Card. Cupich: Encargar a laicos investigación interna en casos de abusos

6:00 p m| 6 nov 18 (VI/NCR).- Los obispos católicos de Estados Unidos deben renunciar a algunos de los propios poderes en las diócesis y permitir la creación de un nuevo órgano nacional que pueda ocuparse de las investigaciones sobre las acusaciones por mala conducta de los miembros del episcopado. Es lo que afirmó el cardenal Blaise Joseph Cupich, arzobispo de Chicago, en una reciente entrevista publicada en el National Catholic Reporter, en la que explica que esa será parte de su propuesta durante el encuentro del episcopado estadounidense que se llevará a cabo del 12 al 14 de noviembre, para responder a la crisis que han provocado las revelaciones sobre los casos de abuso.

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Según el arzobispo de Chicago, cuando se reúnan en noviembre para discutir sobre la plaga de la pederastia en el clero, los religiosos “deberán ser muy claros en relación con los procedimientos para establecer las responsabilidades por las acusaciones sobre obispos”. “Cedamos nuestros derechos como obispos para que intervenga alguien más e indague sobre nosotros”. Esto es, según el cardenal, lo que se debería establecer. “Cada uno debe estar dispuesto a decir: Dejaré que un grupo independiente investigue mi persona en el caso de que haya una acusación en mi contra”.

El cardenal también se refirió a la propia experiencia con los supervivientes de los abusos sexuales, al cambio de la mentalidad que deben tener los obispos en relación con las propias responsabilidades y al hecho de que los sacerdotes de orientaciones homosexuales son considerados “un chivo expiatorio”.

Por primera vez, Cupich comentó también la renuncia de Donald Wuerl, el cardenal de Washington que el viernes 12 de octubre (tras los resultados del informe del “Gran Jurado” de Pennsylvania y las polémicas por la gestión de algunos casos de sacerdotes depredadores a principios de los años noventa) concluyó su larga carrera. “No me sorprendió su decisión de hacerse a un lado, porque siempre ha puesto el bien de la Iglesia por encima de todo”, afirmó Cupich.

El purpurado subrayó que la renuncia de Wuerl será una oportunidad para que “las personas den un paso hacia atrás y vean también todas las maneras en las que han contribuido a la vida de la Iglesia”. “Si verdaderamente queremos decir la verdad, debemos decirla hasta el fondo y aprovechar este momento para apreciar su contribución”, que es “enorme”.

Sobre la cuestión de los sacerdotes homosexuales, en cambio, Cupich explicó que “debemos hacer que todos dentro de la Iglesia vivan una auténtica vida y casta. Esto está fuera de discusión”. Sin embargo, “se ha demostrado que la crisis de los abusos, las violencias contra menores, en realidad son imputables a otros factores, no solo a que alguien sea gay”. “Esto está claro. Las investigaciones lo demuestran. No se trata de mi opinión personal”.

Luego agregó el cardenal; “creo que nos estamos equivocando de camino si no nos ocupamos de lo que gira alrededor de la cultura del clericalismo, y de los privilegios, los poderes y la protección que ofrece. Estos tres elementos deben ser eliminados de la vida de la Iglesia. Todo lo demás es secundario, si antes no afrontamos esto”.

Según Cupich, además, es necesario que cada uno de los prelados católicos cedan una parte de la propia autoridad para permitir la creación de un nuevo grupo de investigación a nivel nacional; la Conferencia Episcopal nacional todavía no tiene el poder para crear este órgano por sí misma: “No puede hacerlo, la iniciativa debe provenir de Roma o de cada obispo individualmente”. El organismo en cuestión debería ser “una especie de comisión laica de supervisión que tenga la tarea de recibir las denuncias de abusos, las acusaciones sobre os obispos, o acusaciones sobre la mala gestión de los obispos de estos casos”, explicó.

Un órgano de este tipo a nivel nacional sería necesario para reconstruir la confianza entre los laicos y los obispos y “para asegurarse que no haya la mínima duda sobre favoritismos” cuando se investigue por una acusación contra un prelado.

Las revelaciones de este verano sobre McCarrick, uno de los líderes más influyentes en la Iglesia estadounidense del último cuarto de siglo, han llevado a muchos católicos a preguntarse cómo fue posible que no hubiera sido denunciado antes y, por lo tanto, a pedir un proceso independiente para evaluar las futuras acusaciones contra obispos.

El comité administrativo de los obispos estadounidenses anunció en septiembre que se ha aprobado la creación de un “sistema de indicación por parte de terceros” para las acusaciones en contra de prelados, pero no ofreció información específica que, probablemente, será un argumento de discusión durante el encuentro de noviembre. Cupich dijo que no había recibido ningún material preparatorio para la reunión: “Estoy seguro de que están trabajando, pero no hemos recibido nada por el momento”.

“Nuestro pueblo no está contra nosotros: quieren que la Iglesia tenga éxito. Quieren que los obispos tengan éxito, pero también quieren ayudarnos y no deberíamos tener miedo”, afirmó el arzobispo de Chicago. “Esta no es ciencia misilística”, añadió. “Podemos ser transparentes. Podemos contar con una manera par determinar las responsabilidades. Podemos hacerlo. No debería ser algo difícil para nosotros”.

Cupich maduró sus deseos de afrontar los abusos sexuales por parte del clero “de la manera más honesta, transparente y responsable posible” gracias a sus encuentros con los supervivientes. En particular, su primer encuentro, cuando era obispo de Rapid City, en Dakota del Sur (1998-2019), con un hombre de 50 años que sufrió abusos sexuales décadas antes. “Mientras él hablaba, comprendí que estaba escuchando a un niño de nueve años”, dijo. “Era desgarradora la manera en la que contaba la historia, porque describía los detalles de manera muy gráfica, muy real”.

Según Cupich, “nuestras palabras de perdón no significan nada si no entramos en contacto concreto y nos sentamos frente a las víctimas para permitir que nos arrolle de verdad el trauma, el dolor que han sufrido”. Su primera reacción al escuchar la historia de ese hombre fue de “rabia, profunda rabia”, pero esta rabia “se transformó en determinación para que las víctimas siempre estén antes que nada, para que se encuentre una manera para que la iglesia haga lo correcto”, aseguró el arzobispo, activo en el Comité episcopal estadounidense (fue incluso presidente) que se ocupa de la protección de los niños.

Además de la cuestión de un organismo internacional para investigar las acusaciones contra los prelados, Cupich se dijo convencido de que en la reunión de noviembre los obispos estadounidenses deberían afrontar las revelaciones que contiene el informe del “Gran Jurado” de Pennsylvania. Publicado el 14 de agosto, el documento analizó la gestión de la Iglesia en relación con los casos de pederastia en seis diócesis del estado e identificó por lo menos mil víctimas menores de edad durante setenta años.

“¿Sabemos si todas estas víctimas han recibido cuidados y atención pastoral?”, se preguntó Cupich recordando que la misma Carta para la protección de los niños y de los jóvenes, adoptada en 2002 después del escándalo de los abusos en Boston, ordena que los prelados “deberían ser transparentes con las personas y encontrar a las víctimas”.

¿Y los sacerdotes? “¿Esos sacerdotes han sido destituidos? ¿Fueron señalados a Roma, como habría debido ser, aunque fueran casos históricos?”, prosiguió el purpurado. La misma Carta de 2002 no prevé que los obispos deban elencar públicamente en sus diócesis a los sacerdotes que han sido acusados, pero el cardenal de Chicago afirmó que “habrían debido ser divulgados, para permitir que otras víctimas salieran a la luz”. “Creo —añadió— que es importante que las persona involucradas en casos de este tipo y comprobados, con acusaciones creíbles, deban ser nombradas públicamente para que las víctimas salgan a la luz. Yo siempre lo he hecho, pero no es así en todas las diócesis”.

Es necesario, antes que nada, un cambio de mentalidad por parte de los obispos en relación con la propia responsabilidad, por lo que Cupich considera importante que los prelados se dirijan constantemente al pueblo de sus diócesis y se enteren mediante los sacerdotes qué es lo que viven sus parroquianos. “Hay que ser responsables de los propios sacerdotes, porque ellos están en primera línea con el pueblo. Te dicen lo que dice la gente, acaso antes de que lo haga la gente”.

 

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Fuente:

Artículo de Joshua J. McElwee y Heidi Schlumpf publicado en el National Catholic Reporter. Traducido por Vatican Insider.

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