Benedicto XVI y los momentos difíciles de su pontificado en nuevo libro entrevista

3:00 p m| 16 set 16 (AGENCIAS/BV).- Con una humildad que sorprende, Benedicto XVI confiesa sus límites en un libro entrevista del autor alemán Peter Seewald (escritor cercano a Joseph Ratzinger), bajo el título de “Últimas conversaciones”. El Papa emérito reconoce que no es un hombre de gobierno ni un hábil gestor, aunque matiza que su pontificado no fue tampoco un fracaso porque supo enfrentarse a desafíos graves, como la crisis de la pederastia y el escándalo Vatileaks, y ayudó a revitalizar la fe de muchos creyentes. Esta publicación es el cuarto tomo de entrevistas entre Ratzinger y el periodista Seewald. Este último comprende las charlas mantenidas poco antes y poco después de la renuncia del pontífice.

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“El gobierno práctico no es mi fuerte y esto es seguramente una debilidad. Pero no me veo como un fracasado”. Son palabras de Benedicto XVI, quien rompe el silencio que se impuso desde su renuncia al trono de Pedro, el 11 de febrero de 2013, cuando decidió retirarse y vivir en un monasterio del Vaticano.

En “Benedicto XVI, últimas conversaciones”, Joseph Ratzinger, que desde entonces se hizo ver muy esporádicamente en público, se convierte en el primer pontífice que traza un balance de su propio pontificado y habla con gran normalidad de su sucesor.

Según extractos del libro publicados en el Corriere della Sera, desde el primer momento de la elección del Papa Francisco, el 13 de marzo de 2013, Benedicto estuvo “feliz”. “Mi sucesor no quiso la muceta roja. La cosa no me impactó en lo más mínimo. Lo que me impactó, en cambio, es que ya desde antes de la primera salida al balcón central (de la Basílica de San Pedro) hubiera querido llamarme por teléfono, pero no me encontró porque estaba justamente delante del televisor. El modo en el cual rezó por mí, el momento de recogimiento, después la cordialidad con la que saludó a las personas, a tal punto que la chispa se encendió, digamos, de inmediato”, indica.

Como les pasó a muchos, Benedicto XVI no se esperaba para nada la elección de Jorge Bergoglio. “Nadie se lo esperaba. Yo lo conocía, naturalmente, pero no pensé en él. En este sentido, fue una gran sorpresa. No pensé que estaba en el grupo restringido de candidatos. Cuando oí su nombre, al principio no estuve seguro. Pero cuando vi cómo hablaba, por un lado, con Dios, por el otro, con los hombres, me puse en serio contento. Y feliz”, agrega.

Para Ratzinger, la elección de un cardenal latinoamericano como sumo pontífice “significa que la Iglesia está en movimiento, es dinámica, abierta, con perspectivas de desarrollo, que no está congelada en esquemas; ocurre siempre algo sorprendente, posee una dinámica intrínseca capaz de renovarla constantemente”.

Al reconocer que no tiene dotes de administrador, Benedicto XVI también destaca la capacidad en este sentido de su sucesor argentino. “Cada uno tiene su propio carisma. Francisco es el hombre de la reforma práctica. Fue mucho tiempo arzobispo, conoce el oficio, fue superior de los jesuitas y también tiene el carácter para poner mano a acciones de carácter organizativo. Yo sabía que éste no es mi punto fuerte”, admite. Y va más allá con la autocrítica: “Mi punto débil es quizás la poca resolución en gobernar y en tomar decisiones. En realidad, soy más profesor, alguien que reflexiona y medita sobre las cuestiones espirituales. El gobierno práctico no es mi fuerte y esto es ciertamente una debilidad. Pero no me veo como un fracasado”.

Al trazar un balance de su pontificado, no oculta que fue duro. “Durante ocho años desarrollé mi servicio. Hubo momentos difíciles, basta pensar, por ejemplo, el escándalo de la pedofilia y el caso Williamson o también el escándalo VatiLeaks; pero en general también fue un período en el cual muchas personas hallaron una nueva vía a la fe y ha habido un gran movimiento positivo”, asegura.

Como ya se había anticipado, también en este virtual testamento espiritual, también revela haber podido desbaratar ese “lobby gay”, formado por entre cuatro y cinco personas, que existía en el Vaticano. En junio de 2013 Francisco había creado gran revuelo en todo el mundo al hablar de dicho “lobby gay” vaticano, según había revelado el portal chileno Reflexión y Liberación. “Efectivamente me indicaron un grupo, que al mismo tiempo disolvimos. Estaba, de hecho, señalado en el informe de la comisión de tres cardenales que se podía identificar un grupo de cuatro, quizá cinco personas. Lo hemos disuelto. ¿Se formarán otros? No lo sé. En todo caso, en el Vaticano no abundan casos similares”, indica Ratzinger.

El antecesor de Francisco se defendió de las críticas por haber levantado la excomunión del sacerdote negacionista del Holocausto Richard Williamson en 2009, quien vivía en aquel momento en la Argentina. Ratzinger dijo que él no había tenido la culpa, sino la comisión vaticana “Ecclesia Dei”, que no lo informó. “Considero que la culpa la tiene sólo esta comisión”. También expresó reparos hacia el sistema de financiación de la Iglesia a través del impuesto eclesiástico. “La excomunión automática de aquellos que no pagan a mí parecer no se sostiene”.

Como algo anecdótico, Benedicto XVI afirma que escribió en latín el texto de la renuncia “porque una cosa tan importante se hace en latín”, y porque se sentía más cómodo que usando el italiano. Niega, por otro lado, haber sufrido presiones o chantajes a la hora de su histórica decisión de dar un paso al costado. “No se trató de una retirada bajo la presión de los eventos o de una fuga por la incapacidad de enfrentarlos. Nadie intentó chantajearme. Nunca lo habría permitido. Si lo hubieran intentado, no me habría ido porque no hay que abandonar cuando se está bajo presión”, asegura.

El papa emérito destacó que no se arrepintió ni un minuto de haber tomado la decisión de dar un paso al costado. “Veo cada día que fue lo correcto”.

En otro ámbito, Ratzinger sigue mostrando su inquietud por la descristianización de Europa y piensa que la Iglesia “debe encontrar una nueva forma de presencia, debe cambiar su modo de presentarse”, aunque se ve incapaz de prever hacia dónde llevarán finalmente los “vuelcos históricos” que están sucediendo. Benedicto XVI, que cumplirá 90 años la próxima primavera y vive en un antiguo convento, en el interior del Vaticano, dice estarse preparando para la muerte, “para superar el último examen delante de Dios”. “Intento hacerlo pensando que el fin se acerca”, añade.

Según Luigi Accattoli, vaticanista del Corriere della Sera, al margen de revelar detalles como que Benedicto adora las siestas, tiene un marcapasos desde 1997 y no ve del ojo izquierdo, el libro-entrevista en el que se confiesa llama la atención por la libertad con la que Ratzinger responde las preguntas de su entrevistador. Además, confirma la buena relación que tienen los dos papas. “Si hubiera habido siquiera una mínima dificultad -asegura-, ni el emérito, que cumplirá 90 años en abril próximo, se habría atrevido a proponer tal publicación, ni el sucesor, que cumplirá 80 años en diciembre, la habría autorizado”.


Un esquema del libro – Tres partes

Las campanas de Roma

Tres capítulos (1-3) en los que aborda su vida actual en el Vaticano, su día a día encomendado a la oración; de su renuncia decidida en el verano de 2012 y formulada en latín el 11 de febrero de 2013, un lunes de Carnaval. Reconoce las limitaciones de la edad y contrapone su temperamento y sus capacidades a las que, en su opinión, posee su sucesor.

“De algún modo se había dicho que me había bajado de la cruz, que había optado por lo más cómodo. Ese es un reproche con el que también tenía que contar y con el que me vi obligado a confrontarme, sobre todo interiormente, antes de dar el paso.

Estoy convencido de que no fue una huida, por supuesto no de la presión práctica, que no existía. Pero tampoco una huida interior de la exigencia de la fe, que lleva al ser humano a la cruz. Se trata más bien de otro modo de permanecer unido al Señor sufriente: en la quietud del silencio, en la grandeza e intensidad de la oración por la Iglesia entera. Así entendido, el paso que di no fue una huida, sino justamente otro modo de permanecer fiel a mi ministerio”. Benedicto XVI

Historia de un siervo

Siete capítulos (4-10) que reproducen el pasado, esos recuerdos que configuran una infancia comparable con el paraíso; una vida familiar en la que preponderaba la unión, el miedo en el ambiente asfixiante durante la Segunda Guerra Mundial y sus estudios y sus primeras clases, su primera misa y el concilio Vaticano II:

“La universalidad de lo católico, la diversidad de voces, el hecho de que uno coincide allí con personas de los cuatro puntos cardinales del globo, todas las cuales están unidas en el mismo episcopado, pueden hablar unas con otras y buscan un camino común. Y el encuentro con grandes personajes…fueron vivencias realmente inolvidables”. Benedicto XVI

El Papa que escribió sobre Jesús

Cinco capítulos (11-15) dedicados al balance de los ochos años de su pontificado – 2005-2012-. El cónclave donde fue elegido para suceder a Juan Pablo II, la primera misa, los encuentros con Obama, Putin, Fidel Castro…También aborda el asunto de la expulsión de sacerdotes por asuntos relacionados con abusos sexuales a menores y hace un balance global distinguiendo el hilo conductor de su pontificado: “Diría que el “Año de la fe” expresa bien esto: un nuevo estímulo para creer, una vida desde el centro, desde lo dinámico, redescubrir a Dios, redescubrirlo en Cristo, o sea, encontrar de nuevo la centralidad de la fe”.

“No siempre tuve fuerza para llevar a cabo las catequesis de forma tan interpelante y humana como me habría gustado”. Benedicto XVI

Después de los libros-entrevista ya publicados por Benedicto XVI/Joseph Ratzinger y Peter Seewald -La sal de la tierra (1996), Dios y el mundo (2000) y Luz del mundo (2010), todos ellos grandes éxitos de ventas-, Últimas conversaciones es el legado del papa alemán, uno de los pensadores y teólogos más relevantes de la época actual. Durante ocho años dirigió los destinos del Vaticano y, en su condición de sumo pontífice al frente de la Iglesia católica contribuyó significativamente a marcar el camino de la Iglesia en el tercer milenio, imprimiendo importantes impulsos a la comunidad creyente.

Benedicto XVI nació en 1927 como Joseph Ratzinger, fue catedrático de teología, arzobispo de Múnich y Freising (1977-1982) y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1982-2005) antes de ser elegido papa en el cónclave de 2005. En 2013 sorprendió con su renuncia al pontificado.

Peter Seewald, 1954, trabajó como periodista en los semanarios alemanes Spiegel y Stern y en el dominical del diario Süddeutsche Zeitung. En la actualidadestá considerado uno de los autores de libros religiosos más exitosos de Alemania.


Fuentes:

Religión Digital / La Nación / La Vanguardia

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