Las relaciones internacionales no pueden ser dominadas por las armas nucleares

11:00 a m| 17 nov 17 (VI/RV/BV).- En el escenario actual, “caracterizado por un clima inestable de conflictualidad”, en el que una carrera armamentista sin descanso quita recursos a cuestiones fundamentales como la lucha contra la pobreza, la ecología y los derechos humanos, Francisco volvió a alzar su voz para afirmar que “las relaciones internacionales no pueden ser dominadas por la fuerza militar, por las intimidaciones, por la ostentación de los arsenales bélicos”.

Lo hizo en un simposio internacional organizado por el vaticano sobre “perspectivas para un mundo libre de las armas nucleares y para un desarme integral”. Participaron 11 Premios Nobel de la Paz, altos cargos de ONU y la NATO, diplomáticos, representantes de los Estados, entre ellos Rusia, Estados Unidos, Corea del Sur, Irán y otros civiles expertos o activos en la materia. Radio Vaticano aprovechó para entrevistar al Premio Nobel Pérez Esquivel, quien aseguró que los reunidos llegaron con esperanza, pero también con propuestas.

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El encuentro global, promovido por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, es el primero sobre el desarme atómico después de la aprobación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares firmado por 122 países de la Comunidad internacional, entre las cuales la Santa Sede, en Nueva York el 7 de julio 2017, después de intensas negociaciones y abierto a la firma, en la misma ciudad, el 20 de septiembre pasado.

Si en el mundo vuelven a soplar (con la crisis entre Washington y Pyongyang) vientos de un conflicto con armas nucleares, Jorge Mario Bergoglio condenó con fuerza “la amenaza de su uso, además de su posesión misma”, que sirve a una lógica “de miedo que no solo tiene que ver con las partes en conflicto, sino con el género humano entero”. El Papa, pidiendo escuchar la “voz profética” de las personas que sobrevivieron en Hiroshima y Nagasaki, afirmó que el desarme es una utopía que se puede realizar, a pesar de “la crítica de los que consideran idealistas los procesos para desmantelar los arsenales”.

“Han venido a este Simposio para afrontar argumentos cruciales, tanto en sí mismos, como teniendo en consideración la complejidad de los desafíos políticos del actual escenario internacional, caracterizado por un clima inestable de conflictualidad”, dijo el Papa al comenzar su discurso en el congreso organizado por el nuevo dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, guiado por el cardenal Turkson. “Un hosco pesimismo podría impulsarnos a considerar que las “prespectivas para un mundo libre de armas nucleares y para un desarme integral”, como dice el título de su encuentro, parecen cada vez más remotas”.

Según el Papa, es un hecho comprobado “que el espiral de la carrera armamentista no conoce descanso y que los costes para modernizar y desarrollar armas, no solo nucleares, representan un considerable rubro de gasto para las naciones, a tal punto de tener que poner en segundo nivel las prioridades reales de la humanidad sufriente: la lucha contra la pobreza, la promoción de la paz, la realización de proyectos educativos, ecológicos y sanitarios y el desarrollo de los derechos humanos”.

“No podemos no sentir un vivo sentimiento de inquietud si consideramos las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que derivan de cualquier uso de los artefactos nucleares”, continuó el Papa. “Por lo tanto, incluso considerando el riesgo de una detonación accidental de tales armas por un error de cualquier tipo, hay que condenar con firmeza la amenaza de su uso, adema de su posesión misma, precisamente porque su existencia es funcional a una lógica de miedo que no solo tiene que ver con las partes en conflicto, sino con el género humano entero”.

“Las relaciones internacionales no pueden ser dominadas por la fuerza militar, por las intimidaciones recíprocas, por la ostentación de los arsenales bélicos. Las armas de destrucción masivas, en particular las atómicas, no generan más que un engañoso sentido de seguridad y no pueden constituir la base de la pacífica convivencia entre los miembros de la familia humana, que, en cambio, debería inspirarse en una ética de solidaridad”.

Es “insustituible”, subrayó Francisco, “el testimonio de los Hibakusha, es decir las personas afectadas por las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, así como el de las demás víctimas de los experimentos de las armas nucleares: ¡que su voz, voz profética, sea una advertencia sobre todo para las nuevas generaciones!”.

Una sociedad que parece “atontada” frente a la desviación de una ciencia que debería estar al servicio del hombre, la difusión telemática de las tecnologías nucleares y el aumento de los países que cuentan con un arsenal nuclear prefiguran “escenarios angustiosos”, dijo Jorge Mario Bergoglio, pero se registra, constató, también un “sano realismo” que “no cesa de encender sobre nuestro mundo las luces de la esperanza”.

Así sucedió, por ejemplo, en la “histórica votación en la sede de la ONU” que estableció que “las armas nucleares no son solamente inmorales, sino que también deben considerarse un ilegítimo instrumento de guerra”, iniciativa que ha “colmado un vacío jurídico importante”, y que es mucho más significativa porque se logró gracias a “una “iniciativa humanitaria”, promovida por la válida alianza entre la sociedad civil, los estados, las organizaciones internacionales, Iglesias, Academias y grupos de expertos”. El Papa agradeció, al respecto, a los premios Nobel que estaban presentes y que le entregaron una declaración común sobre el desarme.

Jorge Mario Bergoglio recordó el magisterio, en particular, de Pablo VI, con el “memorable y muy actual” documento de la encíclica “Popolorum progressio”, y de Juan XXIII, que en la “Pacem in terris” escribió, recordó el Papa, que frenar los armamentos con objetivos bélicos, “su efectiva reducción y, con mayor razón, su eliminación son imposibles o casi, si al mismo tiempo no se procede a un desarme integral; es decir si no se desmontan también los espíritus, obrando sinceramente para disolver, en ellos, la psicosis bélica”.

Según el Papa Francisco, es necesario, “antes que nada, rechazar la cultura del descarte y cuidar a las personas y a los pueblos que sufren las desigualdades más dolorosas, mediante una obra que sepa privilegiar con paciencia los procesos solidarios con respecto al egoísmo de intereses contingentes. Se trata, al mismo tiempo, de integrar la dimensión individual y la dimensión social mediante el despliegue del principio de subsidiariedad, favoreciendo la aportación de todos como individuos y como grupos. Hay que, en fin, promover lo humano en su unidad indivisible de alma y cuerpo, de contemplación y de acción. Es por ello, pues, que un progreso efectivo e incluyente puede hacer realizable –subrayó el Papa– la utopía de un mundo sin mortales instrumentos de ofensa, a pesar de la crítica de los que consideran idealistas los procesos para desmantelar los arsenales”.

Inaugurando hoy por la mañana el congreso en el Vaticano, el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin subrayó, por su parte, que “las armas nucleares no pueden ser la solución al problema de la seguridad”, y recordó “las consecuencias humanitarias catastróficas que siguen al uso de cualquier arma nuclear, con efectos increíbles tanto en el espacio como en el tiempo”. Parolin también insistió en que en un mundo en el que “muchos millones de personas sufren el hambre”, la carrera armamentista reduce los recursos que podrían ser utilizados “para la paz y el desarrollo humano integral, para combatir la pobreza y para realizar los objetivos de la Agenda 2030 sobre el desarrollo sostenible”. La prohibición de la ONU, recordó el purpurado, no solo debe ser un documento firmado, sino un tratado que debe ser comprendido profundamente para que pueda ser puesto en práctica plenamente.

 

Venimos con propuestas llenas de esperanza: el Premio Nobel Pérez Esquivel en el Simposio sobre desarme nuclear en el Vaticano

El encuentro global, promovido por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, es el primero sobre el desarme atómico después de la aprobación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares firmado por 122 países de la Comunidad internacional en Nueva York el 7 de julio 2017, entre las cuales figura la Santa Sede, después de intensas negociaciones y abierto a la firma, en la misma ciudad, el 20 de septiembre pasado.

En los dos días de encuentro participan once Premios Nobel de la Paz, entre ellos se encuentra el profesor argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien comentó para Radio Vaticano, en primer lugar, de la importancia del evento:

“Me parece muy importante esta convocatoria del Papa Francisco para hacer frente a situaciones muy graves, muy conflictivas para toda la humanidad y para el sistema planetario de lo que puede ser una guerra nuclear, donde se pone en peligro la existencia planetaria, no sólo la del ser humano. Y la diversidad de ponentes, que hay aquí en este encuentro, desde distintas perspectivas, para poder aportar a una solución de estos conflictos y evitar lo que puede ser un holocausto de la humanidad. Entonces vamos a ver cuáles pueden ser los caminos alternativos para todo esto”.

-Relevante para el destacado pacifista argentino es la encíclica de Juan XXIII Pacem in terris:

“En el pasado, hubo muchas iniciativas, pero recuerdo la encíclica de Juan XXIII Pacem in terris, donde ya en el año 1963, venía haciendo esta advertencia: parece que las palabras las hubiese pronunciado hoy”.

-¿Cuáles son las perspectivas reales?

“Hay intereses económicos, políticos, la carrera armamentista, tiene que ver con la economía, producción de armas, el complejo industrial militar, los intereses económicos y políticos de las grandes potencias. Creo que hay que cambiar muchas cosas dentro de Naciones Unidas, que no puede estar dominada por cinco potencias. Hay que cambiar. En el año ‘45 eran 57 estados. Hoy son 193 estados. Venimos con esperanza, también con propuestas”.

-Terminar con el uso de las bombas de uranio

“Pero hay un tema que no se trata y que lo voy a tratar en el día de hoy” dijo el notable Premio Nobel. Es el tema de las bombas de uranio empobrecido que dejan consecuencias permanentes de malformaciones genéticas, destrucción del medio ambiente, contaminación del agua, enfermedades… y de esto casi no se habla. Esta bomba la hemos visto utilizarla en Iraq, en la guerra. Hay que poner freno a esto, porque esta bomba de uranio empobrecido hoy la están utilizando en conflictos bélicos. Y hay que terminar con esto”.

-Necesaria una base jurídica para el desarme

“Una guerra nuclear es un crimen de lesa humanidad: es un genocidio, prosiguió el profesor Pérez Esquivel. Y también aquellas potencias que quieren utilizar las armas nucleares saben que recibirán una condena mundial por esto. Pero no deben ser sólo palabras sino que debe existir una comprensión, una base jurídica para poner freno a las locuras de las potencias que poseen armas nucleares”.

-Pueblos protagonistas forjadores de una nueva vida

“Los pueblos muchas veces somos espectadores y tenemos que asumirnos como protagonistas y constructores de nuestra propia vida y de nuestra propia historia. Y pueblo somos los que tenemos una identidad, una pertenencia y no podemos estar expuestos a lo que decidan los gobernantes. Hay que cambiar este error. Los pueblos tienen que ser protagonistas para cambiar el curso de la historia. Y siempre fue así. Los pueblos tienen que estar presentes y generar una nueva posibilidad de vida. Es lo que dijimos en el Foro Social Mundial: otro mundo es posible”.

-Papa Francisco, el Papa de todos

Y a poco tiempo de la audiencia prevista con el Santo Padre, el conocido Premio Nobel afirmó: “Me alegro de encontrar al Papa, porque es el Papa de todos y es un amigo, un hermano. Y tendremos la alegría de volver a encontrarnos”.

 

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Fuentes:

Vatican Insider / Radio Vaticano

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