Historia de los papas.

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4.00 p m| LIMA, 28 jun. 11 (BV).- 29 de junio se conmemora el Día del Papa por lo que presentamos un breve resumen de la introducción del libro: “Historia De Los Papas” de John W O´Malley. SJ: “La historia del papado, digámoslo una vez más, no es la historia del catolicismo.” Pero no puede negárseles a los papas su lugar tanto en la historia de la Iglesia como en la historia de Occidente durante los dos milenios transcurridos. Entre ellos hubo algunos, como Gregorio Magno y Gregorio VII, que gozaron de gran renombre en su tiempo y cuya importancia ha seguido reconociéndose siempre. No todo lo que Pagola escribe es inapelable en la fe y la teología, pero todo es profundamente cristiano.

Pero la inmensa mayoría de los papas eran hombres de mucha menos talla y que habitualmente no podían compararse son los líderes políticos e intelectuales de su época. Por este motivo, la historia del papado como institución es más importante que la historia de los papas en cuanto individuos. Sin embargo, sin papas no hay palpado. Han sido, pues, esos doscientos sesenta y cinco (más o menos) los que forman la lista de los papas quienes han dado a la institución su forma y esencia.

Los papas han procedido de las más distintas clases sociales. El papa Calixto I era un antiguo esclavo, mientras que el papa Pío IX era un noble. El papa Pío XII pertenecía a la aristocracia romana, pero su sucesor, el papa Juan XXIII, procedía del campesinado. Los papas han sido griegos, sirios, africanos, españoles, franceses, alemanes, holandeses y, obviamente, italianos. Solo ha habido un papa inglés, Adriano IV, y también sólo uno polaco, Juan Pablo II. Un buen número de ellos no eran sacerdotes cuando fueron elegidos
El papa León X, por ejemplo, era diácono, y Benedicto VIII y Benedicto IX, entre otros, eran laicos.
Los papas no siempre han sido elegidos en Roma.

A comienzos de la Edad Media, a veces el papa se refería a sí mismo como «patriarca de Roma», y más tarde como «patriarca de Occidente», que en el siglo XIX se incluyó en la lista oficial de títulos papales. Siempre ha tenido un significado algo vago, sin embargo, y fue eliminado de la lista en 2006. Los actuales documentos papales designan al papa como Sumo Pontífice, Summus Pontifex. Como tantos títulos papales, éste se aplica también a todos los obispos. Para el año 900, sin embargo, apareció en los documentos papales refiriéndose al papa, y en unos cuantos siglos quedó establecido como el título más frecuentemente usado en los documentos oficiales para designarle.

El papa Pablo III convocó con éxito el Concilio de Trento, crucial para la historia del catolicismo, pero en aquella misma época los misioneros enviados a Latinoamérica y Asia, como Bartolomé de las Casas y San Francisco Javier, sentaron las bases de una Iglesia verdaderamente mundial.

La pérdida de Roma y de los Estados Pontificios fue la condición necesaria para que surgieran nuevas formas de concebir el oficio papal. A partir de 1870, los papas han tenido más tiempo para dedicado a la Iglesia. No es casual que, cuando empezó a declinar la buena fortuna política del papado, los papas fueran asumiendo cada vez más responsabilidades con respecto al bienestar de su rebaño en todo el mundo. Durante los últimos ciento cincuenta años, escribir encíclicas se ha convertido en una de las tareas más características de los papas. Con las encíclicas, los papas han reivindicado el adoctrinamiento como una función primaria que ha enriquecido y dilatado su función más tradicional de jueces en casos de litigio y ha supuesto para ellos una relación nueva, aunque no siempre placentera, con los teólogos profesionales. «El Magisterio», que hoy casi inevitablemente se refiere al magisterio o autoridad doctrinal del papa, domina actualmente la teología católica de un modo y en un grado desconocidos en siglos anteriores. En su Summa Theologiae, por ejemplo, Tomás de Aquino apenas hace mención alguna al respecto.

Los viajes en avión, en tren en o automóvil han convertido a los papas en líderes de masas. Todos los miércoles, el papa, entre gritos y aclamaciones, se dirige a miles de peregrinos, ya sea en la gran sala de audiencias del Vaticano o en la plaza en que se encuentra dicha sala. Desde 1964, los papas han viajado por todo el mundo para presidir concentraciones cada vez más numerosas, encender el entusiasmo y conseguir apoyo para el cargo que desempeñan. Gracias a la fotografía y a la televisión, pocos son los católicos de todo el mundo que no reconocen el rostro del pontífice reinante, y prácticamente todos conocen su nombre. Fomentar la «lealtad al papa» es hoy una de las principales responsabilidades de los papas, del mismo modo que tomarse en serio tal lealtad parece ser prácticamente el corazón mismo de lo que significa ser católico. Los medios contemporáneos de transporte y de comunicación han acelerado el proceso de centralización de la toma de decisiones en el papado que llevaba siglos gestándose.

Sea como fuere, el papado ha demostrado ser una institución notablemente resistente. A menudo aparentemente a punto de desaparecer, invariablemente se ha alzado de nuevo con sorprendente vitalidad. Algo ha contribuido, sin duda, a que siguiera adelante: el firme convencimiento de los papas de que «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». Estas palabras de Jesús se aplican a la Iglesia, no a los sucesores de Pedro, aunque los papas tienen tendencia a olvidar tal distinción y a identificar ambas cosas.

Imagen: Benedicto XVI.

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