Chile: la espiral de una crisis, causales y camino a la estabilidad

5:00 p m| 23 oct 19 (RM/VN).- Hace una semana, estudiantes chilenos evadían el pago del Metro protestando por el anuncio del alza en su valor. Torpes respuestas, hoy reconocidas así por el propio gobierno, exaltaron sus ánimos. Pronto, la fuerza de la rebelión lograba detener los trenes del Metro con cientos de estudiantes sentados en los bordes de los andenes. Se sumaron otras organizaciones. La protesta se masificó en Santiago y pronto pasó a regiones. En siete días, 11 regiones terminaron en estado de emergencia, 7 de ellas con toque de queda y más de 10 mil militares en las calles.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos ha reportado más de dos mil detenidos, más de una centena de heridos por armas de fuego y la cifra de muertos llegó a los dos dígitos, principalmente en incendios producidos por saqueos. Hace algunas horas, el presidente Piñera -en un cambio radical- anunció un plan social y un mea culpa para frenar la protesta. Reunimos comunicados de autoridades eclesiales y, reflexiones a partir del vínculo entre política y sociedad, que dan luces sobre esta crisis, en un país que era aparentemente estable por sus indicadores de crecimiento.

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La semana pasada se inició con enorme cantidad de comercios, sucursales bancarias, colegios y universidades, cerrados. Abundaron los “caceroleos” y las marchas masivas por las calles de las principales ciudades. El presidente Sebastián Piñera habló al país la noche del domingo último señalando que “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”, eludiendo abordar las causas de la crisis. Causas que han sido señaladas en declaraciones del Comité Permanente del Episcopado y de varias congregaciones religiosas.

Es el caso de los Vicentinos, quienes rechazan tanto la violencia como “la respuesta simplista de que lo que está sucediendo es sólo obra de exaltados y delincuentes, desconociendo las causas profundas de este estallido social”. Y agregan: “Porque violencia no son solo las manifestaciones y la destrucción de estos días. También es violencia todo aquello que sufren los pobres e incluso las capas medias de la sociedad”, señalando además que “violencia es la desigualdad en el acceso a la educación, la salud y a otros bienes esenciales. Violencia es la concentración de la riqueza en pocas manos y sus privilegios. Violencia es también la represión violenta de manifestaciones pacíficas y el trato denigrante o displicente hacia los más humildes o a quienes tienen una opinión distinta”.

Por ello, concluyen solidarizándose “con todos aquellos que se cansaron de recibir siempre malas noticias, los que siguen recibiendo salarios miserables, mientras los precios se incrementan una y otra vez, los que se sienten abusados y estafados. Solidarizamos con quienes se levantan para exigir sus derechos. Solidarizamos y nos unimos al clamor de los más pobres y de aquellos sectores medios cada vez más empobrecidos”.

Por su parte, el provincial de la Compañía de Jesús, Gabriel Roblero, SJ. expresa que “nuestra sociedad chilena ha llegado a un punto máximo de cansancio. Es urgente dar respuesta al clamor de los más necesitados que está saliendo a la luz. Sin justificar la violencia, que no conduce a soluciones, estamos recibiendo la voz de una ciudadanía cansada, que se siente desprotegida, emocionalmente sin rumbo”.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó un informe en 2017 sobre la desigualdad en Chile donde expresa que “la desigualdad es parte de la historia de Chile y uno de sus principales desafíos a la hora de pensar su futuro” e indica, como ejemplo, la concentración de la riqueza: el 1% de la población acumula el 25% de la riqueza generada en el país.

Este es un tema reiterado en muchas organizaciones de trabajo social y ha sido abordado varias veces en documentos de la Conferencia Episcopal. La desigualdad es una de las raíces que se apuntan a esta crisis, haciendo más complejo el camino para su solución.

ENLACE. Sebastián Piñera busca frenar la protesta con un plan social y un mea culpa

 

La paz es fruto de la justicia, afirman los obispos chilenos ante manifestaciones

La causa inmediata y directa que originó los hechos a comienzos de la semana fue el anuncio del alza en el valor del pasaje de Metro. Sin embargo, hay consenso, y los obispos lo indican, que esa es la punta del iceberg: hay rabia acumulada por la creciente desigualdad, la impunidad de muchos empresarios, las estafas en el Ejército y Carabineros, el descrédito del poder judicial, los bajos salarios para la mayoría de los trabajadores y las mínimas pensiones de los adultos mayores. “Entendemos que son parte de un proceso que venimos experimentado durante décadas y que tiene consecuencias profundamente humanas que no podemos ignorar”.

Los obispos señalan en su Declaración que “todos tenemos responsabilidad en generar una convivencia ciudadana y una amistad cívica que evite la violencia física y verbal, pero están más obligados a ella quienes han recibido la responsabilidad de conducir la sociedad”.

La declaración también pide que “es hora de pasar de la preocupación a la acción y a la validación y creación de escenarios que nos permitan entender los cambios que ha experimentado la sociedad chilena, de manera que las instituciones puedan estar al servicio del bien común, desde las complejas y nuevas realidades que caracterizan a la sociedad de hoy. Es hora de mirar con verdad, a rostro descubierto, nuestras riquezas y éxitos, y nuestros conflictos y fracasos”.

ENLACE. Comunicado completo de la Conferencia Episcopal de Chile

ENLACE. El Papa pide diálogo y el fin de las manifestaciones violentas en Chile

 

Política, democracia y convivencia (reflexión)

La democracia puede ser vista en dos dimensiones: una institucional, que se refiere al régimen político; y, otra cultural, referida a los valores y principios que son insumo para dicho régimen, pero que van más allá del mismo y generan ciertos rasgos fundamentales de la convivencia. Sin duda, ambas dimensiones están relacionadas, aunque tal relación no es mecánica y depende de circunstancias históricas y rasgos de la sociedad.

Asimismo, están afectadas por las transformaciones de la sociedad contemporánea de tal modo que puede hablarse de una crisis de la democracia, no solo por las deficiencias que ella pueda mostrar, sino por su capacidad real de cumplir con su misión originaria de organizar la sociedad y el poder político.

Tanto el paso de la sociedad industrial de Estado nacional a la sociedad posindustrial o informacional globalizada, como los procesos de globalización o de despliegue del modelo de desarrollo capitalista a nivel mundial con debilitamiento del rol dirigencial de los Estados, han significado procesos de desinstitucionalización, descentramiento o vaciamiento de la política, así como una crisis del principio y de las modalidades de representación a las que estábamos acostumbrados.

Ello, a su vez, significa una profunda crisis de sentido y mutación de la democracia en las dos dimensiones señaladas. Por supuesto, esto no se plantea de la misma manera en todas las sociedades y lo que nos interesa en este artículo es ver cómo estas transformaciones generales se dan en particular en la sociedad chilena de las últimas décadas.

Son ocho cuestiones o transformaciones que aborda el texto de Manuel Antonio Garretón: i) desinstitucionalización, ii) crisis de representatividad, iii) democracias relevantes, iv) la dimensión cultural, v) la herencia social de la dictadura, vi) la política en tiempos de concertación, vii) la gran ruptura y viii) la nueva conflictividad.

ENLACE. Análisis completo de Manuel Antonio Garretón en revista Mensaje

 

“La causa pirncipal de la explosión social en Chile es la desigualdad en la distribución de bienes y oportunidades”

Es difícil saber exactamente las causas más profundas de un fenómeno tan violento y tan extendido. Analistas importantes aventuran razones del estallido con un “quizás”. No hace mucho las estadísticas de felicidad de los chilenos señalaban que estos se consideraban bastante felices, aunque pensaban que la sociedad andaba mal. ¿Qué explica esta paradoja?

Las razones que la misma gente da, y que no cuesta mucho comprobar, es la desigualdad en la distribución de los bienes y las oportunidades así como los abusos cometidos por empresas y negocios varios, entre los cuales ha llegado a ser emblemática la colusión de las redes de farmacias para subir los precios de los medicamentos; y, no menos importante, las corporaciones de previsión que preanuncian jubilaciones muy bajas.

Otra razón de descontento es el desprestigio (mundial) de las instituciones. La clase política, en particular, no ha auscultado el pathos social y, en vez de intentar hacerlo, ha dedicado mucho tiempo a la perpetuación en los cargos. La misma Iglesia, afectada por el desprestigio enorme de su jerarquía debido a los abusos sexuales del clero y a su encubrimiento, apenas ha hecho oír una voz que ya a nadie le interesa escuchar.

ENLACE. Comentario completo de Jorge Costadoat SJ.

 

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Fuentes:

Vida Nueva / Revista Mensaje

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