Vía Crucis del migrante: Reflexión cristiana sobre la caravana hacia EE.UU.

1:00 p m| 7 nov 18 (RYL/LN/VN).- La caravana, compuesta principalmente por hondureños, es un fenómeno social migratorio que ha desbordado cualquier previsión política e institucional. Ha tenido un efecto avalancha, al empezar con cientos de personas y ahora se han convertido en miles. Partió de Honduras el 13 de octubre, huyendo principalmente de la violencia y los problemas económicos. Aunque en principio la meta es llegar a los Estados Unidos, algunos podrían decidir quedarse en México, que ya estableció un “puente humanitario” e iniciativas de acogida.

En estos días se informó de la llegada a México de un primer grupo, de casi 1500 migrantes, y en los próximos días se calcula que llegarán a ser más de 7000. El padre Ismael Moreno Coto, jesuita y reconocido defensor de los derechos humanos en Honduras, describe el origen, desarrollo y protagonistas de esta coyuntura, y propone una reflexión desde el cristianismo. Además, reunimos los comunicados y declaraciones de diferentes voces desde la Iglesia en México, Estados Unidos y, reacciones desde los gobiernos de los países involucrados.

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No es solo una caravana. Es un fenómeno social liderado por miles de pobladores rurales y urbanos empobrecidos que se manifiesta en amplias y masivas caravanas espontáneas e improvisadas, sin más organización que la que aconseja la sobrevivencia y la manifiesta decisión de avanzar hacia el norte hasta alcanzar territorio estadounidense. No es la primera vez. El año pasado, 2017, en el mes de abril hubo una caravana de unos 800 centroamericanos, con un 75 por ciento de hondureños. A su vez, existe un movimiento de unos 300 hondureños que diariamente buscan cruzar la frontera de Aguascalientes, entre Honduras y Guatemala, muchos de ellos se van quedando en el camino.

Esta avalancha humana y social explotó como una poderosa bomba expansiva con una noticia de segunda o de tercera importancia justamente en la ciudad de San Pedro Sula, conocida mundialmente como una de las más violentas, y que diversos investigadores y analistas suelen llamarla como la “Ciudad Juárez del Sur”, por su similitud con el boom de las maquilas que en esta ciudad mexicana fronteriza con el El Paso, Texas, se promocionó en la década de los setenta del siglo veinte, como respuesta a la pobreza, dejando lo que ya todo mundo conoce como subproductos: un interminable aluvión de migración interna, violencia delincuencial juvenil, el narcotráfico.

¿Cuál fue la noticia? Un grupo de unos 200 hondureños anunciaron que organizaban una caravana para emigrar hacia el norte, saliendo de la terminal de autobuses de San Pedro Sula, en la costa atlántica hondureña, el sábado 13 de octubre.

-¿Quién la impulsó?

En el inicio, la caravana identificó el nombre de Bartolo Fuentes, un líder social y político con sede en la ciudad de El Progreso, quien dejó dicho en una entrevista a los medios de comunicación locales, que se uniría por unos días. Bartolo Fuentes estuvo acompañando como periodista la caravana de abril del año 2017. Siendo además un político del partido LIBRE (Libertad y Refundación), de la oposición, Bartolo Fuentes se convirtió con los días en “chivo expiatorio”.

Así lo acusó en rueda de prensa la titular de Relaciones Exteriores mientras se hizo acompañar de la Ministra de Derechos Humanos. “Bartolo Fuentes es el responsable de la caravana, él organizó e instigó a muchas personas hasta manipularlas y conducirlas en este trayecto peligroso”, al tiempo que hizo un llamado al Ministerio Público para que procediera en contra de la persona a la que el régimen descargó toda la responsabilidad como representante de la oposición política radical de Honduras. Como ocurre con todo, el nombre de Bartolo quedó atrás, y fueron surgiendo otros chivos expiatorios, todavía más poderosos que un líder social y político local y nacional.

Cuando la caravana cruzó la frontera en el puesto de Aguascalientes rumbo a Guatemala, ya sumaban unas cuatro mil personas, las que lograron romper el cerco que la policía tanto de Honduras como de Guatemala había establecido en el puesto fronterizo. Y así fue en aumento en la medida que cruzaba territorio guatemalteco y se acercaba a la frontera mexicana.

El régimen hondureño, sin duda con financiamiento del gobierno de los Estados Unidos, implementó un plan entre los días 17 y 20 de octubre con el propósito de convencer a los migrantes a retornar al país. Logró que algunos centenares aceptaran, muchos de los cuales fueron transportados en buses, y otros por puente aéreo, y a cada persona se le prometió ayuda inmediata y un paquete de servicios posteriores.

Cuentan testigos que no pocas de las personas que se transportaban en el supuesto retorno eran activistas del Partido Nacional que sirvieron de carnada, y sobre todo, de publicidad oficial. No obstante, a partir del día 23 de octubre y con cifras que aumentaban según pasaban los días, ya hablaba de un número de 10 mil migrantes cruzando territorio chiapaneco, en la República mexicana.

-Una olla de presión

El gobierno hondureño acusa a la oposición y a grupos criminales como responsables de las caravanas con propósitos políticos desestabilizadores. A esta acusación se une el gobierno de los Estados Unidos, el cual ha llegado al extremo de acusar al Partido Demócrata de instigar y financiar a grupos políticos y criminales para que los migrantes invadan territorio estadunidense con el fin de desestabilizar al gobierno. Todas estas acusaciones no tienen asidero real.

El fenómeno de las caravanas es la expresión de la desesperación de una población para la cual cada vez resulta más arriesgado vivir en un país que niega empleo, seguridad ciudadana y la orilla a vivir en un permanente estado de rebusca. La caravana es la explosión de una olla de presión que el gobierno hondureño en asocio con una reducida élite empresarial y transnacionales viene atizando desde hace al menos una década. Un gobierno que abandonó las políticas públicas sociales y las ha sustituido con programas de compensación social, al tiempo que consolida el modelo de desarrollo basado en la inversión en la industria extractiva y en la privatización y concesión de los bienes comunes y servicios públicos.

-Estado y corrupción entendidos como negocio

A su vez, la administración pública está conducida por un sector de políticos que ha entendido el Estado como su negocio, han saqueado instituciones públicas, como el Instituto Hondureño del Seguro Social, el sistema de salud en general, la empresaria de energía eléctrica, entre muchas otras. Y se protegen a sí mismos con el control político del sistema de justicia. La población ha ido progresivamente experimentando indefensión y abandono, experiencia y sentimiento que se acrecentó con las elecciones de noviembre de 2017 cuando el gobierno se reeligió violando la Constitución de la República y se adjudicó un triunfo que de acuerdo a cerca del 70 por ciento de la población fue el resultado de un fraude organizado.

La población ha dejado de confiar en los políticos, en el gobierno y en la alta empresa privada. Las caravanas es un fenómeno que expresa la desesperación y angustia de un pueblo que dejó de creer en soluciones dentro del país. Se van como expresión extrema de la decisión de la población de tomarse la justicia por su propia mano.

-¿Cómo situarnos ante los migrantes en este fenómeno de caravanas?

1) Ante todo acompañar con el análisis y la investigación, para escudriñar sus dinamismos internos y aportar elementos para que la sociedad pueda tener su propio criterio, y evitar manipulaciones por parte de sectores políticos, medios corporativos y oficiales interesados en manipular y capitalizar a su favor la tragedia humana. La población migrante tiene algo que decirnos, tiene en sí misma una palabra, buscar en todo a actores extraños a ella, es importante, pero el actor más importante es el pueblo que emigra, que se desarraiga.

No escucharlo por buscar fuerzas que lo empujan, es caer en lo mismo que hace Trump y Juan Orlando Hernández. El pueblo migrante tiene una palabra que decir, su sufrimiento y exclusión le otorga el derecho a ser sagrado, y nos toca respetarlo y escucharlo.

2) Acompañar, estar cerca de las caravanas para escuchar su voz y aportar en la atención a sus necesidades inmediatas y básicas, es una condición que hace válido el análisis y la reflexión. No necesariamente acompañar significa dar ayudas materiales, puede ser que sea necesario apoyar con recursos, pero puede ser una tentación para librarnos el bulto de la impotencia de no saber dar respuestas a las preguntas de fondo que surgen de sus sufrimientos y angustias.

3) La coordinación entre instancias nacionales y con redes centroamericanas, mexicanas y continentales, resulta fundamental puesto que se trata de un fenómeno que se origina en Honduras, pero con repercusiones y connotaciones internacionales. Ninguna red resulta suficiente, la realidad del fenómeno de las caravanas rebasa todos los esfuerzos. Pero los esfuerzos en solitario hacen más estéril el servicio. La eficacia está en unir esfuerzos con el mayor número de instancias.

4) Denunciar y develar el discurso oficial de la manipulación política de la caravana. Los diversos sectores internacionales debían ayudar a buscar respuestas en primer lugar desde Honduras, y desde los hondureños, no de la oficialidad hondureña, sino de los sectores que han estado y están cerca de las poblaciones de donde más se nutren los hondureños que se apuntan en las caravanas. Esta búsqueda de respuestas ha de partir de una constatación principal: la responsabilidad política reside fundamentalmente en el actual régimen hondureño y en el modelo de desarrollo basado en la inversión en el extractivismo y privatización de bienes y servicios públicos, unido a la corrupción e impunidad.

Desde esta denuncia, los hondureños demandamos que haya adelante de elecciones para un pronto retorno al orden constitucional, que con un nuevo gobierno se convoque a un gran diálogo nacional para consensuar las prioridades hacia una reversión del actual estado de calamidad social que explotó en esta migración masiva.

5) Una pastoral directa de consuelo, misericordia y solidaridad con el dolor y desesperación de nuestro pueblo, que se exprese en estrategias de comunicación que vincule los medios tradicionales, como la radio, la televisión y los medios escritos, con las redes sociales.

ENLACE: Click aquí para leer la reflexión completa del p. Ismael Moreno SJ.

 

Caravana Migrante: los obispos de México llaman a la acción

En un mensaje titulado “Los gritos del pobre”, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) hizo un llamado al compromiso y a la acción con los cientos de hondureños que se encuentran en territorio mexicano rumbo a los Estados Unidos. Los obispos afirman que estos son los verdaderos pobres, “a los que estamos llamados a dirigir nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades”.

De modo especial –explican los obispos– “hoy nos inquieta el grito estremecedor de nuestros hermanos de Honduras y de otros países centroamericanos que han emprendido una caravana en búsqueda de la supervivencia un éxodo de liberación. Es un grito inarticulado que todo lo expresa en el silencioso e inhumano desplazamiento. Y asombrados contemplamos que con esta caravana, como con los distintos gritos del pobre, surgen miembros de la sociedad tratando de sofocarlos al percibir esos gritos como amenaza para su confort e intereses propios”.

Los obispos valoraron la atención y el acompañamiento pastoral instrumentados por la Dimensión de la Movilidad Humana en los 133 albergues y centros de atención y orientación de la Iglesia, y exhortaron a los obispos a mantenerse en diálogo con las autoridades civiles, “a quienes instamos a atender lo que el mismo marco legal de nuestro país prescribe”.

ENLACE: La Iglesia mexicana dicta línea para la asistencia a migrantes

 

La Iglesia en EE.UU. rompe el silencio: “Buscar asilo no es un delito”

La Iglesia norteamericana se había mantenido en silencio desde que el pasado 13 de octubre cuando se inició el movimiento migratorio, con la intención de llegar a los Estados Unidos en busca de una vida más digna. La semana pasada rompió el silencio, y a través de un comunicado, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) hizo un llamado a proteger a los migrantes, pues –dicen– “buscar asilo no es un delito”.

Los obispos instaron también a todos los gobiernos involucrados a respetar el derecho internacional y las leyes que protegen a quienes buscan un refugio seguro, y garantizar que todos aquellos que regresan a su país de origen sean protegidos y repatriados de manera segura. La USCCB señaló que “como cristianos, debemos responder al llamado de actuar con compasión hacia los necesitados y trabajar juntos para encontrar soluciones humanas que honren el Estado de derecho y respeten la dignidad de la vida humana”.

El presidente del Comité de Migración de la USCCB, el obispo Joe Vásquez, de Austin, Texas, así como el presidente y director ejecutivo de Catholic Relief Services, Sean Callahan, y la presidenta y directora ejecutiva de Catholic Charities USA, la hermana Donna Markham, emitieron una declaración conjunta en la que llamaron a la acción humanitaria hacia aquellos que buscan protección, al tiempo que exhortaron a todas las personas de buena voluntad a hablar y actuar con compasión hacia aquellos que emigran al norte y buscan refugio de la violencia y la pobreza.

En su mensaje, manifestaron que “como agencias católicas que ayudan a los inmigrantes pobres y vulnerables en los Estados Unidos y en todo el mundo, nos sentimos profundamente tristes por la violencia, la injusticia y el deterioro de las condiciones económicas que obligan a muchas personas a huir de sus hogares en América Central”.

Señalan que si bien las naciones tienen el derecho de proteger sus fronteras, este derecho conlleva responsabilidades: los gobiernos deben hacer cumplir las leyes de manera proporcional, tratar a todas las personas con humanidad y proporcionar el debido proceso.

Ante la amenaza del presidente Donald Trump de retirar el apoyo económico a los países centroamericanos por no haber frenado la Caravana Migrante, los firmantes abogaron por las continuas inversiones de los Estados Unidos para abordar las causas subyacentes de la violencia y la falta de oportunidades en Centroamérica.

“Nuestra presencia en todo el continente americano nos ha convencido de que la migración es un problema regional que requiere una solución integral y regional. Un enfoque de sólo cumplimiento no aborda ni resuelve las causas principales que causan que las personas huyan de sus países en busca de protección”, señalaron.

ENLACE: Comunicado completo de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB)

 

Otros enlaces relacionados:

 

Fuentes:

Reflexión y Liberación / La Nación (Argentina) / Vida Nueva

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