La justicia sin misericordia es dictadura

11:00 a m| 16 set 16 (BLOGS/BV).- Iluminadoras conferencias de Pedro Ignacio Fraile Yécora y Xabier Pikaza clausuraron el II Congreso Mundial de Biblia y Mística con los temas “Misericordia: el modo de ser y actuar de Dios” y “Misericordia y Justicia”. Fraile Yécora elaboró su discurso a partir de un cuestionamiento sobre la posiblidad de seguir hablando de Dios en nuestros días. Luego, Pikaza explicó cómo nuestra visión de cristianismo y de la vida humana dependen de la forma en que planteamos la relación entre justicia y misericordia: “la misericordia sin justicia es arbitrariedad y la justicia sin misericordia es dictadura”.

El evento se realizó en España del 5 al 11 de setiembre, con el título “Misericordiosos como el Padre”. Se realizaron 20 conferencias magistrales, con la participación de expositores procedentes de 12 países y se recibió a centenares de asistentes. Además de las conferencias del día de clausura, incluimos reseñas de las intervenciones del jesuita Jon Sobrino, del monje benedictino Anselm Grün, del teólogo José Antonio Pagola y del carmelita descalzo italiano Bruno Mariconi. Recogemos también un ensayo sobre la relación misericordia-justicia, propuesto por el mismo Xavier Pikaza, que profundiza su intervención en el Congreso.

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El rostro misericordioso de Dios en el Antiguo Testamento (6 de setiembre)

El Dr. Bruno Moriconi, carmelita descalzo italiano. Docente de ciencias bíblicas en “Teresianum” de Roma, (del cual ha sido presidente del 2000 al 2003), del Pontificia Urbaniana y del Instituto Internacional de Teología Pastoral Sanitaria (Camilianos) de Roma.

Su ponencia versó sobre la Misericordia en los salmos. El subrayó que el tema de la misericordia aparece innumerables veces en los salmos. Especialmente se refirió al salmo 136 donde la palabra misericordia aparece 26 veces. Hay una relación entre el nombre de Yahveh y la misericordia ya que dicen los salmos refiriéndose a Dios que su nombre es misericordia. La misericordia la vivió Israel en su historia. Es decir la conoció por experiencia, en cambio el en Nuevo Testamento el rostro de la misericordia es el del Cristo, el del Dios que es amor. Israel conoce a Dios como Dios entre otros dioses y para Israel su Dios es su Salvador porque lo liberó de la esclavitud.

Al hablar de la misericordia Isaías compara la misericordia al amor entrañable de una madre por su criatura. Es decir la misericordia de Dios está ligada a sus entrañas. Para concluir la misericordia cantada en los salmos es fruto de la experiencia de un pueblo llamado a rememorar lo experimentado de generación en generación.

Jesús revelador del rostro misericordioso del Padre (7 de setiembre)

El P. José Antonio Pagola cursó sus estudios de teología y ciencias bíblicas en la Pontificia Universidad Gregoriana y en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, y en L’Ecole Biblique et Archeologique Francaise de Jerusalén. Ha sido profesor de Cristología en la Facultad Teológica del Norte de España (Vitoria).

La Conferencia de P. Pagola “Jesús: la encarnación de la misericordia”, desarrolló la visión de Dios como un Padre hecha vida en el cuidado amoroso, el alivio constante al sufrimiento ajeno y al acercarse, acoger y convertir a los pecadores. El Dr. Pagola enriqueció sus afirmaciones con la parábola del Buen Samaritano y concluyó mostrando como urgente el convertir a la Iglesia Católica en Samaritana: Testigo activo de la misericordia de Dios Padre.

Sean misericordiosos: De la experiencia a la acción (9 de setiembre)

Anselm Grün es monje benedictino alemán, Doctor en teología. Reside en el Monasterio de Münsterschwarzach (Alemania). Es reconocido mundialmente por sus escritos sobre espiritualidad, siendo autor de más de 300 libros relativos al tema. Más de 14 millones de copias de sus libros han sido vendidas y traducidas a una treintena de idiomas.

El Dr. Grün, bajo el tema de la “La misericordia sana” ofreció su aporte original integrando espiritualidad y psicología de una manera dinámica y sanadora, a través del desarrollo de la misericordia en el evangelio como camino de sanación.

Desarrolló los siguientes puntos: Jesús, fundamento principio y fin de toda sanación espiritual, el buen samaritano como ejemplo de misericordia sanadora y modelo de Dios Padre, importancia de la sanación personal para acompañar la sanación del otro, la importancia de la misericordia consigo mismo para compadecer a los demás y culminó su conferencia mistagógica con una oración.

El sacerdote Jesuita Jon Sobrino se formó en España, Alemania y Estados Unidos, donde cursó estudios de ingeniería. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1956. Es profesor de Teología y director del Centro Monseñor Romero de la Universidad Centroamericana de San Salvador. Es miembro del Consejo Editorial de Concilium.

Desarrolló su ponencia “El Principio de la Misericordia. Bajar de la cruz a los pueblos crucificados”. En ella, trató sobre aspectos de la misericordia del Padre, principalmente la imagen de Dios Padre y de un Padre que es Dios, aludiendo a la parábola del hijo pródigo y aludió al gozo del Padre.

El P. Sobrino enfatizó el primer momento de la misericordia refiriéndose al Libro de Éxodo cuando el Padre se revela a Moisés como el que es Misericordioso y busca liberar a su pueblo. Actualizó este ejemplo de dos maneras, preguntando cómo podríamos bajar de la cruz a los que sufren y proponiendo una parábola comparando el bajar de la cruz a los crucificados con el empujar una carreta, es decir, actualizar la imagen de una iglesia misericordiosa.

Ceremonia de clausura

Xavier Pikaza Ibarrondo es Doctor en Teología por la Universidad de Salamanca (1965), y Doctor en Filosofía por la Universidad de Santo Tomás de Roma (1972), Licenciado y candidato a Doctor en Sagrada Escritura por el Instituto Bíblico de Roma. Ha sido religioso de la Orden de la Merced, con la que sigue vinculado. Está casado. Ha escrito diversos trabajos sobre teología bíblica y pensamiento en general.

El Dr. Xabier Pikaza desarrolló su conferencia “Misericordia y Justicia” afirmando categóricamente que la misericordia sin justicia es arbitrariedad y la justicia sin misericordia es dictadura. Agregó que la misericordia cuando está integrada apela al orden social en el que se otorga a cada uno lo suyo. Así lo establece el Antiguo Testamento donde el término misericordia incluía la gratuidad y fidelidad al pacto. Al cuidado de los huérfanos y las viudas. Por cuanto donde hay un niño a merced de otro no hay justicia, aún en la actualidad. Aprovechó para resaltar que hoy es apremiante proteger al extranjero incorporándolo a las leyes de cada país, especialmente proteger a los millares de niños huérfanos. Culminó su conferencia citando a Santa Teresita e Isabel de la Trinidad quienes por encima de Papas, Obispos y Superiores proclamaron la misericordia de Dios.

Pedro Ignacio Fraile Yécora es Licenciado en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma y Doctor en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha sido Director del Instituto Español Bíblico y Arqueológico (IEBA) de Jerusalén y rector del Seminario de Tarazona.

El Dr. Fraile Yécora comenzó su conferencia con la pregunta: ¿Es posible seguir hablando de Dios? Esto para afirmar que algunos autores consideran que ya no es posible seguir hablando de Dios, que pertenece al pasado. A este planteamiento El Dr. Fraile responde con dos sugerencias y un ejemplo:

1. En el siglo XXI la pregunta sobre Dios está plenamente vigente. La palabra Dios se debe colocar en el centro ante la carencia de su conocimiento.

2. El creyente debe ponerse a escuchar la Shemá de Dios para hablar de la experiencia y de la ideología de la fe.

En relación al ser y actuar de Dios El Dr. Fraile comentó que al adentrarse en el estudio de las escrituras es importante entender la diferencia entre Dios y los ídolos. Se hace necesario derribar los ídolos y romper la idolatría. Para ilustrar este punto hizo referencia a la figura de Jacob y su pelea con el ángel. Jacob logra su cometido, si bien lucha en desigualdad y sale herido. Dr. Fraile concluye que esta lucha debe mantenerse en todo creyente para que los ídolos no se apoderen del practicante.

Finalmente argumentó que, así como Dios estaba con Jacob, así está presente en la sociedad actual, que continúa revelándose y en algunas circunstancias se revela a los ateos, como al filósofo Español Gabriel García Morente.


Un ensayo sobre justicia y misericordia (Xavier Pikaza)

De la forma de plantear y resolver la relación entre justicia y misericordia depende nuestra visión del cristianismo y de la misma vida humana, como empezamos indicando en esquema:

‒ Misericordia y justicia. La Biblia ha dado prioridad a la misericordia, pero en ella se incluye la justicia, como indican sus nombres. La misericordia es rehem (amor originario) y hanan (gratuidad): es siendo hesed (fidelidad al pacto de la vida: justicia) y emuna (firmeza, fidelidad) (Ex 34,6-7). Por su parte, la tradición occidental, heredera de Grecia y Roma y ratificada por la Ilustración, ha insistido en la justicia, concibiendo la misericordia como algo derivado o secundario; pero con eso ha corrido el riesgo de perder su sentido. Por eso es necesario que se vinculen misericordia y justicia.

‒ La misericordia ha de crear justicia, como indica la ley originaria del Pentateuco: proteger a huérfanos, viudas y extranjeros), y como lo ratifica el Nuevo Testamento, al fijar las seis obras de misericordia, que el texto llama de justicia: dar comida al hambriento y bebida al sediento, acoger al extranjero y vestir al desnudo, servir al enfermo y encarcelado (cf. Mt 25, 31-46). Una misericordia que no crea justicia o no se expresa a través de ella corre el riesgo de volverse irracional.

‒ Una vinculación necesaria. La justicia pertenece al orden racional, la misericordia al orden de la fe, y los dos deben respetarse y vincularse, para crecer juntos, al servicio del ser humano. La tradición jurídica y moral de occidente (y en parte la misma ley de Iglesia) han insistido más en la justicia greco-romana que en el mensaje de la Biblia. Por su parte, la tradición de la misericordia cristiana ha corrido el riesgo de cerrarse en sí misma de un modo intimista, perdiendo de esa forma su misma raíz bíblica, que vincula, que vincula justicia (krisis), misericordia (eleos) y fidelidad (pistis) (cf. Mt 23, 23).

Por eso quiero unir ambos motivos y elementos, insistiendo en la justicia, como búsqueda de igualdad y defensa de los derechos humanos, pero sabiendo que ella está muy cerca de la misericordia bíblica entendida en sentido radical. Ha llegado el momento de unir la tradición greco-romana de la justicia racional y la tradición bíblica de la misericordia, para recrear el equilibrio y tarea de la vida humana. Así lo haré desde una perspectiva histórica y temática.

Historia de las religiones

La relación entre misericordia y justicia se inscribe de diversas formas en la historia de las religiones y culturas, como evocaré con tres ejemplos:

1. Hinduismo. Parece una religión más racionalista, centrada en la justicia inmanente de la realidad (karma, dharma), dejando así al hombre en manos de su propio esfuerzo, de su capacidad de meditación interior y de su trascendimiento. Cada uno se salva o libera a sí mismo, si es que logra superar la justa cadena de las reencarnaciones, cerrada por la muerte. Por eso resulta más difícil la experiencia de un Dios personal, que ama a los hombres de un modo gratuito, misericordioso.

Pero el mismo hinduismo ha desarrollado una vía de devoción (bhakti), vinculada a la misericordia divina y humana, por encima de la pura justicia. En este contexto se suele destacar la visión de Vhisnú, Dios misericordioso, ofreciendo a los hombres y mujeres su amor, por encima de la justicia cósmica, como ha puesto de relieve la Bhagavad Gita. Pero da la impresión de que ambos planos (el destino cósmico de la justicia y la misericordia y la revelación superior de la misericordia) no llegan a fecundarse.

2. Budismo. También el budismo insiste en la justicia inmanente, vinculada al propio karma, una justicia que todo lo regula y define, conforme a la ley del deseo y de la acción y reacción universal. Pues bien, por encima de esa justicia, el iluminado puede abrirse a un orden superior de realidad misericordiosa, más allá de la pura justicia, superando el plano de la reencarnación de los deseos.

De esa forma, más allá de la pura justicia cósmica, los iluminados o budas, descubren y despliegan un camino más alto de Vida, que rompe la trama de la acción y reacción, la cárcel del destino, poniendo a los hombres y mujeres en una tierra suprema de misericordia. En ese plano superior, el budismo es un despliegue de misericordia, con sus tres momentos de Maitri (benevolencia universal), Dana (piedad por los que sufren) y Karuna o solidaridad con todos los vivientes. Entre la compasión budista y la misericordia cristiana hay una profunda conexión, aunque el budismo no insiste en la acción personal de un Dios misericordioso, ni en su encarnación (Jesucristo), ni en la transformación misericordiosa de este mundo.

3. Islam. Todas las suras del Corán empiezan con la invocación Bismillah er-Rahman er-Rahim, en decir, En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso. Estas palabras, inspiradas en Ex 34, 6-7, constituyen el principio de la experiencia musulmana. Desde ese fondo se pueden citar otros pasajes: “Vuestro Dios es un Dios Uno. No hay más Dios que Él, el Compasivo, el Misericordioso” (Corán 2, 163). “Aquellos cuyos rostros estén radiantes gozarán eternamente de la Misericordia de Dios” (Corán, 3, 107). “Vuestro Señor se ha prescrito la Misericordia… Él es Indulgente, Misericordioso” (Corán 6, 54; cf. 39, 53).

El Islam está cerca de la visión israelita de la misericordia (AT cristiano), pero hay algunas diferencias: El Islam no cree en la encarnación de la Misericordia, ni en la Cruz salvadora. Por otra parte, da la impresión de que, en conjunto, el Islam no acepta el orden racional de la justicia y así corre el riesgo de interpretar la misericordia de un modo arbitrario, como un destino al que el hombre debe someterse.

Misericordia y justicia, dos perspectivas

Suele decirse que la justicia es una regulación racional de las relaciones humanas que se establece en forma de ley y se sanciona de un modo consecuente, con premios y/o castigos adecuados. Por el contrario, la misericordia sería una virtud intimista y sentimental, que sólo puede aplicarse en pequeños espacios de familia o amistad, y que no puede aplicarse a la vida social. La justicia pertenecería al plano de la naturaleza y la razón, al orden político-social. Por el contrario, la misericordia sería propia del campo de la fe y la religión, y sólo podría ejercerse de un modo intimista. Pero esa oposición no es tan clara, pues una justicia sin misericordia acaba siendo injusta, y una misericordia sin justicia puede acabar siendo pura arbitrariedad:

‒ La justicia pertenece a las cuatro virtudes cardinales, que son como quicios sustentantes que regulan de manera armónica la vida social. En ella se supone que el orden de las cosas es sagrado, de manera que debe mantenerse. Como virtud suprema, representada en forma de diosa (Dîke), la justicia es más que el puro orden social de la razón, ella tiene un fondo religioso, y sólo puede establecerse de algún modo por fe, al servicio de los hombres.

‒ La misericordia va más allá de la justicia cósmico-social, insistiendo en el amor personal, y en el valor supremo de cada uno de los hombres, insistiendo en los más pobres. Ella nos ofrece la experiencia de un Dios creador que nos elige de un modo personal, y nos permite ser libres, capacitándonos para asumir libre y positi¬vamente la vida, en un contexto donde cada necesitado (hombre o mujer) tiene valor infinito.

La justicia racional apela al equilibrio de la sociedad, que cada uno debe respetar, manteniendo su lugar en el conjunto, tanto el rico como el pobre, el esclavo como el libre; el hombre como la mujer. En esa línea, ella puede aceptar un tipo de profunda desigualdad dentro del orden del conjunto, en contra de la misericordia que pone de relieve el valor infinito de cada persona (en especial del pobre), que es más importante que el universo entero.

La justicia se revela en el orden y equilibrio del universo (con sus desigualdades). La misericordia, en cambio, apela al valor infinito de cada ser humano, tal como se expresa en Jesús crucificado. En ese contexto, el lema de la justicia (dar a cada uno lo suyo) es buena, pero insuficiente, porque no sabemos de antemano lo que significa mío y tuyo, y porque además al pobre y oprimido se le debe todo. La justicia no crea, sino que regula lo que existe, según una ley que puede terminar poniéndose al servicio de los más fuertes. La misericordia, en cambio, reconoce el valor de cada persona y se inclina a ayudar a los necesitados, por encima de todas las leyes de la justicia (no para negarlas, sino para transcenderlas).

Un camino abierto

El modelo cristiano de la misericordia ha quedado casi inoperante en el plano de la vida social (econo¬mía, política), donde ha seguido imperando, en el mejor de los casos, un modelo de justicia que, siendo bueno, por la misma dinámica del poder, tiende a ponerse al servicio de los privilegiados del sistema. Así ha podido crearse una fuerte dicotomía.

‒ La justicia seguiría imponiéndose en un plano social (en el mundo), aceptando las cosas como son y manteniendo el orden establecido (defensa del “status quo” en la distribución de las riquezas, clases sociales etc.).
‒ El amor y la misericordia deberían actúan sólo un plano de gracia, en un nivel interno y privado (sin consecuencias sociales). Entendida así, la misericordia valdría sólo en un plano particular, para compensar un poco los defectos de la justicia

En contra de esa situación han surgido los grandes movimientos sociales del siglo XIX que han buscado una nueva noción de justicia, que no consiste en mantener lo que hay, sino en crear lo que debe haber, para que los hombres sean iguales y hermanos, con elementos tomados de la misericordia. Desde ese fondo se pueden distinguir cuatro niveles:

‒ Justicia “natural” (dykaiosinê), defensa del orden existente. Ella aparece en todas las visiones religiosas y sociales que interpretan el mundo en forma estática, como algo ya dado: Ésta es la expresión del orden cósmico (karma) en hinduismo y budismo. A través de ella el hombre asume el orden sagrado del cosmos, comprometién¬dose a respetarlo y conservarlo en cuanto pueda. Pero como sabían los romanos, la justicia pura, cerrada en sí misma, se vuelve injusta: Summum ius summa iniuria, máxima justicia, injuria máxima.

‒ Justicia revolucionaria. Un orden nuevo. Muchos han visto que la justicia oficial es de hecho injusta (al servicio de unos poderes establecidos). Por eso, apelando a un orden más profundo de humanidad, han querido crear una justicia mejor, de libertad, igualdad y fraternidad (Rev. Francesa). Para que haya de verdad justicia ha de superarse un tipo de ley orden establecida, con dominio de unos sobre otros, para que surja la verdad humana.

‒ Justicia bíblica o tsedaqá (Antiguo Testamento). Ella no consiste en mantener lo que hay, sino en liberar a los pobres, en gesto de piedad, abriendo así un camino de transformación y perdón para todos. En ese aspecto, el pensamiento israelita está más cerca de las revoluciones modernas (incluso del marxismo) que de los esquemas ideales de armonía griega, donde cada uno ocupa un orden dado (superior o inferior) en el conjunto. En esa línea, apelando al principio supremo del rehem-hesed (misericordia entrañable), judíos y cristianos (y en algún sentido los musulmanes) quieren superar la justicia del orden social injusto de la actualidad, partiendo del principio más alto de la justicia entendida como misericordia, pero no a través de una revolución militar o dictadura, sino por medio de un compromiso personal de misericordia.

En esa línea, en general, los judíos piensan que aún no puede instituirse ese orden de misericordia universal, hay que esperar, pues el tiempo mesiánico del “reino” todavía no ha llegado. Por su parte, los musulmanes tienden a pensar que la misericordia está escondida en Dios, de manera que los hombres deben someterse en el mundo al dictado de su voluntad, expresado en el Corán, incluso por la fuerza Los cristianos, en cambio, piensan (pensamos) que es ya tiempo de instaurar la misericordia, como iré mostrando a partir del mismo Antiguo Testamento.


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Fuentes:

CITeS / Blog de X. Pikaza

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