Francisco ataca corrupción vaticana: contratos públicos

10:00 p.m. | 9 jun 20 (LN/VATN).- En el marco de la limpieza de las oscuras finanzas del Vaticano, el Papa promulgó un decreto que cambia radicalmente la política de compras, licitaciones y contratos de la Santa Sede. Incluso exige a oficinas de la curia que todavía se resisten a una rigurosa rendición de cuentas. El objetivo, además de la transparencia, es la centralización de las compras y una drástica reducción de los gastos, más que necesaria en un momento de graves dificultades económicas. El escenario también fue explicado por el Prefecto de la Secretaría para la Economía, el P. Juan Antonio Guerrero.

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En un nuevo “Motu Propio” que fue fruto de cuatro años de trabajo entre diversos entes vaticanos, el Papa estableció detalladas normas “sobre transparencia, control y competencia en los procedimientos de los contratos públicos de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano”. Se trata de un “Código de contratos” que de ahora en adelante se convertirá en una referencia única para todos los entes, del que se ocupó especialmente en los últimos meses el nuevo “ministro de Economía” del Vaticano, el padre jesuita Juan Antonio Guerrero Alves, sucesor del cardenal australiano George Pell en la Secretaría para la Economía, un cargo considerado una verdadera “papa caliente”.

Esta detallada legislación -que consta de 86 artículos, más 12 relativos a la tutela jurisdiccional en casos de contenciosos- “se inscribe en la más avanzada legislación internacional en la materia”, subrayó un comunicado del Vaticano. Contempla la Convención de Naciones Unidas contra la corrupción, reemplaza las normativas anteriores y se extiende a todos los entes de la Santa Sede que adolecían de leyes propias para contratos y licitaciones. La nueva ley permitirá una mejor gestión de los recursos y reducirá el peligro de corrupción.

“La diligencia del buen padre de familia es el principio general y de máximo respeto, sobre la base del cual todos los administradores deben atender sus funciones”, escribió el Papa en el comienzo del texto, que destaca la “urgente exigencia de una administración fiel y honesta”, especialmente a la hora de gestionar biene públicos.

El primer artículo explica el objetivo de la nueva ley, que es el empleo sostenible de los fondos internos, la transparencia de los procedimientos de adjudicación, “la paridad de trato y la no discriminación de los oferentes, en especial, mediante medidas que permitan contrastar acuerdos ilícitos en materia de competencia y la corrupción”.

El artículo 5 enumera los principios fundamentales: la ética en las decisiones económicos y en los interlocutores, en el respeto de la Doctrina Social de la Iglesia; la autonomía administrativa y la subsidiariedad; la leal colaboración entre los diversos entes, para obtener “economicidad, eficacia y eficiencia”, así como “programación y racionalización del gasto”, evitando operaciones no necesarias y, sobre todo, un procedimiento de adjudicación “transparente, objetivo e imparcial”.

El nuevo código, que entrará en vigor en treinta días, contempla medidas en contra del conflicto de interés, así como de acuerdos ilícitos en materia de competencia y corrupción. Todo esto para evitar “cualquier distorsión de la competencia y garantizar la paridad de trato entre todos los operadores económicos”.

Quedarán afuera de la inscripción del relativo Registro a instaurarse y de la participación en licitaciones, aquellos operadores económicos que en ese momento están bajo investigación, sometidos a medidas cautelares, condenas en primer grado por “participación en una organización criminal, corrupción, fraude, delitos terroristas, reciclaje de fondos provenientes de actividades ilícitas”. Tampoco podrán participar evasores fiscales o operadores residentes en Estados con “regímenes fiscales privilegiados”, es decir, en paraísos fiscales.

Para evitar derroches y siempre con el objetivo de la transparencia, el nuevo código implica una centralización de la gestión. Salvo excepciones, “todos los bienes y servicios, bajo pena de nulidad del relativo contrato, son ordinariamente adquiridos de modo centralizado”, dice el texto. Las “autoridades centralizadas” son por un lado el APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica), que incluye los dicasterios de la curia romana y las instituciones relacionadas con la Santa Sede y por otro, el Governatorato -la administración de la Ciudad del Vaticano.

La Secretaría para la Economía, que dirige Guerrero Alves, en coordinación con el APSA y el Governatorato, cada seis meses publicará y actualizará “la lista de los precios y los correspondientes de referencia de bienes y servicios”, junto al costo del trabajo de los profesionales inscriptos en el Registro. En lo que supone otra inmensa novedad, los entes vaticanos deberán planear sus gastos antes del 31 de octubre de cada año.

En la Secretaría de la Economía también se creará un registro de empleados permanentes y temporarios habilitados para la función de proyectista perito y de miembro de una comisión evaluadora. Serán sorteados y participarán de forma rotativa en comisiones de acuerdo a sus calificaciones profesionales. En este marco, se detallan diversas “incompatibilidades” para ser inscripto, entre las cuales, ser familiar “hasta el cuarto grado” o la afinidad “hasta el segundo grado” de un operador económico que haya presentado una oferta, o haya sido socio en los cinco años anteriores.

El doctor Giuseppe Pignatone, presidente del tribunal del Vaticano, destacó en L’Osservatore Romano la importancia de la nueva ley. “Constituye una nueva e importante manifestación de la voluntad del papa Francisco y por ende, de la Santa Sede, de ser parte activa de la comunidad internacional, compartiendo y aceptando las reglas que han inspirado en estos años importantes reformas en varios campos del ordenamiento jurídico vaticano”, dijo, al destacar que los objetivos son tres.

“Primero, realizar notables reducción de gastos como resultado de una más amplia y correcta competencia entre los operadores económicos interesados, que podrán inscribirse en un registro, algo muy necesario en este momento, lamentablemente destinado a durar, de graves dificultades económicas en el mundo, pero también para el Vaticano; segundo, una eficiente gestión de los recursos; tercero, un renovado empeño en contra del riesgo de corrupción”, anotó.

ENLACE: “Motu Proprio” del Papa sobre la transparencia, control y concurrencia en adjudicación de contratos públicos de la Santa Sede

Guerrero: comprometidos con la transparencia, la rigurosidad y la austeridad

Desde hace pocos meses es el Prefecto de la Secretaría para la Economía, llamado por el Papa Francisco para llevar a cabo una reforma que busca la transparencia económica de la Santa Sede y un uso cada vez más eficiente de los bienes y recursos que están al servicio de su misión evangelizadora, el Padre Juan Antonio Guerrero Alves tiene que afrontar ahora la crisis provocada por la COVID-19.

-Padre Guerrero, ¿realmente el Vaticano arriesga el default, como alguien escribió?

No. Yo creo que no. El Vaticano no está en peligro de default. Eso no significa que no debamos enfrentar la crisis por lo que es. Ciertamente tenemos por delante años difíciles. La Iglesia cumple su misión con la ayuda de las ofrendas de los fieles. Y no sabemos cuánto podrá donar la gente. Precisamente por eso debemos ser sobrios, rigurosos.

Debemos administrar con la pasión y la diligencia de un buen padre de familia. Hay tres cosas que no se cuestionan, ni siquiera en esta época de crisis: la remuneración de los trabajadores, la ayuda a las personas en dificultad y el apoyo a las Iglesias necesitadas. Ningún corte afectará a los más vulnerables. No vivimos para salvar el budget. Confiamos en la generosidad de los fieles. Pero debemos mostrar a los que nos donan parte de sus ahorros que su dinero está bien gastado. Hay muchos católicos en el mundo dispuestos a donar para ayudar al Santo Padre y a la Santa Sede a cumplir su misión. Es a ellos a quienes debemos rendir cuentas. Y a ellos podemos recurrir.

-La situación del Vaticano no es diferente de la de muchos otros Estados llamados a enfrentar una grave crisis económica a causa de la pandemia: ¿cómo piensan concretamente enfrentarla?

Es cierto que la situación no es diferente, pero también es cierto que no tenemos la ventaja de la política monetaria ni de la política fiscal. Sólo podemos contar con la generosidad de los fieles, con un pequeño patrimonio y con la capacidad de gastar menos. Contrariamente a lo que mucha gente piensa, no hay grandes salarios aquí.

La buena noticia es que la SPE, la APSA, la Secretaría de Estado, la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el Consejo para la Economía y la Gobernación están trabajando juntos para enfrentar la crisis y reformar lo que necesita ser reformado. Hemos pedido a cada cuerpo que haga todo lo posible para reducir los gastos y salvaguardar la esencialidad de su misión.

En un nivel más estructural, dado que el déficit es estructural, tendremos que centralizar las inversiones financieras, mejorar la gestión del personal, mejorar la gestión de las adquisiciones. Trabajamos en constante relación con todos los dicasterios, conjugando centralización con la subsidiariedad; las autonomías con los controles; la profesionalidad con la vocación.

-Esta centralización de las inversiones, de la que usted habla, ¿cuándo y cómo se llevará a cabo?

Tenemos un grupo de trabajo en esto, que colabora en un clima sereno. Llevará unos cuantos meses más. El objetivo no es sólo centralizar: es hacer algo profesional, sin que haya conflicto de intereses y con criterios éticos. No sólo debemos evitar las inversiones poco éticas, sino también promover las inversiones vinculadas a una visión diferente de la economía, a la ecología integral, a la sostenibilidad.

-¿Cómo garantizará la Santa Sede los servicios que ofrece actualmente y los salarios de las personas que trabajan actualmente, a pesar de la reducción sustancial de los ingresos que hará que el rojo de las cuentas aumente?

No somos una gran potencia. Se discute la dificultad de hacerlo en los grandes países europeos. Imaginemos nosotros. Debemos ser humildes. Somos una familia con un pequeño patrimonio y la generosa ayuda de muchos. Lo lograremos. Con nuestra capacidad para administrar bien. Con la ayuda de Dios y los fieles. Toda la Iglesia está sostenida de este modo.

Empezaremos compartiendo la verdad de la situación económica. Lo mejor que podemos hacer es ser diligentes y transparentes. Contaremos con el dinero con el que podamos contar. Construiremos un presupuesto base cero para el 2021. A partir de la esencialidad de la misión.

-¿Pero cómo podemos aumentar la confianza de los fieles después de las noticias del año pasado sobre cómo se hicieron algunas inversiones?

La confianza se gana con el rigor, la claridad, la sobriedad. Y también admitiendo con humildad los errores del pasado, para no repetirlos, y los actuales, si los hay. Sucede a veces, nos sucedió también a nosotros, por ejemplo, haber confiado en personas que no merecían confianza. Siempre somos vulnerables en esto. Más transparencia, menos secreto, hace más difícil cometer errores. Precisamente por eso para las inversiones pretendemos tener un comité serio, de personas de alto nivel, sin conflictos de intereses, que nos ayude (en la medida de lo posible) a no cometer errores.

-¿Qué se siente al ocupar el puesto de “Ministro de Economía”? ¿Puede descansar por la noche en este período difícil?

Duermo, sí, duermo bien. Hasta ahora, ninguna dificultad me ha quitado el sueño. Tengo confianza en el Señor de la Vida, y sé que la vida siempre termina abriéndonos el camino. Y esto del ministro, de los ministros de la curia, me hace sonreír un poco. No me siento un Ministro de Economía. Me siento un jesuita y un sacerdote que está desarrollando un servicio a la Iglesia, un servicio de retaguardia quizás, y en colaboración con otros, que consiste en ayudar al Santo Padre y a la Santa Sede a llevar a cabo su misión.

Tengo una tarea. Sigo un camino. Trabajo en equipo. Escucho los consejos. Aprendo. Busco personas competentes. Sé que los cambios no se hacen en un día. Y no se hacen solos. El objetivo es trabajar juntos. Me sentí muy bien recibido por el Papa y la curia, por no hablar del personal de la SPE, todos excelentes y válidos profesionales. Caminamos unidos. Estamos muy comprometidos en el camino de la transparencia, la sobriedad, la diligencia, la austeridad, en el ejercicio de lo que es y permanece una misión.

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Fuentes:

La Nación / Vatican News / Foto: AFP

 

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