Laicos al frente de parroquias en riesgo de cierre

5:00 p m| 7 abr 17 (RD/ABC/BV).- “La iglesia local es sumamente importante. Perderíamos muchas oportunidades si nos retiráramos de nuestras raíces territoriales. Se trata de permanecer visible a nivel local”. El cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Frisinga, ha justificado así un nuevo proyecto para su arquidiócesis en el que laicos asumirán a tiempo completo la dirección de parroquias en riesgo de cierre. De hecho la apremiante escasez de sacerdotes ha sido uno de los asuntos en el que se ha centrado la reciente Asamblea de la conferencia Episcopal Alemana. También se sugirió un debate sobre la supresión del celibato, como medio para aumentar el número de vocaciones.

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El purpurado alemán presentó este nuevo proyecto ante los 180 miembros de la asamblea plenaria del consejo diocesano el pasado 18 de marzo. La iniciativa de tener a laicos al mando de parroquias, explicó en aquel momento, viene a ser una respuesta alternativa a la opción tomada en muchos otros sitios de cerrar o aglomerar templos en “comunidades” pastorales: situación que, según el cardenal Marx, no es la más óptima.

Aunque mengüen cada vez más el número de sacerdotes en activo y el número de seminaristas, afirmó Marx, hay otro factor que influye en la falta de vida en algunas parroquias: que la Iglesia no aprovecha tanto como puede las vocaciones de los fieles laicos.

“No sería correcto seguir parados esperando sin hacer nada hasta que, algún día, todos los obispos estén de acuerdo”, justifica el portal katholisch.de citando a Marx, durante su visita a Bamberg y en la que encontró el apoyo del arzobispo Ludwig Schick, “no hay tiempo para eso”, por lo que está ya trabajando en varias nuevas formas de gestión de parroquias.

Todas ellas están basadas en “ampliar la imagen que tenemos de los sacerdotes, pensar en ellos más como directores espirituales y menos como la persona que decide qué tejas hay que poner en la reparación del tejado”. En Bamberg hay ya, de hecho, 13 empleados que se encargan de tareas de gestión y administración.

También en las diócesis de Múnich y Freising hay laicos implicados en la gestión, más allá de la responsabilidad de los consejos pastorales, pero Marx ha insistido en que cada obispo, en su diócesis, debe tomar sus propias decisiones al respecto. “Vivimos tiempos de ajustes radicales y también los obispos aprendemos sobre la marcha”, ha justificado que hace ocho años, cuando llegó a la diócesis, él mismo rechazó de entrada modalidades de dirección de las parroquias de este tipo.

“Estamos viviendo actualmente un gran momento de cambio en la Iglesia”, señaló, una oportunidad que puede servir para recuperar la visión de Concilio Vaticano II de la plena realización del “sacerdocio de los fieles”. Si es que este sueño no se ha visto cumplido no es por defectos en la teología ni incluso por falta de espacio en la ley canónica, recordó el prelado, añadiendo que en lo que concierne a este ministerio de los laicos aún queda mucho por pensar.

El proceso comenzará con consultas entre representantes de la diócesis y feligreses para seleccionar parroquias vacantes y equipos de liderazgo. Se asesorará la vocación que tiene cada uno de los aspirantes y se les acompañará y evaluará durante la prueba, aunque nadie quiere mencionar todavía la posible ordenación viri probati, hombres maduros casados y ejemplares de la comunidad “de probada virtud” ordenados sacerdotes en situaciones excepcionales de la historia de la Iglesia, como en la antigua Checoslovaquia durante el régimen comunista.

Marx subraya que, “naturalmente, quien tiene que tomar las decisiones finales es la Iglesia universal” y señala que solamente pretende aportar “una nueva forma de reflexionar sobre el asunto”. “Tenemos todos los argumentos y en contra y tenemos todos los argumentos a favor”, ha dicho, “pero en algún momento alguien tiene que tomar una decisión”.


El debate sobre la supresión del celibato

Uno de los asuntos que se llevo buena parte de la atención en la reciente Asamblea de Primavera de la conferencia Episcopal Alemana, reunida en Bergisch Gladbach, ha sido la apremiante escasez de sacerdotes. En vísperas de la reunión, el obispo de Maguncia y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana durante 20 años y hasta 2008, el cardenal Karl Lehmann, concedió una entrevista en la que sugería un debate sobre la supresión del celibato, como medio para aumentar el número de vocaciones, de la que se hicieron eco muchos medios de comunicación germanos.

“No creo que debamos centrar el debate sobre celibato si o celibato no”, zanjó el actual presidente de los obispos alemanes, el también cardenal Reinhard Marx, “sino en analizar el conjunto del día a día y de las exigencias pastorales de los ordenados, así como de los nuevos modelos de liderazgo dentro de la Iglesia”.

“En lo que estamos todos de acuerdo es que así no se puede seguir, muchas cosas están cambiando, no solo para los sacerdotes, también para la sociedad para la demografía, para la fe de los creyentes, en la situación social… por eso hay comisiones que seguirán trabajando sobre este asunto”, reconoció Marx.

Además Marx ha recordado en las últimas semanas que el celibato es “muy apreciado por muchos dentro de la Iglesia”. El defensor de esta tesis durante la pasada asamblea fue el obispo de Passau, Stefan Oste, apoyado también por el cardenal Völki, arzobispo de Colonia, que ve como un signo de esperanza, aunque sea escueto, que este año vuelva a haber un número de dos cifras de nuevos seminaristas. Pero todos ellos reconocen que las vocaciones religiosas no alcanzan a cubrir unos mínimos necesarios y que hay que buscar alternativas.


Un aplauso para el cardenal Marx

(Columna de José María Álvarez – Extracto)

No es solo apoyar al Papa con palabras de aliento y gratitud por todo cuanto él dice y va haciendo. Es necesario acompañarlo con la propia reflexión y la práctica pastoral. Hay que pensar una nueva Iglesia, es verdad, pero sobre todo hay que irla haciendo. Desde abajo y desde arriba. Por ejemplo, respecto a algunos problemas que son de fondo y otros que son puntuales. El clericalismo es una de esas cuestiones que están condicionando la solución de otras. Debe ser superado y a ello deben contribuir los clérigos y los laicos.

Los primeros compartiendo responsabilidades, entregándoselas (y haciéndolo de verdad) a los laicos y laicas de sus comunidades. Y estos, los segundos, si no lo hacen, exigiéndoselo con presiones adecuadas. Es momento también de reivindicar la igualdad no sólo entre mujeres y hombres, sino también entre fieles rurales y fieles urbanos, los primeros muy desatendidos y los segundos excesivamente cultivados.

La reforma que quiere hacer el cardenal alemán en su diócesis puede significar un primer paso para una renovación profunda del modo de ser y funcionar sus comunidades cristianas. Puede ser el inicio de un camino que conduzca a la superación del pernicioso clericalismo. Ojalá sigan sus pasos los cardenales y obispos españoles que con frecuencia se declaran seguidores del Papa Francisco.

Bien es verdad que muchos clérigos se resisten a ceder en su papel preponderante en la Iglesia, pero también los fieles muestran resistencia a ir superando este desequilibrio histórico que existe también en su mentalidad. No tiene por qué ser el clérigo quien ostente toda la “autoritas” en todos los sectores de la comunidad.

Creo que es muy fácil de entender que, objetivamente, la economía parroquial, por ejemplo, no tiene por qué estar en manos “del sacerdote”. Sus manos no han sido consagradas específicamente para eso, diríamos, situándonos en una mentalidad tradicional. Al contrario. Debe ser responsabilidad de la comunidad “autorizar” a aquellos hermanos o hermanas que crean que pueden servirles para satisfacer las distintas necesidades que tienen como cristianos.

Es necesario que así sea, pues de otro modo aun pudiendo ser servidos por un hermano o hermana buscarán que lo haga “el padre-cura” porque ellos mismos lo consideran más distinguido. Se percibe cómo algunos buscan “recibir la comunión” de manos del sacerdote porque no acaban de ver normal que la distribuya un seglar y menos si es mujer. Tampoco es de recibo, como yo he visto, que un cura esté impartiendo la comunión durante casi quince minutos por no pedir a alguien que haga ese servicio.

Al hilo de estos ejemplos, poco importantes, pero significativos, que además en muchas comunidades ya no se dan, pero que en otras sí, también me gustaría que los clérigos caigan en la cuenta de lo sorprendente que nos resulta a algunos ver cómo suben al altar hombres o mujeres a hacer varias de las lecturas litúrgicas y a la hora de leer el evangelio, esa lectura se la reserve el sacerdote.

Es vergonzoso y, en la misma medida, irritante. Será normativo, pero estas y otras rúbricas hay que ignorarlas no sólo en las celebraciones de pequeñas comunidades, sino también en las grandes comunidades parroquiales. ¿Qué consecuencias prácticas pensarían que habría de tener el sacerdocio común de los fieles proclamado en el Concilio Vaticano II? ¿Se puede uno imaginar diversas categorías de sacerdocio, cualitativamente diferentes, en el sacerdocio de Jesucristo? ¿O sólo es fruto de la mentalidad clasista que algunos quieren que condicione todos los comportamientos humanos? ¿Somos o no de verdad un “pueblo sacerdotal”?


Fuentes:

Religión Digital / ABC.es

Puntuación: 5 / Votos: 4

Comentarios

  1. Dietrich Düllberg escribió:

    Por fin se mueve algo para cambiar estructuras eclesiales. Respecto a laicos responsables de parroquias, ya hubo hace 3 décadas “Servidores Eclesiales” en la Prelatura de Caravelí que administraban parroquias sin sacerdotes. Lamentablemente no se siguió esta línea.

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