La visita del Papa Francisco a Turquía en 15 frases

Francisco visita Turquía

11.00 p m| 2 dic 14 (AGENCIAS/BV).- El Papa llegó a Turquía el viernes 28 por la mañana y durante su visita de tres días hizo notar el marcado carácter ecuménico y de diálogo interreligioso que le quiso impregnar. Además de las acostumbradas reuniones con los líderes políticos, Francisco visitó la Mezquita Azul y acompañó en oración al Gran Muftí de Estambul. Más tarde y esta vez ante la presencia del Patriarca de Constantinopla, señaló que para alcanzar la meta de la plena unidad con los cristianos ortodoxos, la Iglesia católica “no pretende imponer ninguna exigencia, si no la de la profesión de la fe común”. Luego firmaron y leyeron una declaración conjunta. Finalmente en el viaje de regreso a Roma ofreció la acostumbrada conferencia de prensa.

—————————————————————————
1) Turquía es bien querida por todos los cristianos por haber sido cuna de san Pablo, que fundó aquí diferentes comunidades cristianas; por haberse celebrado en esta tierra los siete primeros concilios de la Iglesia, y por la presencia, cerca de Éfeso, de lo que una venerable tradición considera la “Casa de María”, el lugar donde la Madre de Jesús vivió durante unos años, y que es meta de la devoción de tantos peregrinos de todas las partes del mundo, no sólo cristianos, sino también musulmanes.

2) El Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad. Sólo el Espíritu Santo puede suscitar la diversidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, producir la unidad. Cuando somos nosotros quienes deseamos crear la diversidad, y nos encerramos en nuestros particularismos y exclusivismos, provocamos la división.

3) Encontrarnos, mirar el rostro el uno del otro, intercambiar el abrazo de paz, orar unos por otros, son dimensiones esenciales de ese camino hacia el restablecimiento de la plena comunión a la que tendemos. Todo esto precede y acompaña constantemente esa otra dimensión esencial de dicho camino, que es el diálogo teológico. Un verdadero diálogo es siempre un encuentro entre personas con un nombre, un rostro, una historia, y no sólo un intercambio de ideas.

4) Para llevar a término la reconciliación de los cristianos de Oriente y de Occidente, es de suma importancia conservar y sostener el riquísimo patrimonio de las Iglesias de Oriente. Esa es la condición esencial y recíproca para el restablecimiento de la plena comunión, que no significa ni sumisión del uno al otro, ni absorción, sino más bien la aceptación de todos los dones que Dios ha dado a cada uno.

5) Quiero asegurar a cada uno de vosotros que, para alcanzar el anhelado objetivo de la plena unidad, la Iglesia Católica no pretende imponer ninguna exigencia, salvo la profesión de fe común. Lo único que la Iglesia Católica desea, y que yo busco como Obispo de Roma, es la comunión con las Iglesias ortodoxas. Dicha comunión será siempre fruto del amor.

6) Como dirigentes religiosos, tenemos la obligación de denunciar todas las violaciones de la dignidad y de los derechos humanos. La vida humana, don de Dios Creador, tiene un carácter sagrado. Por tanto, la violencia que busca una justificación religiosa merece la más enérgica condena, porque el Todopoderoso es Dios de la vida y de la paz. El mundo espera de todos aquellos que dicen adorarlo, que sean hombres y mujeres de paz, capaces de vivir como hermanos y hermanas, no obstante la diversidad étnica, religiosa, cultural o ideológica.

7) A la denuncia debe seguir el trabajo común para encontrar soluciones adecuadas. los responsables de las comunidades religiosas pueden ofrecer la valiosa contribución de los valores que hay en sus respectivas tradiciones. Nosotros, los musulmanes y los cristianos, somos depositarios de inestimables riquezas espirituales, entre las cuales reconocemos elementos de coincidencia, aunque vividos según las propias tradiciones.

8) Reconocer y desarrollar esto que nos acomuna espiritualmente -mediante el diálogo interreligioso- nos ayuda también a promover y defender en la sociedad los valores morales, la paz y la libertad.

9) Le dije al presidente (Erdoan), pero sería bueno que todos los líderes islámicos, ya sean líderes políticos, líderes religiosos o líderes académicos, lo digan claramente y condenen todo eso (los atentados). Porque esto ayudará a la mayoría del pueblo islámico a decir. “No”. De verdad. Pero debe venir de la boca de sus líderes.

10) Es fundamental que los ciudadanos musulmanes, judíos y cristianos, gocen -tanto en las disposiciones de la ley como en su aplicación efectiva- de los mismos derechos y respeten las mismas obligaciones. De este modo, se reconocerán más fácilmente como hermanos y compañeros de camino, alejándose cada vez más de las incomprensiones y fomentando la colaboración y el entendimiento.

11) ¿Por cuánto tiempo deberá sufrir aún el Medio Oriente por la falta de paz? No podemos resignarnos a los continuos conflictos, como si no fuera posible cambiar y mejorar la situación. Con la ayuda de Dios, podemos y debemos renovar siempre la audacia de la paz. Esta actitud lleva a utilizar con lealtad, paciencia y determinación todos los medios de negociación, y lograr así los objetivos concretos de la paz y el desarrollo sostenible.

12) Es necesario un gran esfuerzo común, fundado en la confianza mutua, que haga posible una paz duradera y consienta destinar los recursos, finalmente, no a las armas sino a las verdaderas luchas dignas del hombre: la lucha contra el hambre y la enfermedad, la lucha en favor del desarrollo sostenible y la salvaguardia de la creación, del rescate de tantas formas de pobreza y marginación, que tampoco faltan en el mundo moderno.

13) La voz de los pobres no solo pide por ayuda material, también que luchemos, a la luz del Evangelio, contra las causas estructurales de la pobreza: la desigualdad, la falta de un trabajo digno, de tierra y de casa, la negación de los derechos sociales y laborales. Como cristianos, estamos llamados a vencer juntos a la globalización de la indiferencia.

14) Muchos jóvenes buscan la felicidad sólo en poseer bienes materiales y en la satisfacción de las emociones del momento. No podrán alcanzar la verdadera sabiduría y mantener viva la esperanza, si nosotros no somos capaces de valorar y transmitir el auténtico humanismo, que brota del Evangelio y la experiencia milenaria de la Iglesia.

15) Son precisamente los jóvenes –pienso por ejemplo en la multitud de jóvenes ortodoxos, católicos y protestantes que se reúnen en los encuentros internacionales organizados por la Comunidad de Taizé– quienes hoy nos instan a avanzar hacia la plena comunión. Y esto, no porque ignoren el significado de las diferencias que aún nos separan, sino porque saben ver más allá, son capaces de percibir lo esencial que ya nos une.


Crónica de la visita

Primer día – Viernes 28 de noviembre

El Santo Padre que salió del aeropuerto romano de Fiumicino a las 9.00 llegó a la capital turca, Ankara, a las 13.00 (hora local) donde fue recibido por las autoridades civiles y religiosas y desde allí se desplazó en automóvil al mausoleo de Mustafa Kemal Atatürk, fundador y primer presidente de la República Turca, el “Padre de los Turcos” que marcó la ruptura radical del país con su pasado otomano y sentó, en la Constitución de 1937, las bases de un estado laico moderno.

A su llegada el Papa fue recibido por el Comandante del Cuerpo de Guardia y después de subir la escalinata de honor depositó una corona de flores en el monumento donde rezó unos minutos.

A continuación fue acompañado a la cercana Torre del Pacto Nacional, que forma parte del complejo monumental, y firmó en el Libro de Oro con estas palabras: “Formulo mis mejores deseos para que Turquía, puente natural entre dos continentes, sea no solamente un cruce de caminos, sino también un lugar de encuentro, de diálogo y de convivencia serena entre los hombres y mujeres de buena voluntad de cualquier cultura, etnia o religión”.

Luego se trasladó al Palacio Presidencial, Ak Saray, el Palacio Blanco, inaugurado hace apenas dos meses por el presidente Recep Tayyip Erdogan, que sustituye al histórico Palacio de Cankaya. El presidente Erdogan acogió al Santo Padre y ambos conversaron unos minutos en privado antes de que Francisco pronunciase su primer discurso en tierra turca dirigido a las autoridades reunidas en el Ak Saray.

“Me alegra visitar su país, rico en bellezas naturales y en historia, plagado de huellas de antiguas civilizaciones y puente natural entre dos continentes y entre diferentes expresiones culturales -dijo Francisco- Esta tierra es bien querida por todos los cristianos por haber sido cuna de san Pablo, que fundó aquí diferentes comunidades cristianas; por haberse celebrado en esta tierra los siete primeros concilios de la Iglesia, y por la presencia, cerca de Éfeso, de lo que una venerable tradición considera la “Casa de María”, el lugar donde la Madre de Jesús vivió durante unos años, y que es meta de la devoción de tantos peregrinos de todas las partes del mundo, no sólo cristianos, sino también musulmanes.

Después de pronunciar un discurso ante las autoridades turcas en el Palacio Presidencial, el Santo Padre se entrevistó en la misma sede con el primer ministro Ahmet Davutoglu para después trasladarse a la Diyanet, el Departamento para los Asuntos Religiosos, la más alta autoridad islámica suní en Turquía. Si bien es un Estado laico, el 98% de la población es musulmana, de la cual el 68% suní y el 30% chií.

El presidente de la Diyanet es Mehmed Gormez, que acogió al Papa a su llegada y lo acompañó a su despacho donde departieron en privado unos minutos para después bajar juntos a la sala donde los esperaban los los dirigentes políticos y religiosos, musulmanes y cristianos ante los que Francisco pronunció un discurso.

“Es tradición que los Papas, cuando viajan a otros países como parte de su misión, se encuentren también con las autoridades y las comunidades de otras religiones -dijo- Sin esta apertura al encuentro y al diálogo, una visita papal no respondería plenamente a su finalidad, como yo la entiendo, en la línea de mis venerados predecesores. En esta perspectiva, me complace recordar de manera especial el encuentro que tuvo el Papa Benedicto XVI en este mismo lugar, en noviembre de 2006.En efecto, las buenas relaciones y el diálogo entre los dirigentes religiosos tiene gran importancia. Representa un claro mensaje dirigido a las respectivas comunidades para expresar que el respeto mutuo y la amistad son posibles, no obstante las diferencias. Esta amistad, además de ser un valor en sí misma, adquiere especial significado y mayor importancia en tiempos de crisis, como el nuestro, crisis que en algunas zonas del mundo se convierten en auténticos dramas para poblaciones enteras”.

Discurso del Papa a las autoridades
Discurso del Papa en su visita al Presidente de Asuntos Religiosos Turco (Diyanet)


Segundo día – Sábado 29 de noviembre

Con las manos entrelazadas, los pies descalzados, en silencio, la cabeza baja y situado en dirección a La Meca. Así rezó por la mañana el Papa Francisco en la Mezquita Azul de Estambul, la más importantes de Turquía, construida a principios del siglo XVII por el sultán Ahmet I y así bautizada por estar decorada con 21.043 azulejos de color turquesa. Junto a él, hombro con hombro, se encontraba el Gran Muftí de Estambul.

Después de visitar la Mezquita Azul, el Papa se trasladó a Santa Sofía en un sencillo coche gris. Algunos peregrinos le saludaron entusiasmados a su llegada a la antigua basílica. Estuvo acompañado por el director del ahora museo que le contó la historia del edificio. Primero fue basílica, luego mezquita y, finalmente, fue convertido en museo por Mustafa Kemal Atatürk en 1935.

El Papa escuchó con mucha atención la explicación con ayuda de un traductor. Primero, le habló del los minaretes del exterior construidos cuando la basílica pasó a ser una mezquita. Le explicaron además que la Santa Sofía de ahora es la tercera reconstrucción de la primera basílica del siglo IV. “Estos son restos de la primera basílica, del 300 y pico”. En el interior, le mostraron los mosaicos del techo que el observó con atención. “La cúpula de Santa Sofía es una de las cosas que más llaman la atención… Está como colgada del cielo”. Bajo sus 63 metros de altura y sus 32 de anchura Francisco continuó escuchando atentamente las explicaciones, especialmente, sobre el gran mosaico de la Virgen María.

Después de la visita, el Papa firmó el libro de Honor en Santa Sofía. Escribió que “la belleza y armonía del lugar sagrado” hace que “el alma se eleve al Omnipotente, fuente y origen de toda belleza”. Antes de marcharse le regalaron dos libros de la biblioteca de Santa Sofía. Francisco respondió con otro regalo. Mientras salía de Santa Sofía, se oía de fondo la llamada a la oración de las mezquitas próximas.

Después de celebrar la santa misa en la catedral del Espíritu Santo, Francisco se desplazó a media tarde a la sede del Patriarcado Ecuménico en el Phanar, el centro mundial de la Ortodoxia. La Iglesia Ortodoxa cuenta con unos 300 millones de fieles, presentes sobre todo en Europa Oriental y septentrional, a lo largo de las costas del nordeste del Mediterráneo y en Oriente Medio. Consta de diversas Iglesias Patriarcales que mantiene su autonomía, si bien estén unidas entre sí en espíritu de fe.

El Patriarcado Ecuménico es el “primus inter pares”, con respecto a los otros patriarcados de la Ortodoxia y el primado de Constantinopla encarna canónicamente la unidad de la Ortodoxia y coordina sus actividades. Su jurisdicción eclesiástica comprende, además de Estambul, cuatro diócesis turcas, el Monte Athos, Creta, Patmos y las islas del Dodecaneso y, como consecuencia de diversas emigraciones, diócesis en Europa Central y Occidental, en las Américas, en Pakistán y Japón.

El Papa fue recibido por el Patriarca en la Iglesia de San Jorge donde tuvo lugar una oración ecuménica en la que ambos rezaron por la unidad de las Santas Iglesias de Dios. Francisco y Bartolomé I rezaron juntos el Padrenuestro en latín e impartieron la bendición, el Papa en latín y el Patriarca en griego y tras dejar la iglesia se retiraron al segundo piso del Phanar para departir en privado.

Palabras del Papa durante oración ecuménica
Homilía del Papa en Catedral católica del Espíritu Santo, Estambul


Tercer día – Domingo 30 de noviembre

La última jornada del Papa Francisco en Turquía se abrió con el encuentro, a primera hora de la mañana en la Representación Pontificia de Estambul, con el Gran Rabino de Turquía Isaak Haleva. La comunidad judía en Turquía, alrededor de veinticinco mil personas, es la segunda numéricamente en un país islámico después de Irán. El asentamiento más consistente de los judíos en Turquía se remonta al período de la Inquisición española (1492) y al principio del siglo XIX eran cien mil, pero el número, debido a la emigración sobre todo a América e Israel, ha disminuido drásticamente. También el Papa Benedicto XVI encontró al Gran rabino durante su viaje a Turquía en 2006.

Finalizado el encuentro el Santo Padre se trasladó al Patriarcado Ecuménico para participar en la Divina Liturgia celebrada en la iglesia de San Jorge que custodia las reliquias de algunas de las santas más veneradas de la antigua Constantinopla como Eufemia de Calcedonia y, desde la fiesta de San Andrés (30 de noviembre) de 2004, las de San Gregorio el Teólogo y San Juan Crisóstomo entregadas por Juan Pablo II al Patriarca Bartolomé.

Al final de la celebración y después de escuchar al Patriarca, Francisco pronunció un discurso recordando que como arzobispo de Buenos Aires, había participado muchas veces en la Divina Liturgia de las comunidades ortodoxas de aquella ciudad; “pero encontrarme hoy en esta Iglesia Patriarcal de San Jorge para la celebración del santo Apóstol Andrés -afirmó- el primero de los llamados, Patrón del Patriarcado Ecuménico y hermano de san Pedro, es realmente una gracia singular que el Señor me concede”.

Después de la Divina Liturgia el Papa Francisco y el Patriarca Bartolomé I se asomaron al balcón del Patriarcado Ecuménico y bendijeron a los fieles reunidos en la calle. Francisco impartió la bendición en latín y Bartolomé I en griego. A continuación subieron al Salón del Trono donde firmaron y leyeron la siguiente Declaración común:

“Nosotros, el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, expresamos nuestra profunda gratitud a Dios por el don de este nuevo encuentro que, en presencia de los miembros del Santo Sínodo, del clero y de los fieles del Patriarcado Ecuménico, nos permite celebrar juntos la fiesta de san Andrés, el primer llamado y hermano del Apóstol Pedro. Nuestro recuerdo de los Apóstoles, que proclamaron la buena nueva del Evangelio al mundo mediante su predicación y el testimonio del martirio, refuerza en nosotros el deseo de seguir caminando juntos, con el fin de superar, en el amor y en la verdad, los obstáculos que nos dividen”

Click aquí para leer la declaración completa

Después de la firma el Papa, el Patriarca Ecuménico y algunos miembros de las delegaciones respectivas almorzaron juntos en el tercer piso del Phanar.

Palabras del Papa en la Divina Liturgia en Iglesia patriarcal de San Jorge, Estambul
Saludo a los jóvenes refugiados asistidos por los Salesianos


Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso a Roma

Durante el viaje de retorno a Roma, Francisco sostuvo el habitual coloquio con los periodistas que iban a bordo respondiendo a las variadas preguntas de los hombres de prensa. “El Corán es un libro de paz, no se puede equiparar el islam al terrorismo, pero es necesario que los líderes musulmanes condenen los atentados terroristas”; fue una de sus primeras respuestas, a quien le pregunto sobre la islamofobia, la cristianofobia y el diálogo interreligioso:

“El Corán es un libro de paz, es un libro profético de paz. Esto no es islam(ismo). Yo entiendo esto y creo -al menos yo creo, sinceramente- que no se puede decir que todos los islámicos son terroristas: no se puede decir esto. Como no se puede decir que todos los cristianos son fundamentalistas, porque nosotros también los tenemos, ¿eh? En todas las religiones existen estos grupos, ¿no? Yo le he dicho al Presidente: pero, seria bello que todos los líderes islámicos -sean líderes políticos, líderes religiosos o líderes académicos- digan claramente y condenen aquello, porque esto ayudará a la mayoría del pueblo islámico a decir ‘no’, pero de verdad, pero de la boca de sus líderes: el líder religioso, el líder académico… tantos intelectuales, y los líderes políticos. Todos nosotros necesitamos una condena mundial, incluso de los islámicos, que tienen la identidad y que digan: nosotros no somos aquellos. El Corán no es esto”.

Click aquí para leer más sobre la conferencia de prensa en el avión


Fuentes:

Web de la Santa Sede / News.va / Radio Vaticano / Vatican Insider

Puntuación: 0 / Votos: 0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *