JMJ 2019: En continuidad con el Sínodo sobre los jóvenes

6:00 p m| 24 ene 19 (RD/DW).- Pocos meses después de terminada la Asamblea del Sínodo de obispos enfocada en los jóvenes, se ha iniciado la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). El compartir público protagonista y una coyuntura con pocos cambios, casi asegura una continuidad en cuestiones abordadas en octubre del año pasado. La JMJ, que este año se celebra en Panamá, arrancó el 22 de enero con una eucaristía presidida por el arz. José Domingo Ulloa, quien agradeció la elección de “las periferias existenciales y geográficas” para celebrar este multitudinario evento de la Iglesia.

Para Ulloa, ese gesto se convierte en un “bálsamo” para los jóvenes que “conviven sin esperanza”. Así, se refirió a “la juventud indígena y afrodescendiente, la juventud que migra por la casi nula respuesta de sus países de origen, que los lanzan a cifrar sus esperanzas en otros países, exponiéndolos al narcotráfico, la trata humana, la delincuencia y tantos otros males sociales”. Desde hoy, el Papa se une a las actividades de la JMJ. Además de las primeras informaciones sobre la Jornada, reunimos testimonios y comentarios.

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“Ser santos no es un mito, es una realidad palpable”, dijo monseñor José Domingo Ulloa Mendieta OSA, arzobispo de Panamá, al iniciar la 31° Jornada Mundial de la Juventud en la Ciudad de Panamá. Con el lema “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra” el evento se extenderá hasta el domingo 27 de enero en la Ciudad de Panamá.

La misa de apertura que tuvo lugar en el Campo Santa María la Antigua, sirvió además de bienvenida. “Nuestro gozo es inmenso ante la presencia de todos ustedes. Panamá hoy los recibe con el corazón y los brazos abiertos. Gracias por aceptar el llamado de encontrarnos en este pequeño país, en el que la fe llegó de la mano de la Virgen María, bajo la advocación de Santa María la Antigua”, expresó el arzobispo al comenzar su homilía.

“Estamos preparados para recibirlos, para compartir sus tradiciones, la riqueza multiétnica y pluricultural, pero muy especialmente para compartir la alegría de la fe en un Dios, que está actuando entre nosotros, en nuestra historia personal y comunitaria”. Luego los animó a participar de las distintas actividades que se proponen para los días del encuentro: catequesis, festivales musicales y teatrales, y especialmente a encontrarse con Dios en la confesión y en las celebraciones litúrgicas.

El prelado impulso a los peregrinos a encontrarse con Jesucristo, lo cual “debe llevarlos a la confrontación consigo mismos y con el adoctrinamiento del sistema de anti valores que impera sustentado en la búsqueda de una falsa felicidad, que es tan fugaz que los lleva a experimentar desesperadamente con tantas cosas que dañan la mente y el espíritu y que al final no lograr llenar el vacío existencial”.

Monseñor Ulloa denominó al tiempo presente como en “espera de la primavera juvenil”, porque “estamos plenamente convencidos que los verdaderos protagonistas para los cambios y las transformaciones que requiere la humanidad y la Iglesia están en sus manos, en sus capacidades, en su visión de un mundo mejor”.

El arzobispo recordó que la arquidiócesis de Panamá es la primera diócesis en tierra firme, en el continente americano, desde donde se irradio la fe católica con el amparo de la Virgen María, a quien hoy se le debe el lema de la jornada. Luego agradeció al papa Francisco “por confiar y darnos la oportunidad de hacer una Jornada para la juventud de las periferias existenciales y geográficas”.

Monseñor Ulloa se refirió a los jóvenes indígenas y afrodescendientes que por primera vez tienen un espacio en la jornada para abordar sus realidades específicas. “Representan un significativo número de la población del continente, aquellos que viven en situación de exclusión y discriminación, aquellos ubicados en la marginalidad y la pobreza”.

“Líderes juveniles de diversas religiones e ideologías han mostrado su capacidad generar juntos respuestas a su situación de discriminación y exclusión demandando políticas públicas en el marco de la justicia, la educación, el trabajo, y la reivindicación de la mujer desde su cultura y etnicidad, no solo en los espacios sociales sino también religiosos”.

El arzobispo panameño recordó la última exhortación apostólica del papa Francisco sobre la santidad y recordó a los jóvenes que “ser santo no es tener rostros de figuras de las estampitas que compramos por ahí”, sino que, por el contrario, “todos podemos ser santos, aun cuando pensemos que nuestra existencia no tiene un gran valor por todos los pecados cometidos,” expresó.

Al concluir, pidió a los presentes que no tengan miedo, sino que “tengan el coraje de ser santos en el mundo de hoy”, para poder “demostrar al mundo que es posible ser felices con tan poco, porque Jesucristo, la razón de nuestra felicidad, ya nos ganó la vida eterna, con su Resurrección”.

 

JMJ de Panamá: ¿Por qué acuden los jóvenes?

Más de 4.700 kilómetros separan Chihuahua, al norte de México, con Panamá, que ya es la capital mundial de la juventud. Es la distancia que ha realizado Roberto, uno de los miles de jóvenes que participarán en la Jornada Mundial de la Juventud en la ciudad de Centroamérica. Ha tardado cerca de 50 horas en hacer su trayecto: Chihuahua-Ciudad de México-Panamá.

Solo por una total convicción se hace un viaje de esta envergadura. Roberto viene a Panamá con el deseo de “conocer de cerca cómo viven la fe otros jóvenes” para así poder fortificar la suya. Le resultaba atractivo desde el primer momento la idea de unirse a miles de jóvenes de multitud de nacionalidades y conocer cómo son católicos en sus países, “según su cultura y su forma de vivir”. Es su primera JMJ. Por motivos económicos no pudo acudir al encuentro de Cracovia.

En Santa Fe (Argentina), Paulina vive su fe en comunidad junto a otros 70 jóvenes. Quería venir a la JMJ para hacer lo mismo que hace en su ciudad, aunque con miles de jóvenes. “En Santa Fe solo nos reunimos 70 (jóvenes) para rezar y celebrar que somos cristianos; en Panamá estaremos miles”, dice. Para ella, esta experiencia “es alucinante”.

Los motivos de Alberto, colombiano, para participar en la JMJ son bien distintos. “Vengo por creencia”, adelanta. El pasado año se fracturó una pierna haciendo deporte. Él siempre ha sido creyente aunque recuerda que entonces la fe le ayudó mucho. Tanto que prometió venir a la JMJ una vez recuperado de su rotura. Ha llegado junto a la hija de la persona que le cuidó durante su convalecencia. “Fue quien me animó a venir, y por ahora no me arrepiento de estar aquí”, afirma.

Solo seis de los 25 viajes que ha realizado el papa Francisco durante su pontificado han sido a Sudamérica. Por eso Adrián ha llegado a Panamá desde República Dominicana “para ver más de cerca al papa Francisco”. El objetivo: “Tener junto al Papa un encuentro más cercano con Cristo; una experiencia más espiritual”.

Pía piensa lo contrario. Para ella la presencia de Francisco, aunque es importante, resulta “secundaria”. Lo más relevante de esta JMJ es “conocer, compartir, reflexionar y celebrar” además de “tomar impulso”. Según dice, esto último es lo que más necesitan los jóvenes en la Iglesia.

Cecilia Hernández y sus amigas llegaron a la Ciudad de Panamá para participar en la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud de la Iglesia Católica, la tercera que tendrá lugar en América Latina, luego de haberse realizado en Buenos Aires (1987) y en Río de Janeiro (2013). Ambas visten a la moda, con grandes gafas oscuras. Y aunque las fotos que se toman inmediatamente las suben a Instagram, Cecilia advierte del peligro de las redes sociales: “Hay muchísimo ciber-bullying en nuestra escuela, y no siempre termina bien”, recordando el caso de una compañera obesa que abandonó los estudios porque no soportaba el acoso del que era víctima a través de Facebook.

La guatemalteca asegura que comenzó a interesarse por los grupos católicos porque se dio cuenta de que los jóvenes a su alrededor se preocupaban sólo por salir de fiesta y tomar alcohol. “Yo siento que nadie se preocupa por tener un verdadero propósito en la vida y aquí (en la Jornada Mundial de la Juventud) creo que puedo encontrar a otras personas que piensan como yo”, explicó.

Como Cecilia, muchos otros observan un aumento en la drogadicción y la delincuencia entre jóvenes de sus países. Así lo ve también el panameño Luis Gómez. “Dejan los estudios porque tienen problemas, pero luego terminan peor”, aseguró el joven de 17 años. También preocupa el racismo, sobre todo entre jóvenes latinos que viven en Estados Unido: “Se ve tanto racismo, tantos asesinatos por odio”, cuenta Naxely Lemus, de origen mexicano, pero nacida del otro lado de la frontera.

“Sabemos que los jóvenes son muy vulnerables y pueden caer en los vicios de la sociedad actual”, señaló Alexandra Huiloba, una hermana franciscana que llegó a Panamá desde Ecuador. “Por eso tienen que acercarse a la Iglesia”, asegura. Sin embargo para ella es claro que la institución a la que entregó su vida como monja está dividida: “Es la Iglesia contra la Iglesia misma”, así Huiloba.

Como ellos, más de 200.000 jóvenes de todo el mundo llegarán a Panamá durante estos días con diferentes motivos y excusas, aunque todos con la energía y alegría propia de la juventud. Buen ejemplo de ello pueden dar los funcionarios de aduanas del Aeropuerto de Tocumen. Y es que los jóvenes que llegan al país en avión responden a las largas colas que se forman en este lugar cantando y riendo.

JMJ: un “empujón” a la Iglesia Católica

Algunas víctimas del continente, sobre todo chilenas, esperan reunirse con el Sumo Pontífice durante la JMJ. Aún no está claro si las recibirá. Pero muchos esperan que el tono conciliador del primer Papa latino y de sus discursos sin apego a textos y en su propio idioma, ayuden a enfrentar este y otros problemas del continente, como los feminicidios, las recientes tensiones políticas y la migración.

Monseñor Pedro Joaquín Hernández, del Vicariato de Darién, en Panamá, asegura que esta “crisis” de la Iglesia debe verse “como una oportunidad de hacer cambios”. Según el clérigo, la entidad debe reparar en las fallas “que la están llevando al fracaso”, y cambiarlas. Es algo que en definitiva merecen los cientos de miles de jóvenes que han venido de todos los rincones del mundo y quieren seguir creyendo en ellos.

 

Francisco ya está en Panamá

Un tremendo ambiente festivo, con un grupo de niños con trajes regionales, es el que el papa Francisco ha encontrado en cuanto ha aterrizado en el aeropuerto internacional de Tocumen de Panamá cuando a las 16:15 h. (hora local) tras 12 horas de vuelo y 9.500 km recorridos de viaje, en las que ha podido saludar a los periodistas a bordo y confirmar su visita a Japón en noviembre. Con la Jornada Mundial de la Juventud ya en marcha, Panamá es el 40º país visitado por Francisco en el que es su 26º viaje internacional.

El carácter juvenil ha estado muy presente, especialmente cuando Francisco, tras los saludos de las autoridades civiles –con el presidente de Panamá Juan Carlos Varela ejerciendo de anfitrión– y eclesiásticas, se ha salido de la alfombra roja para saludar a los 2000 fieles y peregrinos concentrados en el aeropuerto. El pontífice ha bendecido a unos niños y saludado a muchos de las primeras filas, antes de dirigirse al automóvil cerrado que le ha llevado hasta la Nunciatura Apostólica, a unos 28 km. de distancia.

Aunque ha llegado por la tarde a Panamá debido al cambio horario el pontífice no realizó ninguna actividad y se retiró a descansar. La agenda oficial comenzó hoy jueves con la recepción oficial a las puertas del Palacio de las Garzas, sede la Presidencia de la República.

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Posteriormente en el Ministerio de Relaciones Exteriores se encontró con las autoridades, diplomáticos y diferentes representantes de la sociedad panameña. Luego, antes de comer participó en la iglesia de san Francisco de Asís en un encuentro con los obispos centroamericanos. La tarde estará dedicada ya a los jóvenes con la ceremonia de acogida y apertura de la JMJ en el Campo Santa María la Antigua, muy cerca del mar.

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El viernes, como novedad, la celebración penitencias que el Papa presidirá será con jóvenes presos en el Centro de Cumplimiento de Menores Las Garzas de Pacora. Por la tarde tendrá el Vía crucis con los participantes de la JMJ de nuevo en el Campo Santa María la Antigua.

El sábado se verá con sacerdotes, religiosos y miembros de movimientos laicales en la misa de dedicación del altar de la Catedral Basílica de Santa María la Antigua. Con un grupo de jóvenes compartirá en almuerzo y presidirá la vigilia en el Campo San Juan Pablo II. En ese mismo lugar, celebrará el domingo la misa de clausura antes de visitar la Casa del Buen Samaritano –un hogar para jóvenes enfermos– y agradecer la labor de los voluntarios de la JMJ.

 

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Fuentes:

Religión Digital / Deutsche Welle / Vida Nueva / Vatican News

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