y permitir que las organizaciones humanitarias respondan a las urgentes necesidades relacionadas con la proximidad del invierno y la pandemia de COVID-19; un aumento de los recursos financieros a destinar a los programas de ayuda para reconstruir el tejido social y responder a las necesidades de las comunidades locales; un mayor apoyo a los programas de las organizaciones de la sociedad civil destinados a prestar ayuda humanitaria y a promover la rehabilitación y el desarrollo.

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Fuentes:

La Nación / Vatican News / Foto: Religion News Service

 

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