El Papa Francisco y el legado de Joseph Bernardin

Joseph Bernardin

11.00 p m| 29 oct 13 (NCR/BV).- La elección del Papa Francisco en marzo anunció una serie de sorpresas para la Iglesia católica, pero quizás ninguna tan inesperada como el resurgimiento del difunto Cardenal Joseph Bernardin de Chicago como un modelo para el futuro católico.

Si bien no hay indicios de que Francisco conoce los escritos de Bernardin, quien murió en 1996, muchos dicen que las declaraciones del Papa evocan repetidamente enseñanzas de la firma de Bernardin sobre la “ética consistente de la vida” -la idea de que la doctrina eclesiástica defiende a los pobres y vulnerables desde el vientre a la tumba- y en la búsqueda de “terreno común” para sanar las divisiones en la Iglesia.

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Irónicamente, el resurgimiento de Bernardin está exponiendo las mismas divisiones a las que buscaba tender un puente, especialmente entre los conservadores, que pensaban que su visión amplia del catolicismo fue enterrada con él en las afueras de Chicago.

Francisco, por ejemplo, hace hincapié en repetidas ocasiones sobre la justicia económica y el cuidado de los pobres como prioridades para los católicos, y advirtió que la Iglesia se ha “obsesionado” con algunos temas, como el aborto, la anticoncepción y la homosexualidad, y necesita un “nuevo equilibrio”.

El nuevo Papa también ha tratado de mantenerse alejado de la jerarquía política conservadora y más bien acercarse hacia una visión amplia del catolicismo “que no es sólo de arriba hacia abajo, sino también horizontal”- centrado en el diálogo en la Iglesia y con el mundo en general.

“La perspectiva que la ética consistente de Bernardin ofrece es exactamente la misma sobre la que el Papa Francisco está trabajando; ver el panorama completo y no centrarse exclusivamente en dos o tres problemas”, dijo el arzobispo Michael Sheehan de Santa Fe, NM, que fue muy amigo de Bernardin desde 1970.

“Ciertamente creo que si el cardenal Bernardin estuviera vivo, estaría muy contento con lo que el Papa Francisco dice y hace”, dijo también Joseph Fiorenza, arzobispo emérito de Galveston- Houston, 1998-2001, cuyo mandato como presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los EE.UU. fue visto como uno de los últimos en el molde de Bernardin.

“La ética consistente de la teoría de la vida que Bernardin propone tiene ahora una nueva oportunidad”, dijo Fiorenza.

Varios otros obispos, funcionarios de la Iglesia y observadores están de acuerdo. Pero si esas evaluaciones son el maná para los católicos hambrientos de una nueva dirección en la Iglesia, son un anatema para los conservadores, que creen que Bernardin era la compilación de todo lo que andaba mal en la Iglesia de los EE.UU. antes que los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI empujaran la jerarquía hacia la derecha.

“La era de Bernardin terminó y su maquinaria ya no está”, escribió George Weigel en la revista First Things, en un ensayo de 2011 que proclamaba el final de una época “en la que el consenso liberal dominó tanto la vida interna de la Iglesia como la dirección de la Iglesia para con el orden público”.

El hecho de que Weigel y otros continúen enterrando una estaca en el corazón de la herencia de Bernardin – como Peter Steinfels lo puso en una réplica en la revista Commonweal- 15 años después de su muerte, es un testimonio de la talla que Bernardin tuvo una vez, y la angustia que todavía puede inspirar.

De hecho, hace una generación, Bernardin fue visto como el clérigo estadounidense por excelencia -un presidente de largo plazo de la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. y además demostrando sabiduría, la que le llevó por ejemplo a persuadir a la jerarquía para la aprobación de documentos fundamentales sobre la guerra y la pobreza, que dio forma al debate público sobre la fe en América.

Sin embargo, los obispos de Juan Pablo II que llegaron al poder a partir de la década de los 80s, vieron el estilo y las opiniones de Bernardin como demasiado complacientes y muy reacias a montar las barricadas en nombre de una identidad católica más firme, marcada por algunos problemas característicos en lugar de un espectro de enseñanzas.

Al final, el cardenal que defendió la consulta y la reconciliación fue hecho a un lado bruscamente por muchos de sus propios compañeros. En 1996, cuando se acercaba al final de una batalla conmovedora con el cáncer de páncreas, Bernardin puso en marcha la “Common Ground Initiative” como un último esfuerzo para tratar de poner fin a la creciente polarización en la iglesia.

Pero en extrañas reprensiones públicas contra uno de los suyos, clérigos como el cardenal Bernard Law, cuestionó el proyecto de Bernardin de maneras que son muy similares a las críticas que Francisco está enfrentando.

Ahora, sin embargo, Francisco es Papa, y eso da a los acólitos de Bernardin cierto grado de esperanza. Pero la verdadera pregunta es si la jerarquía de EE.UU. está demasiado lejos de la era Bernardin para que haga una diferencia.

“Creo que la conferencia extraña el perfil de un cardenal como cardenal Bernardin “, dijo Sheehan.

Lo mismo podría decirse de los católicos en general, dijo el Obispo Michael Warfel de Great Falls-Billings, actual presidente de la Common Ground Initiative, la que ha tenido dificultades para subsistir desde los años en que Bernardin murió.

“Me parece irónico que es más fácil para los cristianos hablar con judíos y musulmanes, que para algunos católicos hablar entre ellos”, dijo Warfel. Añadió que, como Bernardin, Francisco “nos ofrece un testimonio de una forma de liderar… no se queda solamente en el diálogo por compromiso”.

El P. Thomas Nairn, un especialista en ética católica, que tiene editados dos libros sobre la ética consistente de la vida de Bernardin, también nos hace ver que a pesar de los ataques contra el propio Bernardin, los principios que predicaba permanecen incrustados en el discurso católico.

Encíclicas papales y documentos de los obispos de Estados Unidos, como su guía electoral para los votantes católicos, reflejan una ética de Bernardin que condena la pena de muerte, tanto como el aborto y la pobreza. Las ideas de Bernardin son fundamentales para el ADN del sistema de salud católico, y eticistas y teólogos morales invocan sus ideas.

“El cardenal Bernardin siempre hablaba de la ética consistente tanto como un principio como una actitud”, dijo Nairn. Lo que es nuevo, dijo, es que Francisco “ha vuelto no sólo al principio de la ética consistente de la vida, sino que también ha vuelto al tono del cardenal Bernardin”.


¿Qué es la “Ética consistente de la vida”?

Es la defensa del carácter sagrado de la vida humana en toda circunstancia, y no sólo en el comienzo y al final de ella. Esto significa no reducir la cultura de la vida a los derechos de los no nacidos. La defensa de la vida no sería creíble si no se comprometiera en la defensa de toda vida, desde la concepción al ocaso natural, incluso cuando alguien ha cometido un gran mal, porque no se le puede quitar nunca la dignidad de la vida humana.

Defender la vida implica igualmente rechazar toda forma de violencia: la violencia de la pobreza y el hambre, la violencia de los conflictos armados, que no resuelve sino que agrava las divisiones y tensiones; la violencia del tráfico de droga; la violencia del racismo y la violencia de los irresponsables daños al ambiente natural.


Fuente:

“Pope Francis breathes new life into Bernardin’s contested legacy” publicado en NCR Online.

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