En el camino del Ecumenismo: oración, investigación teológica y promoción de la justicia

Camino del Ecumenismo: Investigación teológica y una sociedad más justa y fraterna

1.00 p m| 22 ene 13 (VIS/BV).-“Para avanzar por el camino de la comunión ecuménica es necesario que estemos cada vez más unidos en la oración, cada vez más comprometidos con la búsqueda de la santidad, y cada vez más empeñados en los ámbitos de la investigación teológica y de la cooperación al servicio de una sociedad justa y fraterna”, palabras del Papa Benedicto XVI en audiencia a una delegación ecuménica de la Iglesia Luterana el 17 de enero.

Es costumbre que en estas fechas se den estas visitas a Roma, y además resultó oportuno, al arribar en la víspera de la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (del 18 al 25 de enero).

Con ocasión de la festividad de san Enrique de Uppsala, patrón de Finlandia, Benedicto XVI recibió el pasado 17 de Enero en audiencia a una delegación ecuménica de la Iglesia Luterana de esa nación, que, como todos los años por estas fechas viajan en peregrinación a Roma.

El Santo Padre ha manifestado una vez más su agrado por esta tradicional visita anual observando que era, además, muy oportuno que este encuentro tuviera lugar en la víspera de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, cuyo tema este año está tomado del libro del profeta Miqueas: “¿Qué exige el Señor de nosotros?”.

“El profeta -ha dicho el Papa- deja claro, lo que el Señor exige de nosotros: se trata de ‘hacer justicia, amar la misericordia, y caminar humildemente con nuestro Dios’. El tiempo de Navidad que acabamos de celebrar nos recuerda que Dios es el que desde el principio ha caminado con nosotros, y aquel que, en la plenitud de los tiempos, se encarnó para salvarnos de nuestros pecados y para guiar nuestros pasos en el camino de la santidad, la justicia y la paz”.

“Caminar humildemente en la presencia del Señor, en obediencia a su palabra de salvación y con la confianza en su plan de gracia, brinda una imagen elocuente no sólo de la vida de fe, sino también de nuestro viaje ecuménico por el camino hacia la plena y visible unidad de todos los cristianos. En este camino de discipulado, estamos llamados a proseguir juntos por el camino estrecho de la fidelidad a la voluntad soberana de Dios para hacer frente a cualquier dificultad u obstáculo que se pueda encontrar”.

Por lo tanto, “para avanzar por el camino de la comunión ecuménica -ha subrayado el Pontífice- es necesario que estemos cada vez más unidos en la oración, cada vez más comprometidos con la búsqueda de la santidad, y cada vez más empeñados en los ámbitos de la investigación teológica y de la cooperación al servicio de una sociedad justa y fraterna”. Siguiendo este camino de ecumenismo espiritual, caminamos verdaderamente con Dios y unos con otros en la justicia y el amor porque, como afirma la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación: “Somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, mientras nos capacita y nos llama a las buenas obras”.

El Papa ha concluido su discurso manifestando la esperanza de que la visita a Roma de la delegación finlandesa “contribuya a fortalecer las relaciones ecuménicas entre todos los cristianos” en ese país. “Demos gracias a Dios por todo lo que se ha logrado hasta ahora y oremos para que el Espíritu de la verdad guíe a los seguidores de Cristo en vuestro país hacia un amor y una unidad cada vez más fuertes, mientras se esfuerzan por vivir en la luz del Evangelio y por iluminar con ella las grandes cuestiones morales que enfrentan nuestras sociedades. Si recorremos juntos con humildad el camino de la justicia y la misericordia que el Señor nos ha indicado, los cristianos, no sólo vivirán en la verdad: serán también faros de alegría y esperanza para todos aquellos que buscan un punto seguro de referencia en nuestro mundo en constante transformación”.

Situación actual del ecumenismo, a grandes rasgos

Se entiende por ecumenismo “el conjunto de esfuerzos realizados bajo el impulso del Espíritu Santo con el fin de restaurar la unidad de todos los cristianos”. El movimiento ecuménico tiene más un siglo de existencia y nace como respuesta a la división de los seguidores de Jesucristo en distintas Iglesias y Confesiones. En todo el mundo hay, en la actualidad, unos dos mil millones de cristianos: 1.200 millones son católicos, unos 350 son ortodoxos y el resto pertenecen a las Iglesia nacidas, un modo u otro, de la Reforma Protestante, entre ellas, la Comunión Anglicana.

Esta realidad de separación y de división contradice abierta y escandalosamente la voluntad de Jesucristo, el fundador de la única Iglesia, perjudica la obra evangelizadora, resta credibilidad y dispersa fuerza. Es una situación que hay que superar. Es ineludible la unidad, la plena comunión de todos los discípulos de Jesucristo, que quiere todos seamos uno y que haya un solo Pastor y en un solo Rebaño.

El diálogo ecuménico con las Iglesias de la ortodoxia es más fácil. Hay menos escollos; en la realidad, la distinta concepción del Primado papal es la única, grave y, a día de hoy, insalvable diferencia. Tampoco son excesivas las diferencias doctrinales con la Comunión Anglicana, si bien a ellas ahora se han añadido discrepancias serias en cuestiones de bioética y polémicas decisiones como el sacerdocio de la mujer y la legitimación de la homosexualidad, causa también de división dentro del mismo Anglicanismo.

Hablar de protestantismo o luteranismo como si de una unidad compacta y homogénea se tratara es falso y precisamente en esta pluralidad, que deriva en atomización, radica razón añadida que dificulta aún más la unidad, aparte de las notables diferencias sacramentales en cuestiones de gran importancia.

Con todo, las luces y con las sombras descritas, hemos de ser conscientes de que todavía queda mucho por recorrer. En cincuenta años -los que van desde el final del Concilio Vaticano II- se ha avanzado mucho más que durante los siglos precedentes desde las distintas rupturas y divisiones. El camino se ha hace al andar. Hay que seguir caminando, orando, dialogando, cooperando juntos, persuadidos de que la actual situación de división es inaceptable. La unidad no puede esperar.

Fuentes:

Revista Ecclesia
Vatican Information Service

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