Cardenal Nichols: “Brexit no significa que el Reino Unido se vaya de Europa”

10:00 p m| 26 abr 17 (VIDA NUEVA/BV).- Como vicepresidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), el cardenal Vincent Nichols inauguró el Simposio Europeo sobre los Jóvenes, celebrado en Barcelona del 28 al 31 de marzo y organizado por esta institución que agrupa a los obispos del continente. El arzobispo de Westminster y presidente de los obispos de Inglaterra y Gales fue entrevistado por la revista Vida Nueva el miércoles 29, el mismo día en que el Reino Unido formalizaba ante la Unión Europea su salida y daba inicio el proceso legal iniciado con el Brexit.

Y aunque el Reino Unido ha salido de la UE, Nichols piensa que eso no la desvincula de Europa, simplemente una mayoría de su población no está en sintonía con el proyecto de la UE. A su parecer los motivos apuntan a la élite que decide en la Unión y al “lenguaje de la unificación”, que no es del gusto de los ingleses, quienes apuestan por comunidad. Y reconoce que como obispos sería inadecuado profundizar sobre la coyuntura, no solo porque no son actores políticos, sino porque en Inglaterra el entorno no es muy favorable para la visión católica. Sobre el Simposio y los jóvenes, confía en que la mejor forma de acercarse a ellos es crear oportunidades de caminar juntos. Ser compañía. “Estas oportunidades tienen que construirse”.

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-¿Es imposible a día de hoy la unión de Europa?

La unión de Europa no es lo mismo que la Unión Europea (UE). Para el CCEE, Europa es mucho más grande. Que el Reino Unido hoy se marche de la UE no significa que se vaya de Europa. Pero significa que la gente del Reino Unido, o una mayoría, ha dicho que no ve que el proyecto de la UE sirva a aquello en lo que cree. Hay dos preocupaciones particulares en la mente de los británicos. Una es que sienten una gran distancia con la maquinaria política de Bruselas, dominada por una élite que no percibe la voluntad de la gente. Y, en segundo lugar, al inglés nunca le ha gustado el lenguaje de la unificación. No es el lenguaje idóneo. Tal vez podríamos hablar de comunidad, de cooperación económica, pero no de unificación. La UE estaba manejando la diversidad de manera errónea, haciéndola chocar y diciendo que todos debemos ser iguales.

-¿Los obispos ingleses están a favor de una unión política?

Mi esperanza era que continuara la reforma de la UE, que hubiera mayor espacio para la diversidad y para las características nacionales. Como dijo Francisco, la UE tiene el riesgo de perder su visión. La primera visión de la UE, como comunidad económica, era parar la guerra, juntando las economías. Si el acero, el carbón y la energía funcionaban conjuntamente, entonces no podrían ser usadas para hacer armas. Una visión de comunidad que era muy católica.

-¿La gente sabe qué piensan los obispos católicos acerca del Brexit?

Lo saben, pero intentamos no entrar en política. Una visión católica no es muy bien vista en Inglaterra. Vivimos en un ambiente predominantemente protestante. Si somos muy explícitos sobre política, todo el mundo dice: “¿Por qué tenemos que aceptar órdenes del Papa?”. Voy a presentar el libro de un político retirado que recoge en 600 páginas la historia de la comunidad católica en Inglaterra. El autor explica que son 450 años de incesante prejuicio contra la Iglesia católica. Esta es la situación: el establishment británico tiene un nivel muy profundo de sospecha hacia cualquier cosa católica. Nosotros, como obispos, tenemos que aprender a hablar de forma clara, pero también sutil. No somos actores políticos.

-Hay división entre los estados europeos. ¿También entre las Iglesias de las distintas naciones europeas?

La experiencia con el CCEE es muy interesante. Desde los años 80, ha habido una cooperación con la Europa occidental. Cuando cayó el Muro, había miedo de que hubiera problemas de entendimiento mutuo, porque la experiencia de las Iglesias del Este era la de haber sufrido una persecución activa y con una gran tradición de mártires y héroes de la fe. Hacia los 80, se creía que Occidente tenía que darle al Este su ayuda financiera y el Este daría al Oeste su regalo de fe. Pero no funcionó exactamente de esta manera. El secularismo del Oeste fue hacia el Este. Ahora hay mucha más madurez entre los dos corazones de Europa, más allá de los obispos. Reconocemos que tenemos muchos problemas en común y reconocemos que compartimos los mismos retos. Y pienso que hay una cooperación muy buena. En cierta manera, hoy los obispos de Europa tienen una mejor visión del futuro de Europa que la que tiene la UE. Y trabajamos unidos.

Con los jóvenes

-En la apertura del Simposio sobre los jóvenes, usted insistía en la necesidad de escucharlos. Pero, ¿qué pasa cuando la juventud no dice lo que la Iglesia quiere oír?

Creo que muchos no tienen una idea clara de la realidad cuando hablan de la Iglesia. Y esta Iglesia es la que no aceptan y la que no escuchan. La situación de la Iglesia es a menudo similar a la experiencia de unos padres de familia. Es difícil para ambos (para los padres, o la Iglesia, y para la gente joven) porque su vida cambia rápidamente. Pero, como en una familia, lo que es importante es la fidelidad, el permanecer unidos. Solo con el tiempo, a menudo el paso de muchos años, el consenso y el entendimiento crecen. Cuando miramos atrás, vemos los lazos que compartimos. Por eso es importante que no nos demos la espalda mutuamente.

En Cracovia, Francisco dijo a los jóvenes: “Si quieren ser un signo de esperanza, vayan a casa, hablen con sus abuelos y escúchenles”. Las generaciones se necesitan mutuamente, también en la Iglesia. Pero es una carretera de dos sentidos y requiere paciencia y fidelidad. Pienso que lo que necesita a menudo la Iglesia es tener las oportunidades de caminar y de hablar conjuntamente con los jóvenes. Estas oportunidades tienen que construirse. Si la experiencia de la gente joven de la Iglesia es solo asistir a la liturgia (un acto de deseo hacia Dios), no hay un diálogo entre personas.

-¿Piensa que debe cambiar la Iglesia para acercarse más a los jóvenes?

Lo que intentamos es crear esas oportunidades de acercamiento. Pero, por ejemplo, cuando los adolescentes hablan con sus padres, no quieren que sus padres sean también adolescentes. Quieren que sean padres. La Iglesia no debe olvidar toda su sabiduría y transformarse en un adolescente. Este no es el camino correcto.

-¿Qué podemos esperar del Sínodo sobre los jóvenes?

Ciertamente, es un sínodo de obispos, no es un sínodo de jóvenes. Por eso, este Simposio aquí en Barcelona es importante para compartir experiencias. En Inglaterra hemos establecido una gran consulta en Internet para que la gente pueda responder online, y esperamos que también cara a cara, para poder recoger las expectativas, los miedos, las ansiedades y la felicidad de los jóvenes. Todo esto, después, tiene que llevarse al encuentro mundial de obispos, para que el Sínodo no sea una cosa abstracta. Hay todavía unos cuantos pasos por andar.

Pero también puedo contar mi experiencia en el Sínodo sobre la familia. Moderé un grupo de unas 25 personas. La mayoría de ellas, obispos. Uno sugirió que nos preguntáramos cada uno sobre nuestra familia, porque cada obispo también es miembro de una familia. Alrededor de aquella mesa aparecieron todos los problemas. Algunos tenían padres que se habían separado, algunos habían vivido sin ningún tipo de fe, uno había tenido una madre católica pero que no podía confesarlo porque en su país era perseguida, otros eran muy felices… De la misma manera, todos los obispos hemos sido jóvenes y, cuando escuchamos, también debemos escuchar nuestro propio pasado.

-¿Qué les diría a los padres con hijos que se han alejado de la Iglesia o que la critican?

Lo primero que se debe decir a los hijos es que los amas. Y esto hará el cambio. Solo cuando la gente empieza a ver más de cerca la historia de la Iglesia, la historia de sus padres, empieza a comprender. Y para la gente joven hay experiencias prácticas que cambian su experiencia de Iglesia: voluntariado, una peregrinación, visitar a un enfermo, un espacio de búsqueda… Muy a menudo, la gente joven entiende la Iglesia en la acción, no en la discusión.


Concluye en Barcelona el Simposio sobre los jóvenes del CCEE

Ha concluido en Barcelona el Simposio sobre el acompañamiento a los jóvenes organizado por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE). Este encuentro, que comenzó el martes 28 de marzo, contó con la participación de 275 expertos de toda Europa de las áreas relacionadas con el acompañamiento a los jóvenes en las distintas conferencias episcopales: Juventud, Vocaciones, Universidades, Enseñanza y Catequesis. Junto a las ponencias de expertos en acompañamiento se han intercambiado las experiencias de buenas prácticas de diversos movimientos e iniciativas pastorales europeas presentes y el testimonio de los jóvenes.

Mirando hacia el sínodo de los jóvenes y las vocaciones de 2018

El Card. Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los obispos, ha presentado los trabajos preparatorios del Sínodo sobre los jóvenes y las vocaciones que se celebrará en octubre del próximo año. Explicando el proceso sinodal y sus diversas etapas, el Card. Baldisseri ha recordado sobre todo la publicación del Documento Preparatorio que contiene un cuestionario, por medio del cual son interpelados los diversos miembros de la Iglesia. Basándose en las respuestas que se reciban, el Sínodo de los obispos elaborará el Instrumentum Laboris (el Documento de trabajo) que se entregará a los Padres sinodal es como base para la discusión. A la espera del documento de trabajo, el Card. Baldisseri ha anunciado que pronto el Sínodo hará público el sitio web (www.sinodogiovani2018.va), que contiene un cuestionario dirigido directamente a todos los jóvenes.

Seguidamente cinco representantes, uno por cada campo de la pastoral, han referido su propia experiencia del Simposio, proponiendo también algunos desafíos.

Conclusiones del Simposio

La sesión conclusiva del Simposio ha sido confiada al presidente del CCEE, Card. Angelo Bagnasco. En su intervención, el cardenal se ha centrado en la figura del educador y su misión educativa en el contexto actual, caracterizado por “la cultura de la nada”. Para el Presidente del CCEE, el educador cristiano debe sobre todo alzar la mirada a Cristo, verdadero y único maestro.

Si la cultura contemporánea parece “no tener nada que decir a los jóvenes, nada de significativo que avive el corazón y colme la existencia” en la persona de Jesús “resplandece todas las virtudes humanas de forma eminente, resplandece la plena humanidad del hombre, ésa humanidad que nuestra época se arriesga a no reconocer, reduciendo la persona a una forma liquida”.

El Presidente del CCEE ha cerrado el encuentro con un llamamiento final a la juventud europea: “A las jóvenes generaciones miramos con gran simpatía y confianza; a ellos les tocará ser los nuevos evangelizadores, convencidos que evangelizar hoy significa ¡enseñar a los hombre el arte de vivir! El nuestro es un tiempo maravillosamente arduo, es la hora que la Providencia nos ha dado, la cual abrazamos con confianza y amor. Si, lo queremos vivir bien comenzando por cambiar nosotros mismos, ayudándonos los unos a los otros”.


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Fuentes:

Revista Vida Nueva / Web Simposio sobre Jóvenes de la CCEE 2017

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