Francisco: ‘Es importante construir puentes de fraternidad con otras Iglesias’

Papa Francisco recibe a greco católicos de Ucrania

8.00 p m| 28 nov 13 (AICA/VI/BV).- El lunes pasado el Papa Francisco recibió 3000 peregrinos greco-católicos provenientes de Ucrania y Bielorrusia, que están en Roma celebrando el 50° aniversario de la colocación de los restos de San Josafat en la basílica de San Pedro. En su mensaje remarcó la importancia de servir a la unidad de la Iglesia con amor, cual testimonio de los mártires, sin dejar de lado el escuchar y fraternizar con otras comunidades eclesiásticas.

Además publicamos la entrevista al Arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica ucraniana, Svjatoslav Shevchuk, quien conversa sobre ecumenismo y el impacto del Pontificado de Francisco en su país con Andrea Tornielli para el Vatican Insider.

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Las reliquias del santo reposan exactamente bajo el altar de San Basilio Magno, donde se celebró una liturgia presidida por el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para la Iglesia Oriental, junto con el arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica ucraniana, Sviatoslaav Shevchuk.

Tras la eucaristía, el Papa Francisco hizo acto de presencia en la capilla y se dirigió a los peregrinos con un discurso en el que comentó cómo la memoria de San Josefat habla de “la comunión de los santos y de la comunión de vida de todos aquellos que pertenecen a Cristo”.

“Esta es una realidad que se nos ofrece como un anticipo de la vida eterna, porque un aspecto importante de la vida eterna consiste en la comunión gozosa de todos los santos”, dijo.

“La mejor manera de celebrar a San Josafat, es amándonos entre nosotros y servir a la unidad de la Iglesia. Nos sostiene en esto el testimonio valiente de tantos mártires actuales, que constituye una gran riqueza y un gran consuelo para su Iglesia”, les dijo el Pontífice.

“Espero que la profunda comunión que cada día desean hacer más profunda dentro de la Iglesia Católica, les ayude a construir puentes de fraternidad también con las otras Iglesias y comunidades eclesiásticas de Ucrania y demás lugares, allá donde vuestras comunidades están presentes”, concluyó.

San Josefat Kuncewycz fue un obispo greco-católico ucraniano de comienzos del siglo XVII que inició reformas para reafirmar el credo de su comunidad eclesiástica, separada de la obediencia romana en 1054 tras el cisma de Constantinopla y readmitida en 1652.

El 12 de noviembre de 1623 fue martirizado por ortodoxos tradicionalistas que lo golpearon y ahogaron en un torrente de agua, tras lo que fue beatificado por la Iglesia católica en 1643 y canonizado en 1867 por el papa Pío IX.

Aquí el discurso completo del Papa Francisco.


“Ecumenismo desde abajo; el Vaticano II comienza a ponerse en práctica”

“No podemos dejar el ecumenismo solo en manos de los diplomáticos, políticos o teólogos: debemos predicarlo en las parroquias”. Lo dijo a Vatican Insider Svjatoslav Shevchuk, de 43 años, arzobispo mayor de la Iglesia greco-católica ucraniana. Shevchuk acaba de llegar al Vaticano, a la Casa Santa Marta. Después irá a la plaza Madonna dei Monti, en donde permanecerá durante un mes, en vista de la oración y de la celebración para recordar el 80 aniversario de la carestía (Holodomor) que provocó la muerte de millones de personas en Ucrania entre 1932 y 1933.

¿Cuál es el impacto del nuevo Pontificado en su país?

Papa Francisco está al centro de la atención de la sociedad ucraniana: la gente lo sigue y se interesan en él, no solo los católicos, sino también los ortodoxos y los no creyentes. Yo tuve la oportunidad de conocer al entonces cardenal Bergoglio cuando en 2009 fue nombrado obispo de la eparquía de Santa María del Patrocinio en Buenos Aires, él era mi superior directo, porque la eparquía era sufragánea de la diócesis de la capital argentina.

Cuando dejé el país, después de haber sido elegido arzobispo mayor, le regalé un ícono. Hace algunos meses, en Santa Marta, me reconoció y me invitó a su habitación para enseñarme que había traído consigo aquel ícono al Vaticano. Lo que sorprende es su sencillez y su capacidad para acercarse a las personas. En Ucrania ha impresionado mucho su sobriedad y su pobreza. A menudo los obispos de nuestro país son acusados de estar demasiado pendientes de la riqueza, como si fueran oligarcas, como si proyectaran una Iglesia para ricos. Francisco ofrece el testimonio de una Iglesia cercana a la gente, a los pobres, y anuncia el Evangelio del Señor.

¿Qué tal están hoy en día las relaciones entre católicos y ortodoxos en Ucrania?

La nuestra es una realidad muy compleja, nuestra cristiandad está muy fragmentada: solamente nosotros, los católicos, estamos presentes con tres realidades “sui iuris”. La conferencia episcopal de los latinos, la eparquía de Mukaceve (que depende directamente de la Santa Sede) y la Iglesia greco-católica. Tratamos de ofrecer el testimonio de la unidad, sobre todo entre nosotros.

Como se sabe, también la Iglesia ortodoxa está fragmentada; además de la “canónica” en comunión con el patriarcado de Moscú, hay otras dos Iglesias ortodoxas. Hacemos lo posible para colaborar, existe un Consejo de las Iglesias y también comunidades religiosas ucranianas en las que, junto a los judíos y musulmanes, los cristianos de las diferentes confesiones pueden tomar actitudes en común.

Claro, en Ucrania las Iglesias ortodoxas a menudo no entienden por qué existimos nosotros los greco-católicos, nos consideran un proyecto político del pasado. Pero también hay signos positivos, hay un pueblo que está cansado de las divisiones y pide unidad, está aumentando el ecumenismo desde abajo.

¿Es cierto que a veces no se reconoce entre Iglesias cristianas ni siquiera la validez del bautismo?

Yo dije hace algún tiempo que nosotros en Ucrania tenemos un pecado en contra del ecumenismo, porque lo dejamos solo en manos de los diplomáticos, políticos o teólogos. Ahora debemos predicarlo en las parroquias, para que los fieles se acostumbren a no hacer nada que pueda poner en dificultades al otro hermano cristiano. Los que deben predicarlo son los sacerdotes y los confesores.

Las Iglesias cristianas en Ucrania, en la ex Unión Soviética, quedaron separadas del movimiento ecuménico mundial, casi “congeladas”; para nosotros los católicos está apenas comenzando la fase de recepción del Concilio Vaticano II. Al mismo tiempo, los ortodoxos necesitan poner en práctica en la praxis pastoral decisiones que ya están establecidas desde hace tiempo, incluso en relación con el mutuo reconocimiento de los sacramentos. Pero, para volver a su pregunta, no es raro el caso de católicos que, para poder casarse con un cónyuge ortodoxo, deben volver a bautizarse. Pero esto no es recíproco y nosotros los católicos no lo hacemos.

Usted es miembro de la secretaría del Sínodo de los obispos. El Papa Francisco citó públicamente la práctica ortodoxa que prevé la bendición de las segundas nupcias. ¿Qué piensa al respecto?

Esa práctica refleja la diferencia entre la teología y el derecho canónico católicos y ortodoxos. Mientras para la teología y el derecho católico, los celebrantes de las nupcias son los esposos, que asumen un compromiso ante Dios, para los ortodoxos no sucede un contrato entre los esposos, sino que es el sacerdote quien celebra.

Además, con base en el pasaje evangélico en el que Jesús dice: “Quien repudie a su mujer, excepto los casos de concubinato, la expone al adulterio…”, el obispo de la Iglesia ortodoxa, al evaluar el comportamiento y lo que ha sucedido tras el matrimonio, con un juicio pastoral y práctico, no canónico, puede dar el permiso de bendecir una segunda unión. Es un tema muy delicado y complejo. Espero que el Sínodo pueda ayudar a los pastores: no se trata, creo, de cambiar praxis, teología o derecho canónico. Se trata, sobre todo, de ir al encuentro de esos cristianos que son verdaderamente creyentes y que piden la “regularización” de su situación. Hay que ver cómo los ayudamos.

¿Cuál es la importancia de la celebración del 23 de diciembre que se llevará a cabo en la Basílica de Santa Sofía en Roma, en la Iglesia que es el punto de referencia hisrórico para los ucranianos?

Juan Pablo II, hace diez años, dijo que aquel genocidio afectó al tejido mismo de la humanidad, y que no era algo relacionado solo con Ucrania. Sobre todo, es importante recordar, dado que a estas personas se negó incluso la memoria… Entre 1932 y 1933 murieron de hambre millones de personas. Pero quiero precisar que no se trató de una carestía provocada por causas naturales. Fueron las tropas soviéticas las que secuestraron el trigo y los alimentos. Fue “hambre artificial”, inducida.

Para mí se trató de un arma de destrucción masiva muy económica, una atrocidad que todavía hoy hace que se congele la sangre en las venas. Y los comunistas vendieron el trigo confiscado a los países occidentales; algunos de ellos pagaron sabiendo que era el precio de la muerte por hambre de los ucranianos. Espero que sea una ocasión para que todos recordemos y reflexionemos sobre la justicia también a nivel internacional. Invité a todos los ucranianos a encender la vela de la memoria para recordar a todas las víctimas de esta enorme tragedia humana.


Fuentes:
AICA / Vatican Insider

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