Mama Antula, beata, modelo de sana rebeldía, coraje y fortaleza

8:00 p m| 26 ago 16 (CRITERIO/BV).- María Antonia de Paz y Figueroa, conocida como Mama Antula, no era monja sino una mujer laica que colaboró con los jesuitas y continuó su obra cuando éstos fueron expulsados por el rey Carlos III, de España, en 1767. Desde muy joven colaboró en la organización de ejercicios espirituales. Observó cómo se hacían, y cómo el pueblo los recibía, captó su método y sus prácticas, por ello, en ausencia de los jesuitas -y por iniciativa propia-, pudo sobrellevar la tarea de evangelizar a través de los ejercicios, a pesar que en un primer momento no contó con el respaldo de autoridades. Así inició también su peregrinaje por la dignidad y justicia con los humildes, los excluidos y esclavizados.

Mama Antula será beatificada hoy, momento importante de un proceso de canonización que fue presentado a inicios del siglo XX, y que fue la primera causa presentada ante el Vaticano por el episcopado argentino. Benedicto XVI la declaró venerable en el año 2010 y Francisco aprobó el 4 de marzo un milagro atribuido a su intercesión.

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Peregrina de la fe

San Ignacio de Loyola, en su Autobiografía, habla de él mismo en tercera persona, “el peregrino”. La grave herida de una pierna, en Pamplona, no le impidió recorrer a pie extensas regiones de Europa. Ese caminar físico era un símbolo de su peregrinar interior. Buscaba siempre el modo de sentirse más amigo de Dios y de reformar la Iglesia. Para lograr estos objetivos, promovió el método de los Ejercicios Espirituales, una escuela de discernimiento, inspirado en el Evangelio.

Ahora bien, Mama Antula, discípula de san Ignacio, fue también una peregrina de la fe. Recorrió a pie desde Jujuy hasta Buenos Aires, incluido un tiempo en Uruguay. Y ese peregrinar físico era también, en ella, un símbolo del peregrinar espiritual. Tuvo que realizar difíciles discernimientos. El primero, decidirse a continuar la obra de los jesuitas, cuando el rey de España los había declarado sujetos peligrosos. Podía ser condenada por rebeldía.

Una opción más difícil se le presentó cuando el Papa Clemente XIV, presionado por los reyes católicos, suprimió la orden en 1773, con el argumento de que había decaído en su misión espiritual. ¿Quién era ella para contradecir al Papa, manteniendo viva la tradición de los jesuitas? Era una peregrina de la fe, que vivía su vocación en la Iglesia siguiendo sus inspiraciones. Se sentía llamada a colaborar con los obispos y el Papa, para encontrar la luz de una auténtica renovación de la Iglesia.

Con motivo de su próxima beatificación se han publicado diversas obras entre las que destaco la de la doctora Alicia Fraschina, La expulsión no fue ausencia, editada por Prohistoria. La autora no pretende escribir la vida de una santa sino aproximarse a María Antonia desde la historia y las ciencias sociales. Y presenta nuevos paradigmas para comprender a esa mujer extraordinaria. Uno es el tropos de la “familia”, vigente ya en el imaginario de la sociedad colonial, para mantener la cohesión de sus seguidores.

Los jesuitas expulsados serán “sus hermanos”; Gaspar Juárez, su confidente jesuita, su “amado hermano”; Ambrosio Funes, hermano del Deán, su “hijo”; las mujeres que la acompañaban, “hermanas de un mismo parto”; todos hijos de una misma madre, “la Compañía de Jesús” y ella es reconocida como “Madre”. Antula peregrina en la fe, no en forma individual sino como líder de una comunidad espiritual. Se formó, como el papa Francisco, en la escuela de los Ejercicios, donde aprendió el arte del discernimiento.


Peregrina de la esperanza

Mama Antula fue también una peregrina de la esperanza. Primero, esperando el retorno de los jesuitas, expulsados por el rey. Segundo, aguardando el renacer de la orden, suprimida por el Papa Clemente XIV.

Un grupo de jesuitas sobrevivía en Rusia, con la tolerancia del Papa Pío VI, hasta la restauración efectuada por Pío VII, en 1814. Durante la etapa latente en Rusia, María Antonia era conocida por todos los jesuitas en Europa y se convirtió para ellos en un signo de esperanza. El superior general de los jesuitas en Rusia le envió una “Carta de hermandad”, en gratitud por “tu constante benevolencia hacia nuestra Compañía”.

De los jesuitas expulsados, tres pudieron volver, ocultos, a esta zona, y uno de ellos escribió que los Ejercicios se hacían mejor que cuando estaban ellos. Antes eran un ministerio exclusivo de los jesuitas. Con Antula se convirtieron en un ministerio de toda la Iglesia. Con ella colaboraban sacerdotes de distintas órdenes religiosas.

No era seguro el restablecimiento de la Compañía, por lo cual ella se debatía entre la esperanza y el desconsuelo. “Éste es mi tormento”, escribe. Los primeros hagiógrafos ignoraban esas luchas interiores. En la oración fúnebre, en la catedral de Buenos Aires, el dominico Julián Perdriel la definió como “mujer heroica”, “superior a su sexo, émula y aun vencedora del varonil”. No podemos dejar de sonreír ante esas expresiones, pero en el imaginario de la época el sexo femenino quedaba en un nivel muy inferior al masculino.

Ya en vida de la santa se le atribuían milagros o hechos prodigiosos, como la sanación de enfermos o la aparición de alimentos para los ejercitantes cuando carecían de ellos. En realidad el “milagro” consistía en que muchas personas colaboraran con ella, como voluntarios.


Madre de la Patria

En Argentina se celebra el bicentenario de la independencia nacional, de 1816. María Antula falleció en 1799. Sin embargo, mantuvo contacto personal con varios de los próceres, formados, casi todos, en la escuela de los Ejercicios Espirituales. Ella fue transformando el espíritu de la sociedad rioplatense. En 1810, una cuarta parte de la población de Buenos Aires eran esclavos negros. Antula sintió que su vocación no consistía en luchar políticamente por su libertad sino en lograr un cambio interior que hiciera necesaria la libertad.

Cuando daba Ejercicios a esclavas negras, sus amas, que los habían hecho previamente, se anotaban para trabajar en la Casa de Ejercicios durante esos diez días, preparando la comida, sirviendo la mesa, lavando, limpiando, etc. Era increíble el cariño con que las amas servían a sus esclavas. En la opción por los más pobres, hacía una huella que orientaría a Brochero. Por todos estos motivos, Mama Antula puede ser considerada una madre de la Patria.


Mons. Bokalic: “Mama Antula impulsa a una conversión personal y pastoral en clave misionera”

El obispo de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic CM, aseguró que la beatificación de Mama Antula es “un impulso en nuestro camino de renovación siguiendo las orientaciones de Aparecida y del magisterio del Papa Francisco: conversión personal y pastoral en clave misionera”. “Hoy estamos lejos de ese ardor misionero que tenía Mama Antula”, reconoció en una entrevista, y agregó: “Seguimos lentos en las llamadas de conversión, instalados en nuestras seguridades y fortalezas, cuidando ‘pequeñas quintitas'”. El prelado describió a esta consagrada como una “mujer fuerte y valiente” y destacó: “En tiempos que queremos instalarnos y ser pasivos, Mama Antula aparece como la caminante incansable, peregrina: no espera, es ella la que sale al encuentro”.

Monseñor Bokalic afirmó que “Mama Antula fue una mujer fuerte y valiente. Supo afrontar dificultades. Tomó iniciativas en momentos de pruebas: había quedado sola. Sus padres espirituales fueron expulsados y era mal visto todo lo que oliera a jesuita, prejuicio y sospecha. Se adelantó a los tiempos. Manifiesta una sana rebeldía ante la oposición de autoridades, con convicciones muy profundas. Con sensibilidad y solidaridad con los pobres”.

“Escribió una página hermosa e inspiradora para hoy. Con fortaleza y dulzura, mansedumbre en el trato, respeto y tenacidad. Con determinación, no se resigna ante la expulsión de los jesuitas. Sabía que el carisma de San Ignacio era un don de Dios para la Iglesia, no concebía que muriera. Por ello oró a San José y le hizo rezar, confiaba en el regreso de la Compañía de Jesús, quienes fueron verdaderos promotores de nuestros pueblos originarios. En tiempos que queremos instalarnos y ser pasivos, Mama Antula aparece como la caminante incansable, peregrina: no espera, es ella la que sale al encuentro”, concluyó.


Declaraciones a Radio Vaticano de la Dra. Silvia Correale, postuladora de la causa

Promoción de la mujer. “Una de las actividades apostólicas que realizó ella con gran generosidad, con amor a Cristo, fue el estar muy cerca, acompañar de cerca la realidad de la mujer en situaciones precarias, en situaciones difíciles. Por ejemplo, ella recuperaba a mujeres que trabajaban en la calle, las rescataba, les hacía hacer los Ejercicios de San Ignacio, se preocupaba de su futuro y las acompañaba durante todo el tiempo que fuera necesario. También se ocupaba de las niñas porque en la ‘santa Casa’ a las niñas se les enseñaba a rezar, se les enseñaba algunos elementos de alfabetización y también se les enseñaba normas de comportamiento, se les educaba, una educación muy primaria… lo que hoy podríamos llamar un oratorio para la infancia, porque efectivamente la madre era enfervorizada en su actividad apostólica y trataba de acompañar a la mujer y de ayudarla a encontrar su dignidad para poder vivir con fidelidad el mensaje cristiano”.

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Fuentes:

Revista Criterio / Agencia AICA / Diario La Nación

Puntuación: 5 / Votos: 3

Comentarios

  1. Elzabeth Moncayo escribió:

    Mama Antula mujer grande en todo sentido. Y que bueno q se reconozca a esta mujer laica para los altares. Por que en la historia de la humanidad hay una presencia activa de las mujeres pero no visibilizadas y valoradas.

    Oremos para que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, lleguen cada vez a más laicos y laicas y den sus frutos.
    Eli

  2. Juan Fernando escribió:

    Una mujer respondona… 🙂

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